Diferencia de pensamientos

- Estaban contrabandeando armas – continuó Korra con el reporte.

- En otras palabras, eran mercaderes. Es mejor no toparse con ellos – dijo el coronel Tenzin más como una advertencia que como una sugerencia, pero el rostro inexpresivo de Korra le dijo que a ella no le importaba nada con tal de hacer lo justo. Levantándose de su escritorio se dirigió hacia donde ella se encontraba de pie. Debía hacerla entender -. Hey, tu sabes de esto… No nos queda mucho tiempo hasta que tengamos que regresar. Si lo haces, serás ascendida. Entonces evitemos las cosas que deben ser evitadas ¿de acuerdo?

- ¿Evitemos? Eso sería como hacer la vista gorda – le recriminó Korra.

- No podemos inmiscuirnos tanto en los asuntos políticos de otra nación, sin que nos pregunten, Korra. Eso traería muchos problemas, aún más si estamos hablando de un grupo de traficantes.

- Entiendo – dijo poco convencida.

- Escribe el reporte detalladamente. Por el momento, es todo lo que podemos hacer.

- Si, entiendo.

- Y toma esto – le alargó Tenzin un papel antes de que Korra saliera de ese improvisado despacho -. Hay una orden de traslado urgente desde la capital.

Korra observó bien el documento entre las manos. Esto debía ser una broma.

- ¿Para el Sargento de Primera clase Bolin?

- Es una orden para ser transferido a las Fuerzas Especiales, hecha por mismo General Baatar.

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Bolin encontró que eso era demasiado. Había accedido de buena gana ir tan lejos y por tanto tiempo a esa isla para no tener que pensar tanto en ello, para escapar de los problemas que conseguía estando junto a ella. Y que ahora supiera de que ella sería transferida allí, que a él lo transfirieran a otra parte en ése momento no podía ser una casualidad. Él estaba detrás de todo eso, la familia Beifong parecía que jamás separaría lo militar de lo personal, usando hasta sus rangos militares en ello.

Desde aquella lejana vez que él recordaba que lo hacía.

Estaban todos comiendo en el comedor. Luego de un largo día de entrenamiento ambas compañías se lo merecían, y en ello estaban disfrutando de su tiempo libre cuando las puertas de la sala se abrieron completamente, dando paso a aquel militar de alto rango ingresar junto a todos ellos. ¿Qué hacía él ahí? No es que no pudieran almorzar allí, pero ellos tenían su propio comedor al otro lado.

- Todos han hecho un buen trabajo con el entrenamiento. Vine aquí para compartir los alimentos, así que no me presten atención – dijo el General Bataar, sentándose justo en el asiento vacío delante de él.

Sus colegas continuaron comiendo, pero ahora incómodos y silenciosos. Aquel almuerzo no sería como todos, y él era el más afectado de todos.

El tiempo fue pasando y el comedor poco a poco se fue desocupando, dejándolos solos a ellos dos. Y él jamás tocó sus alimentos, esperando que su superior le dirigiese la palabra, listo para ser reprendido.

- Estás saliendo con mi hija ¿verdad? – oyó que Bataar le preguntó apenas terminó su plato.

- Sí, señor – respondió Bolin, fiel al código militar, aunque su superior no lo hiciera.

- Me preocupo por el futuro de ella. Así que, me gustaría que tú lo tuvieras en cuenta.

¿Qué estaba diciendo? ¿Por qué él no lo tendría en cuenta?

- Creo que conoces bien el método, con esto quiero decir el método "más razonable".

Ahí estaba. La orden implícita de que se alejara de su hija.

- ¿Eso es una orden?

- Espero que no tenga que serlo. Pero si ha de ser entonces ya sabes.

Lo era. Él no le permitiría estar con su hija.

- Hasta donde podemos ser civiles y honorables el uno con el otro, ahora es tu decisión.

Y ahora era exactamente lo mismo. De nuevo lo estaba enviando a otro lugar, lejos de su hija, abusando de su poder, escogiéndolo a él de entre todos los militares. Pero nada podía hacer respecto a ello, por lo que ahora, enfadado, se encontraba ordenando sus cosas para salir de aquella isla, todo hasta que cogió el sobre que le había llegado ésa mañana, avisándole que ella llegaría. Lentamente desdobló con cuidado la carta, para toparse con unas simples palabras, tan simples y a la vez recargadas de significado, como ella misma lo era.

"Tu regalo está en camino, Sargento. Te he extrañado todos los días. - Opal"

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- ¿Fue capaz de hacer la transferencia? – preguntó Korra sin alejar su vista de enfrente mientras conducía de vuelta a la base.

Asami la observó con una mueca disgustada.

- Lo estás haciendo de nuevo.

- ¿Qué?

- ¿En serio volverás a tratarme de ésa manera?

Korra se encogió de hombros. Ni siquiera lo había pensado, lo había preguntado por cortesía. Su mente estaba en otros lados.

- Lo siento.

- Solo no lo hagas más. Pero sí, hice la transferencia –. Asami al percatarse de lo introvertida que estaba Korra se preocupó, decidió ir más allá, aunque supiera que ella jamás se lo diría -. ¿Sucedió algo malo allá?

- Le han ordenado a Bolin volver a la ciudad. El General lo hizo – dijo esto último con un tono amargo. Asami captó la indirecta, a ella le disgustaba.

- ¿El gran jefe? – preguntó para cerciorarse de la poca información de los rangos militares del cual ella tenía conocimiento.

- Veo que estudiaste – le dijo, burlándose de ella. Eso amenizó el ambiente.

- ¿Sientes envidia de que tu compañero regrese a casa antes, o estás triste porque te va a dejar?

