Capítulo 4: Los cuadros de los niños llorones. Parte 1
En Londres como en otras ciudades importantes del país se iniciaba una extraña moda entre las familias de todos los extractos sociales. La moda era de colgar en sus casas unos cuadros de niños llorando que eran conocidos como:" los niños llorones" eran 27 cuadros y todos pintados por un pintor italiano llamado Giovanni Bragolin.
Los primeros meses no hubo ninguna novedad y todo estuvo en paz, pero después comenzaron las desgracias. Las familias que tenían una copia del cuadro escuchaban llantos y quejidos de un niño por toda la casa pero al ver que pasaba no veían a nadie y también decían ver niños parecidos a los de sus cuadros rondando por toda la casa pero siempre pasaba lo mismo; las casas donde dicho cuadro se incendiaban hasta los cimientos, quemándose todo, incluido cadáveres, y solo sobrevivía el cuadro que permanecía colgado en la pared sin un solo rasguño. Los pocos sobrevivientes, algunos niños, decían que los niños de los cuadros salían de estos para quitarles la vida a sus familiares si es que no morían ante la impresión al ver su rostro endemoniado. La gente y la policía no creía esto y pensaban que solo se trataba de un piromaníaco asesino obsesionado con estos cuadros, y que los supervivientes solo habían inventado la historia por el trauma. A pesar de los incendios la gente seguía comprando los cuadros ya que al verlos sentían la necesidad de tenerlos como queriendo cuidar a los niños del cuadro.
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Ciel como el perro guardián de la reina se le encargo este caso y atrapar al piromaníaco asesino. Lo primero que hizo fue ir a visitar a una de las víctimas. Un niño llamado Frank Spenncer cuya familia acababa de ser atacada y quemada por el asesino, el niño estaba en el hospital con quemaduras en su espalda, su brazo derecho y su pierna.
—Frank necesito que me digas que paso la noche del incendio – le dijo Ciel
—No me creerás, nadie me cree – contesto el niño
—Yo si te creeré. Vamos cuéntame ¿Quién mato a tu familia y quemo tu casa?
—Fue la niña del cuadro
—La niña del cuadro?
—Si…mi papá compro el cuadro de una niña que lloraba. En las noches siempre hacia travesuras y me decía que pasarían desgracias en mi familia que se volvían realidad. Esa noche me pregunto algo yo no supe que responderle por lo que se enojó y me empujó por las escaleras, cuando desperté todo estaba en llamas…. ella parecía un monstruo
—Como era la niña?
—Era pequeña, rubia con el pelo recogido y de ojos azules. Estaba muy descuidada, su cara estaba sucia, traía puesto un vestido blanco, un chaleco azul y no usaba zapatos
—Que te dijo la niña?
—Me pregunto: "donde esta Bruno nii – chan?" yo no conozco a ningún Bruno y le dije que no sabía por lo que me empujó
La historia del pequeño Frank se asemejaba a las otras historias de los otros supervivientes, cosa que era muy extraña ya que ninguna de las víctimas se conocía ni habían tenido contacto entre sí, por un momento llego a pensar que los cuadros estaban malditos como la prensa decía, la habían llamado: "la maldición de los cuadros de los niños llorones", pero luego se sintió estúpido en pensar en maldiciones también Frank se había enojado con él ya que pensó que no le creía y no quiso responder más de sus preguntas. Después Ciel y Sebastián fueron a Scotland Yard para ver los cuadros de los niños llorones que habían sido llevados para ser investigados; los cuadros confiscados era más de 140 pero las imágenes eran 27, todos estaban intactos solo algunos tenían el marco levemente chamuscado; los policías parecían hipnotizados por los cuadros como si la imagen de aquellos niños de mirada tierna y triste tuvieran la capacidad de cautivarlos con un extraño pero eficaz magnetismo. Ciel examino los cuadros y noto la firma de Giovanni Bragolin y también que Sebastian tenía la mirada clavada en los cuadros examinándolos.
—Que tanto miras? – le pregunto Ciel
—Estos niños están muertos
—Qué?
—Los colores de sus pieles solo lo tienen los muertos a pesar que en las pinturas tienen las mejillas rozagantes puedo notar que se trata de niños muertos
—Maldito cerdo! Pinto niños muertos como si fuera divertido el morbo que aquello consiste ¡está enfermo!
—Mire esto joven amo – dijo Sebastian con el dedo en la firma de Bragolin
—Qué es?
