Ágape

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Esta historia participa en el reto mensual Fic X-mas de la página de facebook Retos randoms de randoms fandoms.

Los personajes utilizados en esta historia son propiedad de Clamp y son utilizados sin fines de lucro.

6. San Nicolás

Otra cosa que odiaba de diciembre, además del frio, era la gente, los centros comerciales estaban abarrotados de personas caminando en todas direcciones cargando enormes bolsas y cajas adornadas, y entre todas esas personas estaba él, Li Shaoran, aunque todo el camino intentó disimular su mal humor, la verdad no pudo, apenas salir del estacionamiento una mujer cargada de cosas había chocado con él, a duras penas la mujer logró mantener todas las bolsas en sus manos y sin mayor problema y después de disculparse ambos siguieron su camino. Apenas ingresó al área de tiendas, las canciones navideñas se escucharon, afuera de las tiendas los empleados repartían propaganda con los descuentos portando el tan típico gorro rojo.

Miró su reloj, llevaba 15 minutos de retraso y si había algo que odiaba era llegar tarde, se dirigió a las escaleras eléctricas, para llegar al tercer piso, se dirigió al área de comidas, entró en uno de los locales, que terminó siendo una cafetería, en una de las mesas de la orilla, la vio, a pesar de que habían pasado casi 20 años desde la primera vez, su reacción era la misma, su corazón se aceleró y todo rastro de mal humor se esfumó, observó desde lejos a la mujer de su vida, sonreía mientras miraba su teléfono, aquella sonrisa capaz de iluminar hasta el día mas nublado, con paso decidido caminó hasta ella.

-hola

-¡Shaoran! Qué bueno que llegaste, ya me estaba preocupando

-había mucho tráfico, pero ya estoy aquí ¿ya pediste algo?

-no, decidí esperarte

Después de una deliciosa comida la pareja se dirigió a recorrer las tiendas, mientras hablaban y reían, aquello le recordó a sus días de adolescencia cuando tomados de la mano caminaban juntos durante sus citas, lo único que había cambiado desde entonces era el hecho de que ahora estaban casados y tenían dos hijos, porque el amor que se tenían seguía intacto, aunque pensándolo bien, ahora la amaba mucho más que antes.

-¿en qué piensas Shaoran?

-en lo mucho que te amo mi amor –respondió dándole un rápido beso

-¡Shaoran! Estamos en público, compórtate –las mejillas de la mujer estaban rojas, miraba en todas direcciones asegurándose que nadie los hubiera visto

-¿por qué? si es muy divertido ver cómo te sonrojas

-no digas tonterías, mejor dime si crees que esta camisa le guste a mi papá –dijo mostrándole una camisa de color celeste

-es un color bonito, seguro le gustará

-bueno, entonces creo que me la llevo, y casi terminamos las compras, solo nos faltaría lo más importante

-¡no! Había olvidado por completo que hoy también compraríamos los regalos de los niños

-tenemos que hacerlo hoy, ya no tenemos otro día libre, vamos a pagar esto

La ojiverde jaló a su marido entre quejas hasta la caja donde pagaron la camisa y otras cosas que habían escogido, además del frio y la gente, la tercera cosa que Shaoran odiaba era la visita a la juguetería, cada año Kohaku y Midori hacían una carta dirigida a San Nicolás, la cual era una lista con los más variados y extraños nombres de juguetes, pero el problema no era la cantidad de juguetes que pedían, sino encontrarlos, a su queridísima amiga se le había ocurrido abrir una gran tienda de juguetes que ocupaba todo un piso del centro comercial, e ir allí era una tortura, cientos de pasillos llenos de los juguetes más extravagantes que se pudieran imaginar, desde simples muñecas y carritos hasta juegos de realidad virtual, robots, muñecas interactivas y todo lo que pudieras (y lo que no también) imaginar.

Adicional a eso siempre había un montón de niños corriendo, empleados disfrazados como muñecas y superhéroes, en resumen: encontrar los juguetes que sus hijos pedían se transformaba en una misión suicida, Sakura y Shaoran se dividían y acordaban encontrarse en la entrada dentro de determinado tiempo, Sakura siempre iba por los juguetes de Midori y acababa por tardarse más del tiempo acordado, su mujer seguía sintiendo debilidad por todo lo que fuera tierno, de colores pastel y/o esponjoso, le costaba una enorme fuerza de voluntad no voltear todos los estantes y echarlos al carrito para llevarse todo a casa, la siguió por un rato sin que se diera cuenta, caminaba por los pasillos mirando todo con más entusiasmo que las niñas que iban por el mismo pasillo.

Vio como se detuvo y cogió de uno de los estantes un gran conejo blanco de felpa, tenía un moño morado en una de sus orejas y el cuello, miró la lista y después de negar con la cabeza lo volvió a colocar en el estante, Shaoran sonrió y se dio una idea de lo que podía regalar a su esposa, su cerezo era una mujer sencilla, a pesar de ser consciente de su posición social como la esposa del jefe del Clan Li, nunca se le veía en las fiestas vestida de manera extravagante o utilizando joyas caras como muchas otras mujeres, su apariencia sencilla y su carácter dulce se había ganado un montón de defensores dentro del grupo de magos al que pertenecían (además claro de sus grandes poderes como dueña de las cartas) y eso siempre lo hacía sentir orgulloso, su amada con su sonrisa y su calidez era capaz de derretir el corazón mas frio, si lo sabría él, en fin, miró su reloj y descubrió que como siempre que se quedaba mirando a Sakura se había entretenido demasiado, así que con paso decidido se dirigió a buscar los juguetes de su hijo, y tal como predijo fue toda una odisea, niños por todos lados haciendo berrinche, padres peleando con los vendedores por algún artículo agotado, lo normal cuando estaban a unos días de navidad.

Después de un buen rato de recorrer la tienda encontró todo lo de la lista, lista que ahora debía mandarle a Tomoyo con el fin de que no hubiera regalos repetidos, se quedó pensando, dentro de poco seguramente necesitaría una habitación más grande para guardar los juguetes, sonrió al recordar las caras alegres de los niños al mirar tantos regalos bajo el árbol.

Con todas las cosas ya pagadas y envueltas y la cajuela del auto llena, la pareja de castaños se dirigió a su casa.

-¿te sientes mal Shaoran? –preguntó la ojiverde con preocupación

-solo me duele un poco la cabeza, ya sabes que tanto ruido y gente me estresan

-cuando lleguemos a casa te prepararé un té y esta mañana hice un pastel de chocolate que seguro te encantará

-en ese caso espero que lleguemos pronto –le dijo con una sonrisa

A final de cuentas, recompensas como esa y ver las caras llenas de alegría de sus hijos valían cualquier dolor de cabeza, aunque al final Kohaku y Midori agradecieran por los regalos al famoso San Nicolás, Papá Noel, Santa Clos o como sea que le llamaran al tipo ese de traje rojo.

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Un saludo a las personas que dejaron sus comentarios, espero que la historia siga siendo de su agrado y me acompañen a lo largo de este reto, gracias por leer. : )