A/N: HOOOOOOLAAAAAAAA A MIS ADORADOS LECTORES! De nuevo demoré siglos en actualizar, lo sé u.u Daría mis excusas, pero en realidad no vienen al caso, la universidad me consume y yo misma me canso a mi misma y me estreso y altero y... ¡BUM! Pero buaaaaano, ya esta la conti. De verdad espero que les guste ^^ (aunque el título del capi aún me tenga dudosa...)


Capitulo 05: Experimentando.


(...)

Fuera del departamento de Hiroki se tomó todo el tiempo posible para demorar su llegada a la estación del metro hasta que la hora acordada llegara. Al momento de encontrarse con Maaya partieron recorriendo las calles y finalmente se fueron a un centro comercial donde cenaron juntos. El paseo fue bastante placentero para ambos estudiantes universitarios y acordaron reunirse otra vez durante la semana. Parecía un buen plan y, aunque iban algo rápido para el gusto de Misaki, la diversión que tuvieron lo distrajo de sus sentimientos relacionados con el otro castaño. Maaya era una muchacha encantadora y muy cariñosa, sabía hacerse querer y regalonear, lo hacía reír e impresionaba constantemente.

La muchacha cumplía con sus gustos. Era bien femenina, tenía un agradable cuerpo y un dulce aroma, (exactamente del gusto general de un heterosexual), era agradable, muy tierna y cuando hablaba con él lo escuchaba atentamente. Una personalidad compatible con la suya. También es muy cariñosa y directa con lo que piensa y siente… justo como cierto conejo que lo había mal acostumbrado. Al menos era una mujer, ya con eso le bastaba y, según él, lo volvía a convertir un muchacho normal, uno común y corriente.

Al final de la cita, la acompañó hasta su casa y después de despedirla en la puerta se devolvió a la propia. El reloj marcaba las siete, era temprano, pero ambos ya estaban agotados y los padres de la muchacha no dejaban de llamarla preocupados porque no llegara tan tarde.

Una vez devuelta encontró a Kamijou, revisando unos papeles, en su estudio. La habitación, llena de libreros y libros que los sobre poblaban, se hallaba a un lado de su habitación, era sorprendente como a veces Hiroki se quedaba trabajando la noche entera en su escritorio que, de por si era grande, pero que la enorme población de libros lo reducía a un espacio de trabajo de aproximadamente sesenta por treinta centímetros. Cada vez que Misaki ordenaba la casa terminaba armando montañas de libros y los acumulaba a un lado donde no estorbaran en el paso, pero con las compras nuevas del literato y el constante uso que les hallaba, todo volvía al caos en tan solo dos días. Tocando la puerta lo saludó.

- Ya volví –se anunció. Una vez que Hiroki le devolvió el saludo e invitó a pasar, preguntó a un lado suyo-. ¿Qué haces?

- Veo los planos de los departamentos que Shinoda-san encontró para mí. Hay algunos que me gustaron bastante, pero necesito tu opinión, asique toma –le pasó el montón-, revísalos y dime cuales te interesan. Ah, y por cierto, ¿ya pensaste un día para hacer los recorridos? –se sacó los lentes mirándolo desde su silla giratoria.

Se puso a pensar por un momento y después de unos cuantos segundos respondió.

- ¿Qué tal pasado mañana? Ya no es hora para andar llamando a Shinoda-san y al menos por ahora no tengo nada en ese día.

- Me parece, entonces lo llamo de inmediato. Esa es una de las ventajas de conocerlo de hace años –comentó buscando en su escritorio la tarjeta con el número del vendedor de bienes raíces.

Molesto con esas palabras se atrevió a preguntar lo mismo que preguntó cuando Hiroki estaba ebrio.

- ¿Se conocen de hace mucho?

