Nada como una caminata, cierto despliegue de galantería y decir la verdad de frente, para que Rada y Maribel compartan una preciosa velada. Y mientras ellos crean su propia burbujita de felicidad, cierta tropa de locos insiste en reunir sacrificios humanos para Xibalbá… aunque no digamos que les va muy bien.
¡HOLA A TODOS! Me esforcé en torturar al buen Rada. Y aun así, mal genio y todo, el tipo se portó muy bien. Para referencias a mi estilo y a ciertos aspectos del fic, lean 'Littera Minima' y sus secuelas. En esta ocasión, sumen 5 años a las edades del canon (sí, hubo cambio de año, recuerden). O si les resulta más fácil y menos complejo, dense una vuelta por el perfil de Ekléctica, donde encontrarán la línea de tiempo oficial: al principio de cada año aparecen las edades.
Un especial agradecimiento a Seika Lerki, Tsuyu Ryu y Ekléctica (El Concilio del Fic), madrinas y lectoras de prueba de este fic, que además de incentivarme y animarme a escribir, aplacaron mis instintos asesinos y varios personajes vivieron para contarlo.
Una recomendación especial, si quieren ver este universo expandido, lean "Madness of Love", de Lady Seika Lerki y el omake "Lo que Sueño de ti" y las adorables miniserie "Familia" y "Futuro" de Ekléctica. Finalmente, "Luz Amatista", de Tsuyu Ryu, es una joya. Las conversaciones que las inspiraron a ellas, de paso me inspiraron a mí para retomar este hábito mío de escribir fanfictions. ¡VAYAN A LEER! =D
Saint Seiya, la trama y sus personajes pertenecen al genialísimo Masami Kurumada y a quienes han pagado por el derecho respectivo. No estoy ganando dinero con esto, nada más entretengo a mi imaginación y le doy más trabajo a mi Musa. D8 ¡NO TENGO FINES DE LUCRO!
ADVERTENCIA
Cualquier coincidencia con la realidad, con situaciones reales y semejanzas con personas vivas o muertas, es una mera coincidencia. Se pide criterio y discreción por parte de los lectores. Debido a la naturaleza de algunas escenas gráficas, se pide extra cuidado. No me hago responsable de castigos, lesiones, o penas capitales derivados de la lectura de este capítulo.
¡No intenten nada de esto en casa!
... sobre todo abrazar a Rada. Muerde.
"XXII. FACTA, NON VERBA"
("Hechos, No Palabras.")
Capítulo 5: De Cara a Nuevos Desafíos.
Cobán, Guatemala.
25 de septiembre. 19:02 horas.
Maribel tenía que reconocer que Keiran era una buena compañía. A ella le gustaba la gente gruñona después de todo, tenían encanto y casi nunca (siempre habían excepciones) eran hipócritas, al menos a su parecer. Radamanthys, tras escuchar su nombre, se encogió de hombros y volvió la mirada a uno de los hombres que hasta hacía unos momentos había estado animando la pelea. Era uno de los locatarios e intercambió algunos comentarios con él; tras darle un último puntapié a uno de los caídos, que ni moverse quería (ya fuese por el susto o dolor), se alejó de la escena con Maribel sujeta de su brazo izquierdo. Radamanthys nunca supo en qué momento le ofreció tal apoyo a la mujer, pero bueno, ella tampoco sabía bien porqué lo había aceptado. Como fuese, ambos terminaron caminando por la calle, dejando todo el escándalo tras de sí.
Maribel miró hacia atrás una última vez: al fondo todavía podía ver el lugar de los hechos y, a juzgar por esos juegos de luces, había llegado la policía a ver qué pasaba. Tragó saliva y enfocó la vista hacia delante, tratando de dilucidar al mismo tiempo qué podría estar pasando por la cabeza de Keiran, aferrándose más a su brazo. Radamanthys por cierto iba gruñonamente por la vida, sin que los eventos que acababa de provocar le importaran en lo más mínimo, pero contento porque al mismo tiempo había podido repartir golpes a gusto.
Aunque hay que decir que el juez se estaba preguntando porqué Maribel no había salido huyendo cuando lo vio peleando.
A todo esto, ¿Por qué le había ofrecido el brazo? Aaaaah sí… El vago recuerdo de un par de coscorrones bien propinados por su padre le recordaron que él era un inglés bien criado que siempre debía ofrecerlo a las mujeres que le interesaren… Maribel llamaba su atención, así que se explicaba.
¡Pero que alguien le explicara por qué lo habían aceptado! Apenas se conocía con la chica.
"¿Qué pasó allá atrás?" Preguntó Maribel en español.
"Les explicaba amablemente que no me gusta que me asalten." Gruñó Radamanthys tragando saliva, en inglés.
"Oh." Maribel se mordió el labio. En seguida cambió el idioma. "¿Te lastimaron?"
"No."
"¿Seguro? Quizás tienes una herida interna. ¡Deberías hacerte ver!"
"¡Que no, mujer!" Radamanthys se apretó el puente nasal. "Estoy acostumbrado, sé como pelear."
Una extraña sensación en las tripas le subió por la garganta cuando Maribel se aferró con algo más de firmeza a su brazo. Sonrió sin quererlo, aunque pronto sacudió la cabeza para sacarse esa sensación de encima. Bah. No le era tan desagradable, quizás hasta se acostumbraba. La pareja se detuvo en una esquina, a esperar la oportunidad para poder cruzar la calle.
"¿Lo dices porque sigues alguna disciplina deportiva o porque eres pendenciero así de normal?"
