Título: DMH: Departamento de Homicidios Mágicos.

Autoras: Caribelleih y A-lunática

Beta: Nande-chan

Género:Acción/Misterio/Romance

Clasificación: G (por ahora)

Disclaimer: El mundo de Harry Potter y todo lo relacionado pertenece a J.K. Rowling. La idea está inspirada un poco en la serie Bones, lo demás es todo nuestro xD.

bResumen: Draco Malfoy es especialista en analizar mentes criminales. Harry Potter es especialistas en atraparlas. Juntos, harán mucho más que combatir al mal.

Advertencias: Leve gore.


DHM II: Retrato en Sangre

Tercera Parte

Aparecieron en un callejón vacío. Harry miró con atención a Malfoy, en realidad, miró donde sus cuerpos estaban pegados.

Se separó confuso y sin saber porqué.

—Es en la casa sin jardín. Vamos —Harry comenzó a caminar hacia la dirección indicada. Era la primera vez que interrogarían a un sospechoso en conjunto, por un segundo estuvo tentado a aclarar las cosas, a decirle a Malfoy cómo hacía él las cosas... cómo encontraba la información. Pero no lo hizo, no quería desencadenar una discusión sin sentido y, además, confiaba en el criterio de Malfoy.

Quien, por cierto, no dijo nada, y sólo lo siguió en silencio. Se había metido las manos en los bolsillos y avanzaba tras él con calma.

Llegaron hasta la puerta, la casa era pequeña y tenía aspecto de ser poco cuidada.

—John Fante. Supuestamente vive aquí desde hace diez años, o al menos paga la renta desde esa fecha —informó Harry, acercándose a la puerta. Golpeó.

La puerta se abrió luego de unos momentos, y un hombre atractivo los miró desde el umbral. Era moreno y sus ojos eran caobas, y cuando reconoció a Harry sus cejas se arquearon.

—¿Harry Potter?

—Sí —reconoció. Aquello era molesto—. Y mi compañero —agregó indicando a Malfoy— Draco Malfoy. Estamos investigando un asesinato y necesitamos hacerle unas preguntas.

—¿Un asesinato? —sus cejas se alzaron aún más, mirando de reojo a Malfoy. Se apartó del marco, abriendo la puerta por completo—. Supongo que es mejor que pasen, se ve que va a ser una conversación difícil.

—Eso depende de las respuestas —dijo Harry entrando a la casa—. No estás obligado a tomar poción para la verdad, pero si mientes lo sabremos, y no queremos hacer de esta conversación algo complicado, ¿cierto, Malfoy? —dijo buscando su apoyo.

Malfoy pareció algo sorprendido porque lo tomara en cuenta, porque arqueó una ceja, pero asintió de todas formas.

—Ciertamente —dijo con naturalidad, observando la habitación simple en la que se encontraban.

Fante asintió, mirándolos con sospecha y haciéndoles un gesto para que se sentaran, antes de invitarles algo de beber, a lo que Malfoy reclinó con educación.

—Entonces, ¿cuáles son las preguntas que necesitan hacerme?

—¿Cuándo fue la última vez que vio a Greta Marsen?— preguntó Harry, acomodándose en el sillón junto a Malfoy.

Fante frunció el ceño, palideciendo de pronto.

—El doce de este mes —respondió con precaución—. El día en que terminamos luego de que me hubiese acorralado en el Club Desidĭum —mantuvo unos segundos de silencio antes de agregar—: como seguro ustedes ya lo saben.

—Cierto —concedió Harry—, ¿y aquella fue la última vez que tuvo contacto con ella? ¿No recibió alguna carta, vociferador o algún tipo de contacto? —preguntó alzando una ceja. Era poco probable y realmente no había motivos para pensar que aquel hombre era el asesino.

Malfoy se movió un poco a su lado, con una sonrisa en los labios.

—Seguro que sí lo hizo, ¿no? —le preguntó a Fante, quien le dirigió la mirada con recelo—. Luego de tan abrupta rotura dudo que no hubiesen tenido contacto de nuevo.

—Sí lo hicimos —fue la respuesta del hombre—. Al día siguiente me contactó para que le enviara algunas de las cosas que tenía en mi casa. Se las metí en una caja y se las envié vía lechuza. Dejé de ir al Desidĭum y desde ese momento nunca volví a hablar con ella.

—¿Dónde estaba el jueves pasado? —preguntó Harry. No habían obtenido nada nuevo.

