La maldición de la bella durmiente

Capítulo 5


Cinco minutos más, un cuerpo más. El mar de sangre era insoportable, aun estando casi toda su vida entre fuerzas oscuras jamás llegó a acostumbrarse por completo a las muertes múltiples.

— ¿Dónde lo dejo bruja?—Preguntó un hombre de rostro serio y calvo. La mujer solo gruño y señalo un pequeño rincón lleno de paja a su derecha.

— ¿Qué le paso a este?— En cuanto Hanji se puso de pie el grillete que pendía de su tobillo resonó en tu típico estruendo metálico.

—Los moros están usando a ese maldito genio de nuevo, no sé clase de magia habrán usado hasta ahora, pero esa flecha no puede ser sacada de su pecho. Por suerte para el príncipe esta le dio del lado contrario del corazón.

— ¿Príncipe?— Hanji corrió de inmediato hacia el herido, con sumo cuidado y manos temblorosas descubrió su cabeza del yelmo. Un escalofrió le recorrió la espina dorsal. Aquel rostro era idéntico al de "ella", era ella en un joven varón.

—Sí, el idiota del príncipe Levi pensó que podía venir a jugar al caballero, que tonto de su parte. Aunque no voy a negar que su presencia aquí levantó y por mucho la moral de las tropas— El hombre se dejo caer sobre una silla junto a una mesa, desesperado se sirvió de la garrafa con agua a su lado y bebió.

Hanji acarició lentamente el rostro del joven tendido. Su cara denotaba tanta preocupación, esto llamó por completo la atención de Dita Ness, el soldado que trajera el príncipe. No era muy usual ver a la bruja preocupada, de hecho nunca lo hacía. Siempre era llevar un montón de cuerpos hechos trozos para que ella medio intentar vendar y aplicar alguno que otro ungüento; su rostro siempre era el mismo, el del asco y repulsión.

— ¿Cómo pasó esto?— Hanji intentó jalar con fuerza la flecha, pero le fue imposible moverla de su lugar.

—El muchacho se detuvo un momento cuando el mariscal de campo le llamo, al parecer habían tomado un par de prisioneros. De la nada un mar de flechas acompañadas de humo verde nos invadió. Cuando todo se desvaneció encontramos al príncipe tirado en el suelo con eso en el pecho. — Señaló la atípica flecha negra— Nunca pensé que un material así existiera.

—Es oro negro— Indicó ella al observarla. El cuerpo en efecto era de un brillante y pulido oro negro. El extremo decorado en plumas verdes. —Esto es magia muy poderosa y antigua. El oro negro es el contrario del oro dorado.

Ditta la vio confundido.

— ¿Eso que tiene que ver?

—En la alquimia— Dijo mientras mojaba un paño en agua fresca y lo colocaba en la cara de Levi, limpio las manchas de tierra, mugre y sangre de su rostro ("así lo hubiera querido ella" pensó), dejando a su paso una lisa y nívea piel— En la alquimia el oro dorado es el símbolo máximo del conocimiento, quien pueda crearlo a partir del estiércol es el máximo conocedor de los secretos de la vida y la muere. El renacer y el morir. El sol que brilla por la mañana, la vida. Por el contrario el oro negro es el sol negro. Es el inicio de la existencia, pero no puede haber existencia sin muerte antes. Cuando una planta o animal muere sus restos abren la pauta para iniciar otra existencia, una hoja más al árbol. — Hanji desvió la vista para encarar a Ditta que la observaba con cara de espanto.

— ¡Herejía pura!— Gritó parándose de su lugar a toda prisa, no permitiría que el príncipe estuviera un minuto más bajó al cuidado de esa alma negra.

Hanji al instante adivino sus planes.

—Detente. Si quieres que el príncipe sobreviva debe estar bajó mi cuidado, de no ser así morirá. Esa flecha por sí sola no lo mata, pero no podrá ser sacada con nada que ustedes intenten. Ya te lo dije es magia muy fuerte. A cada minuto que pasa esa flecha absorbe un poco de vida de Levi.

— ¡Príncipe Levi, altanera! ¿Cómo puedes saber eso ramera?

Hanji sonrió de medio lado "¿Qué no saben otro insulto?" pensó para sí.

—Porque la flecha antes era de oro común, cada tanto se tornará negro y será totalmente oscura cuando se lleve toda la vida del príncipe—Le hizo una seña al hombre, este, temeroso se acercó y miró donde ella le indicaba. Una parte de la flecha era de un color tan brillante como el sol.

— ¿Qué tenemos que hacer entonces?— Sabía que había perdido.

—Déjame sola con él, debo analizar la situación.

Ditta levanto ambas cejas

—Y francamente contigo aquí no me podré concentrar. Además veras tantas cosas oscuras que con solo respirar este aire te habría condenaría tu alma a una eternidad en las llamas del infierno.

Al escuchar las palabras infierno y llamas Ditta de precipito fuera de la tienda, respetaba a Levi, pero respetaba mucho más a dios y su alma inmortal.

—Menos mal que ese molesto entrometido ya se fue—Hanji se puso de pie y se acerco a un pequeño agujero en una de las paredes de la carapa—Fiel amigo, puedes entrar ya:

Cuando el sol se mete inicia la recreación,

A los ojos de dios todo es sueño,

A los ojos del cantor es diversión.

Canturrió muy despacio. El ruido de un aleteo la alertó y por la pequeña rendija ingresó un majestuoso cuervo azabache. En su pico llevaba un elegante espejo de oro con incrustaciones de rubíes. Con sumo cuidado lo dejó caer sobre sus manos. Imponente voló mientras un remolino de plumas lo envolvió, este creció hasta el tamaño de un humano. Las plumas se desvanecieron dejando a la vista a un joven de cabello rubio y ojos miel vestido en una túnica azul negruzca.

