† Capítulo VI †

Rezaba por que su padre no estuviera en casa mientras se dirigía a ella a través de las calles bajo un cielo gris. No podía evitar un sentimiento de culpabilidad en cuanto a lo sucedido con Ino; apenas se conocían y ya le había hecho el amor y, lo que es peor, le había dicho que la amaba. Evitó hacerse un lío con tanto pensamiento, y sacó de su bolsillo las llaves de casa, abriendo la puerta sigilosamente. Se quedó parado durante unos segundos, escuchando. Silencio. Se adentró en la casa oscura, las luces estaban apagadas y ese día el sol no brillaba mucho. Caminó hacia su habitación sin hacer ruido, a pesar de que la casa estaba vacía, fue lo más silenciosamente posible, ni siquiera él sabía por qué.

Abrió la puerta de su cuarto, igual de silenciosamente que había abierto la de la entrada, y encendió la luz, para ponerse a buscar la susodicha púa. La encontró al cabo de unos segundos en su escritorio, bajo unos papeles en los que había estado componiendo. Mirando por encima sus letras, sólo leía frases de odio, lo único que albergaba su corazón. Guardó la púa en el bolsillo derecho de su sudadera, y se volteó para irse, como si nunca hubiese estado allí.

Quedó petrificado al ver a su padre interponiéndose delante de la puerta del cuarto de Sai, la cual cerró de un portazo cuando éste recién se había girado y quedado cara a cara con su peor pesadilla.
-¿¡Se puede saber dónde cojones has estado desde ayer! - no podía ser real, intentaba convencerse a sí mismo de que no lo era, de que era tan sólo un sueño, una pesadilla... no era capaz de moverse, sólo de quedarse quieto, refulgiendo desde sus ojos odio y terror al mismo tiempo, deseando matar a ese individuo y luego huir, correr tanto como sus piernas le permitieran - ¡Contesta! - pegó un golpe a la puerta con el puño, haciendo temblar a Sai.
-En el parque - contestó, intentando parecer impasible.
-¿¡Tu madre murió ayer y tú te pasas toda la puta noche en el parque! ¿¡Qué tipo de hijo eres!
-Seré un mal hijo, pero al menos no soy un maldito asesino borracho - apretó los dientes en una mueca de odio, quería matarlo, quería matarlo allí mismo.

~Flashback~
-Matarlo no hará que tu madre resucite.
-Lo sé, pero quiero que sufra - sus ojos brillaron extraños, y la chica sintió un escalofrío.
-Matarlo sólo te hará justo como él.
~Fin flashback~

-Me da igual... seré un asesino como él, pero al menos mataré a alguien que merece vivir incluso menos que yo - dijo en alto, luchando contra la voz en su cabeza - Si no lo mato yo, me matará él primero.
Quería vengar la muerte de su madre, ella llevaba tantos años sufriendo por culpa de ese borracho, siendo maltratada incluso más que él mismo. La oía llorar todas las noches que su padre no estaba en casa, Sai sabía con certeza que ella se odiaba a sí misma por no tener el valor de denunciarlo, temía que eso llevara las cosas a peor. Pero, ¿qué era lo que podía hacer él? Nada en absoluto. Se sentía un inútil.

Cuando se dio cuenta, lo tenía justo en frente a él, apenas a un metro de distancia, mirándolo fijamente con los ojos inyectados en sangre. Sai bajó la mirada hacia el suelo, viendo el cuchillo empuñado por su padre, y comenzó a temblar. En el fondo, se preguntaba a sí mismo por qué seguir luchando por vivir. Pronto notó un fuerte golpe en su mejilla, cayendo al suelo con un grito desgarrado, para poco después notar el cuchillo entrando y saliendo de su pecho, notando el calor de la sangre sobre su piel, intentando en vano cesar sus gritos. ¿De qué servían? Ni siquiera él se lo podía creer, tantos años sumido en una oscuridad, en unos pensamientos de odio y autodestrucción, esperando ansiosamente su fin, sin hacer nada en absoluto por conseguirlo ni por evitarlo. Y ahora sabía que iba a morir, estaba seguro de ello, pero seguía sin conseguir asimilarlo. Era su fin.

xXx

Llegó a casa tras haber pasado aproximadamente un cuarto de hora caminando, encontrándose con Hinata esperándola en la entrada con una mirada preocupada.
-Hinata, ¿ocurre algo?
-Los señores desean hablar con vos - desde luego, estaba segura de que pasaba algo importante, ya por el simple hecho de que Hinata le hablara de esa manera. Su corazón latía con una fuerza desbocada, como si se le fuera a salir del pecho, nunca había visto a su amiga tan seria. Hinata la acompañó hasta el salón, cerrando la puerta y yéndose cuando la rubia ya había entrado, viendo a sus padres sentados en los sillones rojos de seda, mirándola de manera seria y fría.

-¿Qué pasa? - sin dignarse en contestar, su madre encendió el televisor, pasando por aquellos programas telebasura que tanto echan en Telecinco. No dejaban de hablar de "la heredera de los Yamanaka vista con un joven de clase media-baja".
-¿Qué significa esto, Ino? - habló, al fin.
-Es tan solo un amigo - dijo en el momento en el que sacaron las imágenes de su breve paseo con Sai hacía apenas media hora.
-Siéntate - obediente, se sentó en el sillón de enfrente de sus padres, sintiéndose más nerviosa imposible - ¿Qué fama crees que le dará a la familia que te hayan visto con un delincuente de esos?

-Me da igual todo eso; ya habéis controlado la mayor parte de mi vida, pero no podéis controlar lo que yo siento. Odio toda esta estupidez de que si la empresa, la fama, el dinero, el matrimonio concertado... Quiero vivir mi propia vida, no la vuestra.
-Sube ahora mismo a tu cuarto, no volverás a salir de él hasta que te comportes como es debido.
-No lo dudéis - se levantó y salió de la sala, cerrando la puerta de golpe y subiendo las escaleras a su cuarto de dos en dos, sin importarle el poder tropezar y caerse debido a su vestimenta - La lleváis clara si pensáis que me voy a quedar toda mi maldita vida encerrada como una prisionera - dijo en alto para sí misma a la vez que de nuevo comenzaba a atar las sábanas de su cama, al igual que había hecho la noche anterior, para escapar nuevamente, y esta vez sería la definitiva, no pensaba volver.

~Flashback~
-¿Te sientes sola?
-Sí...
-Yo también.
~Fin flashback~

-Ojalá supieras lo sola que me siento ahora, ojalá te lo pudiera explicar en palabras, aunque te parecería un estúpido capricho comparado con tu soledad. Soy estúpida - bajó por el balcón de su cuarto, agarrándose a las sábanas, y salió de la mansión, encaminándose de nuevo a aquel lugar en el parque, en el banco bajo el sauce. Eran todavía las siete de la tarde, pero ya estaba oscuro, y seguramente no habría casi gente allí, justo lo que ella quería.
Pensaba de nuevo en el suicidio mientras recorría las lúgubres calles londinenses, sintiéndose estúpida otra vez. Al fin había encontrado alguien por quien luchar, alguien por quien seguir viviendo, y sólo encontraba respuestas positivas al cuestionarse a sí misma si en realidad valía la pena. Él la comprendía... y le había dicho que la amaba. Ansiaba verlo de nuevo, le mandó un mensaje al móvil. "¿Dónde estás? Me he escapado de casa definitivamente". A los cinco minutos, recibió la respuesta: "En el hospital, habitación 201".
-Otra vez no...