Miércoles
Primer día de clases, es detestable. Primero, no tienes coherencia. Segundo, al no tener coherencia, haces el ridículo. Tercero, al no tener coherencia y hacer el ridículo NADIE te habla. Destierro social.
Pero casi nada de eso le preocupaba a Rosalie Hale, que tenía la determinación grabada en el rostro mientras se quitaba el mechón de la frente y lo alisaba, asegurándose un alisado máximo y envidiable.
Entró Alice, su compañera de habitación, que tenía en manos dos collares. Y se sentó en la cama mientras se mordía los labios, alternando su mirada entre los dos accesorios.
—La gargantilla morada— Contestó Angela, que entraba secándose el cabello mojado y sonrió tratando de tranquilizar a Alice, quién ya había abierto la boca para contradecir o pedir más opinión.
— ¿Alguien tiene aceite para cutículas?— Preguntó Leah, mientras escuchaban que cerraba la puerta. Las tres muchachas se miraron extrañadas, preguntándose a quien habría abierto la puerta, cuando la vieron entrar con una pelinegra.
Alice rápidamente se encaminó a la sala, y preguntó el motivo de la visita: era una emergencia y ninguna de las compañeras de la muchacha tenía removedor de cutícula. Alice lo comprendió pero pataleó cuando ella pidió un cortador, y no un removedor.
— ¡Ni se te ocurra!—Chilló Alice— Crece el doble de peor, lo juro. Me pasó.
Corrió a su habitación y sin hacer amago de conversación, abrió una maleta y de ahí, a velocidad alucinante, sacó su maletín de uñas. Dejando a sus compañeras, corrió hacia la sala.
Aunque la chica tenía expresión taciturna y mechas descoloridas rojas, Alice confió en ella y preguntándole su nombre le pasó el aceite.
—Marian
—Marrian?
—Siempre pasa. Es MA-R-IAN
—Ma… rrr. Marrr… Estas bromeando, ¡No puedo pronunciarlo!—Replicó Alice, con el ceño fruncido y empujando la cutícula de Marian, quien tenía un amago de sonrisa en el rostro. Era normal que ella no pudiera. Era algo exótico y no todas las personas podían pronunciarlo excepto su mamá y abuela. Rodó los ojos mientras sentía los empujoncitos en sus dedos.
De hecho, hacía llamarse Mar, simplemente Mar. La loca Martini, ya que, era sabido por los estudiantes que ella debería estar en Alcohólicos Anónimos e internada ahí de por vida.
Bebía hasta no acordarse su nombre, entonces solo repetía: ¡MÁS MARTINI!
Empujando esos pensamientos, mientras se apartaba el cabello del rostro dijo:
—Puedes llamarme Mar
—Claro, Mar. Sip, es más fácil— Contestó Alice, sonriendo— Ya terminamos, Mar.
Angela se encaminaba presurosa a la cocina, aún con la bata de baño y sin maquillaje en el rostro, sonrío en dirección de Mar y se metió a la cocina. Segundos después, salió con un Iphone en sus manos y con la mirada puesta en éste. Sin menor caso, entró dando un portazo a su habitación. Pasó de largo y se sentó, mientras abría su set de maquillaje.
Leah estaba en su habitación, lejos de Martini y la pequeña, se pasaba la segunda capa de rímel y veía sus casi inexistentes ojeras hábilmente tapadas con un buen corrector.
Estaba preparándose mentalmente, la entrada: no tenía que parecer insegura ni dolida al ver a Sam con su hilarante prima.
— ¿Leah, ya estás?—Preguntó Angela, volteándose y apuntándole con el rizador de pestañas, un arma muy peligrosa.
Leah, parpadeó varias veces y volteó con una sonrisa forzada hacia ella, asintió una sola vez mientras pensaba: Perras, estoy de vuelta y no estoy en post-trauma.
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Encontrar el salón de aula, no fue difícil y el grupo de compañeras, se dio cuenta que todos habían llegado temprano, ansiosos del primer día de clases.
