Un Youkai atado. Un youkai descontrolado.
Kagome me miró con su bella sonrisa. La miré no muy seguro. ¿Funcionaría esto? No estaba seguro del todo. Ella me había dicho que sabía la manera de no dejar que mi instinto Youkai saliera a flote especialmente a ciertos años desde mi nacimiento. Ya que, cada cierto año mi instinto Youkai salía sin mi permiso y mañana se cumplirían esos años contando los 50 años que estuve sellado.
-Yo sé que nada pasará, Inuyasha- me animo ella.
-¿Y si te lastimo?- pregunte inseguro.
-No lo harás.- nunca dejo su bella sonrisa de inocencia. -¿No confías en mis poderes de sacerdotisa?- me pregunto ella curiosa.
-No es eso.- aseguré. –Sólo que no confió lo suficiente en mí.-
Tenía miedo de que pudiese matarla. ¿Qué tal si la lastimaba? Debía de confiar en ella, y lo hacía. ¡Vaya que lo hacía! Pero no confiaba en mí mismo. Tenía miedo.
-No me harás daño.- me volvió a decir ella parándose delante de mí y acariciando mi mejilla. Su olor se volvió más picante y no pude negarme. Ya no…
-Está bien…- dije serio. –Pero si te lastimo… No dudes en purificarme- dije serio
Ella me miró horrorizada.
-No lo haré.- dijo seria. –Te sentaría.-
Me tensé al escuchar esa palabra. –No funcionará.- le respondí.
Ella me miró con curiosidad.
-El collar…- comencé a explicar. –Sirve para los hanyou, no para youkai completos.- le dije.
-Puede ser.- asintió ella. Tomo con suavidad mi mano. –Pero los pergaminos no fallarán.- dicho esto ella comenzó a guiarme rumbo al pozo devora huesos.
Su mano…. Esa hermosa y blanca mano que aún recuerdo como tenía entrelazada con la mía propia. Flexioné los dedos de mi mano que tenía suelta y recordé esas formas suaves de ella en mi mano. Aún recuerdo todo lo que pasamos la primera y última vez desde que estuvimos en otro tipo de entrenamiento. Negué con la cabeza tratando de alejar esos pensamientos. Había lastimado a Kagome a costa de mi placer, pero yo me aseguraría que no volviese a pasar en un futuro cercano. Aunque no puedo negar que lo haya disfrutado… y mucho.
Llegamos al pozo y saltamos directo en él. Kagome corrió a su habitación siendo seguida de cerca por mí. Miré curioso como sacaba una bolsa roja de su armario y me miraba con una cara que bien recordaba… lujuriosa. Cerré mis ojos y negué suavemente. Volví a abrirlos y Kagome me miraba ahora preocupada… seguramente esa cara había sido mi imaginación que quería jugarme una tranza.
-¿Pasa algo, Inuyasha?- pregunto ella con suavidad.
-No pasa nada.- dije lo que menos sentía.
Ella me miró atentamente. Se acercó a mí y me dio un fuerte abrazo de oso. Apresé a Kagome entre mis brazos y levanté suavemente su mentón. Ella se acercó a mí y juntos terminamos de juntarnos para un beso suave, con ternura, sin prisa… saboreándonos. Nos separamos y ella tomó con suavidad mi mano. Salimos de su casa/templo para continuar con nuestro extraño recorrido a un rumbo desconocido para mí. Suspire cuando las pulsaciones en mi Youki comenzaban a hacerse presentes, el Youkai dentro de mí rugía en el fondo de mi mente, tratando de controlar mis pensamientos y por lo tanto de mi cuerpo.
-Kagome…-
Ella me miró deteniéndose en nuestra loca carrera. Miré el cielo y mire directo a la gran bola amarilla del cielo que nos daba luz. Mis ojos literalmente se quemaron por verlo directamente. Cerré mis ojos y comencé mover desesperada mente mi cabeza tratando de quitar ese molesto ardor sobre mis ojos (Jaja xD) Pero podía mirar que faltaba poco para que se perdiera en el gran monte. Finamente mis ojos dejaron de arder y miré a Kagome.
-Perderé mi control cuando anochezca.- le dije.
-Tenemos que apresurar el paso o no llegaremos a tiempo.- ella apretó entre sus manos la pequeña mochila del mismo color que mi Haori.
Asentí con la cabeza. Cargué a Kagome en mi espalda y pregunte por el camino. Con un gran salto llegamos hasta el techo de unos grandes edificios y comenzamos a saltar de techo en techo con mi gran velocidad. Apreté un poco más los muslos de ella, parecían más fuertes ya que los sentía duros pero aún conservaban su suavidad. No le di importancia a esto y continué mi camino hasta el destino.
Bajé a Kagome de mi espalda con delicadeza y, tomándola por sus anchas caderas y dando un gran salto, bajamos hasta la entrada de ese gran lugar.
-¿Qué es esto?- pregunte curioso.
-Un lugar donde personas vienen en familia a pasar días para salir a conocer pero también un lugar donde la gente hace…. Ciertas cosas.- ahora ella comenzaba a tener nervios.
Una pareja salió por la gran puerta que daba al edificio apestando a cópula. Mi nerviosismo junto a un calor en mis mejillas aumento al entender las palabras de Kagome. Pero debía de confiar en ella, por no hacerlo mi instinto la tomo por mi compañera, y, aunque no me arrepintiera de eso, fue de una manera tan cruel que diría que fue una violación si no fuese porque mi espalda tenía unos rasguños de uñas humanas sobre ella, seguramente de Kagome.
