La mansión Riddle había cambiado con el paso del tiempo. Esto significaba que estaba más vieja y destartalada que antes, pero seguía siendo inmensa e imponente. Las gentes del pueblo que la veían en lo alto de la colina habían optado por dejar de acercarse a ella después del último asesinato y la miraban con temor, pues sabían que tenía algo. Pero a pesar del miedo, los muggles no eran estúpidos. Y aparte del miedo, también podían odiar. Y odiaban a quien mató a los Riddle y al guarda de la casa. Por eso, la semana que empezaron a ver gente extraña subiendo por la colina hacia la casa, se molestaron un poco. Podían ser viajeros, turistas perdidos…pero esto solo lo pensaron al principio. Al final de la semana estaban hartos, temerosos y furiosos al ver que durante toda la semana llegaban viajeros extraños y subían a la mansión… pero nunca volvían. A la policía no le hacía mucha gracia subir allí y aunque muggles, los habitantes sabían que pasaba algo, así que mandaron su petición de ayuda fuera del pueblo, a la ciudad, a Londres.
Es cierto que los objetos muggles no funcionan con la magia, como también es cierto que, sin renovarse, los magos desaparecerían. Así que un equipo de magos "sangresucia" se habían dedicado a la llamada "informática" (más bien al hackeo y cosas por el estilo) y a pinchar los teléfonos de los muggles. Estaban por todo el mundo.
Es sorprendente cómo viaja la información.
Hermione Granger estaba sentada en una mesa llena de libros en su despacho del Ministerio de Magia. Esperaba respuestas, algo. Fue en ese momento cuando el avioncito de papel entró. Lo leyó, se levantó y se fue directamente a la chimenea más cercana.
Cuando apareció en la sala de informática, fue directamente hacia telecomunicaciones. Dos jóvenes magos la estaban esperando y señalaban unos papeles. Hermione les pidió que se explicaran.
-Repetidas llamadas de muggles pidiendo una investigación. Dicen que varios individuos llevan entrando a una casa durante toda la semana…sin salir.
-¿Dónde es el lugar?
-… es la mansión Riddle.
Hermione lo miró y sintió su corazón apretarse. Allí fue donde perdieron a Harry. Pero habían peinado el lugar y no habían encontrado ni rastro de trasladores… bien. Sus ojos destilaban determinación. Ahora que sabían con seguridad que era el sitio, volverían.
Draco Malfoy se puso su capa negra y se la ató al cuello con un broche de plata en forma de "M". Por Malfoy, por Master, por Muerte…¿qué más daba? Le gustaba ese broche. Se puso de pie sin hacer caso al séquito que le rodeaba y se dirigió a la puerta. Antes de salir, se dio la vuelta. Debía dar órdenes precisas si no quería que descubrieran a su juguete allí abajo.
-Blaise, conmigo. Pansy, te quedas con Crabbe y Goyle vigilando este lugar. No dentro, sino fuera. Guardaréis la entrada. Coged a los que necesitéis. – estrechó los ojos- Que NADIE entre aquí, ni siquiera vosotros. Nott, Montague, a la mansión Riddle. Cuidar del traslador y de que no se acerquen los muggles. Decidles a los estúpidos que vengan, que no se dejen ver.Si quieren venir, que lo hagan de NOCHE – miró a Blaise- Vamos.
Y se puso en marcha con una sonrisa maligna. Cuando estuvieron afuera, se teletransportaron de inmediato.
Draco parpadeó. Sólo había estado en aquel sitio cuando era muy pequeño, casi no se acordaba…la verdad era que no se acordaba de nada… o casi nada…
-Vamos, vamos, no hay que hacer esperar a la sorpresa…
Blaise lo miró preocupado, pero lo siguió. Estaban en el bosque, en una especie de ruinas de lo que habría sido una casa. Mientras caminaban se podía oír el fluir del agua. En efecto, cuando llegaron al arrollo, Blaise lo saltó. Draco, en cambio, caminaba como idiotizado y siguió andando, metiendo los pies en la fría agua, sin inmutarse ni perder su sonrisa de chalado. Zabini sintió un escalofrío y siguió mirando hacia delante. Por fin llegaron al pueblo. Era pequeño y oscuro y no parecía que nadie viviera allí. Incluso para un mortífago como él daba un poco de miedo. ¿Por qué no se veía a nadie? No soltaba su varita y la sostenía en alto. Anduvo más despacio, decidido a no hacer ruido… hasta que Draco empezó a bailar y dar saltos por la acera, cantando desquiciado. Ahora sí que estaba nervioso. Oirían a su nuevo señor…pero…¿quién era él para mandarle que se callara?