—Aquí, escribiendo un libro.

—¿Puede probarlo? —cuestionó, pensando qué más podría preguntar, miró a Malfoy esperando que comprendiera lo que pensaba.

—¿No es ese su trabajo?

Malfoy desvió la mirada de la habitación, a la que seguro había estado analizando, y la centró de nuevo en el hombre.

—¿Y qué hay de la noche del jueves, o del viernes en la madrugada? —preguntó—. ¿También estaba escribiendo?

El hombre curvó un poco los labios, pero no lo suficiente para formar una mueca completa. Se reclinó en la silla y los miró calculadoramente.

—No —dijo con una sonrisa que no llegó a sus ojos—. Estaba durmiendo. Pueden probarlo con veritaserum si es necesario.

—¿Le gusta la pintura, señor Fante? —preguntó Harry, ignorando la molestia evidente en el sospechoso.

—Me gusta —respondió desviando la mirada hacia Harry—. Me considero un hombre al que el arte le da placer... Como lo puede decir mi carrera.

—¿Cuál es su movimiento favorito? —preguntó Malfoy, ignorando el último comentario del hombre—. ¿Action Panting, quizás?

Fante arqueó ambas cejas, seguro sorprendido por el conocimiento de Malfoy, antes de sacudir la cabeza y dedicarle una pequeña mueca que tenía forma de sonrisa.

—No, señor Malfoy —respondió—. Es demasiado desordenado para mi gusto. Prefiero el Impresionismo.

Harry sólo miraba a Malfoy preguntar, no tenía idea de arte, no tenía sentido participar en la conversación.

—Oh, Monet, Nadar, Renoir —respondió Draco, asintiendo—. Sin embargo no podría llamar al arte ordenado... Tal vez al de los árabes antiguos, que sus artes estaban basadas en la simetría...

La sonrisa de Fante se hizo más amplia.

—No, tampoco llamaría a la pintura ordenada precisamente... A lo que me refería, y por lo que me expresé realmente mal, es al hecho de que el action painting es demasiado aleatorio. No se sabe cómo quedará la obra final hasta que se acaba.

—¿Y no es así en todos los casos?

—Lo es —respondió de inmediato—. Pero se sigue, al menos, un patrón. Hay una visión de lo que quedará al final. En la tendencia del action painting sólo existe una abstracta sensación de lo que podría quedar.

Malfoy sólo hizo un sonido que pareció un mmm antes de mirar de nuevo a Harry, arqueando una ceja.

—¿Por qué terminó con usted la señorita Marsen? —preguntó Malfoy, desviando la mirada hasta el hombre.

El hombre perdió la sonrisa como si le hubiesen dado un puñetazo.

—Estoy seguro de que lo saben —replicó con frialdad.

—La engañó con otra —respondió Harry, asintiendo.

El hombre sólo asintió.

—¿Necesitan algo más?

—Sí —contestó Harry—, ¿sabe si alguien la querría muerta?

—Greta no tenía enemigos. Caía bien y todos la querían.

—Excepto usted —agregó Malfoy, ganándose una mirada fulminante.

—¿Eso es todo? Tengo trabajo que hacer —ya ni se molestaba en ser educado.

—Sí, eso es todo— dijo Harry levantándose y mirando a Malfoy—. No salga de la ciudad sin avisar, si necesitamos algo más volveremos, no lo dude.

—Por supuesto —respondió levantándose al mismo tiempo que Malfoy, caminando hasta la puerta y abriéndola—. Hasta luego, caballeros.

—Hasta luego —saludó Harry, caminando hacia la salida al lado de Malfoy. Salieron de la casita y caminaron en silencio hasta alejarse por la calle hacia el callejón por donde habían llegado.

*

Si en algo había ayudado la conversación que habían tenido con ese hombre, era que ahora estaba completamente seguro de que no era el asesino. No se había comportado como uno, no había respondido como uno y sus sentimientos y emociones tenían muy pocas probabilidades de poder ser mentiras. Habían sido demasiado auténticas, tanto cuando se había sentido indignado, como ofendido.

Además, el asesino que buscaban era alguien mucho más inteligente —a juzgar por su forma de matar y la cantidad de hechizos que utilizó—, aunque tal vez igual de egocéntrico.

Potter y él se habían aparecido en la oficina del primero, quien se veía pensativo. Draco dudó antes de hablar, no sabía si la pequeña tregua que mantuvieron para hablar con ese hombre había caducado.

