IMPORTANTE: este capítulo esta narrado desde el punto de vista de Ranma, y continua con la temporalidad del capítulo 3 "Inevitable", o sea el presente.

Gracias ^^


Capítulo 5

El hubiera no existe.

Que irónica y cruel es la vida cuando menos te lo esperas.

Justo antes de llegar al parque para encontrarme con Akane, mientras caminaba tenía lugar en mi mente una pequeña introspección, y a la conclusión a la que llegué fue esta:

Soy feliz.

Mi vida está bien. Tengo todo lo que pudiera necesitar para ser feliz, incluso a mi madre, a pesar de lo difícil que fue en un principio esconderme de ella, el asunto del seppuku, y el que tuviera que mudarme con ella; pero al final de todas formas regresamos y todo fue bien otra vez.

Aunque está lo de mi maldición, que es realmente lo único que ensombrece un poco mi "tranquila" vida en Nerima. Y digo "tranquila" porque a pesar de las bizarras situaciones y personas a las que me tengo que enfrentar cada poco tiempo, ahora para mi es muchísimo mejor estar en un solo lugar que andar errante junto con mi padre por todo el país probando "nuevas técnicas de entrenamiento", el cual fue mi estilo de vida desde que era solo un bebé, hasta que llegué a casa de los Tendo.

Es cierto que al principio fue como un balde de agua helada ser obligado a vivir en una casa extraña con personas aun más extrañas (mira quién habla ¿verdad?), y saber que estaba comprometido con Akane Tendo, la cual, por cierto, era una niña de lo más odiosa, orgullosa, y todo esos defectos que le achacaba antes; pero ahora creo que fue lo mejor que me pudo haber pasado, aunque no lo hubiera comprendido hasta hace poco.

Sin darme cuenta, al llegar a la casa Tendo, no solo obtuve algunas obligaciones en un principio indeseadas, sino también lo más parecido a un hogar desde que tuviera memoria, conocí a los que poco a poco fueron convirtiéndose en mi familia, bastante peculiar, pero mi familia a fin de cuentas, y lo que es más importante para mí en estos momentos: una compañera.

No hablo de sólo una chica con la que tarde o temprano te casarás, porque tu padre y el de ella así lo han decidido, y que por ende lógico, forzosamente se convierte en tu prometida.

Hablo de una chica que entiende tu absurda manera de pensar, que apoya tus locuras, que te ayuda cuando menos lo esperas y cuando más lo necesitas, que te consuela justo de la forma en que te hace falta. Una chica que poco a poco, con su personalidad única: feroz, ruda y tierna a la vez, se convierte en tu amiga; que con su belleza exótica roba todas tus miradas sin que puedas resistirte; que con su fuerte espíritu, inquebrantable y temperamental, hace que te enamores, completamente y sin remedio; y que prácticamente te obliga a hacer cosas de las que nunca te creíste capaz, sólo para sembrar la esperanza de que algún día en un futuro cercano puedas tener el honor de llamarla tu prometida. Porque la quieres y no porque te obliguen a hacerlo.

En fin, una de esas cosas de las que nunca me creí capaz era lo que había estado a punto de hacer.

Al principio, cuando salí de casa, pensé que sería suficiente con invitarla a dar un paseo y todo eso, pero a medida que pensaba más en eso, se me ocurrió la idea de que quizá debería hacer algo más para… ejem… comenzar a dejar claros mis… mis… sentimientos.

A quien quiero engañar; para mí ese asunto estaba más que aclarado desde aquel día en que ella había estado resfriada, y según yo, ella también pensaba lo mismo. Ahora lo único que faltaba era decírselo.

Repentinamente me armé de valor y me decidí a confesarle mis sentimientos, esta vez definitivamente; no como la noche anterior cuando nos despedimos: pensé en hacerlo, pero fui demasiado cobarde.

Me prometí que ahora sería diferente. Incluso hice escala en la florería para llegar con un buen detalle a la "cita", pero en cuanto salí de ésta comencé a sentirme terriblemente nervioso; no tenía ni la más remota idea de lo que tenía que hacer. Una cosa era decidirlo, y otra muy distinta hacerlo, y a mi nunca se me había dado muy bien el ser tierno y romántico. Estaba perdido.

