Hey hey hey, volví! Sí, ya sé que dije que actualizaría cada semana, pero fue complicado hacerlo antes de hoy :) Aquí está, de todas maneras xD
Aviso: Este capítulo es de lo más enredado, absurdo, mal redactado y OoC que hay en el fandom(?) Okay, no tanto, pero sí será el único capítulo así de todo el fic. Las razones son que, bueno, en parte es que no lo escribí todo de golpe, y lo demás se explica en el transcurso.
Aviso2: Spoilers a Race to the Edge, pese a que eso debí advertirlo hace como dos caps xDD Y spoilers al libro I :)
La isla de los Gigantes Dragones del Sur era de un clima cálido, pese a tener flora similar a Berk. En el centro de ella un enorme árbol se alzaba imponente, y alrededor de éste se extendía un inmenso bosque, el que terminaba en un pastizal que lo unía con la playa. Sin dudas, significaba un lugar propicio para la supervivencia.
Sin embargo, pensó Hiccup, era una lástima conocer semejante paraíso en las condiciones actuales. Mientras aterrizaban en la isla –después de ser invitados– les fue indicado un lugar para pasar la noche. Una vez armado un pequeño campamento, Yra y el enorme dragón desaparecieron en la oscuridad del bosque. Llevaban un par de horas ahí, y no habían visto un sólo ser vivo en los alrededores.
—Tal vez están ocultos, –le había respondido Eret mientras se sentaba a su lado. Ambos miraban las nubes oscuras por la pronta tormenta. —No están acostumbrados al trato con humanos, quizá.
Hiccup asintió, flexionando las rodillas y recargando sus brazos sobre ellas. —Todo esto está pasando muy rápido, –admitió, un tanto avergonzado–, es decir, hace unas semanas estábamos en plena batalla, hace unos días disfrutábamos de paz, y ahora... –Suspiró con melancolía, admirando la luna todavía descubierta que le cegó los ojos por segundos.
El excazador sonrió, cerrando los ojos. Gozó de la brisa antes de contestar un simple: —Lo sé.
Haddock no necesitó nada más, sólo rió al tiempo que se ponía de pie. —No duermas tarde, mañana tenemos que irnos tan pronto como podamos. –Comandó, yéndose sin esperar respuesta.
Eret le gritó un "aye" en tono burlesco, que Hiccup respondió con una sencilla risa.
...
Toothless estaba entusiasmado, radiante. Tanto que no pudo esperar a que Hiccup despertara y abandonó el campamento de los Hooligans en busca de su hermano. No era propio de él dejar a su alma gemela sola, pero desde que se había reencontrado con su menor no hubo una sola oportunidad de que estuvieran a solas. Quería explicaciones, las merecía.
Curioso, abandonó la paz del pastizal para adentrarse en el bosque, apenas estaba amaneciendo pero hacía rato que el bullicio de un nuevo día hubo comenzado. Trepó por algunas raíces exteriores, también por unas cuantas piedras enormes y se quedó embelesado frente a un claro de extenso radio. No sólo porque la luz se filtraba con cautela entre las abundantes ramas de los árboles, tampoco porque hubiera muchos dragones. Sino porque su hermano estaba ahí, en su forma humana, cargando en brazos a una cría de Gronckle.
«¿Desde cuándo el amor a la vida?», llamó, asustando a algunas bestias desprevenidas. Obtuvo una mirada sorprendida de esos ojos de pantano.
—Bróðir, –le fue respondido, con un hilo de voz.
«No soy un hombre, háblame como a tu hermano, ¿qué somos si no?», burló, abriéndose paso entre los dragones menores que rodeaban a su hermano. Y menores porque él era un alfa, su título lo presumía cada escama de su cuerpo. Sacudió las alas con orgullo cuando quedaron frente a frente.
Yra dejó a la cría sobre su madre y alejó a las bestias con suaves movimientos de las manos. Fue obedecido, Toothless rugiendo satisfecho. «No hagas un escándalo», le dijo entre gruñidos humanos.
«No soy Hikke», contraatacó, tajante. Rugió con fuerza, terminando de ahuyentar a los curiosos que seguían en el sitio. «No has respondido a mi danza, bror», acusó, elevando las alas y rodeando al aludido con ellas.
Yra se dejó hacer, virando los ojos con desdén cuando su mayor comenzó a restregarse contra él, ansioso de marcarlo. «No somos unas crías, no tengo necesidad de hacerlo», confesó, cruzándose de brazos, enfurruñado. «No eres ni siquiera mi alfa, deja de ponerme en peligro».
«Soy tu alfa», espetó, ofendido. «Me perteneces ahora», gruñó. Se alejó como si el contacto entre ambos quemara.
