.

Semana Jon/Dami
Día 6

.

(Superboy/Robin)


.

.

.

—Da…mian…—suplicó con apenas un hilo de voz. El hijo de Batman, hizo caso omiso a sus palabras y aunque cruel. Su semblante ya no transmitía eso, sino ligeros matices de compasión y bondad.

—Sé que no lo entenderás ahora, pero lo agradecerás después…—desprendió el emblema de Robin de su indumentaria, activó algún dispositivo de rastreo y se lo arrojó a los pies. —Él te encontrará y sabrá que hacer…—con escasas fuerzas logró aferrarse a su capa. Ese maldito cabrón de mierda lo había hecho otra vez. Usar kriptonita para dominarlo, sólo que en esta ocasión no se trataba de él perdiendo el control de sus poderes. Era la puñetera Liga de los Asesinos, su querida madre poniendo un precio a su despreciable cabeza y aunque lo odiaba/admiraba/temía/retaba. Debía reconocer que no lo quería encontrar muerto y desmembrado en la nieve blanca.

—No va a matarme. A pesar de sus patéticos intentos la verdad es que no va a matarme. Ya lo hizo una vez y se arrepintió. No obstante, si te atrapa a ti, te hará algo peor que la muerte y es mi deber "protegerte"

—¿Qué…?—preguntó haciendo acopio de sus ultimas fuerzas, los fragmentos de kriptonita que le colocó estaban sobre su pecho, justo a la altura del corazón y eso dolía y "mataba" como el infierno.

—Regla número uno de Batman, "proteger a los inocentes"

—Yo…no…soy…—cerró los ojos y juraría que sintió la presión de sus labios sobre los propios, se le escapó alguna traicionera lágrima y después…ya no escuchó nada.

.

.

.

Antes de terminar ahí, escondidos en una cueva estrecha, húmeda y helada, los esbirros de su madre los cazaron como animales. Sus poderes estaban funcionando mas o menos bien, no podía volar, pero tenía la super fuerza y velocidad. Damian tenía su arrogancia y ese maldito "poder de mando" le decía qué hacer como a su condenado perro o esclavo. Eran demasiados oponentes para amedrentarlo y después de un rato se separaron. Las armas convencionales no podían lastimarlo a él, era inmune a las balas, puntas de flecha, filo de espadas o lanzas pero Damian no.

Entre más peleaban, resistían y escapaban más se convencía de que el objetivo de esa afrenta era el hijo de Batman y nadie más. Confirmo sus sospechas cuando percibió el eco de sus voces y se consternó. Lo llamaban "heredero" "traidor" "aquel que ensució la sangre y despreció el nombre de R'as al Ghul" Querían matarlo, destrozarlo más no era rompiendo sus huesos y derramando su sangre como pensaban obrarlo. Le arrebatarían todo lo que había "amado" ese seguía siendo su primer y único error. Un heredero a las sombras no debía permitirse sentir amor, compasión, lealtad, devoción.

No, él nació para ser un instrumento e iban a tratarlo como un objeto.

Tan pronto como escuchó eso, su joven amigo/compañero de armas/jugador secundario en el xbox estalló en cólera. Y al igual que su padre, él ignoraba de dónde sacaban los "murciélagos" tal fortaleza interna. Robin desgarró sus ropas, forzó sus huesos, rechinó sus dientes y pulverizó a sus adversarios en una secuencia de movimientos bélicos. La sangre impregnó sus nudillos, su rostro y capa. Él estaba sumamente impresionado y anonadado. Sabía de su estirpe sangrienta, de su senda oscura, de sus habilidades asesinas más nunca antes las había contemplado. Escupió un hilo de sangre a la nieve blanca, limpió su boca con un movimiento aireado y le dijo que dejara de estar parado como un idiota.

Pedirían refuerzos, ese no era mas que el comité de bienvenida.

—Deberíamos…—sugirió él haciendo referencia a llamar a sus padres. Robin lo miró como si fuera menos que un insecto, lo tomó de la mano diestra y comenzó a correr con él a su lado. Estaba agotado, sus habilidades especiales se habían ido al carajo y entonces Damian tuvo la maldita consideración de decir que conocía ese terreno. Entrenó en esas montañas alguna vez de su vida, pensó que estaban abandonadas. Su abuelo ordenó que se dejaran instalaciones, no le servían para nada porque no crecía ahí ni una maldita mierda. Su madre debió opinar lo contrario, adecuar ahí alguno de sus laboratorios secretos. Si de crear vida donde no había nada se trataba ella era la indicada pero estaban hablando de más.

