Una vez más gracias a Pequebalam por prestarme el glorioso nombre de Rasmus. My lady, creo que abuso de confianza pues he decidió utilizarlo también en otro fic el cual lleva por nombre:
Ahora y por siempre.
Espero tenerla de visita por allá y que me dé su opinión acerca de esa nueva historia.
Atte: Ciel Phantomhive.
Capítulo 5 Jinete y Dragón 1/2.
La familia entro a la casa en total silencio. Entre las manos de Hiccup reposaba la titilante esfera dorada que era el alma de Bocón el Rudo. Nod y Nathan miraban tentativamente a su abuelo como esperando a que soltara algún sarcasmo pero se mantenía silente.
Hiccup coloco delicadamente a Bocón en las manos de Nod y sin mayores ceremonias mando a sus hijos a su cuarto. Ellos intentaron protestar hasta que el gruñido del alfa acalló cualquier protesta.
Una vez solo Hiccup dio un suspiro hondo antes de tomar asiento. Debía recuperar un poco la calma antes de dar pie al tema o terminarían discutiendo y eso no beneficia a nadie.
—¿Quién es Grisweld? —Esa fue la pregunta con la que Hiccup abrió la conversación una vez que sintió que estaba en control de sus emociones.
Toothless gruño y bajo la cabeza. Esta plática iba a ser como ni mínimo espinosa. El jefe vikingo entendió perfectamente a su Ást y en apoyo se puso de pie para acercarse y acariciar la escamosa piel de su pareja. Con suaves movimientos circulares fue relajando a su mitad, no valía la pena que se estresara y angustiara en ocultarle cosas, tarde o temprano terminaría sabiéndola y en ese momento lo comprendería y apoyaría tal y como siempre había sido, seria y será…
—No importa lo que pase. Lo enfrentaremos juntos. —Aseguro Hiccup mirándolo a los ojos y juntando sus frentes en ese gesto tan suyo —Si no quieres hablar de él, que tal si empezamos por tu nombre… Rasmus. — Hiccup parecía seriamente lastimado por la falta de confianza de su pareja y sin embargo, la pregunta fue hecha con voz aterciopelada y condescendiente.
—Hiccup yo…
[…]
—Quiero que elijan jinete y dragón. —Ordeno Toothless apenas verlos bajar por las escaleras a la mañana siguiente.
Nod lo miro primero asombrada y después molesta, Nathan farfullo un par de insultos, luego ambos buscaron apoyo en su otro padre. Hiccup meneo la cabeza y sonrió conciliador y los hermanos entendieron ese decreto tan firme era una decisión de ambos padres.
—No me interesa si están o no preparados. —Se adelantó el alfa a cualquier pretexto. —El estar solos es un lujo que a partir de ahora pude costarles la vida.
Los jóvenes intercambiaron miradas comprendiendo que esta medida se estaba tomando de manera tan urgente debido al ataque de aquel Tifomeran de nombre Grisweld. Por un lado entendían a la perfección a sus padres pero por el otro…
—Si para dentro de dos días no han hecho su elección, yo lo are por ustedes y saben por quienes me inclino. —Declaro con un dejo de picardía Rasmus mientras veía la mueca de horror dibujada en las facciones de sus hijos.
Nod y Nathan maldijeron. ¡Claro que lo sabían! El dragón de Nod seria Ridley, después de todo el Skrill era el más fuerte en la bandada. Y para Nathan sin duda su padre le daría el honor a Allen Hofferrson pues había probado en más una ocasión sus habilidades como jinete y guerrero.
—Dos días, tienen dos días.
Ambos jóvenes salieron en silencio arrastrando los pies con pesar.
Hiccup sentía las piernas temblarle. Ya habían tenido que enfrentar innumerables peligros pero por alguna razón el que sus hijos esta vez se vieran involucrados le hacía sentir vulnerable. Con un gesto amargo volvió su vista hacia la esfera dorada que reposaba sobre un cojín junto al fuego.
Aunque el resplandor ya era constante parecía demasiado débil para incluso hablar. Hiccup dio un suspiro. Bocón había arriesgado lo último que tenía, su propia alma con tal de salvar a sus hijos…
—No podemos dejar que las cosas sigan así —Argullo apretando las manos en puños. Después de escuchar la explicación completa Hiccup había decidido dos cosas. Una: comenzaría a llamar a Toothless por su nombre real porque sonaba elegante y noble, además era parte de él como Dragón, y; dos: dejaría de lado el pasado, porque lo que sucedió antes de que se conocieran no afectaba en nada los sentimientos que actualmente se profesaban y la gran necesidad que demostraban el uno por el otro.
