Después de un largo recorrido Sebastian al fin estaba en la mansión Phantomhive, coloco a Grell en una habitación y comenzó a curarlo, retiro su saco y pudo ver ese pequeño y muy delgado cuerpo, esa bella piel perfecta de porcelana, tan blanca como la nieve y suave como el terciopelo ahora llena de cicatrices y moretones, con zonas inflamadas, afortunadamente el demonio había sido indulgente con el bello rostro de Grell, ese solo estaba un poco hinchado su cuerpo se llevo lo peor, Sebastian examino profundamente el cuerpo, sus piernas y su trasero eran los más heridos, Sebastian no tenia problemas por revisar, ver y tocar las zonas intimas y dañadas del segador, pero dudo antes de revisar ahí, no quería que Grell despertara y se saliera de control por los malos recuerdos. Sebastian se sorprendió a sí mismo ante estos pensamientos, el estaba siendo considerado con Grell, El mayordomo salio de la habitación para después volver con un balde con agua tibia y unas vendas y gasas,Sebastian comenzó a limpiar el cuerpo, cuando termino lo vendo y cobijo para después retirarse y dejarlo descansar, ahora debía informar a su amo, pero antes de salir una pequeña y delgada mano lo detuvo.

-¿Seby?, Sebastian, por favor no te vayas, no me dejes solo por favor.- Grell había despertado.

-Grell san, debo cumplir con mis deberes de mayordomo de la casa Phantomhive, pero volver lo prometo.- Sebastian se despidió del shinigami y se marcho a la oficina de su amo, ya era hora e la cena y aun tenia trabajo, afortunadamente los idiotas sirvientes no habían cometido destrozos.

Sebastian acababa de salir de la oficina de Ciel, había terminado su misión y ahora solo quería descansar, aunque los demonios no necesitan dormir sus energías habían sido muy desgastadas y debía recuperarse tranquilamente en su cuarto, cuando se dispuso a encerrarse en su alcoba y saludar a sus amados gatos, escucho un fuerte grito de dolor desgarrador, corrió a la alcoba de Grell y al entrar lo encontró tirado en el suelo de su baño privado, la sangre corría por sus piernas por la parte trasera de su cuerpo, ¿que le había pasado?.

-¿Grell san? ¿que esta haciendo?, debe descansar para sanar y regresar a su reino.

-Oh! Sebastian, yo solo quería darme una ducha para poder relajarme, pero no puedo mantenerme muy bien de pie, ¿me ayudarías? .-Dijo Grell algo sonrojado.

Sebastian levanto al shinigami del suelo, lo coloco en la cama y comenzó con los preparativos del baño, quería terminar pronto, estaba cansado y en poco rato tendría que comenzar con los preparativos del día siguiente.

El mayordomo tenia todo listo, tomo al shinigami con cuidado y lo coloco en la bañera, lo baño con mucho cuidado, como si se tratara de su comida el joven conde, una vez que termino lo ayudo a levantarse y a salir de la tina, cuando estuvo frente a el de pie, comenzó a secarlo Grell estaba avergonzado, estaba frente a este bello hombre del infierno completamente desnudo dejándose tocar y cuidar. Sebastian noto el sonrojo en el rostro de Grell y sonrió, ¿Grell Sutcliff sentía vergüenza?, para Sebastian no era nada del otro mundo, era como estar con su amo, un mismo cuerpo menudo, delgado y más pequeño que el mismo, el demonio termino de secar a Grell y lo vistió con un camisón blanco para desagrado de Grell.

-Sebastian, ¿puedo dormir contigo?.- Dijo Grell con sonrojo sin ver a los ojos al demonio.

-Grell san, yo no duermo, usted tiene esta alcoba para usted solo, para descansar y recuperarse, estar en mi habitación le seria muy incomodo.- el demonio no podía permitirle al shinigami invadir más su privacidad. Así que cuando termino salio de ese cuarto dejando solo al shinigami, pero su paz no duro por mucho tiempo.