Solté un suspiro y me deje llevar por Kagome dentro de ese gran lugar con una puerta extraña. Perdimos algo de tiempo ya que por más que caminaba seguía dando vueltas en el mismo lugar hasta que Kagome me ayudo a encontrar una entrada para salir de esa horrible puerta que me mantuvo bajo su prisión. (Jaja xD) Después de una plática a la que no le entendía ni mierda de Kagome y una mujer detrás de una mesa ella me guio por unas escaleras algo parecidas a la del templo de Kagome. Llegamos a un enorme corredor y a mi sistema entro el olor a deseo, cópula y lujuria en cada lugar. Traté de tapar las aletas de mi nariz para no inhalarlo con algo de éxito y seguí a Kagome que parecía más emocionada.
-¡Ah! ¡Sí! ¡No pa…!-
Fue lo último que escuche antes de que Kagome y yo entráramos por una gran puerta que olía como a metal y al cerrase bloqueó tanto los sonidos como olores. Relajé notablemente mis orejas dentro de la gorra. Misma gorra que arrojé a algún lugar de la gran habitación, que ahora miraba bien, tenía una gran cama en el centro y muchos de esos cristales reflectores de imágenes alrededor donde podía mirarme a mí mismo y varias caras de Kagome.
-Necesito que te quites la ropa…- dijo ella con determinación y con las mejillas sonrojadas.
Mis propias mejillas ardieron pero asentí con mi cabeza. Comencé a quitarme primero el Haori seguido de cerca por mi Kosode. Desabroché el nudo de mi Hakama con manos temblorosas pero, tomando valor, los bajé completamente y quedar en mi Fundoshi. Apenas comenzaba a desabrochar la cuerda cuando ella me grito.
-¡Suficiente!- me dijo sonrojada.
Asentí con mi cabeza algo aliviado por el hecho de no tener que desnudarme de cuerpo completo. Caminé hasta la gran cama tapada con algo negro y me senté en el borde esperando la próxima petición de Kagome.
Ella se encaminó hasta posarse delante de mí y tomo con suavidad mis muñecas. Sentí algo frío en ellas con algo colgando. Lo mismo pasó con mis tobillos que fueron cerrados con esas cosas frías similares a las de mis manos.
Clic
-¿Qué son esas cosas?- gruñí al sentir más pulsaciones de mi Youki mientras sentía que perdía poco a poco el control de mi cuerpo y mente. No quedaba mucho para el anochecer. Ella miró las cosas metálicas pensativa y después me sentí libre de ellas dejándome nuevamente movilidad pero ahora me coloco dos nuevas en la muñeca y tobillo libre. Aún podía moverlos pero colgaba un extremo de esa cosa metálica que terminaba en un círculo. Ella extendió todo lo largo de mi brazo hasta llevarlo a un tubo largo que daba con el pequeño techo de la cama con un espejo donde podía verme a mí y a Kagome, ella se encontraba cerrando ese extraño círculo en el barandal ese. Lo mismo hizo con mis otras tres extremidades. Finalmente quedé en X. Tensé mi mano y el metal crujió un poco.
-Los romperás si sigues así.- Kagome me miró. –Necesitamos al menos 16 o 14 sellos. Eres demasiado fuerte ¿Sabes?-
Sonreí cínico. ¡Claro que lo sabía! Si no era fuerte… ¿Cómo podría salvar y cuidar a Kagome? Debía de entrenarme a cada momento para que Kagome estuviese a salvo a cada momento. Además de poder asustar a los pretendientes de MI Kagome. Fácilmente los asustaba y así se alejaban de Kagome… realmente útil. (xD)
Kagome me dio la espalda pero pude ver en mi rango de visión unos papeles en blanco con forma de pergamino. Ella después de un rato se volteó con una copa y un extraño objeto parecido a unos de los pinceles de mi época que se usaba. ¿Será el nuevo tipo de pincel? No le di importancia y alcé un poco la cabeza para mirarla mejor.
-Esto te dolerá un poco.-
Ella acercó una cosa parecida a una Katana pero mucho más pequeña y de hoja que olía a aluminio. Lo acercó a mi muñeca y fruncí un poco el ceño al sentir como esa cosa me cortaba hasta sacarme algunos pequeños chorros de sangre. Solté un suspiro de alivio cuando ella lo alejo, no me había dolido, más bien era como un simple ardor molesto. También solté otro suspiro al sentir más pulsaciones de mi Youki por mi cuerpo. Sentía como algunos músculos de mi cuerpo se ensanchaban un poco… solo esperaba que Kagome se apresurara.
Ella volvió a darme la espalda y varios minutos después me dejo ver 16 pergaminos con escritos extraños curiosamente pintados con mi sangre. Ella se acercó a mí y colocó 4 a cada mano y pie atados con esas cosas metálicas. Cuando ella termino tensé mis cuatro extremidades y los sellos brillaron con una luz rosada/blanca/morada. Mis mulecas y tobillos se entumecieron para no dar paso a sensaciones en esas mismas cuatro extremidades pero curiosamente podía sentir un poco arriba de las rodillas y en mi torso, en cuello junto a mis orejas. No le di importancia pensando que eso debía de pasar y cerré mis ojos aliviado al no poder moverme libremente. Kagome hacía esto por mí y para no dañarla y eso me aliviaba profundamente ya que confiaba totalmente en ella. Sentí unos labios sobre los míos y correspondí el beso moviendo mis labios sobre los suaves e hidratados de ella con suavidad.
-¿Estás listo? Casi es totalmente de noche. El sol casi desaparece, de hecho, apenas se puede ver.- me dijo ella cuando nos separamos.
Abrí mis ojos justo cuando sentí más pulsaciones y asentí. Mis músculos crecieron considerablemente y sentía como su cayera a un vacío. Ella se alejó con miedo en su olor y cerré mis ojos con fuerza.
