Capítulo 6
-¿Y cómo va todo en la oficina? - preguntó Candy tratando de terminar con el molesto silencio que se había instalado desde hacía unos minutos en la mesa. Interiormente seguía reprendiéndose por su grandiosa idea, pero se consolaba pensando en que Albert había querido dejarla en la oficina y estar con ella … solo.
Albert y Chelsea voltearon a verla sin perder tiempo, pero fue Chelsea la que tomó la palabra.
-Avanzando perfectamente – dió un pequeño sorbo a su copa y continuó volteando a ver al rubio – Albert es un genio. No se qué hubiera sido de mi sin él.
¿En serio? ¿Y entonces por qué su papá la había puesto al frente de los manejos de la empresa? Seguramente por su falta de experiencia ¿no? ¡Claro! ¡Cómo no lo había pensado antes! Pobrecita de ella, necesitaba tanto del patriarca de los Andrew ...
Chelsea se mojó los labios sin apartar la mirada de Albert.
-¿Es mi imaginación o eso fue un coqueteo a lo descarado? - pensó Candy sonriéndole inspirada, pero negándose a demostrar que le molestaba – Claro, Albert no sé cómo le hace pero siempre tiene una respuesta y una solución para todo. Yo también diría que es un genio, pero a veces creo que como el de los cuentos … sí, esos con lámpara y todo.
Albert la volteó a ver y comenzó a reir.
-¿En serio? - le preguntó divertido – ¿Crees que yo sería un buen genio Candy?
-¡Claro! Eres como el hada madrina de la Cenicienta … pero en hombre – le respondió con un guiño travieso.
-¿Eso significa que eres un papá muy consentidor? - preguntó Chelsea alegremente y recalcando disimuladamente la palabra "papá". Si iban a comenzar las cosas directas, ella tenía unas cuantas preparadas.
-¿Papá? - recalcó un poco extrañado y voteando a ver a Candy que se había atragantado con el agua y tosía de manera incontrolable.
Qué palabra tan fuerte ahora que lo pensaba. La verdad es que en realidad era su padre adoptivo, pero rara vez se sentía así. Su relación con ella distaba mucho de ser paternal y sus sentimientos … bueno, de eso mejor no hablaba.
-¿Qué no eres el padre adoptivo de Candy? - su voz totalmente libre de malicia.
Albert sofocó un suspiro.
-Bueno – interrumpió Candy como mejor pudo y con la voz todavía un poco ahogada - la verdad es que no creo que "padre" sea la palabra adecuada … siempre ha sido más bien como un "mejor" amigo. Además por la edad, jamás podría serlo.
-Exacto – asintió Albert - Honestamente nunca me he considerado como un "padre" para Candy. Como ella dice, nuestra relación es más bien como grandes amigos.
-Entiendo – murmuró Chelsea algo molesta pero decidida a no ceder.
Pasaron unos interesantes minutos en los que cada quien se sumió en sus pensamientos. Albert a pesar de todo, se sentía contento por tener a Candy con ellos nuevamente, así que aceptaría lo que fuera con tal de que las cosas continuaran así. Chelsea un poco desubicada, porque esperaba poder pasar más tiempo a solas con el guapo patriarca y la inesperada reaparición de la rubia no ayudaba en sus propósitos. Candy por su parte se daba ánimos para incorporar sus días nuevamente a la rutina de Albert … y la pelirroja.
-¿Entonces ya no hay ningún problema serio en el hospital? - preguntó Chelsea tomando su copa de una manera sumamente elegante. Esa mujer era un derroche de sensualidad ... ¡diablos!
-No es que ya no haya problemas o situaciones serias – contestó tratando de despejar sus pensamientos - pero la contingencia se pudo poner bajo control. Cuando se trata de niños, mientras más manos disponibles mejor.
-Y más si son manos carismáticas con los pequeños – añadió un sonriente Albert – no es secreto que Candy es una de las enfermeras favoritas de la sección de pediatría.
Se intercambiaron una mirada que no pasó desapercibida para Chelsea. ¿Por qué a ella nunca la miraba de esa manera? En serio … ¿qué tenía Candy que no tuviera ella?
-Gracias por el halago – contestó la aludida - pero tú sabes lo que quiero yo a los niños …
-Sí, por supuesto.
-Claro … el instinto maternal que todas las mujeres llevamos dentro.
Si ahora pensaba sacar eso del instinto maternal para comenzar a hablar sobre matrimonios, herederos y esas cosas … no pensaba seguirle el juego.
-Por supuesto – aceptó rápidamente la enfermera – ¿Les parece que pidamos algo de postre?