—No es el asesino —dijo con firmeza.

—Lo supuse —respondió Potter, mirándolo—. No tiene ni los motivos ni los medios para serlo —suspiró, notoriamente frustrado—. Seguimos sin pistas.

Draco no podía desmentir eso. Miró a Potter a través de su flequillo, evaluándolo.

—La persona a la que buscamos tiene un ochenta y cinco por ciento probabilidades de ser un hombre. Con un trabajo que involucre una gran precisión y potencia en sus hechizos.

―¿Será carismático y sociable? ―preguntó Potter ausente.

Draco se encogió de hombros. No era adivino.

—¿Qué crees que deberíamos hacer ahora? —preguntó Potter.

—Intentar conseguir algo con lo que tenemos —respondió de inmediato, dejándose caer sobre una de las sillas de Potter con elegancia—. ¿Qué más podríamos hacer?

Potter no parecía de mal humor. Tal vez hasta se le había olvidado que habían discutido... Si Potter no lo sacaba a colisión, por supuesto que Draco tampoco lo haría.

―Quizás deberíamos ir a ese famoso Club Desidĭum, siempre es interesante interrogar a aristócratas ―dijo Potter mientras se apoyaba sobre la mesa.

―¿Es eso una indirecta? ―preguntó Draco con una sonrisa, cruzando las piernas y mirándolo con altanería―. ¿Qué es, exactamente, lo que te divierte de interrogar a aristócratas?

―No, no es una indirecta. A menos que tengas algo que ocultar ―dijo Potter, sonriendo como si supiera más de lo que decía.

―Todos tenemos algo que ocultar —respondió Draco ladeando un poco el rostro—. Hasta tú. Si no lo tuvieras, todo el mundo sabría ahora que te gustan los hombres.

Potter pareció tensarse.

—No tengo por qué exponer mi vida privada, Malfoy. Al igual que tú, por cierto.

Draco chasqueó la lengua.

—Eso fue un golpe bajo, Potter.

Potter sonrió.

—No comencé yo, Malfoy.

Draco desvió la mirada a la oficina. Sí, sabía que no había comenzado él, pero le desconcertaba un poco la calma que tenía Potter, como si supiera algo que él no sabía... Odiaba esa sensación, además de molestarle, lo hacía sentirse defensivo.

—Ya, pero como buen Gryffindor tienes que terminarlo, ¿cierto?

—No pretenderás que me quede callado, ¿cierto?

—Tal vez —dijo con una pequeña sonrisa. No quería seguir esa línea de conversación—. Para alguien obsesionado con el trabajo debo admitir que te gusta perder el tiempo discutiendo.

—Yo no estoy obsesionado con el trabajo, Malfoy —dijo Potter desordenándose el cabello, una costumbre que tenía.

—Ya, supongo que eso es lo que te dices a ti mismo.

—Sí. Me lo repito todos los días —dijo Potter riendo estúpidamente.

—Si eso te hace feliz —respondió Draco levantándose de la silla. No entendería nunca a Potter, pero eso no era una sorpresa.

—Malfoy —lo llamó Potter—, ¿estabas molesto por lo que hablamos ayer?

Potter lo miraba serio, parecía haber pensado mucho en aquellas palabras... Seguro que sí, y Draco no debería preguntar, pero la curiosidad podía más. Sonrió con afectación, cruzándose de brazos.

—Molesto tal vez no sería la palabra adecuada —dijo, encogiéndose de hombros—. Fastidiado, más bien. No me gusta que las personas sepan cosas que no estoy dispuesto a compartir —no sabía por qué había agregado lo último, pero era muy tarde para retractarlo.

—Supongo que debería disculparme —Potter tenía una expresión indescifrable—, pero no sabía que te molestaría tanto que supiera cosas de tu vida. No es como si no nos viéramos todos los días...

Draco lo miró. Le molestaba no saber el porqué de esa expresión. Dejó que sus brazos cayeran y suspiró, era Potter . No debía preocuparse por Potter, él no entendería la sutileza ni aunque le golpeara a la cara con fuerza.

—Estás disculpado —dijo arqueando una ceja—. Supongo que parte de mi irritación fue porque te subestimé un poco. Olvidé a qué te dedicas, ilógico cuando trabajo contigo.

―Supongo que ahora que has valorado mi trabajo puedo morir en paz ―bromeó Potter. Luego se enserió―, pero es injusto que te molestes siendo que fuiste quien comenzó a insinuar cosas sobre mi vida privada.

