Gracias por leer y por vuestros comentarios. Me sorprende que tras tantos días sin actualizar, continuéis leyéndome.

CAPITULO 6.

Kate paró el coche frente al portal de Castle y le miró sonriendo.

- ¿Irás? – preguntó desviando la mirada temerosa de su respuesta.

- Hoy iré… Pero no puedo prometerte que…

- Tienes que escribir… - sentenció ella.

- Sí… Pero intentaré hablar con Gina y ampliar un poco el plazo hasta que…

- Castle… No tienes que…

- Un par de meses, hasta que estés adaptada… Espero que Gina me dé ese tiempo…

Kate le miró esbozando una media sonrisa.

- Creo que necesitaré el resto de mi vida para poder adaptarme a esto – dijo poniendo una mano sobre su propio vientre.

Castle sonrió. Abrió la boca y la cerró un segundo después. Su intención habría sido decir que pasaría esa vida con ella ayudando a que se adaptase, adaptándose juntos. Pero no se atrevió a hacerlo. Quizá en algún momento… En otro momento.

- Será mejor que bajes – le dijo Kate – no quiero parecer maleducada pero llegaré tarde…

- ¡Claro! Lo siento, no me di cuenta – dijo mientras abría la puerta del coche y comenzaba a salir.

- Castle…

- Dime.

- Gracias.

- No tienes que darlas Kate, para algo están los amigos… - dijo inclinándose, dejando un beso sobre la mejilla de ella y cerrando la puerta del coche.

Kate le miró la espalda mientras caminaba hasta su portal, viendo como él se paraba para saludar a una atractiva mujer que salía del mismo y comenzaba una conversación con ella.

- Sí. Para eso están los amigos – dijo amargamente mientras retiraba la mano de su mejilla, donde segundos antes él la había besado y se incorporaba al tráfico – un amigo, eso es lo que somos, amigos...

No quiso pensar en nada más que en la sensación vivida junto a él durante las últimas horas. Quizá en algún momento se atrevería a decirle lo que verdaderamente sentía por él y que desde luego, no era amistad… Pero por ahora se conformaría con eso.

Kate aparcó frente al edificio de la doce, en el aparcamiento destinado para coches oficiales. Se inclinó hacia atrás para recoger su maletín del asiento trasero y salió del coche.

- Buenos días detective – dijo Lanie a su espalda.

- ¡Dios Lanie! ¡Vas a matarme de un susto! ¿Estabas esperándome?

- Llego tarde chica, y por lo que veo a ti también se te han pegado las sábanas… Aunque veo menos ojeras en tu cara…

- Sí – sonrió Kate.

- Me haces un escueto resumen antes de entrar o en quince minutos te llamo para que vayas a revisar algún dato…

- Sí, Lanie. Se lo dije – admitió mientras comenzaba a cruzar la estrecha calle - ¿Contenta?

- ¿Se lo dijiste? – exclamó Lanie quedándose parada en mitad del asfalto - ¿Todo?

- ¡Lanie por favor! Llego tarde y no es el momento…

- Pienso llamarte en cinco minutos – dijo la forense acelerando el paso hasta ponerse a la altura de su amiga.

- Lanie…

- ¡Necesito saberlo!

- Está bien…

Se despidieron en la entrada de comisaría, Kate pulsó el botón del ascensor y Lanie desapareció por las escaleras todo lo rápido que sus tacones le permitían. Kate sonrió pensando en Lanie con su bebé en brazos. Sería una tía estupenda. La mejor que podía tener su pequeño... O su pequeña...

Las puertas del ascensor se abrieron y Kate salió del mismo.

- ¡Hola jefa! – saludó Kevin tendiendo hacía ella una bandeja con galletas mientras intentaba esquivar el brazo de Espo para que no lograse hacerse con una – Las ha hecho Jenny.

- Gracias Kevin – contestó ella cogiendo una.

- ¿No has desayunado hoy? – protestó Espo – Tú nunca quieres comer nada.

- Pues hoy si. ¿Te molesta Javi? – contestó Kate retándole y cogiendo otra galleta.

- ¡Oye! No es justo. Esas galletas están buenísimas y has cogido dos.

Kate le enseñó la lengua y dio un mordisco a una de las galletas mientras se quitaba la cazadora y la ponía en el respaldo de su silla. Suspiró. Ese era su día a día y lo adoraba. No podría vivir de otra manera.

No habían pasado ni cinco minutos cuando el teléfono de la mesa de Kate comenzó a sonar. La detective sonrió al ver quien llamaba.