—Es casi indetectable al ojo humano pero se lee otro nombre, Bruno Amadio
—Bruno Amadio? Frank menciono a un tal Bruno
—Es mucho para ser una simple coincidencia
Ciel se llevó los cuadros a la mansión para examinarlos mejor y le ordeno a Sebastian que investigara más sobre Giovanni Bragolin y Bruno Amadio. Mientras esperaba que Sebastian llegara con la información, Ciel revisaba los cuadros uno a uno; entre ellos noto el cuadro de la niña que había descrito Frank pero el que más llamo la atención del joven conde era el cuadro de un niño de pelo rubio oscuro, ojos azules y que traía puesto un abrigo marrón casi deshilachado que le quedaba grande; Ciel tomo el cuadro y le dio vuelta 90º en sentido de las agujas del reloj, al hacer eso vio una especie de pez en el abrigo del niño que parecía querer engullirlo y también se podía ver una cara nebulosa. Esto puso nervioso al joven conde pero no solo eso ya que sentía como si los niños de los cuadros lo miraran y lo seguían con la mirada, y peor era que era como si tuvieran sus pequeños ojos clavados en él; de repente noto el cuadro de otro niño que se parecía mucho al pequeño niño del abrigo deshilachado, de golpe recordó que Sebastian le dijo que los niños estaban muertos y se preguntó ¿Cómo murieron estos niños? Pudieron morir de cualquier cosa pero también considero que ese tal Giovanni Bragolin los habría matado para pintar sus morbosos cuadros, esa posibilidad le repugno y luego pensó en Bruno Amadio ¿Quién era él y porque su nombre estaba en los cuadros? ¿Acaso él también tenía algo que ver con esto o era el nombre de alguno de los niños? Cuando llego Sebastian Ciel se asustó pero también se enojó por eso.
—Lo siento joven amo ¿lo asuste? – pregunto Sebastian
—No y dime lo que averiguaste!
—Giovanni Bragolin es un pintor italiano que tiene mucha popularidad en el mundo del arte sobre todo en la misma Italia
—Qué más?
—Él tiene en su poder los 27 cuadros originales de los niños llorones, se ha negado a venderlos pero permitió que se hicieran copias
—Y Bruno Amadio?
—De él no encontré casi nada solo esto
Sebastian le dio un papel a Ciel que era nada más y nada menos que el certificado de nacimiento de Bruno Amadio. Él había nacido en Venecia, Italia en 1846 y era hijo de Mateo y Domenica Amadio; que había quedado huérfano a los 7 años, había un registro de que había entrado a una academia de arte a los 22 años y que había sido arrestado en varias ocasiones por ser partidario de la independencia de Venecia del Imperio Austro-Húngaro, pero nada más, Sebastian le dijo que no existía el certificado de defunción por lo que Amadio seguía vivo pero ya debía ser un adulto, tal vez era el asistente de Bragolin o su cómplice o el verdadero artista que pintaba los cuadros de Giovanni Bragolin, quien sabe, pero el problema era que tenían muy pocas pistas y los dos únicos sospechosos estaban en Italia: uno era famoso y el otro estaba desaparecido; era algo muy frustrante.
—Nunca me había sentido tan frustrado en toda mi vida, no hay ninguna pista que nos lleve a algo
—Puede que haya otra cosa u otra razón de los hechos
—Qué?! Quieres que crea esa tontería de la maldición de los niños llorones!
—Yo no he dicho eso pero no es bueno que subestime una maldición
—No creo en maldiciones
—Las maldiciones son cosa seria y no debería subestimarla
—Acaso crees en maldiciones?
—Pues es una maldición lo que nos une
—Cállate!
Ciel no sabía que había traído el mal a la mansión y en forma de 27 pinturas de niños. Las almas de aquellos 27 huérfanos que estaban enojados y se desquitaría con ellos, los sirvientes de la mansión Phantomhive.
El primero fue Finny; él estaba cuidando o mejor dicho arruinando el jardín de la mansión cuando escucho a un niño llorar de manera desgarradora, el jardinero busco con la mirada a quien lloraba hasta que al fin lo encontró, se trataba de un niño: tenía el pelo claro, usaba una camisa a rayas rojas y blancas, los pantalones le quedaban grandes, tenía los zapatos rotos, usaba una chaqueta rota que le quedaba grande, un sombrero y un corbatín; parecía un pequeño payaso vagabundo. Finny no se explicaba como ese niño había llegado aquí y porque estaba llorando por lo que se le acercó.
—Tranquilo, no llores niño – le dijo Finny
—….. – pero el niño siguió llorando
—Tranquilo ¿te perdiste?¿dónde están tus padres?
—P…padres?...