Draco entrecerró los ojos. Potter no seguía las indicaciones que le daba para cambiar de tema, lo que si se analizaba era obvia la razón por la que se negaba a hacerlo. Potter era terco, no debía olvidarlo.

—Nunca intestaste ocultar nada sobre lo que sé, Potter.

—¿No? —preguntó alzando una ceja, luego suspiró—. Bueno, como sea. Pero ya que eres tan obsesivo respecto a tu vida privada uno pensaría que respetarías la de los demás.

—No soy obsesivo —replicó comenzando a enfadarse—. Sólo soy cuidadoso. ¿Y por qué el repentino interés sobre mi persona? Pensé que no querías saber nada, ¿y ahora estás discutiendo conmigo porque quieres saber más de mí? —sonrió con afectación—. No sabía que te interesaba tanto.

—Trabajamos juntos —replicó Potter—, saber de ti ayuda a que seamos un mejor equipo y...—vaciló— ya sabes, hay que hacer sacrificios para lograr lo que queremos.

—Y como tú eres un héroe —dijo Draco acercándose un paso—, haces tu trabajo sacrificándote —sonrió dando otro paso al frente, curvando más sus labios—. Más cuando se trata de quererme, digo, conocerme.

Potter soltó una carcajada.

—¿Eso es una proposición, Malfoy?

—¿Acaso la escuchaste cómo una? —preguntó Draco fingiendo sorpresa—. Sólo estaba reflejando un hecho.

—Supongo que ves las cosas así porque piensas igual —replicó Potter incorporándose, quedando de pie frente a Malfoy.

—Tal vez —accedió Draco, pensando que tal vez lo mejor era retroceder, pero su mano se rebeló contra su cerebro y en cambio levantó el brazo, alejando del hombro de Potter una pelusa imaginaria—. Aunque nunca fui alguien de hacer sacrificios. Eso se lo dejo a personas como tú.

Potter siguió atento los movimientos de su mano, y Draco hasta pudo sentir cómo se tensaban sus músculos.

—No tienes que verlo como obligación —dijo Potter en voz baja.

Draco lo miró, sus ojos quedando fijos en los verdes de Potter. Era injusto que tuviera unos ojos tan espectaculares, incluso esos horribles anteojos no los opacaban. Ladeó un poco el rostro, reprimiendo el deseo de acortar la distancia y besarlo. En cambio, se alejó un paso, su cuerpo relajándose.

—Nunca lo haría —replicó con una criptica sonrisa, comenzando a caminar hasta su oficina—. Más bien me parece un placer.

Potter guardó silencio, probablemente lo había confundido.

*

Harry estaba en su oficina revisando por enésima vez el informe que tenía en el escritorio. Ron había localizado al auror que, años atrás, había investigado el asesinato de Sarah Waters, mujer de cincuenta años encontrada muerta en las mismas condiciones que Greta Marsen.

Las mujeres compartían ciertas características físicas como el color del cabello y la contextura. Ambas eran solteras y de familias adineradas.

Harry bufó, según su instinto, era el mismo asesino. Pero necesitaba preguntarle a Malfoy, Harry podía reconocer que él era mejor analizando a los sicópatas.

Caminó hasta la puerta que los separaba y golpeó dos veces, suavemente. Sonrió al pensar que probablemente Malfoy estaría leyendo algún libro cómodamente.

La puerta se abrió sola, mostrando a Malfoy, ciertamente, leyendo un libro con los pies montados sobre un sillón que seguro había invocado especialmente para montar los pies, y con la varita en mano.

—Oh, eres tú —dijo como si más personas vinieran a verlo—. ¿Alguna información nueva en nuestro caso?

—Sí...—contestó Harry sin escuchar del todo lo que Draco le decía. ¿Por qué siempre parecía tan relajado? Negó con la cabeza ligeramente—. Ron encontró al auror que investigó hace seis años un asesinato similar a nuestro caso. No encontraron al culpable —continuó ofreciéndole el archivo a Malfoy—. Según yo, es el mismo asesino, el modo de operar concuerda, ¿qué opinas?

Malfoy dejó el libro que leía de lado y bajó los pies del sillón. Su expresión se volvió seria y profesional y cogió el informe.

Harry caminó hasta el escritorio y se apoyó en él. Aquella situación le provocó un leve déjà vu.