Eran las 2:00 de la mañana cuando el mayordomo escucho quejidos de dolor, el hombre salio de su alcoba y se dirigió a la del segador, al entrar se encontró con un Grell empapado en sudor, el shinigami tenia fiebre, seguro estaba teniendo pesadillas, Sebastian lo tomo en sus brazos y lo llevo a su recamara, si quería que el segador se aliviara tendría que tenerlo bien vigilado, era curioso como la parca siempre encontraba el modo de salirse con la suya.

Sebastian coloco a la muerte en su cama, el se sentó en una silla junto a Grell y comenzó a colocar paños húmedos en agua fría, sobre su frente, el cuidar a Ciel le había obligado a aprender sobre las enfermedades de los humanos y a como atenderlas, los shinigamis eran parecidos a los humanos. Despues de un largo rato tratando de bajar su fiebre el demonio se dio cuenta de que el shinigami no estaba respirando, eso lo alarmo ¿Grell había muerto?, si eso paso entonces el no cumpliría con su misión completamente.

-Grell!

-Grell san!

-¿ah?...

-...¿Que ocurre Seby?

-Grell, no estaba respirando.

-Oh! Sebas-chan, ¿estabas preocupado por mi?, eres muy dulce, ...

-...lamento haberte espantado, yo no suelo respirar cuando duermo, de echo dudo que algún otro shinigami lo haga jaja. No lo necesitamos.- Grell dijo entre risitas mientras se reincorporaba y acariciaba el rostro del demonio.

Finalmente el shinigami se quedo dormido y Sebastian se molesto un poco con sigo mismo, ¿como no recordó que ellos no respiran?.

Otro día había comenzado, el demonio rectifico que el shinigami estaba bien y salio de su habitación para comenzar con sus labores. Sebastian preparo el desayuno de su amo como todos los días, pero por alguna razón estaba inquieto, quería regresar lo antes posible con Grell, ¿porque? , despertó bañó y atendió a su amo como siempre, pero al estarlo vistiendo se quedo pensativo, "ese pequeño y delgado cuerpo", cometió el terrible error de acariciar su pierna mientras lo vestía ganándose una bofetada humillante, un mayordomo como el no podía darse el lujo de la distracción.

-¿Que demonios estas pensando Sebastian?, ¿es el shinigami no es así?, en cuanto este listo envíalo con los de su raza, solo te distrae.- Ciel estaba molesto.

-¿Esta claro?.

-si Bocchan.

Sebastian le sirvió el desayuno, sin mas contratiempos, y cuando el joven termino este se retiro, ahora debía atender a Grell.

Sebastian entro a su habitación y se encontró a un muy alegre Grell ya despierto y emocionado por volverlo a ver, El mayordomo le sirvió el desayuno y se llevo una gran sorpresa, el shinigami tenia muy buenos modales, no solo al comer.

-Oh Sebas-chan, te estoy muy agradecido, no solo me cuidas y atiendes, ahora me traes un delicioso desayuno, seguro sabe mejor de lo que se ve...

...-Efectivamente esta delicioso.- Grell dijo muy feliz, para el era lo más sabroso que nunca halla probado, una vez que termino le dio un beso en la mejilla al mayordomo, esto le sorprendió mucho a Sebastian, su amo nunca felicitaba sus dotes culinarios, es más hasta los criticaba, pero eso no era su culpa, para él el único sabor que podía apreciar era el de las almas, no el de los alimentos humanos, pero este shinigami le aplaudía y felicitaba, era algo nuevo para el demonio.

Sebastian volvió a limpiar y cambiar los vendajes del pelirrojo, estaba sanando perfectamente, y para lo que había dicho William Grell parecía ser el mismo de siempre.

-Grell san, usted esta consciente de ¿quien soy yo?.- el demonio quería estar bien seguro de que no había sufrido daños mentales así que comenzó a interrogar al segador.

-Por supuesto, eres mi Sebas-chan.

-No, ¿usted sabe lo que soy?

-Claro Seby, eres el demonio mayordomo más sexy que he conocido.- Dijo Grell con una gran sonrisa que mostraba todos sus dientes, pero no era una sonrisa maliciosa. El demonio continuo con las preguntas.

-¿Sabes lo que eres?

-Soy Grell Sutcliff, el shinigami de mangostin.

-Grell, ¿sabes donde estas y para quien trabajo?

-¿Porque tantas preguntas Sebastian?...