—Lo buscaremos y terminemos con esto. —dijo en tono tan contundente Rasmus que a Hiccup no le quedo la menor duda de que a su pareja arreglaría la situación lo más pronto posible. —No lo quiero ni remotamente cerca de ti, ni de mis hijos.
Hiccup asintió y sin más se apresuró a montar. No existía nada que estando juntos no pudieran solucionar. Aunque…
—No estaría demás avisarle a Astrid y a Henry para que vigilen a esos dos…
Rasmus asintió y se dirigió a la choza de del asesino Campbell.
[…]
Ridley dio un jadeo ahogado cuando la figura agraciada de Nod aterrizo justo en medio del campo de entrenamiento para dragones. Era de esperarse que buscara participar en ese adiestramiento después de casi matar a golpes a todos los vikingos varones de Berk.
Lo que él no sabía era que ella pretendía ver de cerca a los posibles candidatos a convertirse en su compañero de vuelo.
Nod dio un fuerte zapatazo contra el suelo desempolvando sus botas y sonriendo antes de retar de forma pretenciosa —¿Quién quiere jugar? — mientras blandía una lanza.
Ridley sonrió lascivamente antes de gritar a todo pulmón. —Y el ganador se queda con la chica.
Nod torció el gesto de forma desagradable cuando el vitoreo y algarabía de los reptiles aplasto sus protestas. Empero se encogió de hombros aferrando la lanza entre sus manos y asegurándose de llevar una cantidad generosa de flechas en el carcaj. Les dejaría claro a esos reptiles quien era Nod Hamish Haddock III
—Esto será divertido. —Dijo ella alegremente.
Y así comenzó la pelea de todos contra la hija de Haddock.
[…]
Nathan volaba con suavidad, solo planeando. Tenía muchas cosas en la cabeza, de ellas su mayor preocupación giraba en torno a elegir incorrectamente a su jinete. Era una decisión que no podía tomarse a la ligera pues a ese vikingo le confiaría en determinadas situaciones su propia vida.
Debían además de ser compatibles, sentir empatía y cariño.
Nathan dio un suspiro hondo, sus padres eran el ejemplo perfecto de lo era la unión de un jinete con su dragón. Su relación era… perfecta.
Si tan solo el puediera… si tan solo ella fuera menos…
Si tan solo ella no fuera…
Una fuerte embestida lo estampo contra los riscos del acantilado que rodea a Berk. Nathan dio un gruñido de dolor e intento volver a elevarse sin llegar siquiera a desplegar sus alas pues dos zarpas golpearon su lomo. Esta vez solto un rugido lastimero al sentir su sangre brotar de su piel.
—Un niño mimado, eso es lo que eres. ¿Qué te ha estado enseñando Rasmus sobre ser un dragón? Eres una vergüenza para nuestra raza. Enclenque inútil. —Siseo el Tifomeran, retirándose levemente para dejarlo incorporarse. —¿Cuál es tu nombre?
—Nathan Furious Haddock —contesto en un gruñido preventivo y mirándolo de frente listo para atacar.
—Llevas nombre de vikingo — rumio molesto Grisweld, en cada palabra parecía escupir desprecio. —Pero que deshonra.
Nathan no lo soporto, sentía la sangre hervirle desde la punta de las orejas hasta la cola, cada célula de su cuerpo gritaba por un satisfacción para su orgullo maltratado. Sin darse cuenta sus escamas comenzaron a desprender un brillo azul, tenue y casi imperceptible pero sin duda era el símbolo de poder de todo Furia.
El Tifomeran sonrió por adelantado, esquivando la bola plasma sin problema alguna, lanzándose en picada con las garras por delante para tomar las alas al pequeño Furious, ¡de Furious no tenía nada!, sus zarpas rasgaron las finas hembras desgarrándolas de las alas para por ultimo lanzarlo hacia el mar.
Grisweld rio malicioso ante su logro, apresurándose a seguirlo pues pensaba darle una buena zarandeada al hijo de Rasmus, sería una gran invitación a arreglar viejas rencillas, después de todo el Furia Nocturna fue por mucho un imbécil malagradecido al abandonarlo como lo hizo.