- Más o menos, lo conocí cuando estaba en mis primeros años de universidad, él ya estaba trabajando en esto asique primero me intentó vender una casa y luego terminamos saliendo de vez en cuando a tomar. Ah, pero no nos creas muy amigos. Mantuvimos contacto sólo porque cada cierto tiempo me cambio de lugar. Cuando lo conocí, vivía en un pequeño departamento para una persona, pero que rápidamente se llenó de libros; fue gracias a él que me conseguí un buen lugar más grande y así fue como nos mantuvimos en contacto. Pero más allá de eso y un par de copas no fuimos nada más. Ahora que lo pienso, no lo habría llamado si no fuera porque una de las piezas fue invadida por cierto muchacho –comentó ordenando otros papeles y dejándolos aparte.

- Yo, lamento eso… -bajó la mirada escondiendo su mueca de molestia mientras en su cabeza gritaba "¿Con que no son muy amigos, eh? ¡Já! Sólo eran sex friends, nada importante. Mentiroso. Kamijou-san, usted sólo es honesto cuando está ebrio…"

Su casero se levantó de su asiento a despeinarle los cabellos, sorprendiéndolo, antes de dirigirse a la salida de la habitación.

- Descuida, tarde o temprano lo iba a hacer de todos modos. ¿Comiste algo?, ya es hora de cenar.

- Sí, pero aún tengo hambre. Le ayudo a preparar algo… -dijo siguiéndolo de cerca levemente sonrojado.

Su corazón latía tan fuerte que no entendía qué era lo que Kamijou-san producía en él, lo desesperaba y hacía enojar, pero de un momento a otro lo volvía tan dócil. "Es como si estuviera enamorado… aunque eso no es posible, yo soy un muchacho normal, común y corriente. Él sólo es mi casero, un hombre y amigo de mi ex…"

- No te preocupes, recuerda que quedaron las sobras del almuerzo. Metamos eso al microondas no más.

Con esa idea en mente se fueron a la cocina y mientras esperaban que el aparato calentara sus porciones uno se puso a mirar los papeles de los departamentos y otro a hacer la llamada al vendedor. En medio de su conversación Hiroki se volteó a mirar a Misaki y preguntarle mientras sostenía el teléfono.

- Shinoda-san dice que mañana tiene libre, ¿te parece si mejor salimos mañana o tienes otros planes?

Lo pensó un momento buscando una excusa, pero no se le ocurrió nada.

- No, vamos mañana entonces.

Hiroki asintió y volvió al teléfono. El muchacho le miraba fijamente, atento a sus expresiones, sus gestos, sus palabras, todo lo que hacía mientras conversaba con Shinoda. Aún no quería asumir porqué le molestaba tanto ese hombre, pero se conformaba con que no le cayera bien su presencia, si lo pensaba mucho se hallaría en problemas. El microondas lo distrajo y una vez con los platos en mano llamó a Hiroki para que fuera a comer.

Con un "hasta mañana" se despidió de Shinoda y colgó sentándose a la mesa, haciéndole compañía al muchacho. Distraídamente tomó uno de los papeles de la mesa mirándolo mientras le explicaba lo que harían al día siguiente y luego se lo devolvió preguntando.

- ¿Y, cómo te fue hoy? –esperó a que el muchacho respondiera, pero con tan solo un leve movimiento de cabeza de este se vio en la necesidad de explicarse- Me dijiste que hoy te ibas a juntar con una amiga, ¿cómo te fue, se divirtieron?

- Ah, se refería a eso. Pues muy bien, me divertí mucho con Maaya.

- Asique se llama Maaya, cuéntame, ¿qué hicieron?

- Bueno, paseamos por el centro y luego nos fuimos al centro comercial ya que ahí hay un pequeño parque de diversiones…

Empezó a contarle divertido, recordando y dejándose llevar un poco por la emoción. Empezó a detallar algunos momentos como el que tuvieron en la pista de patinaje en hielo donde ninguno de los dos sabía pararse, pero a pesar de las caídas se divirtieron un montón. Siguió hablando de una pequeña montaña rusa, algo de unos dulces, unas maquinitas, un tiro al blanco con premios, pero para ese punto ya iba muy rápido para que el profesor entendiera todo lo que le estaba contando.