- Estoy frustrada porque la orden es injusta.

- Dijiste que siempre había que seguir las ordenes.

- Esta orden… no es de un superior, sino de un padre enfadado.

Asami se quedó en silencio. Estaba lista para enterarse de todo el drama que giraba en torno a su antigua compañera de internado.

- El triste drama en donde el padre de Opal desempeña un papel. Supongo que las cosas no han cambiado – dijo, sorprendiendo un poco a Korra -. He tenido un poco de curiosidad ¿cómo se conocieron Opal y Bolin?

Korra sonrió. Recordar cosas así siempre la hacían sonreír, como si todo otro tiempo pasado hubiera sido mejor. Y así empezó a relatarle, separando quién decía cada cosa.

- Estábamos en una de esas expediciones de sobrevivencia, fue una caminata muy larga e íbamos muy cargados. Opal era cirujana de las fuerzas armadas en ése momento… y recuerdo su cara enfadada cuando observó a Bolin cargar dos mochilas porque uno de los hombres que iba junto a él estaba fatigado. Era la tercera vez que lo hacía y ella se plantó delante de él obstruyéndole el paso.

"Es la tercera vez que haces eso ¿cierto?", le dijo Opal con su usual tono poco amigable y autoritario.

"¿Qué ocurre?", dijo Bolin.

"Quítate las botas" ordenó ésta.

- Wow, ¿tan pronto? ¿y sin conocerse? Mínimo haberlo invitado a un trago antes de ordenarle que se desvistiera – interrumpió Asami.

- ¿Me vas a interrumpir tan pronto? – le dijo Korra, levantándole una ceja reprochadora.

Asami hizo un gesto en que iba a guardar silencio, y Korra prosiguió con su relato.

- Ya sabes cómo es Opal. No le importa de quién se trate cuando quiere hacer bien su trabajo, y ya lo había visto ir muchas veces en ayuda de los fatigados.

"Es bueno ocuparse de sus compañeros y ser el primero de su compañía, pero en el estado actual de tus pies, puedes ser licenciado del ejercito por la recomendación del doctor, sargento Bolin."

"Si me licencian, me licenciarán. Nada puedo hacer respecto a eso. Pero en este momento estoy decidido a ser el primero."

- Y sin esperar continuar con esa conversación, Bolin se le adelantó, pasando de Opal. Pero esta chica es muy obstinada, y antes de que él pudiera dar su segundo paso, ésta lo cogió de la chaqueta.

"Espero que tu determinación por obtener el primero lugar no sea para obtener permiso por unas vacaciones para que de este modo puedas interrumpir la boda de tu ex novia."

- ¡¿Ex - novia?! ¿Y se iba a casar? ¿Y Bolin quería interponerse? – interrumpió Asami una vez más, y ante la molesta mirada de Korra ésta se calló de inmediato, volviendo a hacer el gesto de que esta vez si iba a estar en silencio.

- "Eso es correcto", respondió Bolin, enfrentándola completamente. Luego de esto, tardaría demasiado si te contara la tensión que se sintió en aquel campamento, más tratándose de alguien tan pasiva-agresiva como Opal. El punto es que, al fin de cuentas, Bolin si fue a la boda de su ex novia… junto con Opal.

- ¿Juntos los dos? ¿Por qué fue Opal?

- Lo que Bolin me contó es que él se estaba subiendo al automóvil, listo para ir al matrimonio, cuando de repente Opal ingresó al vehículo por la puerta trasera de los pasajeros.

"Felicidades por irrumpir en la boda de tu ex novia", le dijo Opal, mientras se acomodaba en el asiento.

"¿Qué estás haciendo aquí?"

"Afortunadamente para ti, casualmente estoy fuera de servicio ¿no es eso un alivio?", respondió ella, ignorándolo.

- Muy típico de ella – agregó Asami.

- "Le pregunté qué estaba haciendo aquí ¿tan difícil de entender fue mi pregunta?", enfatizó Bolin. – dijo Korra, continuando con la historia -. Ése chico a veces es tan obstinado como Opal.

"¿Mi respuesta es tan difícil de entender?. Si arruinas la boda de esta manera, ella probablemente estará aliviada de haber terminado contigo. Pero si vas conmigo, podemos hacer que se arrepienta. Eso es lo que significa mi respuesta". Ella puede llegar a ser completamente persuasiva – agregó Korra.

"Es tentador"

"Pero, tengo una condición"

- Ella no deja cabos sueltos ¿no?

- ¿Opal? Jamás. Debió haber hecho lo mismo contigo en el internado.

- Nada de eso. No éramos tan cercanas – respondió Asami -. Como era de esperarse, ella es una experta separando parejas, pero ¿cuál fue la condición?

- Eso te divertirá saberlo. Primero le hizo voltear el retrovisor del vehículo, y lo más entretenido de todo es que es aquí cuando aparezco yo.

"La persona que mi padre escogió para seguir con su legado es una mujer. Jamás la he visto y él espera que me comporte como si fuera mi hermana. Se trata de la Teniente Primera, Korra es su nombre", le dijo Opal.

"Ella ya llegó aquí hace dos días", se limitó a contestarle Bolin, o eso es lo que él me contó que le había dicho.

"Vino rápido. En todo caso, dile que estás saliendo conmigo"

"¿Para qué?"

"Estoy en la etapa rebelde contra mi padre. No puede obligarme a hacer cosas, ni siquiera aunque sea mi superior ¡y esto ni tiene que ver con la milicia! Es un completo abuso de poder", dijo Opal, y hasta ella cree que su padre abusaba de su poder – agregó divertida Korra.

"¿Y qué tengo que ver yo en todo esto?", objetó mi tierno amigo.