- Buenos días Lanie. Cuanto tiempo sin saber de ti.

- Creo que tienes que bajar a revisar un viejo informe – contestó al otro lado la forense.

- Está bien… Dame unos minutos.

- No tardes.

- ¿Quieres un café? – preguntó Espo.

- Hem… No. No gracias, Lanie quiere que revise unos datos y creo que lo tomaré mejor allí.

- Como quieras – contestó extrañado el detective, pues la máquina de café que había en homicidios era mil veces mejor que la de la morgue.

Por un instante Kate cayó en la cuenta que a partir de ese momento tendría que rechazar todos los cafés que le ofreciesen, su ginecóloga había sido clara, nada de cafeína. Quizá podría inventar algo sobre los efectos nocivos de la cafeína en la recuperación de su herida tras el tiroteo. Le preguntaría a Lanie…

Castle abrió la puerta de su casa con la mirada perdida y una sonrisa imborrable en su cara.

- Buenos días, querido.

- Hola madre. ¿Qué haces desayunando tan temprano?

- Uno de mis alumnos tiene su primer casting y me ha pedido que le acompañe – contestó Martha escudriñando la cara de su hijo.

- Bien…

- ¿Quieres café?

- No. No. Creo que voy… Voy a ducharme.

- ¿Richard?

- ¿Si?

- Alexis me dijo anoche que te quedabas a dormir en casa de Katherine porque no se encontraba bien… ¿Ocurre algo? ¿Es su herida?

- No. No. Todo está bien.

- Querido…

- Ella… Ella está bien, tan sólo tuvo un bajón y necesitaba un amigo – dijo dirigiéndose a su habitación.

- ¿Un amigo? Vamos Richard, no veía esa cara de felicidad desde hace meses. ¿Por fin os habéis decidido y hay algo entre vosotros dos?

Castle se paró en seco girándose despacio mientras miraba al suelo. Martha no dijo nada, intuyendo que su hijo iba a sincerarse con ella.

- Madre… - dijo casi en un susurro mientras se acercaba despacio a ella – Esto no debe saberlo nadie

- Tienes mi palabra – Martha levantó su mano libre en señal de juramento.

- ¿Alexis? – preguntó señalando con los ojos al piso superior.

- Se ha marchado hace un rato.

Castle suspiró y tomó aire.

- Kate necesitaba mi ayuda, ella está sola y…

- ¿Sola? – inquirió Martha extrañada - ¿Desde cuando es un problema para Katherine estar sola?

Richard bufó intentando recomponerse y poder continuar.

- Madre, Kate está embarazada.

Martha abrió los ojos todo lo que era capaz de hacer y dejó caer su mandíbula.

- Y… No… Si tu siguiente pregunta es si es mío, bien sabes que eso es imposible.

- ¿Josh? – Castle asintió - ¿Pero no me habías dicho que lo habían dejado?

- Si. De hecho Josh está en África. Pero por lo visto antes de irse hizo los deberes.

- Dios mío, pobre muchacha… - Castle asintió - ¿Y qué piensa hacer?

- Seguir adelante sin que él lo sepa.

- Eso sólo le traerá problemas.

Richard la miró sonriendo.

- Supongo que eso lo dices por experiencia propia.

- ¡No digas tonterías!

- Y supongo además, que algún día te dignarás a decirme quién es mi padre.

- Eran otros tiempos – contestó Martha ignorando el comentario - ahora, con tanta comunicación es sencillo seguir la pista a alguien y será fácil que Josh acabe por saberlo y reclame su custodia. Y no creo que ser detective de homicidios poniendo su vida en peligro cada día y con horarios imprevisibles juegue mucho a su favor ante el juez si Josh decide demandar.

- Cuando llegue ese momento, si es que llega, yo estaré ahí para equilibrar la balanza.

- ¿Me quieres decir como vas a hacerlo? – preguntó Martha algo enfadada.

- No lo sé madre… De momento, estaré ahí siempre que ella me necesite.

- ¿Eso es lo que hiciste anoche?

- Sí.

- ¡Oh vamos Richard! ¿Crees que puedes ayudar metiéndote en su cama aprovechándote de la situación?

- No es lo que piensas.

- ¿No? ¿Sabes cuanto tiempo hace que no sonríes? ¿Me vas a decir que no te has metido en su cama? Querido, te delatas solo.

- No me he metido en su cama – protestó Castle – al menos no como tu piensas.