-London Bridge is falling down…falling down, falling doooooooownnnnnnn…
Draco paró de bailar y cantar delante de una casa. Movió el cuello y sonaron los chasquidos de los huesos. Lentamente giró la cabeza hacia la puerta de la derecha. Se puso firme y llamó fuertemente.
TOC TOCTOCTOCTOC TOC TOC
Blaise se puso a su lado con la varita levantada. Draco le ignoró.
Después de que pareciese una eternidad y Zabini pensara que, por supuesto, no había nadie y que su Señor, después de todo, estaba loco…la puerta se abrió.
Y el hombre que estaba dentro de la oscuridad, por primera vez en mucho tiempo, se quedó helado en el umbral, como si viera a un fantasma. Su pelo se había vuelto gris, aunque no del todo. En ese lugar y con ese aspecto parecía uno de esos hechiceros de cuentos.
Draco le sonrió con demencia y se tiró a sus brazos, levantándole del sitio y chillando de alegría. Blaise no sabía que hacer. Y el hombre parecía estar en la misma situación.
-Severus…- Draco lo miraba con ojos brillantes mientras le apartaba los mechones de su rostro. – He vuelto. ¿Ves? Te lo dije, te dije que volvería y que me haría poderoso…te lo dije…¿verdad? Ahora soy el nuevo Señor Tenebroso…
Severus tragó saliva y parpadeó para poner en orden sus ideas. Sin decir una palabra, asintió y con un ademán les dejó pasar cerrando la puerta.
Se sentaron en unos sillones de la sala de estar. Nadie decía nada. Snape miraba a Blaise y Draco como pensando qué hacer. Blaise tampoco tenía muy claro qué hacían allí. Lo último que había escuchado sobre su jefe de casa fue que desapareció durante la guerra. Ni siquiera sabía que estuviera vivo y mucho menos que alguien supiera su paradero.
Draco sonreía tontamente mientras admiraba la casa. Cuando sus ojos se posaron en Severus, ensanchó su sonrisa.
-Estoy feliz. – dijo de repente el rubio- Estoy muyyyyy feliz. Si.
Y sin más se levantó y se puso a cantar y bailar de nuevo.
Severus lo miró impasible y después dirigió su varita a Blaise.
"¡Legirimens!"- pensó. Al instante estaba dentro de la mente del hombre.
Blaise sintió a Snape dentro de su cabeza. Al principio intentó rechazarlo, pero después se rindió. Su profesor tenía más fuerza que él y además … debía saber lo que estaba viendo.
Cuando Severus terminó de leer la mente de Zabini, se quedó horrorizado. Sus manos estaban temblando y miraba hacia el suelo. No se atrevía a entrar en la mente de Draco. Si lo que había visto era cierto, el muchacho tenía tal grado de locura que sería imposible discernir nada…o algo peor.
-Lo siento…- susurró Severus.
Draco paró de bailar y se volvió lentamente. Sus ojos plateados no destilaban emoción alguna, pero seguía enseñando los dientes en una pantonimia de sonrisa. Se acercó lentamente a Severus y se agachó a la altura de su cabeza.
-¿Qué dices¿Lo sientes? – dijo parpadeando- Vaya…- se puso la mano en la barbilla, como pensando- ¿Y qué es lo que sientes, Severus?- otra vez mirando a Snape.- ¿Sientes haberme traicionado?¿Habernos engañado a todos pasándote al bando de Potter?- le quitó la varita y la tiró lejos. Blaise se había levantado espantado- O quizás…- se acercó más a Snape- quizás lo que sientes es haberme dejado tirado… sin tener que protegerme…¿verdad?- los ojos de Snape se quebraron- Oh, era eso…bueno…pero no pasa nada. Estoy bien, ya lo habrás visto en la mente de Blaise. Los dementores son muy simpáticos¿sabes? Si… ¿te sientes culpable, Severus? No… no te sientas culpable. Simplemente, eres culpable. Pero tranquilo, no he venido a matarte por dejarme abandonado en el campo enemigo…no. He venido a pedirte que te unas a mí. ¿Qué me dices? Puedes elegir lo que quieras…claro que si no me ayudas sí que tendré que matarte…pero, esta vez, por favor, dime la verdad…porque…no soportaría que fingieras estar de un bando cuando de verdad estás en otro así que elige. Y ahora. ¿Estás conmigo o no estás?
