La trama es mía, pero la saga Crepúsculo todas sabemos que pertenece a Meyer.

Antes de que lean quisiera aclararles algo, el capi se llama Heroína, pero viene de la palabra héroe, no tiene nada que ver con la droga :)

Gracias a mi super-beta Euge Ozan (A Smile Can Change The World ) hace que todo lo que les entrego a ustedes, sea mucho mejor :)


Cuando estoy contigo, voy a aprovechar cada segundo porque te extraño cuando no estas alrededor (8) - When i'm with you (Faber Drive)

.

Pero si necesito ser perfecto para que tú me quieras —sus palabras hicieron que un hueco se instalara en mi pecho y que se cerrara mi garganta.

Comencé a repartir besos por toda su espalda, demorándome más en las áreas que más afectadas estaban por las quemaduras, pensé en sus palabras y por primera vez dude antes de decir algo.

Yo te quiero así —dije al fin.

...

Heroína

.

.

Él se quedó en silencio un momento mientras yo seguía besando su espalda. Era verdad lo que le había dicho, yo lo quería, no sé en que retorcida forma, pero yo verdaderamente lo quería y mucho.

—Yo también te quiero, Bella… y mucho —no pude controlar la sonrisa que se formó en mi rostro al oír esas palabras —. Tenía miedo de que no quisieras estar mas conmigo después de que te la mostrara —dijo refiriéndose a la cicatriz — ¿En realidad no te da… asco?

—Por supuesto que no, Edward —dije trazando círculos en su espalda —. Eres mucho mas importante que una tonta quemadura… ¿Cómo ocurrió?

—No lo sé, la tengo desde niño, era pequeña en ese entonces, pero supongo que crece junto conmigo —suspiró —. En realidad no quiero hablar de esto… ¿Podemos hacer otra cosa?

Seguí besando y acariciando su espalda por unos minutos más, como si eso haría que toda su piel quedase intacta. Reí ante lo que se me ocurrió.

— ¿Sabes? —dije luego de unos momentos —. Creo que necesitas a alguien que te cure de esto — al parecer malinterpretó mis palabras pues enterró su cara en la hierba. Me acerqué a su oído y susurré —. Necesitas una enfermera que te sane a besos, yo seré tu enfermera —el comenzó a reír despacio.

—Tienes razón, serás la enfermera perfecta para mí —me dio una pequeña sonrisa — ¿Cuál es el tratamiento que viene ahora? —no le dije nada, simplemente sonreí y me levanté de su espalda. Tiré de su mano para hacer que se parara y lo arrastré junto a mí por el bosque, Edward estaba muy desanimado por lo de su cicatriz, era algo que obviamente nadie quisiera tener y yo me iba a ocupar de distraerlo un tiempo.

Cuando escuché el sonido de la cascada sonreí involuntariamente.

— ¿Una cascada? —susurró cuando llegamos. Yo la había descubierto hace días en mis corridas para despegarme de su aroma, era hermosa y también era el lugar perfecto para relajar a Edward.

Le solté la mano y caminé hacia donde estaba el riachuelo que se formaba por el agua caída de la cascada.

Tomé mi vestido y me lo quité junto con mis zapatos; sentía la mirada de Edward a mis espaldas quien se encontraba en completo silencio, pero que cuando me deshice de mi sujetador y mis bragas fue delatado por un jadeo. No me volteé a mirarlo, solo me lancé al agua, nadé hacia unas rocas y me recargué en ellas.

— ¿No vienes? —le invité. Él se veía estupefacto en la orilla y le tomó un tiempo para deshacerse de sus prendas y lanzarse al agua. Maldije a la oscuridad por no poder ver ninguna parte de su cuerpo además de su torso.

Cuando nadó hacia mí, abrí mis brazos y lo recibí mientras él se ponía de espaldas recargándose en mi pecho lo que provocó un estremecimiento cuando sentí como su cabello rosaba mis pezones. Pasé mis piernas por sus costados, comencé a acariciarle la espalda y el pecho mientras repartía besos por su cuello. Edward se estremeció fuertemente por unos minutos, pero luego quedó totalmente relajado y aunque lo añoraba sabía que no podríamos hacerlo hoy, él estaba aun muy inseguro de si mismo por su cicatriz y ahora que lo entendía le daría más tiempo para que confiara en nuestra cercanía… quizás le daría un día más.

—No te preocupes —le susurré al oído —. No lo haremos hoy, tu solo encárgate de disfrutar; tu enfermera te lo ordena —cuando terminé de decir eso el hizo su cabeza hacia atrás dejándola descansar en mi hombro. Estaba con los ojos cerrados respirando tranquilamente mientras el agua de la cascada nos seguía envolviendo.

—Héroe… —fruncí el ceño al escucharle decir eso —. Eso eres… héroe, mi heroína de este cuento. — giró su rostro y beso mi cuello —. Gracias, Bella —ahora yo giré mi rostro y atrapé sus labios con los míos para envolverlos en un lento y suave beso.

Llegué a casa a la una de la madrugada con el cabello mojado y la piel de los dedos de las manos arrugadas, era obvio que me dirían algo o me preguntarían que había pasado, aunque sospechaba que Alice y Emmett me verían con gracia y Jacob y los Hale con confusión.

— ¿Dónde mierda estabas? —al instante me enfurecieron las palabras de Jacob.