- Vaya –lo interrumpió de repente-, parece que de verdad te divertiste. Ya era hora que te relajaras un poco –dejó el servicio que usó sobre su plato ya vacío y lo miró-. Me preocupaba que después de Akihiko no avanzaras con tu vida, pero veo que te las estas arreglando bien.

Aunque el profesor no lo reconociera, después del semestre que estuvo viviendo con Misaki se desarrolló un pequeño espacio en su corazón sensible a el. Tal vez sentía que tenia algo en común con él, tal vez el que ambos hayan amado al famoso escritor los unía de alguna manera en su corazón y le hacía sentir empatía.

El muchacho se mostró desconcertado con sus palabras, Hiroki al fin había dicho algo acorde con sus delirios de ebriedad. Antes ya le había hecho comentarios así, pero esta era la primera vez que lo hacía de verdad. Tomó su vaso con jugo y bebió de el, sonreído y orgulloso de si mismo. Al parecer no todo era tan malo. Se preparó en agradecerle, pero el mayor siguió.

- Pero cuéntame, ¿cómo conociste a esta muchacha?

- Ah, bueno… Pues fue ayer, cuando salí con unos amigos, ellos invitaron a unas chicas de la facultad de pedagogía.

- ¿En serio?, ¿y también son de Mitsuhashi o de otra universidad?

- Son de Mitsuhashi.

- Oh, que cómodo, están prácticamente a la vuelta de la esquina entonces. ¿Pero hoy salieron sólo los dos?

- ¡Sí! –respondió con una enorme sonrisa- Ahora que tuve la oportunidad de conocerla mejor puedo atreverme a pensar que somos compatibles, ella es muy linda y tierna. Siento que si seguimos así podremos llegar a algo más.

Después de esa frase, ambos cayeron en el silencio, el primero esperando la reacción del otro mientras portaba una alegre e ilusionada expresión en el rostro, y el segundo pensando en qué decir… o más bien cómo.

- ¿No te estarás haciendo falsas ilusiones, Takahashi? –preguntó sin hallar tono ni palabras más suaves con las cuales expresarse. Aunque su intención no fuera ofenderlo mantuvo una expresión seria y casi de reproche.

- ¿A qué se refiere, Kamijou-san?

- Me refiero a que… ¿No te parece que es muy pronto para decir que pueden llegar a algo más?, recién se están conociendo y ella puede estar simplemente considerándote como un amigo. Puede que apenas lleguen a ser conocidos. Dale tiempo al tiempo, ya que después puedes volver a desilusionarte. Es mejor estar seguros…

- ¿Y desde cuando a usted le importa con quien me ilusione? –preguntó con desafío en la voz, evidentemente molesto con la actitud de su casero.

La actitud que el muchacho osaba portar en ese momento fue inesperada y muy molesta para Hiroki, quien de inmediato se enderezó en su asiento demostrando autoridad. Con seriedad lo miró dispuesto a bajarle los humos y recordarle con quién estaba, aún así intentó controlar sus palabras y no sonar muy duro.

- Si te lo digo es porque algo sé del tema y…

- ¿En serio –lo interrumpió-, me puedes entonces hacer una cátedra?, estoy muy ansioso por saber lo que usted sabe, sensei –dijo sarcásticamente-. ¿Está acaso saliendo con alguien ahora?

- No te pongas grosero, muchacho, al parecer ya olvidaste con quien estas hablando. Además, esté o no saliendo con alguien no es asunto tuyo.

- Y del mismo modo, con quien yo me ilusione y con quien no tampoco es asunto suyo. ¿No puede simplemente felicitarme?, ya superé a Usami-san, listo, terminó el tema.