Martha le miró en silencio por unos segundos sabiendo que su hijo no estaba mintiendo.

- ¿Entonces?

- No voy a aprovecharme de la situación – aseguró – aunque confieso que ahora mismo, no hay nada en este mundo que quiera hacer más, que pedirle matrimonio e inscribir en el registro a ese niño como mío. Pero… Ni siquiera he podido repetir lo que le dije el día del funeral…

- Querido…

- Y quiero respetarla. No quiero que crea que es un juego para mí. No lo es madre. La quiero, y me da igual si ese niño es hijo de Josh o de su vecino, lo importante es que es de ella, y con eso me basta.

- Hijo… - Castle levantó una mano para impedir que su madre le interrumpiese.

- Sé lo que vas a decirme, supongo que yo pensaría igual si Alexis me confesase algo así, pero la realidad, la gran realidad es que cuando ella se quedó dormida anoche entre mis brazos, sentí algo que no había sentido en mi vida.

Martha le asintió, con los ojos acuosos emocionada.

- Puede que creas que es otra de las decisiones menos acertadas de mi vida, después de irme a vivir con Meredith, dejarla embarazada y todo lo que pasó con ella, o dejar que Gina no firmase un acuerdo prenupcial y se quedase con gran parte de mi dinero… Pero creo que esta vez es la definitiva… Puedo sentirlo aquí – dijo poniéndose la mano derecha sobre el corazón – y nunca lo había sentido así…

Castle guardó silencio.

- Querido… ¿A qué esperas para decirle a ella lo que me has contado a mí?

Castle negó con la cabeza.

- ¿Y si ella me rechaza? ¿Y si piensa que es una excusa para colarme en su cama y luego desaparecer?

Martha asintió.

- Bien hijo… Sin prisa – le dijo Martha poniéndole una mano en el brazo y mirándole con afecto – pero sin pausa. No dejes que se te escape cariño.

Castle puso su mano sobre la de su madre, sonriéndola e inclinándose para darle un beso en la mejilla.

- Tengo que irme – informó Martha

Castle la siguió con la mirada mientras se alejaba hacia la puerta.

- Y… ¿Querido?

- Dime madre… - medio protestó.

- Quiero estar al día de tus avances.

- ¡Cotilla! – contestó riendo - ¡Vete o llegarás tarde!

Martha le dio la espalda mientras le decía adiós con los dedos. Castle sonreía como un niño. Para él siempre había sido importante la opinión de Martha, y aunque en otras ocasiones no había hecho ni caso a sus consejos en temas amorosos, reconocía que ella siempre supo ver en sus exmujeres lo que él no veía. Su cara de pronto se ensombreció. Alexis. ¿Sabría encajarlo? Seguro que sí. Era una chica inteligente y nunca había puesto pegas a sus relaciones. Aunque… ¿Un hermano? Y además sin ser técnicamente su hermano… Bueno, lo pensaría en otro momento, más adelante, cuando todo estuviese atado.

Movió la cabeza y se apresuró a tomar una ducha. Quería estar cuanto antes en comisaría.

Kate empujó la puerta del laboratorio de Lanie.

- ¡Lanie! – exclamó al no ver a su amiga.

- Ya estoy aquí – dijo la forense con una taza en una mano y un plato con fruta troceada en la otra – esto es para ti – dijo mientras le entregaba la fruta.

- ¡No puedo comer más!

- ¿Más? ¿Has desayunado bien hoy? – preguntó la forense ladeando su cabeza mientras dejaba la taza y el plato sobre una mesa junto a ellas.

- Castle me obligó a desayunar.

- ¡Vale, vale, vale! – dijo la morena levantando una mano – Por el principio por favor…

Kate la miró sonriendo.

- ¿Quieres empezar? Chica me vas a matar.

- Se presentó en casa, con comida china… Me había llamado y dijo que mi voz no le sonaba bien.

- Que encanto… Continua – dijo haciendo un movimiento de su mano - esa parte ya me la sé, me lo dijiste cuando te llame anoche.

- Sí. Sí… Cuando terminé de hablar contigo comenzó a comportarse raro, pensé que nos habría oído y se marchó.

- ¿Nos había oído? – preguntó Lanie confusa.

- No… Aún peor… Leyó el informe de Laureen, lo había dejado sobre la cocina y no me di cuenta.

- ¡Vaya! ¿Te dijo algo?

- No. Se marchó diciendo que era tarde y yo debía de estar cansada.

- ¿Y cómo te ha preparado el desayuno?