«Te pertenezco tanto como tú me perteneces», aseguró, disfrutando de la duda que invadió a su mayor de pronto. «Hemos crecido, tú has elegido tu camino y yo el mío».
Toothless entrecerró los ojos, ladeando la cabeza y volvió hacia su menor con pasos lentos. «Lo hemos hecho, pero no sabía que tu camino era el de un forræder».
Yra retrocedió por instinto, sintiéndose amenazado por esos irises tan similares a los propios. Llamarlo "traidor" era una acusación fuerte. Tragó saliva, desviando la mirada lejos de su mayor.
«Jugando para dos bandos, enemigos entre sí, ¿qué buscas como resultado?», cuestionó, acorralando a su menor contra una pared de roca y su propio cuerpo. Sin escapatoria.
«No te importa nada de eso», quiso zanjar Yra, presa del nerviosismo. No dejaba de ser el menor de tres, y su hermano no dejaría de ser el mayor de todos.
«Me importa», respondió Toothless, con cierta desilusión. «Eres mío», demandó, frotando su cabeza contra el cuello ajeno. «Y eres el último que me queda».
El dragón humano cedió, resbalando hacia el suelo, su espalda contra la piedra. Dejó escapar un suspiro, apesumbrado. Rodeó –lo que sus extremidades le permitieron– la cabeza de su mayor con las manos, escondiendo la cara contra la trompa de éste. «No sé qué voy a hacer cuando me descubran», confesó, rompiendo a llorar.
Para Toothless, Yra jamás dejaría de ser la cría de su madre que nació después de él, aquella que tenía un ala más pequeña que la otra; asunto que ocultaba a la perfección con esos hechizos suyos: "si soy capaz de cambiar un cuerpo a otro, también lo soy de modificarlo", ¿no era lo que le había dicho a Hiccup cuando lo conoció?
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Haddock despertó con un dolor de espalda terrible. Lo atribuyó a su mala postura para dormir, pero su madre le dijo una vez que era cansancio, que sus hombros cargaban con un simbólico peso que no era tan simbólico después de todo. Despertó a Eret de una patada cariñosa contra las plantas de sus pies, hizo lo mismo con Fishlegs y Dagur; a Heather le sacudió un hombro con suavidad, ella despertando casi al instante.
—Cuánto amor, –dijo Dagur, con fastidio en la voz.
—¿Te lastimé? –Atacó Hiccup, volviéndose a enfrentar al exJefe. Se sostuvieron las miradas por un rato, hasta que un sonoro bostezo de Eret los distrajo.
Fishlegs carraspeó, devolviendo la paz. —Creo que es hora del desayuno, –comentó con nerviosismo, apuntando hacia el cielo.
Los jinetes (y Dagur) volvieron los ojos en la dirección a la que Ingerman demandaba atención. En efecto, los dragones se habían organizado en pequeños grupos y volaban desde diferentes partes —hasta donde alcanzaba su vista– hacia el gran árbol al centro del bosque. Sus propias bestias se pusieron de pie, agitando sus alas, emocionadas.
—¿Toothless? –Llamó Hiccup, en voz alta, percatándose recién de la ausencia de su alma gemela.
—Debió adelantarse, –tranquilizó Eret, repartiendo caricias sobre el lomo de Skullcrusher.
—Nosotros deberíamos ir también, –pidió Heather, recogiendo sus cosas–, muero de hambre.
Los demás concordaron con ella, emprendiendo camino sobre el pastizal. "Eventualmente encontraremos un rumbo", aseguró Dagur, "es mejor que adentrarnos como idiotas a un bosque repleto de dragones". Heather había reído a carcajadas, sosteniéndose de un hombro de Fishlegs para no caer al suelo y retorcerse de la risa ahí mismo.
Hiccup torció los labios al admitir que Dagur tuvo razón, otra vez. Frente a ellos, en una parte de la isla donde no había pastizal que dividiera el bosque de la playa, un camino de arena dorada se abría paso entre la aparente oscuridad de la arboleda. El exJefe Berserker le había rodeado los hombros con un brazo, una sonrisa altanera dibujada en los labios.
Siguieron la senda con expectación, alertas a cualquier dragón desviado o agresivo o, incluso, curioso. Fishlegs y Heather, aprovechando que Dagur estaba sobre Hiccup, comenzaron una plática amena, aunque Ingerman generalmente era el que hablaba sin parar y la chica se dedicaba a escucharlo con atención. Las dragonas provocaban a Skullcrusher, el que las ignoraba como buen caballero y mantenía el paso al ritmo de Eret.
—¿Sabes, hermano? –Llamó Dagur, alejándose de Hiccup cuando éste hizo amago de golpearlo. —Aparte de recalcar que estás de pésimo humor, –acusó, fingiendo indignación–, quiero confesarte que odio, detesto, ¡aborrezco!, la forma en que ese amigo tuyo trata a mi hermana.