¿Pero qué podía hacer? ¿Arrepentirme? No. No lo haría. Aunque me llevara todo el día se lo diría. Akane Tendo no dormiría otra noche sin saber lo que sentía por ella.

Con algo más de valor, no así de confianza, emprendí nuevamente mi camino hacia el parque.

Diablos. Era más duro de lo que había creído.

Me temblaban tanto las piernas que apenas podían dar dos pasos seguidos. Comencé a sentirme ridículo. No era como si fuera a pelear por mi vida contra algún ser monstruoso. Diablos, era solo Akane… Que terror.

Para darme confianza, pensé en la reacción que ella tendría después de que yo lograra pronunciar aquellas palabras tan trascendentales; estaba muy seguro de que no sería una reacción negativa, pero aun así no lograba imaginármela. Decir "Akane" es como decir "lo que nunca esperarías".

La "distracción" funcionó. Mis piernas se aligeraron y avancé a paso más o menos normal otra vez. Pronto distinguí los árboles más cercanos de la parte Este del parque, desde uno de los callejones aledaños por donde yo atravesaba para acortar camino.

La visualización de esas figuras verdes tan familiares hizo que me recorriera entero un estremecimiento desagradable. Como un mal presentimiento.

Antes de salir del callejón pude ver a Ryoga; estaba con… ¿Akane?

Mi avance se ralentizó, mientras intentaba entender la escena. No podía estar seguro por la distancia, pero ella se veía… preocupada.

Seguramente Ryoga otra vez intentaba tener una cita con Akane para confesarle alguna de sus locuras. Sentí el impulso de llegar hasta allí de dos saltos e interrumpirlos "accidentalmente". Estaba a punto de hacerlo, pero entonces el se volvió y yo me quede clavado en mi lugar.

La expresión en el rostro de Ryoga era… tenebrosa.

Incluso desde donde estaba podía distinguir la mirada fría y sombría que dominaba su rostro, antes tan amable y al mismo tiempo irreverente.

Lo vi avanzar unos pasos, y sin saber porque, me oculté parcialmente de su vista, ayudado por la interferencia que debía suponer la esquina del callejón en la que me encontraba pegado, asomando apenas lo indispensable para poder ver lo que estaba pasando. Él se detuvo y se quedó quieto unos segundos.

Entonces se giró lentamente para volver a encarar a Akane, pero por un momento fijó la vista justo donde yo estaba. Juraría que se dio cuenta de que estaba ahí, pero yo no salí de mi escondite y solo me limité a pegar la espalda completamente contra la pared.

Volví a asomarme a tiempo de verlo llegar otra vez frente a Akane. Imaginé que le estaría diciendo algo, pero entonces él la tomo de los brazos, se inclinó y la besó.

Sentí mi sangre hervir. Iba a desfigurarle la cara a Ryoga. Hasta ahora él no me había visto verdaderamente furioso. Todo lo que él sabia que yo podía ser o hacer enojado era nada a comparación de lo que en estos momentos podría hacerle a él. Podría arrancarle un brazo de una mordida sin ningún remordimiento por haberse atrevido a besar a MI prometida. Di un paso dispuesto a hacerlo ya, y en ese momento la realidad me golpeó como si hubiera chocado a toda velocidad contra una pared de concreto.

Ella… Akane no hacía nada. No intentaba alejarlo ni retirarse. Yo sabía de sobra que Akane tenía la fuerza suficiente para mandar a volar a cualquiera de una patada si así lo quería. ¿Por qué entonces no lo hacía?

O era que… Tal vez ella no quería hacerlo.

No, no, no. Imposible. Akane no haría algo así. Ella no podría querer besar a Ryoga ni mucho menos.

Pero ahí estaba, justo frente a mí, la prueba de que mis impresiones sobre los sentimientos de Akane estaban completamente equivocadas.

No pude soportar un segundo más, ya había visto suficiente. Gire sobre mis talones y me quedé quieto mientras era conciente del ardor en mis ojos. Cerré las manos en puños y noté lo que aun llevaba en la mano derecha. Una espina, la única que quedó por casualidad, se me había clavado en la palma.

Que contradictorio. ¿Cómo algo tan bello puedes causar a veces tanto dolor?

Ironías de la vida.

Con una sonrisa forzada, me obligué a abrir la mano y solté la docena de rosas rojas que había comprado para tan especial ocasión.

