Hola a todos, aquí les dejo otro capítulo mas. Espero que les guste.
***** Akane tiene una cita *****
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Se pasó la mano por el cabello, se sentía frustrado. No podía sacarse esa imagen de la cabeza. Recordaba cada detalle, su rostro, su mirada, esa sonrisa que lo hipnotizaba de una manera tan excéntrica, su aroma. Cerró los ojos deleitándose de ese maravilloso recuerdo. Cuanto le había encantado verla así, con ese vestido que la hacía parecer un ángel. Se veía realmente hermosa y era algo que por mucho que negara abiertamente, no podía negárselo a sí mismo. ¿A quién engañaba? ¿Cuántas veces le había llamado fea marimacho? Uhhh, infinidad de veces, pero era una mentira, una cruel mentira. Él lo sabía ¿Cómo no saberlo si a él le parecía de lo más hermosa? Si tan solo con verla sentía que la respiración le fallaba, que su mundo cambiaba con tan solo una de sus bellas sonrisas. Maldita hechicera que lo había hecho caer en ese cruel embrujo.
Abrió los ojos de golpe estampando su puño sobre el tejado. La teja crujió agrietándose ante el impacto. Se sentía frustrado, molesto. Él era Ranma Saotome, ¿Cómo era posible tener una debilidad como aquella? Si tan solo ella le hubiera dicho lo que esperaba oír, pero no, ella tan solo le había repetido lo que él ya sabía. ¿Por qué simplemente no pudo decir dos palabras?, él ya se había sincerado, ¿acaso no era suficiente?
Como le hubiese gustado oírla decir aquello. Era cierto que él no se lo había dicho en la mejor de las situaciones, pero al final, había sido sincero con ella. Se puso de pie con la agilidad de un felino. Aceptaba que fuera también su culpa, si no hubiese sido tan orgulloso y le hubiese confirmado lo que ella escucho ese fatídico día, estarían casados. Ella sería la señora Saotome y él estaría más tranquilo sabiendo que era suya. Que nadie podría quitársela.
Pero en cambio, ahora se encontraba de mal humor, esperando a que ella volviera de su paseo con Ryoga.
— Estúpido cerdo — mascullo cegado por los celos. También era cierto que era su culpa, pero como quería que se quedase callado cuando ella intento que se comiera lo que había cocinado, si tan solo ella lo hubiese probado primero, se daría cuenta del horrible sabor que tenía. Pero al contrario de todo, le había golpeado y había aceptado tener una cita con Ryoga ¿Qué acaso no se daba cuenta del efecto que eso ocasionaba en él?
Bajo de un solo salto, iría a buscarla. La obligaría a regresar si fuese necesario. Después de todo era su prometida, solo él tenía el derecho de invitarla salir…claro, si es que tuviera el valor.
— Vaya cuñadito, los celos te están matando — se giró buscando a la dueña de esa voz. La vio allí, apoyada del marco de la puerta, mirándolo con suspicacia, acechándolo –, por mil yens puedo decirte a donde fueron.
— ¿A quién le importa saber a dónde fueron?, solo es una marimacho y un cerdo. No es algo que me preocupe – ahí estaba, otra vez su orgullo. Camino lentamente, paso junto a Nabiki sin mirarla. No le daría el gusto de verlo vulnerable ante la situación — ella puede salir con quien se le dé la gana, es algo que no me incumbe.
— ¿Estás seguro?
— Por supuesto — aseguró tratando de sonar lo más indiferente posible.
— Claro — dijo irónicamente, observando al joven artista marcial adentrarse en la casa—. Ya veremos—. Sonrió. En serio le estaba resultando divertido hacer rabiar a Ranma.
El joven artista marcial, se metió a su habitación, tan solo, para proceder a salir por la ventana. Simplemente, no podía quedarse esperando. Por su cabeza, pasaban mil imágenes desagradables en donde su prometida y su amigo, eran los protagonistas. Sentía una presión muy grande oprimirle el pecho con tan solo pensarlo.
¡No, no lo permitiría! No estaba dispuesto a permitir que se la quitaran; era suya, su prometida, su futura esposa, la futura madre sus hijos, el único que podría tenerla entre sus brazos, el que la besaría y la tendría a su lado para siempre. Apretó los puños decidido y acelerando el paso; los encontraría y evitaría a toda costa lo que sea que estuviese sucediendo entre ellos. No le permitiría estar con Ryoga, claro que no, nadie le ganaba una batalla y mucho menos, una donde el premio era la que le robo el corazón.
