Levantó la vista y la vio sentada en la sala contigua, leyendo una revista médica o lo que fuese. No le importaba. Jugaba con el pendiente que colgaba de su lóbulo derecho. Tomó aire y decidido cojeó hasta la puerta. La abrió y se apoyó en el marco de cristal. Sintió frío.
Notó como la miraba. No necesitaba mirar para saber que se trataba de él. Había algo en ella que le advertía, que siempre la mantenía alerta.
- ¿Quieres algo? – preguntó sin levantar la vista.
- De hecho, sí. – Contestó sin emoción.
Ella no contestó y tampoco le miró. Empezaba a desesperarse. Hace tiempo ella le habría prestado toda la atención de la que fuese capaz con tan solo estornudar.
- ¿No quieres saber lo que necesito? – preguntó esperando, mientras ella no hacía ningún amago de mirarle. – Necesito un favor.
Capítulo 6.
Ella pasó una de las páginas, mirándolo durante un segundo y volviendo la vista a los que estaba leyendo. Empezó a pensar que tal ve no debiese preguntarle nada. Tal vez no merecía la pena. Y otra vez sintió que quería hacerlo.
- Necesito que me hagas un favor Cameron. – dijo con más seguridad y decisión en su voz.
- ¿De qué se trata? – preguntó sin interés y sin dejar de leer.
- Un beso.
Cerró los ojos levemente y dejó de jugar con su pendiente. Se percató y sonrió con una mueca de placer y maldad a la vez. Había captado su atención.
- ¿Qué quieres House? – preguntó clavando su mirada en él.
- Ya te lo he dicho. – dejó de sonreír. – Un beso.
- Es extraño, porque oigo lo que dices pero no logro entenderlo.
Puso una mano sobre la otra apoyándose en la mesa sin quitarle la vista de encima. Volvió a dudar de si aquello era buena idea, pero ya no había vuelta atrás. Cojeó hasta el otro lado de la mesa. Ahora estaba frente a ella. ¿Dónde estaba toda la seguridad que había mostrado hasta ahora?
- ¿Recuerdas la carta de mi acosadora? – asintió.- He intentado deshacerme de ella, pero la chica ha resultado más perseverante y tozuda de lo que pensaba. Cuddy me ha dado un ultimátum. Llamará a la policía si no me deshago de ella…
- ¿Por qué me cuentas esto a mí? – cruzó los brazos.
- Porque eres la única que puede ayudarme.
- No veo en que puedo ayudarte.
- Oh, vamos. Te encanta ayudar a la gente. ¿Te pido un favor y vas s negarte? Es tan impropio de ti. – quería manipular la situación.
- Creo que Cuddy tiene razón. Deberías llamar a la policía.
- Solo tiene diecisiete años. Si llamo a la policía es posible que la traumatice de por vida.
Cameron no pudo evitar suspirar con desgano ante ese comentario. Pensó en que sentirse atraída por él ya era un signo suficiente de trauma. Ello lo sabía de sobra. Conocía esa sensación. House parpadeó perplejo. No pensó que las cosas pudiesen complicarse de ese modo.
- La única manera de alejarla es que haya otra mujer. Ella me confesó que me quería tanto que si me veía feliz con otra mujer, me dejaría en paz.
Le miró estupefacta. No creía que fuese posible que House pudiese decir semejante tontería. ¿Realmente pensaba que iba a creerle? Él tampoco podía tragarse la majadería que acababa de soltar.
- Pues dile que hay otra mujer. Lo de que eres feliz ahórratelo, porque eso no lo creería por mucho que te ame.
¿Tú tampoco? Tuvo que retener esa pregunta en su mente. Morderse la lengua para no preguntarle. Era lo que más quería preguntar en ese momento. Deseaba saberlo.
- Ya se lo dije, pero tú misma has comprobado que no se lo ha creído. Y ahí es donde, querida amiga, entras tú. – dijo señalándola con el dedo.
- ¿Y se puede saber como? – preguntó exasperada.
- Necesito que me vea dándote un beso.
- Eres increíble. – se levantó recogiendo su revista.
- Lo sé, debe ser lo que la pone. – contestó sarcástico.
- Una puta puede ayudarte con eso, no necesitas mi ayuda. – iba a salir por la puerta.
- Si traigo una puta al hospital Cuddy tendrá un motivo más para matarme. No querrás que eso ocurra. – Cameron se giró y le miró. – Tan solo es un beso. Un besito de nada. – dijo mientras juntaba el dedo índice y pulgar.
- Estás loco si piensas que me voy a prestar a ello. No te besaré para que una chica se desenamore de ti.
- No me besarás porque eso supondría reconocer que aún sientes algo. Supongo que mentías cuando dijiste que me odiabas…
Le dio la espalda esperando a que reaccionara. Era Cameron, siempre lo hacía. Abrió la boca para decir algo pero tuvo que pensarlo. Ella sabía que no le odiaba, pero las cosas habían cambiado demasiado en los últimos años.