"Todas las anteriores." Rada hizo un desdén con la cabeza y comenzó a cruzar la calle con Maribel del brazo, muy pendiente del tráfico. "Pero no es práctica deportiva. Es un asunto de disciplina y parte de mi trabajo."
"¿Entonces no estás herido?"
Por instinto, Maribel le puso su mano libre sobre el pecho y lo palpó, como buscando heridas ocultas, y sin ninguna mala intención. Radamanthys aguantó la respiración muy tieso, y por largos momentos no supo como interpretar el asunto. Primero, estaba muy consciente de su espacio personal y siempre le había desagradado que las demás personas se le acercaran mucho. Segundo, este gesto lo ponía nervioso, le daba roña si se quiere, como a cualquier otro inglés: no estaba acostumbrado a tan flagrante invasión de su burbuja, pero como que esa manita sobre su pecho se sentía maravillosa. Tercero, no sabía interpretar la naturalidad del gesto de Maribel y mucho más importante… no sabía como sacársela de encima.
¿Por qué le había dado el brazo? ¿Por qué se lo habían aceptado? ¿Cómo se la quitaba de encima? ¿Por qué su manita dejaba ese rastro tan agradable bajo su piel?
Oh, Bloody Tartarus! Ahora que lo pensaba… necesitaba un abrazo.
¡NAAAH!
"¡Que no, mujer! I'm Bloody Fine!" Gruñó Rada sacudiéndose de encima a la chica, incluso soltándola, con bastante presteza. "¿Por qué te preocupas?"
"Porque eran tres contra uno." Maribel ladeó la cabeza y se estiró la ropa. Como que ahora que ya no estaba sujeta del brazo de Rada se sentía extraña. "¿Dónde aprendiste a pelear? Tienes técnica, se reconoce. ¿También les enseñan artes marciales a los historiadores en Inglaterra?"
A propósito, ¿por qué había aceptado el brazo del inglés? Maribel se sonrojó un poco.
"Es parte de mi trabajo. Bah. Ni siquiera lo sentí." Rada se cruzó de brazos y bufó de muy mal humor. Su orgullo comenzó a patearle fuerte en el pecho. ¿Qué hacía conversando con esta mujercita? Debería irse al tártaro sin asco y dejarla porque no necesitaba a nadie que lo anduviera siguiendo como un cachorrito perdido. Miró de reojo y muy enojado a Maribel, quien sonrió con astucia. Sintió como se enrojecían sus mejillas. "No fue nada, en serio: lo hago todo el tiempo. Es normal."
¿Dónde había visto esa sonrisa?
"¡Te despachaste a tres delincuentes! ¿Cómo va a ser eso normal?"
"Eran Siete. No viste a los primeros cuatro: los dejaron escapar." Explicó Rada sacando pecho, como intentando verse más grandote de lo que ya era.
"¡Siete! No seas mentiroso. ¡¿En serio eran siete?!"
"Siete dije, ma'am." Rada empuñó la mano. "Huyeron como los cobardes que son." El juez relajó el rostro y la miró de tal manera, que cualquiera hubiera pensado que era una inocente palomita. "Yo no miento: sé en qué parte del Inframundo caen los mentirosos, así que lo evito todo lo que puedo."
"Eran siete tipos." Maribel parpadeó sorprendida. "¡Wow! Fueron siete indeseables. ¿Eres del MI6 acaso? Porque si dices que pelear es parte de tu trabajo…"
"¿Yo del MI6? No. Too mainstream." Rada se detuvo unos instantes a pensar y sonrió con travesura. "Aunque no me sorprendería que me tuvieran bien fichado."
Maribel se detuvo sobre sus pasos. Ya ni sabía que pensar de este sujeto. Radamanthys siguió caminando, pero se detuvo unos pasos más adelante y se giró un poco, como esperando que la chica lo alcanzara. Esa mirada de admiración que le dedicaba le parecía ingenua y fuera de lugar, pero al mismo tiempo no tanto. La mujer, por lo visto, aún conservaba su capacidad de asombro y él no le iba a sofocar las ilusiones.
No, no solo esa sonrisa se le hacía conocida, ella también. ¿En serio nunca la había visto antes?
"¿Fichado tú? ¿Quién te podría tener fichado?"
"El MI6."
"Te voy a creer eso." Gruñó Maribel con firmeza. "¿Qué es lo que no me dices? ¿Debo temer por mi integridad?"
"No, estás a salvo conmigo, ma'am." Le dijo Rada sin sentirse ofendido. Le sonrió con picardía. "No te he dicho en qué trabajo, pero es cosa que preguntes, Maribel."
"¡Mr. Keiran Radamanthys Ainsworth! Eres un hombre muy extraño." Le dijo dando un par de zancadas hasta llegar junto a él. Reiniciaron la marcha. "No usas tu primer nombre, sino el segundo, el que por cierto es de uno de los jueces mitológicos del Inframundo; eres historiador, das cátedra en palizas y crees que el MI6 te tiene fichado. Te obligaron a salir de vacaciones y quieres pasear por la verdadera Guatemala, no la envasada que encuentras en guías malas hechas por gente inepta. ¿Quién eres, en qué trabajas y qué secretos guardas?"
"No te olvides que te pongo atención, Miss Maribel Sánchez." Dijo guiñándole un ojo. "Y esas fueron tres preguntas." Añadió con calma. Claro… que aguantó de golpe la respiración: ¡¿Por qué hizo eso?! Maribel se sonrojó un poco.
"Eso también, lo admito. ¿Me dirás quién eres?"
"Soy Radamanthys de Wyvern, de la Estrella Celeste de la Ferocidad. Soy un juez de Hades, el dios de mi devoción y a quien le consagré mi vida y juré proteger. Vigilo la esfera de Caína en el Inframundo, donde juzgo a las almas de los orientales e investigo y juzgo los fraudes."
