Los personajes pertenecen a Naoko Takeuchi.
Rei.
Bebí mi cuarta botella de agua, la gente a mí alrededor estaba inmersa en sus propios asuntos y era la primera vez que retiraba la vista de la pantalla en mucho tiempo. De pronto me di cuenta de que me tenía la vista sumamente cansada y me puse de pie para estirar mi cuerpo unos momentos. Respiré profundamente y las luces de todo el lugar me molestaron terriblemente. Miré a mi alrededor para despejarme un momento y entonces vi a Nicolas caminar entre la multitud. Él me miraba fijamente mientras se acercaba y una vez que estuvo a unos cuantos metros de mí me saludó con la mano.
-¿Cómo me encontraste?-pregunté sabiendo que era estúpido hacerlo.
-Cuando no estás en tu casa, con Darien o en el despacho sé que estás aquí.-respondió antes de darme un abrazo.-Lita me llamó para preguntar por ti, dijo que no estabas con Darien así que supe dónde encontrarte.
-Lo siento…
-Rei, son las cuatro de la mañana, ¿por qué no vamos a casa?
-Pero si apenas… rayos… está bien.
Tomé mi bolso y caminé junto a Nicolas hasta el estacionamiento.
-Rei, sabes que odio que vengas a este lugar… no te deja nada bueno.
-No lo comprenderías. No importa además, en cuanto Darien y yo nos casemos jamás volveré a este lugar.
-Eso espero…-dijo Nicolas mirando hacia el cielo.-Realmente detesto los casinos, huelen mal y la gente ni siquiera interactúa entre sí, no sé qué es lo interesante.
-No discutamos sobre lo que un casino produce en un ser humano, ¿sí?, vamos a casa y ya, muero de sueño.
-Será mejor que mañana te quedes descansando en casa, yo me encargo del despacho.
-Gracias, Nicolas.-dije rodeando su cuello con mis brazos y dándole un beso en la mejilla.-Eres el mejor.
Sabía el efecto que causaba en Nicolas, y sabía que no debería portarme así con él, pero es que habíamos pasado tanto tiempo juntos que yo lo hacía sin intención alguna de lastimarlo.
-¿Acaso sabes si Amy ya regresó a casa?-le pregunté a Nicolas una vez nos subimos al carro.
-No, Lita dijo que estaba en el hospital.
-Amy… ya tiene dos semanas allí metida y no ha regresado a casa. Nosotras le hemos llevado ropa y comida, pero me preocupa.
-Me parece que realmente le preocupa su compañero.
-Eso es… no lo sé, jamás había visto a Amy así, creo que es algo más que solo preocupación. Nicolas…
Nicolas me miró al tiempo que manejaba.
-Sé que es muy tarde pero… realmente no quiero ir a casa, ¿podemos ir a comer algo?
-Sabes que no puedo negarme a nada de lo que me pidas.
-Lo sé.-sonreí.-Por eso eres el mejor.
Nicolas y yo nos metimos al primer restaurante abierto que encontramos. Yo ordené una orden de hot cakes y él ordenó sopa de fideos.
Taiki.
El aire fresco golpeaba mi rostro, el agua del mar rozaba mis pies y aunque hacía frío no me importaba. Mis huesos temblaban y las manos se teñían de un color violáceo, era como si mi cuerpo estuviera preparándose para adentrarse al mar, para quedarse ahí por el resto de los días. Las piernas me respondieron al tiempo que una ola se quebraba en ellas, caminé hacia el interior de ese inmenso océano que se abría ante mí, tan frío, tan lleno de vida. El sol aparecía ante mí, imponente y hermoso, como si fuera la primera vez que lo admiraba así de cerca. El agua comenzaba a ascender, cada vez mi cuerpo quedaba más enterrado en ella y de pronto… de pronto había agua dentro de mí, mucha agua y no podía respirar, no podía hablar, no podía abrir los ojos…
Abrí los ojos con tanta dificultad que ni siquiera me di cuenta de que me estaba ahogando con mi propia saliva. No lograba ver nada con claridad, todo se veía borroso y apenas logré distinguir la figura de Seiya acercándose a mí. Seiya me ayudó a incorporar la cabeza y dejó que siguiera tosiendo. Su voz llegaba a mí como un eco lejano, como si se encontrara a muchísimos kilómetros de ahí cuando la verdad era que estaba ahí junto a mí. "Taiki…" repetía su voz una y otra vez. Pasaron varios minutos antes de que mis ojos se acostumbraran a la luz y una vez que dejé de toser logré ver claramente el rostro de Seiya quien sonreía ampliamente.
No comprendía nada. ¿Qué hacía Seiya en mi departamento? No recordaba que hubiera venido a visitarme. Seiya no dejaba de repetir "Taiki… ¡estás bien!" y seguía sin comprender. Poco a poco me di cuenta de que me encontraba en una cama de hospital, me di cuenta de que estaba en el hospital y entonces solo logré confundirme más. Quise articular palabra pero tenía la garganta seca. Seiya me comprendió y me sirvió un vaso de agua. Después de dos vasos de agua logré aclararme la garganta.
-Sei… Seiya… ¿qué sucede?-pregunté.
Seiya me quitó el cabello de la cara y sonrió de nuevo.
-Sucede que al fin has despertado y que te encuentras muy bien.
-¿Qué hago aquí?-dije intentando moverme pero Seiya me lo impidió.
-Nada de moverte, será mejor que te revisen antes.
-¿A qué te refieres?-comencé a desesperarme.-El doctor Akane no está en la ciudad…
-No me refería a él.-respondió.-Quiero decir que Amy debe revisarte antes para…
-¿Amy?-lo interrumpí.- ¿Por qué habría Amy de revisarme?
-Taiki…-dijo Seiya.-Has estado inconsciente por dos semanas…
Me quedé en silencio durante varios segundos.
-¿Dos semanas? ¿dos semanas? Eso no… puede ser…
-Hace dos semanas tuviste un ataque y… el doctor Akane no estaba en la ciudad, Amy era la única persona que podía ayudarte.
-Dime de una vez qué me pasó.
-Amy te operó, ella te quitó el tumor.
De pronto sentí como si quisiera desmayarme, me sentía débil y confundido. Eso no podía ser, Amy Mizuno no sabía nada de mi enfermedad, ni siquiera estaba especializada en neurología.
-Eso no… no puede ser, Mizuno no pudo haber hecho eso, no…
-Mira, Taiki, Amy me explicó todo lo que te hizo, por lo que yo y Yaten vimos puedo asegurarte que ella sabía perfectamente lo que estaba haciendo, parecía saber absolutamente todo de tu enfermedad y de tu caso, en especial. Ella sabía muy bien todo lo que el doctor Akane te había hecho antes. Amy te salvó la vida.
Me quedé en silencio. No podía creer lo que Seiya me estaba diciendo. Antes de que pudiera abrir la boca escuché que la puerta se abría.
-Seiya, venía a ver si tú…-Amy acababa de entrar a la habitación, vestía un vestido azulado y sobre él la bata blanca. Paseó su vista por la habitación hasta que se detuvo en donde Seiya y yo platicábamos. Por un momento se quedó en silencio y cuando me vio abrió los ojos como platos, dejó caer la carpeta que tenía en las manos y se acercó a la cama.
Seiya se puso de pie para que Amy pudiera pasar. Amy me miraba como si yo hubiera resucitado, no apartaba sus ojos de los míos y de pronto me resultó algo incómodo, algo que ella nunca antes había hecho porque siempre desviaba la mirada cuando me encontraba en el pasillo o hablaba conmigo. Pero esta vez no dejaba de mirarme a los ojos y tenía una expresión como de preocupación y al mismo tiempo de alivio.
-Al fin… al fin despertaste…-logró decir.-¿Te… es decir, se siente bien, doctor Kou? ¿tiene algún molestar?