Todos estaban reunidos en el salón.

— ¿Y a ti que mierda te importa? —le respondí tratando de pasar directo a mi habitación, pero el sucio perro me tomó del brazo.

—Mas te vale que me respondas si no quieres que… —me solté de su agarre al instante y con mi puño le golpeé el lado de su mandíbula que no estaba hinchado por mi anterior golpe. Supuse que ejercí mucha fuerza ya que el cayó al suelo.

—Que sea la última vez que me tocas de esa forma perro. ¡No!... espera, que sea la última vez que tocas un milímetro de algo mío —le amenacé —. No sé que derecho piensas que tienes para pedirme explicaciones.

—Tengo todo el derecho que tiene la persona que será tu esposo — ¿El esperaba que llorara e hiciera un berrinche por sus palabras? ¿O quizás creía que iba a saltar de gusto? Mi única reacción fue patearle la entrepierna en el piso. Para mi satisfacción chilló de dolor.

—Jacob… eres tan iluso —dije con lástima —. Quien sea que te haya dicho eso jugó contigo y con tu corazón de perro —me acuclillé hasta quedar casi a su altura —. Ahora escúchame bien porque será la última vez que lo repita, presta atención: nunca me casaré o tendré algo contigo ¿Ok? —el no dijo nada —. Si, es muy bueno que lo entiendas, ya sabía yo que eras algo inteligente —palmeé su mandíbula unas veces más sacándole unos chillidos de dolor —. No seas niña, apuesto a que ni siquiera duele tanto.

Dirigí una mirada hacia los chicos en el salón; ellos habían visto toda la escena con sus rostros divertidos mientras que Emmett prácticamente se revolcaba en el piso por la risa.

Después del encuentro que tuve con Jacob, me di una ducha y me metí en mi cama, lo iba a hacer desnuda como siempre, pues no usaba pijama, pero con la sucia presencia de Jacob en la casa decidí que sería mejor usar una camisa o algo por si se le ocurría hacerme una visita nocturna. Quizás en esa ocasión le volaría un diente.

— ¿Se puede? —Rose asomó su cabeza por mi puerta con una sonrisa. Le hice un gesto de que pasara y la abracé fuertemente cuando llegó a mi lado en la cama —. Te he extrañado Belly — dijo —. Nada era lo mismo sin ti, hacían falta tus locuras —reímos un rato en que ella me contaba todas las estupideces que hicieron allá sin mi —. Ahora dime —dijo después de unos minutos —, ¿con quién estabas esta noche? —miré con duda la puerta unos instantes —. No te preocupes por ellos, Emmett llevó a Jacob a dar un paseo para que se relajara y Alice debe estar entre los matorrales con Jasper.

—Está bien —suspiré.

Rosalie junto con Alice eran mis mejores amigas, sabía que no le podía mentir a ninguna de las dos, y como ya lo sabía todo Alice, supuse que ahora era el turno de Rose de saberlo todo. Le conté todo lo que había pasado desde hace un mes, demorándome en detalles como los encuentros con Tanya o las clases de biología, pero no le conté lo de la cicatriz de Edward porque pensé que eso era algo privado entre los dos, por lo tanto tampoco le conté sobre el encuentro en la cascada de hoy.

—Esto es tan caliente —chilló —. Quiero que sepas que te apoyo en todo… ¡espera! ¿Ustedes…? ¿Ya lo hicieron? —preguntó.

—No, pero quiero que sea pronto —dije.

— ¿Cómo te protegerás? —la miré extrañada —. Ya sabes, protección para cuando lo hagan —reí un poco por sus palabras… ¿Qué esperaba ella? ¿Qué le dijera a Edward que usara condones?

—No Rosalie, no quiero que el use condones y no creo que en nosotras funcionen las pastillas anticonceptivas —dije —. Además recuerda que dicen que no podemos reproducirnos con otras especies, solo entre hijos del fuego, no hay peligro de embarazo —le recordé.

—Todo puede ser un mito, Bella —me dijo mirándome fijamente.

— ¿Y que sugieres que haga?

—Yo uso algo como esto —me puso en mi dedo del medio un anillo plateado con un corazón rojo en el centro —. Este es el anticonceptivo que usamos todas las hijas del fuego. — mi rostro debería ser de extrañeza profunda.

— ¿Enserio funciona? —ella asintió — ¿Cómo lo conseguiste? —ese anillo debía de ser milagroso.

—Lo compré en la joyería de Port Angels, creí que ya debías saber de estas cosas —rió —; es solo un anillo completamente normal, los anillos con corazones en el centro funcionan como anticonceptivos para nosotras, pero para las normales son solo anillos.

Me quedé mirando unos segundos el anillo en mi dedo y estaba por decirle algo cuando el sonido de un mensaje en mi celular me alertó. Era Edward.

Que duermas bien, mi chica de fuego.

E

Reí ante su apodo y suspiré sin querer antes de devolverle en mensaje.

Descansa, espero que mañana no estés todo arrugado por las horas que pasamos en el agua.

B

— ¿Era el? —me preguntó Rose. Asentí — ¿Qué sientes por el, Bella?