Snape lo miraba con ojos de espanto. Bajó la vista y tragó saliva. La guerra ya había acabado, lo único que quería era un poco de paz…
-Te lo debo…- dijo al final, suspirando. Miró al rubio.- Estoy contigo.
Draco chilló de nuevo de la emoción y besó con energía a su profesor.
-¡Si¡Perfecto¡Perfecto! No esperaba menos de ti, Severus. Me has hecho muy feliz. Vamos, vamos, recoge tus cosas, te vienes con nosotros.
Y así fue como Severus Snape, ex profesor, ex mortífago, y ex miembro de la Orden del Fénix, salió de su exilio en un pueblo perdido y entró de nuevo al servicio de las fuerzas del mal.
Draco estaba muy contento. Todo marchaba bien. Tenía a Potter, tenía a Severus, tenía el control y el poder de todo…
Harry chillaba de dolor. Le estaban quemando los ojos, no entendía lo que decían las voces. Le agarraban, le levantaban. Él no quería, tenía que quedarse allí, a esperar a Draco, al demonio rubio. No podía irse. Y se debatió con fuerza, pero no consiguió nada. Lo sacaron de su habitación, lo envolvieron en cosas negras…pero lo peor era la luz. Le quemaba en los ojos como cuchillos. Después de llorar y patalear, al final se quedó sin las pocas fuerzas que le quedaban y se desmayó.
San Mungo estaba conmocionado. Todo el mundo lo estaba. Harry Potter estaba ingresado y se encontraba en un estado deplorable. Sus heridas, tanto físicas como psíquicas eran más de lo que había podido soportar. Se había vuelto loco, igual que Draco. Todo por culpa de Malfoy. Poco a poco la noticia del secuestro llegó hasta el Profeta, quien no podía decir nada más, pues no sabían con exactitud lo que había pasado allí.
Hermione paseaba nerviosa por el pasillo, de arriba abajo. Lo habían conseguido, habían rescatado a Harry. Si, tendría que estar contenta. Pero ¿qué le había hecho ese cerdo mal nacido de Malfoy?¿Por qué Harry estaba así? No lo entendía, no entendía nada. Lo habían encontrado encerrado en una mazmorra fría, encima de una cama y cuando habían intentado llevárselo había empezado a patalear, como si les temiera. No reconocía a nadie y la luz le quemaba… era, casi como cuando sacaron a Malfoy de Azkabán.
Por fin la puerta se abrió. Luna Lovegood, sanadora y experta en enfermedades mentales, salió de la habitación oscura en la que se encontraba Harry.
Luna no había cambiado nada desde Hogwarts. Seguía con la misma actitud, la misma mirada vacía y el rostro carente de expresión de entonces. Decía lo que pensaba sin tapujos y ni siquiera le importaba lo que pensaran los demás. Aún así, era una buena sanadora, como una psicóloga. Y Hermione tenía miedo de lo que dijera. Luna siempre iba directa al grano.
Esta vez no.
Miró a Hermione un rato y respiró un par de veces.
-¿De verdad quieres saber lo que le ha pasado?
Hermione parpadeó.
-Si.
Luna se encogió de hombros y se lo contó.
Hermione estaba preparada para oír hablar de torturas, de cruciatus. No estaba preparada para lo que venía después de eso. Luna había entrado en la mente de Harry lo mejor que había podido. Y le repitió exactamente lo que había visto y sentido. El dolor, las violaciones, el deseo profundo de que el demonio volviera, una y otra vez de nuevo. A hacerlo suyo.
-Tiene muchos nombres. A primera vista podría ser simplemente masoquismo, pero Harry tiene la mente suficientemente alterada como para haber caído en el juego. Creo que tiene el síndrome.
-¿Qué síndrome?
-El síndrome de Estocolmo
Hermione parpadeó. Le sonaba de algo, pero estaba tan conmocionada que no recordaba dónde había leído acerca de ello. Maldito bastardo…¿cómo se había atrevido?