"Es porque tú te ves cómo alguien de pocos amigos. Correcto, pero lejano. No te ofendas, pero tienes una personalidad completamente diferente a como mi padre me dijo que era Korra. Y quien sabe, quizás con esto ella no se acerque a mí pensando que tú eres un postulante más apto por ser novio de la hija del jefe"

"Es un plan horrible"

"No más que el tuyo. ¿Qué planeabas? ¿Aparecerte en la parte en que dicen si alguien se opone a la boda y entrar dramáticamente a la iglesia gritando 'yo me opongo'?". Y ya verás que Bolin sólo se encogió de hombros y accedió.

- Entonces ésa es la parte en donde entras, con Opal odiándote desde el principio. Pero aun no entiendo por qué le pidió voltear el espejo retrovisor – dijo Asami.

- Ah, eso. Eso es porque comenzó a desvestirse en el asiento trasero del auto. Iba más que preparada ¿sabes? Con un vestido, zapatos y maquillaje en el bolso que cargaba – dijo Korra deteniendo el vehículo y bajándose de él. Fue cuando Asami se dio cuenta de donde estaban.

No era el campamento. Estaban en una desierta playa en el cual solo había un muelle de madera a unos metros de ahí, y una desolada lancha.

Asami por un momento pareció confundida ¿por qué se habían detenido allí? Y Korra se había bajado dejando la historia a medias, como si ella quisiese que la siguiera. Y eso hizo.

- Completamente segura de que su plan funcionaria – dijo sonriendo Asami, mientras cerraba la puerta del auto.

- Para nuestra desgracia, siempre es así. O generalmente lo es hasta que su padre se entromete – respondió Korra mientras se acercaba a un muelle y se subía a la pequeña embarcación.

- Hm… entonces, ¿podría decir que estuviste en una especie de triángulo amoroso? – le dijo, mientras escuchaba la madera crujir bajo sus pasos, en su intento de seguir a Korra.

La capitana se encogió de hombros.

- Es… una manera un tanto retorcida de verla, pero puedes llamarlo así – dijo incómoda, tendiéndole la mano para que Asami subiera a la lancha, y ésta sin cuestionar ninguno de sus actos la tomó, hipnotizada tanto por la historia, como por la familiaridad con que se encontró siguiendo a Korra, como si hicieran esto desde siempre.

- Por favor, ¿acaso jamás encontraste atractiva a Opal? – la molestó Asami, y en aquella pregunta la verdadera intención iba camuflada.

- No. A mí las personas me agradan por su personalidad, y Opal desde el principio fue…

- Lo sé – completó riendo Asami -. Eso quiere decir que yo tampoco te caí bien, entonces ¿por qué estamos hablando ahora?

¿Por qué estamos en un hermoso lugar, desierto y a solas?

- Contigo fue completamente diferente.

- ¿Ah sí? – se sorprendió Asami -. ¿De qué manera? Yo recuerdo que fui bastante prepotente contigo. Para mí eras una abusadora.

Korra rió ante el recuerdo. Parecía como si hubiera sido hace años atrás y tan solo se habían conocido hace unos meses, y unas pocas semanas alcanzaron a hacer cosas juntas cuando tuvieron que separarse, tanto por trabajo como por ideales. Y nuevamente estaban juntas, conversando, en otra parte del mundo.

- Tú me agradaste por tu personalidad tan fuerte y profesional. No eras arrogante, solo… te preocupabas por el paciente.

Asami calló, disfrutando el sonido de la voz de Korra mientras ella le decía esas cosas. Disfrutando del cuadro completo.

- Además – continuó la capitana -. ¡Demonios! ¡Eras completamente ardiente!

- ¡¿Qué?! – casi gritó Asami de la impresión, medio avergonzada y medio riendo -. Había tenido un turno de 28 horas, estaba más que agotada y luego había tenido que lidiar con Kai y con su matona que lo había seguido hasta el hospital. Ardiente era lo que menos me sentía, y si algo era ardiente era mi humor ¡por dios! ¡rogaba para que no te golpeara de los puros nervios que me dabas!

- Hahaha ¿tan mala impresión fue la mía?

- La peor – sonrió Asami.

A continuación, vino un silencio agradable. Las palabras de Korra aun resonaban en la mente de Asami, ella desde el primer momento siempre había sido directa con ella, aunque no lo hiciera con su trabajo, lo era con el trato. Esa era una de las cosas que le gustaba de aquella misteriosa chica, que tan poco hablaba de su vida, pero que tanto la hacía sonreír y sentir aquellas estúpidas mariposas en el estómago.

- Un triángulo amoroso… - susurró inconsciente -. ¿Aún está en curso eso?

- ¿El "triángulo"? – preguntó Korra, y Asami asintió -. Podría decirse que sí, pero Opal ya no me odia tanto.

Caminaron unos momentos más por la playa hasta que ahora Korra decidió romper el silencio.

- Entonces… ¿Qué opinas de esta situación? – preguntó Asami, sin poder contenerse.

- ¿Por qué me preguntas eso? ¿Por qué te interesa saber mi opinión?

- Porque tú empezaste a hablarme de todo ello. Quiero saber.

- ¿Mis intenciones con la familia Beifong? ¿Con Opal?... ¿Qué es lo que realmente quieres preguntar, Asami?

Esa era la pregunta que ella misma se censuraba. ¿Qué quería preguntarle realmente? ¿Cómo esa conversación había cambiado dirección tan abruptamente?

- Solo quiero conocerte – respondió en cambio.

- Me conoces lo suficiente. Además, te recuerdo que tú fuiste la que me rechazó un tiempo atrás.

