Tercera Lección:

El fruto prohibido, es adictivo:

Un verano más esquivando la invitación de Malfoy y la madre de este para ir a visitarla, más contó con un poco de suerte, pues sus padres invitaron a Narcisa a pasar las vacaciones en su casa de Francia.

Allí paso todo el verano, centrado en la preparación de las clases que comenzaría a impartir ese año. Su madre se había volcado en ayudarlo, era evidente que no estaba dispuesta a que no diese la talla.

Por otra parte, se sorprendió cuando su padre le ofreció su ayuda, no dudo en aceptarla y se percató de que si hubiese querido, este, habría sido un profesor ideal. De hecho verlos juntos programando clases e intercambiando ideas, lo hacía sonreír desde niño.

Era fascinante ver que pese a la diferencia de edad que tenían, (creía que era cosa de unos diez años), ellos se complementaran tan bien uno con el otro. El mayor era su padre, y siempre le decía que su madre había supuesto su maldición y su bendición más absoluta. El amor entre ellos era incalculable.

En esos tres meses pasados en Francia, si bien sus días pasaban tranquilos y sin muchos problemas, sus noches eran un infierno. ¿Por qué había tenido que besarla justo el último día de las clases?, frustrado se decidió por quedarse hasta más tarde despierto, quizás si se encontraba más cansado, su mente no soñaría.

Pero descubrió que en el preciso instante en que su mente se encontraba desocupada, corría en busca del recuerdo de ella.

-Y regresamos a Hogwarts.

Miró hacía la puerta de la sala y se encontró con Sirius apoyado en el marco de la puerta.

-Así es.

-No pareces muy animado con la idea, ¿has pensado en lo que te dije?

-¿En pedir como destino Hogwarts?

Escuchó como se acercaba y se sentaba en el sillón enfrente de él:

-¿Qué has decidido?

-Aun nada.

Sirius se quedó callado unos instantes y después declaro:

-¿Qué te sucede?

-No es nada.

-¿Ginny quizás?, tenía entendido que os iba de maravilla, de hecho tu madre y la suya están hablando de boda, tienes los mismos gustos que tu padre al parecer.

Lo miró unos instantes y suspiró:

-No amo a Ginny, y ella a mí tampoco.

-Pero creía, bueno, visto lo que vi el año anterior que…

-Digamos que disfrutamos juntos, pero ella está enamorada de otro, y yo…

Calló, él estaba obsesionado con una niña.

-¿Y tú?

-Voy a necesitar tu ayuda este año Sirius.

Declaró sin más, este lo miró desconcertado y algo extrañado:

-No creo que precises ayuda, te he visto preparar las clases, incluso el año anterior estuviste muy bien ayudándome, no dudo que lo harás fantásticamente.

Lo miró agradecido por sus palabras, y formó una triste sonrisa, sí que iba a necesitar su ayuda, no obstante tendría que inventarse la forma de conseguirla sin que supiera lo que le estaba sucediendo.

Sabía que podía confiar en Sirius, no obstante se sentía un maldito pervertido y un asaltacunas, ella era menor de edad tanto en el mundo muggel como en el mágico, y por si fuera poco, era su maldito profesor.

-Será mejor que vayas a descansar ya, mañana será un día duro.

Asintió a sus palabras y sin más se marchó de allí, en cuanto se encontró en la oscuridad de su habitación, cerró los ojos, y tal y como siempre pasaba, ella acudió a él. Se dejó caer en la cama y se perdió en sus para nada inocentes sueños.

Tal y como Sirius le había dicho, ese día fue un caos absoluto, y no agradeció tanto una silla como esa noche que ocupó su lugar en la mesa de los profesores. Tal y como sucedió el año anterior, la ceremonia dio comienzo, la selección, las palabras de Dumbledore de bienvenida y la gloriosa cena.

-Ya elegí a la presa de este año.

Escuchó que le susurraba Draco a su lado:

-Te vas a meter en un lío Draco, puedes terminar en Azkaban.

Le susurró entre dientes, pese a que cada dos por tres miraba de reojo a Hermione.