Comencé a caminar y después a correr, no se exactamente por cuanto tiempo. No mire atrás ni una sola vez.

Llegué a una zona industrial de Nerima, justo antes del ocaso. No había muchas personas por ahí. Trepando ágilmente llegue a la azotea enrejada de un edificio medianamente alto. Caminé por la orilla para quedar justo frente a la puesta de sol.

Me permití apreciar los hermosos colores que se dibujaban en el cielo: dorados, rojos, anaranjados, rosados, violetas.

Me sentía cansado, podría caer de rodillas de un momento a otro. Recargué mi frente contra la malla de alambre del enrejado, y me sostuve de éste con las dos manos. Mientras observaba los últimos segundos de aquel bello espectáculo natural, permití que los sentimientos que me embargaron desde que vi aquello, y que después reprimí, emergieran a la superficie.

El sol se oculto al tiempo que mis lágrimas comenzaban a derramarse.

xxxxxxxx

Cuando sientes que no hay mas remedio, cuando sientes que todo tu mundo puede derrumbarse en un segundo, cuando sabes que el "juego" termino… ¿qué haces?

¿Qué haces cuando la mano helada de la tristeza presiona tu corazón y tu garganta sin dejarte respirar? ¿Qué haces cuando sientes la espesa y oscura bruma de la soledad cernirse inexorablemente sobre ti?

En esos momentos de desesperación e incertidumbre, yo solo quería cerrar los ojos, y no volverlos a abrir, quería dejar de sentir esa opresión en el pecho, ese sentimiento de descontrol total, anhelaba desesperadamente un momento de paz, deseaba con todas mis fuerzas regresar el tiempo para no haber visto nada de lo que vi, deseaba (aunque fuera estúpido y cobarde) vivir en la feliz ignorancia en vez de en ese estado de vacío en el que rogaba por que algo terminara con mi vida…

Eso es, yo quería morir, aunque fuera por unos segundos, quería dejar de existir, y que no hubiera nadie en el mundo que se acordara de mi, ni nada que se pudiera relacionar conmigo. Deseaba estar en un vacío diferente del que estaba sufriendo en esos momentos, un vacío sin vida, sin pensamiento…sin dolor, sin desilusión.

Y todo por ella, esa persona que me había abierto un mundo basto, nuevo y diferente, esa persona que me había hecho descubrir una parte totalmente desconocida de mi, esa persona a quien le había entregado mi corazón desde el primer momento en que la vi, sin saberlo, sin quererlo y sin que ella lo hubiera pedido, pero ¿qué podría haber hecho yo para evitarlo?... se dice por ahí, que los mejores momentos de nuestra vidas no los hacemos nosotros…

Y así fue, podría decir con mucha seguridad que aquellos breves meses desde el resfriado, fueron la época más feliz de mi vida, era simplemente maravilloso despertar cada día con esa motivación tan excitante, todo era fantástico, y aunque suene trillado, hasta la siempre inoportuna lluvia tenia un mejor sabor, porque sabía que esa persona estaba a mi lado, primero como algo incómodo y hasta cierto punto intolerable, luego como mi amiga, y después como mi…

Pero todo eso terminó, sin previo aviso mi felicidad se hizo añicos en un instante, no tuve ni siquiera un poco de tiempo para prepararme emocionalmente, fue como un puñetazo certero en el estómago, me dejó sin aire, se nubló mi visión, me daba vueltas la cabeza, sentía como mis manos temblaban, y como las lágrimas comenzaban a derramarse una tras otra, me dieron nauseas, sentí que iba a desmayarme, sin duda no sería peor que eso, incluso ya en ese primer momento añoraba dejar de sentir, dejar de ser un humano, volverme aire, tierra o lo que fuera, cualquier cosa, animal o persona, excepto yo mismo, pero la anhelada inconciencia no llegó, y yo tuve que soportar cada segundo de aquella tortura auto inflingida, pues aunque me estaba haciendo mucho daño no podía apartar la vista de todo aquello. Maldito masoquista.

