Aunque se me había olvidado hacerlo constar, seguro que todos sabéis que ni la historia de la serie CSI New York ni los personajes que en ella intervienen me pertenecen, y que sólo hago un ejercicio narrativo basado en ellos (ése sí es de mi cosecha). Ni yo ni nadie más sale beneficiado económicamente por esta actividad, que realizo por mera diversión.
No puedo decirte adiós
Capítulo 6
Antes de marcharse, Stella hizo una copia de todos sus archivos personales y su correo del ordenador de su despacho, guardando todo en un disco que se llevaría con ella. Después, lo borró asegurándose que no quedaba nada personal allí. Hizo una copia de seguridad de todo el material de trabajo, lo grabó en disco también y acto seguido formateó el disco duro. Luego, volvió a cargar los programas y archivos de trabajo, que era lo único que pensaba dejar atrás. Para cuando quiso terminar, ya casi acababa también el turno. Borrar sus huellas le había llevado más tiempo del que pensaba.
Recogió su bolso y se dirigió al laboratorio.
- "Ya me voy, os espero para tomar una copa y brindar por todos nosotros, ¿Sí? ¿En un par de horas?"
- "Allí estaremos" Lindsay habló y los demás asintieron. Se preguntaba si habría encontrado la tarjeta de Mac, o si aún no lo había hecho cuál sería su reacción, si leerla o tirarla de nuevo... La crisis en la relación de los jefes la hacía sentir insegura. "Soy imbécil" pensó para sí... como si fuera una niña que creía que sus padres se iban a divorciar, así se sentía.
Al pasar junto a la puerta de Mac camino del ascensor Stella vio que el despacho estaba vacío. "Mejor", pensó. No podía encarar su mirada con serenidad, aún no. Cuando llegó a casa sólo tenía ganas de acurrucarse en el sofá y quedarse allí para siempre, pero tenía que asumir la realidad, tenía que festejar como siempre su cumpleaños y despedirse de sus compañeros para unas vacaciones. Mucho más largas de lo que ellos podían sospechar, pero de momento es todo lo que se sentía con fuerzas de afrontar. Con un suspiro se dirigió al baño. Una ducha prolongada le vendría bien. Después, se pondría guapa. Verse bien siempre la animaba. Eligió el vestido negro inconscientemente, el que se ajustaba como un guante a su cuerpo perfecto, dejando ver suficiente escote y suficiente pierna como para poner en órbita a cualquier miembro del sexo opuesto. Se recogió el pelo hacia atrás, dejando libres los rizos que enmarcaban su cara, y se aplicó el maquillaje necesario para disimular las ojeras producto de la noche anterior sin sueño. Cuando se miró antes de salir, suspiró... "Treinta y cinco años". Pronto ese cuerpo espectacular y esa cara preciosa seguirían su camino natural empezando su decadencia... y ella no quería desperdiciar esta plenitud, no quería tener que arrepentirse unos años después, cuando ya fuera tarde para ser madre, para formar una familia. No quería acabar sola, tan sola como había estado toda su vida. Sus ilusiones de compartir algo con Mac habían sido eso, ilusiones. No se puede vivir de fantasías, y ella ya les había dedicado demasiados años esperando que se hicieran realidad. Era tiempo de moverse, de olvidar lo ideal y trabajar por lo posible.
Todas las cabezas del club se volvieron hacia ella al hacer su entrada. Los hombres, sin poder evitarlo, fijándose en cada una de sus curvas, acusadas por el vestido ceñido; las mujeres, también sin poder evitarlo, admirando o envidiando según los instintos propios de cada una, pero sin dejar a nadie indiferente.
Mac estaba allí, con Don. Stella pensaba que tras lo sucedido entre ellos no iba a aparecer pero, por lo visto, se equivocaba. Desde el fondo de la barra sus ojos no se apartaban de ella mientras se acercaba, con la misma mirada de aquella vez. De pronto Stella lo recordó... Claro, ella llevaba justo el mismo vestido. Aquella primera vez en que él se había quitado la alianza, cuando ella le había dicho que tenía planes y entonces él decidió ir a su cita casual con Anna, la primera salida con una mujer que no fuera la propia Stella desde la muerte de Claire. Recordó cómo él la había mirado de arriba a abajo cuando ella entró en su despacho, cómo ella le había quitado la corbata y arreglado el cuello de la camisa bajo la chaqueta, acercándose tanto que su cara había enrojecido, y recordaba cómo su mirada la había seguido mientras se alejaba, la había sentido sobre sí como si la tocara. Esa misma mirada de deseo refrenado es la que tenía ahora, aunque menos sonriente, como temeroso de la reacción que ella pudiera tener. Don se acercó a saludarla afectuosamente y se movió para buscar una mesa, ahora que ya todos deberían ir llegando.
- "Si quieres que me vaya, lo haré" dijo Mac casi en un susurro.
