ADV: LEMON


-¡Koga es precioso! -Exclamó entusiasmada la recién casada.

Permaneció unos segundos en silencio, observando el pequeño colgante que le habían regalado sus amigos los lobos. La cuerda era blanca como la cal, ni muy larga ni muy corta, donde en ella colgaba una luna redonda con un rostro de perfil de un lobo aullando dibujada en ella.

Kagome se abrazó con fuerza al demonio lobo agradeciéndole así el detalle.

Inuyasha, que estaba en su postura habitual, con las manos escondidas en las mangas de su hitoe no pudo evitar gruñir ante la escena. Koga siempre había sido su rival,y siempre lo seria. El demonio de ojos azules escuchó el gruñido y le lanzó una sonrisa torcida por encima del hombro de Kagome, haciendo que Inuyasha le lanzara una mirada asesina.

-Muchas gracias a ti también Ayame. -Agradeció de nuevo Kagome separándose de Koga para después intentar abrazar a la loba preñada, pero su enorme barriga se lo impedía.

Ayame suspiró.

-Supongo que será igual de grande que el padre. -Comentó acariciándose la enrome panza mirando a Koga sonriendo refiriéndose a su bebé.

En ese momento Kagome pudo ver una pequeña marca, dos puntos situados en su cuello de la demonio-lobo. Era la "marca" que le había hecho Koga... Kagome se tensó de inmediato. Hasta ahora no había pensado en que hoy era la noche en que por fin ella e Inuyasha se unirían de la forma más humanamente posible.

Los latidos del corazón de Kagome aumentaron de ritmo y el Hanyou la miró de reojo al escuchar el sonido prominente de la chica.

-Está claro. -Dijo Koga orgulloso de sí mismo poniéndose las manos en las caderas a modo de jarra.

-Entonces saldrá igual de feo. -Susurró para sí mismo el Hanyou mirando al otro lado del claro con tono despreocupado.

-¿Tienes algún problema chucho? -Gruñó el demonio-lobo encarándose a él.

-¿Qué pasa quieres pelea? -Amenazó Inuyasha gruñendo también levantando los puños.

Kagome y Ayame suspiraron sin poder evitarlo. Siempre estarían igual.

-¿Y qué significado tiene el colgante? -Le preguntó la Miko a la futura mamá llamando la atención de los dos hombres.

-La cuerda blanca significa pureza, -intervino Koga mirando a Kagome- el lobo aullando significa valor y-

-La luna significa lealtad. -Concluyó la chica de ojos verdes interrumpiendo a su marido.

-Es tu propio retrato. -Añadió sonriendo Koga.

Inuyasha zurció el ceño poniendo sus brazos en su postura de antes.

En ese momento se acercaron a ellos Ginta y Hahhaku, los fieles compañeros del líder lobo.

-Nosotros nos vamos ya, el cielo ya se ha oscurecido. -Anunció Ginta.

-A estado muy bien, gracias por avernos invitado a nosotros también. -Agradeció Hahhaku mirando a los recién casados.

-Vamos con vosotros. -Dijo Koga mirando a sus compañeros - Espero verte pronto Kagome, ¡Nos vemos!

-Hasta pronto Koga, yo también espero verte pronto, y a ti también Ayame. -Se despidió Kagome con una sonrisa en la cara.

Los cuatro lobos comenzaron a alejarse de ellos, dejándoles solos.

-¡Hasta pronto chucho apestoso! -Gritó Koga mientras se alegaba dándole la espalda y despidiéndose de él con el brazo.

-¡Cállate imbécil!

Kagome no pudo evitar sonreír. Ese tipo de discusiones le traían a la mente muchísimos recuerdos. Las cosas habían cambiado durante esos tres años, oh al menos casi todo.

-¿Y dónde están Sango y Miroku? -Preguntó la muchacha extrañada fijando la mirada en su ahora marido.

La ceremonia había durado todo el atardecer, y los invitados ya comenzaban a marcharse, ya que estaba oscureciendo, pero los jóvenes papás habían desaparecido mucho antes. Era bastante extraño.

-¡Aquí estamos! -Exclamaron unas voces familiares mientras les agarraban por los brazos sin previo aviso.

-¡Eh pero que haces Miroku! -Exclamó le medio demonio.

-¡Vamos a daros vuestro regalo de boda! -Dijo Sango entusiasmada mientras arrastraba literalmente a Kagome por el brazo.

-¿Nuestro regalo?