Rosalie echó una mirada alrededor
—Estoy muy ansiosa por la presentación, ¿ustedes no?—Comentó Alice mientras mecía la cabeza de un lado a otro y regalaba sonrisas por todas partes. Trataba de ser amigable y buscar caras conocidas del almuerzo de ayer. No reconoció ni una.
Angela sonrió un poco, mientras apoyaba la cabeza en una mano y fruncía los labios, le daba un poco de vergüenza tener que presentarse al frente de todos.
Rosalie soltó un bufido
— ¡ESTO ES MIERDA!— Rugió la voz de un chico desde el pasillo, haciendo eco y haciendo abrir los ojos de las chicas. Rosalie, apoyo la cabeza contra la carpeta y cabeceó contra ella mientras pedía clemencia y consideración.
—¡SEÑOR ANDERSON!—Replicó la voz de una dama— Hágame el honor de…
No se escuchaba muy bien, después de esa filosa advertencia, pero no necesitaron empujarse por la puerta para saber quién era el revoltoso y la ofendida. Vieron ingresar a un pelirrojo, con el cabello cubierto en llamas y con notables pecas en el rostro. No llevaba el saco de la institución, ni siquiera el suéter. Sólo tenía la camisa blanca y con la corbata floja alrededor. Y una muñequera delgada de cuero negro alrededor de su muñeca derecha como signo de rebeldía extra; todos pudieron percibir la rebeldía que salía por cada una de sus poros, pero eso quedó atenuado cuando la voz de la Instructora se hizo oír.
—El señor Anderson se quedarrá en esta aula, por el día de hoy. Deberría estar en su salón, pero apenas empezando el día ya cometió su primera fechorría.
El pelirrojo Anderson, tenía la cabeza en alto y miraba sobre su hombro y reposó su mirada en la de Rosalie Hale, ella siseó bajo mientras ponía un gesto hostil.
—Sabes que no fue así…—
— ¡No me tutee!— Interrumpió con el gesto serio la Instructora mientras dirigía una mirada alarmada al pelirrojo.
—Señorita Ivanov— Dijo mirándola directamente a los ojos— Yo sé que estuvo mal, lo admito. Pero es duro estar en un aula que no es la mía, yo prometo cambiar. De verdad lo haré ¿cuándo no cumplí lo que prometí? Я обещаю,мисс (ya obeshchayu, miss/ Lo prometo, señorita)
Para mirar a los ojos grises de James Anderson, había que ser bien mujer. Te derretías en sus ojos y con las palabras exactas que deseabas oir, al igual que sus demás amigos sabía el arte de persuadir ¿Quién podría ser mejor que él? Y hablar en su ruso natal con la señorita Ivanov era algo conciso, ya que los dos compartían la misma raíz: rusos fuertes y orgullosos de serlo.
—Sabes que lo merreces— Contestó ella mientras desviaba la mirada— Terrcera fila, a la derrecha. Siéntense y en silencio, ya viene el profe..sorr de Lenguaje.
Sin decir más, la profesora salió alzando los pies mientras hacía resonar sus tacones negros por el pasillo. James miro fijamente el tirante moño de su cabeza, mientras apretaba los dientes y se sentaba sin dar una mirada a su alrededor.
—Tenía que ponerlo aquí— Masculló una niña, Alice volteó en su dirección— la escoria de Anderson tenía que ponerlo aquí, ¿Por qué mejor no nos cortan los dedos y se los comen luego?
Rosalie soltó una risotada casi histérica mientras asentía y chocaba palmas con la muchacha del comentario; Angela echó una mirada al susodicho y se regaño al ver que él la cogió mirándolo.
— ¿Tan malo es?— Preguntó Angela, mientras estiraba el cuello y lograba ver el cabello platinado de la chica. Ella sacudió su melena platinada y le sonrío de costado, casi con burla. Alice meneó la cabeza y estornudó mientras miraba a su alrededor por si alguien tenía lana encima.
—Oh Dios, eres alérgica a mi bufanda— Comentó la platinada, olvidando momentáneamente al pelirrojo— Rosalie, no nos presentaste, mala mala chica.