-Me… me siento bien.-respondí automáticamente.
-Tengo que… es decir… yo tengo que pedir que le traigan unos medicamentos y algo de comer… enseguida regreso…
Amy tartamudeaba mucho y salió de la habitación, yo necesitaba aclarar las cosas con ella pero no me sentía en las condiciones suficientes para hacerlo. Seiya volvió a sentarse en el borde de la cama.
-Todos han estado muy preocupados por ti, Yaten y yo nos hemos turnado para venir a pasar un tiempo contigo, Yaten no pudo venir hoy porque tuvo que salir de viaje pero por supuesto que ha estado contigo siempre. También las chicas han venido algunas veces. La verdad es, Taiki, que la única persona que se ha quedado aquí día y noche desde que te desmayaste ha sido Amy. Amy no se ha movido de aquí ni un solo instante, y cuando digo ni un solo instante significan nunca. No ha regresado a su casa en dos semanas, las chicas le traen ropa, le traen comida, se la pasa todo el día aquí. Hace sus consultas, revisa a sus pacientes y viene contigo en cada momento. Siempre se asegura de que tengas tus medicamentos y el suero y… en fin… Yaten y yo estamos muy agradecidos con ella porque cada noche te cuida ya que nosotros no podemos quedarnos. Y la verdad le agradecemos más el hecho de que te haya salvado la vida.
-Ella… ¿ella hizo todo eso?
No lo podía creer. ¿Por qué habría de hacer algo así? Había muchas preguntas en mi cabeza que necesitaba responder, muchas cosas que no comprendía.
-Disculpa que te deje aquí, tengo que ir a la oficina pero regresaré por la tarde, ¿de acuerdo? De cualquier forma Amy me tiene informado de todo. Hazme un favor, ¿quieres?-dijo Seiya.
-¿Cuál?
-Sé que Amy no es de tu agrado, pero ¿crees que podrías al menos darle las gracias?
-Vete ya, Seiya…
-Tonto hermano.-sonrió.-Me alegra mucho que hayas vuelto en ti. Te veo en la tarde.
Seiya salió de la habitación y me dejó solo. No fue por mucho tiempo pues un par de enfermeras entraron y mientras una me aplicaba medicamentos la otra me preparaba la bandeja de comida. Después de un rato me dejaron solo de nuevo y comí tranquilamente. Traté de comer despacio, sin prisa, saboreé cada cucharada y fui recuperando un poco de color. Encendí la televisión y me dediqué a ponerme al día mientras veía las noticias. Paso más de una hora hasta que Amy regresó a verme. Ella entró y parecía tener miedo, parecía asustada. Me rehusaba a creer que ella hubiera salvado mi vida.
-Tai…Doctor Taiki… quisiera explicarle el procedimiento que…
-Mizuno.-la interrumpí.-Sé exactamente qué procedimiento seguiste. ¿Por qué mejor no me explicas cómo rayos sabías lo de mi enfermedad y cómo rayos tenías estudiado mi caso?
-Yo no…
-Mi hermano me dijo que sabías absolutamente todo de mi caso, ambos sabemos que la única manera de saber algo así es leyendo el expediente, ¿no?
-Yo no… es decir yo…
-Leíste mi expediente, estudiaste mi caso… ¿por qué lo hiciste? Estudiaste mi caso tanto que hiciste lo que el doctor Akane jamás pudo hacer en cinco años, ¿entiendes eso? ¿Cómo es posible que el doctor que me había estado atendiendo jamás encontró una manera de llegar hasta el tumor, yo mismo lo estudié y tampoco, llegas tú, lees mi expediente sin permiso y encuentras una manera de curarme? ¿Te das cuenta de que cuando el señor Hikama o el doctor Akane se enteren de lo sucedido tú podrías ser despedida?
-Lo… lo siento…
Amy había comenzado a llorar. Ni siquiera me había dado cuenta de que la tenía fuertemente agarrada del brazo. ¿Por qué siempre lloraba? ¿Por qué siempre parecía tonta e indefensa?
-Sé que… que fue un error haber leído el expediente, fue… fue accidental yo no… sé que no debí haberlo hecho y lo siento mucho, doctor Kou.-logró responder.-Lo siento mucho, mucho… pero no me arrepiento de haberlo hecho, o de lo contrario usted estaría… si ellos me van a correr, que lo hagan…
No podía creer que Amy estuviera de acuerdo con su castigo solo por haberme ayudado, eso no podía creerlo.
-No te disculpes, Mizuno.-respondí.-Será mejor que te vayas.
-Yo no…
-Vete, vete a tu casa y duerme, descansa, recuéstate en tu cama. Sé que has estado aquí demasiado tiempo y necesitas irte a tu casa.
-No puedo y…
-Hay enfermeras muy eficaces que pueden hacerse cargo de mí.
Amy no respondió. Le solté el brazo y vi cómo se daba la vuelta y caminaba hacia el exterior de la habitación. Justo antes de que abriera la puerta la llamé.
-Amy.-dije sin darme cuenta de que la había llamado por su nombre.
Amy giró la cabeza y me miró indecisa.
-Muchas… muchas gracias por haberme salvado la vida.-logré decir.-Lo digo de verdad…
Amy dibujó una sonrisa casi invisible y luego salió. No lograba comprender todo aquello, ¿por qué Amy haría algo así? Sin que yo se lo pidiera, sin que yo le diera permiso, no lograba comprender qué había en sus pensamientos. Las horas pasaron lentamente. Dormí un rato como si no hubiera estado inconsciente por dos semanas y cuando desperté lo primero que vi fue al doctor Akane parado frente a mi cama.
-Doctor Kou, me alegra que haya despertado y que se encuentre bien.-dijo el doctor Akane cruzándose de brazos.-Me apena mucho el no haber estado aquí cuando más me necesitaba, pero por lo que veo no fui necesario aquí. Por lo que me han dicho la doctora Mizuno se ha hecho cargo de todo aquí durante mi ausencia y de usted mismo. Leí todo lo que ella hizo y al parecer hizo un procedimiento excelente, puro, ella logró llegar hasta el tumor, doctor Kou, algo que ni usted ni yo habíamos resulto aún. ¿Quiere explicarme por qué? No me malinterprete, me da mucho gusto que usted al fin se encuentre 100% saludable, es solo que debe comprender que tengo que hacerme cargo de este asunto. La doctora Mizuno ha rompido una de las reglas más importantes del hospital y del código médico, la cual es no apropiarse de otros casos que no se le han asignado. No puedo ayudar a la doctora Mizuno, usted y yo sabemos perfectamente lo que le va a pasar cuando el señor Hikama se entere.
-Ustedes no pueden despedir a la doctora Mizuno, ella no… ella solo me salvó la vida. Tuve una emergencia, usted no estaba y ella se hizo cargo, no hay nada que hacer al respecto, ¿cierto? Tuvo que hacerlo, ¿acaso tenía que dejarme morir?
-Usted es más inteligente que eso, doctor Kou.
-No pueden correrla porque la doctora Mizuno es una excelente médico, ella… ella logró encontrar la respuesta que por tanto tiempo buscamos, ella ha hecho grandes cosas en este lugar. A veces no tenemos opción y tenemos que romper las reglas.
-Tendré que mandarla llamar cuanto antes.
-Ella ha estado aquí metida por dos semanas, es la primera vez que va a su casa en todo este tiempo. Escúcheme, doctor Akane, tengo que aceptarlo. Yo mismo le pedí a Amy Mizuno que me ayudara. Le pedí que estudiara mi caso para ver si ella podía ver algo que nosotros no y… resultó. Yo no sabía que resultaría hasta que tuvo que operarme y ella salvó mi vida.
-¿Está hablando enserio? ¿Usted le pidió a la doctora Mizuno que lo hiciera?
-Sí.-mentí.