-Si por algún caso me descubrieran, sus padres nunca me mandarían a Azkaban.

-¿Los conoces tan bien para asegurar eso?

-De toda la vida.

Volvió su atención a Hermione, al verla sonreír ante algo que le acababan de decir sus compañeros, y molesto prefirió prestar atención a las palabras de Draco.

-Tú sabrás lo que haces, luego no me digas que no te advertí.

-Que sí mama.

Sin más este pasó a hablar con Ginny, se quedó un rato mirando su plato y seguidamente se llevó un trozo de pan a la boca. En cuanto la cena terminó, la voz de Dumbledore llamó la atención de todos.

Cogió la copa de encima de la mesa e iba a beber cuando escuchó las palabras de este:

-Tras este magnífico banquete, queda solo hacer un último anuncio, el premio anual de Hogwarts, ha sido otorgado para la señorita Hermione Granger de la casa de Gryffindor.

En cuanto escuchó esas palabras, fijó su vista en ella, sus mejillas se habían sonrojado y no obstante parecía encontrarse aún más guapa. Ella fijó sus ojos castaños en los suyos y el recuerdo del último encuentro lo envolvió.

Sus ojos volaron hasta los labios de ella y al ver su sonrisa sonrió a la par, ¡como deseaba volver a probarlos!, seguidamente volvió sus ojos a los de ella, y al ver que parecía estar pensando lo mismo que él, sonrió y se llevó la copa a sus labios.

Ante esa insinuación, ella no dudo en acariciar sus labios con sus ojos y sonrojarse al máximo para seguidamente mirar a otra parte azorada.

Sin duda no había olvidado el beso, sintió como alguien lo palmeaba en la espalda y se atragantó con la bebida:

-Será posible, no hagas eso ahijado o puedes ocasionar alguna catástrofe. Si con solo una mirada has conseguido que enrojezca de esa forma, si la besas caerá redonda al suelo desmayada.

Comenzó a toser sorprendido, ¿se había percatado de su intercambio de miradas?, maldición, ¿en qué estaba pensando para hacer tremenda idiotez?, además, ya la había besado y no se había desmayado, ni mucho menos.

Negó ante sus pensamientos y se abstuvo de volver a posar sus ojos en ella en el resto de la noche.

Al día siguiente impartió la clase con Sirius, solo que este en algunas ocasiones comenzaba a dejarlo hablar a él solo y explicar las cosas sin su ayuda mientras lo observaba.

Gracias a los nervios de meter la pata, pudo centrarse en las clases y cuando fue la hora de ella, pudo centrarse en conseguir la atención de todos sus alumnos y explicarles todo bien.

Tras terminar el día Sirius lo felicitó:

-Has estado extraordinario, sin duda tus padres se sentirán orgullosos de ti, ¿qué te ha parecido la experiencia?

-Me moría de los nervios.

-Pues no se ha notado absolutamente nada, te has desenvuelto con mucha soltura. Ya desearía yo haberme desenvuelto con el mismo desparpajo que tú.

-¿Fue muy duro?

-Una maldita pelirroja me hizo el año insoportable.

Sin decirle nada más, se marchó en cuanto Draco entró en la sala:

-¿Qué tal todo?

-Solo una equivocación, ¿y tú?

-Según Sirius perfecto.

-Enchufado.

Lo miró molesto y este solo sonrió:

-Al menos nadie salió herido, me temo que Ginny no contó con la misma suerte que nosotros, se confundió al explicar el hechizo que debían hacer sus alumnos y antes de que pudiera pararla su profesor a cargo, hizo estallar los viales de todos sus alumnos.

-¿Alguno salió herido?

-Un corte ella misma, nada más.

Suspiró aliviado:

-Esta noche tenemos la fiesta, ¿qué me dices?, ¿te apuntas para celebrar nuestro éxito?

-Sabes que no estoy de acuerdo con esas celebraciones.

-Pues tú te lo pierdes.

Juntos se marcharon al gran comedor y tras comer algo, se pasaron el resto del tiempo buscando algunos datos necesarios para el día siguiente. Sobre las ocho de la noche, McGonagall, lo abordó en la biblioteca:

-Señor Potter, que gusto localizarlo al fin.

