Los personajes de Saint Seiya no me pertenecen, son propiedad de Masami Kurumada.

Superando nuestros límites

Capítulo 5 Nuestros sentimientos

Sus ojos se abrieron con lentitud, pestañeando varias veces para quitarse el adormecimiento. Aún estaba de noche, por lo que calculaba que debía ser de madrugada. Se incorporó en la cama, estirando sus brazos para desperezarse, relajada al máximo. Había tenido un muy buen sueño y se sentía descansada, lista para un nuevo día de trabajo. Todo era perfecto hasta que notó la presencia de alguien recostando su cabeza en su cama. Ahogó el grito que quería salir de su garganta con sus manos al darse cuenta que era su compañero. ¿Cómo era posible que él estuviera en su dormitorio? Respiró profundo, intentando calmar su corazón, el que saltó alborotado debido al nerviosismo que le provocaba su cercanía. Más tranquila, reparó en que él había pasado la noche ahí, incómodo, durmiendo sobre una pequeña silla, aparentemente cuidándola.

—Shun —susurró acercando de forma automática su mano hacia él. Sintió una enorme necesidad por ver su rostro mientras dormía, por lo que con cuidado acarició su cabello, deslizando las hebras que tapaban sus facciones. Su pacífico semblante la hechizó en el acto, dibujando una sonrisa en sus labios rosados—. Debe tener frío —dijo en voz baja al verlo descubierto, con la manta en el suelo, y lo comprobó rozando su mejilla, sintiéndola helada al tacto.

Con cuidado se levantó, sacando sus largas piernas de la cama. Había olvidado completamente que después que Shun salió de la cabaña, se cambió de ropa, poniéndose lo primero que encontró cerca de su cama y que fuera cómodo para dormir, un delgado y corto camisón de algodón. Enrojeció, agradeciendo que aún fuera de noche y él siguiera dormido, pues le avergonzaba el verse tan descubierta. Se agachó a recoger el cobertor y con suavidad lo puso sobre la espalda y hombros del joven. Su corazón volvió a acelerarse ante la cercanía de su cuerpo, percibiendo el leve aroma que desprendía y escuchando su pausada respiración, sintiéndose hipnotizada.

A pesar de intentar evitarlo, June se había visto obligada a reconocer sus profundos sentimientos por Shun. Habló con Athena durante su corta estadía en Japón acerca de su disyuntiva respecto a la ley de las amazonas, reconociendo que se había desprendido de su máscara en una situación apremiante. Muy comprensiva ante su explicación, Saori le permitió buscar la respuesta oculta en su corazón durante el día a día en la isla en compañía de su santo. Sin embargo, la única exigencia que le impuso fue ser fiel a sus sentimientos y no abandonarlos a medio camino, lo que implicaba seriedad y responsabilidad de su parte ante la decisión que escogiera.

Nunca había estado entre sus opciones el matarlo, pues había sido su propia voluntad mostrarle su rostro. Sin embargo, la palabra amor la abrumaba en demasía, considerando que su vida había estado exenta de todo rasgo de aquella emoción. Lo más cercano a esa palabra, era lo que sentía por su maestro, al que veía como un padre. Y el tiempo transcurrido en compañía de Shun desde su regreso le había demostrado que sus sentimientos por él no solo eran de amistad. Muy por el contrario, eran mucho más profundos e inexplicables. Deseaba verlo, pero también deseaba evitarlo. Quería conversar con él, sin embargo, su silencio también le parecía especial. La sensación de estar ahogándose cada vez que lo veía, percibir su piel erizada ante cualquier contacto físico, sentir que sus verdes ojos profundizaban en su alma y aceleraban sus latidos, eran tantas emociones recién descubiertas, que, aun cuando había sido difícil aceptarlo, ya tenía claro lo que significaba. Además, sentía una profunda admiración hacia él como santo y hacia el hermoso poder que había desarrollado, apreciando sus cualidades, siempre conciliador, atento, cooperador. ¿Acaso era perfecto? No, no podía serlo, pero, hasta ese momento no le conocía ninguna debilidad y eso la abrumaba aún más, pues no se consideraba perfecta en ningún caso y temía que él se decepcionara de ella al conocerla mejor.