Luna sacó unos pergaminos de la túnica y leyó en voz alta. El síndrome de Estocolmo era el deseo de gratitud de una víctima hacia su captor después de un período de tiempo en el que la víctima sólo hubiese tenido con ese otro ser. Además la víctima sentía que tenía ciertos sentimientos, ideas o sensaciones parecidas a las de su captor, es decir, que acababa aceptándolo, le hiciera lo que le hiciese. Incluso a veces, después de que liberaran a las víctimas, éstas echaban tanto de menos a su captor que iban de vuelta al lugar en el que habían estado presos para buscarle.
Hermione miró a Luna.
-Eso significa que Harry no entiende lo que pasa…
-Oh, sí que lo entiende. Lo que ocurre es que se siente tremendamente culpable por lo que pasó. Siempre se ha sentido así, y su subcosciente, para que no se volviese loco, ha decidido que sí, que se merecía lo que le pasase. Malfoy seguramente sabía lo que era el síndrome. Lo ha utilizado adrede. Y Harry se ha vuelto masoquista.Ya no conoce otra forma de experimentar placer que no sea...
-Basta ya, es suficiente. ¿Cómo le vamos a curar?
Luna la miró sin pestañear.
-No es una enfermedad. Es una fase mental. Tiene que dejar de pensar en él, que le de la luz poco a poco, que le hablen normal… pero no se si funcionará.
-¿Por qué no?
-Para que la víctima se cure, debe desearlo, Hermione. Y Harry no desea ser curado, ni salvado. He estado en su mente y Harry no quiere ser Harry. Está cansado. De todo. Dudo que desee cooperar. Seguramente se encerrará en sí mismo.
-Pues le sacaremos de ahí.- dijo Hermione con firmeza. No iba a perder a Harry. No de nuevo.
Draco Malfoy descansaba la sien en su puño. Estaba sentado en un sofá y con la otra mano toqueteaba la mesa con los dedos, uno a uno. No estaba enfadado, o al menos no lo parecía. Pero los mortífagos no se acercaban mucho por si acaso. Habían visto a Voldemort en ese plan muchas veces y lo que solía hacer después era mandar un Avada a alguien porque se aburría.
Se lo habían llevado. Se habían llevado su juguete. Su Harry. ¿Por qué? Era suyo. No tenían derecho a reclamarlo. Draco empezó a moverse de atrás adelante, pensativo. ¿Cómo se atrevían? De todas formas, no sabía si valía la pena ir a atacarles. Oh, seguramente estaban en San Mungo, eso era lo que ponía en los periódicos..
-Mi señor...- dijo un mortífago- Nosotros..no sabíamos que tenía encerrado a Harry Potter…
Draco se paró y lo miró. Le apuntó con la varita. El mortífago tembló.
-"Flora".
De la cabeza del hombre empezaron a brotar florecillas y plantas.
Draco empezó a reírse con histeria.
-¿Y?¿Acaso debía decíroslo? Nonononononononononono. Era simple, simple. Solo teníais que impedir que NADIE entrara. ¿No? Era fácil. No sé. Debéis de ser más estúpidos de lo que me imaginaba.
Se levantó del sillón y se fue a su cuarto sin decirles nada más. Había habido bajas. Oh, si. Y no le apetecía matar a nadie. Aún. Se tumbó en la cama y pensó en Harry. ¿Por qué lo deseaba tanto? Este pensamiento lo hacía dudar, no sabía si lo que deseaba era a Harry o a los hombres en sí. Pero sabía cómo iba a averiguarlo.
-Blaiseeeeee – canturreó. Al instante, como imaginaba, el chico apareció por la puerta.
-¿Sí, mi señor?
-Cierra.
Blaise cerró la puerta y esperó. Draco se incorporó de un salto y se empezó a quitar cerumen de las orejas.
-Desnúdate.
Blaise abrió los ojos como platos, pero obedeció. No quería contradecirle. Se quitó la camisa y los pantalones.
-Todo, Blaise.
Se quitó los calzoncillos y se quedó ahí, expuesto a la mirada de su señor.
Draco lo miró aburrido y esperó. Nada. Al final soltó un gruñido.
-No me pones, Blaise. Llama a Pansy.