Mi último pensamiento fue que ojalá los pergaminos funcionaran con éxito….
Mirélos conocidos tatuajes ensancharse en las mejillas de Inuyasha y como sus colmillos crecían hasta hacerse notar debajo de su labio superior. Sentí una enorme emoción en mi pecho….
¡Para esto me preparé! Entrenaba a cada momento hasta el cansancio mis músculos, sobre todo mis piernas. Aumente considerablemente mi poder espiritual que me atrevo a decir que soy mejor que Kikyo ahora. Mi resistencia es mejor gracias a las largas caminatas y escaladas de montañas, peleas contra los Youkai e incluso por correr cuando Inuyasha trataba de atraparme en las lunas nueva. Finalmente mi fantasía se cumpliría. Estaba harta de ser comparada con Kikyo… ¿Sólo una vez? ¿Acaso el no comprendía que a mí me gusto esa primera vez? Quería más… pero él siempre se negaba diciendo que me había lastimado. Y lo hiso… ¡Vaya que lo hizo! Pero después me sentí muy bien, de hecho, añoraba demasiado volverme a sentir así.
Inuyasha abrió sus ojos permitiéndome ver que estaban totalmente en blanco mientras poderosos gruñidos salían de su boca. Mi sonrisa que inconsciente mente se plasmó en mi rostro aumento aún más hasta que mis mejillas dolieron un poco al tener que dar espacio a esta. Él comenzó a retorcerse en el colchón negro de la gran cama. Me acerqué aún con cuidado para mirar como su iris de un hermoso color azul para luego ser bordeados de un carmesí tan hermoso como la manzana roja más pulida del universo. Parece que él estaba acostumbrándose a la luz y al aroma del ambiente ya que comenzó a parpadear rápidamente y a mover su nariz graciosamente. Se enteró que mis poderosos pergaminos lo apresaban ya que comenzó a tensar su cuerpo con mucha fuerza pero no podía hacer nada, solo esperaba que no usara el máximo de su fuerza o mi plan se podría ir al caño. Parece que finalmente notó mi presencia ya que me miró con sus hermosos ojos azul real con algo que note como curiosidad.
-Kagome….- ¡Kami! Sentía que con esa voz tan masculina me mojara toda. Su voz era tan masculina, grave, sensual…. Todo eso y más. El continuó sonriendo. –Quítame estas cosas de mi cuerpo y vallamos a matar.- me dijo el sonriendo y mirándome a los ojos.
-Me recuerdas…- dije lentamente y me acerqué a él con lentitud hasta sentarme en el borde de la cama con una gran confianza en mi poder.
El bufó. -¡Por supuesto que conozco a mi hembra.- no pude evitar que un sonrojo adornara mis mejillas al ser llamada así por él. -¡¿Por qué putas estoy casi desnudo?! Kagome…!- él ahora comenzaba a gruñir tensando más los agarres. -¡Suéltame! ¡¿Qué es esto?!-
Mientras él decía esto me acerqué a mi mochila para sacar un látigo de cuero. Me acerqué nuevamente a él hasta que me hinqué a su lado mirando con ojos lujuriosos todo su torso desnudo y ese gran miembro que, hasta dormido, se hacía notar en la tira que lo cubría. Salí de mis lujuriosos pensamientos al ver como se movía ahora con más desespero.
-¡Deja de mirarme así y suéltame de una puta vez!-
Le di un latigazo en la muñeca el solo gruño más fuerte.
-Calla de una vez o esto se acaba.- le dije colocándome entre sus piernas abiertas.
-¡No estamos haciendo….! ¡Ah! ¡Perra!-
Por el simple hecho de querer y porque podía, mordí con fuerza su muslo. Yo misma gemí al sentir su sabor salado en mi paladar y mi lengua se encargó de recoger más de este. Su sabor era tan único, tal y como lo recordaba lejanamente en mis sueños y pensamientos de nuestra primer noche. Él comenzó a retorcerse nuevamente y apreté más mi mordida hasta que el soltó un jadeo.
-¡Deja de morderme!- me grito él.
Alcé la mirada sin dejar la mordida per solo pude ver un poco de su cabello del fleco, su pecho descubierto y por supuesto que su miembro que seguía dormido.
-Oblígame.- balbuceé.
Escuche un gruñido de él en respuesta y sentí como trataba de mover sus piernas sin mucho éxito gracias a mis pergaminos sobre él. Solté lentamente mi mordida y me subí sobre él pero sin tocarlo siquiera. Él me miró con ojos fieros y desafiantes directo a los míos que expresaban lujuria pura. Él volvió a gruñir pero escuché con satisfacción como este no se escuchaba como los anteriores. Me acerqué con lentitud a su boca hasta que sentía su aliento en la mía propia, embriagándome… Lamentablemente él alzó la cabeza para morderme con fuerza mi labio inferior y estirarlo dolorosamente mandándome una mirada retadora arqueando una de sus gruesas y masculinas cejas negras. Solté un gemido cuando sentí su lengua juguetona lamer la sangre de mi labio inferior que había sido rasguñado por sus grandes colmillos que ahora me daba cuenta, podían hasta matarme. Pero no podía evitar mirar sus labios ahora algo manchados con mi sangre. Esos labios tan sensuales, finos, suaves…
-Si te doy un beso, ¿Intentarás no morderme?-
La sonrisa de él mostrando sus grandes colmillos fue suficiente para que descartara esa idea rápidamente. Me senté sobre su miembro escuchando su gruñido y como trataba de soltarse de los agarres con más fuerza. Acerqué mis labios a los suyos de él, que me esperaban pacientes aún con su sonrisa plasmada sobre ellos. Pero escuché su gruñido al pasar de largo por esos deliciosos labios para comenzar a morder su cuello, quería hacerle una marca similar a la que él dejo en nuestro primer encuentro en mi cuello que curiosamente no me dolía para nada al apretarla pero extrañamente sentía que no era el momento para hacerlo, pero igualmente mordí y lamí su deliciosos cuello con un sabor ligeramente salado. Comencé a morder con levedad su clavícula y coloqué mis manos sobre sus grandes pectorales arañándolas procurando dejar un rastro de líneas rojizas sobre ese gran pecho. Parecía que de verdad quería soltarse ya que sus brazos estaban demasiado tensos, podía ver fácilmente unas cuantas venas marcarse sobre sus brazos y ver su músculo en el antebrazo, más bien sobre el bíceps de él. En ese momento sentí un poco de lástima por haberle atado pero no tenía otra opción, era eso o el Youkai me mataba pero parece que no tenía esas intenciones al verme. O al menos no matarme a mí sino a ir de "cacería" junto a mí. Me estiré de modo que la cara de mi salvaje acompañante quedase entre mis pechos y lamí entre los dedos tensos de Inuyasha, que trasformado o no, era MI Inuyasha.