La temperatura pareció bajar en ese momento y una brisa le dio énfasis a la afirmación de Rada. ¿Un juez de Hades? Maribel entrecerró los ojos, como si buscara en el sujeto algún detalle que le indicase lo contrario o algo especial que lo identificara como tal. Casi sin darse cuenta, la mujer dio un paso al frente y para sorpresa soberana de Rada, puso sus manos sobre sus mejillas, como quien se asegura que la persona que tenía al frente era real. Rada tuvo el violento impulso de retroceder e interponer algo de distancia entre él y la mujer, pero al mismo tiempo se contuvo: se sorprendió a sí mismo gustándole ese contacto. Maribel le sonrió maravillada y lo soltó.
"¿Hablas en serio? Un juez de Hades. ¿Uno de verdad?"
"Sí. ¿Por qué crees que el MI6 seguro me tiene fichado?" Le dijo en tono de broma. Le complacía y sorprendía que la chica no hubiera salido huyendo. "Me late que esos me quieren mandar una temporada a vivir a expensas de la Reina solo por si acaso."
"¿Por qué a expensas de la Reina?"
"Así decimos cuando alguien va preso. Es el Estado quien paga tus gastos, y siendo la Reina su cabeza… pues eso."
La mujer lo miraba con sorprendido interés.
"Ya veo." Maribel le dio un amistoso codazo. "El cretense Radamanto ejerce aquí un imperio durísimo. Indaga y castiga los fraudes y obliga a los hombres a confesar las culpas cometidas y que vanamente se complacían en guardar secretas, fiando su expiación al tardío momento de la muerte…" Citó casi de memoria.
"Libro VI de la Eneida. Virgilio." Afirmó Radamanthys complacido, reconociendo en seguida el texto. "Sigue así: '… Al punto de pronunciada la sentencia, la vengadora Tisífone, armada de un látigo, azota e insulta a los culpados, y presentándoles con la mano izquierda sus fieras serpientes, llama a la turba cruel de sus hermanas'. Me sé ese pasaje de memoria. Pero la realidad no es tan así: es mucho peor."
"¡Eres un Juez de Hades!" Exclamó la mujer como tratando de convencerse. "Digamos que no te creo… ¿Cómo me pruebas tú que lo eres?"
A Radamanthys pareció gustarle el desafío, era un coqueteo casi ingenuo y lleno de curiosidad y no le provocó disgusto. Por supuesto que no dejó que nada de esto se reflejara en su rostro: se quedó mirando a Maribel con su seria expresión e inspiró profundamente por la nariz. Cerró los ojos y al mismo tiempo encendió su cosmo, solo lo suficiente como para rozar la presencia de la mujer con su energía. Apenas usó una fracción de su poder, casi ínfima, pues no podía darse el lujo de usar más. Solo lo suficiente como para que Maribel percibiera un cosmo tan real y peligroso como el suyo. Si se le pasaba la mano, bien podría lastimarla.
Esto bastó para la mujer se diera cuenta que Radamanthys decía la verdad. Retrocedió sintiendo los pelos de punta, y aunque asustada, también se maravilló. Este inglés extraño había capturado su atención completa. Quería saber más de él.
"No miento, mujer." Le dijo fingiendo molestia, en español. Maribel, producto del despliegue de energía, se sujetó del brazo de Rada, quien aprovechó de sujetarla mejor. "Que te quede claro… al menos la mayoría del tiempo."
"Lo tendré en mente. Te creo." Le dijo aún sorprendida, tragando saliva. Se soltó del juez a regañadientes, mordiéndose el labio en el proceso. Le sonrió al cabo de un rato. "Te obligaron a salir de vacaciones. ¿Acaso trabajas mucho? ¿Quién te obligó?"
"Trabajo lo que tengo que trabajar… y mi señor Hades quiere que socialice más: fue él quien me ordenó venir aquí." Rezongó esto último bajando los hombros, volviendo nuevamente a su idioma.
"Entonces… si eres un juez, tiene sentido que el MI6 tenga tu ficha… y… ¡Pudiste haber matado a esos tipos!"
"Sí, pero no. No. Hoy no quería matar a nadie, pero estaba aburrido." Confesó Rada reiniciando la marcha (y ofreciéndole de nuevo el brazo a Maribel) "Uno de esos sujetos llevaba un buen rato siguiéndome. ¡Creí que nunca intentaría robarme!"
"¡Sabías que te iba a asaltar! ¿Por qué no lo evitaste?" Preguntó sorprendida.
"Llevo días sin pegarle a nadie. ¡Me aburría! Fue un buen ejercicio." Rada apretó los dientes. "¡Así no se puede! Uno necesita encajarle sentido común a los idiotas de vez en cuando."
"Eso lo puedo comprender." Comentó Maribel recordando la pelea. "Ven por aquí… cerca queda un sitio bien bonito." Le indicó dándole unos tironcitos en la dirección adecuada. "En lo que llegamos, háblame del Inframundo."
"Have you lost your mind, woman?!" Exclamó Radamanthys sorprendido. "¿Estás segura? ¿Y como es que me crees?"
"Sí, estoy segura. Te creo… Me gusta escuchar aventuras e imaginar todo aquello." Maribel se mordió el labio. "Nunca había conocido a alguien como tú… ¡Cuéntame! ¿Cómo llegaste al Inframundo? ¿Qué tal es? y… ¿Has probado los colochos?"
"¡¿Colochos?! No, Never. ¿Qué son esos?"