—Si, tu mamá y tu papá
—Mamá? Yo no tengo mamá
—Que lastima! pero el joven amo puede hacer algo y cuidaran de ti
—Nadie
—Qué?
—Nadie ha sido bueno…..nadie ha sido bueno….nadie ha sido bueno
—Qué? Que dices?
—Donde esta Bruno nii – chan?
—Pues no se….
El niño volvió a llorar y se tapó la cara con las manos, Finny intento consolarlo pero repentinamente le dio fiebre y se sintió muy débil como si fuera a morir. De repente los jardines comenzaron a quemarse, el niño se había ido pero antes de que se fuera vio sus ojos y eran los ojos más diabólicos, demoniacos, malvados y monstruosos que había visto. Antes que todo se quemara llego Sebastian y apago el fuego, y cuando Finny estuvo mejor le conto lo que había pasado.
La segunda fue MeyRin; ella como siempre intentaba no destrozar nada cuando escucho unas risas de niños o mejor dicho una risa de una niña que luego se convirtieron en llantos desgarradores de una niña, MeyRin busco a la niña que estaba llorando y riendo hasta que la encontró sentada en el piso y llorando. La niña debía tener unos 9 años, tenía el pelo claro y estaba vestida como si fuera un arlequín; a la sirvienta pareció extraño que una niña haya podido entrar a la mansión sin ser vista y que este vestida así aun así sintió pena de ella ya que no soportaba ver llorar a una niña pequeña por lo que se acercó a ella para ver si podía ayudarla, tal vez huía de alguien y se refugió en la mansión aunque era raro que saltara de la risa al llanto de esa manera.
—Tranquila pequeña, ya no llores….ni rías así
—Q-quien eres tú? – pregunto la niña entre llantos y risas
—Soy MeyRin y soy la sirvienta de la mansión Phantomhive….dime ¿Cómo llegaste aquí?
—Me trajeron….
—Ya entiendo! El joven amo te ha adoptado y se hará cargo de ti
—Debo alegrar a todos
—Qué?
—Tengo que reír para todos pero quiero llorar pero si lloro me castigaran
—Pero ahora….
—Nadie ha sido bueno …..nadie…..nadie….
—C-cómo?
—Sabes donde esta Bruno nii – chan?
—Pues….no se
La niña comenzó a reír como lo haría un payaso para romper en el más desgarrador llanto infantil y se levantó para salir corriendo, MeyRin la siguió, temiendo meterse en algún problema, pero cuando llegaron a las escaleras MeyRin se cayó por estas como si alguien la hubiera empujado, como si la niña la hubiera empujado, aun así MeyRin casi no se lastimo pero cuando levanto la vista vio a la niña arlequín mirándola con ojos muertos para luego sonreír de manera diabólica para irse no sin antes que las escaleras se prendieran fuego. Pero antes que el fuego la alcanzara Sebastian llego y apago el fuego, luego MeyRin le dijo lo que paso.
Luego fue Bard. El cocinero estaba muy ocupado quemando la comida y volviéndola incomible cuando vio de reojo una pequeña figura como la de un niño, miro hacia la puerta y vio a un niño pequeño que sollozaba por lo bajo enojado que estaba en el lumbrar de la puerta como si saliera de las tinieblas: debía tener unos 6 años, estaba muy descuidado, sucio, tenía el pelo castaño claro, traía puesto un suéter con agujeros y los zapatos le quedaban grandes. El cocinero de la mansión Phantomhive le pareció extraño que un niño entrara sin que Sebastian lo viera pero era un poco intimidante porque estaba enojado como si culpara o recriminara, a pesar de su enojo era un niño lindo y con carita tierna que estaba llorando por lo que intento reanimarlo, a él le gustaba los niños y le gustaría tener hijos por lo que se haría cargo del niño hasta que su joven amo decidiera que hacer con el pequeño.
—Hola pequeño – le saludo Bard – como llegaste aquí?
—….. – el niño solo frunció el ceño y lloro más
—Tranquilo, quieres que te prepare un postre?
—N-no …..me duele el estomago
—Vaya! Al fin hablas!
—Cállate!...te odio! Odio a los adultos como tú! Wuaaaa!
—Tranquilo! Tranquilo! Ya no llores!...porque lloras?
—A nadie le importa que pase con nosotros
—Cómo?
—Me molesta que la gente crea que estamos bien pero no es así….y aun así no les importa…..me molesta y me hace llorar
—Tranquilo, tal vez el joven amo….
—Nadie ha sido bueno …..eso me molesta
—De que estas hablando?
—Sabes donde esta Bruno nii –chan?