- Lo único que siento por ti es lo que sienten todos.
- Entonces¿cuál es el problema? – volvió a girarse para encararla. – Si no sientes nada por mí, un beso no significará nada.
- ¿Te has creído que voy besando a todos los hombres así por así?
- Con Chase no tuviste problema.
Mierda. Eso no estaba planeado. No fue algo que debiese salir, pero aquello estaba costando demasiado y no controló lo que decía.
- No. – dijo mirándole fijamente.
- Cobarde. – intentó picarla.
Chase y Foreman aparecieron por la puerta. Cameron dio gracias a Dios por aquella interrupción y él los maldijo por lo mismo. Sus caras no revelaban nada bueno y House reaccionó.
- Los riñones le están fallando. – dijo Chase un poco adormilado.
- Eso es bueno, me gusta lo nuevo. – dijo House.
- Supongo que también lo será que vuelva a tener problemas para respirar… - comentó Foreman.
- Eso es extraño… También me gusta.
Foreman se quedó mirando a Cameron. No se había movido ni había hecho ningún gesto. Estaba de pie y parecía inmersa en sus pensamientos. Le dio un pequeño golpe con el codo para que volviese a la realidad. Se sentó junto a Chase pero no podía dejar de pensar en lo que House le había propuesto. Definitivamente se había vuelto loco. Los efectos secundarios de la ketamina estaban surgiendo ahora. Sabían que podía causarle daños neurológicos. No tenía otra explicación. Le miraba nerviosa. Observaba como escribía algo en la pizarra. Ni siquiera sabía qué estaba escribiendo. Es como si su cabeza se hubiese bloqueado. House se giró y pudo verla desviar la mirada rápidamente, nerviosa. Supo en ese instante que ella lo pensaría. Tan solo necesitaba presionarla un poco más y seguramente accedería.
- Echarle un vistazo a su corazón. Puede que vuelva a darnos problemas y mirad todo lo que la hemos dado y que pueda causar fallo renal. Cuando lo hayáis encontrado, retirárselo. No querréis que la jodamos más¿no?
Los tres salieron suspirando. En cuanto llegaron al ascensor el busca de Cameron sonó. Lo miró. Cobarde.
Es como si le hubiesen dado un cóctel con una cantidad insuficiente e incoherente de síntomas. Nada parecía tener sentido.
- He oído lo de tu amiga. – dijo Wilson que acababa de entrar.
- Pasas mucho tiempo con Cuddy. – contestó sin darse la vuelta.
- House, sé que no eres un capullo…
- ¿Qué tal Julie? – preguntó mientras cojeaba hacia la maquina de café.
- Sabes que puedes evitar que hablemos de esto ahora, pero más tarde o más temprano, lo haremos.
- La animadora adolescente que llevas dentro nunca se rinde¿eh? – ahora iba a su despacho.
Wilson le siguió. Se sentó en una de las sillas. En realidad le había venido bien que sacase el tema de Julie. Tenía algo que contarle pero no sabía como iniciar la conversación sin que House le mandase con sus problemas a otra parte.
- Anoche cené con ella.
- Es por eso por lo que me dejaste plantado…
- No me jodas, anoche tenías partida de pocker. – House levantó las cejas y se acomodo en su silla. – Dice que lo ha pensado y que si quiero paralizará los papeles del divorcio.
- Te la tiraste.
- ¡No! – su gesto de indignación pronto se convirtió en derrota. – Sí.
- Qué débil eres Jimmy. – rió.
- Claro… Es mucho peor tirarte a tu ex mujer que a una adolescente de diecisiete años.
- Me indigna que pienses así de mí. Sabía que tanto tiempo con Cuddy tendría consecuencias. ¿Por fin te ha llevado al lado oscuro verdad joven Skywalker?
- Tú sigue así y lo único que conseguirás es que esto acabe mal.
- Tengo un plan. Un plan que nos beneficiará a todos. – Rió malévolamente.
- Das miedo.
El busca de Cameron volvió a sonar. Cobarde. Ya era el cuarto mensaje que recibía. Siempre decían lo mismo. Lo guardó nerviosa en el bolsillo de la bata y volvió a mirar a través del microscopio.
- ¿Alguien especial? – preguntó Chase curioso.
- ¿Qué?
- Tu busca. – dijo señalando su bolsillo. – Ha sonado cuatro veces en menos de una hora. Si fuese algo importante hubieses salido corriendo.
- Tú lo has dicho. Si fuese algo importante. – contestó esquiva.
- Ya es oficial. – dijo Foreman mientras entraba. – Va a necesitar diálisis.
- Joder. – respondió Chase.