"¡Ya vas a ver!" Exclamó Maribel con un guiño y una gran sonrisa, sin soltar su brazo. "Cerca hay un buen sitio donde los venden."
Radamanthys la miró con intensa reprobación en la mirada, pero mientras más ceñudo se ponía, más le sonreían de vuelta, lo que no sabía cómo interpretar. Lo que si sentía era que su orgullo reclamaba como enajenado, pero a él y a su Wyvern interno les valía madres. Esta mujer no le tuvo miedo, se quedó aunque no parecía ser lo más prudente de todo. Le mostró que él era alguien peligroso y aun así optó por quedarse a escucharlo. O sea, no solo tenía seso entre las orejas, sino que además… tenía agallas bien puestas.
Y le gustaba como se sentían sus manitas sujetas de su brazo, conste. Como que se sentía feliz.
Cualquiera que osara tocarlo así, perdería los dedos o la mano en el acto: no le gustaba que lo tocaran, pero esto… estas manitas de la chica… Radamanthys, inconscientemente, decidió en ese momento que eran suyas.
Bufó fingiendo desagrado.
Su Wyvern interno hinchó pecho lleno de orgullo.
"Bueno. Verás Miss Maribel: Todo comenzó hace…"
Comenzó a contarle y ya no se detuvo.
Ciudad de Antigua, Guatemala. Algún ático desconocido.
25 de septiembre. 20:08 horas.
Con justificada razón podemos decir que existen dos tipos de villanos: los astutos y los torpes. El nivel de educación, como ya se dijo, nunca es indicativo ni garantía de cuán genio o peligroso pueda ser un villano, la vida suele sorprendernos en ese sentido.
Este lote sin duda estaba en el segundo tipo de villanos. Todos eran profesionales, pero sin duda que sus fanatismos mal enfocados, inseguridades y otras trancas emocionales les habían llevado a ese punto. Quizás qué vacío intentaban llenar. Ahora… de que eran torpes, lo eran: en todos esos días no se las habían podido ingeniar para realizar ni un solo sacrificio. Cada víctima escogida para ese fin había escapado asustada y tras darles una buena paliza; ni siquiera habían podido arrinconar o retener tan solo a una el tiempo suficiente para reducirla y sacrificarla al Xibalbá. Muchas se habían defendido incluso antes de huir, y obviamente habían denunciado la situación a las autoridades. Incluso hubo una que no huyó, sino que agarró el palo más cercano que encontró y los terminó correteando a ellos. Como ven, la policía de la ciudad de Antigua estaba al tanto de estos locos con disfraz que intentaban asustar a los incautos, pero como no pasaba más allá de eso, no le hacían mayor caso. Tenían otros problemas más urgentes que controlar que unos pobres infelices incapaces de hacerle daño a nadie.
Esa era la impresión que tenían las autoridades de ellos. Los tomaban por idiotas inofensivos que hacían bromas muy malas y molestas. ¿Las víctimas? Ciertamente no estaban felices por el susto que habían recibido y con justa razón habían denunciado, sobretodo la de los escobazos, pero a la final no les había pasado nada y bien podían quejarse del manejo del caso y de las respuestas que la policía les daba.
Esta sensación de fracaso atormentaba a estos locos, pero no se angustiaban por mucho rato. Como que le estaban pillando el gusto a tratar de secuestrar gente para matarla, aunque de momento no les resultara. ¡Iba a ser extraordinario cuando por fin lograran retener a sus víctimas! No obstante lo anterior… Quicxic y Patan habían decidido enviarles ayuda.
No digamos que esos dos Señores de Xibalbá tenían esperanzas en que estos lograsen concretar un sacrificio, pero bueno, eran los únicos quienes les estaban ayudando y en una de esas le daban con el palo al gato. Por eso optaron por darles una mano.
"Es maravillosa." Dijo Elián.
"Digna de Xibalbá." Nicolás, el improvisado líder, tomó una bocanada de aire, muy inspirado. "Ella nos ayudará a conseguir nuestro objetivo."
"¿Alguien sabe como se llama?"
Todos miraron a su anónimo compañero, cuya voz se alzó desde el fondo del grupo. El muchacho de unos dieciocho años los miró con ojos curiosos, pero no obtuvo respuesta alguna. Nadie podía dársela tampoco, pues olvidaron preguntar su nombre.
"Digamos que se llama Culebra y ya." Dijo Lucy. "Es linda."
La Culebra en cuestión era monstruosa. Su cuerpo era extraño, parecía estar hecho de humo, arena y líquido de color muy negro y pestilente. Tenía varios cuernos coronándole la cabeza de color muy blanco y muy brillante, que parecían estar hechos de cristal, al igual que sus colmillos. Los ojos refulgían de un naranjo intenso y muy tenebroso. La Culebra además podía atravesar paredes y era enorme.
"No es una mascota, nuestro señor Quicxic dijo que nos obedecería y protegería en tanto le proporcionemos víctimas de sacrificio." Explicó Elián. "Si no lo hacemos, nosotros seremos el sacrificio."
"¿Y por qué no lo hacemos? El Xibalbá bien merece nuestros sacrificios." Comentó el mismo muchacho. No lo tomaron mucho en cuenta.
"¿Cómo es que funciona?" Preguntó Lucy. "¿Tenemos que ponerle a la víctima por delante o ella lo elige?"
"El señor Patan dejó muy claro que nosotros debemos proporcionarle las víctimas." Dijo Elián. "Pero no nos dijo como funciona. Tendremos que hacer una prueba."
Esto provocó una extraña desazón en los presentes. Si bien estaban muy motivados, sus últimos fracasos consiguiendo voluntarios forzosos para sacrificio les había echado el ánimo por los suelos. Hubo varios hombros que se dejaron caer. Al cabo de unos momentos, el muchacho infló pecho y dio un paso adelante.