Haddock rodó los ojos, pidiéndoles paciencia a los Dioses. —Bueno, no me lo digas a mí, díselo a ella, –respondió, esperando zanjar el tema con aquello. Sus plegarias fueron escuchadas porque, mientras el sendero comenzó a abrirse poco a poco, pudieron divisar el gran árbol por fin. No estaba muy lejos, y entusiasmados con eso, montaron sus dragones para llegar a su destino más rápido. Hiccup fue con Eret.
Mientras más se acercaban, más el árbol se extendía hacia arriba y el bosque quedaba atrás. Había muchísimos seres vivos, desde aquellos incapaces de convivir con los enormes reptiles hasta los que dependían de ellos. Eran una parte importante del ecosistema. ¿Si ellos se perdían, cuánto tardaría el resto en desaparecer? El Jefe de Berk asimiló aquello con amargura, aliviándose su mal humor de pronto. Esta vez no se trataba de un Bewilderbeast, capaz de construir grandes fortalezas de hielo para proteger a su grupo; era, en cambio, un dragón tan inmenso como lo fue Red Death, sólo que sin la hostilidad propia de éste. No sabían absolutamente nada sobre esta especie, obviando su aspecto. Si Yra pensaba pedirles que lo protegieran, ¿cómo, por Thor, podrían hacer una cosa así?
—Tranquilízate, –concilió Eret, sonriéndole sobre su hombro. —Los dragones de Drago suelen pensar en todo.
"Eso espero", pensaron los dos, sin embargo. No pudieron profundizar mucho en eso, de todas maneras. El gran árbol se sacudió con violencia, los dragones a su alrededor rugiendo con euforia. Incluso los suyos lo hicieron. Y de pronto, todos se abalanzaron hacia la enorme estructura, en una carrera a la que los jinetes eran ajenos.
—Woah, –comenzó Eret, alargando las sílabas con nerviosismo y aferrándose a la silla de su Rumblehorn–, ¡Skullcrusher!
A su grito le siguieron el de los demás, asustados por el repentino ajetreo que se armó y al que sus bestias se unieron. 'Crusher comandó a sus aliados, ellos formando una fila detrás de él, y esquivaron con inusual destreza el torbellino de reptiles voladores que se amontonaban unos con otros en el gran árbol. Windshear era la que peor lo llevaba, por ser tan grande; Dagur gritaba como un desquiciado.
—¡Toothless! –Llamó Hiccup, divisando a su dragón antes de que entraran en una especie de laberinto y lo perdiera de vista. Estaban dentro del árbol, y en algún punto de la competencia Meatlug quedó como la líder.
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El Night Fury estaba solo, montando con cierta dificultad las gigantescas raíces exteriores. Estaba agotado, llevaba toda la mañana haciendo lo mismo. Maldito sea el instante en el que abandonó a su jinete y salió a buscar a su hermano. Por suerte, había visto a Hiccup entrando a las recámaras, donde su menor le había ordenado que fuera. Apresuró el paso lo más que pudo, rugiendo con tristeza cada que no podía escalar de un solo salto.
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Yra fue llamado con insistencia, después de que le avisaran que los humanos que había traído a la isla arribaron al comedor principal. Refunfuñando, se vio obligado a asistir al dichoso banquete que el Líder había preparado para sí mismo, para él y para los invitados de Berk. Esperaba que su orgulloso hermano mayor ya estuviera ahí como habían pactado en su despedida.
Sonrojándose por ello, rememoró la escena que Toothless armó en la mañana en el criadero. Marcándolo como suyo, proclamando que era su alfa. ¿Hace cuánto que no lo ponían en ridículo de esa manera? ¿Por qué los Night Fury tenían que ser tan... arraigados a las antiguas costumbres?
«Muchacho», una voz resonó apenas entró a la primera cámara del Gran Árbol.
El hechicero reaccionó al instante, pegando una rodilla al suelo y la otra flexionándola contra su pecho. —Líder, –respondió, en tono solemne.
«Te lo he dicho, no hay necesidad en que seas tan formal», pidió con diversión en la voz, un hombre de avanzada edad, abundante barba blanquecina y baja estatura. Irónico, siendo un Seadragonus.
—Pero es el líder, no puedo... –fue interrumpido, el hombre silenciándolo con un sencillo ademán.
«Calma, muchacho», sonrió, acortando la distancia entre ambos a pasos lentos. «Nuestros invitados están por llegar, no deberíamos alterarnos ahora».
Yra asintió, guardándose para sí la mueca de fastidio que sus labios insistían en mostrar. ¿Por qué hacerle caso a ese viejo? Por su estúpida calma todo el nido podría estar en peligro.