Aceptaron y después de terminar, se dirigieron de regreso a las oficinas.
La comida se había prolongado más de lo pensado, así que Albert les propuso regresar a la mansión pasada a penas una hora de estar en el consorcio Andrew.
-Han sido unos días muy pesados para Candy, y me gustaría que tuviera suficiente tiempo para descansar.
-Por supuesto Albert … por mi no hay ningún problema – contestó sonriente Chelsea. Iba a aceptar lo que el patriarca dijera sin preguntar u oponerse. Sus deseos serían órdenes para ella a partir de ahora, porque tenía la firme intención de ganar su corazón … además de su confianza.
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Llegando a la mansión lo primero que vieron fue a la tía Elroy que estaba sumamente contenta por tener nuevamente a Candy en casa.
-Bienvenida nuevamente querida – le dijo cariñosamente y abrazándola de manera efusiva. La tomó por el brazo y avanzó con ellos hacia el salón principal.
Sirvieron el té y no pudieron hacer nada más que dejarla hacer miles de preguntas a la enfermera. Todo parecía dar a entender que no habría otro tema de convesación.
-Estás muy pálida Candy. Seguramente no dormías ni comías bien … y Albert tiene la culpa por solaparte en que te mal pases – volteó a ver al patriarca con una mirada acusadora. Si no le permitiera tantas libertades a esa muchacha y la dejara a ella tomar las decisiones…
-Tía …
-¡Ni se te ocurra mentirme Candice White Andrew! Te conozco y se que no lo hiciste. Hasta el vestido te queda grande … un poco más y desapareces – le dio otra mirada retadora a su sobrino. A ver si ya se decidía a tomar cartas en el asunto.
-Tía … Albert no ...
-Pero ya que estás de regreso tendrás tiempo de reponerte y dormir para que recuperes fuerzas.
Parecía que la tía Elroy olvidaba su deber de convertirse en una heredera y tomar parte en las negociaciones que Albert y Chelsea tenían pendientes.
-Tía …
-Vas a acabar con tu salud si sigues con este ritmo de vida. No tienes ninguna necesidad y aunque digas que es lo que te gusta hacer, tampoco conviene excederse … yo a tu edad …
Y el interminable discurso parecía que no tendría fin … pero como ya estaba acostumbrada, se resignó y dejó que continuara el monólogo por unos interminables minutos entre los que los tres intercambiaban miradas aunque ni pensaban siquiera en abrir la boca.
Nadie se atrevió a cambiar el tema, así que acompañaron a la tía Elroy por todo el rato que continuó la perorata.
-Bueno, ya es tarde y esta pobre viejecita necesita descansar – dijo finalmente, poniéndose de pie con la ayuda de Albert.
-¿Pobre viejecita? - pensó Candy divertida. Si la tía Elroy era una pobre viejecita, entonces ella era el hada madrina de la cenicienta … ¡ah no! Ese era Albert … ya se le había olvidado.
Le dieron las buenas noches y todos a su vez se fueron a descansar.
Albert como un rayo alcanzó a Candy antes de que entrara a su habitación. Parado frente a su puerta, en todo su esplendor y recargado sobre el marco se veía increíblemente apuesto.
-Descansa … te lo mereces Candy.
-Gracias Albert – le contestó dándole un beso en la mejilla. Se veía tan guapo y varonil.
Albert la volteó a ver con una sonrisa.
-Me encanta tenerte de regreso … bienvenida a casa princesa.
-También me alegra estar aquí nuevamente – su sonrisa le decía que no estaba mintiendo. Nada la hacía tan feliz como el estar junto a él.
Ahora fue el turno del rubio de acercarse a besarla en la mejilla.
-¿Ya te había dicho que te extrañé? - le murmuró suavemente cerca del oído de una manera que la hizo estremecer de pies a cabeza.
-¿Será que me extrañaste o que fueron muy difíciles tus días en solitario con Chelsea? - tenía que preguntar algo, tenía que cambiar el rumbo de sus pensamientos y comenzar a bromear porque sentía las mejillas ardiendo.
Albert puso cara ofendida y se llevó la mano al pecho.
-Juro por mi honor que Chelsea nada tuvo que ver.
Candy soltó una carcajada.
-Te creo – le dijo con un guiño – buenas noches.
-Buenas noches – le contestó.
Una vez en su cuarto Candy se dejó caer sobre la cama, habían sido días muy intensos y no fue sino hasta ese momento que sintió todo el peso del cansancio acumulado. Se tocó sonriente la mejilla donde depositara un dulce beso el príncipe de sus sueños. Cerró los ojos recordando el delicioso aroma y lo sensual de su voz al decirle que la había extrañado. No tuvo tiempo ni de ponerse la pijama y tal como estaba se quedó profundamente dormida.