Fue una trampa, lo reconocía ahora, esa llamada de auxilio que respondieron era para traerlos y como fue él quien se obstinó y lo involucró tenía que hacer algo extremo. Le señaló la cueva. No estaba sobre el nivel del piso, se encontraba oculta en la parte interna de un interminable peñasco, al contemplarla en silencio le comentó que cuando la descubrió, no estaba tratando de esconderse sino de "matarse" Se tiró en caída libre a la nada deseando no sentir nada más. Goliath lo salvó y lo metió ahí, pero el peludo enorme no se encontraba en casa. Lo dejaron en su nuevo hogar. Una isla oculta en mitad de la nada, lo visitaban de vez en cuando pues (según palabras de Damian) hasta los "hombres murciélagos" merecen vacacionar.

—Vas a tener que ser tú quien nos lleve hasta allá…—ordenó, montándose en su espalda. Él veía la entrada a la cueva, la caída como de doscientos metros y se preguntó ¿Qué pudo ser tan malo como para buscar salvación tirándote de un peñasco? Sabía que su madre lo odiaba por seguir la senda de la justicia y no la de la venganza. Sin embargo, se le escapaban los detalles y se le terminaba el tiempo para meditar. Más asesinos se acercaban, más hombres que querían destrozarlo. ¿Lo hicieron? ¿De verdad, en algún momento de su vida…?

—¡Deja de pensar idioteces y hazlo ya!

—¡Estoy exhausto! ¡No te di permiso de subirte en mi espalda y además…! No creo que pueda…

—Yo si creo…—se bajó de su espalda con esa maldita sonrisa de superioridad cien por ciento Wayne, pronunció un "¿Te lo pruebo?" y se tiró de nuevo. Él saltó de inmediato, gritando su nombre y pensando que estaba así o más desquiciado. Lo envolvió entre sus brazos, lo llevó al interior de la cueva a salvo. No quería soltarlo, perderlo, dejar que fuera dañado…Ni siquiera se había dado cuenta de que lo seguía abrazando y que además de eso estaba llorando. ¿Cómo podía ser tan desconsiderado con su propia vida? ¡Es más! ¿Cómo podía llamar a eso una vida?

—Eres tan inocente, Johnny boy…—pronunció con excesiva calma y lo siguiente que hizo fue besarlo. Su primer beso y no le supo más que a traición y llanto. Robin colocó el fragmento de kriptonita por adentro de sus ropas y él que pensaba que lo estaba "acariciando" Sintió su influencia de inmediato, las fuerzas abandonando su cuerpo, las nauseas, el mareo. Damian lo recostó sobre la piedra húmeda y aseguró que pronto se acabaría todo esto…

.

¿Acabar…?

¡Él no quería que se acabara nada!

.

.

.

Abrió los ojos y se encontró con la mirada penetrante de Batman. Oculta la kriptonita, Su padre se les unió también.

—¿Esto te lo hizo Damian?—preguntó Superman. Él dio por afirmativa la respuesta e inmediatamente se preocupó.

—¡Caímos en una trampa! Él no sabía que su madre era quien nos llamaba y cuando nos vimos rodeados por asesinos comentó que la regla número uno de Batman, es ponerme a salvo.

—¿Es eso cierto, Bruce? —el murciélago estaba ocupado recuperando el emblema de su hijo del piso, junto con su capa y el antifaz que debería ocultar su identidad. Les dijo que sí. La primera y única orden que jamás debía ignorar, era protegerlo a él.

—¡Entonces, vamos a ayudarlo! —pronunció Clark Kent a punto de emprender el vuelo pero el otro se negó.

—Sería muy peligroso si Thalía lograra ponerle las manos encima a alguno de los dos. Quiere sus poderes, sabrá el infierno para qué, pero lo mejor es que no se acerquen.

—¿Y entonces, qué pasará con tu hijo?—insistió Superman.

—No va a matarlo…—aseguró con convicción.

—No…—corroboró él con amargura en la voz. Convencido de que le haría algo mucho peor. ¿Arrebatarle a los que tenía por amados o arrancarle lo poco que le habían sembrado de humanidad? Palpó la superficie de sus labios con dedos trémulos, sus ojos volvieron a nublarse por el llanto. ¡No dejaría que experimentaran o jugaran con él! Ya había cubierto su cuota de eso. ¡Ya había intentado terminar con todo eso…! ¿Arrebatarse la vida? ¡Ni pensarlo…!

Sus ojos perdieron el color del cielo, sus poderes reaccionaron por reflejo. Si tenía que desaparecer esas montañas con todo lo que tenía para recuperarlo, eso es lo que haría.

Desapareció en el cielo, más rápido que su padre y ni que decir de Batman. Lo encontraría y golpearía hasta la inconsciencia por ser un insensible y arrebatarle de una manera tan cruel su primer beso.

.

.

.


Violette Moore—