Demonios, eso no se lo esperaba. Ahora no encontraba como volver al inicio de la conversación, todo se estaba poniendo demasiado raro.

- Solo preguntaba – dijo después de unos segundos, observando como el mar bailaba debajo de ellas.

Korra no emitió ningún sonido, solo se quedó mirándola, con esa expresión tan intensa e indescifrable.

- Solo preguntaba – volvió a decir Asami, esta vez mirándola directamente a los ojos, convenciéndola a las dos de que no tenían por qué hablar de ésas cosas. Que estuvieran allí era solo una casualidad, no tenían la obligación de hacer nada -. No es que tenga curiosidad sobre tu opinión – agregó, para darle más peso a su desinterés.

Korra se acercó a ella, sin cambiar aquella expresión y, apoyando sus manos en sus piernas quedó a la altura de Asami, que yacía sentada, observándola directamente a los ojos, buscando algo en ella.

- Pues justo ahora parecías muy curiosa – le sonrió Korra, desarmando todos sus argumentos.

Sin darle oportunidad para defenderse, la capitana se volteó, dando un gran paso hasta el timón de la pequeña embarcación y la hizo partir. Asami jamás había preguntado a dónde iban, solo se estaba dejando llevar, intentando no ilusionarse demasiado, intentando parecer lo más tranquila posible, cuando en realidad su estómago bullía en nerviosismo.

Ignorando eso último, aquella sonrisa la había dejado con una agradable sensación en su cuerpo. El mar se veía tan tranquilo y celestino alrededor, tan profundo y claro, tan sincero pero a la vez lleno de misterios, justo como los ojos de aquella chica que iba conduciendo detrás de ella, observando el terreno por delante y a ella. Asami la observó directamente, atenta a todas sus reacciones, a la radiante sonrisa que llevaba en su rostro, como si hubiera ganado alguna clase de batalla secreta.

Y ella sabía que lo había hecho.

Aun así, estaba maravillada. El paisaje y ella, era como si estuvieran de vacaciones. Si esto iba a ser así desde el principio, sabía que irremediablemente iba a caer. Tenía que andarse con cuidado.

Korra le indicó una pequeña isla a donde se dirigían y en pocos segundos la lancha estaba atracando en la orilla de aquellas cálidas aguas. Apenas tocaron tierra Asami observó completo el paisaje: no había nada allí, era como si en una gran roca que flotara en el mar se hubiera formado una quebrada, en la cual solo había un viejo barco oxidado, de algún naufragio quizás. Pero si bien el paisaje era bastante austero, lo encontró hermoso. En el estado de frenesí en el que estaba, pocas cosas no le hubiesen resultado hermosas. Pero la arena blanca, las paredes de piedra blancas rodeando la zona, y el contraste que ello tenía con el agua y el cielo celeste era onírico.

Casi hipnotizada avanzó hasta quedar a pocos pasos de aquella armazón de metal, embelesada. Korra venía justo detrás de ella.

- Este lugar es tan inesperado – emitió -. ¿Cómo puede existir un lugar como este? Es lo suficientemente hermoso como para hacerme desmayar.

- Entonces vengamos de nuevo – respondió Korra, mirándola.

Eso nuevamente englobaba más de lo que quería decir, y sin esperar una respuesta Korra se agachó y entre la arena cogió una pequeña piedra blanca, la cual observó detenidamente, como si se tratase de algún objeto precioso.

- La gente de esta isla cree que si ellos toman piedras de esta playa serán capaces de volver aquí – dijo Korra, observando el barco naufragado -. Ten – le extendió la piedra.

- Acabas de inventar eso ¿cierto? – dijo Asami, escéptica -. Si lo que hubieras dicho fuera verdad, entonces no habría más piedras en esta playa.

- Eso es porque cuando regresas aquí, colocas las piedras donde las encontraste.

- Oh… entonces creo que es una bonita tradición. Me encantaría volver acá.

Nuevamente Korra se había quedado observándola y ella no sabía qué hacer, así que solo avanzó y apuntó hacia el barco.

- Este barco es muy impresionante. Puedo entrar allí ¿cierto?

- Claro.

Y ante aquella respuesta Asami se adentró en la estructura, siendo plenamente consciente del sonido de los pasos en la arena detrás de ella.

- Pero ¿cómo es que este barco está aquí de esta forma?

- Porque está embrujado – respondió Korra, mientras salían a lo que había sido la cubierta del barco -. Si eres embrujado por un hermoso lugar, te quedarás así.

Asami se detuvo ¿por qué había dicho eso?

- ¿Has sido embrujada alguna vez? – preguntó, enfrentándola.

Korra demoró en responder, y Asami vio como ésta luchaba contra algo.

- Por supuesto – finalmente respondió -. Y pienso que tú lo sabes.

Maldita sea. No eran suposiciones de ella. Korra no estaba jugando.

Asami se quedó en silencio, como parecía hacerlo siempre desde que se había encontrado con ella por segunda vez. Pero este silencio era más espeso, como si cualquier movimiento pudiera desencadenar algo de lo cual no estaba segura respecto a las consecuencias. Su mente analítica en ése momento no pensaba, solo la observaba, buscando algo, sintiendo algo.

- Ahora que lo pienso, todavía no he escuchado tu respuesta – continuó Korra, congelando el aliento de Asami y viendo un atisbo de pánico en los ojos de la última, ella sonriente agregó -: ¿Has estado bien? ¿Todavía sigues luciendo sexy en la sala de operaciones?

Asami dibujó una triste sonrisa en su rostro.

- Creo que quizás me has malinterpretado – respondió -. Yo no vine acá a hacer trabajo de voluntaria con buenas intenciones. Alguien con más poder me forzó a esta situación, a este lugar. Y ahora, ya no hago más cirugías.