«Dime», continuó el hombre. El hechicero se levantó de un salto. «¿Tu padre está siguiendo el rastro que dejaste?», preguntó, aplaudiendo tres veces con tranquilidad. A su llamado, asistieron una variedad increíble de señoritas con vestidos coloridos, cargando en sus manos bandejas de plata. Las depositaron sobre una enorme mesa al centro de la cámara, con una sincronía impropia de dragonas menores. Y menores porque los únicos machos ahí eran el Líder de un nido y un cazador experto.
—Sí, esta mañana mis Scauldrons lo confirmaron. –Afirmó Yra, quedándose estático cuando las señoritas se fueron y las reemplazaron unos hombres robustos y altos, ¿qué era todo esto? —Están buscando Nadders en tierras de Whispering Deaths.
«Sin equipo para cazar, ¿cierto?», finalizó con burla. El otro dragón humano asintiendo. «¡Magnífico!», exclamó, elevando las manos al aire y haciendo un escándalo a la hora de inhalar con fuerza. Yra frunció el ceño. «Eso nos permite tenerte aquí todo el día, para beber un poco, divertirnos, que desposes a una hermosa señorita». Dicho esto, se soltó a reír a carcajadas al tiempo que los hombres abandonaban el lugar, dejándolos solos otra vez.
—Me temo que no, –respondió, tajante. Gruñó cuando el contrario lo miró con pesar–. Hay muchísimas cosas que planear, preparativos que hacer, –y golpeó la mesa con autoridad, cuando el mayor comenzó a imitarlo con desdén–, estamos en guerra, Líder.
«Todavía no, muchacho», concilió el aludido, haciendo un puchero. «Los mejores guerreros pelean con los estómagos llenos y con alcohol corriendo por sus venas», entonó, con orgullo.
El cazador de Drago gruñó, cruzándose de brazos. Había huido de las garras de un loco sediento de sangre para caer al abrigo de las alas de un loco amante de la paz.
—Los mejores guerreros no son magos sin magia, –comenzó, obteniendo atención de pronto. Por fin seriedad–. Me canso muy rápido, soy incapaz de volar grandes distancias, no puedo invocar nada. –E interrumpió el posible sermón que se avecinaba–. Es cuestión de tiempo para que se deshagan de mí, mi padre lo ha notado, Cyup espera con paciencia el momento.
El Líder de los Gigantes Dragones del Sur, el Seadragonus Giganticus Maximus más fiero que jamás existió, asintió con pesar a las palabras del Night Fury, el hechicero dragón más grande de todos los tiempos.
«Por eso los buscaste».
—Por eso los encontré.
—Mi Líder, –interrumpió una de las señoritas, que se sonrojó cuando los hombres la miraron–, los invitados están aquí desde hace un rato. –Anunció, ellos tensándose ante la información.
—Hazlos pasar. –Ordenó Yra, sobándose las sienes con molestia.
«Puedes irte, gracias, preciosa», dijo el Líder, sonriendo con nerviosismo.
La chica asintió, despidiéndose con respeto. Salió del salón con prisa.
—Esto es culpa suya y de sus estúpidos rituales ancestrales. –Acusó el hechicero, dejándose caer con pesar en una de las sillas que acompañaban la mesa.
«Hey, muchacho, más cuidado con lo que dices», amonestó el Líder, «si no fuera por esos estúpidos rituales, como los llamas, no serías hechicero».
Yra gruñó, mostrando los dientes con molestia. —De ser por esos rituales estaría muerto, pero, oh, claro, ¡qué maravillosos son! –Respondió, con mortal sarcasmo.
«No es mi culpa que tu ala izquierda sea más pequeña que la derecha», se excusó con inocencia el mayor.
Y, por todos los Dioses, que ahí pudo correr sangre, pero Toothless siempre era tan oportuno. Hizo una entrada triunfal, rugiendo con galanura, calmando los aires de furia. Su menor lo miró con fastidio, cruzándose de brazos y enfurruñándose en su silla.
«Oh, muchacho, conque él es tu hermano mayor», exclamó el Líder, dedicándole al Night Fury una breve reverencia, la que fue correspondida.
Yra estuvo a punto, tan cerca de decir cualquier cosa, cuando Hiccup y el resto entraron al salón también.
El Líder se regocijó, soltando altas carcajadas y sacudiendo los hombros del hechicero. Cuánta emoción, estaba esperando escuchar las hazañas de los fieros guerreros que Yra hubo reclutado.
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Hiccup, por su parte, respiró con tranquilidad al encontrarse con los Night Fury al mismo tiempo. En realidad no tuvo tiempo suficiente para buscarlos, pero estuvo preocupado.