"Yo me ofrezco de voluntario. ¡Todo sea por el Xibalbá y el regreso de Hun–Camé y Vucub–Camé! Mi vida a cambio de la de ellos." Se ofreció lleno de ilusión.
Los adultos lo miraron llenos de sorpresa. Algunos le dieron palmaditas en la espalda, otros derramaron unas lágrimas de emoción. Nicolás parpadeó conmovido.
"¿Estás seguro, Felipillo?"
"Nunca había estado tan seguro en mi vida."
"¿Pero y tus padres?"
"Ellos no son dueños de mi vida. ¡Y todo sea por la gloria de Xibalbá!"
Se produjo otro instante de silencio, en que la tensión bien se pudo cortar con un cuchillo. Elián se encogió de hombros.
"Sacrificio es sacrificio. El muchacho es voluntario, eso dará energía de mejor calidad."
"Pues sí, eso es cierto." Comentó Nicolás. "¿Alguien sabe si hay algún ritual para presentárselo a Culebra?" Muchos menearon la cabeza negativamente. "Supongo que habrá que improvisar."
"Yo me encargo." Dijo el muchacho avanzando hasta el monstruo. Se detuvo hasta quedar frente a él y le fijó la mirada. La Culebra se irguió con creciente interés. "Me presento como voluntario para sacrificio humano, criatura. ¡Haz lo tuyo por la Gloria del Xibalbá!"
"Hsssssss…"
Los cuernos de la culebra comenzaron a brillar de pronto y una arenosa negrura comenzó a expandirse por el lugar. El muchacho tragó saliva, asustado, pero se mantuvo firme cuando la bestia comenzó a rodearlo, siseando tenebrosamente. Pronto el muchacho no pudo apartar la mirada de los anaranjados ojos de la criatura y el miedo comenzó a inundar su pecho. Se le heló la sangre en las venas. La culebra abrió las fauces y mostró sus peligrosos colmillos.
"¡HSSSSSSSSSSSSSSSS!"
Y Siseó con Fuerza, abalanzándose sobre su presa con inusitada violencia.
"¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAARGH!"
…
Los gritos no fueron ahogados y, desesperados de terror y dolor, pudieron oírse en las cuadras aledañas, logrando que los habitantes de las casas cercanas (ajenos a lo que estaba ocurriendo tan cerca), dieran un respingo preocupado y se preguntaran qué mismo estaba pasando.
Xibalbá obtenía así su primer sacrificio humano.
Inframundo. Giudecca, Enfermería.
Dos días después. 27 de septiembre. 6:21 horas.
Valentine se quedó mirando el dedo allí donde lo habían picado con esa aguja. Esa gotita de sangre había vuelto a crecer un poquito luego que Rea le tomara el examen. Se supone que él mismo debería estar tomándose sus niveles de azúcar, pero digamos que la doctora no confiaba mucho en la rigurosidad del joven espectro. Thanatos le había comentado a Rea que Valentine no se tomaría muy en serio su enfermedad los primeros días, pero que una vez que asumiera que no era el fin del mundo, se haría cargo solo.
Pobrecito. Sus exámenes habían determinado diabetes tipo 1… y que necesitaría insulina para vivir. No se estaba tomando a bien dicha información.
Bah. Al menos tenía toda la ayuda del mundo a su disposición. Rea anotó los números en una ficha para futuras referencias y lo miró de reojo. ¡Pobre chiquillo! Tan arma de destrucción masiva y tan solo al mismo tiempo, como que necesitaba un abrazo.
"Si te portas bien, Valentine, y aprendes como picarte la insulina, te conseguiré los parches Freestyle Libres." Le dijo Rea mientras esperaba el resultado. "Tengo una amiga pediatra que me los puede conseguir."
Valentine ni siquiera la miró. Tenía los ojos fijos en su dedo y no se le veía nada feliz: comenzaba a deprimirse. Rea suspiró y negó con la cabeza, mientras preparaba la insulina. Esto debería hacerlo el propio espectro, pero bueno… ya aprendería solo.
"Anoche no cenaste, Vale." Insistió, tocándolo en el brazo para llamar su atención.
"Sí cené." Respondió desganado.
"Tienes cincuenta y ocho de azúcar. Discúlpame si te pongo en duda."
"No estoy acostumbrado a cenar. Nunca me ha gustado." Gruñó de mala gana. Valentine la miró con cara de pocos amigos. "Menos cosas tan malas."
"También explica tu mal genio. La abstinencia de azúcar suele arruinarle el carácter a cualquiera: no te culpo." Rea se acercó y se sentó junto al espectro, al que le dio maternales palmaditas en la espalda. ¡Pobrecito! ¡Se veía tan desvalido!
Oh wait!
¡¿Desvalido un Espectro?! ¡Qué buen chiste! Rea apretó los labios, pero no dejó su actitud. Bah. No llevaba tanto tiempo trabajando en el Inframundo, pero por alguna razón ya se sentía mamá osa de todos los malditos infelices a quienes ahora debía cuidar su salud. El trabajo ya era brutal, y eso que la enfermería apenas había comenzado su marcha blanca hacía una semana. No tuvo ni tiempo de adecuarse siquiera. Sumado al hecho de hacer fichas médicas para cada espectro, atender temas burocráticos (como las fiscalizaciones finales del Ministerio de Salud) y encima lidiar con los accidentes de entrenamiento que surgían día a día, comenzaban a convencerla de tomar el trabajo a tiempo completo, pero YA.
