"Capitulo 5"

Subimos la gran escalera con calma, no tengo apuro en llegar a clases. Peeta habla en todo el camino, pero sinceramente no le estoy prestando mucha atención; sigo absorta en como poder sobrevivir a este lugar y no terminar tomando el primer tren a Kentucky. Como extraño mi hogar.

- Capitol High tiene tres sedes: Nueva York, Chicago y Los Ángeles… - traga en seco y al llegar a la segunda planta voltea hacia atrás como si verificara que estuviéramos solos y aunque esa idea me perturba un poco, le sigo la vista y este solo suspira aliviado y sonríe. Es algo raro -. Ya puedo dejar el discursito por fin - enarco una ceja y él solo se encoje de hombros, acercándose a mí sin esperarlo. Retroceso un poco por la impresión -. Las paredes oyen, así que me aseguré de que pensaran que estaba dándote la charla sobre la escuela y bla, bla, bla - gesticula con sus manos.

- Mmm entonces… ¿Estabas actuando?

- Soy bueno en eso - sonríe petulante y yo ruedo los ojos, adelantando el paso -. Oye espera - me alcanza en menos de dos segundos.

- Tratas de atentar contra mí, luego eres amigable y después un simple creído - digo sin despegar la mirada de al frente.

- ¿Qué dices? Sabes que estoy jugando contigo, no lo tomes así. Además, lo del balón y la puerta fue solo un accidente.

- Claro - nos quedamos en silencio y juntos seguimos caminando, hasta que él se detiene frente a mí.

- ¿Dije algo malo? Es que no logro entenderte - se lleva una mano a la nuca y se alborota el cabello algo dudoso.

- ¿Entenderme? La que no te entiende soy yo. Fuiste amable conmigo y después dices que solo actuabas para estar bien con el director. Eso fue lo que me dejaste a interpretar y la verdad es mejor seguir y que me muestres donde queda mi aula - lo rodeo, pero me detengo al llegar al final del pasillo el cual termina en una "T".

- Ok creo que esto es algo extraño y todavía no sé que dije o hice mal para que pensaras así, pero déjame decirte que en ningún momento quise actuar ante ti - se coloca frente a mí de nuevo cruzándose de brazos -. Pareces buena chica… Me caes bien - muerdo mi labio y desvío la mirada ante la sonrisa cálida que él solo es capaz de hacer.

- ¿Terminaste? - alzo una ceja desafiante y él cambia su expresión confusa, lo cual me da gracia. Seguro es la primera vez que alguien no cae bajo sus encantos.

Muerdo el interior de mi mejilla al recordar que yo lo hice hace dos días.

- Creo… - ceñudo, estira su sweater algo brusco y toma el papel con mi horario que cargaba en mi mano -. Uy… Lo mejor será darnos prisa - me entrega la hoja y camina con apuro hacia el pasillo de la derecha -. La profesora Coin también es la subdirectora, por lo que te perdonará el que llegues tarde, pero procura no hacerlo de nuevo o verás una nota en tu expediente - se detiene frente a una puerta con una pequeña ventanilla y el número "35" grabado en la parte superior -. Siéntate en el medio, aunque esta vez te tocará atrás; pero los siguientes días trata de no estar ni muy adelante o muy atrás... Esto por si no quieres estar en su lista negra de posibles reprobados por no responder bien - me guiña un ojo con esa sonrisa suya. ¿Habrá pasado por eso?

- Ok… Eh Gracias - hablo entre susurros al igual que él, lo que me obliga a acercarme más de la cuenta para escuchar.

- No hay de que - se asoma en la ventanilla y me da un ligero empujón -. Es hora - asiento nerviosa.

- Si…

- ¡Peeta! - me sobresalto y miro hacia el final del pasillo en donde un chico con expresión asustada le hace señas para que se acerque. Lo detallo mejor y recuerdo que es el chico que estaba con él en el parque, el de ojos verdes.