Admiró la decoración de la cámara, obviando el hecho de los guardias custodiando sus múltiples pasillos colindantes. Era diferente a otras en las estuvieron anteriormente. Más extensa, más iluminada, más limpia. Sonrió inconscientemente cuando la madera crujió y pudo apreciar a Yra levantándose con pesar de una silla. En el centro del salón había una mesa, poblada de numerosas bandejas con comida. Fishlegs, o el estómago de éste, expresó en voz viva lo que todos pensaron al admirar la carne. Yra carraspeó.
—Hiccup, –le llamó–, no hubo mucho tiempo anoche para explicártelo, pero, este anciano desagradable de aquí, –y señaló con indiferencia al hombre de barba blanca que estaba a un lado de él, el mismo que se quejó con indignación–, es el amo y señor de esta isla, es el Líder de los Gigantes Dragones.
«Del Sur», finalizó el aludido en dragonés, haciendo bufar al hechicero. «Debería ser yo el ofendido, ¿qué presentación fue esa?». Acarició su barba en pose pensativa. —Es todo un placer, jovencitos.
«Una digna de su persona, Líder», burló Yra.
—El placer es nuestro, –respondió Hiccup, apoyado en murmullos por los demás jinetes. Dagur se cruzó de brazos, sin pronunciar palabra.
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Después de una merecida comida, una charla amena sobre los dragones de la isla (Hiccup y Fishlegs envueltos en emoción preguntando todo lo que se les ocurriese), los jinetes fueron libres de pasearse por los alrededores, claro, con las condiciones de mantenerse unidos y ser guiados por Yra. Apenas abandonaron el salón, Eret y Dagur tomaron al hechicero de los codos y lo arrastraron hasta que se perdieron en el bosque. Todo el camino recorrido desde los laberintos dentro del árbol hasta la espesa arboleda llamando la atención curiosa de todos los dragones que los veían o escuchaban pasar.
—Estaré con ustedes el resto del día, no era necesario nada de esto. –Se quejó el menor de los Fury, pateando al excazador cuando éste comenzó a reírse de él. —Tal vez les está afectando el ambiente de este horrible lugar. –Se soltó, dedicándole a Dagur una mirada de fastidio.
—¿Qué ambiente? –Quiso saber Heather, elevando la voz cuando Fishlegs habló al mismo tiempo que ella, él alegando que "no era un horrible lugar, era perfecto".
—De día es horrible, la magia de aquí enloquece a todos. –Suspiró con cansancio cuando los jinetes y los dragones lo miraron con extrañeza–. Es casi imposible encontrar este lugar de día, porque hay magia que lo protege, lo hace..., –y sacudió las manos con pesar–, invisible, por decirlo de algún modo.
—¿Y eso enloquece a todos? –Indagó Dagur, con burla.
—Lo hace, es una magia muy poderosa, y los que no están acostumbrados a ella terminan afectados de una forma u otra. –Finalizó, encogiéndose en hombros. Se admiró las uñas con indiferencia hasta un golpe en su cabeza lo devolvió con furia hacia Eret. Después de patearlo, pese a las risas del muchacho, notó la expresión de terror de Hiccup. —¿Qué?
—¿Eso es bueno o malo?
Yra rió un poco, dejándose hacer cuando Dagur rodeó sus hombros con un brazo. —Están bien, a ustedes no les hace gran cosa porque mi magia los protege.
Todos asintieron a sus palabras, como absortos en sus pensamientos.
—¿Saben qué? –Concilió el hechicero, alejándose del Berserker–. Vayan a dormir, los despertaré por la noche, cuando no haya magia que los afecte.
Se opusieron, sin duda. Pero Yra fue tan firme como un líder nato, guiándolos a todos al mismo criadero en el que su hermano lo había "humillado" horas atrás.
—Este es un lugar tranquilo, la luz que entra no es molesta y no hay ruidos en los alrededores, es perfecto. –Anunció, tomando de la mano a cada jinete, uno por uno, recostándolo sobre pequeñas camas elaboradas con hojarasca. Continuó con los dragones, guiándolos a ellos a nidos hechos de rocas. —Vendré al atardecer, –despidió a su mayor con una voz dulce, el último al que mimó de todos.
Toothless rugió tenue antes de caer dormido a causa del hechizo de su menor.
Yra sonrió, poniendo los brazos en jarras, admirando su obra maestra. El plan iba acorde, pese a los pequeños inconvenientes que pudieron presentarse. Esperaba que todo saliera verdaderamente bien. Claro, pensamientos optimistas antes de que el aire escapara de sus pulmones repentinamente. Debía darse prisa.
...