Odiaba a House. Tenían trabajo. La vida de alguien dependía de ello y él la molestaba con mensajes. Quería ignorarlos pero trataba de pensar en algo que la hiciese cortar de raíz aquella situación. Si seguía así, no podría hacer bien su trabajo. No la gustaba que nada interfiriese en su trabajo y House no ayudaba molestándola cada quince minutos. Pensando en el demonio, apareció en el laboratorio comiendo uno de sus malditos sándwiches. Pensó que sus labios solo tocarían los de House en caso de que se ahogase con el sándwich. Dudaba bastante de que Foreman y Chase se prestasen a hacerle el boca a boca.
- ¿Pensando en algo interesante? – preguntó House.
- ¿Eh? – levantó la vista del microscopio sin saber qué decir.
- Debe estar pensando en su novio. – dijo Chase por lo bajo.
Cameron le lanzó una mirada asesina. Era un cotilla. A veces era peor que House. El australiano sonrió pícaro. A House aquello no le pasó inadvertido. No pensaba en ningún novio, sino en los mensajes de House torturándola. Formaba parte de su plan desesperarla hasta que accediese. Había asumido que las dificultades para lograrlo serían mayores, pero que fuese un reto más complicado, solo hacía que lo desease más.
- Luego me cuentas todo Chase. – dijo House imitando a una chica. – Así que nuestra joven paciente necesita diálisis… Es hora de registrar su casa. – Foreman supuso que querría que fuese él. – Cameron, mueve el culo.
Cameron abrió la boca para quejarse pero House ya había salido del laboratorio. Sus compañeros le dieron un golpecito en el hombro cada uno y salieron también. Le costó varios minutos reaccionar. Lo que faltaba, ir con House a una casa ajena. Abrió los ojos de par en par y pensé que además de allanar una casa con House de nuevo, tendría que ir con él en su moto. De eso nada. Tenía suficiente con aguantar sus mensajes. Intuyó que no se había ofrecido por amor a su trabajo. Querría seguir la conversación y forzarla a aceptar su propuesta. Pensar que sería tan estúpida como para acceder por el simple hecho de ser buena persona hacia que House fuese demasiado retorcido. Lo decidió. Ella iría en su coche. Si él quería ir en su moto iría solo y se encontrarían en la casa de Mandy. Si pensaba que seguía siendo la misma ingenua de hacía dos años, estaba muy equivocado.
Si alguien le hubiese visto sonreír de la manera en lo que lo hacía ahora, es posible que hubiese pensado que había tomado algo más que dos simples vicodinas. Disfrutaba con la imagen de Cameron cuando le dijo que iban a ir los dos a la casa. Había abierto la boca para decir algo, pero no la dio tiempo a ello. Si quería quejarse, estaba bien, pero él era su jefe y él era quien mandaba. Estaba recogiendo sus cosas cuando Wilson entró en el despacho.
- ¿Qué estás haciendo? – preguntó.
- Yo lo llamo recoger mis cosas, meter mis pertenencias en una mochila…
- Veo lo que estás haciendo, me pregunto por qué. – miró su reloj. – Faltan horas para que te puedas ir a casa.
- Voy a allanar una casa.
- ¿Qué? – preguntó alzando la voz y sorprendido.
- No conviene que grites cuando alguien va a cometer un delito.
- ¿No pueden ir Foreman o Chase?
- ¿Y por qué no Cameron?
- Oh, oh… - tuvo que aguantar la risa. – Vas a ir con Cameron a esa casa.
- Te has tirado a tu ex mujer. – vio como la risa de Wilson se torcía en disgusto. – Pensé que era un concurso de obviedades. Ya sabes que soy muy competitivo.
- ¿A qué estás jugando House? – preguntó Wilson preocupado.
- Ya te lo he dicho. Voy a ir a registrar la casa de mi paciente.
En ese momento Cameron asomó por la puerta que daba con la sala de diagnóstico. Miró a Wilson. Veía la preocupación en sus ojos. Ella sonrió como si no quedase otra opción. House cogió su mochila y la siguió todo lo rápido que pudo.
Les vio alejarse por el pasillo del hospital. Estaba convencido de que House no tramaba nada bueno. Estaba pasando algo raro. Primero le había pillado viendo la tele con Cameron y ahora se iba con ella a registrar una casa. Fuese lo que fuese, sabía que no acabaría nada bien. De pronto su busca sonó. Era Cuddy.
Caminaba como si la persiguiese el mismo demonio. Tal vez sentía eso con House pisándola los talones. A pesar de lo rápido que solía ser, había conseguido ir casi un metro por delante de él. A él no le importaba. No era consciente de lo que le divertía su comportamiento. Cuanto más le ignoraba, mejor se sentía. Paró cuando llegó a su moto pero vio que ella siguió caminando.
- ¿Dónde vas? – gritó.
- A mi coche. – se paró y giró para contestarle.
- La moto es más rápida. Llegaremos antes.
- Entonces espérame allí.
Y siguió caminando hasta su coche. ¿Qué ha sido eso? Se había quedado viéndola alejarse de allí. Demasiado difícil. Empezó a pensar que tal vez le sería imposible convencerla. Sin embargo, lo intentaría una vez más. No perdía nada.