—Es complicado… —suspiré —. Lo quiero, en realidad lo quiero, pero es complicado…

—Nunca te había pasado antes… ¿No es así? —sacudí la cabeza —. Solo déjate llevar Bella, no te estas comportando como una hija del fuego, nosotros no pensamos las cosas, y tu te estas deteniendo a pensar en lo que sientes… solo deja que pase, si tienes que sentir algo mas fuerte por el, lo sentirás, pero no quieras pensar o cambiar las cosas, yo sé que eso no está en ti.

Sus palabras me gustaron y supe que tenía razón. ¿Qué importaba si quería mas de la cuenta a Edward? Era mejor en su minuto ver como solucionaba las cosas si eso pasaba, pero ahora solo me encargaría de disfrutar si así lo sentía. Quería a Edward y no estaba en mi naturaleza ocultarlo.

—Gracias Rose, ya te extrañaba —dije antes de que se despidiera de mi y saliera de mi habitación.

Tomé mi móvil y tecleé rápidamente un mensaje:

Te quiero Edward, Buenas noches, un beso.

B.

Al instante recibí su respuesta y no pude evitar sentirme nerviosa por ella.

Yo también te quiero mi Bella y mucho, que tengas dulces sueños.

E.

Después de leer su respuesta, creo que la sonrisa no se me borró en toda la noche.

/°/

La semana se había vuelto un bendito asco… todo era un asco, los días grises, los profesores, las sonrisas tontas de Jacob…. Jacob, él era precisamente el responsable de que mi semana fuera así, tanto que estaba segura de que mis ojos se habían convertido en una mira telescópica para rifle en donde estaba dispuesta a lanzarme sobre el en cualquier minuto solo para degollarlo.

El muy idiota no me dejaba tranquila, me seguía para todos lados, había encontrado mi horario y le había sacado fotocopia, por lo tanto me lo encontraba en la puerta al finalizar todas las malditas clases esperándome para ir a la siguiente. Agradecía internamente de que no le hayan permitido cambiar su horario a todas mis clases, pues no compartía ninguna con el y soportarlo en ellas hubiese sido un acto suicida para el. Mi humor estaba como la mierda, no lograba despegarme de él y si aun no lo mataba era porque los chicos me habían prohibido hacer algo en contra del chucho, como también le habían prohibido a el tocarme, pero él se las arreglaba para caminar a mi lado sin tocarme un solo pelo. Estaba de más decir que esto me había traído problemas con Edward, pues no conseguía ningún solo minuto para estar junto a él, ninguna escapadita de clases o a los armarios de los conserjes, nada, el idiota de Jacob me había dejado sin nada.

Pero en realidad ahora ya no sería todo gris porque Edward había ido donde la señora Coope y le había pedido el favor de cambiar sus clases de tal forma que coincidieran completamente con mi horario, eso era realmente bueno porque Jacob me dejaría en mi clase y ahí adentro yo estaría con Edward durante dos completas horas. También le pedimos que cambiara el horario de Jacob, cambiando sus clases para que cuando a mi me tocara en el edificio dos, a él en el seis… sería imposible que alcanzara a dejarme en la puerta y llegar a tiempo a su salón.

Edward se había comportado excelente, había tratado de mostrar su rostro feliz en todo momento cuando yo realmente quería destrozar el cuello de Jacob. Había tratado de entenderme y por lo mismo yo le había propuesto ir durante todo el fin de semana juntos a alguna parte, el aceptó gustoso pues tendríamos sábado y domingo solo para nosotros.

Esta mañana iba caminando por los pasillos del instituto, jugando con mi anillo y silbando de felicidad por no tener a cierto perro pisándome los talones, cuando la sortija cayó de mis manos y quedó a tres metros de mi, me agaché a recogerlo y fue inevitable escuchar una conversación que se mantenía en un aula desocupada.

— ¿Qué te dije estúpida? —esa era la voz de la idiota de Tanya, hace días que no me topaba con ella. Creo que hasta extrañaba insultarla —. El informe de literatura era para hoy… ¡Para hoy imbécil! Ya lo había hecho ¡Solo tenías que corregirlo e imprimirlo! —se escuchó un golpe y un sollozo —. No eres más que una mierda que ocupa espacio, una pequeña gordita que a nadie le importa —rió burlescamente, y supe que era el momento de mi entrada. Las risas de Tanya significaban que ella disfrutaba algo, y de mi dependía que odiara su existencia, no que disfrutara.

Me encontré con la figura de Tanya de espaldas a mí, se encontraba con su típico uniforme de porrista el cual no se sacaba ni para bañarse… esperaba que tuviera varios, porque de lo contrario Tanya debía oler horrible. En realidad ella olía horrible, pero añadirle mas mal olor sería un suplicio para todo aquel que estuviese cerca de ella.

Ella estaba gritándole a una chica de la cual solo alcanzaba a ver su cabello castaño cobrizo y su figura. No era gorda como le había dicho Tanya, la chica simplemente estaba algo pasada de su peso ideal, solo deberían ser unos gramos, pero traducido al lenguaje idiota de Tanya en el que todas deberían ser anoréxicas, la chica resultaba siendo un rinoceronte.

Me aclaré la garganta y Tanya se giró furiosa hacia mí.

— ¿Qué quieres Isabella? —gruñó.

—Quiero, o más bien exijo que dejes en paz a esa chica —dije con voz calmada.

—Metete en tus asuntos… ¿Ahora que eres? ¿Una heroína? ¿Wonder woman?