- ¿Y crees que con eso basta? Escúchame muchacho, antes que nada, desde que tu relación con Akihiko terminó empezaste a vivir conmigo, ergo, ahora vives bajo mis reglas y lo mínimo que tienes que hacer es guardar respeto hacia a mi, no aceptaré que te pongas grosero sólo porque te dio la gana. Y por si no lo sabías, desde el momento en el que te estuve consolando me diste el permiso para meterme y opinar lo que me venga en gana. Así que sí, también es asunto mío con quien te ilusiones, porque después soy yo el que tiene que soportarte con todos tus dramas amorosos. ¿Quieres que no opine?, entonces no me des tema, mocoso, que no voy a soportar que me vuelvas a desafiar de esta manera, ¿entendido?

El silencio y el desafío en sus miradas se mantuvo por un largo rato, la agradable conversación con la que empezaron se agrió de un momento para otro y lo único que quería hacer cada uno era irse sin volver a dirigirse ni en una palabra más por el resto del día. Al final fue Hiroki a quien primero se le acabó la paciencia y levantó de la mesa.

- Acuérdate que mañana salimos a mirar departamentos –y así se fue a su habitación recibiendo en su espalda el silencio del muchacho.

Ni el cantar de los pájaros se escuchó por el resto del día y la mañana siguiente repitió ese molesto ambiente. Hiroki seguía molesto, pero como todo adulto intentó no hacerlo evidente y así evitarse discusiones estúpidas antes de salir con Shinoda. En cambio, Misaki seguía molesto, no le gustó para nada escuchar de Hiroki la realidad. El sólo quería evitarse confusiones y lo que obtuvo a cambio fueron unas nuevas para agregar a la lista, más complicado no podía estar.

Finalmente Shinoda llegó conduciendo un mercedes plateado que tenia a ambos lados el logo de la empresa de bienes raíces donde trabaja. Con una sonrisa llamó a Hiroki y Misaki que ya lo estaban esperando a la salida del edificio de departamentos donde vivían, aunque esa suave sonrisa, dedicada principalmente a hacer negocios, cambió a una que cargaba un toque de travesura, no le tomó mucho tiempo notar el mal humor de ambos castaños y hasta ya estaba planeando como molestarlos.

Durante el viaje les habló de los lugares que iban a visitar, dónde se ubicaban, la vista que proporcionaban y las comodidades que les ofrecían, cada uno claro, según las exigencias de su cliente gruñón. Cada respuesta que le daba Hiroki con respecto a cada lugar que mencionaba le indicaba que de él no podría sacar mucho con qué molestarlo. Se conocían de hace tanto tiempo que ya Hiroki sabía hacerse entender cuando había algo de lo que en verdad no quería hablar y Shinoda ya sabía captarlo, pero el pobre estudiante universitario no, de el al menos podría obtener algo con qué divertirse durante el día.

Hiroki y Misaki a penas se dirigían unas pocas palabras mientras miraban los departamentos, casi todas sus "grandes" interacciones fueron basadas en monosílabos. A mitad del paseo Hiroki se adelantó de ambos revisando las habitaciones que estaba pensando le servirían de estudio mientras Misaki se iba a la cocina a revisar que tan cómoda era, Shinoda lo siguió de cerca.

- ¿Todo bien en el paraíso? –preguntó cruzándose de brazos y apoyándose en el umbral de la puerta.

- ¿A qué se refiere, Shinoda-san? –preguntó Misaki sin mirarlo en un evidente intento de no mostrarle lo incomodo que le fue la pregunta, cosa que ensanchó la sonrisa del vendedor.

- Me refiero a tu relación con Kamijou-kun, obviamente –dijo como si fuera la cosa más común del mundo.

Misaki se volteó colorado por sus palabras. Primer punto anotado para Shinoda.