-De cualquier manera tengo que discutir esto con el señor Hikama, y de cualquier manera la señorita Mizuno recibirá un castigo. Le deseo una pronta recuperación, doctor, hasta luego.
Cuando el doctor Akane salió de la habitación no supe de dónde saqué fuerzas para golpear la cama. Sabía muy bien que esto pasaría y seguía sin comprender por qué Amy se había arriesgado aun sabiendo lo que podía pasar. Y tampoco comprendía por qué le había mentido al doctor Akane, de cualquier manera no podía permitir que le hicieran eso a Amy, y no solo porque me había salvado la vida sino porque decía la verdad cuando decía que era una excelente médico. Al menos había logrado salvar su trabajo, que a comparación con el valor de una vida, no era nada.
Mina.
Llegué a Osaka a eso de las tres de la tarde. Me sentía bien, me sentía tranquila y al mismo tiempo feliz por lo que estaba a punto de sucederme. Al siguiente día era mi audición y aunque me sentía nerviosa eso no me quitaba la felicidad que me inundaba por dentro. A pesar de todo me sentía sola. Ninguna de mis amigas habían podido acompañarme, Amy estaba muy ocupada con lo de Taiki, Serena no podía dejar la impresión de la revista, Rei estaba desaparecido desde hacía algunos días y Lita no podía dejar el restaurante. No tenía de otra más que disfrutar esto sola. Iba a estar durante una semana en Osaka pero primero tenía que llegar a la compañía para registrar mi llegada y para que me dieran los horarios de todo lo que tenía que hacer. Tomé un taxi y el aeropuerto estaba demasiado lejos de la ciudad. Tardé casi una hora y media en llegar hasta la compañía y una vez allí me dediqué a hacer los trámites necesarios. A eso de las siete salí de ahí y decidí que era un buen momento para fumarme un cigarrillo. Me sentía cansada y solo deseaba ir a dormir. Justo cuando estaba encendiendo mi cigarro me di cuenta de que el gas del encendedor se había acabado. Levanté la vista para ver si había alguien cerca que pudiera prestarme su encendedor y entonces lo vi. Yaten se acercaba a mí con una mueca sarcástica en el rostro y el encendedor en la mano. Se paró frente a mí y lo encendió para que yo pudiera encender mi cigarro.
-¿Qué estás haciendo aquí?-le pregunté sorprendida y confundida al mismo tiempo mientras que Yaten encendía su propio cigarro.
-Yo solo iba pasando por aquí, te vi y decidí venir a resolver tu problema.
Lo miré con el ceño fruncido mientras Yaten reía.
-No seas tonta, Minako, obviamente vine contigo.
-¿Conmigo? ¿por qué?-pregunté confundida.-No tenías que hacerlo, Yaten.
-Tienes razón, no tenía por qué hacerlo pero pensé que te sentirías mejor si alguien te acompañaba durante el proceso. Necesitas apoyo, algo de ayuda y hasta protección.-Yaten me miró.-Te ves muy cansada.-me tomó de la mano y me jaló.-Vamos a llevarte a un hotel, mañana es el gran inicio y debes ir 100% recuperada.
Yaten y yo caminamos hasta encontrar un taxi y nos llevó hasta el primer hotel en el camino. Parecía ser un buen hotel y Yaten me ayudó a bajar la maleta. Pedimos dos habitaciones y nos dieron dos habitaciones contiguas. Caminamos por los pasillos hasta el elevador y de ahí subimos al quinto piso. Llegamos a las habitaciones 524 y 526. Yaten se metió a su habitación y yo a la mía. Acomodé mis cosas, me puse pijama y me cepillé el cabello. Unos veinte minutos después escuché que llamaban a la puerta y era Yaten quien traía una bolsa en la mano.
-Creí que tendrías hambre.-dijo entrando sin que yo lo invitara a pasar.
-¿Quién eres y qué hiciste con mi jefe?-dije en modo de burla.
-Vamos, Aino, solo come. Traje hamburguesas con doble tocino.
-¿Cómo supiste que eran mis favoritas?-sonreí.
Me senté frente a él y desempacamos la comida.
-¿Por qué veniste si Taiki aún sigue en el hospital?-le pregunté a Yaten algunos minutos después.-La salud de tu hermano es más importante.
-Por supuesto que lo es, lo que sea que le suceda a Seiya o Taiki nunca dejará de ser importante para mí, y el hecho de que esté aquí no significa que no me importe.-dijo seriamente.-Estas dos semanas Seiya y yo hemos estado con él todos los días, pero tanto Seiya como yo sabíamos que no podíamos dejarte venir sola, así que me dio permiso de venir.
-Gracias.-respondí en voz baja.
-Además no te preocupes, Seiya me llamó hace rato para avisarme que Taiki por fin despertó.
-¿De verdad?-dije alegremente.-Eso me da mucho gusto.
-Me dijo que tendrá que quedarse unos días más en observación y luego lo darán de alta, tendrá que quedarse unas cuantas semanas descansando en casa.
-Eso no debe de estar tan bien para él, me imagino.
-No, Taiki odia estar en su departamento sin hacer nada, desde que éramos pequeños es así, siempre encuentra la manera de estar ocupado. Al parecer se quedará en el departamento de Seiya mientras se recupere, creo que me quedaré con ellos también, como cuando éramos niños.
-Me alegra mucho que Taiki haya reaccionado, y me alegra más que de ahora en adelante ya no tenga esa enfermedad, Amy es la mejor.
-Todos le estaremos agradecidos siempre.-dijo mientras recogía todo.-Será mejor que te deje descansar, nos vemos por la mañana, te acompañaré a la compañía y luego me iré a conocer por ahí.-se detuvo un momento en la puerta y me miró.
-Solo te pido que si me vas a acompañar esta semana te limites a ser una buena compañía y no un don Juan en Osaka, ¿de acuerdo?
Él sonrió.
-Esta semana mi atención es toda para ti.-se burló.-Buenas noches, Minako.
Yaten cerró la puerta y me dejó sola. Me lavé los dientes y me metí a la cama después de apagar las luces.
Serena.
Me bajé apresuradamente del metro. Ya se me había hecho tardísimo para llegar al trabajo y todo por quedarme platicando con Amy, quien se veía muerta de cansancio pero muy contenta porque Taiki había despertado al fin. Jamás la había visto así de aliviada y feliz por un paciente, aunque yo sabía que de haber sido otra persona no estaría tan llena de felicidad como en este caso. Prácticamente corrí por las calles hasta el edificio de la revista y de pronto se me vino a la mente aquellos recuerdo de cuando solía estar en la secundaria y siempre salía corriendo de casa porque se me hacía tarde para llegar a la escuela. Justo cuando iba llegando al edificio corrí por las enormes escaleras del exterior y fue entonces cuando lo vi bajarse de su auto. Darien hablaba por su teléfono móvil y aunque yo moría de ganas de huir de ahí a como diera lugar no pude hacerlo. Me alcanzó antes de que pudiera seguir avanzando mi camino y me tomó del brazo bruscamente. Colgó su celular y me miró inquisitivamente.
-¿Me puedes explicar por qué demonios me dejaste el otro día?
-Suéltame, Darien, me estás lastimando. Además no tengo por qué darte explicaciones.
-¿No dijiste que íbamos a actuar como amigos? ¿No acordamos que seríamos amigos, Serena?
-Sí, Darien, amigos. Los amigos no dan explicaciones si no quieren, los amigos no tienen por qué verse a escondidas ni a espaldas de sus respectivas parejas… ¿Acaso Rei sabía que nos veríamos?
-Eso no tiene nada que ver.
-¿Entonces, Darien? No entiendo qué es lo que quieres de mí, ¡no entiendo!
Darien me apretó más fuerte el brazo.
-¡Te quiero a ti, carajo!
Lo miré sorprendida.
-No creo que tengas claro lo que realmente quieres, Darien, y te pido que me sueltes ahora mismo.