Mis mejillas ardieron al sentir como dos de los dedos de Inuyasha atrapaban mi lengua y jugaban con ella y más al sentir como estiraba su cara hasta que sentí sus labios en el valle entre mis senos. Dejé que el hiciera lo que quisiera ya que sería lo único que dejaría que el hiciera por un rato, sería amable con él por ese momento, después de todo… lo necesitaba duro y no flácido. Solté un jadeo al sentir la fría brisa acariciar mi espalda desnuda cuando el tiró con fuerza de sus dientes logrando que la blusa negra a tiras que tenía puesta se rompiera debido a la fuerza empleada en el ataque hacía esa pobre prenda.
-¿Quién necesita las manos.- dijo él con una risa que logró que mi cuerpo se estremeciera de pies a cabeza. -¿Qué es esto?-
Él detuvo sus dedos en mi lengua y yo baje la cabeza curiosa pero reí al ver como miraba con el ceño fruncido mi sujetador a encaje negro con morado. –No te burles, perra.- me dijo él mirándome ahora a mí.
Miré curiosa como miraba el espejo de arriba primero con curiosidad, después su ceño se relajó y sonrió de una manera tan sensual que ahora si sentí como comenzaba a mojarme, estaba segura que él podía olerlo y recé a Kami-sama por qué no lo notara o que lo dejara pasar.
-Tu espalda se ve tan suave y moriría por al menos tocarla con la yema de mis dedos. Kagome.- él alzó los ojos a los míos y la profundidad de estos llenos de sentimientos lograron que mi ser se estremeciera de pies a cabeza nuevamente, era algo que no podía evitarlo.
Decidí agradecerle con placer que podía darle en las partes erógenas que yo bien investigué pero no las haría en todas ellas ya que seguramente en más de la mitad no sentiría nada. Me volví a sentar entre sus piernas mirando como el alzaba sus ojos mirando el espejo arriba de nosotros donde seguramente me podía mirar desde arriba gracias a donde apuntaba; a nosotros. Coloqué una mano suavemente sobre la pequeña erección en el Fundoshi de él y lo sentí tensarse ante mi delicado agarre en esa zona privada de él.
-Aleja tu mano de allí, Kagome.- me dijo sin emociones en esa masculina y sexy voz.
-Oblígame.- sonreí mirando al espejo para mirar la cara desencajada de Inuyasha.
-¡No seas desobediente, perra!-
-¡Deja de decirme perra!-
Volví a morder ahora su otro muslo y él se tensó más que la vez anterior.
-¡Te gusta jugar rudo, mi perrita…!-
Él volvió a tensar sus extremidades pero nunca solté mi mordida sobre su muslo. Él comenzó a gruñir pero después de un rato se quedó totalmente quieto y en mi poco rango de visión gracias a mi posición apenas pude mirar como él alzaba la vista al espejo nuevamente. Saqué mi lengua de mis labios y lamí una salvaje gota de sangre que había salido de una de las marcas de mis dientes sobre esa deliciosa piel bronceada con un delicioso aroma a leña recién cortada y al salvaje bosque en el que regular mente él se encontraba.
-Deliciosa sangre, querido…- dije al sentir un delicioso pero algo metálico sabor en mi paladar.
El volvió a gruñir en respuesta junto a más sensaciones por parte de sus cuatro extremidades, pude escuchar claramente el sonido del metal al tratar de quitarlo con más fuerza y no pude evitar sentir miedo… ¿Qué me haría si se soltaba? ¿Acaso me atacaría? O quizá… ¿Él haría lo que yo tanto quería: que me tomara nuevamente? Sentía como mi cuerpo temblaba en una mezcla de anticipación y miedo. ¡Pero no…! ¡No! ¡Ese era mi momento! ¡Domaría a ese hermoso youkai debajo de mí aunque me costara la vida en el intento, sí… así de desesperada me encontraba por sentir su gran miembro de nuevo en mí, tensándome con su fuerza que tenía de hanyou, y al estar transformado, seguramente su fuerza aumentó a una que yo misma quería probar.
Sonrojada a tope pero con mis bragas a encaje totalmente mojadas saqué mi lengua y la coloqué sobre su abdomen. Él se tensó más y relajó sus piernas pero no sus brazos. Me acomodé mejor en el pequeño espacio que había en las fuertes piernas de él y comencé a bajar lentamente hasta el borde del Fundoshi que miré curiosa. ¿Qué rayos era eso? O mejor dicho, ¿Cómo se quitaba esa cosa? Me entretuve mirándolo pero sólo me jodía el cerebro pensando cómo se quitaba esa cosa. Parece que a Inuyasha le daba gracia ya que comenzó a soltar unas pequeñas risas masculinas y roncas que me estremecieron de pies a cabeza.