- Volvió.

Lanie movió su cabeza sorprendida.

- Veinte minutos más tarde – continuó Kate – y se lo dije…

- ¿Así? ¿De sopetón? – Kate asintió.

- Entonces me enseñó lo que traía: comida sana para mi desayuno y las vitaminas que me recetó Laureen.

- ¡Claro! ¡Había leído el informe!

- Y se fue directo a comprar…

Kate guardó silencio sonriendo y mirando a un punto del suelo.

- ¿Cariño? – inquirió la morena.

Kate salió de su ensoñación y miró a su amiga.

- ¿Me quieres explicar cómo acabó Castle obligándote a desayunar?

- Le pedí que se quedase a dormir – dijo sin importancia.

- Claro… Le pediste que se quedase a dormir – dijo con ironía Lanie - ¿Lo has hecho otras veces?

- ¡Pues claro que no!

- ¿Quieres explicarme como de repente hiciste eso? ¿Tres años esquivándole y de repente le pides que se quede a dormir contigo?

- Lanie, esta situación… Puede conmigo… Me sentí tan bien confesándoselo… Me prometió ayudar en todo… Necesitaba tenerle a mi lado, me tranquiliza…

- ¿Te ayudó a dormir? – preguntó con picardía Lanie.

- Sólo fue eso Lanie, tan sólo dormimos.

- ¿Os besasteis al menos?

- ¡No!

- Pues no se a qué esperas.

- No.

Lanie comprobó como cambiaba la cara de su amiga. Puso su mano sobre el hombro de ella.

- ¿Por qué tienes miedo?

- No quiero que huya pensando que tan sólo busco un padre para… - dijo tocándose la tripa.

- Ya empezamos con eso de nuevo. Cuanto más tiempo dejes pasar sin decirle que te acuerdas…

- No puedo ahora Lanie… Anoche… Anoche fue tan increíble, creo que no dormía tan bien desde antes de que muriese Montgomery.

- Creo que te equivocas Kate. Creo que cuando se lo digas volverás a recuperar el sueño…

Kate se limpió con el dedo índice una pequeña gota de su lagrimal.

- Por ahora creo que será mejor así – contestó pensando en la rubia del portal de Castle.

- Vale… Dejaré que lo tomes sin prisa… Pero sin pausa… Y por supuesto quiero estar al día de tus avances…

- Pero… ¿Serás cotilla?

- Sí – afirmó Lanie riendo – pero eso es algo que tú ya sabes…

- Debería volver arriba.

- ¿Comemos juntas?

- Ehm… Pues…

- ¡Vale!... ¿Comemos juntas si no lo haces con Castle?

- Hecho.

Minutos más tarde, Kate, sentada en su silla levantó la mirada hacia el ascensor al oír como sonaba la campanilla de parada en la planta. Sus ojos se cruzaron con los de Castle, que avanzaba hasta ella con un café en cada mano y una gran sonrisa en su cara.

- Buenos días chicos – saludó a Ryan y Espo – buenos días detective – le dijo a ella mientras dejaba el café sobre su mesa.

- Hola Castle – respondieron los detectives a la vez.

Kate le miró haciéndole un gesto sobre el café. Castle se acercó disimuladamente a su oído.

- Tranquila. Es descafeinado, pero nadie lo sabrá.

Kate le sonrió por ser tan cuidadoso y no levantar sospechas si no le llevaba su habitual café.

Horas más tarde, mientras ambos comían juntos Castle la miró muy serio.

- ¿Cuándo piensas decírselo a Gates?

- Déjame asimilarlo – contestó sin mirarle.

- No quiero que te ocurra nada.

- Lo sé – dijo ella elevando la mirada para sostener la de él – y te lo agradezco.

Después de comer, Castle se despidió de ella marchándose a su casa. No tenían ningún caso y él tenía que escribir. Kate le acompañó hasta el ascensor, dándole las gracias en tono muy bajo para que nadie pudiese oírla.

- ¿Puedo llamarte luego? – preguntó sonrojándose.

- No – contestó él.

A Kate le dio un vuelco el corazón a oírle.

- Te llamaré yo cuando salga para tu casa – le dijo muy serio – y no habrá excusa, cenarás lo que yo lleve.

Kate le sonrió.

- Hasta luego detective – le dijo con su más estudiada sonrisa.

- Hasta luego Castle – contestó esperanzada.

/../

GRACIAS por leer hasta aquí. Espero no defraudar a nadie... ¿Quién dará el primer paso?