Dagur fue el primero en despertar, estiró sus músculos y bostezó con fuerza. Hizo un gran escándalo y sólo su hermana se quejó entre sueños. Mirando a su alrededor con atención, descubrió que ahora la luz que se colaba entre las ramas era blanca. Se sentía diferente a como en la mañana. Muchísimo más ligero. Se levantó de un salto, evitando pisar a algunos pequeños dragones que dormían dispersos por todo el suelo. Sonrió con ternura ante un grupo de Gronckles, antes de saltar encima de ellos con cuidado.
Escuchó unas voces a la distancia justo cuando no había más dragones en su camino. No había más ruido que su propia respiración y los gritos de aquella conversación. Caminó, procurando sus pasos, en la dirección que creyó correcta.
—¡No lo entiende, Líder!
Eso bastó para hacerlo detenerse. Al parecer, ahora estaba presenciando la discusión frente a frente.
—Lo entiendo, muchacho, pero...
—¡No! ¡No lo hace! Esto pondrá en peligro a todos, sí, tal vez nadie venga por estos rumbos en la noche, pero gastar la magia de un Seadragonus en vano, es..., es...
¿Seadragonus? Había leído sobre eso en alguna parte, cuando buscó entre los libros de su padre (el único Berserker con aquel gusto tan peculiar) con el fin de hallar información respecto al Skrill. No podía, sin embargo, recordar lo que esas notas decían, pero estaba seguro de leer algo relacionado. *Seadragonus Giganticus Maximus*.
—Estaré bien, muchacho, esto no es nada importante.
Tragó saliva, escuchando el jadeo furioso que le siguió a esas palabras.
—¿Nada importante? ¡Podrían atacarnos ahora! ¡¿Y usted qué haría?! ¡¿Pedir tregua?!
—Te tengo aquí para manejar esa situación.
Hubo un silencio. Fueron largos minutos que contó con expectación. El hechicero de Drago, que Dagur sabía era un Night Fury, estaba en una posición peligrosa. Un paso en falso y cualquiera de los dos bandos para los que jugaba se vendrían sobre él, pero, aun así, actuaba con seguridad. Pareciera que calculaba cada paso, que sin importar qué cosa extraordinaria pudiera presentarse todo tendría que encajar en un plan. Un plan muy bien elaborado. Unos pasos resonaron en la oscuridad (pese a que escuchaba todo con claridad no había sido capaz de ver nada), dejando tras de sí el silencio otra vez. Suspiró, siguiendo su camino también. No tenía sentido seguir ahí, en plena noche, solo.
—¿Quién...? Oh, eres tú.
Dagur retrocedió dos pasos, dio la vuelta sobre sus talones y miró fijamente a esos ojos verde oscuros. Así que él seguía ahí.
—Salí a dar una vuelta, –comentó, sin afán de molestar o presumir. No sintió que respondiera a alguna pregunta.
—No te dije nada, –le confirmó el hechicero, cruzándose de brazos y rompiendo su contacto visual–. ¿Desde cuándo estás aquí?
Sonrió con sorna, caminando hacia el dragón humano. —Desde la parte en que confesaste que no querías protección en la noche para poder atacar entonces.
Aquellos pantanos volvieron a cruzarse con los suyos, sólo que los del hechicero eran lagunas más profundas. Los de Dagur, en cambio, mostraban todo lo que su dueño era, sin secretos, sin rodeos. Si el Berserker mentía bastaba con mirarlo a los ojos para darse cuenta.
—No insinué nada de eso, –le fue contestado, con todo el veneno que a Dagur jamás le hubieran escupido.
Interesante.
—¿No fue así? –Burló, soltando una risa–. Lo dejaste bastante claro..., oh, no, –jadeó con fingida inocencia–, lo gritaste, es verdad.
En su vida alguien lo hubo mirado con tanta furia. Heather no pudo odiarlo como tanto presumía, su corazón era puro a pesar de todo. Pero él, este hechicero que fruncía el ceño y sus dientes rechinaban de la fuerza con la que su mandíbula se mantenía cerrada, era diferente.
—Dragoncito, sólo estoy jugando.
Una tregua, como había dicho el aludido hace un rato en un contexto completamente distinto. Dagur conciliaba una tregua. Extendió sus brazos a lo largo, sonriendo con una mueca torcida cuando los huesos de su espalda se quejaron. Y para su sorpresa, lo único que el hechicero hizo fue volverle a desviar la mirada mientras la sangre se amontonaba en sus mejillas.
Hacían un par de horas, supuso el exJefe Berserker, que el sol se había puesto en el horizonte. Pero, ahora, el rostro de aquel sujeto tan disímil a él reaccionó a sus palabras como el cielo mismo hacía por el sol.
—Te dije que te daría a Hiccup, –oh–, lo haré.
La voz ahogada lo enloqueció, por lo que tuvo que bajar las manos y aferró con fuerza las dagas sostenidas en su cinturón.