- Oh ya me tengo que ir. Espero que te vaya muy bien.

- Igual…

- ¡Vamos hombre! - sigue insistiendo su amigo.

- Espero verte luego - sonríe y se despide vagamente con la mano hasta salir corriendo en dirección al nervioso chico.

- ¿Dónde estabas? Me deberás un almuerzo si nos castigan… - escucho como se alejan y sonrío involuntariamente al recordar su propuesta. Vernos luego… Tal vez suceda.

Me preparo para entrar, suspiro nerviosa y estiro la mano para tomar la perilla de la puerta; pero un ligero empujón me distrae y una chica rubia está a mi lado ruborizada y agitada por su carrera.

- Los siento - como que es costumbre en este colegio tropezar a las personas. La chica abre los ojos sorprendida y de inmediato la ubico. Es Madge si no me equivoco -. Eres la chica del parque - hasta ahora no la había reconocido y un sentimiento de alivio me recorre el cuerpo.

- Si.

- ¿Katniss?

- Si soy yo - ella sonríe divertida -. Casualidad.

- Ya lo veo - estrecha su mano contra la mía y reacciona como si le hubieran colocado corriente en la espalda. Nerviosa da un paso y abre la puerta -. Es mejor entrar - sostengo la puerta y escucho un silencio muy incómodo en el aula.

Esta es amplia, con dos ventanales grandes lo que permite que entre mucha luz natural. Dos columnas de mesas con dos sillas se extienden hasta el final del salón en donde dos estanterías repletas de libros le da un aire sofisticado. Al frente un escritorio de caoba menos elegante que el de la oficina del director, alberga papeles que le pertenecen a la profesora Coin, quien nos mira con atención a las dos.

La mujer tiene el cabello liso hasta los hombros de un color gris similar a la nieve sucia que se percibe a finales de invierno. Su piel blanca y ojos penetrantes y grises le dan un aspecto algo imponente y aterrador. Su sonrisa lo demuestra así.

- Señorita Undersee que bueno verla por aquí.

- Buenos días. Disculpe la demora - veo de reojo a los chicos sentados en sus sillas y expectantes a la escena. Unas chicas hablan en susurros y ríen en nuestra dirección.

- Veo que viene acompañada de la nueva alumna - me quedo sin habla y Madge me toma de la muñeca para dar un paso al frente -. Tome asiento señorita Undersee -la chica no espera más y pasa rápido a su puesto - ¿Usted es?

- Katniss… Katniss Everdeen - ella asiente sin quitarme la mirada de encima, haciéndome sentir como si estuviera escaneándome en cuerpo completo.

- Bienvenida señorita Everdeen. Por favor tome asiento… - voltea hacia las mesas y me señala una donde está precisamente sentada Madge -. Tienes suerte, siéntate al lado de Undersee y que ella te preste los apuntes para que te pongas al día con la clase.

- De acuerdo - apenada le entrego el boletín de asistencia y trato de caminar a paso seguro hasta la cuarta mesa de la fila cerca de la ventana. Miro al suelo justo en el momento en que veo un pie dirigirse a mi camino. Lo esquivo fácilmente y sonrío disimulada al no caer en su trampa. Viejo truco.

- Quiero recordarles que me gusta la puntualidad y que no acepto demoras de este tipo. Pero contando que la señorita es nueva, se lo dejo pasar por esta vez - me acomodo en la silla y ella lanza una mirada de soslayo en mi dirección -. Pero la señorita Undersee ya lo sabe de sobra - mi compañera se encoje en su asiento -. Suerte para ella que no habíamos comenzado la clase - se dirige a ella -. Que no vuelva a suceder señorita - Madge asiente y la profesora regresa a la pizarra -. Nos quedamos la semana pasada con el tema de las transformadas…

- Creo que no le caí muy bien - digo en voz baja sin quitarle la mirada a la profesora que comienza a escribir rápidamente.