Desde que Ryoga se había quedado en el dojo, él ya no tenía un momento de tranquilidad. Se sentía amenazado en todo momento.
El joven Hibiki, aprovechaba cada oportunidad para estar con ella, evitando así, los pocos momentos de continuidad que antes tenían. Durante el día, Ryoga, siempre estaba junto a ella en su forma humana, desplazándolo a él en todo momento. Y durante las noches, dormía con ella en su forma de P-chan, cosa que le hacía hervir la sangre. Ya no podía dirigirle la palabra, sin tener al joven de por medio.
— ¡No lo voy a permitir! — dijo con el ceño fruncido, dejando ver en sus palabras; la frustración, la ira y los celos que lo consumían en todo momento—. Ya veras, no te quedaras con ella. Es mi prometida —. Sentía que perdería el control en cualquier momento y terminaría cometiendo una locura.
Recordó, que toda esa situación se había debido a su propia estupidez.
Flash back
— ¿A dónde van todos? — preguntó ingresando a la sala. Observó a su padre en compañía del señor Tendo, ambos con una mochila de viaje.
— Tienes tanta suerte, Ranma — le dijo Haposai alegremente.
— ¿Eh?, ¿Yo? ¿Por qué? — no entendía nada.
— Si yo tuviera una prometida como Akane, sería muy feliz — expresó su padre.
Eso le dio desconfianza, sus sentidos se alertaron, algo no andaba nada bien. Decidió, que lo mejor sería hacer lo que todos, huir, porque eso era precisamente lo que estaban haciendo.
— Ranma — escuchó la voz de su prometida llamarle alegremente, dejándole muy en claro, que ya era demasiado tarde para su estrategia de escape. La miró detenidamente, sostenía una bandeja con ¿comida? ¡No podía ser posible!, no lo había visto venir.
Todos, incluyendo a la propia Kasumi, aprovecharon esa distracción de los jóvenes para ponerse a salvo de la comida de la joven. No estaban dispuestos a enfermar. Después de todo, el único que debería comer aquello, debería ser su prometido.
— Puedes sentarte — le dijo con una radiante sonrisa que lo dejo hipnotizado por unos instantes —. Creo que hoy, seremos solo tú y yo —, terminó de decir con el ceño ligeramente fruncido Ranma, miró a su alrededor, estaban completamente solos. Lo habían dejado a su suerte. Sintió el sudor recorrer por su rostro, estaba perdido. Aquella situación, le costaría por lo menos tres días en cama —. No tienen remedio, huyen de mí como si fuera a envenenarlos— dijo con un deje de tristeza — a lo que el joven, tan solo enarco una ceja.
— No tengo hambre — espetó cruzándose de brazos.
— Ranma, no empieces — dijo ella entregándole un plato de arroz, o eso parecía, si le quitaban el extraño color a quemado que tenía—. Hago esto, para que estemos bien… ya han sido suficientes tres semanas, casi no podemos estar en la misma habitación sin discutir.
Ante ese argumento, él no podía hacer absolutamente nada, ella tenía un muy buen punto. Se limitó a sonreírle y tomar lo que ella le estaba dando.
Akane, sonrió complacida.
No le quedaba de otra, si quería tenerla cerca, debería de comer lo que ella evidentemente había preparado para él. Miró el contenido de su plato con desconfianza, no podría decir que se viera tan mal, pero tampoco podría decir que el sabor fuera bueno. Observó lo que parecía ser pescado, o eso era lo que él pensaba que era, no estaba muy seguro.
Suspiró, lo mejor sería pasar de ese momento.
— ¿Lo probaste? — Preguntó de manera desconfiada, a lo que Akane, tan solo se limitó a sonreír nerviosamente — ¿Cómo pretendes, que he de comer algo que ni tu misma has probado?— le increpó.
— No esta tan mal — se defendió comenzando a enfadarse.
— ¿Cómo estas tan segura de ello? — rebatió enfadado. Soltando su plato sobre la mesa.— pruébalo—. La reto
— ¿Qué?— lo miró confundida.
— Solo digo, que deberías de probar todo lo que cocinas. Como pretendes que yo sea el primero en probar su horrible sabor —. La encaró, apoyando las manos sobre la mesa.