—Nada de Wonder Woman, solo seré tu peor pesadilla si no me haces caso… escucha Tanya, te detesto por varias cosas, la principal es porque existes y esto —la señalé a ella y a la chica —, se añade a una infinita lista… ¿Enserio quieres que te golpeé?

Me miró unos segundos y luego se marchó no sin antes jalar el cabello de la chica. Cuando pasó por mi lado tomé su rubia cabellera y la tiré hasta que casi llegó al piso.

—Cuando dije que la dejaras en paz, me refería a que esta era la última vez que le hacías algo a ella… ¿Quieres entender a golpes? —la dejé libre y pude ver con diversión como corría hacia afuera de la sala. Volví mi vista para ver a la chica cobriza que estaba mirándome de forma extraña, podría tener unos quince años, la piel blanca y unos lindos ojos hazel. Estaba vestida con ropas anchas y viejas —. Soy Isabella Cullen —me presenté algo extrañada ya que la chica no me dejaba de mirar.

—Vanessa Lowell —susurró cuando pareció salir de su estupefacción —. Gracias por salvarme de Tanya —soltó una risita. Me encaminé con ella al comedor pues tenía claro que no podría ir ya a clase, cuando llegamos nos sentamos después de comprarle una botella de jugo que tímidamente aceptó.

—No me des las gracias —dije — ¿Porqué permites que esa perra te trate así? —le pregunté. No estaba acostumbrada a relacionarme con normales, pero haría una excepción por esta chica. No podía dejar que la idiota de Tanya la tratase como quisiese.

—Bueno, ella es hermosa, delgada y popular… nada de lo que yo soy. No puedo simplemente ir y oponerme a lo que ella quiera —susurró.

— ¿Y como yo lo hice? Te aseguro que no me importó una mierda si es hermosa o popular.

—Es diferente — dijo tratando de elegir sus palabras —. Tu eres hermosa y quizás también eres popular… yo creo que es así… ¿Tus amigos no se enojarán si hablas conmigo?

—No soy popular, bueno, quizás lo soy pero yo no quiero serlo… y mis amigos no tienen que enojarse porque hable con otra persona —la miré unos segundos y luego la tomé del brazo e hice que me siguiera.

— ¿A dónde vamos? —preguntó con voz atemorizada.

—Al baño, tranquila no te sucederá nada.

Cuando llegamos al baño -que estaba vacío- la paré frente al espejo e hice que se mirara.

— ¿Qué vez ahí Vanessa? — le dije. Ella se miró unos segundos y luego gruesas lágrimas brotaron de sus ojos.

—Si esta era tu forma de decirme lo poca cosa que soy, lo lograste —trató de separarse, pero no la dejé.

—No digas estupideces, solo quiero que veas lo mismo que yo —le gruñí —. Ahora mira… ¿Ves del color que son tus ojos? No son ni verdes ni dorados, son una combinación de ambos… ¿Crees que Tanya puede competir en eso contigo, con sus ojos azules completamente normales y repetidos?... Ahora mira tu piel, es blanca y no tiene ni un solo grano, a la idiota de Tanya le he visto varios granos grasientos en su nariz, que los trate de ocultar con maquillaje es otra cosa.

—Aun así…

—Aun así nada, ¿Tú usas maquillaje? No, eres hermosa sin necesitarlo, en cambio ella necesita kilos y kilos de maquillaje para ser una parte de lo que eres tu… ¿Enserio crees que estas gorda? — dije mirando ahora su cuerpo —, yo creo que estas de manera perfecta, ella cree que la perfección es estar anoréxica, pero en realidad no sabe que lo que es real es mas atractivo y tu eres real Vanessa —se quedó unos minutos mirándose fijamente en el espejo y luego habló.

— ¿Porqué me dices todo esto?

—No quiero que nadie se sienta menos que nadie, sobretodo si es por la rata de Tanya.

— ¿Serás mi amiga desde ahora? —preguntó con extraña ilusión.

—Creo que sí, amiga —reí nerviosamente, ella seguía viéndome de forma extraña. Tocaron el timbre y cuando salimos del baño nos encontramos con Edward recargado esperándome. Vanessa susurró un "adiós" y se fue rápidamente. Me giré para ver a Edward quien me miraba divertido, aproveché que no había nadie cerca mirándonos y lo arrastré hacia un salón. Cuando estuvimos allá me abrazó y comenzó a besar mi cuello, pero su risa a veces no se lo permitía.

— ¿Qué sucede? —dije confundida.

—Es solo que… eres la cosa mas tierna que he visto —fruncí el ceño, yo no era tierna —. Escuché toda la conversación con esa chica, fuiste muy buena al decirle esas cosas, son completamente verdad —sonrió.

—Quizás fui buena, pero lo dije solo porque lo creí verdad —me encogí de hombros —. De todas formas me sentía extraña, Vanessa me miraba extraño.

—Ella te miraba con admiración Bella, ahora eres su héroe —rió antes de volver a besarme. Mi estómago se revolvió de anticipación. Yo no quería ser la heroína de nadie.

Después de una buena sesión de besos en que yo quedé sobre una mesa y Edward sin playera, nos dirigimos juntos pero algo apartados hacia el salón de historia. No podíamos levantar tantas sospechas con Jacob rondando por ahí.

Nos sentamos en el último banco como siempre y por debajo nos tomamos de las manos mientras hacíamos como que prestábamos atención. Estos contactos eran ya comunes entre los dos desde que él me dijo lo de su cicatriz y desde que dijimos que nos queríamos.