- Ella es así, no te preocupes. Parece no caerle bien a nadie - responde mi compañera riendo por lo bajo -. Que bueno volverte a ver y mucha coincidencia el que estudies aquí.

- Si… Mucha - muerdo mi labio al recordar involuntariamente a Peeta.

En eso un chico de tez oscura se la vuelta en su asiento delante de nosotras y sonríe divertido.

- Chicas tienen suerte de estar vivas.

- Thresh es solo cuestión de suerte - le responde la rubia petulante.

- Mucho gusto, soy Thresh - extiende su mano.

- Mucho gusto, Katniss.

- Dejen las presentaciones para luego si no quieren ser puestos a prueba en la pizarra - la chica rubia a su lado hace voltear a Thresh de nuevo, no sin antes dirigirme una sonrisa amable.

La clase se desarrolló como esperaba. Aburrida. Madge me mantuvo al tanto de lo que habían visto y ya me dijo para reunirnos a la hora de descanso para sacarle fotocopias a sus apuntes. Cuando dejé de ir a clases en Kentucky me perdí de temas que seguro ya vieron ellos, por lo que me siento más perdida que Chino en Marruecos.

Mi siguiente clase era Geografía y para mi buena suerte, Madge también la veía, por lo que nos dirigimos conversando (bueno más ella que yo) hasta el aula contigua.

Al parecer ya su amigo sabía de mi existencia porque era uno de los que se encontraban ese día en el parque. Mi vergüenza no pudo ser más notable y ya deseaba que la escuela no tuviera un blog en internet con mi puesta en escena. "La chica del balón", tal vez así se titularía mi debut en Capitol High.

Thresh me pareció un chico agradable, pero algo tosco al hablar. Su porte de chico brabucón lo apabulla su sentido del humor y esos gestos de niño que hace cuando se ríe o comenta algo que le desagrada a Madge.

- Espero que no pienses que soy infantil, pero suelo no preocuparme por crecer ahora.

Ese tipo de comentarios son los que hubiera hecho hace unos cinco años atrás, pero ahora solo lo noto como un chico que teme llegar a la madurez escondiendo su miedo en la fachada de un joven desentendido y gracioso.

Resoplo por la frustración de saber que tal vez yo soy la única que se preocupa por el futuro o solamente huye de la realidad.

La clase de Geografía parece más amena que la anterior. La profesora Octavia, quien se rehúsa a que la traten de "usted", fue quien se ofreció en darme los apuntes de las clases pasadas y no se tomó la molestia de presentarme en clase como lo hizo Coin de manera perturbadora.

Madge me invitó a sentarme junto a ella de nuevo y esta vez no disimuló al alzar su cabeza para buscar a alguien más. Seguro desea apoyo en las respuestas que yo ofrezco a sus conversaciones. No la culpo, soy algo pobre con el habla.

En eso sigue con su descripción de los estudiantes que siguen entrando al aula y yo presto más atención en tomar nota mental acerca de cada uno o de los que pueda recopilar. De repente se detiene y sonríe apenada, mientras se lleva una mano a la boca de una forma muy refinada.

- Disculpa, suelo hablar hasta por los codos. Ya debo estar mareándote.

- No, no… - niego rápidamente -, descuida no lo haces. Más bien deberías estar cansada por hacerte hablar más de lo que esperabas.

- Oh… En ese caso, creo que no tengo problema - muestra sus dientes blancos y una sonrisa despreocupada y prosigue con su discurso, hasta que la profesora manda hacer silencio para comenzar.

La clase fluye sin contratiempos, aunque yo intente por todos los medios no aventar la libreta por la ventana y golpearme en la frente contra la mesa. No es que sea mala estudiante, de hecho solía ser una de las mejores en la escuela; pero después… Mejor alejo ese recuerdo de mí y me concentro.