-¡Claro! ¿Qué pensabas?

-¡Vamos, vamos! -Exclamó el Monje también entusiasmado.

Kagome eh Inuyasha se miraron sin comprender.

-Pero sí es nuestra cabaña. -Se dijo a sí mismo el Hanyou mirando la casa a donde les habían llevado.

-Disfrútalo. -Le susurró Sango a Kagome sonriendo y guiñándole un ojo con disimulo.

¿Disfrutarlo?

Entonces sin previo aviso les metieron dentro a empujones, cerrando la puerta tras ellos y dejándolos solos en la pequeña cabaña.

La respiración de la chica se detuvo por un momento.

Más de cinuenta velitas repartidas por el suelo iluminaban el interior de la casita haciendo así una luz tenue, acompañada de muchísimos pétalos de la flor del lirio blanco, el olor preferido de Inuyasha, también repartidos por el suelo y por encima del gran futón colocado en medio de la estancia, al lado de le pequeña fogata. Ahora entendía porque Sango le había dicho que disfrutara .Este era el regalo de sus dos amigos. Para que disfrutara de su noche de bodas…

Inuyasha permaneció inmóvil.

-¿Pero dónde está el regalo?

Estaba claro el que Hanyou no se había enterado de nada.

Kagome permaneció mirando en silencio. Hoy había sido el día de su boda, y con tanto ajetreo ni siquiera se había parado a pensar en cómo sería su noche de bodas. Ni siquiera había pensado en planear algo así. Definitivamente el regalo de Sango y Miroku había sido el mejor de todos.

-Este es nuestro regalo... -Susurró Kagome mirando ahora el rostro de su marido y de nuevo al interior de la casita.

Entonces fue cuando Inuyasha lo entendió. Él tampoco se había detenido a pensar en su noche de bodas con todo el jaleo de la celebración.

Sus músculos se tensaron de inmediato mientras permanecía en silencio.

Aquella noche que Kagome le recibió desnuda no tuvo ninguna duda, en cambio ahora…. sentía miedo. Miedo a que algo malo pasara. Miedo a herirla. Un tipo de miedo que nunca había sentido...

Kagome estaba nerviosa, hoy era la noche definitiva en que ellos dos se unirían… Sé acercó a él con cautela, como si estuviera intentando no asustarle, como si el Hanyou fuese la persona más delicada de este mundo, sin saber que la persona más delicada en ese momento era ella misma. Rozó sus labios con los suyos, intentando que el temor de ambos desapareciese, aunque Inuyasha no admitiera que también estaba nervioso.

Él le devolvió el beso con cautela, cogiéndola de la cintura y acercándola más a él, pegando un poco sus cuerpos con cuidado. Kagome rozó con su lengua el labio inferior, provocándole al chico de pelo plateado un escalofrío y una reacción debajo de su hakama. Una reacción que ahora le daba pavor. ¿Y si la lastimaba? ¿Y si era demasiado brusco con ella? ¿Y si ella sentía miedo? Toda su mente era un verdadero caos. Se separó de sus labios y la miró con atención.

-Kagome...-Susurró el medio-demonio -Si quieres podemos esperar hasta la noche de Luna nueva, si te hiciese daño o pasa algo... no me lo perdonaría. –Confesó apartando la mirada de ella avergonzado.

Lo menos que podía hacerera proponerle eso.

La chica colocó sus manos en el las mejillas de él, obligándole a mirarla a los ojos. Unos ojos que demostraban seguridad en ella misma y confianza en él.

-Inuyasha, yo me enamore de ti siendo tal y como eres, -Dijo tranquila - siendo un Hanyou. Y no quiero cambiar las cosas por eso. No tengo miedo. Te quiero tal y como eres.

-Pero pude escuchar como tu corazón se aceleró cuando viste la marca de Ayame... -Le dijo en un susurro él.

Kagome no lo iba a negar, estaba nerviosa. Muchísimo. Pero le daba igual. Confiaba en el. Lo amaba.

-No me aras daño Inuyasha.

Eso era todo lo que necesitaba el escuchar el chico. La estrechó más contra su cuerpo y la besó con mucha más confianza. La chica le rodeo el cuello con sus brazos, estrechándose aún más a él. Ambos habían esperado mucho tiempo este momento. Un momento único. Su momento...

Ahora fue la lengua de Inuyasha quien rozó el labio inferior de la joven, pidiéndole permiso para entrar en su boca y Kagome no dudó en dárselo. Entreabrió sus labios contra la de él y sus lenguas comenzaron una danza sincronizada haciendo gemir a la muchacha.