-No tiene nada de malo que nos veamos, que hablemos, que estemos cerca… no tiene nada de malo.
-Pero tú…
Antes de que pudiera seguir hablando escuché la voz de Seiya.
-¡Suéltala!-gritó Seiya al tiempo que bajaba las escaleras a toda prisa hasta donde nos encontrábamos parados. Seiya le lanzó una mirada asesina a Darien y él me soltó.
-Es por él, ¿cierto? ¿Es él el que te está metiendo esas ideas a la cabeza?
Ni siquiera alcancé a responder cuando Seiya habló.
-Te voy a pedir que no molestes más a Serena, Chiba, te lo digo por tu bien.
Darien soltó una risotada.
-¿Acaso me estás amenazando?
-Solamente te estoy pidiendo que la dejes en paz. Ella no quiere verte ni tener nada contigo porque eres el PRO-ME-TI-DO de su mejor amiga, ¿lo puedes entender?
-Eso es algo que a ti no te importa, Seiya Kou.-respondió Darien y luego me miró.-¿Le contaste? ¿Le contaste a este tipo lo nuestro?
-Por supuesto que me contó, ella y yo somos mejores amigos, nos tenemos toda la confianza del mundo y por supuesto lo sé, y también sé que tú lo único que quieres es jugar con ella, además…
-¡Silencio!-grité de pronto.-No voy a tolerar que se dispongan a pelearse aquí, no voy a tolerar que esto siga pasando, ¿me entienden?-miré a Darien.-Por favor, Darien, entiende que tú eres el prometido de mi mejor amiga, te vas a casar con ella y no puedes seguir jugando con fuego. Y tú, Seiya, no tienes por qué pelearte con los demás por mí, yo puedo arreglar esto sola, ¿sí? Así que yo ya me voy a meter a trabajar, será mejor que te vayas, Darien, porque yo no soy millonaria y tengo un empleo con reglas, y tú, Seiya, no eres mi guardaespaldas por lo que te pido que también regreses a tu trabajo.
Les di la espalda y subí corriendo las escaleras.
Estuve desconcentrada durante todo el día de trabajo. Decidí quedarme encerrada en mi oficina para no tener que hablar con nadie y poder terminar mi trabajo. No podía dejar de pensar en Darien y en lo que había sucedido, cada vez comprendía menos lo que Darien pretendía de mí y yo me sentía mucho peor que al principio de mi llegada. Por un momento deseé regresar el tiempo y quedarme en Osaka, jamás aceptar regresar a Tokio. A eso de las cinco de la tarde tomé mis cosas y salí de la oficina. Salí del edificio y para mi desgracia encontré a Seiya esperándome en la estación del metro.
-No quiero hacer esto ahora, Seiya, por favor…-dije antes de que Seiya dijera una sola palabra.
-Bombón… por favor, solamente quiero pedirte perdón, no quería hacerte eso en la mañana pero odio ver cómo ese tipo trata de aprovecharse de ti.
-Y te agradezco, Seiya, pero de verdad tienes que tenerme un poco de confianza, sé que puedo manejar esto, si me ayudas todo el tiempo se me hará más difícil esta situación.
De pronto sentí sus brazos rodear mi cuerpo con fuerza.
-No quiero que te lastime, Serena, no quiero que nadie te lastime.-dijo Seiya mientras me abrazaba.-Solamente quiero verte contenta, quiero verte feliz… y sé que ese hombre no podrá lograrlo mientras siga engañando a su novia y a ti.
-Gracias, Seiya… no sé qué haría sin ti…
-Yo tampoco sé qué harías tú sin mí…-dijo Seiya riendo.
-¡Tonto!
-Para compensarte te voy a llevar a comer el helado que tanto te gusta.-dijo después de soltarme.-¿Me acompañaría, señorita?
-Por supuesto, Monsieur.
Seiya y yo nos subimos al metro y nos dirigimos hasta la heladería que tanto nos gustaba.
Lita.
Me encontraba en el restaurante dentro de la cocina preparando un platillo especial con la ayuda de la nueva integrante del equipo. Apenas tenía unos días y yo había decidido entrenarla personalmente. Ashiko entró a la cocina apresurada y caminó hacia mí.
-Lita, hay una cliente que quiere hablar contigo.
-¿Es algo bueno o malo?
-No sabría decirte… no la vi molesta, pero tampoco contenta.
-Ya. Bueno, enseguida voy. Loly por favor sigue batiendo esto, enseguida vuelvo.
Antes de salir de la cocina me quité algunas manchas de harina del rostro y salí de la cocina. Ashiko me condujo a través del restaurante hasta la mesa de la cliente y cuando llegamos vi a una señora de unos cuarenta y tantos años de edad. Se notaba a leguas que la ropa que vestía era sumamente elegante y además parecía salida de una revista de moda. Tenía el rostro de un ángel, parecía tener el rostro de una mujer sumamente tranquila y buena gente. Sonreí instintivamente e hice una leve inclinación.
-Buenas tardes, señora, estoy a sus órdenes.-dije cortésmente.
-Buenas tardes, señorita… ¿es usted la chef?
-Así es, para servirle.
-Solamente quería felicitarla, la comida es maravillosa, no recuerdo haber probado algo tan delicioso y exquisito en muchísimo tiempo, señorita, y deseaba conocer a la persona encargada de tal obra de arte.-sonrió.
-Le agradezco mucho, señora, sus palabras son muy importantes para mí y me alegro que la comida haya sido de su gusto.
-¿Puedo saber su nombre? Yo soy Mei Takimechi, mi esposo es el dueño de una revista muy importante y yo personalmente estoy dispuesta a escribir un artículo sobre usted y sobre este restaurante. Por favor, se lo pido.
-¿De verdad? No es necesario, señora, no se moleste…
-No es ninguna molestia, hágame ese favor, nos conviene a todos.-sonrió.
-Es usted muy buena, señora Takimechi.-respondí agradecida.-Soy la chef Lita Kino, a su disposición.
La señora Mei de pronto cambió la expresión de su rostro. La enorme sonrisa que tenía en el rostro había desaparecido en cuestión de segundos y ahora me miraba de una manera muy extraña, como si hubiera visto a un fantasma.
-¿Li… Lita?-repitió.-¿Lita Kino?
-Sí… ¿se siente bien, señora?-dije acercándome a ella y tomándola por los hombros.
Ella me miró directo a los ojos algo confundida, o eso parecía.
-Sí, sí… disculpa, no es nada.-se apresuró a decir.-Eres… muy bonita, Lita Kino.
-Oh.-me sonrojé.-Gracias, señora Takimechi…
-Escucha… quiero escribir ese artículo, y hacerlo bien. ¿Por qué no vienes a verme a mi oficina mañana? Así podría entrevistarte personalmente…
-Por supuesto, iré a donde usted me diga.
-Mi oficina está en el edificio de la revista Paradise Nippon Magazine, ¿de casualidad sabes dónde se encuentra?
-Por supuesto.-sonreí.-Una de mis mejores amigas trabaja ahí.
-¿De verdad? Me alegra…-sonrió.-Te espero mañana, ¿a las 11?
-A las 11.-dije dándole la mano.-Mucho gusto en conocerla, señora Takimechi, la dejo para que siga disfrutando de su comida.
-Señorita Kino…-dijo deteniéndome.-Solamente quisiera saber… por curiosidad… ¿cuántos años tienes?
-25.-respondí amablemente.
-Ya…-ella agachó la mirada.-Eres joven.
Me despedí de ella y regresé a la cocina. Había sido algo inesperado pero me resultaba agradable saber que alguien tan importante como la señora Takimechi quería escribir un artículo sobre mí y sobre el restaurante. Regresé a la cocina y continué haciendo lo que hacía antes de la interrupción.
Amy.