Korra escuchaba atentamente, y Asami continuó sintiendo todo el pesar que ya había superado, el cual con facilidad se sobrepuso al mágico y efímero sentimiento indescifrable que antes la inundaba.

- Aparentemente tener conocimientos de cirugía no cuenta como experiencia – dijo un poco resentida -. Pero regresaré, y cuando lo haga, con el fin de volver a ser lo que una vez fui, estaré muy ocupada.

Esa era la respuesta ambigua a la pregunta no formulada de Korra. Ella le contó en resumen lo que había sucedido, lo que iba a hacer en un futuro, y en ése futuro no tendría tiempo para lidiar con nadie. No podía pre-ocupar su mente con alguien como ella.

- Ya veo.

Asami presionó la lisa piedra blanca entre sus manos. Había logrado no caer embrujada por el paisaje, debía concentrarse, solo había sido un desliz, unas muy breves vacaciones de descanso para su mente, pero ahora debía volver a ser ella.

Aun sentía algo del calor de Korra que persistía en la pequeña piedra, y ese pequeño y casi imaginario calor era como una pequeña aguja en su mente, que le decía que quizás, quizás… había obrado mal.

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El viaje de vuelta fue incómodamente silencioso. Parte de Asami se atribuía la culpa, pero ella no había dicho explícitamente nada incorrecto. Todo había sido implícito, tácito, inexistente. Pero, aunque pensara eso, la evidencia estaba allí presente, enmascarada en esa incómoda barrera que sentía que Korra había vuelto a levantar, siempre bajo el disfraz de su rango militar.

Estaba ingresando a la base cuando ante los reflectores del auto vieron pasar a Aang casi corriendo con un pequeño niño entre sus brazos. Korra y Asami se miraron preocupadas y de inmediato salieron del auto, persiguiéndolo.

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Pasando el extremo del estetoscopio por su tórax, nuevos datos se archivaban a su lista. Su frecuencia cardíaca se estaba regulando. El sonido de su respiración era constante, pero algo le molestaba.

- ¿Dices que él de repente apareció frente a ti, vomitó y se desmayó? – preguntó Asami, haciendo una anamnesis de manera inconsciente.

- Me dijo algunas palabras que no pude entender y luego sucedió todo eso. Como le faltaban nutrientes le coloqué un suero intravenoso. Pero ahora que lo pienso, su voz era normal – dijo Aang para agregar algo más a la lista de datos que Asami se estaba creando en su cabeza.

- No parece que sea neumonía… pero para ser solo un simple caso de anemia debido a la desnutrición, su condición es realmente mala – dijo en voz alta.

Asami procedió a palpar el pecho del pequeño chico, y cuando presionó una zona cercana a la apófisis xifoides del esternón, se escuchó provenir de sus labios un débil alarido de dolor.

- ¿Dolores entre el hígado y el estómago?

- ¿Quizás sea envenenamiento por plomo? – agregó Korra, sobresaltando un poco a Asami, quien había olvidado que esta se encontraba en la misma habitación, a los pies de la camilla donde estaba recostado el chico.

- Pero los síntomas de envenenamiento por plomo no aparecen tan repentinamente – comentó Aang.

En ese entonces Asami recordó a la chica que estaba chupando algo en las cercanías de la base militar.

- Por casualidad ¿estaba chupando algo? – preguntó.

- Si, estaba chupando sus dedos mientras me decía algo en otro idioma.

Un horrible presentimiento se le vino encima, pero no solo por la situación particular de este niño, sino que, probablemente, por la situación de todos los que vivían en aquella isla.

- Tenemos que comenzar con una desintoxicación – ordenó Asami -, así que ponle un tratamiento intravenoso con algunos nutrientes y vitamina C, así como AEDT.

- ¿Estás diciendo que es un envenenamiento causado por el plomo? – confirmó Aang.

Asami exhaló pesadamente el aire de sus pulmones. Decirlo era otra cosa.

- Es anemia causada por desnutrición. Pero ya que el plomo fue ingerido, su sangre la absorbió, porque no estaba recibiendo ningún otro nutriente.

Aang abrió la boca, siendo consciente también del panorama de salud que se le venía encima.

- Debido a que la ingesta de plomo aumentó demasiado rápido – continuó Asami -, esto se convirtió en una intoxicación aguda.

Aang se sacudió el mal presentimiento y observó a Korra.

- Capitana, usted es increíble – luego se dirigió hacia Asami -. Iré a traer la medicina de inmediato.

Y apenas él salió de la sala, Korra se movió, notificando de su presencia.

- Hazme saber cuándo él despierte – le dijo con voz monótona a Asami, y comenzó a caminar hacia la salida también.

- Estoy agradecida por su ayuda – la detuvo Asami, la cual se levantó de su asiento y la enfrentó -. De ahora en adelante, deja al equipo médico encargarse de los asuntos-

- Si estás agradecida, todo lo que tienes que hacer es ser agradecida – la interrumpió Korra.

- ¿A qué te refieres?

- Tú dijiste que la vida tiene dignidad, y que no hay mayor valor o ideología que esa – respondió, haciéndola recordar todo lo pasado -. Estoy diciendo que tú pareces ser una persona diferente que la Dra. Sato que una vez conocí.

¿Qué demonios?

Asami se mordió su labio inferior. Eso no era cierto. Ella no había cambiado ni una pizca, continuaba siendo la misma, solo que ahora era un poco más famosa y con más carácter ¿eso la hacía distinta?... ¡¿Y quién mierda se creía ella para decirle eso?! ¿acaso ella no había cambiado? ¿acaso no la había ignorado al principio?