Sus meditaciones fueron interrumpidas por un quejido salido de los labios del joven dormido. Unas muecas de dolor reflejaban que estaba inmerso en una tormentosa pesadilla, incluso una gotitas de sudor comenzaron a cubrir su frente. Sujetaba las sábanas con sus puños, apretando sus labios y ojos en clara demostración de sufrimiento. Asustada, June intentó despertarlo, sacudiéndolo con suavidad y llamándolo en voz baja.

—No… por favor —decía en murmullos suplicantes— Ayuda…

—Shun. Despierta. Solo es un sueño —le habló con cariño, rodeándolo con sus brazos. Encendió su cosmos con sutileza para intentar mostrarle la salida. Al comienzo parecía no dar mucho resultado, pero poco a poco él comenzó a tranquilizar su respiración, entreabriendo los ojos con pesadez.

La amazona, al percibir que él ya estaba mejor, apagó su energía, deshaciendo el abrazo. Sin embargo, no contó con que él la detendría antes de lograr distanciarse, tomándola de la muñeca con ligereza, levantando su cabeza aún aletargada, mirándola de reojo. Debido a la oscuridad y a su reciente despertar, no pudo distinguir bien quién estaba despertándolo, hasta que reconoció el delgado cuerpo de su amiga escasamente cubierto. Sintió arder sus mejillas, mientras un escalofrío recorrió su espalda hasta llegar a su mano, que aún sostenía la de ella.

—Pe-perdón —dijo tartamudeando, soltando su muñeca—. ¿Qué fue lo que pasó? - preguntó. Estaba confundido, lo que evidenció en su mirada, pues aún no recordaba bien qué hacía en el dormitorio de June, hasta que las memorias del día anterior se hicieron presentes.

—Tenías una pesadilla, Shun. Solo intenté ayudarte —se excusó la chica, desviando su rostro en otra dirección, cruzándose de brazos con timidez.

—¿Una pesadilla? Sentí que una cálida brisa aliviaba mi corazón —afirmó, tocando su pecho y mirando hacia abajo—. ¿Fuiste tú? —inquirió finalmente, mientras alzaba la vista, buscando sus ojos.

—Eh… —titubeó—. Tuve que encender mi cosmos para ayudarte —explicó, sintiéndose acorralada.

—¿Tu cosmos? Eso explica la tranquilidad que sentí. No sé bien por qué, pero llevo varias noches durmiendo mal. Muchas gracias por tu ayuda, June —dijo, sonriéndole.

—D-de nada —respondió. Solo ahí recordó su corto pijama que no alcanzaba a cubrir sus delgadas piernas, pues el rostro de Shun estaba sonrojado y en un ademán de nerviosismo había desviado la mirada a otro lugar, sacudiéndose el cabello. Pensó en acercarse a la cama para alcanzar una sábana, pero le era imposible sin cruzarse en su camino.

—Parece que tu pie está mejor, gracias a la ayuda de Athena —dijo al fin el santo, intentando cambiar el tema—. Saori envió una carta con el aprendiz. La dejé ahí —explicó, apuntando hacia su mesita de noche.

—¡El aprendiz! —exclamó. Ya lo había olvidado, pensó.

—Sí. Y no solo eso. Creo que ocasioné algunos problemas adicionales —afirmó avergonzado, sin enfrentar su mirada.

—¿Problemas? ¿Tú? —preguntó divertida—. Eso sería muy curioso.

—Solo quería ser de ayuda y todo fue peor —dijo, poniéndose de pie un tanto derrotado—. Es mejor que te alistes. Pronto va a amanecer.

—Shun —lo llamó con suavidad.

—¿Sí? —preguntó, teniendo que enfrentar sus ojos azules profundos como el mar que brillaban de forma intensa.

—Gracias por lo de ayer —habló titubeando debido al nerviosismo que él le provocaba—. Si no estuvieras aquí…

—No debes agradecerme. Soy tu compañero, recuerda eso —le aseguró con amabilidad. Su maravillosa sonrisa le afirmaba que él estaba dispuesto a estar junto a ella en las buenas y en las malas. No sabía si era el momento apropiado para hablar, pero necesitaba con urgencia comprobar si existía alguna posibilidad en ser correspondida en su amor. Pero, ¿cómo hacerlo? ¿Existía una forma de preguntar eso?