Claro, iba a necesitar ayuda. Ciertamente ella sería ama y señora de aquél lugar pero, por diosa que fuera, no iba a poder con tamaña carga laboral, necesitaba ayuda. Al menos Hades lo sabía.
"Necesito chocolate… ¡así no puedo entrenar! No me siento de ánimo y estoy siendo muy draconiano con los juicios." Se lamentó Valentine angustiado. "Voy a engordar… seré obeso mórbido y un lastre para el Inframundo. Lo peor es que ni siquiera me van a poder echar a patadas porque estaré muy gordo."
"Valentine…"
"¡Me Van A Poner A Rodar En Lugar De La Roca De Sísifo! El sujeto en vez de tener que llevar la piedra cuesta arriba, me va a tener que empujar a mí."
"Al menos podrás insultarlo si eso ocurre." Comentó Rea con una media sonrisa. "Esto no es el fin del mundo. ¿Sabías que hay un jugador del Southend United que juega con una bomba de insulina?"
"No. ¿Eso porqué tendría que importarme?"
"Porque es un jugador profesional de fútbol. Quizás no es como tú, pero también tiene un régimen de alta exigencia y vive la vida y su carrera sin mayores sobresaltos."
"¿Qué me quiere decir, señora Rea?"
"Doctora Laurens." Lo corrigió la joven diosa. "Lo que te quiero decir es que se puede vivir con diabetes. Incluso con tu ritmo de vida si te cuidas bien. Si un simple futbolista profesional puede, ¿por qué tú no?"
Valentine la miró si querer comprenderla del todo. Incluso infló los cachetes, pero rápidamente Rea le dio un buen zape que le bajó varias rayitas a su drama.
"¡AUCH!"
"¡No me mires así ni me gruñas, espectro!" Exclamó la chica resoplando. "Vas a superar esto y de la mejor manera. ¿Eres un espectro o no?"
"¡Claro que lo soy! Pero no es el punto." Protestó Valentine empuñando las manos. "No me sirven ejemplos de futbolistas, cuando yo todavía no me acostumbro." Valentine frunció el ceño. "Estoy molesto, pero tengo que acostumbrarme. Ya me repondré, solo necesito que me dejen en paz… y que dejen de mirarme con lástima."
"… Es más difícil de lo esperado, ¿verdad?" Le preguntó con paciencia.
"Sí." Valentine bufó molesto. "… en serio necesito chocolates."
"¿Chocolates?" Preguntó Rea intrigada. Al notar como el espectro se amurraba, le inspiró un poco de piedad. "Al menos trata de comer los sin azúcar. Son mejores… claro, si el diabetólogo te autoriza."
"Los amargos no me gustan… y todavía no me dejan comer de eso. ¡Tienen mal sabor, como todo lo que tengo que comer ahora!" Valentine empuñó las manos y molesto se puso de pie, ignorando las protestas de su estómago, que ansiaba por ir a desayunar pronto, por desabrida que fuera ahora su comida. "¡No me gusta nada! Y tengo que comer muy seguido: eso me molesta. Estoy de mal humor, cansado y me pesa todo. ¡ODIO que me miren con lástima! ¿Qué acaso tengo lepra que ya nadie quiere entrenar conmigo? ¡Y que no me vengan con que me pueden lastimar! ¡SOY UN MALDITO ESPECTRO! ¿En serio creen que me voy a dejar pegar así no más y…?"
Una mano sobre su hombro lo interrumpió. Valentine se detuvo de pronto para ver a Rea mirándolo con atención. No había lástima en sus ojos, pero sí mucha empatía: puede que la mujer no entendiera exactamente qué estaba atravesando, pero sin duda que lo apoyaba. No pudo evitar un puchero.
"… Fallé como espectro. Así no puedo servir a nadie." Dijo apenas en un hilo de voz.
"¡Eres un espectro de Hades!" Le dijo muy seria. "Tienes diabetes tipo 1, pero que eso no te detenga. ¡Eres un espectro peligroso, digno de servir a tu señor! Se puede vivir con esta enfermedad, y hacer una vida completamente normal, incluso tan activa como la tuya. Tienes muchas cosas a favor y…"
"¡NO Puedo Hacerme Heridas! ¡Se me van a gangrenar los dedos y me van a terminar cortando los pedazos como si fuera un salame!" Protestó asustado. "¡Lo vi en Google!: Voy a tener problemas de estómago, de piel, de vista. ¡Úlceras espantosas! Pérdida de sensibilidad en los dedos, riñones arruinados, no tendré una buena cicatrización, tendré que cuidar mis pies." Valentine entonces la miró con honesto pánico. "¡No podré responder como hombre con las chicas y…!"
¡ZAPE!
"¡Ya bájale a tu drama! Y no me veas con esa cara, que te mereces el zape por andar buscando eso en internet." Lo regañó con firmeza. "Uno siempre está al borde de una dolorosa muerte de acuerdo a Google, incluso estando sano como lechuga." Rea resopló molesta. "Cierto, esas son complicaciones, pero solo pasarán si te descuidas y no tiene porqué pasarte todo eso que describiste."
"¡Pero…!"
"Aunque eso de no poder responder como hombre no está tan alejado de la verdad." Lo troleó Rea, sólo para hacerlo aterrizar. Valentine puso una cara digna de fotografía. Casi se murió del espanto. Rea suspiró derrotada, pero le sonrió a medias. "¡Debiste verte la cara, espectro!"
"¡Con eso no se juega, doctora!" Gimió acongojado.
"Volviendo al punto, no tiene que pasar nada de eso. Te vamos a cuidar, lo prometo." Le dijo con paciencia y empatía. "Vas a disciplinarte, irás a tus controles con el diabetólogo, seguirás sus instrucciones: vamos a vigilar tus niveles entre los dos y verás que serás el mejor espectro de todos."