Rosalie soltó una risita y señaló en dirección de sus compañeras de habitación, relató su extraño encuentro y que son parejas de habitación. Alice se cogió de la muñeca mientras tocaba su brazalete de cuerdas brillantes y sonreía: no podía ser tan malo, porque la muñequera que llevaba, suponía ella, era el regalo de alguien. Al igual que las suyas.
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El profesor Vianni apretaba el paso por los extensos pasillos, mientras se mordía la mejilla interna y se remangó la camisa mientras veía su reloj
8:16 a.m
Eso, era tarde con dieciséis minutos de retraso y ya empezaba a sentir el sofoco, quería empezar bien el día pero tuvo que conversar con la señorita Vane y gastó esos minutos en ella. Unos buenos minutos gastados, pues esa señorita necesitaba urgente asesoría sobre su manejo de cursos. Una de las más holgazanas jovencitas y futura estrellas de televisión. Apretó aún más el paso mientras pensaba en ello, apretando los labios y abriendo las fosas nasales empujó el aula que le tocaba mientras exhalaba agradecido por llegar. Echó una rápida y amigable mirada a sus alumnos.
—Buenos días, jóvenes del hoy, mañana y siempre— Saludó entusiasta mientras dejaba su agenda reposar en su escritorio de madera, todos lo voltearon a ver con la cara de "¿De verdad dice esa frase?" Sonó tan anticuado y tenía un ligero acento… quizás de Oklahoma o un lugar por allí, pensó Angela mientras observaba a su nuevo profesor.
El profesor volvió a echar una mirada a todos y cayó en James Anderson, chocó las palmas y apoyo su cara en ellas, eso no se lo esperaba: empezar el día con Anderson. No era complicado, de hecho le agradaba sus comentarios mordaces.
—James
El eludido se enderezó en su asiento e inclinó la cabeza
—Buenos días, profesor— Respondió con una leve nota de mofa— Tendrá el honor, de tenerme por el día de hoy. Y mañana igual.
Los dos se miraron y asintieron
—Mala suerte— Dijeron alicaídos los dos a la vez mientras movían la cabeza de un lado a otro, con burda comicidad hacia la suerte.
La suerte, algo relativo. Una mentira creada por el hombre y utilizada por ellos, solo servía para echarle la culpa.
—Muy bien, vamos a presentarnos. Soy el profesor Vianni y ustedes son…—Apuntó al extremo izquierdo, mientras hacía ponerse de pie a un chico encorvado
—Ben Cheney, señor.
Parecía demasiado tímido y dormilón juzgó Alice mientras movía incesantemente su pluma de un lado a otro ansiosa de su turno para presentarse, mientras escuchaba los nombres de todos, tratando de grabárselos y ver quién era agradable. Pero distrajo la atención de la presentación unos gruñidos por el pasillo.
Toc, toc, toc
—Te dije que es tarde
—Alto, ¡no! Emmett mi cabello se enreda, así no.
—… ¡Emmett suéltala!
El profesor Vianni abrió los ojos reconociendo esas voces mientras se dirigía a la puerta con pasos largos y fuertes, abrió la puerta mientras todos estiraban el cuello para confirmar quienes eran.
Una pelirroja de la tercera fila de la derecha se acomodó su cabellera y cruzó las piernas con sensualidad. De hecho, las muchachas se estaban acomodando como alistándose. Alice hizo lo mismo, se enderezó cuando vio entrar al rubio de ayer, que estaba acompañado de sus dos amigos y una…muchacha que desde su sitio, podía ver su fuerte sonrojo.
Los jovencitos saludaron cordialmente al profesor y se disculparon, mientras resumían su confusión de salones
— ¿Los cuatro se encontraron en el camino…?— Preguntó mientras recaía su atención en la única mujer del cuarteto que le daba codazos al grandote, Emmett, para que dejara de tocarla.
—Somos compañeros de habitación—Explicó ella— Me llamo Bella Swan, ¿no nos mandará a detención, cierto?
Eso era lo que le preocupaba a Bella, si la mandaban a detención quizás le mandarían castigos y probablemente le dirían a su padre. Lo cual lo enojaría, y ella prometió portarse muy bien y… ella seguía delirando mientras recreaba conversaciones con su padre si la enviaban a detención.
