Los cuatro fugitivos emprendieron el camino hacia el bosque de Faroth, llevando con ellos a los caballos que antes eran de los guardias. Poco a poco, la nieve que antes estaba en todas partes, ahora comenzaba a desaparecer poco a poco, coloreando el paisaje de un verde frío y pálido iluminado por el sol del medio día, el cual finalmente había salido después de tantas horas de viaje, dándole algo de calor a los viajeros.
-¿Ustedes creen que los guardias estén bien? -preguntó Clara un poco preocupada.
-No te preocupes. No apretamos mucho las sogas -contestó Antony totalmente despreocupado-. Además... están entrenados para salir adelante en ese tipo de situaciones.
-Solo espero que las pociones de memoria les hayan quitado lo suficiente -comentó Charlie-. Sino, tarde o temprano sabrán que todo fue una trampa y arrestaran de nuevo a John.
-Desde cuando dudas de mis pociones -replicó Aurora algo ofendida.
-Desde que una de ellas me dejó ciego por un día entero.
-Supéralo Charlie -respondió revirando los ojos.
-¡Tropecé como diez veces! -dijo algo molesto. Clara se rió en voz baja.
-Solo fue una vez, deja de molestar.
-No hay mucha diferencia en caerse y sentir que te caes. Quédate ciega un día entero y luego me dices que tal te fue.
Unas horas después, la nieve se había ido por completo, y cada vez había más árboles gruesos y oscuros, y el cielo comenzaba a desaparecer entre el denso follaje, quitándole a los cuatro el sol que tanto habían estado disfrutando; sin embargo, se podían oír a los pájaros cantando y silbando desde las copas de los árboles, con una variedad de sonidos que le daban a los cuatro la tranquilidad que tanto necesitaban después de toda la adrenalina que habían desprendido en sus cuerpos.
-Me duele el trasero -se quejó Aurora tratando de acomodarse en la montadura- ¿Ya casi llegamos?
-Me temo que tendré que decir que no -contestó Antony-. El bosque de Faroth está a miles de bloques lejos de aquí. Éste será un viaje de días.
-Y yo que creí que los botes eran una pesadilla...
-La buena noticia es que dejaremos a los guardias bastante atrás. Tardaran algunos días en saber hacia donde fuimos. Seguramente creerán que me secuestraron o algo por el estilo, así que no habrán sospechas en cuanto a su amigo -dijo refiriéndose a John.
-Los guardias no son la única amenaza -replicó Charlie-. Tarem estaba limpio por los guardias, pero los bosques siguen infestados de monstruos. No debemos bajar la guardia por más inocente que parezca el lugar.
-¿No podríamos al menos bajarla un poquito? -preguntó Aurora acostada en el caballo.
Charlie suspiró y detuvo a su caballo.
-Supongo que podríamos descansar un rato...
Los cuatro bajaron de los caballos y los ataron al árbol más delgado que pudieron encontrar. Aurora suspiró al sentir como su sangre volvía a circular por sus piernas, pero luego de unos segundos comenzó a tener un pequeño calambre y se tiró en el suelo gimiendo hasta el punto de casi llorar. Los demás también estaban cansados de estar sentados y estiraron un rato las piernas antes de almorzar unas manzanas y los restos del pay de calabaza de Aurora.
-No me deja de encantar tu pay Aurora -dijo Clara bastante satisfecha, dejando a Aurora un poco sonrojada.
-Cocinas muy bien -replicó Antony.
-Gracias -respondió tímidamente.
Pero cuando estaban a punto de seguir con su camino, escucharon el grito de un niño pidiendo ayuda en lo profundo del bosque. Antony siguió la voz del niño, seguido de Charlie y Clara.
-Oigan, podría ser una trampa, que tal si mejor nos vamos y... -Aurora dejó de hablar al ver que ninguno de los tres le hacía caso, y refunfuñó antes de seguirlos- ¿Por qué nunca me escuchan?
Después de trotar unos cuantos bloques, encontraron a un niño abrazando sus piernas al lado de un árbol pidiendo ayuda. Y rápidamente se acercaron a él.
-Hola amigo ¿estás bien? -le preguntó Antony con una rodilla en el suelo.
-No -respondió el niño con la voz quebrada y las mejillas empapadas de lágrimas.
-Tranquilo, te vamos a ayudar ¿Qué sucede?
