KHR no me pertenece

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Yamamoto sonrió alegremente mientras miraba a su jefe. Se rascó la nuca y echo un vistazo rápido a su compañero. Gokudera se removió nervioso en su lugar.

"Yo, Tsuna" El aludido le miro alzando una ceja, aun sin moverse de su lugar, a unos pasos de las puertas de su despacho. "Los chicos pensaban que estabas enojado con nosotros. Por que bueno… Tú ya sabes, ehh en fin. Gracioso ¿cierto?"

El albino estiró el cuello de su corbata con incomodidad. Silencio.

Tsuna le sonrió dulcemente a Yamamoto haciéndole sentir un escalofrío, antes de tomar la pila de papeles que el espadachín traía en manos. Gokudera estaba a punto de disculparse –de nuevo, cuando notó como el ex beisbolista daba un paso atrás con un tic en la sonrisa y colocando una mano en su hombro, impidiéndole acercarse. El bombardero enarco una ceja con un juramento mental y dirigió la vista a donde el otro la tenía fija. Su amado Décimo con la mueca de jefe-número-uno — aka mejor-cara-de-póker-en-la-Mafia, según Fuuta. Y el papeleo.

Fue entonces cuan Gokudera la vio, escondida en esos ojos serios, retrocediendo también. Era eso y no cabía duda. Tragó duro. Definitivamente ahí estaba. La chispa.

El jefe se carcajeó.

Si, la chispa cínica de Tsuna (una que los Guardianes veían en los momentos feos y de la que estaban demasiado seguros, era un efecto secundario de la tutoría de Reborn).

Tsuna sacudió la cabeza y activo su Modo Última Voluntad. Una danza de la victoria mental y cantando algo parecido a: ´espero verte arder en el Infierno, maldito ´, bien, definitivamente le gustaba como se oía eso. El castaño observo su papeleo mientras reía, sus ojos dorados brillantes (como los de un ciego que ve el sol por primera vez. Un sol prendido fuego). Tsuna no era piromaníaco (si bien el tenia las manos y la cabeza, constantemente en llamas. De la forma mas literal posible), pero él estaba disfrutando de aquello.

Suspiro con satisfacción, ya ni siquiera cenizas quedaban en sus manos de lo que alguna vez fue su tortura (hace unos pocos minutos, en realidad), es decir, ¿Cómo había podido olvidarlo? Él tenía un día libre. ¡Un maldito día libre por el amor a las tartas! Casi quiso gritar un ´ ¡Al carajo todo, yo quiero ser un delfín!´.

Tsuna limpio una lagrima invisible de sus ojos antes de dar media vuela en el pasillo y desaparecer —saltando por la ventana —, bajo la sorprendida (y quizá un poco perturbada) mirada de sus Guardianes.

Yamamoto rió nervioso "¿Ves, Gokudera? ¡Te dije que no estaba enojado!". Hayato se desmayó.

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