— Idiota — le respondió levantándose de su lugar. Ranma la imitó—. Yo que me he preocupado en hacer algo para ti…
— ¿Quién te lo pidió? — se acercó a ella, ya se encontraban peleando nuevamente. Pero para él, en esos momentos, eso era mejor que comer lo que ella había preparado.
— Insensible — le gritó enfadada.
— Admítelo Akane, eres un fracaso en la cocina— le dijo con una sonrisa burlona—. Nunca serías una buena esposa.
— ¿Y quién quiere ser una buena esposa? — le dijo furiosa, preparándose para golpearlo, eso ultimo había dolido. Ranma palideció, eso iba a doler.
— Hola Akane — la saludo Ryoga, feliz de verla, interrumpiendo de esa manera la discusión. Akane, suspiró, si él no quería comerlo, no lo obligaría.
— Hola Ryoga, ¿tienes hambre? — Preguntó con una sonrisa — siéntate, acabo de preparar algo. Espero que te guste.
— G-Gracias — el joven, obedeció sentándose de manera autómata.
— Si, tal vez P-chan acepte morir envenenado — se sintió celoso de ver al joven, compartir con ella una comida que había sido preparada para él. Maldiciéndose una vez más por su imprudente falta de tacto—. Quien sabe, tal vez el inútil de Ryoga te acepte.
— ¡No te voy a permitir que le hables así! — Ryoga, la estaba defendiendo — no tienes derecho, fenómeno.
— Tú no te metas cerdito — dijo, colocándose en posición de pelea.
— Por lo menos el aprecia lo que cocino — Akane, lo increpó cursándose de brazos.
— Los cerdos comen lo que sea — argumentó, sin siquiera saber por qué. En realidad ella tenía razón. Él no apreciaba el esfuerzo que ella hacía, al menos no abiertamente, ni mucho menos a ella directamente.
— Déjalo Ryoga, no vale la pena — llamó la atención de los dos jóvenes — como no hay ningún problema, estaría encantada de aceptar tu invitación. Estoy segura que a Ranma, no le importara.
— E-en serio — balbuceo el joven Hibiki, creyéndose en un sueño.
— Si — afirmó con una sonrisa. Ranma, los observó incrédulo, esto no se veía nada bien. Pero ¿Cómo reclamarle? Si el mismo le había dado la oportunidad. Apretó los puños, estaba furioso consigo mismo por ser tan idiota.
Decidió, que lo mejor sería irse de allí, no quería ver la pequeña escena que se estaba gestando frente a sus ojos. Se dirigió a la cocina, después de todo, debería de comer. Necesitaría energías para soportar lo que se le venía encima.
Abrió los ojos sorprendido, a pesar del desastre la cocina seguía entera.
Se acercó a la pileta, observando con curiosidad, un pequeño libro lleno de salsa. Lo tomó, limpiándolo un poco. Era, el recetario que él le había regalado para Navidad. Apretó los puños, sintiéndose el más idiota sobre la faz de la tierra. Como otras veces, ella había hecho su mayor esfuerzo, y ¿Qué había hecho él? Nada, solo arruinarlo. Ni siquiera tuvo la sensatez de reconocer ni para el mismo el esfuerzo de su prometida.
Observó la arrocera sobre la estufa, se acercó a ella lleno de curiosidad. Aún tenía arroz en su interior. Tomó un plato y se sirvió de ello, tembloroso, tomó los palillos y decidió, que lo mínimo que podía hacer era probarlo.
Masticó con lentitud, si bien el arroz no era perfecto, no estaba nada mal. Había sido un tonto al juzgarla.
Fin del Flash back
— Rayos Akane. ¿Porque todo tiene que ser tan complicado? — masculló molestó por ser un cobarde ante ella.
Entró a la heladería buscándola con la mirada, ubicándola con rapidez. Sintió que el corazón se le estrujó cuando la vio. Se veía realmente feliz, parecía estar disfrutando de su cita.
Se sentó al fondo, tapándose la cara con la carta para que ella no lo viera. No le iba a arruinar el momento aunque se muriera de ganas por hacerlo. Después de todo, le encantaba verla feliz. Pero le molestaba infinitamente, no ser él la causa de toda esa alegría.