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—Lo haré, –continuó Yra, suspirando. —Si es que este nido sigue a salvo después de pasado mañana. –Sus ojos buscaron, por tercera ocasión, los del Berserker.
Cuando los halló, su corazón se detuvo por un instante, su respiración cortándose de golpe también. Lo atribuyó a estar muriendo, como le dijo una de las señoritas del Gran Árbol por la tarde.
Pese a todo eso, tuvo que admitir que la causa de que sus latidos volvieran con fuerza y de que sus pulmones buscaran aire con desesperación no fue, sino, la desagradable sonrisa que le dedicaron con tanto interés.
—Hecho. –Le fue respondido.
E Yra parpadeó confundido cuando el Berserker se dio la vuelta y continuó con su camino como si nada, jamás, hubiera ocurrido.
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Cuando Hiccup despertó, siendo el último de todos, se quejó del repentino dolor que se apoderó de su cabeza. Puso las manos entre sus cabellos y cerró los ojos con fuerza.
—Nos pasó lo mismo, –alcanzó a escuchar a Eret decirle–. Y no quiero presionarte, pero creo que será mejor irnos ya.
Entendió al instante, e ignoró lo mejor que pudo las punzadas que hacían temblar sus nervios. Se puso de pie con muchísima dificultad, siendo ayudado de todas maneras por el excazador.
—Vámonos antes de realmente enloquecer. –Confirmó Heather, ayudando a Fishlegs con una hambrienta Meatlug.
Haddock asintió, montando a Toothless cuando éste estuvo a su lado después de correr en su auxilio.
Se elevaron, entre aleteos erráticos y golpes contra las ramas. No les importaron unos cuantos, si es que su vida peligraba menos que permaneciendo entre toda esa magia.
—Adelántense, –comandó el Jefe, sosteniendo su cabeza entre sus manos por segunda ocasión–. Iremos a buscar a Yra. –Y partió tan rápido como acabó, perdiéndose en el bosque.
Los jinetes asintieron, la Berserker e Ingerman obedeciendo al instante. Eret y Skullcrusher se quedaron ahí, sin embargo, indecisos.
—¡Eret! –Llamó Fishlegs, preocupado.
Bastó para hacerlo reaccionar. —¡Buscaré a Hiccup!
Heather detuvo a Fishlegs cuando éste también quiso regresar, negando con la cabeza. —Volvamos a Berk, confiemos en ellos.
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Toothless se hizo cargo de encontrar a su menor, después de todo, no sería muy difícil hallar a otro Night Fury. Menos uno que llevara su misma esencia impregnada en la piel.
Apoyado en la luz de la luna y su rugido de radar, encontró a Yra no muy lejos del enorme árbol. Disminuyó su velocidad, descendió con suavidad y caminó lo restante. Hiccup bajó de su lomo de un salto y se plantó con seguridad frente a su menor.
—Nos vamos, creo que dormir nos afectó más. –Dijo su alma gemela.
«Hikke quiere irse, ven con nosotros».
Yra los miró a ambos, intercalando entre uno y otro. Rompió en una risa histérica, haciéndolos saltar de lo repentino.
«Bror», llamó Toothless.
—¡¿Qué le pasa a ese idiota de Dagur?! –Exclamó el hechicero, batiendo las manos al aire como dragón primerizo.
Haddock enarcó una ceja, encogiéndose en hombros. —Me he hecho la misma pregunta por años, –confesó, suspirando con pesar–, pero no hay tiempo para eso, tenemos que irnos.
—Hay magia por la noche, –continuó Yra, como si no hubiera sido interrumpido–, el Líder quiere ponerlos a todos en riesgo sólo para protegerlos hoy.
Hiccup exhaló, molesto. Toothless intervino, abriéndose paso frente a su menor.
«Sea lo que sea, vámonos de aquí».
«No, no me iré, ustedes hagan lo que quieran».
Cuando Toothless comenzó a gruñir también, Eret llamó la atención de los tres.
—¡Hey! Los encontré. –Y saltó desde Skullcrusher hasta Yra.
Hiccup no podía entender por qué tanto "amor" cuando el hechicero era el asesino del padre del excazador. Miró a su dragón y un nudo amargo se formó en su garganta.
—¡Quítate! –Exigía el menor de los Fury, empujando a Eret, inútilmente, porque estaba muy débil y el otro tampoco le facilitaba la tarea.
—¡Creí que estabas muerto! –Confesó el excazador, abrazando a su víctima. Yra dejó de forcejear–. Lo mínimo que merezco es un abrazo.
Hiccup llamó la atención de Toothless cuando éste cambio su expresión de enfado a una de celos. Lo entretuvo con quejarse de su dolor de cabeza, inexistente a estas alturas.