Malfoy se humedeció los labios, pasando las hojas y leyendo con rapidez el informe. Sus ojos no se despegaron de los papeles hasta que terminó.

—Sí —dijo ausentemente, apoyándose de nuevo en el respaldar del sillón—. Es un modus operandi casi igual, con ligeras diferencias que pudo perfeccionar con los años. O bien, alguien que lo intentó copiar aplicando la misma técnica —levantó los ojos hasta los de Harry—. Creo que debemos hablar con todos los que están involucrados en el caso.

—Ron está recopilando las memorias de la escena del crimen. El caso no fue muy investigado porque la familia de la víctima quería olvidar lo sucedido y no apoyó la investigación —dijo Harry mirando con atención a Malfoy. ¿Sería siempre tan inquisitivo para hacer todas las cosas en su vida diaria?

Cada vez que lo observaba o pensaba en él, decenas de preguntas se agolpaban en su mente. Draco Malfoy era todo un misterio por resolver, y si había algo que Harry no podía controlar, era su curiosidad.

—Mmm... —emitió Malfoy, acariciándose con el dedo índice la barbilla—. ¿Cuándo va a tener Weasley esas memorias?

Por algún misterioso motivo Harry siguió como hipnotizado el movimiento de la mano de Malfoy.

—Tenemos reunión a las dos de la tarde, supongo que las tendrá a esa hora —dijo, rascándose una ceja con el dedo medio para disimular que había estado observando con más atención de la apropiada a Malfoy.

—Ya veo —respondió Malfoy llevando el dedo hasta sus labios, que estaban curvados de nuevo en esa sonrisa juguetona—. ¿Eso es todo?

—No —negó Harry, preguntándose si Malfoy habría entendido que la reunión también lo incluía a él—. ¿Sabes algo sobre el club Desidĭum? Creo que deberíamos ir, algo me dice que se nos escapa un detalle importante.

Malfoy sacó unos papeles de un archivero que tenía a su derecha y se los pasó a Harry.

—Todo lo que pude encontrar de las relaciones con la víctima con algunos de los miembros del Desidĭum —explicó—. Algunos exes están allí, y sus amigas. Cuando hablé con ellas me dijeron que nos podían decir todo lo que necesitábamos saber, pero luego se pasaron horas contándome chismes que realmente no tenían nada de utilidad.

Harry sonrió imaginando la escena. Prácticamente podía ver a Malfoy escuchando exasperado a aquellas mujeres, pero manteniendo una máscara de interés.

—Bien hecho —dijo revisando rápidamente los papeles—. ¿Qué tipo de personas asisten a ese lugar? —preguntó, levantando el rostro y mirando a Malfoy que lo observaba con una extraña sonrisa en los labios.

—Las que tienen una buena cuenta bancaria —respondió con naturalidad—. No se permite personas que no puedan pagar todos los gastos. La mayoría son sangrepuras, pero también se encuentran magos y brujas con sangre mezclada que se hicieron ricos hace pocos años. El Club lleva funcionando pocos años.

—Mmm —murmuró Harry. Investigar en ese terreno nunca era fácil. Se preguntó si Malfoy frecuentaba ese lugar, pero supuso que si así fuera, a Malfoy no le agradaría que le preguntase... con lo receloso que era con su vida privada—. ¿Crees que deberíamos interrogar a otras personas que lo frecuenten? O quizás podríamos... No, no nos autorizarán —dijo respondiendo a sus propios pensamientos. Algunas veces hacia aquello de forma inconsciente.

—Potter, ¿podrías hablar contigo mismo en tu oficina? Me estás arrugando unos papeles en el escritorio.

Harry lo miró mal, recogió sus cosas y se fue. No tenía intenciones de que Malfoy se burlara más de él.

*

Draco miró a Blaise por sobre el escritorio de su oficina —quien estaba en ese momento ignorándolo y, en cambio, le prestaba toda su atención a los pocos libros que Draco tenía en una estantería—, preguntándose si debía o no sacar el tema de la gaydad de Potter a colación.

Siendo completamente honesto, que Blaise le comentara a Pansy sobre la homosexualidad de Harry Potter le interesaba un poco. Por pura curiosidad, por supuesto. Draco había creído en un comienzo que Potter no era gay, y ahora que Blaise lo supiera le llamaba la atención, sobre todo por el recelo con que Harry cuidaba su vida privada.