La puerta se abre estrepitosamente haciendo sobresaltar a la profesora e interrumpir su explicación sobre la caída de la Unión Soviética, dando paso a una persona más a la clase.

No reparo en él o ella ya que me encuentro escribiendo como loca lo que acaba de decir y que seguro se ve prometedor para una futura pregunta de exámen final. Sin embargo mi compañera deja su labor y da paso a la tensión, su puño se cierra y se remueve inquieta en su asiento. La miro de reojo extrañada y miro hacia donde ella no despega la vista, la cual provoca un sonrojo horrible en toda su cara.

- Buenos días.

- Buenas noches para usted señor Hawthorne. ¿Éstas son horas para llegar a una clase y más de esa forma? - el recién llegado solo se encoge de hombros llevándose su mochila a un solo hombro.

- Supongo que no - su insolencia no parece alterar en lo mínimo a Octavia, o eso intenta mostrar y le da paso con su mano permitiendo que se siente. El chico no cambia su expresión aburrida y camina hacia las filas de mesas.

Frunzo el ceño molesta porque su interrupción me hizo perder la idea de lo que escribía, por lo que dejo mi interés por el castaño insolente y releo lo que hasta ahora tengo anotado. Mi compañera en cambio, carraspea disimuladamente y toma de nuevo su bolígrafo, no sin antes tropezar en el intento haciendo caer su cartuchera de lápices contra el piso. El ruido no hizo parar a la profesora, pero si dirigir miradas fastidiosas hacia nuestra dirección por parte de los demás chicos; primero rodando sus ojos hacia Madge, para luego mirar extrañados hacia mí y terminar desviando su objetivo a sus antiguas atenciones. Entre ellos estuvo el castaño, quien no me había reparado que se encontraba frente a nosotras. Madge se disculpó apenada y aun sonrojada le siguió la corriente a los demás. Pero el chico tardó más en hacerlo, mirando con sus ojos grises sobre su hombro hacia mí, para luego fruncir sus cejas pobladas con extrañeza. Una sonrisa petulante se formó en la comisura de sus labios y negando ligeramente con la cabeza se volvió al frente.

Genial, ahora soy el nuevo fenómeno de este lugar. Poco a poco me voy encogiendo en mi asiento tratando de portar una capa de invisibilidad al estilo Harry Potter.

Cuando se termina la clase los alumnos recogen sus pertenencias rápidamente tratando de salir lo más deprisa de ese lugar. Yo los imito, pero la profesora me distrae de mi labor al llamarme al frente para entregarme el boletín de primera asistencia.

- Espero que tengas un buen inicio de semana.

- Gracias - respondo cómoda ante la primera muestra de amabilidad por el personal docente.

Ella se hace un moño despreocupado y se va detrás de los últimos alumnos, no sin antes mirar hacia las filas de mesas alzando una ceja con gracia.

- Procure comprarse un reloj de muñeca para la próxima vez Hawthorne. Creo que le será útil - dicho esto sale del aula con andar grácil.

No tuve tiempo de ocultar una risa porque ya Madge hacía presencia frente a mí.

- ¿Lista? - su tez blanca vuelve a su rostro y se muestra más tranquila.

- ¿Para qué?

- Para ir a la biblioteca a sacar las copias.

- Ah si, por supuesto - tomo con fuerza mi mochila y de inmediato somos interceptadas por alguien más; esta vez por el chico tardío.

- ¿La conoces Madge? - su voz se escucha grave y altanera. Mi compañera se ve sorprendida, pero trata de verse tranquila, contestando como quien no quiere la cosa.

- Si, ella es nueva aquí. Katniss, él es Gale Hawthorne - nos presenta con suma educación, pero al parecer soy yo la única que depara en su ligero sonrojo.

Pobre, se nota que le gusta hasta la medula, pero él ni remotamente se fija en ese detalle, frunciendo su entrecejo hacia mí y con un deje divertido.