No quería llevar esto al plano personal. Eso solo empeoraría las cosas.

- La anemia a causa de la malnutrición y los síntomas de envenenamiento por plomo, son enfermedades que raramente ocurren en la capital – respondió, y cuando lo hizo notó que parecía una pobre excusa. No tenía por qué responderle a Korra.

- En esta isla, son tan comunes como los resfriados – dijo Korra fríamente -. Incluso si éstas enfermedades son de rara ocurrencia, hubiera sido mejor que viniera un doctor que supiera de ellas.

¿Qué estás diciendo?…

- Estoy de acuerdo – dijo tajante Asami -. Sin embargo, no todos los doctores de este mundo son tan grandiosos.

- Claro. También hay necesidad de los doctores que aparecen en la televisión.

Eso era. Ahora todo había cambiado de manera tan rápida a algo personal, a algo en su contra.

- Me retiraré primero – dijo la Capitana, saliendo mecánicamente de aquella sala.

Asami cerró los ojos, apretando con fuerza sus párpados. Ella no podía decirle eso, no tenía derecho, no sabía nada de lo que había sucedido. Se sintió tan tonta al creer haber sentido alguna clase de conexión con ella horas antes en aquella paradisiaca playa. Pero siempre sería eso, sería el resentimiento de aquella vez, del cual jamás habían tenido la oportunidad de hablar. Menos quería hacerlo después de todo esto.

Korra avanzó casi sin detenerse hasta subir las escaleras que llevaban hacia las oficinas militares. A esa hora no habría nadie allí, necesitaba estar sola, necesitaba vaciar su mente. Se había dejado llevar por demasiado y se odió por ello ¿Por qué mierda lo había hecho?

Pesadamente daba sus pasos por aquellos escalones cuando un grave sonido de alarma resonó por todo el edificio. Korra se detuvo en el acto, internamente asustada ante el desconocido ruido. Un segundo después volvió a sonar, y continuó así por unos más. Eso era una señal de alerta.

Enseguida vio a Bolin salir de una de las puertas más lejanas y corrió hacia ella, con su rostro visiblemente preocupado. Aquello no podía ser bueno.

- Toda el área del cubículo médico está bajo CONFP BRAVO – le dijo atropelladamente Bolin.

¿CONFP? Sabía que lo conocía, pero su mente aun no despertaba de la mal experiencia previa, todo causado por ella. Pero debía sobreponerse, no era momento para dejarse dominar por su vida sentimental.

CONFP: Condición de una Fuerza de Protección – le respondió su mente militar, pero ¿qué podría significar ello?

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Todos los militares se encontraron vistiendo sus ropas de batalla, equipándose con todas sus armas, cubriendo cada uno de los rincones de la base, lista para defenderla, si es que llegaban a la instancia de hacerlo.

Korra estaba con Bolin en el centro de tácticas militares. Mientras su Sargento observaba un mapa de la zona, Korra estaba al teléfono buscando información sobre la gravedad de lo que se aproximaba.

- ¿Es el área de interés el campo de los cubículos médicos hospitalarios? – preguntó ésta por la línea.

- Un paciente VIP está siendo transferido al cubículo médico – decía alterado Tenzin desde la base principal de la Isla.

- ¿Cuánto tiempo tenemos?

- No lo sé. Llegarán dentro de poco allá.

- ¿Por lo menos sabemos quién es? – preguntó Korra, sin la seguridad de que le digieran de quien se trataba, ya que en cualquier momento la línea se podía volver insegura.

Pasaron unos segundos en el cual la tensión aumentó por completo.

- Es la Presidenta Izumi del país de la Nación del Fuego – dijo finalmente Tenzin -, quien estaba regresando de su visita extraoficial al norte de la Isla para establecer un acuerdo del tratado de paz entre los grupos de políticos corruptos y el control fronterizo. Pero justamente por ser la mandataria de esa nación, y por querer instaurar la paz, transparentando todo el sistema gubernamental, eso la convierte en el blanco número uno para ser asesinada.

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El silencio reinante era el mismo que solía llenar el ambiente antes de una confrontación abierta en los campos de batalla, pero esto no era tan violento, esto era todo sobre política, del cual cualquier acción en falso y se desencadenaría una inminente batalla. Y era muy malo, ya que, además, nadaban en la ignorancia.

Tanto el cuerpo médico como el militar estaban esperando afuera de los medicubs a que la capitana apareciera con las instrucciones. Asami no sabía muy bien qué esperar, o qué se querría de ella y de su equipo. Aun no le informaban de nada, y sinceramente no esperaba saberlo.

Pronto apareció Korra frente a ella, con un sobre entre sus manos. Si bien la situación era completamente distinta, ninguna de las dos pudo evitar mirarse a los ojos con la culpa y el orgullo flameando en su interior. Debían dejar eso de lado. Por ahora.

- Estos son los expedientes médicos enviados por el doctor del paciente VIP – le dijo Korra, extendiéndole el sobre.

- Está bien – respondió Asami, completamente profesional.

No esperó, apenas lo tuvo entre sus manos sacó el expediente fuera del sobre, y lo que encontró fue algo completamente alarmante.

- ¿Qué significa eso? – dijo Suki detrás de ella. No lo podía creer, en aquella información ¡no había información! Todo estaba censurado.

- ¡¿Es una broma?! – exclamó Sokka -. Si todo está censurado ¿qué es exactamente lo que ellos quieren que leamos para hacer un diagnóstico?

Haber trabajado como médico particular le había servido para algo. Asami no estaba completamente sorprendida. Pero esto era una situación urgente, en otras circunstancias habría pasado eso por alto y lo hubiera tomado como un desafío para su carrera.