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La luz del sol se coló por la ventana y le dió de lleno en los ojos. Era la bienvenida a un nuevo día en el que las presiones del hospital quedarían pospuestas por un tiempo. Rodó un poco sobre la cama y después de unos minutos comprendió que había dormido como nunca y ya pasaban de las 9.30 de la mañana.
-¡Rayos! - fue lo primero que dijo al ponerse de pie y correr a bañarse. Se vistió tan pronto como pudo y bajó a toda prisa al comedor.
Se paró en seco al ver a la tía Elroy tranquilamente sentada y que en ese momento la observaba detenidamente.
-Buenos días Candy – le dijo señalando un asiento, dándole a entender que requería su compañía.
-Buenos días tía abuela.
Avanzó despacio y se sentó a su lado.
-Sabía que necesitabas descansar, por eso le prohibí a Albert que te despertara.
-¿Que hizo qué? - exclamó con un respingo la rubia. Eso significaba que Albert ya no estaba en la casa y se había ido a las oficinas … con Chelsea. ¡Genial!
-No me veas así niña. Lo hice por tu bien.
Si la tía supiera … ¡estaba a punto de caerse del asiento!
-Y ahora come algo que estás muy pálida y delgaducha. Tienes que recuperar peso.
-La verdad no tengo mucha hambre. Se me revolvió el estómago – y era cierto, lo sentía hecho nudo.
-Toma jugo y después comes, pero que te quede claro que de esta mesa no te levantas sin haber desayunado – hizo una pausa volteando a verla y meneando la cabeza - Yo no se por qué te preocupas si no va a pasar nada. Tienes que tener confianza en él – replicó la anciana mordiendo un pan como si su comentario fuera de lo más natural.
-¿Perdón?
-Más sabe el diablo por viejo que por diablo, y puedo asegurarte que nada en este mundo podría borrar lo que siente William por tí.
-¡Tía! – exclamó sonrojadísima la joven y derramando el jugo.
-Por mucho empeño que ponga Chelsea ... nada va a conseguir – completó guiñándole el ojo y viendo el reguero que había hecho en la mesa.
Estaba segura que algo había en el ambiente porque la tía abuela no había dicho eso … ¿lo que William sentía por ella? ¿Se refería a caso a eso que ella tanto deseaba y no lograba adivinar con total seguridad en él? ¿La tía presentía que había algo más que amistad de él hacia ella?
-¡Bendita juventud tan ciega!. No me veas con esa cara muchacha. William te quiere … y ahora hazme el favor de hacerme compañía y tomar algo. No es muy motivante el estar comiendo sola.
Candy asintió aún sorprendida. ¡Vaya que había cambiado en ese tiempo con ella!. ¿Quién se iba a imaginar a la venerable anciana aprobando los sentimientos de sus sobrino favorito para la adoptada de la familia? El mundo estaba de cabeza … y más desde que Chelsea había aparecido por cuestiones de negocios en la mansión Andrew. Pretextos y excusas para poder estar cerca del soltero más codiciado de la unión americana. Esos trucos ella ya se los sabía … los había vivido varias veces a través de las pláticas de Albert … pero nunca los había vivido en carne propia.
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El día pasó lento para todos. Albert se moría por regresar a casa y ver a su pequeña, y Candy suspiraba por la hora en que lo vería entrar por la puerta de la mansión, aunque fuera con Chelsea.
Continuará ...
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Hola! ya apareci! andaba de parranda arreglando mi casa, decorando de navidad, enferma .. ya saben ... lo normal de estas fechas jejejeje! bueno amigas aqui les dejo otro capitulo de este fic y si el tiempo no me falla les subo el siguiente para navidad ... a ver si cumplo (espero que si). Y bueno, como siempre mil gracias por leerme, por sus comentarios y en especial paraaaaaaaaaaaaaaaaaa: keilanot2, Rosi White, sayuri1707, Olimpia, monybert-DC, mayraexitosa, PaulI, Andy Nicolao, KattieAndrew, vere canedo, ARUAL y Amyriverasosa. Me encanta leer sus reviews y creanme que es por uds que no dejo de escribir ... aunque me tarde! gracias mis preciosas amigas del candy mundo. Les mando un besote y muchos abrazos (empiezo desde antes de navidad para repartir mas!)
Con el cari;o de siempre ... bimbo! ah noooo! digo ... Scarleth Andrew ;)