-Si me desatas, te ayudaré a quitarlo.- me ofreció él.
Salí de entre sus piernas y me encaminé a mi mochila. Misma mochila que cargué hasta dejarla a un costado de Inuyasha y volví a mi anterior posición con una sonrisa.
-¿Qué es eso, perra?-
No respondí y de la mochila saqué una navaja que hace rato usé para sacarle sangre. Él se tensó cuando llevé el filo de la navaja a su cadera, seguramente pensando que lo traicionaría y le haría daño. ¡Pero si que era ingenuo! Nunca le haría daño a mi "macho" como él dijo que era mío hace algunos días atrás. Con la punta de la navaja corté el borde de esa cosa rara y la tiré lejos de mi alcance y de él. Miré su miembro semi-erecto con ojos lujuriosos y lo tomé delicadamente en una de mis blancas manos. Él volvió a tensarse.
-Eres muy sensible.-
El bufó. –No es eso.- dijo seguro. Lo miré y miré una sonrisa plasmada en sus labios. –Estas cosas me entumecen todo el cuerpo y se siente… extraño.- por alguna razón eso no sonó lo que de verdad quería decir.
Miré nuevamente su miembro. No había visto jamás eso en la primera ve ya que sólo él se movió y me exploró y los patéticos dibujos y esquemas del Instituto no le hacían justicia al gran pedazo de carne que tenía ahora entre mis dos manos aferrándolo a mí, temiendo que se me escapara de las manos y no volver a sentirlo nunca más. Apreté un poco la base y me sorprendí al ver que con una de mis manos apenas y abarcaba unos 82% de su grosor. Sentí como mi propia excitación crecía al mirar todo lo largo de él cuando lo enderecé y más al ver la gruesa punta con forma de seta.
-¿Sorprendida?- me estremecí al escuchar su jadeo tan ronco.
Nuevamente pasé de la opción de responder y acerqué mis labios a la punta que comenzaba a sacar un líquido muy brillante que hacía a la punta y un poco más abajo brillar; líquido pre seminal o algo así. Pinté mis labios como si ese líquido fuese un lápiz labial.
-Ughh…-
Las extremidades de él se tensaron dejando su torso un poco elevado del colchón de la cama y comenzaba a ronronear con suavidad, así como el ronroneo de un gran gato al recibir una caricia agradable. Mi lengua lamió ese líquido de mis labios mojados y me estremecí soltando un gemido al sentir un delicioso y algo salado sabor en mi paladar. Miré de reojo al espejo y miré como Inuyasha soltaba un suspiro con los ojos cerrados y las orejas tensas por lo que podía mirar. Él abrió los ojos y me miró por el espejo serio. Miré nuevamente su miembro y acerqué la punta ahora donde mis labios se abrían para meter un poco de la cabeza de él y sentir más de ese delicioso y curioso sabor ni agradable pero ni asqueroso, bueno, lo consideraba delicioso, a todo él lo consideraba delicioso. Él comenzó a tener leves arqueamientos de espalda y me felicité mentalmente por ese suceso. Comencé a morder suavemente donde la cabeza se separaba con carne al tronco de él. Lo escuché murmurar palabras sin sentido alguno cuando absorbí con suavidad toda la cabeza de él entre mis labios ahora hidratados por él líquido proveniente de él. Metí más de su gran miembro en mi boca hasta llegar a un poco más debajo de la mitad del gran y grueso miembro de él. Lo solté un poco y miré con satisfacción como ya se encontraba erecto. Traté de relajar los músculos de mi garganta al máximo y comencé a meter más de su miembro hasta avanzar un centímetro más o menos que la vez anterior. Lo sentí tensarse mucho más.
-No puedo creer lo maravillosamente perfecto que se siente esto… Uhh.- jadeo cuando apreté la base de su miembro con mi mano.
Comencé a mover mi cabeza de arriba abajo. Sentía mi lengua acariciar al miembro de él, mandándome más de su exótico sabor. Inuyasha comenzó a moverse con más fuerza seguramente tratando de quitarse los pergaminos y las esposas. No le di importancia y cerré mis ojos concentrándome en el gran pedazo de carne que tenía en mis manos y boca. Lo saqué de mi boca y comencé a serpentear desde la base hasta la punta donde lamí con más fuerza el glande para después volver a bajar. Inuyasha dejó atrás el ronroneo para soltar gruñidos y más tensión de extremidades que me ponían nerviosa al pensar que podría soltarse si utilizaba la suficiente fuerza. Parecía que trataba de atraparme, como si estuviera tan lejos y tan cerca a la vez. Volví a meterlo en mi boca absorbiendo todo lo que podía en mi pequeña boca. Él comenzó a gruñir más fuerte… presentía que se acercaba ya que su miembro creció un poco pero lo pude sentir y su base también sufrió un cambio. Apreté más la base y mordí el glande, después sentí más de ese líquido proveniente de él.
-¡Ah!-
Él soltó el primer gemido y me estremecí. Su gemido fue tan ronco, necesitado de mi cuerpo. También tensó todo su cuerpo y escuché tres veces el metal crujir pero por fortuna no las había roto. Me senté entre sus piernas y comencé a quitarme el sujetador cuando él mantenía los ojos cerrados, perdido en el placer que fui capaz de darle. Bajé la falda morada junto a mis bragas sintiendo un poco de malestar al sentir raspar una vara en mi muslo. Me senté sobre su abdomen totalmente desnuda y cuando Inuyasha abrió los ojos escuché con satisfacción un gemido de él. Inuyasha miraba mis pechos, mi abdomen y mi entrepierna pero pocas veces miraba mi cara. Él comenzó a revolverse con más pasión gruñendo y mirándome los pezones.