Seguía grabando en mi memoria todo eso que me destrozaba el alma, porque quería tener pruebas, quería estar seguro de que lo que me hacía volverme loco en ese momento no era producto de mi imaginación, y quería tener motivos… motivos para poder odiarla, para poder decirle que se alejara de mi vida para siempre, quería guardar ese dolor dentro de mi para poder transformarlo en ira, en rencor, en odio puro, y de esa manera dejar de sentirme tan miserablemente dolido. Prefería mil veces la salvaje destrucción de la ira en mi interior, que el sádico y lento deterioramiento de mis sentimientos… pero aun no podía hacerlo, no sin una explicación y una despedida, al menos eso merecía ¿no? Merecía que me explicara porque se había burlado de mi y de mis sentimientos de esa manera, incluso hasta podría beneficiarme hablar con ella, si ella tenía valor para decirme que me alejara de su vida, para mi sería mas fácil convertir el amor destrozado en odio.

El amor… eso era lo que me habían arrebatado sin siquiera avisarme… por eso sentía ese frío vacío en mi interior… pero hasta con eso la vida es cruel, y no me despojó de mi sentimiento rápida y certeramente, como esas grandes y pesadas navajas que caían velozmente sobre la cabeza del condenado, y de esa manera se aseguraba un final rápido y, lo que era mas importante para mi, sin dolor.

En vez de eso, sentía aun el sentimiento en mi alma, pero sabía que ya no podría ser mío nunca mas, sabía que sólo estaba ahí para hacerme sufrir durante mucho, mucho tiempo… y este dolor me hacía vislumbrar algo peor en mi inmediato futuro: sabía dentro de mi que no podría odiarla, y menos aun olvidarla, sabía que si ella se alejara de mi tal como yo quería, lo único que pasaría sería que terminaría con los restos de vida que aun quedaban en mi ser, y cuando eso pasara el dolor sería completo y yo no tendría más remedio que hundirme en él todos los días de mi vida, por cuanto tiempo durara ésta.

Qué miseria me esperaba a partir del momento en que me alejara de ella definitivamente. Yo seguiría con mi "existencia" pero sabía que el despertar de cada día, no sería ni de lejos maravilloso, sería espantoso, sería sentir la muerte cada vez que abriera los ojos, maldiciendo porque otra vez logré despertar de la pesadilla, y dándome cuenta, otra vez, de que la pesadilla apenas comenzaba, junto con el comienzo del nuevo día que se extendía ante mi.

Pero eso no es todo… aun faltaba lo peor…

Después de abandonar aquella situación por puro instinto de conservación, comencé a sentir algo completamente nuevo; nunca antes había tenido una sensación parecida y el sentirla en ese momento fue devastador, no solo por la sensación en si, sino porque me daba cuenta de que la situación por la que estaba atravesando sería como una pauta en mi vida, sería el fin de una era, y mi propia mente me advertía que la siguiente era iba a ser como una especie de era de hielo, en donde no habría nada excepto ese elemento…

A través de mis confusas emociones, comenzaba a abrirse paso una más fuerte que las demás, pero aun sin sobrepasar el dolor: era un sentimiento de inferioridad como nunca antes lo había sentido; me sentía débil, me sentía común, me sentía inútil, sentía que nadie en el mundo daría un centavo por mi…

Y otra vez por ella, porque no era lo suficientemente bueno como para ser el afortunado que ganara su corazón, porque ya se había aburrido de mi y quería conocer algo más intrigante, algo que le sorprendiera cada vez… Desde ese punto de vista era fácil ver porque estaba haciendo esto, conmigo siempre era lo mismo, y tres años de lo mismo comienzan a aburrir mucho; suerte para mi que no se aburrió antes, ¿o si?

¿Desde cuando ella estaría pensando en dejarme a un lado? ¿Por qué no me había hablado de frente en cuanto empezó a sentirlo? ¿Qué no (a pesar de todo) éramos amigos? ¿No me tenía ni un poco de confianza? O tal vez fue la lástima lo que no le permitió hacerlo antes y de frente, tal vez no lo hizo porque no quería herirme, porque tal vez me quería lo suficiente como para no querer que yo sufriera con su despedida; pero eso no lo justifica, es más doloroso engañar a la otra persona respecto a la situación, si yo hubiera estado en su lugar le habría hablado con la verdad desde el principio… pero ¿Por qué paso así? Porque si yo conviví con ella los mismos tres años, ¿Por qué yo no me sentía cansado ni aburrido? ¿Por qué yo sentía que las cosas iban de maravilla?