-¿Tienes miedo? -Preguntó el Hanyou separándose un momento de los labios de la joven. Volvía a tener la misma mirada oscura que hace unos días.

Kagome solo movió la cabeza hacia los lados sonriendo.

Inuyasha le devolvió la sonrisa y la besó de nuevo mientras las manos de la chica bajaban por su pecho para comenzarle a quitar el hitoe del Kimono de color negro, el que aún llevaba puesto después de haberse dado el sí quiero.

Cuando consiguió desabrochar la chaqueta, Inuyasha separó de nuevo sus labios de los de ella y le dedicó una sonrisa torcida haciendo que la muchacha se sonrojara.

El chico no digo nada, permanecieron en silencio y mirándose a los ojos, desató el nudo del cinturón del Kimono de Kagome situado en su fina cintura, tirándolo al suelo y haciendo que este se abriera dejando ver parte de su cuerpo de la muchacha. A continuación subió sus manos hasta los delicados hombros de ella y apartó la ropa haciendo que el kimono callera a sus pies, dejándola completamente a su merced vestida solo con unas braguitas también blancas.

No dejaron de mirarse en ningún momento a los ojos, demostrándose seguridad y amor el uno al otro.

Inuyasha podía escuchar con claridad los fuertes latidos de su esposa.

El Hanyou la atrajo de nuevo hacia él, besándola con mucha más energía que antes y convirtiendo sus lenguas en una sola dentro de sus bocas. Las manos del chico recorrían la cintura de la muchacha bajando hasta las caderas y subiendo hasta llegar detrás de sus hombros, rozando así el contorno de sus pechos redondos y firmes, haciendo suspirar a la muchacha cada vez que los rozaba.

Kagome volvió a mover sus manos por en medio de sus cuerpos y al fin consiguió desbrochar el obi que sujetaba el Kimono del medio-demonio. Alzó sus manos hasta los hombros de él y arrastró la chaqueta por ellos tirándola al suelo acompañada del kosede blanco que llevaba debajo del traje, dejando así su buen formado pecho y vientre al descubierto.

La muchacha acarició tímidamente los músculos del Hanyou, provocando un gruñido contra su boca. Le había visto más de cien veces sin la chaqueta cuando le curaba las heridas hace tres años, pero este momento era muy diferente... Pasó de nuevo sus brazos al rededor su cuello y pegó todo lo posible sus cuerpos.

Inuyasha notó como los pechos de Kagome se aplastaban contra él, haciendo que perdiera la poca cordura que le quedaba… Sin dejar de besarla se dirigió con ella hacia el futón guiado solo por la luz tenue de las velitas.

La depositó suavemente sobre el colchón por encima de los pétalos, haciendo que su dulce aroma se mezclara con el de las flores. La muchacha abrió instintivamente las piernas hacia los lados dejando más espacio entre ellas para que el medio-demonio se acomodara mejor, en ese momento el aroma de excitación de la chica inundó su nariz, produciendo un terrible dolor en su ya muy erecto miembro.

Gruñó sin poder evitarlo.

Se separó de ella con cautela, quedándose sentado sobre sus rodillas entre las piernas de ella, dejándola completamente a su merced, observándola.

Tenía los labios hinchados y de color rojo a causa de los apasionados besos, -unos besos que nuca se habían dado- y su pecho subía y bajaba con rapidez a causa de su agitada respiración.

Kagome nunca había estado tan expuesta como en este momento, pero no le importaba. No le importaba porque estaba con quien quería. Estaba con Inuyasha...

El chico de ojos dorados dejó a Tessaiga en el suelo y se deshizo de sus pantalones negros quedando totalmente desnudo ante la curiosa mirada de ella. Kagome no pudo evitar sonrojarse y morderse los labios al posar su mirada en esa parte del Hanyou.

Inuyasha volvió a recostarse sobre ella colocando sus codos al lado de su rostro para que no sintiera ni un solo gramo de su peso sobre su delicado cuerpo y comenzó a besarla delicadamente por debajo de la barbilla, pasando por la clavícula y llegando al fin a unos de sus pechos.

Lamió el pezón con curiosidad, y éste se endureció al momento provocando que la muchacha se aferrara con fuerza a la musculosa espalda del Hanyou. Se pasó varios segundos así y luego se pasó al otro.

Kagome soltó un pequeño gemido.