- ¿De qué relación me habla? –preguntó tartamudo-, Kamijou-san y yo no tenemos ningún tipo de relación.

- Oh, ¿en serio?, pensé que estaban en una relación de casero-inquilino.

- ¡Ah!, bueno… sí, se podría decir que esa es la relación que tenemos… -respondió mirando al suelo pensando en lo ridículo que fue al involucrar la palabra "amorosa" junto a "relación". Segundo punto para Shinoda; quien rió de buena gana al descubrir que tan fácil sería llenar el marcador.

- ¿No me digas? Al final si pasó algo entre ustedes la otra noche –volvió a reír-, y pensar que cuando te di esa advertencia estaba bromeando, pensé que tú ya te habías dado cuenta, digo, por la respuesta que me diste…

- ¿Eso?, ¿qué?, pero… pero nada pasó, ¡lo juro! –casi gritó intentando no pensar nada malo.

- ¿"Nada pasó" sobre qué? –preguntó Hiroki parándose detrás de Shinoda y mirando casi con reproche a Misaki, luego mirando al vendedor y preguntó- ¿de qué hablaban?

Shinoda sólo se rio más fuerte que antes y pasó un brazo sobre el hombro de Hiroki.

- Oh, nada en especial, sólo hablábamos de cómo te portabas una vez te embriagabas –respondió con simpleza; habrá Hiroki arruinado sus planes de molestar al joven castaño, pero no por eso se evitaría molestarlo a cambio con un tema viejo entre ambos, pero que nunca cambiaba en reacciones.

Hiroki, sonrojado, se quitó de un tirón el brazo de Shinoda y le gritó.

- ¿Por qué siempre sacas ese tema? ¿Qué mentiras le estuviste contando a Takahashi?

Lo miraba con reproche y de reojo intentaba leer la mente del muchacho, a ver si Shinoda había hablado de más. El vendedor sólo le sonreía, casi con una expresión cómplice, mientras su inquilino lo miraba con cierta molestia que lograba incomodarlo.

- ¿Yo, mintiendo? Que cruel eres, Kamijou-kun, yo nunca te he mentido antes, no deberías dudar así de un amigo.

- Ah, no, nunca. ¿Quieres que te recuerde acaso de lo que pasó años atrás en el bar que frecuentábamos? –preguntó cruzándose de brazos.

- Pero si yo nunca te mentí, fuiste tú el que no preguntó antes, y eso que no lo estaba escondiendo –levantó sus manos haciéndose el inocente.

Ambos adultos continuaron con su "animada" charla mientras Misaki los miraba fijamente en silencio. La molestia se podía leer en sus ojos con tal seguridad que Shinoda no pudo evitar aprovecharse de eso para seguir divirtiéndose a sus expensas.

- Lo siento, Takahashi-kun, Kamijou-kun y yo nos dejamos llevar por nuestros recuerdos y te sacamos de la conversación. ¿Quieres que te cuente qué sucedió entre nosotros?

- ¿Cuántas veces debo decirte que no me digas "Kamijou-kun"?, ya no soy un mocoso -se quejó Hiroki intentando desviar el tema. Molesto suspiró y ordenó-. Terminemos de una vez el recorrido que ya me estoy cansando –y se fue hacia la puerta de entrada apurando con un gesto a los otros dos hombres.

Shinoda sólo sonrió, le estaba gustando como se desarrollaban las cosas cuando hablaba, y lo mejor de todo para él, era ver la cara de frustración y molestia en el rostro del joven de ojos verdes. Las miradas de ambos se cruzaron, una llena de travesura y otra llena de desprecio, obteniendo como resultado una increíble carcajada del adulto.

- Vámonos, Takahashi-kun –dijo intentando contenerse un poco-, nuestro querido Kamijou-kun se está aburriendo, ay, lo siento, olvidé que para ti es sólo tu casero. No importa, así es mejor, más Kamijou-kun para mí –guiñó el ojo y le dio la espalda.