-Yo... Quiero… Kagome…- él me miró y me estremecí al mirar esas lindas orbes azules dilatadas, tan dilatadas que casi parecían las orbes de un gato.
Pensé un momento en mi próximo movimiento pero la voz suplicante de Inuyasha rodaba por mi memoria. Decidí hacerle caso y me acerqué a la cabeza de Inuyasha hasta que esta quedase entre mis dos pechos donde esa cabeza se perdía muy bien. Escuché su gruñido y sentí su lengua entre el valle de mis senos bajando levemente ya que no podía bajar más.
-Eres muy dulce…- sentí su aliento en el contorno de mi pecho derecho.
Sentí leves mordidas y me estremecí al sentir el perfecto filo de esos grandes colmillos hechos para matar a su presa sin pensarlo dos veces pero que ahora parecían inofensivos a mi lado. Solté un gemido cuando él finalmente llego a mi pezón con dificultad pero decidí acercarme más a él. Lo sentí gruñir y su pequeño susurro de "Dulce…" cuando él succionó un poco el pezón mandándome descargas eléctricas por toda mi espina dorsal hasta terminar en mi sobre excitada entrepierna. Me senté sobre su pecho quedando recta encima de él, que no se hiso de rogar y sentí como él bajaba junto a un hilo de saliva descendía desde mi pecho. Pero Inuyasha lo noto y gemí cuando lamió esa saliva que bajaba de mi pecho. Me separé de él escuchando triunfante el gruñido de él con el ceño fruncido y parece que ya no pudo seguir con la posición ya que cayo directamente en el colchón recostando su cabeza en la almohada blanca que se perdía junto a sus cabellos plateados y dejando algo flojos sus brazos tensos.
Yo misma sentí mi excitación resbalar por mis muslos, estaba lista para acogerlo junto a su gran tamaño. Excitada a más no poder me senté sobre su miembro húmedo de mi saliva y comencé a mecerme de adelante hacia atrás, lubricándolo con mi lívido.
-Kagome….-
Alcé la mirada al espejo y miré excitada como él tenía los ojos entrecerrados, los brazos tensos y las orejas a los lados de su cabeza. También miré mi propia cara y me sorprendí al verme con las mejillas súper rojas pero con los ojos brillosos de deseo. Miré el pecho de Inuyasha y coloqué mis manos sobre él aumentando el ritmo hasta que ya no podía más. Miré el miembro de Inuyasha erecto pero súper hinchado de la base y me pregunté si le dolería. No le di importancia y me fui sentando lentamente sobre el miembro de él, cuidando mi propio dolor y mirando la cara de Inuyasha en busca de dolor peor solo podía mirar una hermosa mueca de placer y escuchar mis propios gemidos junto a los gruñidos de mi amada bestia. Finalmente lo sentí profundamente clavado en mí y ambos soltamos nuestro aliento en un suspiro profundo. Miré sus labios y sentí unos enormes deseos de besarlos pero el miedo seguía en pie. Aproveché que él tenía los ojos cerrados para inclinarme lo que la posición me permitía y alcancé esos labios con los míos. Sentí una tensión en él pero no le di importancia y moví mis labios sobre los de él. Gemí cuando sentí su lengua buscando la mía y después a esa misma y larga lengua enrollarse con la mía escuchando y tragándome en gruñido que él dejó escapar.
Me separé de él escuchando su gruñido en reproche a mis acciones pero ese gruñido se unió a mi gemido de placer al mover mis caderas sacándolo casi completamente y escuchando como lloriqueaba como un perro cuando lo metí nuevamente en mi interior. Coloqué su cabeza entre mis pechos y coloqué mis manos a los costados de él.
-¡Inuyasha!-
Él gemía entre mis pechos cuando aumenté el ritmo sintiendo perfectamente unos líquidos cálidos saliendo de mí y mojando la entrepierna de él. Inuyasha chilló como un perro abandonado cuando lo saqué completamente de mí y yo también sentí un vació en mi pecho al no sentirlo pero quería jugar un poco. Me senté sobre su miembro sin adentrarlo completamente, dejando solo su cabeza en mi interior.
-Kagome… déjame entrar.- me pidió él mirándome a los ojos tan dilatados como los suyos.
Reí roncamente y apreté la base de él cuando sentí que movía su cadera tratando de entrar y, aunque lo deseara, quería escucharlo de él.
-Te quitaré las esposas…- dije seria. Inuyasha me miró horrorizado. –Nos vestiremos e iremos a matar a cada cosa viviente que se nos cruce en el camino.- sonreí.
-¡No quiero!-
-¿Qué es lo que quieres, entonces?- fingí tener curiosidad pero dentro me encontraba riéndome al saber que lo tenía entre la espada y la pared.
-Perra…- gruño él.
-¿Cómo haremos perra? ¿Cómo se hace eso?- pregunté fingiendo curiosidad nuevamente.
-No juegues conmigo.-
-No estoy jugando.- negué con la cabeza. –Tú eres el que no se explica.- lo metí rápidamente y enteramente en mi interior tragándome el gemido para escuchar su delicioso gruñido. -¿Esto es lo que quieres?-
-¡Mierda…! Si.-
-¿Estás seguro?-
-¡Hazlo ya! ¡Muévete! ¡Maldita perra rebelde!- tensó sus extremidades.
