En la biblioteca

-¿Pero qué demonios hacías ahí fuera primo? Con lo mal que estás, y te dedicas a chapotear en el barro. Menos mal que una sirvienta nos avisó rápidamente- masculló Erik, empapando la toalla en agua. Radamanthys miró ceñudo a su primo y no permitió que le colocara la toalla.
-No tengo fiebre- remarcó, incorporándose en la cama – y no estoy enfermo- dijo intentando levantarse de la cama. Erik suspiró agotado.
-Oye, no sé qué demonios te pasa, pero debes permanecer en cama, el médico va a regresar a revisar tu estado de salud-
El joven barón se colocó frente a su primo y le señaló con el dedo índice
-No quiero que venga el médico, estoy bien, sólo tengo fuertes migrañas y ya está- gruñó de manera seca.
Erik vio que los ojos de su primo centelleaban de una manera extraña. Un fulgor rojizo iluminó su iris. El muchacho retrocedió asustado.

Radamanthys mantuvo el semblante serio mientras abandonaba la estancia.

Erik tiró la toalla con rabia al suelo.

El joven danés no tenía idea de lo que le pasaba a su primo, así que decidió investigar por su propia cuenta. Lo primero que hizo fue acudir a la biblioteca, buscando aquellas palabras que recitaba constantemente en sus delirios.

Rebuscó entre los cientos de títulos, y por fin dio con la enciclopedia. "Wyvern". No sabía cómo se escribía así que probó varias veces. Finalmente encontró la definición. Una especie de dragón con patas traseras, cola larga acabada en aguijón venenoso, alas de murciélago y cuernos. Un dragón heráldico. De ojos rojos.

Escuchó que alguien entraba en la biblioteca.

Decidió rebuscar e libros de mitología, a ver si decían algo más. Encontró uno que refería a Hades, dios del Inframundo griego.
¿Grecia?¿Hades? ¿Qué tenía que ver un ser de mitología distinta?

Un cubo fue depositado en el suelo y escuchó como alguien fregaba las grandes ventanas.

Siguió rebuscando. "Según la mitología griega, para entrar en el Inframundo tenías que ser juzgado. Estos jueces eran Minos, Aiacos y Radamanthys."
-¿Mi primo tiene nombre de juez del Inframundo helénico?- masculló. Agarró el volumen y se sentó en una butaca.
"Minos era hermano de Radamanthys y de Sarpedón. Reinó en Creta. Es juez del inframundo encargado de dar el voto definitivo para enviar las almas de los condenados al Tártaro, si se habían portado mal; a los Campos Asfódelos, si había un equilibrio y a los Campos Elíseos, reservados para los que habían seguido un camino recto y bueno en vida. Tenía asignada la armadura del Grifo".
"Aiacos o Éaco, rey de la isla de Egina. Juzgaba las almas de los europeos. Tenía asignada la armadura de Garuda"
"Radamanthys era un rey de Creta que fue desterrado por su hermano Minos. Se encargaba de juzgar las almas de los orientales. Tenía asignada la armadura del Wyvern"
Tras leer esto, Erik empalideció. ¿Su primo, un juez del Inframundo? Debería estar soñando…

De repente, el libro de mitología se consumió ante sus ojos, quedando reducido a cenizas. Erik se sobresaltó y levantó la vista. Ante él estaba la sirvienta de ojos verdes, que colocó su brazo en la posición original.
-Así es. Tienes que dejar ir a Radamanthys. Aquel al que llamas primo forma parte de nuestro ejército. Pronto llegará su hora. Y no podrás evitarlo. Tiene que volver con nosotros.- susurró con una voz melosa, diferente a la que tenía cuando la conoció.

Erik tragó saliva.
-¿Quién eres tú?-

La joven se soltó la cofia que sujetaba sus largos cabellos castaños, que fueron tornándose violáceos, igual que sus ojos. Avanzó lentamente y de manera seductora hasta donde estaba el joven danés. Él se quedó petrificado.

-¿Yo?- dijo soltando una risa –Soy la dueña de tu primo, he venido a llevármelo a donde pertenece.- se agachó a la altura del joven, mirándole a los ojos.
Erik se enfureció.
-Mala víbora…¡eres tú quien manipula a mi primo!¡Tú le haces daño con tus canciones! ¡Haces que se retuerza de dolor! ¡Eres una p…!-
La muchacha arreó una sonora bofetada al joven danés, marcándole la mejilla. Erik se llevó la mano a la cara, aturdido.

La joven se incorporó e hizo brotar su poder. Sus cabellos flotaron alrededor, sus ojos se abrieron completamente realzando el color malva de su iris. Estaba colérica.
-¡Imbécil! ¡Te atreves a faltarme el respeto! ¡Yo, servidora y hermana de Hades, dios del Inframundo! ¡Soy Pandora!- clamó mientras la serpiente de su anillo cobraba vida amenazando al joven.- Pero te voy a necesitar con vida…al menos, de momento- dijo calmándose repentinamente.

Sin mediar palabra, Pandora se agachó de nuevo y sin que él pudiera evitarlo, depositó sus labios sobre la boca del joven.
Erik disfrutó de la jugosidad de los labios de la joven, y un escalofrío eléctrico recorrió su cuerpo de arriba abajo. Ella se apartó diligentemente.
-¿Vas a obedecerme ahora?- dijo acariciando la mejilla rojiza del joven. Éste asintió.
-Muy bien, así me gusta…que los hombres me obedezcan…- Pandora se colocó el anillo en su dedo corazón. Río maléficamente mientras su aspecto cambiaba al estado de doncella Aedea.

Erik se quedó en el sitio, con los ojos vacíos.