-Perdí a mis padres -le respondió un poco más tranquilo.
-No te preocupes, nosotros te cuidaremos -le respondió Antony con una amigable sonrisa.
-Creo que ustedes son los que necesitan que los cuiden...
Antony se dio la vuelta al escuchar el grito de Clara, y vio a una multitud de bandidos apuntándoles con sus arcos, y otros agarrando a Aurora y a Charlie por la espalda.
-Les dije que era una trampa.
...
Los cuatro fueron llevados junto con sus caballos a un pequeño campamento, lleno de bandidos sucios y mal vestidos que los miraban con sonrisas llenas de avaricia y burla. Charlie contó alrededor de treinta hombres. Si los cuatro tenían que pelear, tendrían que luchar con 7 cada uno. Desde lejos, un hombre se levantó de su asiento, mostrando claramente su autoridad al apoyar en el suelo su gigantesca hacha.
-No puede ser -susurró Antony.
-¿Qué sucede? -le preguntó Charlie en voz baja.
-Es Godor, el gigante de Faroth.
-¿Quién?
-La guardia real lo ha estado buscando por años. Es el bandido más sangriento y astuto del reino... Mata por diversión... -dijo Antony con una expresión llena de asco y desprecio.
-Por supuesto -replicó Charlie en un suspiro-. No podía ser un bandido chiquito, tenía que ser el peor de todos...
-Un momento -dijo Aurora- ¿Qué acaso Faroth no estaba a miles de bloques de aquí?
-Nació en Faroth, pero siempre cambia su ubicación. Por eso es tan difícil de atrapar.
-Jefe, mire lo que encontramos -dijo uno de los bandidos antes de tirar a los cuatro frente al hombre barbudo y gigante, el cual sonrió con malicia mostrando su diente de oro al verlos arrodillados frente a el.
-Revísenlos -dijo con su voz robusta y gruesa.
Rápidamente los bandidos revisaron los bolsillos de los viajeros y se las entregaron al gigante.
-Vaya, vaya... -dijo el gigante al ver tremendo botín- ¿Qué hacen 4 forasteros llenos de dinero pasando por estos rumbos tan peligrosos?
-Y eso a ti qué te importa -dijo Charlie antes de que uno de los bandidos le diera un puñetazo en la cara.
El gigante soltó una carcajada que se pudo haber oído hasta en las afueras del reino.
-Me cae bien este chico.
Uno de los bandidos encontró el inventario secreto de Charlie y sacó de la bolsa el ojo de ender.
-Jefe, mire esto -le dijo el bandido al gigante antes de dárselo en la mano.
El gigante lo examinó con muy poco interés sosteniéndolo con sus gigantescos dedos. Parecía como una simple canica en sus manos.
-Bonito amuleto. Es adorable -dijo con una sonrisa al mismo tiempo que jugaba con ella-. Espero que no te lo haya dado tu madre o alguna tontería así, porque me la quedaré -dijo antes de guardarla en su inventario.
-Maldición -dijo Charlie en voz baja.
-Muy bien, aquí van las únicas dos opciones que les quedan -dijo el gigante mientras empezaba a caminar alrededor de los viajeros-. Opción número uno: Pueden quedarse en mi campamento y servirme hasta el fin de sus miserables existencias, aunque la verdad no es tan malo como podrían imaginarse. Y opción dos: Morir.
-Vaya asco de opciones -dijo Antony en voz baja.
-No lo dudo -respondió el gigante-. pero tampoco les queda de otra.
-¿Y qué tal un desafío? -dijo Clara bastante tímida y con la voz muy baja.
-¿Un desafío? -dijo el gigante después de soltar otra carcajada. Charlie, Antony y Aurora la vieron sorprendidos.
-Sí -dijo con la voz incluso más baja que antes.
-¿Y por qué aceptaría ese "desafío"? -preguntó el gigante en tono de burla.
-Porque sino, todos los demás bandidos del reino creerán que eres un cobarde -respondió Charlie rápidamente al darse cuenta del plan de Clara.
Todos los bandidos del campamento empezaron a murmurar entre si, y el gigante miró al suelo pensativo.
-Está bien -dijo el gigante con orgullo- Si ganas, te dejaré ir con tus amigos, pero el oro me lo quedo yo. Y si pierden, bueno... los mataré.