Después de una media hora sin hacer nada, decidí que ya como no podía estar con Edward sobre la mesa, prestaría atención a la clase para distraerme, pero cuando giré mi vista para mirar al profesor no pude encontrarlo pues una cabeza enfundada en el gorro de una sudadera no me lo permitía. Fulminé con la mirada a quien sea que fuera. Estuve durante toda la clase tratando de enviar ondas telepáticas que le dijeran que se sacara el gorro y cuando por fín lo hizo sufrí una decepción al ver como su alborotado y rubio cabello rizado tapaba mas espacio de la pizarra. Se trataba de un chico, y no es como si tuviera el cabello como un brócoli, solo que desde mi perspectiva me tapaba todo.

Miré bien unos segundos el cabello del chico, y ahí fue cuando me percaté de las manchas naranjas que tenía pintadas en la parte posterior de su cabello. No eran de una forma femenina, en realidad se veían extrañamente masculinas tanto que parecían naturales como lo eran la de nosotros los hijos del fuego.

El chico comenzó a rascarse la nuca dejando ver un pequeño tatuaje parecido a un tigre en llamas en su espalda, y ahí fue cuando todo coincidió… ¡Este idiota era el príncipe perdido! ¡Lo encontré! ¡Lo encontré! Quise ponerme a bailar y tomarlo del cuello de su playera y gritarle ¡Te encontré!, pero sabía que no podía emocionarme tanto, quizás era solo un malentendido, y por eso me incliné un poco a olerlo mientras sentía como Edward apretaba fuertemente mi mano. El chico olía de lo más normal, pero eso podría deberse a pasar tanto tiempo con normales, cuando es así muchas veces olvidamos quienes somos.

El profesor comenzó a pasar la lista de asistencia y yo estuve pendiente a su nombre. Cuando dijo "Alfonse McGraw" el chico rubio alzó la mano con gesto aburrido.

Alfonse, Alfonse… ¡Alfonse!

—Alfonse — dije tan bajito que solo Edward pudo escucharme respondiendo con un gruñido. Era un maldito celoso, pero esta vez no podía explicarle nada pues esto era confidencial.

El profesor nos dejó salir antes y yo me paré inmediatamente para seguir a Alfonse, debía hablar con el y tratar de obtener la mayor información posible. Eso iba a hacer, e incluso estaba a punto de alcanzarlo, pero todo se fue por un tubo cuando Edward me tomó de la cintura y me puso en su hombro para llevarme primitivamente a un armario mientras yo pataleaba y lo arañaba. Me dejó en el piso y prendió la luz, al instante me arrepentí de arañarlo pues tenía una marca roja en el cuello y en la oreja. Antes de tener algo de compasión, me recordé que estaba enfurecida con el.

— ¿Qué sucede? —me tomó de la cintura y me obligó a sentarme en sus piernas. Comenzó a besarme mi cuello y cuando se estaba acercando al inicio de mis pechos lo quité con un golpe.

— ¿Porqué me sacaste de esa manera del pasillo? —le pregunté —. Estaba haciendo algo importante y no me digas que era porque querías estar conmigo porque no te lo creeré. Se notaba que estabas celoso Edward.

— ¡Claro que lo estaba! ¿Quién mierda es ese Alfonse? —exigió.

— Precisamente eso trataba de hacer, grandísimo idiota ¡Trataba de descubrir quien era! —gruñí.

— ¿Y eso que te importa a ti? ¿Acaso te gusta?

—No seas estúpido, claro que no me gusta.

— ¿Entonces porqué lo seguías? —eso no podía decírselo.

— ¿Sabes? Mejor cállate, no seas idiota y bésame —tiré de él con su playera y lo obligué para que me besara. Me senté a horcajadas de él y automáticamente el posicionó sus manos en mis muslos mientras se levantaba conmigo y me pegaba contra una pared, comenzó a acariciarme las piernas por debajo de la falda mientras yo le acariciaba su cicatriz, había descubierto que era un punto muy sensible de él. Finalmente sonó en timbre indicando que el receso había terminado, suspiré y me separé de él. Obviamente quería seguir, pero era muy difícil contenerme de no gemir tan sonoramente y estaba segura de que si seguíamos ambos comenzaríamos a gritar.

Otra clase pasó sin mayores conflictos, dando paso a la hora de almuerzo. Cuando me dirigía al comedor, vi a Alfonse caminando a mi dirección, pensé las cosas rápido y supe lo que tenía que hacer. Caminé rápidamente hacia él y me estrellé suavemente contra el, votando mis libros y sus papeles.

—Lo siento —susurré —. No te vi —lo miré a los ojos y quedé impresionada, el chico era muy hermoso, tenía los ojos entre azules y grises envueltos en una mirada profunda y penetrante. Me miró por unos segundos y luego se sonrojó.

—Creo que fue mi culpa —se disculpó con una risita. Miré hacia abajo para ver sus papeles y me encontré con varios dibujos del ave fénix. Quedé impactada al verlos y no por su destreza al dibujar, sino porque precisamente el ave fénix era nuestro símbolo… ¿Debería ser una señal?

—No importa —dije después de unos minutos cuando a lo habíamos recogido todo —. Soy Bella Cullen —me presenté.