—¿Desde cuándo que somos compañeros, Shun? ¿Ocho años ya? —inquirió dudosa, bajando su vista—. Eres mucho más que eso para mí…

El futuro santo de Virgo abrió sus ojos sorprendido, esperando que ella terminara aquella frase, mientras su corazón golpeaba su pecho con fuerza. Pero, ¿diría lo que él esperaba? Y si así fuera, ¿cómo debía responder? ¿Era justo que ella tomara la iniciativa? Miles de preguntas afluían a su cabeza, por lo que decidió dejar de pensar y dejarse llevar por lo que sentía en ese momento.

—June —la interrumpió, hablando con seguridad, mirándola fijamente.

Ella tembló al verlo caminar en la oscuridad, a la que ya se habían acostumbrado. El silencio se apoderó de la habitación, por lo que ella podía escuchar sus propios latidos acelerados, a la vez que sus piernas temblaban. ¿Desde cuándo se había hecho tan vulnerable? ¿Por qué su cuerpo, entrenado para enfrentar incluso a un guerrero superior en fuerza, temblaba ante sus pasos? Ni siquiera su voz quería salir. Dio un paso atrás, arrepintiéndose del momento en que supuso que enfrentarlo sería una buena idea. Eso era mucho peor que una batalla, porque nadie la había preparado para resolver sus sentimientos.

Shun continuaba su avance, a pesar de que ella había retrocedido unos diminutos pasos hasta quedar contra la pared, imposibilitada de huir. Se detuvo justo en frente de ella sin mirarla a los ojos, por temor a perder todo el valor del que se había armado. Sin embargo, su vista enfocada en el suelo se vio distraída por las descubiertas piernas de ella y sintiéndose tentado por subir la mirada, agitando su corazón. Tenía una lucha interna entre hacerle caso a su cabeza que le gritaba que saliera de ahí antes de que cometiera una locura y su corazón que lo impulsaba a reconocer sus sentimientos atorados en su garganta.

—Creo que es mejor que… —dijo la amazona rompiendo el insostenible silencio formado entre los dos.

—June, en verdad necesito decirte algo —la interrumpió el santo, atreviéndose al fin a enfrentar su mirada. La oscuridad solo era interrumpida por los incipientes primeros rayos del amanecer que entraban traviesos a través de las cortinas delineando con delicadeza sus perfectas facciones, iluminando sus azules pupilas, resaltando sus rosados labios y evidenciando sus mejillas sonrojadas. Hipnotizado por su dulce imagen, viéndola indefensa sin su máscara, sintiendo su nerviosismo a flor de piel, supo que cualquier duda que tuviera terminaba por desvanecerse.

Su mano se movió sola, alzándose hasta alcanzar su mejilla, la que acarició son suavidad, ante la sorpresa de la amazona. Avanzó un paso más, acercándose a ella sin desviar su mirada de sus ojos, los que continuaban conectados en un trance del que nada en el mundo podría sacarlos en ese momento. Una necesidad incontenible por verbalizar lo que sentía surgió de lo más profundo de su corazón, impulsando a sus labios a liberar aquello que pensaba imposible de descubrir.

—Me gustas, June —dijo con seguridad, la cual estuvo a punto de desmoronarse al ver los ojos de ella aguarse, lista para llorar—. No quería incomodarte, solo deseaba que lo supieras —reveló cabizbajo, bajando su mano y retrocediendo un paso.

En verdad la amazona quería derramar las lágrimas que se agolpaban en sus ojos, pero éstas eran de felicidad, una que jamás había sentido ni experimentado, por lo que se le hacía aún difícil de procesar. No supo cuánto tardó en aceptar que lo que sus oídos escucharon era cierto y que Shun realmente había dicho que le gustaba, hasta que notó tristeza en su rostro. ¿Era eso posible? Vio que se giraba con lentitud, dispuesto a marcharse sin escuchar su respuesta, pues ella no se la estaba dando e impulsada por el temor de perderlo para siempre, su mano se adelantó tomando la de él, tirándolo para que volteara a verla de nuevo. Sus mejillas sonrojadas estaban llenas de lágrimas, pero sus labios exhibían una hermosa sonrisa.

—Tú también… —declaró—, tú también me gustas, Shun.