Levantó su vista de sus apuntes y la miró:

-¿Qué sucede?

-Preciso que haga las rondas esta noche, la señorita Weasley no podrá llevarlas a cabo y el señor Malfoy, me dijo que tenía un compromiso previo ineludible.

¿Tendrían morro?, ambos se escaqueaban para asistir a su maldita fiesta y a él le tocaba pringar, con cierto fastidio miró todos los papeles que tenía a su alrededor y declaró:

-Está bien yo lo haré.

-Lo veo muy centrado señor Potter, es un alivio saber que por primera vez ese apellido parece haber dado un fruto tranquilo.

-No lo crea profesora, es solo que me gusta hacer las cosas bien, además, no quiero decepcionar a mí madre.

Ésta solo sonrió de medio lado:

-¿Sabe?, su madre era la mejor alumna de esta escuela en sus años de estudiante.

-Tengo entendido que se quedó embarazada de mí justo después de terminar sus estudios en esta escuela, que por eso tuvo que retrasar un año los cursos superiores.

-Así es, eso creo yo también recordar, nunca imagine que siguiera este camino.

Él no dijo nada más, pues ni siquiera estaba muy seguro porque había optado por ser profesor en lugar de Auror como su padre. Quizás porque deseaba más preparar a la gente para la lucha, que luchar en sí mismo.

La profesora se despidió de él y comenzó a recogerlo todo, deseaba cenar algo y después leería algo hasta que diera la hora de tener que hacer su ronda, quizás pudiera averiguar en qué había quedado el partido de Quiddich de los Cannons.

Al llegar al gran comedor caminó hasta la mesa de los profesores, a la par que echaba un disimulado vistazo a la mesa de Gryffindor, no obstante se sorprendió al no encontrar a Hermione, sentada al lado del hermano de Ginny.

Ceno, y fue apresado por Sirius antes de poder ver el resultado del maldito partido.

Después de jugar con él una partida de ajedrez de dos horas, se dirigió a los pasillos, comenzaba su ronda, suspiró algo fastidiado y comenzó los paseos, a la siguiente maldita fiesta asistiría él también, vaya una maldita suerte la suya.

Charló con algunos cuadros y gracias a ellos se enteró de que su equipo de Quiddich había quedado empatado. Cerca de las dos de la mañana cambió de ala, ese sería su último recorrido, y había quedado con Sirius en recogerlo.

Lo único que podía agradecer, es que al día siguiente sus clases no comenzaban hasta casi las tres de la tarde, podría dormir todo lo que desease esa mañana.

Iba pendiente de eso que se sorprendió al encontrarse con que un alumno se encontraba fuera de la cama, seguramente venía de regreso de la fiesta, ¿no podía ser más cuidadoso?, eso le iba a costar un buen castigo.

No obstante y según se iba acercando, se llevó una buena sorpresa, ¿desde cuando asistía ella a esas celebraciones?, ¿para qué?

-¿Y esta se supone que es la mejor estudiante del prestigioso Hogwarts?, pues vaya un ranquin más bajo que tiene esta escuela, me alegro no haber estudiado aquí.

Al ver que pasaba de largo sin contestarle añadió:

-Las dos y media de la mañana y la señorita volviendo a su sala después de vete tú a saber qué.

Se burló de ella, intentando ver el estado exacto en el que se encontraba, pues por su forma de andar, parecía demasiado bebida:

-Si tanto te interesa, después de asistir a una gran fiesta, donde sin duda disfruté lo indecible.

No había bebido tanto como parecía, rió ante sus palabras pese a que no le agradaron en absoluto, era muy consciente de lo que en esas fiestas podía llegar a pasar:

-Seguro que sí, dime, ¿aprendió tu novio a besarte decentemente?, creo que sería la única forma de conseguir que disfrutases esa fiesta.

-No, en realidad me enseñaron otra forma de besar, y sin duda me gusta más.

Esa respuesta lo dejó congelado, ¿Qué le habían enseñado otra forma de besar que le gustaba aún más?, ¿quién demonios había echo eso?, no creía al Weasley capaz de ello.