- "Me da igual, haz lo que tú quieras" fue su respuesta, mitigando la dureza con una sonrisa falsa, al ver acercarse a Don, que les indicaba moverse hacia el rincón donde una mesa grande estaba libre. En ese momento, los Messer llegaron y el ambiente se distendió. Cuando se estaban sentando, Sid, Sheldon y Adam se unieron también al grupo. Mac se acercó a la barra y trajo vasos y una botella de whisky, que se quedó en la mesa. Él había terminado ya su primer vaso, y después de servir a todos los demás se sirvió de nuevo. Se puso de pie y todos atendieron, el jefe siempre solía hacer el primer brindis.
- "Propongo un brindis por nuestra amiga y colega Stella Bonasera. Feliz cumpleaños, Stella, que tengas toda la felicidad que te mereces, hoy y el resto de tu vida" ahora la miraba con ojos suplicantes, llenos de sinceridad, y Stella, que le conocía tan bien, supo que se estaba disculpando. Pero ya era tarde, y evitando mirarle levantó ella también su copa para hacerla chocar con las demás. Vio por el rabillo del ojo que Mac se sentaba, serio, y bebía su vaso de un trago, sirviéndose de nuevo. Sid se levantó e inició el siguiente brindis.
- "Querida Stella, quizás te parezca que cumples muchos años, que te haces mayor... pero yo te digo que tienes la mejor parte de tu vida por delante, lo sé, y que vas a tener tiempo de sobra para lograr todo lo que sueñas, porque te lo mereces". Los ojos de Stella se humedecieron, y besó a Sid que estaba a su lado, mientras de nuevo estrellaba su copa con las demás. La vez anterior había evitado la de Mac, ahora él ni lo intentó, simplemente bebió y se sirvió de nuevo. Lindsay y Danny compartieron un brindis a dos voces deseando lo mejor a su amiga y madrina de su hija y Sheldon se puso serio para desearle a su amiga y protectora mucha felicidad. Cada vez, todos habían aplaudido y vitoreado. Mac había gritado ¡Sí!, dando una palmada en la mesa y apurado el vaso hasta el fondo. Se había levantado a buscar otra botella, tropezando con una silla, lo que le había resultado, al parecer, muy divertido. Cuando Adam se levantó para brindar Mac ahogó una risa, murmurando. "¡Faltaba el niño, el último de los indeseables... por ahora!". Los demás no se enteraron de mucho, pero Lindsay que estaba a su lado se estaba empezando a preocupar por su actitud.
- "Quiero brindar por Stella, que ha sido para nosotros el sostén..." (Mac ahogó otra carcajada, murmurando "sí, tú que se lo has quitado, podrás hablar" de forma casi ininteligible, pero Lindsay pudo captar parte). Adam prosiguió "y el apoyo cuando lo hemos necesitado, alguien a quien acudir cuando las cosas se ponen duras..."
Mac se reía ahora intentando disimular con la boca cerrada, lo que llamaba más la atención. Adam le miró, extrañado. Stella estaba fastidiada. Mac movió la mano como en disculpa y le conminó a que siguiera.
- "Sigue, sigue, decías que cuando la cosa se te pone dura, Stella te ayuda... Muy bien, muy bien, brindemos por eso"
Stella estaba estupefacta. Los demás no habían captado todo el doble sentido que Mac le estaba dando, pero Stella sí, y ello estaba empeorando exponencialmente las cosas entre los dos. Adam acabó su brindis "Por Stella, muchas felicidades"
- "¡Sí, sí!" Mac de nuevo apuró su vaso y se sirvió otro. Lindsay estaba realmente preocupada, ya había perdido la cuenta de lo que Mac había bebido. Stella también se daba cuenta de que su compañero, su amigo, el amor de su vida, se estaba comportando como un adolescente sin control. Por fin ella se levantó para agradecer los brindis.
- "Muchas gracias a todos por lo que habéis dicho y vuestros deseos de felicidad. Espero que se cumplan, y os prometo que de hoy en adelante voy a hacer lo posible porque así sea. Parece que hasta ahora no he puesto suficiente de mi parte, pero estoy trabajando en ello. También quería deciros que seguramente no nos veremos en algunos días porque para celebrar mi cumpleaños me tomo unas vacaciones, aprovechando que tengo muchas acumuladas". Todas las caras la miraron aún con más atención, sin poder creérselo. Stella nunca tomaba vacaciones seguidas, como mucho un puente, un fin de semana largo... "De modo que el lunes ya no estaré, pero seguro que no me echaréis mucho de menos. Y nada más, mucha gracias por estar aquí conmigo, por ser mis amigos... siempre vais a estar en mi corazón..." No pudo seguir por el nudo que se estaba formando en su garganta. Todos aplaudieron y chocaron copas, deseando a su compañera unas felices vacaciones. Después de todo, se las merecía, y seguro que la sentarían bien. Mac había bajado la cabeza. De pronto la miró y sus ojos se encontraron.