¡Oh! Sí. Iba a disfrutar muchísimo obligándolo a buscarlo. Lo haría sufrir para que sintiera todo el dolor que él experimento después de su traición.
Un aroma suave y delicado le lleno las fosas nasales haciéndolo elevar la barbilla para percibirlo mejor. Era el mismo que había apreciado en el vikingo castaño aunque un poco más tenue y dulce. El aroma de la pareja de Rasmus era firme y veleidoso, comparable al olor del bosque en plena primavera mientras que, el que ahora percibía podría compararse a un atardecer de finales de otoño.
—Es la chica… —susurro asombrado y salió disparado siguiendo a su olfato. —Esa niña también es su hija. —Gruño gustoso. —Rasmus va a suplicar clemencia….
[…]
Nod sonrió cuando por tercera vez lograba esquivar las púas mortíferas de un Nader. Sin duda era mucho más divertido practicar con dragones que con vikingos.
En un dos por tres la arena completa se vio envuelta en llamas y los dragones agitaron sus alas buscando elevarse y contratacar al alevoso adversario que los tomo desprevenidos.
Grisweld gruño frustrado. Los jóvenes dragones de Berk eran inútiles en el arte de la guerra, ya no eran dragones libres, se habían transformado en mascotas mimadas sin la más mínima idea de lo que era una verdadera batalla sus instintos estaba fuera de práctica. ¡Por sus antepasados! Ni siquiera habían notado su presencia hasta que fue demasiado tarde y ahora que buscaban levantar el vuelo el Tifomeran ya los esperaba con otra trampa.
Nod salió de debajo del ala de Ridley, si no hubiera sido por el Skrill ahora sería brocheta. Un segundo después dio un jadeo ahogado cuando el crujido de los troncos que sostenían el alambrado del área de entrenamiento llego a sus oídos y fue demasiado tarde para impedir que los reptiles aletearan cuando, con un crujido más fuerte el mallado se vino abajo aplastando las alas extendidas de los dragones impidiéndoles cualquier intento de escape.
—Y se hacen llamar guerreros. —Siseo Grisweld despectivo. —Hasta un Terror sería más peligroso que ustedes juntos.
Varios gruñidos se escucharon pero ninguno tenía un ángulo de tiro para siquiera rozar al Tifomeran.
Sin perder tiempo Grisweld aterrizo en el centro de la arena, ahí en donde una chica de ojos verde toxico lo miraba con ira. El Tifomeran acerco la trompa olisqueando con deleite el aroma a… Celo.
El dragón rugió complacido y extendió sus alas, igual que lo aria con cualquier hembra a la cual quisiera cortejar. Rasmus tenía suerte, pues dejaría vivir a su hija si aceptaba ser su pareja, de lo contrario bien podía matarla e intentar con el vikingo castaño, que fue en primer lugar, el que lo tenía hechizado o… ¿porque no? quedarse con ambos.
Nod afilo la mirada, podía ver el brillo en los ojos de aquel reptil y no le gustaba para nada sus intenciones. Dio un paso atrás lista para escabullirse entre los cuerpos atrapados bajo la red de metal.
No era cobarde, pero Camicasi le había enseñado a no arriesgarse con batallas perdidas, — es mejor vivir ahora para pelear mañana. — le había repetido innumerables veces.
Nod apretó el arco entre sus manos, solo necesitaba distraerlo un segundo para tomar un poco de ventaja. No era tonta, por supuesto que notaba la gran desventaja de competir con un dragón.
—Ya eres mía. —Declaro con tono firme dejando que su aliento chocara contra el rostro de Nod.
—Primero muerta. —Respondió ella, sacando de un rápido movimiento una daga que escondía en su brazo y clavándolo con puntería magnifica en el ojo derecho del Tifomeran
Griswel rugió de dolor logrando con una de sus garras arrancar el puñal.
Sus alaridos inundaron la arena como un himno que vaticinaba una lucha truculenta. —Sera como gustes… —Siseo con desprecio antes de alzar el vuelo. No tendría piedad con la pequeña arpía.
Continuara…
Vaya, creo que la historia está mejorando, pero aun así. De verdad, tengan toda la confianza de decir cuando comienza a decaer la trama.
Atte: Ciel Phantomhive.