Mi teléfono móvil sonó desde muy temprano. Abrí los ojos con dificultad. Apenas había logrado dormir un par de horas en toda la noche y contesté a duras penas. Escuché la voz del doctor Akane del otro lado del teléfono, sonaba sumamente molesto y me pedía que fuera de inmediato al hospital. Me levanté con la misma dificultad y me alisté lo más rápido que pude. Una hora después me encontraba cruzando la puerta del hospital. Caminé directo a la oficina del doctor Akane quien me esperaba sentado detrás de su escritorio escribiendo algo en la computadora. En cuanto me vio entrar se quitó los anteojos y se acomodó en su asiento después de pedirme que me sentara. Tomé asiento algo resignada y esperé.
-Supongo que sabe por qué estamos aquí, doctora Mizuno.
-Sí, doctor.
-No parece sorprendida, ni molesta.
-Sé muy bien que hice mal, doctor Akane, y como tal voy a aceptar lo que merezco.
-Usted es una excelente médico, doctora Mizuno, lo demuestra en cada oportunidad. Usted ha salvado miles de vidas, ha ayudado a miles de personas, usted ama su trabajo, ama su profesión y es sumamente inteligente. Aún no logro explicarme cómo es que lograste encontrar una respuesta que por muchos años estaba escondida en el misterio. Sin embargo, Amy, tú y el doctor Kou rompieron una regla muy importante. El doctor Taiki jamás debió de haberle confiado a usted su expediente porque yo era el encargado del caso.
No comprendía nada de lo que el doctor Akane decía. ¿Taiki y yo? El doctor Akane prácticamente acababa de decirme que Taiki me había pedido que estudiara su caso, cuando yo sabía muy bien que él jamás me había pedido eso y que jamás me había dicho nada sobre su enfermedad. Algo no estaba bien, Taiki le había mentido al doctor Akane.
-Como sabrá no puedo pasar por alto esta situación, doctora, y tengo que hacer algo al respecto. Después de hablar con el señor Hikama y con el doctor Kou, no puedo despedirla porque no fue solo su culpa sino también la del doctor, pero definitivamente tengo que levantarle un castigo.
-Estoy consciente de ello, doctor, y voy a aceptar el castigo.
-El doctor Kou tendrá que estar en recuperación al menos durante un mes, y es obvio que sería inútil castigarlo, pero usted sí puede así que tendré que suspenderla por dos semanas.
-Yo… es decir, está bien…
-Puede retirarse.
Salí de la oficina del doctor Akane y me sentí un poco mal. Caminé por los pasillos hasta llegar a la habitación de Taiki y entré después de tocar la puerta. Una de las enfermeras se encontraba administrándole medicamento y al verme se apresuró a salir cuanto antes de ahí.
-Mizuno.-dijo él antes de que yo pudiera hablar.-Supongo que el doctor Akane te mandó llamar.
-Doctor… yo… ¿por qué le mintió al doctor Akane?-dije agachando la cabeza.-No lo tenía que hacer… yo estaba dispuesta a aceptar mi castigo.
-Era lo mínimo que podía hacer por ti, Mizuno. Me salvaste la vida.
-Pero ahora el doctor Akane piensa mal de usted también.
-Supongo que te suspendió por algunos días solamente, ¿no?, eso es mejor que dejarte sin trabajo, podrás soportar unos días sin trabajar, estoy seguro. Lo que piense el doctor Akane de mí tiene poca importancia, lo más importante es la salud y el bienestar, ¿no crees?
-Yo… solo quiero agradecerle…
-No, por favor, no lo hagas. Escucha, Mizuno, lo que yo hice por ti no es absolutamente nada comparado con lo que tú hiciste por mí, así que te pido que no digas nada, aceptes lo que pasó y listo.
-¿Se… se siente mejor?
-Me siento bien, creo, de cualquier manera esto es un proceso tardado. Deja de preguntarme cómo me siento, voy a estar bien. Mejor vete de una vez, aprovecha tu castigo para descansar porque luces muy mal y creo que necesitas dormir mucho. Vete, Mizuno.
-Solo quiero decir que… lo que yo hice por usted fue algo totalmente desinteresado, doctor Kou, y no esperaba nada a cambio.
Taiki me miró a los ojos sin decir nada. Le sostuve la mirada por algunos segundos más y luego salí de la habitación. Tomé un taxi fuera del hospital para llegar a casa lo más pronto posible. En cuanto entré a mi habitación me puse el pijama, tomé un relajante muscular de mi caja de pastillas y me eché a dormir.
Lita.
Llegué a la revista Paradise cinco minutos antes de las once. Pregunté por la oficina de la señora Takimechi y caminé por los pasillos. Serena caminaba desde el otro lado del pasillo cuando me vio y me regaló una sonrisa. Le expliqué por qué me encontraba allí y se alegró mucho por mí. La dejé para poder ir a mi entrevista y en cuanto llegué a la oficina solo tuve que esperar algunos minutos hasta que me hicieron pasar. Dentro se encontraba la señora Takimechi usando un hermoso vestido. Su oficina era enorme y estaba adornada de una manera muy elegante y sutil. Había un enorme cuadro en la pared que tenía una fotografía de ella y de quien yo suponía que era su esposo, el señor Takimechi dueño de la revista. Ambos lucían muy bien juntos, como si fueran la pareja perfecta. Tomé asiento frente a la señora Mei y esperé a que ella hablara.
-Me alegra que estés aquí, Lita, ¿puedo llamarte así?
-Por supuesto, señora Takimechi, llámeme como usted quiera.
-Quiero que me cuentes todo de ti, Lita, necesito saber cada detalle de tu vida.
Al principio me pareció algo extraño, pero supuse que era porque necesitaba escribir el artículo.
-Dime… ¿tu padre era un gran chef como tú, cierto?
-Pues… de hecho sí lo fue, ¿cómo lo supo?-pregunté extrañada.
-Yo no… es decir, solo fue una suposición.
-Mi padre era un gran cocinero, no era exactamente un chef porque nunca estudió nada, pero eso no le impidió conocer la comida como nadie más. Él tenía un toque especial y me enseñó todo lo que sabía. Yo aprendí muchas cosas de él. Él era todo lo que yo tenía, me hacía muy feliz y siempre encontraba la manera de darme lo que yo necesitaba a pesar de nuestras limitaciones económicas. Nunca tuvimos mucho dinero, siempre tuvimos dificultades pero él era mi superhéroe, sabía cómo arreglárselas y jamás me decepcionó.
-Hablas en pasado…
-Él murió hace algunos años. Realmente no quiero hablar mucho de eso.
-¿Y tu… madre?
-Ella… no lo sé realmente, señora Takimechi, jamás lo conocí. Ella desapareció algunos meses después de que yo nací.-respondí.
-¿Eso fue lo que tu padre te dijo?
-Mi padre nunca hablaba de ella, cuando yo le preguntaba siempre encontraba la manera de evadir el tema, si usted hubiera visto la expresión que tenía cuando yo mencionaba algo al respecto… era demasiado doloroso para ambos. Con el tiempo aprendí a no hacer preguntas, aprendí a aceptar que mi madre se había ido y aprendí a vivir sin ella, aprendí a vivir sin el amor de una madre. Afortunadamente mi padre nunca me falló, me amaba tanto que no necesitaba el amor de una madre para llenarme.
-Tú… ¿tú la odias?
-No lo sé, señora Takimechi, podría ser. Mucho tiempo sentí rencor, no comprendía por qué una madre dejaría a su hija así, pero luego aprendí a suprimir ese sentimiento y ahora pienso que no debo darle importancia a alguien a quien nunca le importé, ¿no cree?
-Lita… ¿qué pasaría si de pronto un día tú te encuentras a tu madre y ella viene a ti…?
Solté una risotada y luego miré a la señora Mei.