- "¿A quién le has pedido las vacaciones?" Había dolor ahora en sus ojos. "A mí no, desde luego... y se supone que yo tendría que saberlo para poder organizar mi casa". Stella retiró la mirada.
- "Lo hablé con Sinclair y está de acuerdo". Mac bebió de golpe lo que quedaba en su vaso y se levantó. Fue a la barra y sacó unos billetes de su cartera, dejándolos encima. Volvió a la mesa y se despidió con la mano.
- "Me voy, no sé qué hago aquí, en realidad" Se agachó sobre Stella, que estaba de espaldas a él, y metiendo la cara entre sus rizos la besó en el cuello, bajo la oreja. El aliento de Mac sobre ella la hizo estremecer. "Que encuentres lo que buscas", dijo, y antes de que Stella pudiera volverse a mirarle ya había salido del local.
Todos se quedaron callados, hasta que Lindsay no pudo evitar preguntar.
- "¿Qué os ha pasado? Esto no es normal, Mac está borracho, he perdido la cuenta de lo que ha bebido. Sólo espero que no conduzca ahora".
- "No tiene el coche, ha venido conmigo. Pedirá un taxi" aclaró Don, y se acercó a la puerta para seguir la pista de Mac. Pero ya no le vio, por lo que volvió al interior. Todos esperaban que Stella les dijese algo, pero ella no sabía qué explicar, ni como.
- "No pasa nada. Altos y bajos... Y es muy tarde, estoy agotada. Creo que yo también os dejo, chicos". Aunque todos protestaron, Stella se levantó y le preguntó al encargado si quedaba algo pendiente por pagar. Ella había invitado, se suponía que era quien debía hacerse cargo. Pero Mac había dejado más que suficiente. Desde la barra, Stella miró a sus amigos y colegas, pensando que era la última vez que iba a verlos en no sabía cuánto tiempo. Entre ese pensamiento y las varias copas que también ella llevaba encima, que la estaban haciendo sentir más vulnerable y sentimental, de pronto las lágrimas acudieron a sus ojos. Se acercó de nuevo y dando a todos palmaditas en la espalda se despidió. Ella tampoco había llevado coche, y los chicos se ofrecieron a llevarla, pero ella prefería caminar y respirar el aire de la temprana noche, para ir despejando la cabeza. Cuando viera un taxi, lo pararía para que la condujera a casa. No quiso mirar atrás cuando salía, pero sabía que el comentario de la noche seguiría siendo el mismo de todo el día, la extraña pelea entre ella y Mac. Tampoco quería imaginar lo que pensarían cuando después de un mes ella no volviera. Se sentirían traicionados, probablemente, sentirían que ella no hubiera tenido la suficiente confianza en ellos como para hacerles partícipes de sus planes, de sus expectativas, de su nueva situación... Sólo esperaba que con el tiempo llegaran a perdonarla, y quizás algún día podrían compartir unas copas como hoy, en un ambiente algo más feliz.
Cuando llegó a casa se dejó caer en el sofá. El bolso se deslizó de su falda y cuando lo quiso agarrar sólo consiguió volcar su contenido. Se dispuso a recogerlo y entonces vio la tarjeta, la que estaba segura de haber arrojado a la papelera junto con la rosas. Tenía la mente poco despejada por el alcohol, pero en seguida supo a quién debía el misterioso cambio de ubicación... Lindsay. Suspirando, tomó la tarjeta y leyó. La letra de Mac la hizo estremecer, la reconocería entre millones de ellas.
Cultivo una rosa blanca
en junio como en enero...
Con las primeras palabras reconoció los versos, los del poema que le había parecido el más bonito del mundo cuando hacía ya tantos años él lo había recordado para ella al saber que las rosas blancas eran sus flores preferidas... No pudo evitar que las lágrimas acudieran a sus ojos, esta vez como un torrente imparable.
No sabía cuánto tiempo había permanecido allí, con la tarjeta en la mano y llorando, cuando oyó que tocaban a la puerta. No se imaginaba quién podía ser a estas horas. Se acercó y miró por la mirilla, quien quiera que fuese no cesaba en su toque. Su corazón dio un vuelco. Era Mac.
-"Abre, sé que estás ahí" La voz de Mac sonaba extraña, como demasiado eufórica, y en un tono demasiado alto para la hora. Si no le abría, seguramente gritaría más y los vecinos iban a protestar del ruido, de noche todo se oía más.
Abrió, con semblante serio.
- "¿Qué quieres, Mac? No recuerdo haberte invitado a mi casa".
- "¿Ahora necesito invitación?" Mac hizo ademán de entrar, y Stella se apartó. Vio que traía unas bolsas. "Soy yo el que te invita a cenar, como en todos los cumpleaños, tuyos y míos, en estos últimos años..." Las eses se le trababan un poco, definitivamente, había bebido demasiado.
Stella suspiró y cerró la puerta tras ella.