Y poco después la chica sufría la misma humillación. También fue rechazada.
Draco estaba enfadado. ¿Por qué sólo Potter? Seguramente porque le gustaba humillarle.Siempre le había gustado. Si, sería eso.
-Tsk. Tendremos que ir a por él. Un cambio. Si…Blaise
-Señor
-Llama a Snape
-Si, señor
-Vamos a hacer una visita a nuestro querido y antiguo colegio
Y volvió a reírse, rodando y revolviendo la cama. Oh, si. Harían un cambio, un trueque. Y le devolverían a Potter.
Dumbledore abrió los ojos. Estaba sentado en su silla favorita y había vuelto a quedarse dormido. Suspiró. Ese era un día especial, en el que se conmemoraba el día de la batalla final, el triunfo del bien. Y todos los alumnos de primer año estaban en Hogsmeade.
Miró la hora. Qué extraño. Ya era tarde y los alumnos deberían haber vuelto. Se levantó y decidió que llamaría a los profesores.
Cuando estuvo de pie, vio una figura inclinada, acariciando a Fawkes. Era alto y delgado.
-Hola, gallina deforme…- decía al pobre pájaro desplumado. Fue ese el momento que el fénix eligió para quemarse. A él y al rubio, que se llevó una mano a la boca.- ¡Augh! Combustión espontánea...
-Draco…
-Hola, viejo. ¿Qué tal¿Cómo va la artritis?
Dumbledore no dijo nada y levantó su varita. Draco ni siquiera lo miró, estaba fascinado con el fénix y removía sus cenizas con el dedo pequeño. Aún así…
-Yo que tú no lo haría, Dumby. ¿Qué les pasaría a todos los alumnos de primero si a mi me ocurriese algo?- dijo el rubio mientras pinchaba al fénix con la varita. El nuevo pajarito le chilló indignado e intentó quemarle. Draco le sonrió.El fuego le gustaba.
-Draco… ¿qué has hecho?- preguntó Dumbledore alarmado. Sabía el estado mental del rubio y que era capaz de cualquier cosa.
-Quiero a Potter – dijo simplemente. Por primera vez miraba a Dumbledore a los ojos.- Potter. Devolvédmelo. Y yo os devolveré a los chicos. Volveré por aquí. No me falles, abuelo. No otra vez.
Y se fue por la chimenea, desapareciendo.
Dumbledore se sujetó el pecho y respiró hondo. No podía ser.
En efecto. Cuando bajó al Gran Comedor, todos los profesores estaban congregados, discutiendo. Cuando el director les contó lo que había pasado, soltaron gritos de espanto. Todos los niños secuestrados…no podía ser.
-Pero¿cómo ha entrado aquí?- preguntó uno de los profesores.
-Snape – dijo Minerva McGongall. Tenía el pelo totalmente gris y las facciones endurecidas. – su chimenea era la única conectada con las afueras. Albus, te dije que no debíamos confiar en él.
Pero Albus no podía pensar. El mago blanco se derrumbó en una silla y se tapó la cara con las manos.
Llamaron a los aurores.
-¿Estás seguro de esto, Draco?
Snape miraba al rubio con preocupación. Le había ayudado, como prometió, pero no sabía si después podría proteger al rubio. Tenía miedo de volverle a fallar.
-Seguro, seguro, seguro, si. ¿Quieres algodón? Está bueno…- dijo Draco mientras mordía la suave textura. A lo lejos se oían chillidos de niños aterrados. El rubio sonrió. Le gustaban los gritos.
Pero los que más le gustaban eran los gritos de Potter.
Harry miraba al techo del cuarto. Estaba callado, no chillaba, no se debatía. Intentaba comprender qué hacía allí y dónde era allí. Volvió a mirar a su derecha con temor. Si, allí seguía. La reconocía, sabía que era suya pero no qué era exactamente. A la mente le venía una palabra: quidditch. Y esa escoba le daba ánimos y alegría. Le gustaba.
Volvió a mirar al techo. La habitación tenía una luz cálida y colores pastel. No estaba en la mazmorra, eso seguro. Recordaba la mazmorra. Era oscura y hacía frío, pero al final le había gustado estar allí, en la oscuridad. Sin pensar. También le gustaba la soledad de esta nueva habitación. Estaba desorientado. Su mente se dividía. Por una parte deseaba quedarse allí, tranquilo, pero por otra sentía que debía regresar a la oscuridad, porque se lo merecía y debía estar allí…
.. con él.