-Discúlpeme, señora, lo que pasa es que eso me parece tan improbable que me cuesta trabajo siquiera imaginarlo. Primero que nada dudo mucho que ella hiciera eso, si me dejo cuando era apenas un bebé, no veo por qué me buscaría 25 años después, ¿no lo cree?, en segunda no veo cómo podría encontrarme ella, no sabe nada de mí, hace años que dejé de vivir en la casa de mi padre, muchos años, así que no hay manera en este mundo que ella pueda dar conmigo. Señora Mei… yo… es decir, mi madre no es un tema que me agrade, si no le molesta me gustaría hablar de otras cosas.
-Sí, entiendo… disculpa.-sonrió.- ¿Por qué no me cuentas de qué fue lo que hiciste después de que tu padre murió?
Estuve hablando por horas con la señora Mei. Parecía ser una persona muy agradable y además parecía muy interesada en mi vida. Resultaba extraño para mí pero de cierta manera me hacía sentir bien. Era agradable compartir mis pensamientos con alguien. Ni siquiera me di cuenta del tiempo que pasó, pero a eso de las 2 de la tarde me despedí de ella y quedamos de ir a comer juntas la siguiente semana. Ella me mostraría el artículo para saber qué opinaba sobre él. Salí de su oficina y regresé al restaurante.
Serena.
Seiya y yo caminamos hacia el exterior del edificio. Bajamos las enormes escaleras y a pesar de que Seiya iba distraído mientras me platicaba algo yo sí me di cuenta de que la camioneta de Darien que usaba cuando él no quería manejar y su chofer lo llevaba estaba estacionada del otro lado de la calle. Sabía que él estaba observando del otro lado del vidrio pero preferí tomar del brazo a Seiya y apresurar el paso para perdernos entre la gente antes de que Darien pudiera ver hacia dónde íbamos. Una vez que llegamos a la estación de metro Seiya se detuvo abruptamente y me miró.
-No, Serena, hoy no tomaremos el metro. Hay un lugar al que quiero llevarte.
-¿De qué hablas?-dije riendo.-Estás loco, Seiya Kou.
Seiya tomó mi mano y caminamos hasta encontrar un taxi. Recorrimos la ciudad durante unos quince minutos y luego Seiya le indicó al conductor que se detuviera en una esquina. Nos bajamos y aún seguimos caminando unas cuantas cuadras más hasta que Seiya se detuvo y me pidió que me cubriera los ojos. Lo obedecí y me hizo caminar por encima de algo que parecía ser pasto. No calculé cuantos metros más caminamos y sentí que Seiya se detenía.
-Ya puedes ver.-dijo en voz baja.
Cuando me descubrí los ojos me quedé atónita. Frente a mí habían cientos y cientos de árboles cerezos a nuestro alrededor. Todo era tan hermoso que apenas podía creerlo. Los árboles tenían miles y miles de florecillas hermosas que le daban al lugar un toque especial como de magia y cuento de hadas. El pasto era de un verde tan hermoso que parecía ser un hermoso cuadro salido de algún museo.
-Esto es…. Es… hermoso…-logré decir después de un rato de silencio.
Sentía la mirada de Seiya sobre mí.
-¿Por qué nunca me había enterado de este lugar?
-Es un jardín especial, muy poca gente sabe que existe.-respondió Seiya.-Yo solía venir aquí cuando era pequeño, venía con mis hermanos y mi madre.
-Es hermoso, Seiya.-sonreí.-Gracias por traerme aquí.
-Yo… te traje aquí porque quería traerte a algún lugar que significara mucho para mí. Y este era el lugar indicado.
-Vaya… muchas gracias.-lo miré.-Siempre haces muchas cosas lindas por mí, y creo que nunca voy a terminar de agradecerte…
-No lo hagas.-dijo él.-Lo hago porque tú… porque me importas mucho.
-Y tú a mí.
-No… es decir…-Seiya comenzó a moverse mucho y a rehuir mi mirada.-No me refiero a eso, Serena.
-¿Entonces a qué?-pregunté extrañada.
-Yo… esto es muy difícil para mí, pero ya no puedo más.
Seiya me miró con angustia en los ojos y luego dio un paso hacia el frente para estar más cerca de mí. Sus ojos no se apartaban de los míos y yo no comprendía lo que estaba sucediendo. De pronto tomó mi rostro entre sus manos.
-Estoy… estoy cansado de verte todos los días, estoy cansado de hablar contigo cada día, estoy cansado de caminar a tu lado y no poder tocarte.-dijo muy cerca de mi rostro.-Estoy cansado de mirarte y no poder decirte que eres la mujer más hermosa que he visto en toda mi vida. Estoy cansado de pensar que estás enamorada de otro hombre… estoy cansado de fingir que solo eres mi mejor amiga y que no quiero abrazarte y tenerte ahí entre mis brazos para siempre.
Las palabras de Seiya llegaban a mis oídos una tras otra como un poema. No podía creer todo lo que él me decía, no podía creer que Seiya sintiera todo eso por mí y de pronto me sentí totalmente confundida. Un mar de emociones se abría dentro de mí, pensé en Darien, pensé que en que él jamás me había dicho nada así, pensé en que Seiya estaba a mi lado cada día, me ayudaba, me quería, me comprendía… él siempre estaba ahí y yo nunca me había dado cuenta… sus ojos azules parecían brillar mientras hablaba y yo sentía algo atorado en la garganta.
-Yo no soy perfecto, Serena Tsukino, pero eres lo más importante en mi vida, eres todo aquello por lo que podría morir y estoy… total e irrevocablemente enamorado de ti.
Los labios de Seiya tocaron los míos por primera vez. De pronto un caos de emociones se apoderaron de mi cuerpo y sentí el suyo pegarse más al mío. Seiya me besaba con ternura, con pasión e incluso con algo de desesperación. Su aliento y el mío parecían haberse fundido y yo había rodeado su cuello instintivamente. No recordaba que nadie me hubiera besado así antes, no recordaba sentir algo así antes. ¿Era real? ¿Estaba yo confundida? ¿Cómo podía sentir algo tan nuevo y sensacional cuando ni siquiera lo imaginaba? Seiya se separó de mí con lentitud y me miró de nuevo a los ojos. Yo parecía una estúpida ahí con la respiración entrecortada. Él me tomó de la cintura y me acercó a él.
-Perdóname, Serena… ya no lo soportaba más y ayer… ayer supe que tenía que hacerlo cuanto antes. No te imaginas cuántas veces soñé poder besarte… poder tocarte…
-Seiya… yo…
-Soy un idiota, lo sé.-dijo interrumpiéndome.-Pero te quiero como un estúpido y solo deseo que me des una oportunidad… yo soy mejor que ese imbécil… te lo juro.
-Seiya…
-Además sé que no soy lo que…
-¡Seiya!-dije elevando la voz. Seiya guardó silencio.-Yo… estoy algo confundida, es todo. Esto fue muy sorpresivo para mí… jamás imaginé que tú sentías todo eso por mí y… debo decir que a pesar de que fue algo inesperado creo que… creo que me gusta.-sonreí.-Yo… sentí muchas cosas cuando me besaste, cosas que no creí que sentiría…
Seiya sonrió.
-Te quiero mucho, Seiya, eres el mejor amigo que alguien podría tener, y fui una tonta por no darme cuenta de lo que realmente sentías por mí… no puedo ofrecerte lo mismo que tú me ofreces a mí, porque todo esto fue muy precipitado para mí, pero creo que lo que sí puedo ofrecerte es… una oportunidad…
De pronto sentí que Seiya me apretaba contra él y me abrazaba tan fuerte que casi me cortaba la respiración. Me besó las mejillas y los labios múltiples veces.
-Te juro que no te vas a arrepentir, Serena Tsukino. Me haces el hombre más feliz…
-Seiya…-dije.-No quiero que… es decir, yo no quiero lastimarte, por eso debes de darme tiempo y no apresurarte demasiado, porque…
-Yo voy a hacer que te enamores de mí como una loca, bombón, solo necesitaba la oportunidad… y ya la tengo.-sonrió.