Un cosquilleo le recorrió el estomago y se sintió irritado al momento, ¿quién demonios aparte de su maldito novio la había besado?, sin poder controlarse a sí mismo y su enfado, se acercó a ella y la hizo girar, tuvo que agarrarla pues pareció perder el equilibrio.

La vio intentar enfocar la vista en él y preguntó de forma más brusca de la que pretendía:

-¿Qué te enseñaron otra forma?, ¿Quién se supone que hizo eso?

-¿Te molesta que me gusten más los besos de otro?, pues deberías entender que no soy la única a la que no le gustan los tuyos. Es más, ni siquiera los recuerdo en lo más mínimo, no obstante, este tardaré en olvidarlo.

Apretó su agarre sobre ella molesto, ¿Qué si le molestaba?, maldita sea, sí, claro que le molestaba, y lo peor es que no podía negarlo, según iba hablando más se irritaba, no obstante tras sus palabras dijo:

-Pequeña mentirosa, ¿tendré que enseñarte a no negar lo evidente?

-¿No negar lo evidente?, ¿de qué estás hablando?

-No me gusta que la gente niegue lo que desea.

-Yo no niego lo que deseo, es más te lo puedo decir ahora mismo, deseo que me abrace con fuerza, deseo que me bese como lo hizo hace un momento, deseo que tú me sueltes y no me vuelvas a molestar.

Tiró de su brazo intentando que la soltara, más él apretó un poco más el agarre, por mucho que quisiera negarlo, a ella le gustaba que la besara, la prueba había sido el año pasado, cuando consiguió que respondiera a sus besos, no obstante y tras esas palabras decidió averiguar de quién diantres estaba hablando:

-¿Y quién se supone que deseas que te haga todo eso según tú?

-Quien más, Draco Malfoy, él sí que sabe lo que…

Todo su cuerpo se tensó en el acto, y su mente quedó en blanco, ¿Draco?, la conversación de la noche anterior con él lo asaltó de lleno, no podía referirse a ella ¿verdad?, Draco no podía querer tenerla.

Llevado por una furia inmensa, la atrajo aún más hacía su cuerpo y reclamó:

-¿Has dicho Draco Malfoy?, ¿acaso él te ha besado?

-Y no ha sido a la única, parece que ninguna desea lo más mínimo de ti, hasta la pelirroja está ahora en sus brazos.

Maldito fuera, volvió a acercarla a él y decidido a que dejase de decir esas tonterías, pues era evidente que a ella le atraía él, declaró:

-Te he dicho que no me gusta que niegues lo que deseas pequeña, y voy a demostrarte aquí y ahora, que mentir no es buena idea.

Sin más apresó sus labios una vez más, y se maldijo en el preciso instante en que ella misma respondió. Se apretó más a su cuerpo pasando sus manos por su cuello, terminó por tirar de él y no dudo en hacerle caso, la besó como nunca antes la había besado, y ella le respondió desde el inicio como si lo hubiese estado esperando.

¡Maldita fuera!, ¿cómo conseguía volverlo ciego?, ¿cómo lograba hacerlo olvidar todo y que no le importase nada más que demostrarle que ella era de él?

Sus manos se enredaron en su pelo, a la par que comenzó a acariciar su nuca y su otra mano dejaba un rastro en su espalda, profundizó el beso y sintió como ella solicitaba más. Y por todos los infiernos que le daría lo que pedía, la haría admitir que lo deseaba.

En esos momentos su mente había relegado todo lo importante e incluso el peligro que conllevaba hacer lo que estaba haciendo y más las consecuencias si era descubierto en esa actitud con una alumna.

Se separó de sus labios y la vio respirar entrecortadamente, eso le gustó, saberla así por él lo incitaba a volver a besarla:

-¿Qué lección ha aprendido hoy señorita Granger?

Ella sonrió de medio lado y declaró:

-Que no deseo tenerlo cerca, profesor.

Sonrió a su provocación y acercándose de nuevo a ella susurró:

-Me temo que tendré que repetírselo una vez más.