Tal vez era que realmente que no soy lo que ella esperaba…

Pensar en eso hizo que me sintiera aun peor y la sombra negra que me atormentaba se hizo presente de nuevo con mayor intensidad, y yo volví a caer en ese delirio de dolor, en donde quería dejar de existir…para siempre.

xxxxxxxx

Ese fue el peor día de mi vida. En un momento pensé que no podría sobrevivir a eso, pero de alguna forma logré tomar algo de fuerza para poder dejar de llorar y comenzar a planear el futuro.

Sabía, sin ninguna duda, que este dolor lo llevaría dentro de mi durante muchísimo tiempo, no sabía exactamente cuanto, pero sabía que nunca me dejaría. Tal vez el tiempo lograría disminuirlo poco a poco, e incluso al pasar los años seguramente se volvería poco perceptible, pero siempre estaría ahí, siempre conservaría el recuerdo de aquel que fue el peor día de toda mi existencia; siempre llevaría en el alma las cicatrices indelebles que me dejó esta batalla, la única que había perdido…todo por ella.

Daría todo porque las cosas fueran diferentes, si nunca la hubiera conocido ahora no tendría que estar pasando por esto, mi vida sería buena, estaría rozando con la punta de los dedos los increíbles sueños de supremacía marcial que me habían acompañado desde pequeño, yo habría seguido con mi entrenamiento día con día, hasta que, años después, llegara el momento de dar el otro paso importante en mi vida, entonces me encontraría con esa mujer que había sido hecha especialmente para mi, que siempre me amaría, que siempre me apoyaría, esa mujer a la que pudiera entregarle mi vida sin temor de que algún día se aburriera y decidiera irse, esa mujer que me hiciera feliz y a la que pudiera hacer feliz el resto de mis días…

Pero el "hubiera" no existe, ni para mí ni para nadie.

xxxxxxxx

Ya era noche cerrada cuando me decidí a moverme de donde estaba. En todo el tiempo que estuve ahí, el único movimiento de mi cuerpo fue el de las gotas salinas que salían de mis ojos una tras otra y el leve temblor de mis labios entreabiertos; así que ahora me sentía entumecido y deshidratado.

Camine de regreso por donde había venido, pero aun no sabía muy bien a donde ir.

No quería ir a la casa Tendo porque sabía que ella estaría allí y lo ultimo que quería era tener que verla; incluso tal vez también estuviera Ryoga, siendo presentado como novio oficial de la menor de las hijas de Soun Tendo. Estupideces.

El camino se me hizo más largo que antes porque iba caminando despacio en vez de correr todo lo que podía, pero por fin, después de incontables pasos comencé a divisar la zona comercial y supe que me encontraba cerca.

Por un momento analicé la posibilidad de pedir hospedaje a algún conocido por una noche o dos; y pensé en Shampoo, pero esa opción quedó descartada en cuanto llegó a mi cabeza: era demasiado arriesgado. Incluso por una milésima de segundo pensé en Kodachi, pero esa idea también la alejé incluso antes de que tomara forma: eso era aun más peligroso, no saldría vivo de esa casa. O tal vez vivo si, pero no soltero, y eso era algo que no permitiría bajo ninguna circunstancia.

De pronto me encontré justo en la intersección con la calle en la que estaba el restaurante de Ukyo. Sin pensarlo mucho me dirigí hacia allá. Ukyo era mi mejor amiga, y estaba seguro de que por mucho que ella estuviera "interesada" en mi, no se aprovecharía de la situación. Además, ¿En quién, si no en ella, podría confiar ahora que me había quedado solo? Necesitaba desahogarme, necesitaba que alguien me escuchara, necesitaba sentir un poco de consuelo; y el "U-Chan's" parecía el lugar perfecto para encontrar todo aquello.

Llegué frente a la entrada y me detuve. En tan solo dos minutos mi resolución había flaqueado y ahora pensaba que tampoco podría quedarme con Ukyo. Ella menos que nadie merecía que le amargara la existencia con mi estado de ánimo, sobre todo teniendo en cuenta quien lo había provocado. Pasé de largo, y me encontré otra vez vagando sin dirección.