¿Qué? ¿Compañera?
¿Hablas de compartir habitación?
¡Es una mujer! La directora está demente
Menuda suerte. Una chica. Sin espacio, rodeado de ellas, ¡Paso!
Edward soltó una carcajada mientras leía las caras de confusión de todas las personas en el salón codeó a Jasper y volteó en su dirección pero lo que se encontró es a Emmett entretenido con el cabello de Bella. Frunció el ceño.
—Emmett, compórtate—Requintó despacito mientras tomaba a Bella de la mano y la jalaba en su dirección. Ella se dejó llevar mientras veía la cara de tristeza de Emmett, ¡Se iba a aburrir tanto sin fingir peinarla! Pero la dejo ir, porque el profesor Vianni les estaba asignando asientos.
—Emmett, al lado de la jovencita de… ¡Alice!
— ¿Quién es Alice?—Preguntó sonriendo, Alice alzó la mano mientras la sacudía en dirección del grandote. Vio el sitio a su derecha y quitó su cartera ploma de allí, tratando de hacerlo sentir cómodo.
Emmett dirigió sus pasos hacia al medio y se sentó al lado de la niña, que tenía el cabello de un negro intenso y unos ojos grandes muy abiertos de par en par.
Chica divertida. Sonrió incómodo en su dirección mientras ella abría la boca para parlotear, le entró pánico al muchacho así que la ignoró y miró al frente a sus compañeros.
Bella se sentaba al lado de Edward, malditos suertudos no les tocaba sentarse con algún nuevo ni nada.
Jasper estaba al frente, justo al medio. Se veía incómodo pero lo disimulaba muy bien, bueno por lo menos alguien la pasaba peor que Emmett, eso le subió el ánimo.
—Jasper, préstame una pluma— Pidió Edward, mientras extendía la mano.
El rubio volteó en su dirección, muy malhumorado, mientras le pasaba una pluma azul al alzar la cabeza vio a una, aún, sonrojada Swan. Tenía las mejillas coloradas y miraba fijamente la carpeta y no veía a nadie más. Parecía que trataba de asimilar la mirada absorta de todo el salón y probablemente, dentro de dos horas, la mirada de todo el colegio.
El profesor empezó a escribir en la pizarra: Lenguaje. Jasper sin perder tiempo, también se dispuso a escribir.
—Me olvidé mi cosa para apuntar— Musitó Bella, volviendo a revisar su contenedor hippie con nerviosismo.
Se preguntaba por dentro ¿Quién se olvida esa cosa? ¡Es algo esencial!, se reclamaba mientras sentía que se enojaba con si misma mientras pasaban los segundos.
Edward enarco una ceja y sonrió burlonamente mientras sacaba una netbook negra de su funda.
—Toma, teclea ahí, luego me la devuelves—Dijo mientras le entrega su netbook HP ultraligera y sonrió complacido cuando Bella abrió los ojos muy grandes y con cara de borrego a medio morir— De hecho…tú tecleas y yo descanso, estoy algo exhausto hoy.
Ella lo miró con los ojos entrecerrados, ¡Debía suponerlo! Tenía que haber algo conveniente para él, después de todo. Pero era mejor que no tener ningún apunte, al final se la pasaba en el cuarto, pensando así asintió frenéticamente mientras pulsaba el botón para encenderlo.
—Antes que todo, quiero que se presentes alumnos que llegaron tarde, a sus compañeros que madrugaron para llegar a la stupefacente clase de Lenguaje.
Los cuatro alzaron la cabeza y dieron una maldición al aire incómodos por tener que dirigirse a toda la clase.
—Emmett, por las dudas stupefachente significa asombroso no fachada—Gritó desde una ala del salón una voz muy conocida, a la velocidad de la luz Emmett volvió el cuello hacía esa voz y vio su zarrapastrosa cabeza rubia, ahora con mechones verdes por doquier, de Mike Newton.
—¿Por qué habrías de pensar que es fachada?—Preguntó confundida la pequeña muchacha de su lado mientras dirigía una mirada al rubio y luego a su compañero de carpeta.