-...Trabajas para ese mocoso tuyo Ciel Phantomhive y esta es su mansión.

- Grell ¿sabes quien es Madam Red y Jack el destripador?

-Sebastian, ¿porque estas haciendo esto?...- Grell comenzó a llorar, eran malos recuerdos para el.

-Eres muy cruel Sebas-chan, después de las cosas horribles que me han pasado en estos días tu solo me traes malos recuerdos.- El pelirrojo se tiro en la cama dándole la espalda al demonio y cubriéndose con las mantas.

Sebastian termino con las preguntas y se retiro, aun tenia trabajo por hacer y parecía que Grell estaba bien de sus recuerdos.

Grell permaneció todo el día y la tarde encerrado había intentado salir pero Sebastian había cerrado con llave la puerta, "que grosero encerrar a una dama". Ya estaba obscureciendo y Grell estaba aburrido y solo y triste, tenia que encontrar con que entretenerse y oh! vaya sorpresa que le daría al mayordomo, tenia que darle las gracias a su salvador.

Pronto algo llamo su atención, había un gran espejo frente a la cama, ¿porque no aprovecharlo?, Grell se levanto de la cama y camino hacia el espejo, se observo detenidamente, su rostro estaba sin gota de maquillaje, ¿como era posible que le permitiera a Sebastian verlo así?, después de analizar su rostro se quito el aburrido camisón blanco y examino su cuerpo, ya estaba mejor, prácticamente no tenia marcas ya, estaba sanando muy bien y todo gracias a su salvador Sebastian, Grell vio su cuerpo, era un bello cuerpo, no importaba que fuera de hombre, después de todo "no necesitas nacer mujer para ser una dama", era delgado y suave, unas bellas piernas que serian la envidia de cualquiera, un magnifico trasero firme y deseado por muchos y su hermoso cabello rojo, tan sedoso y fino. Grell amaba su cuerpo, en verdad no tenia problemas con el, sí, no podría embarazarse y parir pero podía tener otras cosas, tanto hombres como mujeres lo deseaban y el lo sabia, aunque prefería la compañía de los caballeros y ser la dama en apuros el era igual o más fuerte que cualquier hombre, era valiente y sumamente guapo, podría complacer y tener a cualquier mujer que quisiera.


Sebastian y Ciel por fin regresaron, los asesinatos no se detendrían solo porque el mayordomo tuviera trabajo extra, afortunadamente los sirvientes estaban trabajando bien sin cometer destrozos.

Sebastian termino con sus labores de esa noche, termino la cena y atendió a su amo y se dispuso a retirarse a su alcoba, había olvidado que dejo al segador encerrado todo el día, cuando abrió su puerta se encontró con un Grell completamente desnudo frente al espejo examinándose, entro sin hacer ruido, solo observaba al segador.

-Sebas-chan!, es muy grosero observar a escondidas a una mujer desnuda y más si no eres su marido.- Grell dijo con fingida indignación, pero con una sonrisa.

-Dime Sebastian, ¿te gusto lo que viste?, ¿Soy bonita?, ¿Quieres tenerme?.- Grell susurro en el oído del demonio mientras acariciaba su cuerpo sensual y provocativa mente.

-Es obvio que usted esta más que recuperado Grell san.- el demonio arrojo a la cama al shinigami y subiéndose a horcajadas sobre el.

- Nnnnh! Sebas-chan, ¿quieres jugar rudo?...

-...debes tener cuidado, o me puedo romper.- El pelirrojo dijo entre risitas, después le demostró al mayordomo que ya estaba más que recuperado, lo tomo por las muñecas y le dio la vuelta, cambiando de lugares, ahora Grell yacía sobre Sebastian.

-O ¿quien sabe?, tal vez sea yo quien te rompa mi amado demonio.- Grell le quito rápidamente los pantalones y la ropa interior al mayordomo, después comenzó lentamente a desabrochar el chaleco y la camisa rosando un poco sus dedos contra esa exquisita piel pálida. Una vez que termino arriba Grell se acomodo entre las piernas del demonio, "Oh! seria tan divertido perforar al macho de Sebastian, seguro una vez que lo probara rogaría por más".

-Estas en un error Grell...