Antes de que él comenzara a acercarse a ella, fue ella la que apresó sus labios, lo pilló por sorpresa y la sintió querer tomar el control, se sintió tentado a dejarla llevar las riendas, no obstante, prefirió no hacerlo, ella siempre se sentía segura y deseaba ser la mejor en todo y controlar hasta lo más mínimo, pero él no sería una de las cosas que controlaría.

La sintió gemir frustrada al saberse de nuevo domada y que se pegaba aún más a él, no obstante y cuando creyó que podía enseñarle algunas cosas que la enloquecerían, ella terminó el beso, y separándose de él declaró:

-Es verdad, era algo sobre no negar lo que deseo, pero profesor, esa lección, ¿no cree que debería ser para dos?

La vio alejarse sin más y se quedó como idiota observándola, ¿qué acababa de hacer?, repasó sus labios y el sabor que tanto lo enloquecía seguía fresco en sus labios.

Abrió los ojos al máximo y se llevó ambas manos a la cabeza:

-Estúpido, estúpido, y mil veces estúpido, ¿en qué estaba pensando?

-Evidentemente en nada.

Asustado y sorprendido se giró, Ginny se encontraba apoyada en la pared mirándolo seriamente:

-Gin, ¿qué haces aquí?

-Volver a mi habitación, me cansé de ver a Draco tontear con toda la que se le pone delante. Claro está que nunca imaginé encontrarme con algo así, dime una cosa Harry, ¿desde cuando eres tan apasionado?

¿Apasionado?, maldición, la miró enfadado y declaró:

-No es lo que crees.

-Tienes razón, ahora me dirás que ella no es tú alumna, y que no le estabas devorando la boca como si no hubiese un mañana, y que tampoco es la novia de mi hermano.

Dejó de mirarla sintiéndose culpable al instante, seguidamente ella declaró:

-Confieso que me hubiese esperado esto de Draco, ¿pero de ti?, ¿qué ganas jugando con una niña?

Molesto la miró:

-¿Qué estás insinuando?, en este aspecto no me compares con Draco porque…

-Tienes razón, él se conforma con un beso y algún juego que nunca lleva a nada serio, pero por lo visto tú apuntas a otras…

-Ni lo digas Ginny, ni se te ocurra terminar esa frase, tú mejor que nadie deberías conocerme, y sabes que yo no…

Ginny suavizó su mirada y sonrió de medio lado, para seguidamente decir:

-Precisamente porque te conozco es que te voy a ayudar.

-¿Ayudar?

Sin entender, vio como ella se acercaba a él:

-Hace bastante que me di cuenta de que nunca serías para mi, y comencé a observarte como amigo, me conformaría con ser la amiga inseparable, y confidente, es evidente que es eso lo que precisas ahora, además: -le guiñó un ojo y se acercó a su oído: -Yo no pierdo nada, por el contrario.

Sin más lo besó, era evidente que no lo hacía por él, sabía de sobra que si Ginny lo buscaba era solo porque precisaba ayuda para no sentirse idiota, para creerse querida y necesitada por alguien.

Desde hacía ya tres o cuatro años, Ginny amaba a Draco, si bien era cierto que se había unido a ellos, porque le gustaba en un principio él, después todo había cambiado.

Con el tiempo Ginny había comenzado a prestar más atención a Draco, pero no había sido hasta el verano anterior a ese, que ella había terminado por aceptar que era así. Lo que no les impidió que solos y sin compromisos por ninguna parte, se acostaran siempre que alguno lo deseaba.

Y al parecer lo que Ginny le ofrecía, era hacer eso exactamente. Sabiendo que lo mejor era tenerla a mano, respondió a su provocación. Olvidándose de su cita con Sirius, ambos se habían refugiado en una de las aulas del lugar, y se habían entregado el uno al otro.

No obstante, estaba más que seguro que del mismo modo que él, ella estaba pensando en otra persona.

Al día siguiente se había levantado con ella en su cama, su cabello rojo, se encontraba completamente desparramado por su almohada y dormía plácidamente. No podía negar que era hermosa, ¿por qué nunca había sido capaz de sentir nada por ella?