Pero ahora su carrera no era la única en juego. El desastre político de aquella Isla afectaría por completo el orden mundial. Era demasiado estrés.

- En las historias médicas de los pacientes VIP, hay más mentiras que verdades de todas formas – dijo Asami, intentando tranquilizar a su equipo.

- ¿Quieres decir que ellos registran información falsa en los historiales médicos de sus pacientes? – preguntó Aang -. ¿Qué tipo de doctores locos harían algo así?

- Doctores como yo – respondió Asami, observando a Korra directamente a los ojos -. De la misma manera como los pacientes pobres necesitan doctores grandiosos, los pacientes VIP necesitan doctores especiales. Para ellos, su historial médico puede ser su debilidad, es por eso que el estado de salud de una presidenta es un secreto nacional.

El sonido de la sirena de una caravana de vehículos ingresando al recinto llamó la atención de todos, y cinco imponentes automóviles se detuvieron delante de ellos.

- ¿Cuál es la situación? – preguntó Tenzin por el auricular que Korra llevaba al oído.

- Nada especial. Ellos acaban de hacer presencia en el lugar.

- Bien. Escucha, incluso Raiko ha sido avisado de la situación, así que mantenme informado de hasta los más pequeños detalles.

- Entiendo.

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- La presión sanguínea está en 175/110, el pulso está en 100 y su frecuencia cardíaca en 70 – emitió Jinora observando preocupada a la paciente.

- Ya que la presión sanguínea está alta y el pulso es rápido e irregular, podríamos decir que ella está somnolienta. Esto parece ser hipoglicemia – dijo Aang, al otro lado de la camilla.

- Dice en su pobre expediente que ella tiene diabetes ¿podrá ser un problema de la insulina? – preguntó Sokka, de brazos cruzados.

- Hagámonos cargo de eso primero – determinó Asami -. Por favor, prepara D50A por intravenosa.

- Ok – dijo Suki, mientras Jinora se preocupaba de monitorear el estado de la Presidenta.

- ¡Esperen! – exclamó desde atrás de la habitación uno de los guardaespaldas de la Presidenta.

Observándolo, Asami siguió con la mirada al hombre que sacó un frasco de un maletín y se lo extendía, mostrándoselo.

- Ésta es una prescripción del doctor de la Presidenta – le dijo, depositando el frasco entre las manos de la doctora.

Asami observó atentamente el nombre del fármaco, mientras sus dedos recorrían aquel envase.

- ¿Nitroglicerina? – dijo en voz baja.

- ¿Un vasodilatador? ¿Por qué? Esta paciente es diabética, y está teniendo una reacción adversa a la insulina ¿no es cierto? – preguntó Aang.

- Les dije que la historia médica no es confiable – lo retó Asami, mientras desesperadamente intentaba buscar el problema en su cabeza -. Si tú cambias el diagnóstico de acuerdo a los síntomas, tiene sentido. Ella no está teniendo hipertensión causada por una hipoglicemia. Ella presenta hipoglicemia debido a problemas en el corazón.

Aun así, había algo que no calzaba, pero no lograba ver el cuadro completo aún. Y el tiempo se agotaba.

- Por favor, adminístrale esto – mandó, extendiéndole el envase a Jinora.

Lentamente la enfermera inyectó eso en el tubo intravenoso, atenta a todos los cambios detectables en las pantallas.

Y segundos después un agudo y constante sonido de alarma salió de éstas.

- Su presión sanguínea está cayendo – dijo Jinora, luchando por no entrar en pánico.

- Abran las líneas y administren fluidos intravenosos – dijo Asami, y de inmediato abrió la camisa de la paciente para palpar su torso y abdomen, y cuando posó su mano la quitó se dio cuenta de otra cosa -. ¿Qué es esto? ¿Distensión abdominal?

- Hey ¿qué está sucediendo? – escuchó Korra por el auricular.

Eso mismo ella quería saber. El rostro de Asami era de total concentración, pero ella sabía que estaba luchando contra algo que desconocía, bajo presión, en una sala llena de militares y guardaespaldas armados. Debía ayudarla de alguna manera.

- ¿Cuál es la situación? – le preguntó calmadamente cuando se acercó a Asami, sin querer alarmarla o presionarla.

- ¿Distensión abdominal y caída en la presión sanguínea? – dijo Asami sin escuchar su pregunta, ni ser consciente de su alrededor -. ¿Hemoperitoneo?

Presionó un poco más fuerte el abdomen y observó como el rostro de la inconsciente Izumi se contraía por el dolor.

- Ella está sangrando en su cavidad abdominal. Hay algo más que están escondiendo acerca de esta paciente – dijo volviéndose a Korra -, seré capaz de saberlo una vez que la abra. Voy a hacerle una cirugía abdominal abierta. Preparen inmediatamente el cuarto de operación.

- Si – respondió su equipo médico.

- ¡Deténganse! - gritó el guardaespaldas -. No puedo dejar que hagan eso. No puedo dejar que la operen.

El sonido de alarma del estado crítico del paciente seguía sonando, ella ya había identificado una posible causa del problema y necesitaba confirmarlo, necesitaba operarla.

- El doctor de la presidenta estará aquí en una hora.

Necesitaba operarla.

- ¿A qué se refiere? Ella no durará una hora – dijo Asami -. Si no la opero ahora, ni veinte minutos aguantará.

- No puedo permitirle a cualquiera simplemente atravesarle un cuchillo a la presidenta de la Nación del Fuego.

- No me estás escuchando – respondió alterándose -. Ella morirá si no la opero en veinte minutos.