-Eres un loquito, Seiya Kou…-reí.
-Para celebrar voy a llevarte a cenar.
-Pero…
-Nada.-me interrumpió.-Vámonos ahora.
Seiya tomó mi mano y caminamos hasta el exterior del jardín.
Mina.
Habían pasado algunos días desde que Yaten y yo habíamos llegado a Osaka. Todos los días tenía que levantarme temprano para hacer mis exámenes y pruebas. Yaten siempre compraba el desayuno y me lo llevaba a la compañía. Se esperaba mucho tiempo ahí hasta que yo salía y algunas veces entraba a verme. Casi no podía creer que Yaten me estuviera ayudando tanto y se portara tan bien, era como si otra persona se hubiera apoderado de su cuerpo.
El viernes por la tarde al salir de los exámenes nos dirigimos al hotel. Estaba muy cansada y necesitaba darme un baño. Yaten me dejó sola y se fue a su habitación. Me metí al baño y llené la bañera para poder remojarme un rato. Dejé que mi cuerpo se hundiera en el agua y recargué mi cabeza. Me quedé allí durante mucho tiempo, realmente no me fijé cuánto tiempo duré ahí metida pero cuando decidí salirme ya eran casi las siete de la tarde. Me puse algo de ropa interior y así como estaba me senté frente al peinador para cepillarme el cabello. Me di cuenta de que mi cabello había crecido bastante desde la última vez que lo había arreglado y supe que pronto tendría que deshacerme de esas puntas feas. Mientras me cepillaba el cabello miré en el espejo mi reflejo y de pronto el rostro de Armand se vino a mi cabeza. Hacía tanto tiempo que no pensaba en él que me sorprendí a mí misma de encontrarme pensando en él. Me sentía tan tranquila y relajada sin él que ni siquiera era una preocupación para mí. Dibujé una pequeña sonrisa en mi rostro y continué cepillando mi cabello. A pesar de que lo amaba-o eso creía yo-me sentía demasiado tranquila sin él como para pensar en volver a su lado.
De pronto escuché que la puerta se abría y todo sucedió tan rápido que ni siquiera pude hacer nada para esconderme. Yaten entró a la habitación y yo me quedé paralizada mientras recordaba que lo único que traía puesto era ropa interior. Vi cómo la mirada de Yaten recorría mi cuerpo de pies a cabeza y me levanté inmediatamente a cubrirme con una toalla.
-¡Yaten Kou! ¿Qué crees que estás haciendo?-grité.-¡La puerta se toca antes de entrar!
Sentí cómo mi rostro se enrojecía de la vergüenza mientras que Yaten dibujaba una sonrisilla en su rostro.
-Lo siento yo…-rió.-La puerta estaba abierta y se me hizo fácil entrar, discúlpame.
-¡Solo sal de aquí!-volví a gritar.
-¡Caray!-respondió.-No te exaltes, Minako, no será la primera vez que te veo así. Además solo vine a decirte que te alistes porque saldremos un rato.
-¿Salir?-pregunté confundida.
-Así es, creo que necesitas despejarte un rato.
-Pero yo no…
-Te veo en el lobby dentro de diez minutos.
Yaten salió de la habitación y me sentí más relajada de inmediato. Yaten podía estarse comportando más amable pero no dejaba de ser un idiota y aprovechado. ¿Salir? ¿Adónde pensaba salir? Yo lo único que quería era quedarme a dormir y no moverme. ¿Diez minutos? ¿Quién se creía para darme solo diez minutos? ¡No podría hacer nada en diez minutos! Tomé el primer vestido que vi y me lo puse. Como no tendría tiempo de peinarme solo decidí maquillarme, tomé un listón que combinara con el vestido y lo enredé en mi cabello a modo de diadema para que se viera un poco más ordenado. Me puse unos zapatos bajitos, tomé mi bolso y salí.
Yaten se encontraba encendiendo un cigarrillo justo en el momento en que llegué a su lado, así que me lo ofreció y yo lo acepté con gusto. Él encendió otro cigarrillo y salimos del hotel hacia el exterior.
-¿A dónde piensas llevarme?-pregunté mientras caminábamos por la acera.
-Tú solo limítate a seguirme.-respondió Yaten.-No seas tan preguntona.
-¿Quién te crees para darme órdenes, eh?
-Pues… veamos, tu jefe. Sí, soy tu jefe.-dijo Yaten riendo.-Así que lo siento mucho pero hasta que la compañía nacional no te acepte tú sigues bajo mis órdenes y puedo hacer lo que quiera contigo.
-Eso no lo creo, señor Kou, no se atreva.
-Oh, por favor, señorita "ropa interior rosada", estoy seguro de que va a disfrutar esto más que yo.
-¡Oye!-dije sonrojándome.
Yaten y yo cruzamos la avenida y nos subimos a un taxi que se encontraba estacionado. Yaten le dio una dirección y tardamos alrededor de veinte minutos en llegar al lugar. Una vez que nos bajamos del taxi pude ver el enorme edificio fuera del cual nos encontrábamos. Era un edificio hermoso y elegante y de pronto me sentí fuera de lugar.
-Yaten… ¿qué haremos aquí? De pronto siento que no traigo puesta la ropa indicada.
-¿Ropa indicada? No te preocupes, no hará falta vestir elegante.
Yaten me condujo por la parte trasera del edificio. Había una puerta en la que había un hombre corpulento y algo calvo que vestía completamente de negro. De pronto Yaten me tomó la mano y la apretó fuerte conforme nos acercábamos al hombre.
-Buenas noches.-saludó Yaten al señor.-Soy Yaten Kou y mi novia Minako, nos están esperando.
-Buenas noches, señor Kou, adelante.
El hombre nos abrió la puerta y entramos. Solté la mano de Yaten y lo miré molesta.
-¿Novia?-le dije mirándolo.
-No te hagas ilusiones, Aino.-dijo sin mirarme.
Conforme íbamos avanzando todo cobraba sentido. Supe de inmediato con tan solo ver todo lo que había a mi alrededor que nos encontrábamos en el interior de un escenario dentro de un teatro. Había escenografía, personal trabajando de arriba hacia abajo, vestuario, bailarines y bailarinas en sus camerinos preparándose.
-Yaten…-dije sorprendida.-¿Qué hacemos aquí?
No pude evitar sonreír.
-Bueno, resulta que hoy me encontré con un buen amigo mío y me invitó aquí hoy.
Antes de que pudiéramos seguir hablando un hombre nos interrumpió.
-¡Yaten Kou!
Al ver de quién se trataba sentí que la sangre se me iba de la cabeza. David Hallberg, uno de los bailarines más famosos del mundo saludaba a Yaten como si fueran mejores amigos. Ambos se dieron un abrazo y lucían felices de verse nuevamente. Yo tenía la boca abierta de la sorpresa y emoción, realmente no podía creer que eso estuviera sucediendo.
-Ella debe ser la famosa Minako Aino, ¿cierto?-dijo David Hallberg quien me miraba con una sonrisa en el rostro.-Mucho gusto, Mina, yo soy…
-David… Hallberg…
-Así es.-rió.-Veo que me conoces.-guiñó un ojo.
-Por… por supuesto, usted es uno de los mejores bailarines del…
-No te pongas nerviosa.-me interrumpió.-Me da gusto que Yaten te haya traído, te quería conocer. Yaten me ha hablado muy bien de ti y me dijo que estaban aquí porque estás haciendo las pruebas para entrar a la compañía nacional. Me da muchísimo gusto por ti y a pesar de que no he tenido la oportunidad de verte bailar yo confío totalmente en Yaten y le creo cuando dice que podrías ser una compañera perfecta para mí.-sonrió.