En ese momento Misaki creyó comprender por completo las intenciones de Shinoda con Hiroki y definitivamente no lo iba a permitir, primero tendría que enfrentarse a él antes de intentar hacer algún movimiento con su casero. Porque… sólo eso eran, ¿no? Hiroki su casero y él su inquilino, nada más, era obvio que lo "cuidara" de gente sospechosa. Fue al final por esa decisión que se quedó al lado de Hiroki durante lo que quedara del recorrido, casi llegándose a parar impertinentemente entre ambos adultos cuando estos conversaban cosas serias del departamento en cuestión.

El literato lo miraba atentamente, intentando entender qué le sucedía. Aún recordaba la discusión del día anterior, una cosa es que no hiciera pelea frente a Shinoda y otra era que lo hubiera olvidado. Juraría que el muchacho lo iba a ignorar durante toda la salida, pero a mitad de ella casi se le pegó como chicle. Varias veces miró a Shinoda sospechando de su culpabilidad e intentaba descifrar los planes que escondía detrás de esa mentirosa sonrisa que tan bien conocía.

Entre departamento y departamento, Shinoda le contaba a ambos castaños, aparte de los beneficios de cada lugar, sobre un exquisito restaurante del centro al cual le encantaría ir en cuanto terminaran a almorzar. Habló con emoción de la exquisita comida y fina decoración del local, hasta les mencionó de lo preocupado que eran con los modales y vestimenta de los meseros. Se emocionaba demasiado con sólo recordarlo.

Desafortunadamente, cuando terminaron su recorrido, se habían pasado de la hora del almuerzo y Shinoda tenía otro compromiso al cual no podía llegar tarde. Misaki pensó que con eso ya no se vería molestado por su actitud y hasta casi celebró cuando el vendedor lamentó su "desgracia" mirando su reloj; lo que no contó sería que los fuera a dejar frente al restaurante de todas formas con la excusa de que "si o si tienen que conocerlo" y la manera de la cual se despidió de Hiroki.

Una vez detuvo el auto frente al restaurante, se bajó con ellos encaminándolos hacia la entrada deteniéndose a unos cinco metros de las puertas. Extendió los brazos hacia Hiroki y lo envolvió en un fuerte y muy apretado abrazo tomándose unos segundos, demasiado largos para el gusto de ambos castaños, para besar su mejilla y con una últimas palmadas en los hombros se despidió de él recordándole que lo llamaría durante la semana para conversar sobre los departamentos y tomar una decisión, de paso además, ir a un bar para "recordar los buenos tiempos juntos". Justo después de esa atrevida despedida, que obviamente tuvo como respuesta un fuerte sonrojo y un par de golpes provenientes de Hiroki, se dirigió a Misaki cambiando su muy amigable (y coqueta a los ojos del estudiante) sonrisa, a una llena de desafío y exceso de confianza en sí mismo, para estrechar sus manos. El apretón que se dieron fue uno firme, cada uno demostrando su seguridad con respecto al silencioso desafío que sus ojos dictaban. Shinoda, después de sacudir brevemente la mano de Misaki y sin soltarlo, lo acercó a su cuerpo de un tirón y se despidió en un muy masculino abrazo reafirmando su fuerte postura al darle unas firmes palmadas en la espalda y susurrando en su oído un grave "suerte".

Al irse de vuelta a su vehículo volteó a sacudir efusivamente su mano y desaparecer del cuadro, por el día al menos.

(...)


A/N: ¿Y?, ¿qué les pareció la conti? ¿valió la pena la espera? De verdad, de verdad, de verdad, de verdad que espero que si. Cualquier duda o corrección diganme sin timidez ;) yo leo ^^

PD: ¿Soy sólo yo o Shinoda-san es tan simpático? A mi me encanta xD Su misión en este fic es hacer que las emociones y sentimientos de Misaki se expresen con sinceridad xD