—Necesitas más que una tormenta para deshacerte de mí. –Respondió el hechicero, correspondiendo el gesto.
—Necesitaría clavarte una espada en el pecho, –burló Eret, levantándose con cuidado. Sonrió triunfal cuando notó el ceño fruncido de su excompañero. —Pero, en serio, me engañaste, ¡eres un Night Fury, maldita sea!
Ambos rompieron a carcajadas, los líderes de Berk desviando su atención a ellos.
—Te extrañé.
—También te extrañé, hermano. –Concilió Eret, extendiendo una mano.
Yra aceptó el gesto, levantándose con toda la ayuda del contrario. Desvió la mirada, adivinando el rumbo en que se tornaría la charla.
—Yra, tú–
—¡Está bien! ¡Busquemos a Dagur y vámonos de aquí! –Interrumpió el hechicero, yendo hacia su mayor e invitándolo a caminar. Toothless accedió sin ruegos, y siguió a su hermano con toda la felicidad del mundo.
Hiccup le dedicó una mirada confundida a Eret, después se encogió en hombros y fue tras los hermanos.
El excazador pensó que, sin duda alguna, la supuesta magia estaba afectándolos muchísimo. Ahora podía comprobarlo, si es que era cierto, puesto que el hechizo protector de Yra no estaba surtiendo efecto. Porque Yra no tenía energías suficientes, estaba agotándose.
Comprendió, también, la gravedad del asunto, el ahínco con el que Yra buscaba ayuda. Estaba haciéndose tarde para todo. Drago debía estar al tanto de eso, de que Yra estaba perdiendo valor. Cyup debía estar esperando el momento con ansias.
«Ay, padre», murmuraron Yra y Eret, cada quien dentro de su propio tormento.
El excazador los siguió, sin embargo. Le hizo una seña a Skullcrusher para que se mantuviera alerta.
...
Dagur había caminado sin detenerse desde que abandonó al hechicero en medio de la nada, sólo para terminar él también en medio de la nada. Era incapaz de ver más allá de dos pasos, la espesura del bosque no ayudaba en lo absoluto, mucho menos cuando hace metros distinguió a la luna siendo cubierta por unas negras nubes siendo arrastradas por el viento. Ah, eso también, estaba helando. Enfurruñado como estaba, caminó hasta topar pared.
Se quejó, maldiciendo todo a su alrededor. Mientras se sobaba la frente, murmuró una última grosería antes de quedarse congelado por escuchar unas risas infantiles. No obstante, antes de poder decir o hacer cualquier cosa, alguien lo detuvo por la cintura, aferrándolo con fuerza. Se retorció, impulsándose en la extraña superficie para desequilibrar a su oponente. Lo logró, sin duda, nadie podía con Dagur the Deranged, excepto que, bueno, en sencillos términos, había sido detenido por la nada misma.
Se levantó del suelo, sus latidos acelerados, con la adrenalina a tope.
Sólo para ser derribado de nuevo, esta vez por una sombra que pasó a través de sus pies. La que gritaba y pataleaba mientras se alejaba con rapidez, y que terminó por quebrarle la cordura.
Él también comenzó a gritar, al tiempo que era arrastrado en la misma dirección, a la misma velocidad.
Sin saber que, aquella sombra era Hiccup. Sin saber que, a su auxilio acudieron dos Night Fury, uno extremadamente agotado por excederse con la poca magia que tenía y terminó retrasando al otro.
Sin saber que, los sabios del bosque, aquellos dragones antiguos, los habían elegido.
Hikke: "Hiccup" en noruego.
bróðir: "Hermano" en islandés.
bror: "Hermano" en noruego.
forræder: "Traidor" en noruego.
Se explicará en el transcurso del fic, don't worry.
Fin, fin, fin ! Chan chan chaaan xD
Lo hice, sí! Volví esto fantasía completamente lml
Hay muchísisimas cosas que resaltar, que no quiero resaltarlas yo porque pierden el feeling :'( Confío en ustedes, en su juicio, en su comprensión lectora (pese a lo engorroso que es este cap), para descubrirlas todas ;) Hagamos algo, quien las descubra y las enumere todas, absolutamente todas, en un review le hago un One-shot de lo que quiera, la pairing que sea, el fandom que sea. Así, sencillo! Suerte a tods y que la fuerza esté de su lado lml
Resalto esto, porque es algo de suma importancia xD He pensado en emparejar románticamente a Yra y Dagur :D Así que les pido su opinión, después de todo ustedes siguen este fic; el asunto va de que si no les parece la idea pues no los emparejo así y sha XD Y si les gusta lml Voten por el nombre de la shipp: Dagyra o Yrgur hahaha
Ahora, aviso que el siguiente capítulo vendrá con todo! XD
Muchas gracias por su siempre fiel apoyo (L)