— En serio, no lo creo — dijo ella entre risas. Ryoga, asintió — no lo puedo creer, no creo que te hubiese dejado en paz. Ya sabes cómo es… ¡yo soy Ranma Saotome y nadie me puede vencer! — dijo tratando de imitar a su prometido y estallando nuevamente en carcajadas.
— Si, lo sé — dijo el chico sintiéndose ligeramente avergonzado y a la vez celoso de que ella, a pesar de estar en una cita con él, hablara con emoción de su prometido.
— Aun así…me preguntó ¿Por qué estaba tan distraído? El siempre esta alerta — dijo acallando su alegría. Se sintió repentinamente preocupada por su prometido. No le parecía normal, casi dejarse vencer por Ryoga — Hace algún tiempo que esta raro — pensó preocupada—. Ranma… ¿Qué es lo que te sucede? ¿Tendrás algún problema?
Se sintió con la repentina necesidad de saber qué es lo que le sucedía al joven Saotome. Si bien había notado que actuaba extraño, no se había percatado de lo profundo del problema. Decidió, que lo mejor sería averiguarlo por ella misma, el muy tonto, de seguro no le diría nada.
— Akane — la llamó Ryoga preocupado — ¿estás bien?
— ¿Eh? umm…si — respondió quedamente — ¿Ryoga?
El joven la miró con preocupación, debido a su extraño cambio de ánimo. Suspiro pesadamente, aunque lo lamentara, la cita había terminado. Pensó, que de seguro tenía que ver con Ranma. Apretó los dientes firmemente, aguantándose el coraje. Aun sin estar presente, Ranma, le había arruinado la cita.
— ¿Podemos irnos? — preguntó repentinamente. Observando a su alrededor y recordando las veces que había ido con el tonto de Ranma. No importaba que no hubieran tenido una cita, ni tampoco que él hubiera estado con ella ahí, en su forma femenina. Lo que realmente importaba, era que siempre era ella con él, no él y Ukio o él y Shampoo. Simplemente eran, Ranma y Akane, sin importar la forma que él tuviera.
Ryoga, asintió resignado.
Salieron de la heladería, siendo seguidos discretamente por Ranma. Akane, volteó a ver repentinamente, tenía la ligera sensación que alguien los estaba siguiendo.
— ¿Qué sucede? — preguntó Ryoga extrañado.
— Creí ver a alguien siguiéndonos — contestó dudosamente— debe haber sido mi imaginación.
Ranma, se había escondido detrás un par de ancianas, que se encontraban pasando en ese momento. Ambas señoras lo miraron con curiosidad y extrañez.
— Lo siento...— dijo haciendo una reverencia ante las mayores — discúlpenme.
Retrocedió nervioso, chocando con unos pequeños que jugaban, perdiendo de vista a la pareja. Se lamentó haber sido tan torpe, pero cuando se trataba de Akane, últimamente todo le salía mal.
Saltó entre las ramas de los árboles del majestuoso parque, buscándola con desesperación, sabía muy bien que Ryoga intentaría algo con su prometida. No tardo en divisarlos, se acercó sigilosamente manteniéndose oculto entre unos arbustos, lo que menos quería, es que la joven se diera cuenta de su presencia.
— ¿Akane? — escuchó a Ryoga hablar con seriedad.
— ¿Qué sucede? — preguntó ella con una sonrisa ingenua, que a Ranma le pareció de lo más adorable. Se odio por permitirle a Ryoga, disfrutar de aquel cautivante gesto.
— Ne-ne…necesito decirte algo — dijo repentinamente armándose de valor. Esto para él joven Saotome, no significaba nada bueno. Ryoga, tomó las manos de Akane entre las suyas, sorprendiéndola en el acto — Yo-yo …t-te…
Un pequeño chorrito de agua cayó cerca del joven Hibiki, haciendo que soltara a la joven Tendo de inmediato. Ranma, sonrió satisfecho; haber desviado uno de los aspersores hacia el joven había funcionado.
— En …en verdad quiero decirte algo — le dijo a la joven mientras comenzaban a alejarse. Ranma, frunció el ceño, esto no sería nada fácil.
Escuchó un maullido detrás de él haciéndolo palidecer, se dio la vuelta de manera temblorosa, topándose con pequeñito minino que lo observaba tiernamente. Retrocedió como pudo, arrastrándose sobre el pasto.