Clara se asustó un poco, pero luego asintió con determinación.
-Ya que tú me estas desafiando... -el gigante se agacho y se acercó a Clara- ¿Cual es el desafío mademoiselle?
-Tiro con arco.
Todos los bandidos empezaron a reír burlándose de la pequeña chica.
-¿No querrá un guante para que no se lastime las manos? -dijo uno de los bandidos haciendo que los bandidos se carcajearan aun más.
El gigante sonrió y desató las cuerdas que tenían amarrada a Clara.
-Me parece perfecto -respondió antes de pararse de nuevo.
-Clara, por favor piensa lo que dices -le dijo Antony-. Godor es de los mejores arqueros del reino.
-Tu amigo tiene razón -respondió Godor halagado- ¿Segura que no quieres cambiar el desafío?
-No -respondió con tanta seguridad que sorprendió a todos los presentes.
-¡Que así sea entonces! -exclamó con su fuerte y gruesa voz, provocando que todos los bandidos gritaran como locos.
-Estamos muertos -dijo Antony en un suspiro.
Godor le ordenó a uno de los bandidos que amarrara el ojo de ender con un pequeño hilo y que lo colgara en una rama lejos del campamento.
-El primero en cortar el hilo que sostiene la canica gana. Espero que no sea demasiado para ti cariño -le dijo con una sonrisa irónica.
Los bandidos le dieron a Godor y a Clara sus arcos.
-Las damas primero -dijo Godor haciendo una pequeña reverencia.
Cuando Clara tensó el arco, todos guardaron silencio. Apenas y podía ver el hilo. Instintivamente relentizó su respiración, y su sentido de la vista se agudizó, permitiéndole ver con claridad el hilo a la distancia. Y sin darse cuenta, ya había disparado la flecha, pero esta solo se clavó en el tronco del árbol; sin embargo, pasó lo suficientemente cerca como para mover el ojo con el viento que había generado la flecha al pasar. Charlie, Aurora y Antony soltaron un pequeño suspiro, maldiciendo en voz baja.
-No está mal -dijo el gigante con los brazos cruzados-. Espero que quieras ser parte de mi pueblo cuando gane esta tontería. Nos vendría bien una arquera así.
El gigante tensó su arco, haciendo crujir ligeramente la madera, y luego de unos segundos, el gigante disparó, pero la flecha chocó con el ojo de ender, provocando que se moviera de un lado a otro. Todos los bandidos suspiraron decepcionados al ver el ojo colgando todavía, pero Godor se rió un poco.
-Su turno -dijo.
Clara tensó el arco, pero el ojo no dejaba de moverse, y el viento no ayudaba. A pesar de que esperaba a que el ojo dejara de moverse, no se detenía.
-Lo hizo a propósito -susurró Aurora-. Solo se está divirtiendo a costa de ella.
-No podemos confiar en él -comentó Antony en voz baja.
La presión comenzó a invadir a Clara. Los bandidos comenzaron a burlarse de ella preguntándole por qué se tardaba tanto.
Clara comenzó a sentirse bastante abrumada. Su visión volvió a hacerse borrosa y le temblaban las manos. Probablemente Godor ganaría si fallaba otra vez. Las voces de los bandidos cada vez se hacían más fuertes en su cabeza. La vida de sus únicos amigos dependían de ella, pero ella no quería que fuese así... quería salir corriendo de allí... quería que todo estuviera bien... quería que todo acabara... ¿Por qué no solo todos se llevaban bien? ¿Por qué tenía que cargar con toda esa responsabilidad ella sola?
Una lagrima recorrió su mejilla y trató de contener su llanto. Entonces Clara vio a Charlie. Él solo sonreía tranquilamente, viendo a Clara con una calma que apagó todas las voces en su cabeza. Nuevamente su visión se hizo clara a pesar de las lágrimas. Y volvió a recuperar el control de su respiración. Sus manos volvieron a estar tan quietas como en la primera vez que disparó, y apuntó de nuevo a el hilo que no paraba de balancearse. Y después de exhalar, disparó la flecha, y el ojo cayó al suelo. Después de eso solo se escuchó el sonido del viento acariciando las copas de los árboles, nadie se movía. Clara sonrió aliviada.