Emmett levantó su dedo corazón a Mike con una sonrisa de añoranza y luego se dirigió a Alice:
— Bueno, tiene algo de sentido estupeichentei, como sea, suena algo como fachada o estupefacto o algo así.
Alice lo pensó un poco y miró con una sonrisa a su compañero
—Suena a algo que diría mi abuela si ve mi habitación un viernes por la tarde— Afirmó mientras esperaba las risotadas de Emmett y así sucedió. Emmett hizo retumbar el salón de clases con las risas extremadamente fuertes y se ganó una advertencia del profesor.
Se ahogaba de la risa mientras se agarraba el estómago tratando de contenerse, mientras Alice golpeaba con sus puños la meza mientras reía agudamente murmurando palabras sin sentido.
Todo el salón se giró a mirarlos, incluido el pelirrojo quién con el ceño fruncido miraba divertido la escena; Jasper tenía un sentimiento extraño de querer saber frenéticamente el motivo de sus risas pero suprimió el deseo de voltear a ver la escandalosa escena.
—Chicos, afuera— Pidió Vianni tratando de hacerse oir— Solo hasta que les pase ese lapsus.
Ellos movieron la cabeza mientras poco a poco se iban calmando y respiraban entrecortadamente. Emmett se puso en pie, para hacer énfasis, que estaba atento a las palabras del profesor y aclamó su presentación con voz fuerte y sin rastro de risa
—Emmett McCarthy, ya me conocen. Chau
—Jasper Whitlock, buenas tardes
Soltaron risitas de parte de las chicas por su acento okie
—Edward…Cullen
—Eh, yo soy Bella Swan— Balbuceó Bella mientras veía de reojo la cara de Edward que aguantaba la risa. El profesor la evaluó, junto a los demás mientras abría la boca para hacer un cuestionario de vida, seguramente al igual que los detectives. Bella rodó los ojos mientras sonreía, a todos les pareció raro que se sonría sola pero, lo dejaron pasar.
—Muy bien, detalles generales sobre usted—Pidió Vianni mientras movía la mano como un entrevistador— Adicta a qué, exnovios, películas favoritas, psicópata. Detalles generales.
Algunos chicos soltaron risas por el salón, Bella se envaró y lo pensó durante un momento:
ía mandarle a la chingada al profesor.
B. Poner buena cara y responder con timidez
C. Chingarlos a todos y responder.
—Adicta a los M&M's y podría decir al cine… pero la verdad odio tener que hacer: Chsst! A cada rato.
Abrieron los ojos y pusieron cara de: "¿y quién no?" algunas personas pusieron cara de "¿sabes cuántas calorías tiene eso?" por ser tan poco saludable esa adicción, pero es mejor que fumar- pensó Rosalie mientras trataba de despejar su mente de los cigarrillos.
Lo del cine lo tomaron como algo extra pero por lo menos vio miradas divertidas, eso era un punto a favor. Decidió arriesgarse y dar otro dato
—Un triste exnovio pero sucedió hace…seis años. Desde los trece no me hacen una proposición amorosa. Enternecedor y sexy ¿eh?
Si, la reacción de todos fue de burla ligera por la manera tan fácil en que lo contó y sorpresa. Todos han tenido exnovios y una que otra propuesta. ¿Y ella no? Era algo difícil de creer.
—Tengo varias películas favoritas, pero depende del día. Hoy podría ser alguna de "Rápidos & Furiosos"
Emmett aplaudió mentalmente, ya que él pensaba lo mismo.
—Como toda persona normal tuve ganas de asesinar a alguien… y dejarlo como el desayuno de esta mañana—Terminó Bella con cara de intriga por la cosa verde que les sirvieron hoy mientras hacía ademán de sentarse y dirigió una mirada cómica a todos, y a nadie le quedó duda que la muchacha tenía suficiente comicidad para aguantar a tales compañeros de habitación. Lo pensaron mientras reían fuertemente y hacían comentarios de todo tipo, todos tenían su propia presentación en su propio entorno mientras murmuraban sobre gustos personales y lo que no les gustaba. Se rompió el hielo.