—Alfonse McGraw —no intercambiamos muchas palabras después de eso, simplemente seguimos nuestros caminos mientras yo trazaba en mi mente un nuevo plan para conocerlo.

Alcancé a los chicos, entre ellos el perro, y nos sentamos en nuestra mesa habitual. Jasper me había traído mi almuerzo asique no me vi en la obligación de ir a pedirlo. Estábamos hablando tranquilamente hasta que Jacob se envaró en su silla y comenzó a olisquear a su alrededor.

— ¿Podrías dejar de ser tu? Sepárate un minuto de tu naturaleza y no me refiero a la de hijo del fuego, sino a la de perro —dije ácidamente. Me miró unos segundos y luego creí ver llamas en sus ojos.

—Hueles a hijo del agua —di gracias a que mi rostro de póker permaneció cuando dijo eso. No demostré ni la más ligera emoción.

— ¿Y? por si no lo sabías hay dos hijos del agua en el instituto, uno de ellos fue mi compañero en la clase pasada, era obvio que se me pegaría algo de su aroma —dije con simpleza.

— ¡No lo permitiré! ¡No puedes acercarte a ellos! —conté hasta diez y luego dirigí mi mirada rápidamente hacia la mesa de Edward, donde podía ver claramente que junto con Carlisle estaban escuchando nuestra conversación. Él tenía la maldita costumbre de ser metiche.

—No te metas en lo que no te importa, perro —le gruñí.

— ¡Maldita sea! ¿Qué mierda te pasa? ¡Son el enemigo! —estaba comenzando a hartarme por lo que le di una mirada de advertencia a Emmett.

—No harás nada Jacob —dijo mi amigo —. En este momento yo estoy a cargo del grupo, ya hablamos con ellos y mantendremos la paz mientras estemos en el instituto o en Forks.

—Eres un… —iba a insultar a Emmett pero Alice lo interrumpió.

—Alto ahí Jacob, debes acatar las ordenes o no dudaré en llamar para que te lleven de regreso y me aseguraré de inventar cosas para agravar tu situación ¿Entendido?

Jacob me dio una mirada de odio que le correspondí gustosamente. No iba a soportar al perro durante mi almuerzo, por lo que me paré y dije:

—Creo que iré a almorzar con una nueva amiga —las chicas me dieron una sonrisa de entendimiento y los chicos simplemente me miraron asintiendo, ni siquiera reparé en mirar a Jacob.

Miré hacia todos lados buscando a Vanessa, hasta que la vi sentada sola en una mesa alejada, muy cerca de Edward. Reí cuando pasé por el lado de él, me veía como si tuviera dos cabezas, probablemente había pensado que quería sentarme con el.

—Hola — saludé a la chica. Ella saltó de su asiento y me miró sonrojada, estaba comiendo una hamburguesa igual que yo con una botella de jugo.

— ¿Qué haces aquí? —preguntó extrañada — ¡Oh! ¡Te dije que tus amigos se enojarían! ¿Te echaron de tu grupo? —reí por sus ocurrencias.

—Claro que no, solo quise venir a sentarme contigo, somos amigas después de todo, ¿no? —ella me miró unos segundos y luego asintió — ¿En que año estas?

— En primero —se sonrojó —, ¿y tú?

—En el último —la miré unos segundos —. Quiero proponerte algo.

— ¿Qué cosa? ¿Sabes que después de lo que hiciste por mi hoy haría lo que fuera?

— No debes de pensar así —suspiré —. Cuando tú le haces un favor a alguien… ¿Lo haces con un interés oculto? —ella negó — Yo tampoco. Lo que te quería proponer era que si quieres almorzar conmigo todos los días —ella asintió contenta.

— ¿Puedo pedirte un favor a ti? —la miré y asentí. — ¿Puedes enseñarme a ser tu? —la miré con incredulidad — Ya sabes —comenzó a gesticular con sus manos —, a ser linda, tener actitud y ser segura de si misma.

—Está bien —dije con voz cansada. En realidad Vanessa me caía demasiado bien y si podía hacer algo para que se sintiera a gusto consigo misma, lo haría. De la nada mi vista se giró para ver a Alfonse atravesar los comedores. Mi plan se trazó de manera aun más rápida que mi mirada —. Bien Vanessa, este es tu misión, debes hacerte amiga, conocer y charlar con el chico de allá —le señalé a Alfonse —. Se llama Alfonse McGraw —ella me miró asustada —. Tranquila, no te esto diciendo nada malo, solo debes ser su amiga, ser tu misma.

—Ok, lo haré — dijo con una sonrisa pequeña.

/°/

El final del día llegó rápidamente, yo no sabía si irme a mi casa o irme a algún lado junto a Edward, en realidad quería irme con el y mas aun con la extraña sensación que sentía. Estaba en el estacionamiento esperándolo cuando sentí su aroma en el bosque. Con una sonrisa comencé a avanzar lentamente tratando de encontrarlo y de asustarlo cuando así lo hiciera, pero paré abruptamente cuando sentí el aroma de Jacob. Comencé a avanzar mas rápido pero aun en silencio, no quería que el me descubriera, primero quería yo descubrir al perro. Y lo encontré…

Sentí como mis ojos se inyectaban de sangre, él no podía hacer esto, lo pagaría… Edward se encontraba sentado en una roca mirando tranquilamente en horizonte y Jacob estaba a su espalda preparándose para atacar… ¿De donde mierda Edward había aprendido a defenderse? Daba igual, eso lo sabría después. Silenciosamente avancé hasta donde estaba Jacob, le tomé el hombro y se lo apreté fuertemente provocando que se desmayara, Edward giró su cabeza al instante y me miró confundido. Iba a preguntar algo, pero yo le tomé de la mano y lo arrastré lejos hacia la cascada, respiré unas cuantas veces intentando controlarme… ¿Cómo era posible que fuera tan distraído? ¡Mierda! Al fin y al cabo Edward seguía y seguirá siendo una oveja a la que yo debía cuidar… puta oveja.