El corazón del santo volvió a latir con fuerza, como si esas palabras le hubieran infundido vida de nuevo y sosteniendo la mano de ella con firmeza, la atrajo hacia él, rodeándola con sus brazos. Reconocer sus sentimientos había sido difícil pero la satisfacción obtenida de liberarlos era enorme. Ella era su amiga desde que había llegado a la Isla de Andrómeda, aquella que lo había cuidado con cariño durante sus seis años de entrenamiento, June… su June. Acarició su cabeza, deslizando sus dedos por su dócil cabello, aspirando el dulce aroma que su cuerpo desprendía, percibiendo sus acelerados latidos y los suaves sollozos que salían de sus labios, sintiéndose enormemente privilegiado de ser correspondido.

El sol terminó de salir en el horizonte, iniciando el día a plenitud, iluminando la habitación donde ambos jóvenes se encontraban, como un complemento a su propia felicidad. Al fin, la amazona pudo controlar sus sollozos, separándose un poco de su cuerpo, alzando su cabeza para verlo de frente. Él le sonreía, demostrando su emoción, mientras su mirada brillaba de forma especial, como si sus ojos puros hubieran adquirido más vida de la que ya tenían. Quiso acercarse, sin embargo, el idílico momento fue roto por un grito desesperado.

—¡June! ¡¿Dónde estás?!

El joven santo miró en dirección de los llamados y recordó el pequeño inconveniente que había armado el día anterior, golpeando su frente con la palma de su mano.

—¿Esa es la voz de Rasul? —preguntó, aun abrazada a él, mirándolo con cierto reproche.

—Eh… te dije que había ocasionado algunos problemas —dijo sonriendo, esperando que no se enfadara.

—Sabes que el maestro dijo que este lugar de entrenamiento es un secreto, ¿cierto?

—Es que él se volvió loco cuando no te vio en el muelle —explicó—. Por cierto, ¿qué clase de relación tienes con él?

—¿Ah? ¿Relación?

—Es que él parecía muy cercano a ti —se excusó temeroso por el tono de sus preguntas, desviando su mirada hacia la ventana. Ahí, pudo ver al joven moreno pasar inquieto, buscando en todas direcciones—. Es mejor que te arregles. Yo me encargo de él.

—Gracias, Shun —dijo, mirándolo, mientras mantenía sus manos en su pecho. Recién ahí el santo reparó de forma más racional en la situación en la que se encontraba. La tenía abrazada, a pocos centímetros de su cuerpo, vistiendo un corto camisón de dormir, habiendo revelado que se atraían mutuamente. Tragó grueso para tener la firmeza para soltarla y salir a arreglar su problema.

—Gracias a ti —susurró, acariciando su mejilla—. Recuerda tu máscara —habló con seriedad.

Ella soltó una risita por su evidente preocupación. Unos minutos después, ya estaba sola en su habitación. Mantenía sus manos unidas sobre su pecho, recordando las palabras de Shun, "me gustas, June", llenando de felicidad su corazón. Rebosante, se puso su ropa de entrenamiento, sin olvidar su máscara y salió al encuentro de su aprendiz. Justo en ese momento, recordó la carta de Saori, por lo que se devolvió a buscarla.

Entre tanto, Shun salió de su cabaña, con la felicidad a flor de piel, la que se desvaneció casi automáticamente al ver al joven moreno. No sabía por qué, pero él le generaba un extraño malestar.

—¡Ey! ¡Tú! —escuchó que lo llamaba—. ¿Dónde está June?

—Se está preparando. Ya viene —contestó apático.

—¿Cómo? ¿Estabas con ella? Entonces, esa es su cabaña —dijo, caminando en su dirección.

—Detente ahí —lo amenazó el santo— Dije que se está preparando. Es mejor que esperes.

—No tengo por qué obedecerte —respondió furioso—. ¿Acaso eres el dueño de este lugar, niñito? —preguntó con tono burlesco.

El santo tuvo que respirar y exhalar varias veces para poder calmarse. Era la primera vez que alguien lo sacaba de quicio y eso era muy raro en él.

—¿A quién le dices niñito? ¿Será que olvidaste qué ocurrió ayer? —interrogó, intentando contenerse para no armar más dificultades y haciendo tiempo para que June llegara.