Su cuerpo se estremeció al pensarlo. Recordó el dolor, la oscuridad, pero también el placer y ese sentimiento extraño y familiar cada vez que se cruzaban sus ojos, el cual le decía que, de alguna forma, estaban conectados. Gimió y escondió la cabeza en la almohada de nuevo, buscando la negrura de la tela. Desde pequeño sabía hacer un truco. Si cerraba los ojos contra la almohada y miraba a través de los párpados con concentración y en línea recta, veía el espacio, los puntitos de colores que atravesaban la negrura de la noche, como estrellas que venían volando hacia él, rodeándolo, abrazándolo.
-¿Harry?
Oh, no, otra vez esa voz. La odiaba. Odiaba a esa mujer que se empeñaba en recordarle cosas que le dolían. Gimió más alto y se embutió en la almohada. Pero sabía que la chica no iba a irse. Sintió cómo se sentaba a su lado y empezaba a hablar de quidditch.
Quidditch. La palabra mágica. Magia. No. No quiero.
Pero escuchó de todas formas lo que le dijo la chica. Escuchó, día tras día, sus historias. Y poco a poco fue recordando cosas que había enterrado dentro de su cabeza. Cosas ocultas, pero bonitas. Aunque cuando llegó a la peor parte, se puso a chillar y a negarlo todo. No quería, no le había pasado nada, no se llamaba así.
-Harry, tienes que comprenderlo. Estás castigándote a ti mismo, y eso no es justo. No es bueno. Harry, te queremos. Te estás haciendo daño. Él te ha hecho daño. ¿Por qué no lo entiendes?
Y Hermione se fue, dejándole solo de nuevo, pensando. Ojalá se recuperara pronto. Por favor, por favor, no permitas que Harry se vuelva loco igual que él.
-Herm…- susurró Harry cuando la puerta se cerró
Gritos, gritos y más gritos.
Draco miraba aburrido cómo un tipo con una mano llena de cuchillas atacaba a los niños mientras estos escapaban. Después se giró hacia él y le apuntó con el guante.
Draco miró el guante con cuchillas.
Miró al hombre a los ojos.
Levantó una ceja.
El hombre se fue a por la siguiente pareja que entraba e intentó asustarlos.
Pansy le lanzó uncrucio.
Freddy Krugger se desmayó.
-¿Por qué aquí, Draco?
- Porque es el último sitio donde buscarían- dijo Draco sentándose en la cama de la niña del exorcista. La chica se levantó y empezó a chillar como una posesa. Draco la miró y empezó a chillar él como el demente que era.
La chica se fue corriendo.
Draco se tumbó en la cama, que se movía de vez en cuando. Definitivamente los muggles eran sorprendentes.
Todos estaban reunidos en Hogwarts. Estudiaban los posibles puntos donde podrían estar escondidos los mortífagos y sus víctimas. Castillos abandonados, ruinas, sitios grandes. Por supuesto, a ninguno se le pasó por la cabeza que estarían en un parque de atracciones.
Albus, Minerva, Tonks, Lupin, Moody...todos se habían unido para encontrar a los mortífagos. Y muchos más, magos que nunca habían sido aurores pero que al acabar la guerra habían empezado a serlo, también se les habían unido. Todos estaban juntos en eso, todos estaban allí.
Y como todos estaban allí reunidos, eso significaba que en San Mungo no había aurores.
¡ATENCIÓN! SIGUE LEYENDO, PLEASE.
BONUS BONUS BONUSBONUSBONUSBONUSBONUSBONUSBONUSBONUSBONUSBONUSBONUSBONUSBONUSBONUSBONUSBONUSBONUSBONUSBONUS
Me han gustado vuestras ideas, asi que os hare un pequejuego¿quién buscará a Harry en San Mungo? Si quieres saber la SORPRESA ves al siguiente capítulo, si quieres que le busque DRACO, ves dos capítulos más.
SI QUIERES QUE "ALGUIEN" QUE NO ES DRACO VAYA A RECOGER A HARRY, VES A LA PÁGINA SIGUIENTE. SI QUIERES QUE LE RECOJA DRACO, PASA DOS CAPÍTULOS