Zabini había llegado a quince para las dos a la oficina de Potter, lo había saludado con una inclinación de la cabeza, y se había dirigido directamente a donde Draco estaba, diciendo que esperaría que se hiciera la hora de la reunión con él. A Draco le daba la sensación de que Blaise quería decirle algo.

—¿Tanto te llaman la atención mis libros, Blaise? —preguntó, sonriendo de medio lado y observando con atención cómo éste se volvía hacia él.

Zabini se encogió de hombros con gracia, eligiendo sentándose en una de las sillas que Draco tenía frente al escritorio y que Potter siempre ignoraba, prefiriendo sentarse sobre la superficie de la mesa.

—Tanto como es posible —respondió, cruzando las piernas—. Pensé en llegar un poco más temprano para saber cómo estabas.

—Tan bien como puedo estar —le respondió Draco, ampliando la sonrisa—. No hace falta pequeñas conversaciones, Blaise. ¿Hay algo que quieras decirme?

Zabini lo miró mal.

—Creo que tanto tiempo con Potter te ha arruinado la sutileza.

Fue el turno de Draco para encogerse de hombros.

—No quiero que los quince minutos que tenemos no nos alcancen para lo que me tienes que decir —explicó, apoyando los codos sobre la mesa—. Porque supongo que es importante, ¿no?

—Depende de por dónde lo mires —replicó Blaise evasivamente, para diversión de Draco—. ¿Recuerdas a Ginny Weasley?

Draco frunció el ceño. Sí, la recordaba. ¿Cómo olvidarla? En quinto año le había lanzado un hechizo molesto cuando habían encontrado a Potter en la oficina de Dolores Umbridge. Pero no entendía qué es lo que Ginny Weasley tendría que ver en una conversación entre Blaise y él, a menos que fuera para meterse con ella, no tenía idea de por qué la nombraba.

—¿Qué ocurre con ella?

—Últimamente —comenzó Blaise luego de un suspiro, mirando a Draco, quien pudo ver en sus ojos un brillo de advertencia. Bien, ahora su curiosidad estaba completamente picada… ¿Qué le podría decir que era necesario dirigirle ese tipo de mirada a Draco?—, he estado saliendo con ella.

Las cejas de Draco llegaron hasta su cabello, estaba seguro. ¿De qué demonios estaba hablando Blaise?

—¿Con ella? —preguntó. Tal vez no había escuchado bien.

—Con Ginny Weasley. He estado saliendo con ella desde hace unas semanas.

Draco sólo fue consciente de que su boca estaba abierta cuando Blaise le dirigió una mirada divertida. Se había enderezado en la silla y miraba a Zabini con una mueca de incredulidad… Es que… No podía ser. Blaise, el mismo Blaise con quien había estado hacía tantos años, ¿ahora salía con Ginny Weasley?

Parpadeó.

—¿Me estás diciendo que estás saliendo con una Weasley?

—Draco…

—¿Me estás tomando el pelo?

Por la expresión de exaspero de Blaise, Draco supuso que no.

—No debería importarte con quién salgo o con quién no —respondió Blaise con molestia y Draco frunció el ceño, algo molesto porque esa frase le había dolido… Lo que no tenía ningún sentido porque Blaise y él habían terminado hacía años… Si es que alguna vez habían estado juntos.

Desvió la mirada. Estaba seguro de que si la persona con la que Blaise estuviera saliendo no fuera un Weasley, a él ni siquiera le hubiera importado.

—¿Es por eso que sabes que Potter es gay? —preguntó, cambiando de tema, y cuando Blaise sonrió, supo que lo había conseguido.

—Por eso —afirmó, ladeando el rostro—. Y por la forma en la que estuvieron mirándose la otra vez.

Draco entrecerró los ojos.

—No sé de qué hablas.

—Ya lo creo que sí.

—¿Y ahora me vas a decir que Weasley te ha estado contando la vida de Potter? No parece una muy buena amiga.

—No fue así. Sólo lo deduje por las cosas que decía —replicó Blaise con irritación—. ¿Tanto te molesta que esté saliendo con Ginny?

Draco decidió encogerse de hombros.

—No demasiado —admitió—. Sólo que me sorprendió. Es Weasley, después de todo.

Blaise no respondió, sólo lo miró con intensidad y Draco hizo todo lo posible para no desviarle la mirada de nuevo, sería una debilidad que no se podía permitir tener.

—No todos son como Ron Weasley.

—Tal vez —accedió Draco—. Pero eso no significa que no tenga cosas parecidas.

...continuará.