—No conozco a ningún Bruno – contesto Bard rascándose la mejilla
El niño se enojó al escuchar eso y comenzó a llorar y gritar con fuerza, Bard intento callarlo para que Sebastian no lo escuchara y se enojara con él pero solo consiguió que el niño le rasguñara la cara tan fuerte que lo hizo sangrar pero cuando iba a regañarlo casi le da un infarto al ver que la tierna cara del niño se había convertido en una cara horrenda, Bard se cayó al piso y al mismo tiempo la cocina se prendió en llamas mientras el niño desaparecía. Bard termino con una mejilla sangrante y muy aterrado para moverse; pero Sebastian llego a tiempo para apagar el fuego y escuchar la historia de Bard sobre el niño malvado.
No solo fueron ellos tres; Snake vio llorar a unos niños y correr por toda la casa pero no fue tras ellos, les dio mal espina ya que según sus serpientes aquellos niños no tenían calor corporal, también Tanaka tuvo un encuentro con dos niños rubios que se parecían como si fueran hermanos que con sus travesuras lo tiraron al piso.
Todo esto llego a los oídos de Ciel quien no se creía nada a pesar de ver las partes de la mansión quemadas, oír cada relato y ese nombre, Bruno. De repente Bard desvió la mirada hacia donde se encontraban los cuadros y vio uno que le llamo mucho la atención, el retrato del niño que incendio su cocina, rápidamente tomo el cuadro y dijo que había sido el niño de aquel retrato quien lo ataco y quemo la cocina; lo mismo hicieron MeyRin y Finny al ver los retratos de los niños que los atacaron tanto fue la seguridad de los sirvientes y la confianza que tenía en ellos que Ciel comenzó a creer que tal vez si existía una maldición en esos cuadros aunque algo en él seguía incrédulo. Cuando ya todos se calmaron, Ciel medito un poco y tomo una decisión. Todos los cuadros fueron llevados al sótano y se ordenó que nadie bajara y sacara los cuadros de ahí, de todos modos nadie iba a hacer eso ni a entrar al sótano por el miedo que les infundía aquellos cuadros.
Esa misma noche Ciel intentaba conciliar el sueño cuando empezó a escuchar niños jugando, riendo, corriendo y llorando; pensó que todo era producto del cansancio por lo que intento dormir pero el ruido se volvió tan fuerte que abrió los ojos de golpe para encontrarse rodeado de 27 niños y niñas de apariencia descuidadas, los 27 niños de los cuadros.
—Q-que? Cómo? – exclamo Ciel anonadado
—Tranquilo – dijo una niña pequeña
—Q-que?!
—No te aremos nada porque sabemos que eres como nosotros – dijo un niño
—Eres un niño abandonado y sin amor – agrego otra niña
—De que están hablando?! Y como es que todos están aquí?!
—Nos trajiste aquí ….fuiste tú – le contesto un niño pequeño
—Pero no quieres cuidar de nosotros, verdad? Por eso nos encerraste en ese lugar – le dijo otra niña
Ciel noto que estos espectros o fantasmas, lo que sea que eran, tenían la mentalidad y razonaban como niños, ya que eso eran, por lo que debía tratarlos como niños.
—Porque atacaron a esas familias? – les pregunto Ciel
—No quisieron adoptarnos – contesto una niña
—Qué?
—Ellos no nos amaron, no quisieron ser nuestros padres …..solo su diversión – dijo un pequeño niño enojado
—Por eso los atacaron? – pregunto Ciel
—Gente como ellos jamás sabrán cómo nos sentimos por eso tienen que sentirlo para entendernos – dijo una niña
—Quien es Bruno Amadio? Es uno de ustedes?
—Bruno nii –chan siempre nos cuida y nos protege – dijo un niño
—Queremos ir con el pero nadie nos dice donde esta y eso nos hace enojar – dijo una niña vestida de arlequín
—Yo tampoco se
—Ya te dijimos que no te pasara nada ya que eres un niño abandonado y sin amor como nosotros – contesto otro niño
Que ellos dijeran eso le molestaba mucho pero sabía que estos pequeños entes eran violentos y tenían la tendencia de quemar cosas y a personas, de repente los niños dijeron que querían jugar con Ciel y todos se tomaron las manos en una ronda. Las frías y blancas manos de los niños le daban tantos escalofríos que ni pensó en que estaba jugando juegos de niños con niños muertos.