Y el guardaespaldas no la escuchó. Llevándose una mano al interior de su chaqueta sacó una pistola y se la apuntó directamente.

- ¡Manos fuera! – advirtió.

Korra sin perder tiempo se interpuso entre los guardaespaldas y el cuerpo médico.

- Solo doctores de la Nación del Fuego pueden operar a la Presidenta Izumi – agregó el guardaespaldas.

Korra estaba justo en medio, completamente preocupada por el abrupto giro de acontecimientos. Su mano estaba apoyada en su cinturón, justo encima de la funda en la cual llevaba su pistola. ¿Tendría que sacarla? ¿Apuntar a aquel tipo como él lo estaba haciendo con ella? Pero eso empeoraría la situación, eso sería como ordenar directamente el ataque.

No sabía qué hacer.

- Todo el mundo, deje lo que está haciendo y retírese – escuchó Korra que ordenó Asami detrás de ella.

Y el pitido agudo de la maquina seguía sonando.

- Está bien. No estoy intentando cambiar la historia aquí – dijo Asami, dirigiéndose al guardaespaldas -, pero tan pronto como quite mi mano, ella morirá.

Y para respaldar lo que había dicho, otro sonido más preocupante se había sumado al anterior.

- Su presión sanguínea está cayendo aún más. Está en el límite – dijo Jinora.

Todos se miraban buscando quién sería el primero que actuase. El juramento hipocrático de Asami le dictaba que ella no tenía que apartarse, a costa de su vida si es que tenía que ser así, pero eso iniciaría una guerra. Por otro lado, si dejaba morir a la Presidenta, eso también causaría una guerra. ¡Estúpidos políticos y sus guerras!

El auricular de Korra sonó de otra manera, indicándole que esto era un aviso a todos los militares, solo ellos escucharían.

- Escuchen cuidadosamente – dijo Tenzin por la línea -. El asunto aquí no es si ella vive o muere, el punto es quién toma la responsabilidad por ello. Hagan lo que los guardaespaldas quieren. Entonces, si la Presidenta muere, podemos adjudicarle la responsabilidad a la doctora por no operarlo y será ése su error personal.

¿Qué…?

- La milicia no intervendrá bajo ninguna circunstancia. Es una orden del Presidente Raiko – finalizó Tenzin.

¡¿Qué?! Entonces, si no hacemos nada, la Presidenta Izumi morirá y la culpa será de Asami por no tratarla ¿y esperaban que eso esté bien? ¿Qué sucede con la ética? ¿Solo les basta quedar bien frente al mundo? ¿Cómo es que ni siquiera intentan dar la pelea para salvar su vida?

Bolin lentamente intercambió una mirada con ella. Él tampoco estaba de acuerdo.

El sonido de las alarmas la estaba volviendo loca, el tiempo se acababa y tenía que tomar una decisión. Ladeando lentamente la cabeza, sin quitar la vista del arma con que la apuntaba el guardaespaldas, se dirigió a Asami.

- [¿Entiendes si te hablo en este idioma?] – le preguntó Korra, utilizando el idioma de las tierras del Polo Sur.

- [Si] – respondió Asami.

- [¿Puedes salvar a la Presidenta?]

- [¿Qué?... No lo sabré con certeza hasta que la abra, pero en algún lado del árbol biliar hay algún sangrado que-]

- [Suficiente de cosas complicadas] – la cortó Korra, volteándose para plantarle cara directamente -. [Sólo dime si puedes salvarla o no… como una doctora]

- ¡Tú estúpida! ¿qué estás haciendo? – escuchó Korra por su auricular.

- [Respóndeme]

¡¿Qué mierda, Korra?! ¿Ahora soy una doctora competente? ¿En este preciso instante quieres que lo sea?

Nada de esto debió haber sucedido. Nada la había preparado para algo así.

- [Puedo salvarla] – dijo Asami finalmente.

Korra se volteó hacia el guardaespaldas. Llevó una mano hacia el otro lado de su cinturón, en el cual descansaba su walkie talkie que los comunicaba con la central. Apagó la señal y en seguida quitó el auricular de su oído, el cual cayó despreocupadamente por su cuello.

- [Entonces sálvala] – dijo, y rápidamente desenfundó su pistola y la apuntó hacia el guardaespaldas de pie frente a ella.

Todo el equipo militar subió sus rifles, listos para disparar, para defender a su capitana, y los guardaespaldas respondieron elevando sus pistolas. El enfrentamiento armado ya era un hecho.

Suki emitió un pequeño alarido asustada, y Sokka de inmediato se acercó a protegerla. Todos estaban siendo refugiados por alguien, protegidos por alguien. Y Asami sabía perfectamente que la mujer frente a ella no solo protegía su nación y a sus ideales, se había interpuesto literalmente entre la pistola y ella, se había interpuesto sin permiso ni preguntas, como siempre lo hacía.

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~o~


N. de la A.:

No he olvidado esta historia, me encanta, pero la verdad es que me toma demasiado tiempo adaptarla, del cual no dispongo mucho últimamente. Pero prometo no dejar pasar tanto esta vez.

Poco a poco la relación de Bolin está entrando a escena, aunque en este capitulo él no apareció tanto. El fuerte fue la complicada relación de las chicas, las cuales no piensan dejar de lado todos sus prejuicios. Y es un tanto divertido que lo diga.

En fin, no tengo muchas palabras, y como no tengo otra manera de avisar informaré que este lunes quizás no actualice la otra historia cochina, debido a que en mi país son días festivos ultrapatrióticos y estaré en un tanto ocupada. Así que pasen el dato, para no preocupar ni decepcionar.

Listo. Nos vemos en la próxima actualización de lo que sea.