"Gracias…" Balbuceó Valentine reprimiendo un puchero. Aunque en seguida sacudió la cabeza y frunció el ceño. "Aunque no me gusta que me trate como si fuera un niño." Rea le dio unas palmaditas en la cabeza.
"Entonces pórtate como el espectro adulto que eres." Le dijo con firmeza. "Tener diabetes es difícil, pero no es imposible de superar. Permítete tener tu duelo, pero no dejes que te arruine la vida." Rea buscó su bolso con la mirada y fue a buscarlo cuando lo encontró reposando en una silla no lejos de ahí. "Si necesitas hablar, me avisas. Si necesitas hablar con un profesional, te contacto con uno, si te da ansiedad… Ten esto: las conseguí para ti." Le dijo mientras le entregaba un saquito con almendras. "Tenlas a mano para cuando quieras masticar algo. Recuerda: no puedes estar tan bajo de azúcar. ¡Busca el equilibrio!"
"Gracias de nuevo." Le dijo mientras analizaba las almendras. "Nunca las he probado sin chocolate." Se lamentó.
"Siempre hay una primera vez." Le poniendo las manos en las caderas. "Lo que me recuerda, ¿No se te olvida nada?"
"¿Olvidar algo yo? Hmm. No." Confesó Valentine perplejo y hasta con ingenuidad. "¿Por qué?"
"Todo tuyo, Minos de Griffin."
Valentine tuvo una fracción de segundo en la que desesperado miró hacia ambos lados, descubriendo de pronto que el juez de Ptolomea estaba allí con su clásica sonrisa de psicópata. No alcanzó ni a decir pío cuando Minos le clavó la jeringuilla en la panza, pasando incluso a través de la ropa, inyectando la medicina en el proceso.
"¡ARGH!" Valentine retrocedió algunos pasos, sujetándose el área afectada.
"¡La insulina, Valentine! Se te olvidaba." Le dijo Minos muy divertido. El juez se puso las manos en las caderas. "Ahora puedes ir a tomar desayuno de lo más bien."
"Con todo respeto a los dos, pero ¿era esto necesario?" Preguntó Val muy enojado.
"¡Claro! Ya sabes para la próxima por si se te olvida." Contestó muy contento el juez. Valentine les siseó de mal humor.
"¡BAH! ¡Me largo!" Gruñó mientras se sobaba el área afectada. "¡Gracias doc!"
Gruñendo entre dientes, Valentine salió del consultorio y se alejó mascullando pestes a quien se le atravesase. Minos hinchó el pecho y esbozó su clásica sonrisa. Rea meneó la cabeza.
"No sé quién es peor persona: tú por disfrutar eso o yo por permitirlo." Le dijo la doctora al juez. "La próxima vez prefiero administrarle yo la medicina, así hasta que aprenda solo."
"¡Pero tenemos lista de espera! A Gordon le toca mañana." Gimió Minos, mientras sacaba una lista de su sapuri y se la mostraba. Rea rodó los ojos.
"¡Ustedes son peores que adolescentes!" Gruñó a desgano, pues en verdad tenía ganas de reírse. "¡Ya vete que tengo que poner algo de orden! A menos que me quieras comenzar a ayudar…"
"¡Ya me voy Doc!"
Minos, ni lento ni perezoso, giró sobre sus talones a toda velocidad y salió corriendo de la enfermería en dirección al comedor, huyendo cobardemente de cualquier tarea que involucrase poner orden. ¡Lindo! Siempre que Rea mencionaba que podría necesitar ayuda, los espectros salían huyendo. Se sopló el flequillo y relajó los brazos.
"Pues… a trabajar se ha dicho." Dijo en voz alta y con buen ánimo, al tiempo que se arremangaba.
"¡Miau!" La saludó Todd desde la misma camilla en la que momentos antes Valentine había estado sentado. Rea lo miró enarcando una ceja, pero no tardó en hacerle mimos tras las orejas, cosa que el gato recibió con el mejor de los gustos.
"Tú no puedes estar en la enfermería, Toddy. ¿Cómo entraste?"
"Mew."
"Nunca lo sabré, ¿verdad?" Le preguntó sin esperanza a obtener respuesta. Todd le revoleó las pestañas y pareció sonreírle. La doctora lo tomó en brazos y lo bajó al suelo. "Ya vete de aquí, ve a molestar a Giannis."
"Miauu…"
El gato pareció salir de aquella habitación, dejando a Rea sola con sus pensamientos. La doctora miró una vez más la camilla y el glucómetro que Valentine había dejado olvidado y suspiró. Ciertamente era difícil acostumbrarse al hecho de tener una enfermedad como la diabetes, pero sospechaba que su Giannis tenía razón: era cosa que Valentine asumiera y ya. Solo había que tenerle paciencia… y voluntarios a mano para pincharlo, que esa mañana había sido un problema y no solo porque el diabético se resistiera tanto, sino porque a los demás les daba cosa ver agujas y no querían sujetarlo bien.
¡Espectros rudos y se acobardaban todos por un piquete!
Miró el reloj y suspiró con ánimos.
"Hora de ordenar un poco."
Y con esto, se abocó a la tarea.
Continuará.