-...¿No me tienes miedo?.- El demonio se abalanzo sobre el pelirrojo quedando nuevamente sobre el y comenzó con una serie de besos tortuosamente lentos y deliciosos sobre su cuerpo, del cuello bajo a la clavícula y el pecho, lamiendo lentamente sus pezones con su húmeda lengua, siguió hacia ese vientre plano y perfecto, para después morder con sus colmillos esos marcados pero deliciosos huesos de la esbelta cadera.

Aaaah!... Niiiaaa!... Sebastaaan!, deja de jugaaar!.- El shinigami de derretía en gemidos para el demonio. Sebastian acerco tres dedos a la boca del segador, Grell ya sabia que hacer, los tomo en su boca y los lamió lente y sensualmente uno por uno, desde la punta deslizándolo lascivamente hasta el fondo, rozándolos con sus filosos dientes pero sin herirlos, una vez terminada su tarea el demonio los deslizo por todo el cuerpo dejando un camino de saliva hasta llegar a la entrada de Grell, introdujo uno lentamente, comenzó a meterlo y sacarlo, provocando más gemidos del sensual shinigami, luego el segundo dedo para hacer tijera y hacer espacio para lo que vendría, ya dilatado metió el tercer dedo, metiendolos y sacándolos bruscamente, Grell se retorcía bajo su toque pidiendo cada vez más.

-Po... por favor, Seby... te nececitooo...

Tal vez el demonio se compadeció del suplicante segador o tal vez también estaba lleno de deseo pero dejo de torturarlo y cambio sus dedos por algo más grande, penetro de una sola vez al pelirrojo arrancándole gemidos de dolor y placer. Se veía tan bien el pelirrojo bajo de el.

Efectivamente Grell ya estaba recuperado, en menos de una semana estaba como nuevo, pronto tendría que entregar al segador a su jefe así que... "¿porque no divertirse un poco?."Toda la noche se escucharon gemidos y gruñidos de placer hasta el amanecer.


Ruidos tan raros y fuertes salían de la habitación del mayordomo, esto no era común, era raro y desconcertó a los demás empleados, ("la curiosidad mato al gato"), los curiosos sirvientes al escuchar los ruidos se espantaron, eso nunca pasaba, así que se acercaron a la habitación y sin previo aviso abrieron la puerta y lo que vieron, provoco barias hemorragias nasales, miembros endurecidos y vergüenza absoluta, todos gritaron, por la caliente escena, (Grell estaba sobre de Sebastian subiendo y bajando, rebotando sobre el miembro del demonio en una danza sensual, casi hipnotizante para el mayordomo), se movía como una serpiente en el desierto, su rojo cabello estaba pegado a su rostro por el sudor y le hacia cosquillas en la espalda, demasiado concentrados en sus actividades como para percatarse de su publico, pronto se escucharon gritos, Grell se detuvo y la puerta se cerro de nuevo. Sebastian estaba furioso, esos inútiles pagarían por su intromisión.

Los sirvientes corrieron a sus cuartos y se encerraron, para discutir lo que acababan de ver.

-¿que fue eso?.- Finny estaba abrasado a Bard llorando, estaba asustado.

-"vaya mujer la que tenia el mayordomo".- el cocinero no podía negar que estaba excitado.

-"dos hombres teniendo sexo".- la doncella tenia un hilo de sangre saliendo de su nariz, pero ese comentario desconcertó a los otros dos.

-¿Que?, ¿de que hablas Maylene?.- El cocinero empujo al jardinero.

-Ese no era una mujer, era un hombre, no tenia pechos, era tan plano como una tabla.

-Pero su largo cabello rojo y esa figura esbelta, tu estas celosa, por eso dices que es hombre.- dijo el cocinero.

-AH!, ya se quien es, es esa mujer rara que hizo de Ofelia en la obra de teatro Hamblet del joven amo, esa mujer por la que después vino un hombre igual de raro que ella y se la llevo.-dijo el pequeño rubio.

-Era un hombre, yo se lo que les digo.- en ese momento la puerta se abrió y un extrañamente serio Sebastian entro, todo lo que se escucharon fueron gritos de ayuda, después salio el mayordomo tan tranquilo como siempre, aun tenia trabajo por hacer.