—Me pillaste desprevenido —reconoció avergonzado.

—Entonces, no insistas. No me gusta pelear con las personas, prefiero razonar con ellas. Si te mantienes quieto, esperando, nada malo pasará —explicó, cruzándose de brazos, interponiéndose en la pasada.

—¿Malo? ¿Me estás amenazando? —preguntó indignado. Justo en ese momento, vio que la amazona salía de su cabaña con una máscara cubriendo su cara— ¿June?— corrió hasta ella, confuso por su vestimenta.

—Rasul, ¿qué haces aquí? —escuchó su voz salir detrás de aquel metal.

—June… eres tú. Pero, esa máscara…

—Habrá algunas cosas que explicarte, pero dependerá de tu capacidad para guardar secretos —dijo con las manos en la cintura.

—Por supuesto. Si tú lo pides, puedo hacer cualquier cosa —reveló embelesado.

¿Cómo podía ser tan desinhibido?, pensó el futuro santo de Virgo. A él le había costado mucho verbalizar sus sentimientos, en cambio el moreno lo hacía parecer algo tan… tan simple. Sentía un leve desazón al verse enfrentado a él, que parecía mucho más seguro.

—Shun, ¿puedes acercarte? —escuchó la voz de ella, sacándolo de sus divagaciones. Caminó lento y pesado hacia ellos, un tanto desanimado. La amazona encontró que su actitud era muy extraña, teniendo en cuenta la alegría que habían compartido hacia solo unos instantes. Pensó que quizás el haber dormido incómodo le había restado energías—. ¿Podrías atender a Rasul, por favor? Debo encargarme de mi aprendiz y su hermana ahora.

—Está bien —contestó—. Sígueme —ordenó al intruso.

Caminaron hasta la cabaña de Albiore en silencio. El santo pensaba en la forma de reafirmar sus sentimientos hacia June de manera que no le cupiera ninguna duda de lo que sentía por ella. En ese momento su compañera ocupaba todos sus pensamientos de modo alarmante para alguien que debería estar entrenando. Sacudió su cabeza, intentando liberarse para poder hablar con ese sujeto tan prepotente desde su punto de vista.

—¿Y? ¿Me explicarás qué sucede aquí? —preguntó el invitado.

—Es mejor que comamos algo primero. Aún no desayuno —respondió desganado. Caminó hacia la mesa en busca de algo saludable. Le arrojó una manzana, la que fue interceptada por el otro en el aire—. Temo que no haya muchas cosas para servirnos. Bueno, eso tú lo sabes.

—Hacemos lo que podemos. No existen muchos lugares donde conseguir alimentos frescos. Escojo lo mejor para June —dijo, dando un mordisco a la fruta.

—¿Por qué hablas de ella con tanta cercanía? —inquirió, con una punzada en su corazón.

—La veo todos los meses. Conversamos. Aunque nunca la había con máscara —respondió, con naturalidad.

—¿Nunca? —preguntó alarmado.

—Me parecía extraño que siempre estuviera cubierta, solo podía ver la punta de su nariz —explicó reflexivo, sin darse cuenta de lo que provocaba en su acompañante.

—El rostro de una amazona no debe ser visto por ningún hombre —reveló, cruzándose de brazos y cerrando los ojos, indispuesto por la charla.

—¿Amazona? ¿Estás diciendo que ella es una amazona? ¿Cómo la de las historias? Con razón el mal humor...

—Nosotros somos santos dedicados a Athena. Protegemos el mundo de ataques que ni siquiera imaginas —dijo, manifestando su cosmos con suavidad. Rasul quedó estupefacto ante la revelación de poder y la explicación que le estaba dando. ¿Era posible que existiera una orden dedicada a proteger a la humanidad y esta no supiera nada al respecto?—. June cuida este lugar de entrenamiento después que nuestro maestro Albiore murió. El pequeño que trajiste viene para ser entrenado por ella. Pero, todo esto es secreto y necesito saber que cuando te vayas, no lo revelarás.

—Le prometí a June que no lo haría —habló resuelto—. Una pregunta, ¿qué pasa si alguien ve el rostro de una amazona?

—Ella debe elegir entre amarlo o… matarlo —respondió, dirigiéndole una mirada seria, pensando que aquello disuadiría a aquel sujeto.