Ya estaba harto, no podía huir siempre, tarde o temprano tendría que hacerle frente a esta situación. Me encaminé, aun sin darme mucha prisa, a casa de los Tendo.

Ya ahí, me di cuenta de lo cobarde que podía ser para algunas cosas, y en vez de entrar por la puerta como si fuera cualquier otro día, salte la cerca y de otro salto llegue a la ventana de mi habitación, la cual gracias a un milagro y la persuasión de mi madre, ya no compartía con mi padre. Entré sin hacer ruido y me tumbé boca abajo en el futón.

No podía dormir pero tampoco quería pensar en lo sucedido en la tarde, así que me valía de cualquier tontería para distraerme. Y funcionó hasta que me di cuenta de que seguía sin haber tomado ningún líquido. Así que muerto de sed y desganadamente, me dirigí hacia la cocina lo mas cautelosamente que pude.

Cuando entré solo estaba Kasumi, que estaba acomodando la vajilla en los armarios y que no se dio cuenta de mi presencia hasta que escuchó el agua cayendo en uno de los vasos que seguramente ella misma había dejado sobre la encimera.

- ¡Ranma que susto! Ya es tarde, no te oí llegar. ¿Quieres que te sirva algo de cenar?

Voltee a verla antes de beberme el enorme vaso con agua que me había servido, y negué con la cabeza.

- No, gracias. No tengo hambre.

No tenía idea de mi aspecto, pero supuse que no era muy bueno, ya que ella se me quedó viendo con una mueca de horror y preocupación.

- Ranma… ¿Qué tienes? ¿Estás bien?

Asentí secamente. Ella pareció comprenderme, y solo me dedico una sonrisa amable, aun teñida de consternación.

- De acuerdo. Si necesitas algo, pídemelo. Que descanses Ranma, buenas noches.

- Gracias Kasumi, buenas noches.

Ella salio de la cocina, y yo me volví para mirar por la ventana el insondable matiz negro-azulado del cielo. Desvié la mirada. Ese era el color de su cabello.

Ya estaba terminando mi vaso con agua cuando escuché su voz:

- ¡Ranma por fin llegas!

Su voz sonó aliviada, y no pude entenderlo. Ella estaba quieta en la entrada de la cocina, llevaba un camisón color lavanda. En sus ojos podía leer los sentimientos encontrados: alegría, enojo, frustración, alivio.

Estaba seguro de que ella también podía leer mi mirada, y sabía que en estos momentos lo único que estaría viendo era la ira que me consumía por dentro.

En efecto, cuando me vio, todas las emociones en sus ojos fueron opacadas por la confusión.

"¿Confundida? Si como no"

Me dispuse a salir de la cocina, sin decir nada, pero ella se interpuso entre mí y la puerta. Me detuve antes de chocar con ella, y le lancé una mirada de furiosa incredulidad. Eso la hizo titubear, pero aun así no se movió.

- Ranma… yo… necesito decirte algo.

Eso fue el colmo. ¿Qué necesitaba decirme algo? Ja ¿ahora si ya se había cansado de fingir o que?

Quise gritarle muchísimas cosas, pero no lo hice. En vez de eso, me limité a rodearla para poder salir de la cocina a toda prisa.

- Ranma… ¡Ranma!

Subí las escaleras casi corriendo y cuando entré a mi habitación deslicé la puerta con fuerza. Volví a acostarme en el futón esta vez boca arriba y sin encender la luz, mientras intentaba tranquilizar mi respiración, que obviamente no estaba agitada por el esfuerzo físico.

No esperaba verla, y al encontrármela tan de sorpresa se agitaron todos los sentimientos que tan difícilmente había logrado controlar. A juzgar por la facilidad con que me habían golpeado otra vez, iba a requerir mucho mas tiempo que una sola tarde para poderlos controlar aunque fuera un poco.

Ranma… yo… necesito decirte algo.

Cerré los puños con fuerza ante el recuerdo.

"Eso debiste haberlo pensado antes Akane Tendo"

Sentí el ardor en los ojos de nuevo, y los cerré intentando contener las lágrimas, pero fue inútil.

Esa noche yo dormiría con la almohada mojada y el corazón roto.


¿Que les pareció?

Ranma no sabe que la verdadera batalla aun no empieza xD

Déjenme sus reviews para saber si les gustó o no, críticas, sugerencias etc. ^^