500.— La última clase del día fue DCAO y jamás imaginé que el profesor Snape me pidiera quedarme un momento...

Sentí como mi corazón saltó emocionado y expectante por saber que quería hablar conmigo...

Y definitivamente jamás en todos estos años en Hogwarts imaginé que el profesor se disculparía por todos los insultos que me hizo... Sorprendida, no supe que decir y a continuación al ver que no hablaba me pidió que fuéramos amigos...

¡Amigos! Internamente grite cual si fuera una mandrágora... Acepté porque es la oportunidad que siempre busqué desde que me convertí en su acosadora, como me dice Ginny...

Ser amigos me dará la oportunidad de descifrar el enigma que es Severus Snape...

01/11/96.

(Hermione)

Era tan reconfortante estar entre sus brazos, escuchar el latido de su corazón y que mis sentidos se embriagaran de su aroma... No quiero abrir los ojos y darme cuenta que es un sueño, que él no está aquí...

— Todo esto es real, Jean, aquí estoy...— y como si hubiera leído mi mente, su voz se volvió a escuchar.

¿Por qué escuchar su voz me hacía erizar la piel?

El viento soplo un poco y yo me aparte de él, nuestros ojos se encontraron y no pude hacer más que sonreírle. Mis ojos se empañaron por las lágrimas, no era un sueño... Era real, él estaba aquí, había despertado y no estuve ahí para verlo. La sonrisa se fue apagando al percatarme de que quién estuvo ahí fue la insoportable de Evangeline Rosier.

Y sentí rabia, celos. Me crucé de brazos, mientras que a él se le dibujaba una media sonrisa burlona.

— Nunca en mi vida había presenciado como una persona cambiara tan rápido de estado de ánimo...— dijo burlón.

Una carcajada salió de mi boca al recordar que dijo las mismas palabras aquella vez en que como castigo me puso a colocar en frascos ojos de sapos... Completamente asqueroso.

(Severus)

¡Por Salazar! Escuchar su risa era una melodía para mis oídos. Tener la oportunidad de ser la razón de su alegría me hacía feliz a mi también. Haberla tenido de nuevo entre mis brazos fue como volver a vivir. Amarla y tener la certeza de que ella me ama hace que le agradezca a la vida por darme una segunda oportunidad de seguir aquí...

Cuando paró de carcajearse nuestros ojos volvieron a encontrarse...

— ¿Hace cuánto?— pregunta seria y un poco triste.

— Dos o tres semanas...

— Me hubiera gustado estar ahí...— dijo en un susurro— ¿cuándo te dieron el alta?— está vez fuí yo quien se puso serio.

Y antes de que pudiera decir nada, me observo ceñuda.

— ¡Eres un inconciente!— grito furiosa— ¿Cómo pudiste ser tan imprudente?

— Ya estaba harto de estar entre esas cuatro paredes, además yo me siento perfectamente bien— expliqué— no podía dejar de desearte un feliz cumpleaños y traerte tú regalo.

— ¿Mi regalo?— preguntó incrédula y menos furiosa.

Asentí y extraje del bolsillo de mi abrigo la pequeña caja color rojo, muy Gryffindor para mí gusto, pero por ella puedo soportarlo.

Sus ojos marrones se iluminaron y sus mejillas se tornaron rojas. Tomó la cajita de mi mano y procedió a abrirla.

Sus ojos brillaron felices y se cristalizaron por las lágrimas...

— Es muy hermoso, Severus...— dijo emocionada— muchas gracias.

Tomé la cadena de plata con el colgante de un pequeño jazmín blanco, ella se dió la vuelta apartando su cabello para colocar su regalo. Una vez puesto, volvió a abrazarme murmurando un gracias.

Así abrazado a ella y con la luna como testigo prometí confesarle mi amor. Este regalo era el primer paso a dar en el plan que he elaborado para confesarle mis sentimientos, entregarle por fin mi corazón y que haga con el lo que quiera.

Mi pequeña Jean... La amo y aún no tengo una explicación clara de cómo y porqué el amor que sentía por Lily acabó dando paso a este amor por ella, la insufrible sabelotodo...

La hora de la despedida llegó...

— Deberías ir a dormir, es muy tarde...— comenté.

— Y tú debes volver al hospital...— dijo entrecerrando los ojos.

— Que remedio— puse los ojos en blanco y ella sonrió— estaremos en contacto por carta, sólo espero que me den el alta pronto.

— No seas necio, Severus es por tu bien... Hasta pronto— volvió a abrazarme y antes de irse dejó un beso en mi mejilla.

Fue una gran sorpresa para mí, nunca antes lo había hecho y esa sensación de calidez que ella me daba se acentúo más con ese beso.

— Hasta pronto Jean...

La observé perderse en la oscuridad de la noche y cuando estuve seguro de que no me vería, me dejé caer sobre un viejo tronco, me sentía cansado...

— Eres un inconciente, Severus— se escuchó la voz de Evangeline.

— Calla y ayúdame, debo volver a San Mungo antes de que se enteren que no estoy.

— Claro y como siempre yo estoy cubriendote, vamos...— tomó mi brazo y caminamos rumbo a su despacho para utilizar la chimenea.

Las llamas verdes nos envolvieron y salimos a uno de los pasillos del piso donde esta ubicada mi habitación. Era medianoche y el lugar estaba completamente vacío.

Una vez en mi habitación, cambié mi ropa a la ridícula bata de hospital. Evangeline me dió una poción para dormir y poder descansar. Agradecí su ayuda y ella se despidió.

El sueño me invadió casi de inmediato y como siempre mi último pensamiento fue ella con su hermosa sonrisa...

* * * *

Mientras tanto, en un oscuro y lúgubre callejón de Londres muggle, la figura de un encapuchado esperaba ansioso la llegada de su cómplice.

El sonido de la aparición lo alertó, con varita en mano enfrentó a quien había llegado...

— Ya era hora...— habló el encapuchado— ¿qué noticias me tienes?

— Él ya ha despertado pero aún sigue en San Mungo...

— ¿Y la sangre sucia?— interrumpió el hombre.

— En Hogwarts...

— Bien, por el momento no puedo hacer nada, los necesito juntos, mantenme al tanto...— y luego desapareció.

Minutos después la otra persona desaparecía también, de aquel callejón solitario...