- ¿Catnip? ¿Cómo la droga para gatos? - pregunta cruzándose de brazos.

- Katniss, con "k" y doble "s" al final - las palabras salen como cuchillas de mis labios. Muy graciosito él. Sin embargo no le afectan para nada y me ignora con rapidez.

- ¿Vas a la biblioteca? Los demás ya deben estar allá - pregunta en dirección a ella.

- Si, estaba esperando a Annie, pero ella se sentó de primera y seguro ya debe estar con ellos - él asiente y se lleva el sweater al hombro. Su cabello castaño alborotado, el cuello de su camisa levantado y su corbata deshecha a lo largo le da el aspecto similar al último invitado en irse de una boda.

Comienzan a caminar hacia afuera, ella llevándome a rastras por el pasillo. Gale no tarda en darse cuenta de mi presencia y con solo dirigirle una mirada a la chica, ella responde inmediatamente.

- Le prestaré mis apuntes de matemática para que le saque copia. Ya Tresh y ella se conocieron - le dice para darle a entender que soy aceptada, ganándole una sonrisa de medio lado por parte suya.

- Muy bien Kat-niss - dice alargando la última "s" -. Bienvenida al Calvario High - guiña un ojo y me permito sonreír por la ocurrencia del nombre. Me reconforta por lo menos saber que alguien ya aborrece este lugar casi como yo.

Madge no tarda en soltar mi brazo y se adelanta para estar a la par de Gale. Los dos conversan muy al estilo mío, es decir, ella habla, él solo asiente y responde con monosílabos. En ciertos momentos se da el lujo de articular una frase entera sin distraerse al saludar con la mano a varios chicos que se topa por el camino. Yo lo sigo por atrás, como queriéndome esconder en su presencia. Algunos deparan en mí, pero les da igual y siguen con sus vidas; otros pasan por mi lado y me sonríen o arrugan su nariz en desagrado. No los culpo, soy rara, aunque igual me molesta que ciertas chicas rehúyen a mi mirada como si tuviera lepra.

La biblioteca queda en el primer piso, pero no bajamos por la gran escalera, sino por una alterna que solo comparte con la anterior el gusto por los barandales. Al llegar al piso, justo al frente la doble puerta de la biblioteca nos da pase y yo procuro seguir a mi escudo humano con más rapidez.

Un largo escritorio de madera pulida con el logo de la escuela al frente nos da la bienvenida. Tras de este muchos estantes repletos de material literario lo secunda. Tres bibliotecarias atienden a algunos estudiantes entregándoles libros, mientras que a mi derecha, seis computadoras en fila albergan a varios que buscan los códigos de los libros que desean solicitar. Nosotros caminamos hacia la izquierda, subiendo por una escalera de cinco escalones donde al final una doble puerta, esta vez de vidrio, da entrada a la sala de estudio.

Mesas se despliegan alrededor del recinto de paredes color crema y aire acondicionado fresco. El logo de Capitol High pintado en la pared justo al frente de la entrada no puede faltar por supuesto. Como niña obediente les sigo al pasar entre mesas hasta que llegamos al extremo oeste de la sala, en donde una mesa rectangular sostiene libros, una laptop y un iPod junto a este. En las sillas tres adolescentes conversan despreocupadamente, como si no les importara que a su alrededor hay chicos que "intentan estudiar".

- ¡Vaya, al fin llegan! - la chica de cabello castaño y corto nos hace señas y le quita de un tirón el iPod a Tresh.

- ¿Estudiando Johanna? - pregunta burlón Gale. La aludida pone sus ojos en blanco y se coloca un audífono.

- Estuviste muy cerca guapo, pero no - dice esto último con desinterés.

- Ay Johanna deberías…

- Annie… - calla a la otra al tiempo que coloca sus dedos índices a cada lado de sus sienes, imitando a las psíquicas de las películas -. Listo, absorbí tu intelecto - la pelinegra rueda sus ojos regresando a su lectura, mientras que la otra ríe con alboroto.