— ¿Qué sucede? —preguntó Edward — ¿Por qué estaba Jacob ahí?

— ¡Te estaba intentando atacar, idiota! —rugí — ¡Quería matarte! Llegué justo a tiempo para evitar que te hiciera algo… ¡Tienes que estar mas atento! ¿Qué te sucede?

— Lo siento —susurró —. Prometo tener cuidado la próxima vez.

— ¡Próxima ves y una mierda! ¡No habrá próxima vez! Debes estar más atento a todo.

— Perdón —dijo con una pequeña sonrisa —. Tú me tienes así Bella… distraído —llegó hasta mí y me tomó de la cintura —. Me enteré de que has estado hablando con ese chico —susurró — ¿En realidad no quieres nada con el? —negué — ¿Entonces porqué lo buscas?

— ¿Recuerdas cuando no quisiste decirme lo de tu espalda? Pasó un mes y me lo dijiste. —el asintió —. Esto es lo mismo, no puedo decírtelo ahora, pero lo haré —le sonreí antes de inclinarme a besarlo. El beso estaba comenzando de manera suave hasta que el mordió mi labio inferior lo que provocó que soltara un gemido. Me separé de el cuando recordé que estábamos cerca de Jacob.

—Espera un minuto, llamaré a Emmett y le diré que venga a buscar a Jacob —llamé inmediatamente a mi amigo y el me contesto que Jacob ya estaba en casa, pues Jasper lo había encontrado cuando siguió su rastro hasta el bosque, le expliqué todo y también le dije que quizás esta noche no iría a casa, tenía pensado adelantar mi fin de semana junto a Edward.

Me giré para buscar a Edward y lo encontré mirándome mientras nadaba en el agua de la cascada, me hizo un gesto para que me uniera a él y yo no lo pensé dos veces. Lentamente comencé a quitarme la ropa ante la atenta mirada de sus ojos y sus mejillas sonrojadas, de vez en cuando me daba lentas vueltas en mi posición o le hacía posturitas. Me entretenía mucho ver como su mirada pasaba de vergüenza a deseo. Miré el anillo que me dio Rose y antes de lanzarme suavemente al agua pensé que esta noche por fin lo utilizaría.

Nadé hasta donde se encontraba Edward y el me recibió en sus brazos, me estremecí inconscientemente cuando mis pechos hicieron contacto con el suyo a travez del agua y mas aun cuando al enredar mis piernas en sus caderas nuestros sexos se rozaron. El emitió un gemido agudo que llegó instantáneamente a mi parte inferior, provocando que lo atrajera a mí para besarlo apasionadamente.

Edward era tan dulce y tan hermoso, que provocaba que lo deseara con solo verlo, llevaba un mes aguantándome y hoy finalmente terminaría todo eso.

Sus manos se posicionaron en mis glúteos, apretando y alzándome para que quedara mas alta que el y en todo contacto con su miembro que ya se encontraba erguido, mi boca se separó de la suya y se dirigió a su cuello donde lamí y besé de forma ávida. Edward gemía al sentir mis besos y mis manos que acariciaban su áspera espalda, y me hacia gemir cuando sacaba una mano que me sostenía y la ponía en el costado de mis pechos. Después de un momento el agua comenzó a molestar de alguna forma, ya que por lo menos yo no me podía sostener de ninguna parte y eso a él se le dificultaba a la hora de tocarme. No nos separamos cuando salió del agua y me recostó en la hierba, se irguió unos momentos para contemplarme con mirada dudosa.

—Yo… Bella, es la primera vez que… —tragó grueso —. No sé que debo hacer… para hacerte sentir bien.

—Yo tampoco —susurré —. Solo sé que puedes tomar y tocar lo que quieras, hace lo que quieras, en este minuto seré tuya y tú serás mío —me quedó mirando unos minutos antes de dar un fuerte suspiro y abalanzarse sobre mi.

—Solo tuyo —susurró antes de volver a besarme.

Sus labios recorrieron el trayecto de mi boca a mi mandíbula, de ahí a mi cuello y luego fue bajando mas, deteniéndose en la pequeña porción de piel que quedaba entremedio de mis pechos. Suspiró sobre ella haciéndome gemir, y luego comenzó a besarlos y a aplastarlos con su lengua, haciendo que mis pezones se transformaran en piedrecillas duras y erguidas. Siguió bajando por mi vientre donde repartió besos por mi obligo y por mi tatuaje de mariposa en mi cadera, pero cuando llegó a mi centro mis caderas se alzaron involuntariamente provocando que se estrellaran contra su rostro.

Se sentía demasiado bien, pero en nuestra primera vez quería verlo a él gemir y gemir junto a él, por lo que lo tomé de su cabello y lo acosté de espaldas, me senté a horcajadas de él siseando cuando su miembro se rozó con mi entrada. Todo se sentía tan genial.