—¿Amarlo? ¿Está obligada a amarlo si no quiere matarlo? ¿No es eso cruel? Debería tener más opciones…

¿Cruel? ¿Acaso él estaba cuestionando las leyes de Athena? En realidad, no tenía por qué entender sus ideologías, pues jamás había escuchado acerca de ellos. Sin embargo, era cierto que eso solo le daba dos opciones a ella. ¿Había decidido amarlo porque no era capaz de matarlo?, se preguntó.

—Eso es algo que June aceptó al decidir ser amazona —respondió, saliendo de la habitación—. Espera aquí hasta que venga a buscarte —dijo desde afuera.

Al salir, pudo respirar profundo, intentando calmar las emociones de su corazón inquieto. Su amiga venía saliendo de la cabaña del aprendiz sola y, resuelto, se acercó a ella.

—¿Hablaste con Rasul? —preguntó al verlo caminar en su dirección. Sin embargo, no obtuvo respuesta, solo sintió su mano tomar la de ella, arrastrándola en dirección a su cabaña.

Al entrar, él se detuvo, soltando un suspiro en busca de alivio a sus emociones. Ella lo miraba confundida, preguntándose qué había sucedido para que él actuara de esa manera tan fuera de lo común. Para su sorpresa, se volteó y la rodeó con fuerza, abrazándola como si fuera a desvanecerse. Se apartó un poco y con decisión, arrancó de su rostro aquel frío metal que la cubría, cuyo privilegio sabía que estaba reservado solo para él, y la dejó caer al suelo. Al fin pudo volver a ver sus ojos azules que demostraban asombro ante su actitud tan desinhibida. Él sonrió con dulzura para aliviar su tensión, acariciando su mejilla.

—Perdón, pero me desespera verte con máscara —reveló un tanto avergonzado. La escuchó reír y su corazón palpitó rápido, comprobando que lo que él sentía por ella era real y fuerte… muy fuerte. Atrajo su rostro con lentitud, acortando los centímetros que los separaban.

La amazona tembló de emoción al sentir sus suaves labios en su frente, cerrando sus ojos para disfrutar la tierna caricia. Con sus latidos acelerados, notó que su mano se deslizó hacia su nuca, enredando sus dedos en su cabello, sintiendo arder su rostro ante el contacto de un beso en su mejilla.

Shun disfrutaba cada caricia que le entregaba con devoción, intentando transmitirle el amor que había descubierto gracias a ella. Respiró hondo para cumplir su último deseo. Con lentitud fue acercándose a su rostro de nuevo, sintiendo la respiración acelerada de ella, que lo miraba sorprendida ante sus acciones, hasta que al fin alcanzó su objetivo, rozando sus labios rosas con timidez. Sin pensarlo más, profundizó el contacto, fundiéndose en un anhelado beso.

June se percató de que el aire le hacía falta debido a la emoción contenida en su pecho, mientras unas lágrimas asomaban a sus ojos. Su deseo de ser plenamente correspondida por él se estaba cumpliendo en su totalidad, más allá de sus expectativas. Percibía como sus labios bebían de su boca de forma suave y devota, como temiendo romper el romántico momento y, aún en contra de su deseo, sintió que se separaba de ella, recuperando la respiración, visiblemente sonrojado, sin poder ver sus ojos que estaban cubiertos por los mechones de su cabello. Supo que debía demostrarle y reafirmarle que ella también se había sentido dichosa de compartir su primer beso, por lo que elevó su mano hasta rozar su mejilla, alzando su mirada y le sonrió ampliamente, a pesar de que las lágrimas seguían saliendo sin control de sus ojos.

—Muchas gracias, Shun…

Él la miró sorprendido, pero agradeció en su interior que comprendiera su sentir desesperado por demostrarle su profundo afecto en una caricia física tan cercana como un beso. Y sin meditarlo, volvieron a fundir sus labios anhelantes de amor.

Continuará…

Notas: Hola! Había tardado en actualizar este fic debido a mi dispersa imaginación :P Disculpen la tardanza...

Espero que hayan disfrutado de la lectura, le puse harto sentimiento a este capitulo en especial, tanto así que me puse a dibujar una portada para este fic n.n

Muchos saludos, Selitte :)