Siempre que la observaba se hacía esa misma pregunta, no obstante no encontraba ninguna respuesta para la misma. Se sentó y apoyó su espalda en el respaldo de la misma.

Ese día no habría clases, cosa que agradecía lo indecible, podría evitar verla, los fines de semana se habían convertido en su salvación, pues podía inventar mil y una excusas para no estar en el castillo, o no salir de su cuarto.

Escuchó que llamaban a su puerta y miró el reloj de pulsera, se sorprendió al ver que eran la una y media de la tarde, vio como Ginny se movía un poco y quedaba algo destapada, cogió la manta y se la echó por encima, seguidamente alargó su mano para coger su camisa y sus calzoncillos y se los puso, al llegar a la puerta abrió la misma.

En esta se encontraban Draco y Sirius, uno sonriente mientras que el otro lo fulminaba con la mirada:

-Estuve hasta las tres y media dando vueltas como idiota buscándote.

Se despeinó algo más el pelo y suspiró, se había olvidado por completo de este la noche anterior:

-Perdona es que…

-¿Quién es Harry?

Ginny apareció tras él, con una camisa suya puesta, y despeinada, era evidente que acababa de despertarse, al ver a Draco y Sirius sonrió de medio lado, les guiñó un ojo y apoyándose en él declaró:

-Buenos días a ambos, ¿qué hacéis aquí?

-Veníamos a ver a Harry, y a ofrecerle ir a Hosmeade, ¿qué dices te apuntas también?

Ella lo miró a él, y solo pudo suspirar y asentir:

-Si esperáis a que me duche y me cambie perfecto.

-De acuerdo, vamos al gran comedor, os esperamos allí.

Dijo Draco sin más, mientras que Sirius sonreía de medio lado y decía:

-¿Y te ducharás solo?

Iba a contestarle, cuando Ginny soltó una risa divertida, y declaró:

-¿Por quién me has tomado Sirius? –tras decir eso se giró y guiñándole un ojo a Sirius añadió: -No estoy del todo despierta sin una sesión mañanera extra, te espero en la ducha Harry.

Sirius rompió a reír, a la par que él enrojecía, ¿en qué estaba pensando Ginny para decir aquello?

Sintió como Sirius le daba en el hombro:

-No la hagas esperar demasiado, que se enfría.

Fastidiado, le cerró la puerta en las narices, se giró y se encontró, con que en verdad ella, lo estaba esperando.

Tras una nueva sesión en brazos de Ginny y una buena ducha, ambos se reunieron con Draco y Sirius en el gran comedor, sintió como Ginny se agarraba de su brazo y le sonreía de medio lado:

-Hoy será un día solo para disfrutar.

No obstante, los planes nunca salían como la gente los suele planear y esa no sería la excepción.

Su paseo por Hosmeade, fue una delicia, hasta que llegaron a las tres escobas donde se reunieron con otros profesores para tomar algo. Rousmerta fue la que los atendió, exactamente igual que siempre que acudían.

Sirius no escatimó es atenciones hacía la chica, mientras esta reía contenta y respondía a algunas con sumo ingenio.

-¿Y qué tal les va a nuestros apuestos practicantes?

Rousmerta les sonrió a los tres, mientras que Ginny sonreía abiertamente y declaraba:

-No creo que fuese posible que nos fuese aun mejor que esto.

-Habla por ti, pues yo no opino igual.

-¿Y eso por qué?

Escuchó que preguntaba Rousmerta, él por su parte bebió de su cerveza sin perder atención a la charla ante él.

-Por esas reglas absurdas de Hogwarts, hay algunas chicas que sin duda están bastante bien, y que ya cuentan con la mayoría de edad, ¿por qué esa prohibición?

-Muy sencillo, pese a que cuenten con la mayoría de edad, esas chicas, no dejan de ser alumnas tuyas y menores que tú.

-En cierto modo entiendo a Draco, vale que no estoy de acuerdo con que tengamos nada que ver con nuestros alumnos, pero si quisiera acostarme con Sirius, ¿por qué no puedo hacerlo?

