H: Sarah… -Intentó apartarla, sin éxito-.
S: Por favor… -Suplicó, sinceramente-. Te deseo de verdad, Harm. –Se pegó más a él, volviendo a besarle-. Quiero que seas tú el primero. ¿Cómo puedo hacer que lo entiendas?
No hizo falta que ella añadiera nada más. Harm la cogió en brazos y la llevó dentro del agua. Tomó asiento en las escaleras de la piscina, colocando a Sarah en sus rodillas. Los dos se sonrieron antes de volver a besarse.
…
Cuando se cansaron de estar en la piscina, Harm y Sarah subieron al cuarto de él, pidiendo que les llevaran la cena allí. Pasaron ese rato en completo silencio, lanzando miradas furtivas el uno al otro, intentando que ninguno se diera cuenta de ello.
Después, Harm se tumbó en la cama, abrazando fuertemente a Sarah. Ella se acurrucó en su pecho y así durmieron los dos, compartiendo la cama con la persona que querían.
Al día siguiente, Mac se despertó sintiendo el calor corporal de Harm. Levantó la cabeza poco a poco y se quedó maravillada con la tranquilidad que transmitía la cara del que desde hacía pocas horas era su amante. Sonriendo, se apretó más a él, haciendo que Harm se despertara.
H: Buenos días.
S: Lo siento… ¿Te he despertado?
H: No importa. –Acortó la distancia y la besó-. ¿Cómo te sientes? ¿Te… te hice daño?
S: Apenas dolió. –Sonrió, abrazándole más-. Siento que estoy en una nube. Siento que floto y realmente no quiero poner los pies en la tierra.
H: Yo me siento igual. –Respondió, acariciándole la espalda-. ¿Qué pasará ahora?
Esa pregunta la hizo sentirse como golpeada por una fuerte ráfaga de viento, haciéndola caer de nuevo al suelo. Su sonrisa desapareció lentamente de su cara, y seria miró a Harm. Le acarició la cara, siguiendo con sus ojos el camino que realizaba su mano. Cuando terminó en sus labios, le miró a los ojos y suspiró.
S: No lo sé. No quiero pensar en eso ahora, Harm. Cuando llegue el momento veremos.
H: Quieres disfrutar de esto. –Ella asintió-.
S: Al menos, el tiempo que podamos ocultarlo. –Le miró a los ojos, impactándole por la sinceridad que mostraban sus ojos-. No eres un capricho más. Sé que con lo que te conté puedes pensar que soy la copia de Paris Hilton, pero no es verdad.
H: Lo sé, tranquila.
S: Realmente estoy enamorada de ti. Me siento atraída por ti desde que te vi. –Harm acortó la distancia y la besó-.
H: Yo también te quiero, Sarah.
S: ¿De verdad? –Él asintió, provocando que ella se pusiera encima de él y le besara-. Gracias.
H: ¿Por qué?
S: Por hacerme sentir especial.
Sin más, él dio la vuelta a la situación, siendo él el que estaba ahora encima. Sarah comenzó a reírse al sentir las manos del que consideraba su marinero, empezar un recorrido desde sus caderas hasta los hombros. Después, se perdió en todas y cada una de las sensaciones que él la provocaba.
(Tres días después)
Habían disfrutados como dos adolescentes de todo el tiempo en el que estaban juntos, y solos. En cuanto podían, se besaban y permanecían la mayor parte de las horas abrazados o cogidos de las manos, en lugares donde nadie podía verles.
Por las noches, repetían el mismo ritual. Cuando el pasillo estaba desierto, Sarah recorría el camino que separaba sus habitaciones, y a primera hora de la mañana se escabullía a su cuarto, fingiendo haber pasado allí la noche.
Pero, ahora estaba todo a punto de cambiar. La fiesta de la OTAN se realizaría al día siguiente, y cuando el evento acabara ya no habría nada que retuviera al presidente Ahmet Tayyip y a su hija en Estados Unidos.
Durante la noche previa ninguno dijo nada. Cuando Sarah entró en su habitación se dirigió directamente a la cama donde estaba Harm y le besó. Se aferró desesperadamente a su cuello, en un intento de olvidar lo inevitable. Él rodeó su cintura y la tumbó en la cama, besando su dulcemente garganta mientras sus manos la desvestían poco a poco.
21:30 Horas
Salón de la Casa Blanca
Washington DC
La princesa de Turquía se pasó gran parte de la mañana convenciendo a su padre para que colocasen al comandante Rabb en la misma mesa que ellos. Después de una larga discusión, finalmente se cansó y dejó a su padre en aquel despacho que le habían prestado en la embajada, donde se ponía al día con los informes y cartas enviadas por los ministro de su país.
Ahora, ella le observaba sentado en una de las mesas que estaban en la primera fila. A su lado, una mujer rubia charlaba animadamente con él y con otro hombre, algo más mayor. Por su uniforme, supo que Harm compartía mesa con su superior, un almirante de dos estrellas y una teniente. Con ellos, había más personas, a las cuales Sarah Tayyip ignoró deliberadamente.
Todos los presentes escucharon los discursos que el presidente Bush y el presidente Tayyip dieron. Por último, le dejó la palabra a su hija. Resignada, subió al pequeño escenario y cogió aire. Habló del agradecimiento que sentía hacia el país americano y hacia todos los demás integrantes de la OTAN. Para terminar, agradeció especialmente los servicios prestados por el secretario de marina y la propia naval. Volvió a su sitio entre aplausos, mientras le dirigía una mirada llena de tristeza a Harm, el cual tenía el mismo sentimiento en sus ojos.
Cuando llegó el baile, Sarah se quedó en su sitio, rechazando todas las invitaciones para ir a la pista. Desde donde estaba, podía contemplar como muchas mujeres allí presentes se acercaban a Harm para que bailara con ellas. Le veía bailar con algunas muy guapas, lo que le provocaba oleadas de celos cada vez más intensas. Por ese motivo, se levantó bruscamente de su silla y se acercó a su padre, el cual charlaba con el presidente de Estados Unidos y el de España.
S: ¿Puedo hablarte un momento, padre?
Ah: Claro. Si me disculpan… -Se alejó un poco junto con su hija, y está habló-.
S: No me siento muy bien, y la recepción ya ha acabado. ¿Puedo marcharme a la embajada?
Ah: No te entiendo. –Exclamó, intentado no llamar la atención-. Cuando te prohíbo asistir a fiestas, vas. Ahora tienes mi permiso para estar en una, y quieres irte. ¿Quién puede entenderte? –Sarah tuvo que morderse la lengua para no gritarle que si había un hombre capaz de comprenderla-. Está bien. Dile a Hasiff que te lleve a la embajada y que después vuelva a esperarme.
S: Gracias.