Tome con mis labios el lóbulo de su oreja y susurré un: disfruta. El mientras yo hacía todo eso tomaba mis pechos y los masajeaba o rozaba con sus dedos mi sexo causándome estragos. Seguí el mismo camino que el anteriormente había seguido en mi cuerpo con mis labios, repartiendo besos por sus caderas y el una porción de piel quemada que llegaba un poco a su estomago. En ese instante le juré venganza contra el miserable que le había hecho esto. Iba a seguir con mi tarea, pero algo duro en mi cuello entorpeció mi tarea en sus caderas. Reí cuando me encontré con su pene que era mas parecido a una larga y gruesa anaconda, totalmente erguida y apuntando hacia mi. Quise cazar a esa anaconda con mi boca, pero Edward sorpresivamente me tomó de los brazos y me subió hasta quedar a la altura de su rostro, donde comenzó un beso fiero. Se lo devolví con ganas al sentir como él se posicionaba en mí.

— ¿Te dolerá? —preguntó jadeando. Reí y negué con la cabeza.

—Las hijas del fuego nunca sentimos ese dolor —dije gimiendo cuando volvió a rozarse contra mi. —. Solo hazlo, amor.

Fruncí mi ceño al ver como sus ojos se ponían mas brillosos y vidriosos que de costumbre, su boca formó una sonrisa de sincera felicidad e iba a preguntar a que se debía, pero no pude al sentir como me sentaba sobre el. Comencé yo misma a hacer que el entrara en mi y gemí de alivio cuando lo sentí entero dentro de mi sexo.

Comencé una lenta danza de nuestras caderas que luego se volvió más rápida a medida que pasaba el tiempo, mi Edward-oveja comenzó a gemir y a susurrar mi nombre cada vez más y yo hice lo mismo cuando sentí como mis paredes que lo envolvían se apretaban mas en torno a él. Sonreí cuando se descargó en mi y sentí todo mi fuego explotar cuando llegué a mi cumbre junto a él, tanto así que caí exhausta sobre su pecho, ambos estábamos tratando de regular nuestras erráticas respiraciones. Me envolvió en sus brazos y besó el tope de mi cabeza.

—Gracias, te quiero tanto mi chica de fuego —susurró y luego rió.

— ¿Tu chica de fuego? —pregunté.

—Si, pero también eres mi heroína de fuego, me salvas de todo —rodé los ojos.

—Eso sucede porque eres una oveja, Edward, yo soy la leona que te salva constantemente —el rió mas fuerte —. Recuerda que también soy tu enfermera que te cura con besos… ¿No crees que tengo demasiados puestos? —reí.

—En mí ocupas todos los lugares que existen —suspiró y yo levanté una mano para comenzar a acariciar su cabello.

—También puedes ser la princesa del cuento —sonreí contra su pecho —. Te salvaría de tus apuros o desgracias.

— ¡¿Princesa? —soltó una carcajada —. Prefiero ser oveja, además si fuera princesa, tú tendrías que ser el príncipe de la historia.

—No, yo también sería princesa, ambas seríamos lesbianas. —se volvió a carcajear y permaneció unos segundos en silencio mientras acariciaba mi cuerpo. Yo pensaba en lo bueno que iba a hacer este fin de semana junto a él.

— ¿Bella? —preguntó después de unos minutos. Alcé mi cabeza y le besé la mandíbula —. Eres mi chica de fuego, mi enfermera, mi heroína y mi leona, ¿Quieres además de eso ser mi novia? —lo único que supe después de eso fue que mi mandíbula se encontraba a nivel de suelo.


¡Guau! ¿Qué responderá Bella? ¿Si o no? Recuerden que a ella no le gusta ser dominada... mmm

¿Quien quiere un Edward-oveja? ¿Alguna quiere ser una Bella-leona de fuego?

Como siempre los adelantos las chicas los encontraron los miercoles, y seguirá siedo así. Entré a la Universidad y como saben eso ocupa demasiado espacio, pero no se preocupen que siempre encontrarán un capi en su correo o en facebook, y si hay un retraso, se les informará, pero los capi siempre llegarán :)

¿Qué opinan de Alfonse? No tuvo mucha participación pero la tendrá :) y Vanessa, no tiene un papel tan romántico, ella viene a hacer mas humana a Bella.

Varias chicas me dicen sus teorías, y cuando se sepa la verdad las premiaré, así que no tengan miedo a decir sus teorías :)

Me dijeron que creen que Edward y Carlisle estan muy desprotegidos con tanto hijo del fuego... ¿Quieren hijos del agua? ¿O hijos del aire o la tierra? Los del aire son extrovertidos, comunicativos y sociables, y los de la tierra son introvertidos y reservados, ustedes elijan cual quieren :)

Espero que les siga gustando, gracias por leer, por comentar, por sus maravillosas alertas y favoritos.

Emi: No puedo revelar nada! jajaja pronto se verá eso :)

Cata: Gracias, y Bella es muy extraña... es subnormal ajajaj xd :)

Espero que estén muy bien y que les siga gustando la historia.

ahh hay una canción que se llama sexy back, es de justin timberlake y creo que viene en parte muy bien a esta historia.

Nos leemos el próximo domingo.

Isa.