Tanto él como Sirius, escupieron la cerveza de mantequilla que ambos estaban degustando y miraron a Ginny:

-¿Quieres acostarte conmigo?

-¿Quieres acostarte con mi padrino?

Ginny los miró a ambos y tras un momento declaró:

-La pregunta sería, ¿quién no querría?, por todos los magos del mundo, considero que las alumnas de Hogwarts deben de estar en serios problemas este año, al igual que el anterior.

¿Quién no querría estar con cualquiera de los que me acompaña en esta mesa?, soy afortunada por poder tener a dos de ellos cuando yo desee en mi cama, pero ellas tienen que ver sin disfrutar.

No creo Sirius que te creas tan buen profesor como para conseguir que todas las chicas aprueben tú asignatura siempre.

-No todas.

Aclaró este sin más. Ginny lo miró sin creerle y este añadió:

-No te diré que sé que llamo la atención de mis alumnas, pero no de todas, es más, hay algunas excepciones, sin ir más lejos, tu vecina Draco.

-¿Qué pasa con Hermione?

Escuchar ese nombre lo hizo tensarse, ¿ni siquiera en un día que se supone iba a ser tranquilo lo iba a dejar?, recibió la mano de Ginny por debajo de la mesa.

-Esa chica es espléndida en todo lo que se propone y no obstante en defensa no es nada del otro mundo. Aprueba con excelentes notas, pero no llega al nivel que en el resto de asignaturas. No se si es que no le gusta mi clase, o es que no es capaz de lograrlo.

-Si que es capaz, quizás solo le cueste un poco más que las otras nada más. Hermione puede superar todo si se lo propone.

Tarde se dio cuenta de que no debería haber abierto la boca, todos los presentes lo miraron sorprendidos, especialmente Ginny, se llevó la cerveza a los labios y tras beber un sorbo declaró:

-Me lo dijo McGonagall, me dijo que era su alumna favorita y que no muchas de sus alumnas podían llegar al nivel que esa chica podía alcanzar. También me dijo que le costaba un poco la defensa, pero porque temía su propio potencial.

La mirada de todos se suavizó menos la de Ginny, la cual no lo había creído en absoluto, y lo peor es que era verdad, se lo había inventado todo, esperaba que Sirius nunca le preguntase a McGonagall.

-Como iba diciendo, no es ético que un profesor se fije en una de sus alumnas, a mí parecer, es algo que no toleraría nunca. Quien hiciese tal cosa sería algo así como un depravado, ¿cómo puede este considerar a sus alumnas como mujeres?

-No todos los casos son de hombres que se fijan en sus alumnas, también hay mujeres que se fijan en sus alumnos, así que deberías hablar en plural.

-Es para los dos casos igual Sirius, en ambas situaciones, tanto si es él como ella, me asquea la sola idea.

-No obstante hay casos en los que no se puede evitar que…

-Ningún caso me parece perdonable Sirius.

Sirius y Rousmerta se miraron seriamente uno al otro, no pudo dejar de percibir que Sirius apretaba su cerveza de mantequilla con fuerza, lo vio levantarse de la silla y tras sacar unas monedas colocarlas encima de la mesa y declarar:

-Ha sido una tarde entretenida, ya nos veremos.

-Estoy segura de volver a verte pronto.

Pero la cara de este dejaba en claro que eso no pasaría, no entendía la situación ante él, pero estaba claro que Sirius ya no regresaría a las tres escobas nunca más.

Tras salir del lugar miró a Rousmerta:

-¿Qué significó todo eso?

-Puntos de vista diferentes nada más, Harry.

-¿Puntos de vista diferentes?, ¿sobre qué?, ¿qué sucede?

-Las normas de Hogwarts, son tan estrictas por algo chicos, así que no os aconsejo que os las toméis a la ligera, no seríais los primeros en sufrir las consecuencias, y en Hogwarts, no hay secretos y nada se puede ocultar a ojos de Albus.

Sin más, esta se alejó de la mesa, extrañados por las palabras de ella, los tres salieron de las tres escobas, ¿qué quería decir con eso?, ¿acaso había pasado algo en el pasado en Hogwarts que concernía a Sirius?