Por
Misao–CG
Próximo Capítulo: Placeres Culpables
… Habían estado saliendo varios días seguidos. La chica era chispeante, inteligente y cuando se relajaba y cortaba ataduras con todos los obstáculos que la detenían, era encantadora. Y sobre todo, era capaz de seguirle una conversación y de discutirle. Odiaba eso. Además era fácil confiar en ella. ¡Eso lo odiaba aún más! No debería confiar en nadie, no debería compartir nada con ella. ¡Él NO Era Así! ¿Cuándo se había visto que un juez de Hades hablara tan suelto de lengua de altos asuntos con una completa extraña? Odiaba que Maribel le inspirase esa confianza y ODIABA tener …
Nota Mental: Ahí lo tienen, Valentine es diabético y no digamos que se lo está tomando a bien. Pobrecito en todo caso. Y Radamanthys… en el fondo no solo es un caballero, sino que además se luce al respecto. Fue directo y le dijo en seguida a Maribel quien era y a qué se dedicaba, pero en vez de espantar a la chica, consiguió que esta se quedara. Eso ya parece estar cocinado. Por cierto… OmO Este fic es cortito. Lo digo desde ya. Una vez más, agradezco las sugerencias de Panzermig sobre dulces típicos. Insisto con esto, y lo haré en todos los capítulos, así que ármense de paciencia: buena parte de este fic estará ubicada en Guatemala y desde ya les pido mil disculpas por cualquier error que pueda tener, tanto cultural o de conocimientos. No fueron intencionales ni tienen mala intención. Por favor, si detectan algún error tipográfico, de ortografía y redacción, me avisan para que lo pueda reparar. ¡MUCHAS GRACIAS A TODOS POR LEER!
Si tienes alguna duda con la saga, JustMe, me avisas que sé que a estas alturas puede enredar un poco. Me alegra que te guste y ¡Gracias! Para mi escribir fics es una válvula de escape que disfruto como no tienes idea y saber que alguien más disfruta de mis ocurrencias, me llena de ilusión. ¡MUCHAS GRACIAS POR LEER Y CUÍDATE MUCHO! =D
BRÚJULA CULTURAL
Traída a ustedes gracias a Wikipedia o alguna otra página, según corresponda. En este caso, las webs de Freestyles Libres Chile, Ahora Noticias, MedtronicDiabetesLatino, Blogolengua de Lengua Española y su artículo sobre Gestos de Contacto Físico, y DeGuate com.
Colochos: Me dicen que son dulces típicos de Guatemala, hechos de guayaba o durazno, y de acuerdo a mis contactos, mejor tomarlos con alguna gaseosa o algo así, pues son bien dulces. Obviamente Valentine ya no puede comer.
Tomarse del Brazo: Aaaaah, aquellos gestos de galantería que parece que se han perdido. Con esto algunas personas podrían ofenderse y les pido mis disculpas. No estoy defendiendo ni justificando actitudes poco saludables de dominio, sino, por el contrario, señalando un hecho. También quiero dejar en claro que no me ofenden las galanterías ni la caballerosidad, sino que me fascinan. Claro… cada vez son menos quienes practican estas cosas y eso de alguna manera me pone triste. Pero en fin… ¿Tomarse del brazo? "Implica una ligazón emocional que transmite que se camina al unísono con el mismo objetivo. Quien toma del brazo a otro, acepta el camino elegido por éste. Caminar de esta forma es muy habitual en matrimonios estables, en las parejas en donde hay un interés determinado y para ayudar a quienes necesitan la asistencia extra, ya sea un anciano, un ciego o un enfermo. Predomina el carácter protector." (Citado de Blogolengua sobre Lengua Española, artículo sobre Gestos de Contacto físico) Ahora… dice la etiqueta que el hombre debe ofrecer su brazo izquierdo a la mujer y que siempre debe interponerse entre ella y la calle. ¿Por qué? Esto data de la Edad Media: primero, se la lleva por el brazo izquierdo porque se lo juzga más cerca del corazón y porque de ese modo la mano derecha queda libre para usar la espada en caso de necesitarlo y debe ir del lado de la calle para proteger a la mujer del tráfico y para evitarle salpicaduras indeseadas de barro u otras sustancias. La norma, por cierto, sigue siendo válida… aunque pocos son los que la ponen en práctica.
Tisífone: (Τισιφόνη, vengadora del asesinato), en mitología griega, era una de las tres Erinias o Furias, hermana de Alecto y Megera. Como espíritu de la venganza, era la encargada de castigar los delitos cometidos por asesinato, siendo el parricidio, fratricidio y el homicidio sus especialidades.
Freestyle Libres: Es un sensor digital en la forma de un parche que se pone en la piel y que monitorea los niveles de azúcar en la sangre de manera más fácil, en menos tiempo y sin mucha necesidad de interrumpir la rutina. No requiere lancetas ni gotas de sangre. Es más cómodo… aunque no sé porqué me huele algo caro.
Ben Coker: Jugador profesional de fútbol, defensa y mediocampista del equipo Southend United de la tercera división de la Liga inglesa. Tiene diabetes tipo 1 desde los quince años de edad. Para controlar sus niveles de azúcar en la sangre porta una bomba de insulina que le permite seguir con su vida de forma normal, incluso jugando, sin mosquearse siquiera.
Bomba de Insulina: Es un pequeño aparato (más pequeño que muchos celulares) que introduce pequeñas cantidades de insulina en el cuerpo todo el día gracias a un mecanismo de infusión del medicamento. Puede ayudar a gestionar mejor la necesidad de ajustar la dosis de insulina, en especial después de las comidas y durante la noche, y así contribuye a lograr un mejor control de la glucosa. A su vez redunda en una menor ingesta de otras medicinas.
La bomba de insulina le da mas libertad. Esto significa que puede comer cuando quiera, dormir tranquilamente y sin restricción los fines de semana, dormir fuera de casa y en viajes y excursiones sin preocuparse de las inyecciones y de la alimentación especial.