Comencé a mover mis caderas con maestría gracias al placer y el deseo en mi interior y escuché en medio de mis altos gemidos los gruñidos de él elogiándome de lo buena que era y que mi interior era el mejor para él y su gruesa polla. Sonrojarme no fue lo único que hice… El deseo aumentó como un río de lava en mi interior y gracias a eso me convertí en una salvaje. Apreté en mi interior su pene y lo sentí tensarse y después como una de sus fuertes piernas sufría un extraño tic que la hacía moverse nerviosamente.
-¡Muévete, lindura! Cabalga...- me animó el sonriendo con lujuria. Me encantó su cara siendo desfigurada por una cara de enorme placer y me sentí realmente bien al hacerle sentir bien con mi cuerpo.
Él ayudo a hacer mis embestidas más fuertes moviendo por primera vez sus caderas y me sorprendió la gran fuerza de él ya que por los pergaminos le era posible sentir pero no moverse. Juntos llevamos un gran ritmo que me hacía gritar y llorar del enorme placer y que hacía que el apretara su ceño con las cejas alzadas y sus dientes fuertemente apretados en el interior de su boca. Boca que volví a juntar con la mía y mi beso fue correspondido con salvajismo por mi amante enrollando su lengua con la mía en una batalla
Me tensé y expulsé el gemido más largo y alto que los anteriores al sentir como él crecí en mi interior y después sentí que ese nudo en mí se expandía tocando cada parte sensible de mi cuerpo, llegando a ese orgasmo tan añorado que deseaba volver a sentir gracias a mi amada bestia. Después sentí la semilla de él llenarme completamente y escalofríos placenteros me atacaron cuando nuestro orgasmo junto salió de mi interior ya que no fui capaz de contenerlo todo.
-Es suficiente.- exclamé cansada.
Me recargué felíz en el pecho de él pero no esperaba escuchar cuatro diferentes sonidos del metal al romperse. Sentí los poderosos brazos de él abrazarme para después dejarme entre la cama y el caliente cuerpo de él, que me miraba molesto pero podía mirar también la lujuria en esas orbes azules.
Estabaharto. La hembra lo tenía hastiado con sus juegos. Él solo quería tomarla una y otra vez hasta el cansancio y después continuar por horas y horas. Lo tenía loco con su deliciosa entrada húmeda y apretada. Lo tenía que babeaba por su bello cuerpo y lo tenía excitado con su delicioso olor a flores silvestres junto al picante olor de su excitación.
-Me cansaste.- se acercó a los labios de ella al mismo tiempo que llevaba la punta de su miembro aún erecto a otra entrada de ella.
La hembra lo miró horrorizado.
-¡No lo hagas, es demasiado estrecho ahí! ¡Inuyasha, no… no lo harás!- ¿La hembra lo estaba retando?
-Lo soportarás.-
-¡No lo haré! ¡Es biológicamente imposible! ¡Es como meter una sandía por un agujero del tamaño de un limón!-
No le dio importancia y se envolvió en la entrada de ella rugiendo de placer al sentirla mucho más apretada. Apretó los ojos sintiendo como su mundo giraba y los abrió para enfocarlos en la cara de la hembra. Se asustó un poco al oler sangre, lágrimas pero también seguía el delicioso aroma de su excitación. Pensó en lo que podía hacer para que ese delicioso aroma se intensificara. Llevó sus dedos a su boca y escupió dos garras. Llevó uno de sus dedos al clítoris de ella y otro se enterró profundamente en la vagina de ella escuchándola gritar entre su gruñido cuando la sintió apretarlo dentro de esa estrecha cavidad. Él híbrido dentro de él pedía a gritos que se fuera, que no la lastimara más y que pidiera perdón a la hembra que se retorcía bajo él. Pero no podía escuchar a un estúpido híbrido cuando tenía a su hembra ahora pidiéndole más de él, de su pene y más fuerza en las penetraciones y sus dedos.
-¡No pares! ¡Inuyasha! ¡Más f-fuerte!- la hembra lo miró con lágrimas en los ojos pero ahora olía a deseo y el desagradable olor de la molestia, incomodidad y dolor se esfumaron después de varias embestidas.
Gruño sorprendido cuando la hembra le pidió más fuerza. Él creía que esa velocidad era suficiente para no matarla pero parecía que la hembra tenía más aguante que las otras humanas que fácilmente hubiesen muerto con esa velocidad. Tomó esas anchas y esbeltas caderas entre sus manos y enterró sus garras al aumentar el ritmo de sus embistes. La puso a cuatro patas y él se encorvó sobre ella para alcanzar su cuello blanco. Ya se había humillado suficiente al dejar que chillidos de perro escaparan de su garganta anteriormente pero mientras más los hacía la hembra más olía a ese delicioso olor a deseo por él… Sólo y simplemente por él y por su gran polla que en esos momentos casi se quedaba en ella atrapada gracias a su gran tamaño y grosor de casi 30cm que se consideraban lo normal en caso de demonios. Aumento el ritmo aún más y tuvo que apoyarse con sus manos en un pedazo de madera negra que estaba delante de Kagome, que también colocó sus blancas manos sobre ese pedazo de madera y sintió como ella se impulsaba contra él.
-¡Vamos, perra! ¡Más rápido!- gruñó excitado sin poder evitarlo al sentir como entraba más profundamente en ella gracias a su ayuda.
La hermosa hembra comenzó a arquear esa tersa espalda contra su pecho y sintió sus vellos erizarse al sentir como ella llevaba una de sus manos a su base, acariciándolo cundo entraba y deslizándose por el tronco de él cuando salía de ella.