-Bueno... -dijo Godor en un suspiro, y luego, enterró su espada en la espalda de Clara hasta atravesarla. Clara vio como la espada salía de su vientre.
-¡NO! -gritó Charlie antes de golpear fúricamente al bandido que lo sostenía con la parte trasera de su cabeza y tomar su cuchillo para cortar las cuerdas que lo tenían atado en un solo movimiento. Godor sacó la espada del cuerpo de Clara, dejándola caer en el suelo.
Antony y Aurora hicieron lo mismo que Charlie y golpearon a los guardias que los retenían. Aurora le lanzó a los bandidos una poción de lentitud que tenía en su escote para una emergencia, mientras que Antony tomaba prestada la espada del bandido que lo retenía para poder defenderse. Charlie se acercó corriendo a Godor y trató de golpearlo pero él esquivo el golpe como si nada. Aurora y Antony comenzaron a luchar contra los bandidos con lo mejor que tenían. Charlie recibió un golpe en el estomago que lo dejó sin aire, seguido de otro en la cara que lo dejó tirado en el suelo. Godor tomó su hacha y trató de enterrarla en Charlie pero se hizo a un lado y le dio una patada en la cara lo más fuerte que pudo.
-¿Eso es todo lo que tienes? -se burló Godor mientras trataba de recuperarse.
-¡No! -respondió Charlie antes de tomar una antorcha que había cerca y golpearlo en su cara, provocando un grito más fuerte que el de un enderman. Después tomó su hacha con toda la fuerza que tenía y lo golpeó con la parte no filosa en su cabeza, dejándolo inconsciente en el suelo. La antorcha cayó en una pila de paja y esta comenzó a incendiarse.
Aurora logró alcanzar su inventario y empezó a lanzar pociones a diestra y siniestra, mientras que Antony ponía a prueba su entrenamiento. Charlie corrió hacia Clara y analizó la herida cubierta de sangre.
-No está nada bien -le dijo Charlie a sus compañeros con clara angustia en su voz mientras trataba de evitar la hemorragia con sus manos-. Todo va a estar bien, todo va a estar bien ¡Aurora, pásame una...
-¡Ya no tengo! -respondió Aurora mientras luchaba con los bandidos- ¡La última la usé en Antony!
-¡Demonios! -gritó con todas sus fuerzas mientras se levantaba y desataba su frustración golpeando a los bandidos que se acercaban a luchar con él. Charlie dejó de pensar, y solo golpeaba sin parar a todo lo que se movía. Gritando y maldiciendo con toda la fuerza que tenía. La sangre y el fuego que empezaba a cubrir gran parte del campamento parecía un reflejo de su interior.
-¡Tenemos que irnos! -gritó Antony antes de lanzarle a los bandidos una TNT que había encontrado, haciendo volar por los aires al menos a cuatro- ¡Cúbreme! -le gritó a Aurora para luego cargar a Clara lo más rápido que pudo y ponerla en su caballo. Aurora mantenía a raya a todos los bandidos que intentaban acercarse, pero eran muchos, Aurora recogió un escudo que había en el suelo y retrocedió cubriendose con él sin parar de lanzar sus pociones. Antony lanzó otra dinamita, dándole a Aurora el tiempo suficiente como para sacar el oro del inventario de Godor.
Charlie seguía eliminando bandidos como una bestia. Estaba cubierto de sangre. Aurora lo miró aterrada de la violencia con que golpeaba y apuñalaba a los bandidos sin ninguna misericordia.
-¡Charlie! -le gritó.
Él volteó, respirando rápidamente, y con todo el cuerpo cubierto de sangre. Al instante se dio cuenta de lo que estaba haciendo al ver el rostro lleno de horror que tenía Aurora. Corrió hacia ellos limpiándose la sangre de la cara y evadiendo las flechas de los bandidos, y luego se subió al caballo.
-Llévenme con ustedes -le dijo el niño a Aurora antes de que se fuera-. Por favor -suplicó.
Aurora suspiro odiándose a si misma por lo que estaba por hacer.
-Sube -le dijo, y el niño subió lo más rápido que pudo.
Los cinco huyeron del campamento, no sin antes recoger el ojo de ender que les quedaba de paso.
Galoparon lo más rápido que pudieron, dejando atrás el campamento en llamas, que emanaba una columna de humo que subía lentamente hasta desaparecer en el cielo nublado...
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