-Muchas gracias.-logré responder.-Sus palabras significan mucho para mí.
-Lamento no poder hablar mucho contigo, pero comenzaremos en pocos minutos. Como ya no había boletos para la función tuve que usar mis influencias para dejar que Yaten y tú pudieran entrar aquí y verme bailar. Creo que son los mejores asientos del teatro.-guiñó un ojo.-Nos vemos dentro de un rato.
Yaten y él se despidieron y luego ambos caminamos hasta donde se encontraba el escenario. Había dos sillas ahí, el público no se veía pero podíamos ver el escenario a tan poca distancia que apenas podía creerlo. Era la primera vez que veía un espectáculo así tras bambalinas y desde ese ángulo.
-Yaten, yo… no puedo creer que hicieras esto…
-Supe que David era uno de tus bailarines favoritos y cuando me lo encontré el otro día aquí en Osaka supe que tenía que sorprenderte.
-Esto es lo mejor que me ha pasado… estar aquí significa mucho para mí. De verdad muchas, muchas gracias…
-No me agradezcas, Minako.-dijo Yaten.-Te lo mereces, además quise traerte para que fueras relacionándote con esta vida. Pronto tú serás una de ellos y vivirás así.
-¿Lo crees?-sonreí.
-Por supuesto que lo creo, Minako, de no ser así no estaría aquí, ¿cierto?
Solo pude sonreír. Los ojos de Yaten se clavaron en los míos y él también sonrió. En ese momento se dio la tercera llamada y el telón se abrió. Era el ballet del lago de los cisnes. Durante las casi tres horas que el evento duró ni Yaten ni yo abrimos la boca. Nos quedamos embelesados mirando hacia el escenario y yo no podía creer lo que veía. Todos eran excelentes bailarines y me pregunté si yo realmente estaba a su altura. Todo me pareció totalmente hermoso. Era todo lo que yo soñaba y pude verme reflejada en todos ellos, pude imaginarme a mí misma ahí bailando con ellos y no podía dejar de sonreír. Una vez que el evento se acabó todos los bailarines se fueron a sus camerinos. Yaten y yo nos quedamos fumando fuera del teatro y pasó casi una hora hasta que salieron.
-David nos ha invitado a la fiesta que organizó.-dijo Yaten.- ¿Lista?
Yo asentí con la cabeza totalmente fuera de mí mismo y seguimos a todos los bailarines. Llegamos a uno de los clubes nocturnos más famosos y caros de Osaka. Ahí era donde iban celebridades y gente importante. Yaten y yo entramos detrás de todos ellos y no podía creer que estuviéramos ahí también. El lugar estaba repleto de personas pero tenían un lugar reservado para David y sus acompañantes. Mientras Yaten charlaba con David no me quedó más remedio que convivir con los otros bailarines a pesar de que me sentía muy nerviosa. Resultó que todos eran muy agradables y parecían interesados en mí y en mi vida. Me resultó genial poder platicar con ellos y ellas y poder conocerlos mejor, saber cuáles eran sus miedos y sus alegrías. Mientras platicábamos y bailábamos yo bebía vino, jamás había probado un vino tan delicioso. De vez en cuando mi mirada se cruzaba con la de Yaten quien seguía en sus propios asuntos y que parecía estar pendiente de la cantidad de vino que estaba ingiriendo.
No supe cuánto tiempo pasó, yo me estaba divirtiendo tanto que quería que la noche no se acabara nunca. De pronto tropecé con algo y estuve a punto de caer si no fuera porque uno de los bailarines me sostuvo antes de que pudiera caer al suelo. Vi la figura de Yaten ponerse de pie a unos cuantos metros de mí, vi cómo se despedía de David y luego me tomó por la cintura y me obligó a caminar. Ni siquiera me dio tiempo de despedirme de mis nuevos amigos a pesar de que él sí lo hizo. Yo trataba de hablar pero Yaten parecía no escucharme, aunque más bien algo me decía que no quería responder. Tomamos un taxi hasta nuestro hotel que resultó no estar muy lejos del lugar. Yaten me tomó de la cintura y caminamos juntos hasta nuestras habitaciones.
-Yat..en… no me trates como si… fuera una borracha…
-Lo estás, Minako, no debiste beber tanto vino.
-Era… delicioso…-reí.
Seguimos caminando por el pasillo y sentí su brazo alrededor de mi cintura.
-Todos eran gen…iales… ¿no crees? ¡wow! No lo puedo cre..eer…-seguí riendo.-Me divertí… tanto.
Llegamos a mi habitación y Yaten sacó de mi bolso la llave.
-Me alegra que te hayas divertido.-dijo Yaten obligándome a entrar.-Lávate los dientes, ponte la pijama y métete a la cama.
-¿Tú no… vas a entrar…?-dije sin saber lo que decía realmente.
Yaten me miró con una expresión de burla en el rostro.
-Ya duérmete, Minako.
Di un paso hacia atrás y sentí cómo la gravedad me jalaba hasta el suelo. Golpeé mi cabeza contra el suelto y me solté a carcajadas. Yaten se agachó rápidamente y me levantó tan pronto como pudo. Me cargó en brazos hasta la cama y rodeé su cuello con mis brazos.
-Suéltame, Minako.-dijo Yaten una vez que me había recostado en la cama.
Nuestros rostros estaban tan cerca que podía sentir su respiración contra mi rostro. Yaten me miraba a los ojos y pude observar el color verdoso de sus ojos. Me quedé en silencio durante largos segundos.
-Tengo… mucho sueño…-dije sin dejar de mirarlo para luego reír.-Hay que dormir…
-Eso es lo que trato de hacer contigo.-dijo Yaten tratando de deshacerse de mis brazos.
Me moví hacia un lado y lo jalé tan fuerte como pude. Yaten cayó sobre mi costado y luego volví a darme la vuelta para estar frente a él. Yaten trataba de levantarse de la cama mientras que yo me estreché contra él y enredé mis brazos en su torso después de acomodar mi cabeza en su pecho. Sentí que Yaten trataba de zafarse de mí pero luego todo perdió sentido y me quedé completamente dormida.
Cuando abrí los ojos pude sentir la luz del sol en mi rostro. Me sentía algo incómoda en la posición que me encontraba y un dolor me taladraba la cabeza. Tardé un rato en darme cuenta de que Yaten se encontraba en la misma cama que yo y sentí que mi corazón se aceleraba al cien por ciento. ¿Qué demonios hacía Yaten ahí? Mis brazos lo rodeaban y él aún se encontraba dormido. Me moví bruscamente y me alejé de él. Me alegró saber que tanto él como yo estábamos completamente vestidos pero no lograba explicarme cómo es que había pasado eso. Yaten abrió los ojos y tardó un poco en acostumbrarse a la luz. Me miró algo confundido y luego se puso de pie con lentitud.
-Qué… qué demonios hacías en mi cama.-dije mientras me recogía el cabello, me sentía muy nerviosa.
-¿Bromeas? Anoche estabas tan borracha que prácticamente me obligaste a dormir aquí.
-¿Qué? Eso no puede ser verdad, yo no… ¡Yaten Kou! Sal de aquí.-dije confundida.-Más te vale que tú no…
-¡Estás loca, Minako!-dijo Yaten tomando su saco.-Y no te preocupes, no te toqué ni un pelo.
Yaten caminó hasta la puerta y antes de que saliera lo detuve.
-Yaten.-él se giró para poder verme.-Perdón… soy una tonta no debí tomar tanto vino… de cualquier manera muchas gracias, anoche fue… me la pasé muy bien.
-¿Hablas de la fiesta o hablas de dormir conmigo?-dijo Yaten con una mueca de burla en el rostro.
-¡Tonto!-sonreí.
Yaten me sonrió también y salió de la habitación. De pronto ya no tenía dolor de cabeza y decidí que lo mejor era darme un baño y comer algo.