- ¡Hey Kentuchy está aquí! - saluda Thresh con suma algarabía haciendo a las otras dos reparar en mí.

- ¿Quién es ella? - señala Johanna con su reproductor.

- Chicas, les presento a Katniss - Magde casi me empuja hacia al frente -. Ella son Johanna y Annie. Las que faltaban del grupo - la primera me observa de arriba abajo y la otra sonríe tímida.

- Mucho gusto - digo en voz queda tratando de seguir las indicaciones de etiqueta de mi tía Effie. Claro, sin éxito.

- ¿Qué onda? - saluda Johanna con un gesto en la cabeza. Tresh ríe tras ella, pero luego sigue con su labor en la computadora portátil -. Se nota el olor a nuevo en tu ropa y el ligero desprecio a este lugar en tu mirada - me sorprendo ante tal descripción mientras se apoya en la mesa con los codos para acercarse más, escudriñándome con su entrecejo fruncido. Doy un paso atrás -. Y eso me gusta - ríe con algo de locura y señala la silla de al frente -. Bienvenida al club de los desvalidos chica.

- Jo habíamos quedado que seríamos los innecesarios - se queja Tresh de inmediato.

- Calla - ella lleva un dedo a sus labios para hacerlo callar -. Annie sigue ayudándome en física, así que ella si es necesaria - la chica resopla con fastidio ante sus amigos y luego rueda la silla a su lado, palmeando el asiento.

- Ven, no le hagas caso - asiento solo con la idea de que estos chicos están completamente locos. Siento un palmeo en mi hombro, volteo a mi izquierda y es Gale quien me sonríe esta vez, acercándose a mí con gracia para decirme al oído.

- Diviértete Catnip - me estremezco por su cercanía y deparo rápidamente en Madge, pero ella ya se ha ido. ¿Será que le incomodó lo que él hizo? Rayos.

Al sentarme al fin me siento extraña, rodeada de un grupo de amigos tan diferentes entre sí. Por un lado Annie, callada y estudiosa; por el otro Johanna alocada y escandalosa, Thresh infantil, Madge amigable y Gale altanero. Sin duda me parecía un cuadro algo extraño, pero en el fondo me reconfortaba saber que por lo menos, por ellos era aceptada.

A los minutos de silencio por parte de ella y de pocas palabras con Annie, Madge apareció en la escena con unas hojas en su mano, me las entregó y se negó a aceptar mi pago. La rubia se sentó a la derecha de Annie y abrió su libreta para compartir sus apuntes con la pelinegra. Suspiré por ser nuevamente ignorada en la mesa.

- Y bien, ¿eres de Kentucky? - la pregunta de Johanna me hizo sobresaltar y me quedé extrañada por su repentina atención en mí.

- Ah… Si.

- Interesante - me escudriñó con la mirada provocándome cierta incomodidad. Desvíe la vista hacia un lado solo para encontrarme con la presencia de Peeta con su amigo a dos mesas de distancia. Me mordí el interior de mi mejilla para evitar una sonrisa tonta.

Lo miré fijamente intentando lograr en él pesadez y así él pudiera reparar en mi lado, pero en cambio solo recibí una bofetada visual al ver como una rubia corría hasta él tapándole los ojos por detrás. Peeta sorprendido se volteó hacia ella y la chica se abalanzó hacia él, estampando un beso en sus labios. Regreso la vista hacia Johanna y me enderezo en mi puesto. No ha pasado nada.

Johanna no se queda atrás y me descubre, viendo hacia la escena feliz. Ella pega una risotada haciendo distraer a Thresh y a Gale de su juego en la computadora; y chasqueando en negativa ella me hace sentir estúpida. Genial - pienso - he sido descubierta observando a Peeta Mellark, el chico popular. La castaña no tarda en levantarse y rodar su silla a mi lado, tendiéndome luego su otro audífono. La miro extrañada al igual que Gale.

