Lujuria: Bellatrix Lestrange
Bellatrix Black nunca fue una mujer fea, no en sus años de adolescencia, no al salir de Hogwarts, y ciertamente no al unirse a los Mortífagos. Bellatrix Black era una mujer que siempre atraía las miradas de los hombres a donde quiera que fuera; lo que no indicaba que Bella quisiera a alguno de esos hombres para ella.
A pesar de su belleza, Bella no tenía intenciones de seguir los impulsos juveniles de todas las muchachas de su edad. Para ella el amor era una tontería de proporciones épicas y el tener sexo era una actividad que podría realizar con cualquiera que estuviera dispuesto.
La primera vez que Bella tuvo sexo fue a sus 15 años, Rosier la había invitado a salir un par de veces, y a pesar de que Bellatrix no sentía nada por el Slytherin su cuerpo le pedía un desahogo al que no estaba acostumbrada.
Para sus 16 Bellatrix había comprendido que ciertas de las tradiciones que sus padres le habían inculcado palidecían cuando su cuerpo le decía que debía tener otro cuerpo cerca. Al principio fue Rosier, capitán del equipo de Quidditch, Prefecto, todo lo que alguien pudiera desear de un candidato. Luego fue Malfoy, Premio Anual, futuro heredero; el sólo pensar en el rubio de prospecto hacía que su cuerpo vibrara de emoción.
Sin embargo al poco tiempo de ceder ante sus bajos instintos, Bella vio que su sed no era satisfecha, ninguno de sus compañeros era suficiente. Para sexto Bella se había codeado con los sangre puras más influyentes de la época, y en ese instante estaba en un aula vacía con Crabbe, un bruto de su año que no podía poner una y una juntas, pero tenía la posibilidad de volver pulpa a cuanta persona que se le atravesara.
Crabbe se encontraba parado frente a Bella, con los pantalones en las rodillas, mientras la Slytherin tenía su falda corrida hacía arriba con las pantaletas guindándole del tobillo de la pierna que tenía envuelta en la prominente figura del hombre. Bella podía escuchar los jadeos de Crabbe en su oreja, y el lento vaivén de sus caderas; sin embargo esto en lugar de excitarla la estaba desesperando; ¿cuándo en su condenada vida iba a terminar de hacer lo que vinieron a hacer?
Finalmente Crabbe hizo lo que debía pero lo que hizo gritar a Bella de sorpresa no fue la repentina intromisión, sino el par de ojos que la veían del otro lado de la sala. Bella intentó gritar y maldecir a Crabbe por haberla traído con falsos pretextos, pero el hombre frente a ella le hizo la seña de quedar callada. Crabbe continuó como si nada hubiera pasado, mientras el extraño los veía desde la oscuridad.
La intromisión de este ser tenía que haber hecho que Bellatrix saltara, sin embargo no hizo más que excitarla; por primera vez, desde que había empezado a hacer caso a sus bajos instintos, Bellatrix Black estaba realmente excitada. Crabbe continuó con sus movimientos llevándola cada vez más cerca del clímax cuando escuchó un "Petrificus Totalus" y a su "compañero" mirarla horrorizado mientras la figura entre las sobras se le acercaba.
– ¿Te diviertes, Bella? – dijo la figura acercándose.
– ¡Rabastan! – dijo en un suspiro contenido, como si le faltara el aire.
– No puedo creer que hayas decido juntarte con Crabbe, – dijo Rabastan casi con asco, apoyándose en el hombro del mencionado, hablando con toda la naturalidad del mundo.
– Es el medio para un fin, – le contestó con la misma parsimonia.
– Creo que a Crabbe no le gustó oír que es sólo un instrumento, – comentó divertido.
– Ese es su problema, te importaría dejarme terminar, – Bellatrix hablaba como si fuera una transacción corriente.
– ¿Te molesta si me quedo?
– Has estado aquí desde el principio, – comentó sin darle importancia a la situación. Rabastan se acercó a ella, la besó con pasión y concluyó el hechizo.
Esa noche Bellatrix descubrió que su cuerpo le pedía más que un simple polvo, más que un desconocido en un salón de clase. El cuerpo de Bellatrix tenía hambre de poder y haría todo lo que estaba en su poder para conseguirlo.