—Te….pareces a Bruno nii-chan – dijo un niño pequeño a Ciel
—Q-que? – pregunto este sacado de onda
—Se le parece un poco pero Bruno nii - chan es un poco más alto – contesto una niña
—Yo …. – balbuceo Ciel
—Él debe unirse a nosotros
Antes que Ciel pudiera darse cuenta los dulces rostros de aquellos 27 niños se volvieron unos rostros demoniacos llenos de odio y rencor. Sin que Ciel pudiera reaccionar los niños lo tiraron al piso y con sus pequeñas manos lo apretaron contra el piso con tanta fuerza que el joven conde Phantomhive sintió como si lo ahogaran y lo sofocaran con cientos de almohadas sobre su cuerpo, Ciel estaba muy sofocado por lo que no podía gritar por ayuda y mucho menos llamar a Sebastian solo podía escuchar las risitas siniestras de los niños que intentaban matarlo y lo estaban consiguiendo cuando de repente algo asusto a los niños y salieron corriendo, era que un shinigami, William T. Spears, acababa de entrar por la ventana y luego entro Sebastian.
—Así que era eso – se dijo para si el shinigami
—Que haces aquí? – pregunto Sebastian
—Veras bestia, hemos recibido noticias de que hay una maldición que involucra almas en pena
—A-almas en pena? – pregunto Ciel incorporándose
—Si, son almas que no fueron cosechadas y no entienden que están muertos además esta aquella maldición de por medio que los hace peligrosos – explico William
—Así que vienes a ver que causa esta maldición, o me equivoco? – dijo Sebastian
—No te equivocas pero no diré más
Mientras William y Sebastian "hablaban" Ciel recuperaba la respiración y las fuerzas después de ser casi asfixiado por aquellos niños.
—Se-Sebastian…. – lo llamo Ciel
—Joven amo
—T-toma todos esos cuadros y quémalos! Ahora!
—Yes, my lord
Sebastian fue al sótano, tomo los cuadros y los quemo en la chimenea de la mansión. Mientras los cuadros se quemaban lentamente William los observaba y le daba la impresión que ya había visto a esos niños antes pero no se acordaba.
—Sebastian
—Si joven amo
—Trae a ese pintor aquí!
—A Giovanni Bragolin?
—A quien más! Ese hombre tiene muchas cosas que aclarar!
—Como usted ordene joven amo, ahora mismo le escribiré….
—No te ordene eso! Dije que lo trajeras aquí lo más antes posible!
—Y si se niega?
—Lo traes aquí con todo y cama! Ve a buscarlo es una orden!
—Yes my lord
A este punto William ya se había ido porque no le interesaba en lo más mínimo Ciel o sus planes, sin embargo, estaría pendiente. Por otra parte Sebastian acababa de llegar a Florencia, Italia y al hotel donde vivía el pintor Giovanni Bragolin el cual se sorprendió mucho al ver al mayordomo demonio, Sebastian, en su penthouse. El mayordomo demonio le dijo al pintor que su joven amo lo invitaba a su mansión a lo que el pintor le dijo que volviera dentro de 1 hora para darle su respuesta porque tenía que hablar con su manager, el cual estaba sentado en un sillón de espaldas bebiendo vino, el mayordomo demonio se fue prometiendo volver dentro de una hora y también sintiéndose muy intrigado por aquel manager como si sospechara algo de él. Después de que Sebastian se fuera el pintor Giovanni se sentó junto a su manager y se sirvió una copa de vino.
—Estúpidos ingleses, creen que pueden hacer todo y nunca entienden cuando uno dice que no – dijo el pintor bebiéndose el vino
—Y que vas a hacer? – pregunto el supuesto manager
—Sobre qué?
—Iras a Inglaterra o no?
—Puede ser, aun no lo sé pero me siento intrigado por ese tal conde Phantomhive
—Ja! Solo es un niñito loco de poder que cree que entiende al mundo y puede con el pero ya sé cómo terminara ese mocoso y no será en buenos términos
—Y como sabes eso?
—Yo lo sé todo sobre todos Bruno ¡digo! Giovanni
—Y crees que intente matarme?
—Posiblemente si lo cree necesario pero no te preocupes no lo hará
—Y como estas tan seguro?
—Porque no lo permitiré después de todo soy tu manager
—Y porque te sirvo
—Y porque tenemos un contrato
—Sabes? Creo que después te todo aceptare la invitación, me intriga saber más de ese niño Phantomhive y que sabe de mis obras
—Quieres que vaya contigo?
—Si quieres
Después de una hora Sebastian volvió y el pintor Bragolin le dijo que aceptaba la invitación de su joven amo, después Bragolin con la ayuda de su manager empaco las cosas que llevaría a Inglaterra entre ellas los 27 cuadros originales de los niños llorones.
….
CONTINUARA
…