Continuó con sus fuertes embestidas escuchando el bello sonido de sus cuerpos al unirse y al separarse. También escuchaba a la madera crujir bajo sus barras al no tener otro lugar donde enterrarlas o simplemente podría hacerlo en las caderas de la hembra pero la lastimaría. Sentía que su próxima eyaculación estaba ya próxima y decidió comenzar un nuevo ritmo mucho más lento pero también más hondo. La hembra ya no se retorcía como antes pero si gemía. Se sentó atrayendo a la hembra a horcajadas sobre él y volvió al ritmo anterior enterrando su rostro entre los pechos grandes de SU hembra. Soltó un quejido/gruñido cuando sintió los deliciosos labios de su deseable hembra tomar con una enloquecedora suavidad su oreja que lo marcaba como un ser sobrenatural. Sintiendo un extraño calor en el pecho al sentir como su otra oreja era atendido por la mano de ella con el cuidado de una madre a su cachorro. Orejas de perro…. Muy diferentes a las de ella y aun así a ella no le importaba. Se apareaba con un hanyou, youkai y ahora solo faltaba el humano sin asco por los dos seres sobrenaturales. En su mente recordaba cuando el híbrido ofreció hacerse humano con la perla pero ella negó con unas hermosas palabras.
"Me gustas tal cuál eres, Inuyasha…"
Salió de sus pensamientos al sentir como Kagome soltaba su orgasmo en su oreja atrapada entre sus deliciosos labios. Él mismo sentía su eyaculación cuando ese hermoso grito resonó en sus oídos deliciosamente, tensándolo. Rasgó sus muslos con sus garras sintiendo nuevamente el placer cegarle y su espalda se encorvó contra ella hasta el punto de que su frente y la de ella quedaron al mismo nivel y ella se acercó para que sus frentes se pegaran y le sonrió. Él mismo sonrió para ella de una forma que nunca había hecho… sincera. La forma de demostrarle su amor, mostrándole su debilidad al confiar en ella. Su debilidad era y sería siempre ella.
Kagome cayó encima de su pecho con un enorme olor a cansancio en toda ella. Rodeó con sus brazos cansados a ella y se acomodó mejor en la cosa negra que parecía un funtón pero más grande y grueso con ella arriba de su pecho sudoroso.
-¿Dónde conseguimos comida aquí, perra?- preguntó serio pero en su corazón se sentía el macho más felíz de este estúpido mundo al tener una hembra que lo amaba tál y como era y no como quería un estúpido cadaver que milagrosamente murió... otra vez. Raramente sentía como si quisiera seguír tomándo el control del híbrido para continuar con esa maravillosa humana entre sus brazos, donde ella dormía plácidamente con una hermosa sonrisa adornando sus bellas y delicadas facciones de su rostro.
Miró el espejo y gruño cuando miró la tersa espalda de la joven y sin resistirse llevó una de sus manos a esta sintiéndo a la hembra estremecer y después un suspiro que logró que su miembro dentro de ella comenzara al despertar cuando sintió su cálido aliento sobre su pecho, acariciándolo. él mismo se sintió estremecer cuando la hembra abrió con una hermosa lentitud sus bellos ojos chocolate dejándolos ver brillosos por el sueño.
-¿Inuyasha, sigues transformado...?- fué el susurro de ella mirándolo con una bella sonrisa. Ella se sentó sobre su abdomen tensándolo cuando ella se enteró que su miembro seguía medio flácido en su interior. Se tensó cuando sintió a la hembra gemir y mover sus caderas sobre su miembro algo flácido, se sentía raro pero delicioso no estar erecto en su interior y no pudo negar que se enamoró de esa sensación tan extraña.
Gruño cuando ella lo saco de su interior antes de bufar y simplemente cerrar los ojos con cierta molestia de nuevo, deteniendo su mano en la espalda baja de la joven antes de medio enderezarse y mirar perezosamente a su alrededor. ¿Y bien, cómo demonios se consigue comida aquí? Seguramente a la hembra no le gustaría que cazara humanos aquí…
Bajó su vista de nuevo a la chica que tenía encima, notándola adormilada, pero aún así lo veía con su único ojo abierto con cierta inocencia y atención. Soltó otro bufido y se acostó de lado, atrayendo el cuerpo de la hembra consigo para dejarla descansar. Su hambre –de comida- podría esperar, por el momento la dejaría descansar un rato.
-Inuyasha…
-Calla y descansa.
Kagome se removió un poco entre los fuertes brazos de su, ¿macho? Ahora no sabía con exactitud lo que eran… pero aún así, estaba feliz, su sonrisita en sus bellos labios lo demostraba así. Y además, ella sabía que era mejor hacerle caso que alguna otra cosa… así que no tardó mucho en cerrar sus ojos para buscar un poco más de calor del cuerpo contrario. Inuyasha sólo pudo bajar la mirada de nuevo al sentir el cuerpo curvilíneo acurrucarse en su pecho, por lo que la rodeó mejor con sus brazos para alzar la vista al techo de espejo unos momentos. Sólo miren esa espalda… Tsk, ¿no pueden tener una segunda ronda? Al parecer no, y él no tiene planeado quejarse –lo haría más tarde, no se quedaría con las ganas de quejarse- por el momento. Cerró sus ojos de nuevo y soltó un largo suspiro. ¿No podía haber más apareamiento? Pues al parecer no, no por el momento. Con una hembra cansada no se puede hacer nada, él respeta a las perras por su capacidad de tener cuántos cachorros le de la gana y cuando quiere. ¡Oh si, seguro que si su hembra no estuviera en celo ni siquiera le dejaría tocarla por gruñona!
Volvió a bajar tentativamente la mirada a la hembra y alzó ligeramente las comisuras de sus labios, pero volvió a chistar la lengua para volver su mirada al espejo arriba de ellos en la cama. ¿Cómo demonios se puede reflejar allí? Se miró fijamente, desde sus ojos aún de un electrizante azul y bordeado de carmesí.