— ¿Qué novedades hay en el frente Moblit?—Le interrogó observando el espejo.

—Se está perdiendo mucho terreno contra los moros, no sé cuánto tiempo pasara hasta que perdamos tierra santa.

— ¿Y cuando fue nuestra?— Suspiró Hanji dejando el espejo sobre la mesa.

Moblit bajó la cabeza totalmente apenado.

—Bueno, y escuche que han herido a alguien de la realeza esta mañana— Buscaba la manera de quedar bien con Hanji, odiaba cuando decía algún tipo de comentario que ella atacaba de una u otra forma.

—Lo sé— Hanji tocó la frente de Levi, lo que hizo que Moblit diera un brinco de sorpresa— ¡Moblit tiene fiebre!— Gritó.

—El príncipe Levi, pensé que había muerto, Ditta lo envolvió en su capa y se lo llevo rápido.

—Pues ves que no, alcánzame esa agua y moja esta cosa—Le arrojó el paño que antes usara para limpiar su rostro.

—Entonces por eso Kemono me dio el espejo— Moblit sumergió el paño, lo exprimió un poco y se lo pasó a Hanji.

— ¿Esa baratija te la dio él?—Colocó el paño en la frente de Levi. Asustada comenzó por quitarle la armadura.

—Me dijo que iba a probar un arma nueva.

—Así que lo único que quería era saber si alguno de los soldados dañados por su experimentó llegaban a mi ¡qué esperas llámalo!

—Yo… no sé cómo usar el espejo.

—Quítale esa cosa— Hanji se levantó y le señalo a Moblit para desvistiera a Levi— dame eso— Le arrebató el espejo y colocándose ante un rayo de luz hizo un reflejo.

—Kemono ¡soy Hanji!

El espejo empezó a empeñarse, como si una fuente de calor empezara a fundir el material de este.

—Hanji, querida ¡Cuánto tiempo sin verte!

—Hola Kemono.

El reflejo de la mujer se había ido, en su lugar estaba la figura de una especie hibrido de simio y humano. De pequeños y profundos ojos negros y cubierto de pelo color marrón.

— ¿Qué tal la vida de genio malvado?

—Aburrida, no es por querer humillar pero tus amigos los cristianos son muy débiles.

—Dímelo a mi— Trataba de sonar calmada y en paz, Kemono sabía leer perfectamente las mentes y los corazones, si no se cuidaba podría dar con una pequeña fisura en su armadura—Yo tengo que curar a todos los heridos que dejan.

—No me digas— El híbrido sonrió mostrando sus asimétricos y puntiagudos dientes— ¡Ah! Casi lo olvido, y fue por esto que le di el espejo a Moblit.

Hanji vio abajo su teoría.

—Quiero presentarte a mi hija, acaba de llegar de vacaciones de una isla muy lejana de aquí, de hecho en esa isla me bautizaron como Kemono.

—Ya decía yo que tu nombre no sonaba nada árabe.

Movió el espejo dejando en el campo visual a una joven de cabello y ojos negros. De rostro serio y cubierto de manchas.

—Ymir, ella es mi vieja amiga Hanji— Resonó la aguardentosa voz de Kemono.

—Hola—Dijo la chica de forma poco grata— ¿Papá eso es todo?

— ¡Ymir! Hanji por favor disculpa los modales de mi hija.

—No hay problema Kemono, los jóvenes siempre serán eso.

—Sin duda la juventud es una enfermedad que se cura con los años. Ymir, Hanji es una poderosa dama, viene de la tierra de los cristianos. Si te pones atenta aprenderás mucho de ella, tuvo por mentores demonios, alquimistas y monjes.

— ¿Dices demonios?— La cara de Ymir se ilumino con alegría. Hanji solo respondió afirmativamente con un suave movimiento de la cabeza—No puedo creerlo.

—Ella fue pupila de…—Kemono dudo— Dudó que seas aun digna de escuchar su verdadero nombre, anqué tampoco lo reconocerás por ese, en este mundo se le conoce como Erwin Smith.

Ymir se puso pálida, furiosa le arrebató el espejo a su padre.

— ¡Por tu aspecto pensé que era una simple esclava! No puedo creer que fuera pupila de Erwin ¡tienes que enseñarme todo lo que sepas!

Hanji por poco deja caer el espejo, por instinto quiso llevarle ambas manos a los oídos, el grito de Ymir fue muy fuerte.

—Claro, claro niña.

— ¡Como te atreves a llamara esclava!

Hanji evito reír al ver como una larga y peluca mano se extendía y golpeaba la cabeza de Ymir

— ¡Regrésame eso!

—Kemono, siento interrumpir, pero requiero tu ayuda.

—Dime, hermosa ¿qué es lo que te aqueja?

—Una de tus flechas de oro…

— ¡Ah! Una de mis mejores invenciones ¿qué te pareció? ¿a cuántos mate esta mañana?

—Solo has herido a uno.

Volvió a reflejarse la cara peluda, irradiaba ira y decepción.

— ¿Está muy grave?

Un nudo de formo en la garganta de Hanji.

—Por favor no lo dejes morir.


¡Hola a todos! bueno esta es la historia que estoy escribiendo actualmente que más me gusta, dejando un poco atrás mi faceta romantica y dulce. Bueno pues espero que no se estén confundiendo por la técnica de narración que he estado llevando hasta ahora, me encanta saltar del pasado al presente, es una forma muy divertida y es como leer dos historias en una aunque al final todo se conecta. Muchas gracias por leer, ya sé que he prometido mucho actualizar los otros fic, pero este aunque tenga menos audiencia es el que más cariño me a infundido.