- Nada que una buena música alta no pueda reparar - me quedo quieta sin saber que responder, pero ella al insistir con la mirada me hace aceptar antes de que cambie de opinión y grite mi secreto -. Otra más - susurra y se pone a tararear la canción de Red Hot Chili Peppers que se escucha a todo volumen directamente de su audífono.

Respondo a preguntas triviales como de que ciudad vengo, en que parte vivo ahora y que clase me toca después. A los demás no les parece interesarle mi vida, lo cual celebro y me quedo sentada compartiendo audífono con Johanna hasta que suena la campana indicando el término de nuestro descanso.

Annie se adelanta queriendo apartar puestos ya que estará conmigo, con Magde y Johanna en la clase de Literatura. Thresh sale corriendo al recordar su clase de francés que queda en el tercer piso y Gale… Solo se dedica a ser él y seguirnos.

- Es increíble como todavía pretenden hacer ese estúpido baile. ¿Por qué no se ahorran el dinero de sus vestidos costosos y se los meten por el trasero? - Johanna viene quejándose de ello desde que salimos de la biblioteca.

- Quizás porque tendrían que operarse para quitarse la goma de sus glúteos para que le entren los billetes - contesta Gale con cierto desdén.

- ¡Exacto! ¿Ves Madge? Te dije que era cierto.

- Jo sabes que prefiero guardarme esos comentarios - responde indignada.

- Bah… En fin - golpea mi hombro para llamar mi atención -. ¿Trajiste pinzas de ropa?

- ¿Para qué?

- Para ponértelos en los párpados. A veces tiende a dar sueño esta clase… Y eso que sigue siendo temprano - suspira aburrida.

- No… Me temo que tengo cierto interés por la literatura - respondo en voz baja siendo distraída luego por el panorama dentro del aula.

- Nos vemos en el almuerzo. Suerte Catnip - se despide Gale con cierta burla, pero no le hago caso ya que los ojos azules de Peeta me reciben desde la segunda mesa en la fila de la izquierda. El chico se sorprende y luego sonríe amable. Pienso devolverle el gesto, pero la chica rubia del beso se da cuenta de nuestro intercambio y me ve con desprecio, secundada luego por su amiga.

Borro el atisbo de sonrisa y lo ignoro al seguir a Madge hasta la cuarta mesa de la fila de la derecha, tratando de parecer indiferente, aun así quedé para mi mala suerte en la silla que da al pasillo, muy cerca para mi gusto de ellos.

- Como odio a ese par - suspira Johanna en dirección a Peeta y su novia y por esta vez le doy la razón, aunque cambiaría mejor al decir yo - "Como odio mi estupidez".


Katniss ya ha conocido a los que serán, por lo visto sus amigos :) ¿Qué les pareció el grupo? Y la actitud de Peeta con ella, ¿piensan que se acerque a ella luego?

Espero por sus reviews, ya que son importantes para mí :)

Saludos y azucarillos.

Ady Mellark87: Jajajaj pobre de Suzanne Collins si pudiéramos mandarle mensajes sobre el libro, seguro se sorprendería por el desespero, el dolor y la rabia por la muerte de ciertos personajes que no deseo nombrar ahora :'(

Saludos y abrazos!

Hinata Lied: Eso es verdad, las casualidades no existen y estos dos han sabido aprovecharse de eso jajaja Katniss y Peeta atravesarán por muchas cosas más juntos ;D

Gracias! Leí tu comentario en el otro fic y la verdad no me acuerdo si te respondí o no D: disculpa por eso; pero sino, entonces te agradezco por el apoyo y por ser fiel me alegra mucho leer eso porque tengo un amor grande a esos tres fics, un amor de mamá jejeje xD

Espero que te guste el nuevo capitulo y actualizaré el jueves a más tardar ;) besos.