— Ga-ga…gato… — hizo ademanes con las manos intentado asustar al pequeño animalito, pero en vez de eso, este se acercó más a él de forma juguetona. Cuanto más retrocedía, más se le acercaba. Hasta que repentinamente, el pequeño gatito salto colocándose sobre su pecho.
— A-akane, yo…yo — Ryoga, estaba más que decidido a intentarlo de nuevo.
— ¿Ranma? — se preguntó extrañada ignorando a su acompañante. Unos pequeños se habían amontonado a observar la escena que el joven artista marcial estaba dando en esos momentos. Se acercó a ellos, olvidándose por completo del joven Hibiki.
— Ranma, ¿Qué haces aquí? — Preguntó, quitándole de encima al pequeño gatito — ven aquí amiguito — le habló con ternura abrazándolo y acariciándole le cabeza — Tu no le harías daño a nadie — dijo con una sonrisa, entregándolo a uno de los pequeños, los cuales entusiasmados se retiraron.
— ¿Y bien? — pregunto dándole una mirada acusadora a Ranma.
— ¿Solo pasaba por aquí? — dijo no muy convencido.
— Seguro — dijo ella con ironía, colocando sus manos en las caderas — que coincidencia que estés aquí, en el mismo lugar que…
— No seas tonta, no es por ti — la interrumpió poniéndose a la defensiva — solo iba al Uchan.
Akane, hizo un gesto dejándolo solo. Le molestaba en gran manera saber que se dirigía a ver a Ukio — Idiota — murmuro furiosa. Regresó a donde había dejado a Ryoga, pero ya no lo encontró. Al parecer este se había ido, suspiró con pesadez y culpa, seguro su amigo se perdería de nuevo. Pero, ¿cómo dejar solo a Ranma ante su fobia? Simplemente, no podía. Comenzó a caminar resignada, solo quedaba regresar al dojo y esperar a que Ryoga volviera por sí mismo. Si es que volvía.
— Hey — Ranma, intentó llamó su atención dándole alcance — ¿A dónde vas? — Akane no contestó — no me digas, tu cita te dejo plantada.
— No sabes de que hablas — dijo deteniéndolo repentinamente y completamente furiosa — Ryoga no es como tú.
— Claro — dijo mordiéndose su rabia — no lo es — terminó, recordando las veces que P-chan se ha metido a la habitación de la joven.
Akane, apresuró el paso en silencio, ignorándolo. Ranma, pensó que debería solucionar todo, después de todo a eso había ido, no permitiría darle nuevamente una oportunidad a Ryoga ni a nadie más.
— No estaba mal — le dijo haciéndola detenerse con brusquedad.
— No sé de qué me hablas — contradijo ella sin mirarlo.
— Si quitamos el olor a quemado… no sabía nada mal…tenía buen sabor — le dijo acercándose más a ella — el pescado…mmm… pues estaba amargo, pero no me mató — terminó diciendo en tono de burla.
— ¿Hablas en serio? ¿Pero…tu no…? — se giró tan rápido, que se sobresaltó al darse cuenta que tenía al joven demasiado cerca.
— La cocina sobrevivió — ella sonrió, le quedaba más que claro; Ranma, había comido lo que ella había preparado. Su prometido, indirectamente la estaba halagando por su avance en la cuestión culinaria.
Le regaló una sonrisa llena de felicidad, dejándolo hipnotizado. Él, no pudo evitar la tentación de llevar su mano al rostro de ella acariciándolo con ternura. Akane, lo miró intensamente.
Le encantaba verla así de feliz, al fin había logrado ser el quien le diera un momento de alegría. Alejó su mano de ella, dándose cuenta de lo que estaba haciendo, no quería complicar más las cosas, lo mejor para él, sería no tentar a su suerte.
— ¿Nos vamos? — le preguntó sonriéndole feliz. Al fin estaban bien nuevamente.
— Si — contesto ella, caminado a su lado.
La tormenta al fin había pasado.
Pues bien, ustedes dirán que les pareció. como siempre, les agradezco nuevamente por sus comentarios y por la oportunidad que le han dado a esta historia.
Ya sé que todos esperan un beso entre esta terca parejita, pero tal vez Ranm,a pronto se decida a hacer mas que eso, aunque creo que primero Nabiki tendrá que hacer algo más de las suyas ;D
Me despido esperando sigan disfrutando de mis extrañas locuras, espero poder estar actualizando pronto.
Saludos y un gran abrazo.