Las caderas del Hanyou se movieron instintivamente provocando una presión en la zona más sensible de ella sin darse cuenta de que aún llevaba su braguitas.

Bajó sus labios hasta su vientre plano, dejando un suave rastro de pequeños besos hasta llegar al filo de la fina tela. Kagome arqueó la espalda cuando sintió los labios del chico besar su zona por encima de la tela, eh inevitablemente el olor de su excitación se hizo aún más notoria.

Las garras afiladas de Inuyasha rasgaron por completo la tela, reduciendo así el tiempo que habría perdido si se la hubiera quietado dejándola intacta. Se posicionó de nuevo sobre ella mirando directamente a sus ojos de color marrón mientras le acariciaba el cabello rebelde de su frente.

Myoga dijo que las primerizas podían sentir algo de dolor… ¿Y si…? No, podría hacerle daño con mis garras… No, no podría hacer eso. Tengo que entrar directamente en ella...

-¿Preparada? -Le susurró con dulzura mezclando sus respiraciones.

Había llegado el momento, su momento. Una de las razones por la cual se había casado es misma tarde...

Kagome asintió débilmente con la cabeza. Colocó sus brazos alrededor de la espalda del chico y se aferró con fuerza. Esperando a lo que venía a continuación.

Lo siento Kagome...

Inuyasha empujó sus caderas contra las de ella, introduciéndose lentamente y con la máxima delicadeza que aún le quedaba mientras la miraba a los ojos. El Hanyou gruñó cerrando los ojos con fuerza al sentir la estrechez y Kagome gimió de dolor. Se introdujo más en ella y notó la fina barrera que le impedía seguir, la fina tela que marcaba la pureza de su hembra.

Puede que sí lo hago de esa forma sienta menos dolor… Lo siento… Pensó de nuevo Inuyasha mientras colocaba su rostro en el hueco de entre el cuello y el hombro de la chica.

Y entró en ella de un solo golpe rompiendo la fina barrera que la marcaba como virgen. Un terrible y agudo dolor atravesó todo el cuerpo de la chica, haciendo que gritara y que arqueara la espalda hundiéndose más en él mientras le arañaba la espalda con desesperación.

-Mía… -Susurró Inuyasha con dificultad.

Entonces, el olor de sangre mezclado al olor de las flores y al agua salada le hizo reaccionar preocupado.

-Sí. -Confirmó ella con dificultad a causa de las lágrimas que ya comenzaban a resbalar por sus rojas mejillas.

Inuyasha limpió las gotas saladas con besos dulces, intentando también que el dolor desapareciera mientras comenzaba un vaivén suave. Poco a poco el dolor de Kagome comenzó desaparecer para luego a transformarse en placer, un tipo de placer totalmente desconocido para ambos.

Al cabo de varios minutos cuando el dolor ya había dejado paso al placer completamente le dedicó una sonrisa al Hanyou.

Él se la devolvió.

-Te quiero... -Le susurró con dulzura mientras acunaba la cara del chico con su delicada mano.

Él no contestó, se limitó a cerrar los ojos y a inclinar el rostro sobre la mano de la muchacha, sintiendo su calidez.

Comenzó a embestirla con más ímpetu, disfrutando al máximo de cada detalle, de cada suspiro y de cada célula de sus cuerpos.

-Inu... yasha... -Gimió Kagome colocando de nuevo sus manos en la espalda de medio demonio mientras cerraba los ojos con fuerza al sentir que un cosquilleo bajaba por su vientre.

Él solo le limitó a seguir embistiéndola con fuerza.

De pronto, toda una explosión de electricidad explotó dentro del cuerpo de la muchacha, recorriendo desde su cabeza hasta la punta de sus pies con gran velocidad y voracidad… Nunca había sentido cosa igual en toda su vida.

Inuyasha paró un momento de moverse mientras esperaba a que Kagome recuperara el aliento y sus fuerzas. Tardó varios segundos en recomponerse mientras el medio demonio esperaba.

-¿Por qué… te has…detenido? –Preguntó mientras aún respiraba un poco agitada.

Inuyasha separó su rostro de ella, mirándola con detenimiento y observando la sonrisa que le estaba dedicando.

Volvieron a pegar sus labios delicadamente e Inuyasha se irguió hasta quedar sentado sobre el futón, arrastrando a Kagome con él, quedando sentada encima de su regazo con él a un dentro…

La chica, sin separase de sus labios, empujó con sus manos el pecho del Hanyou con delicadeza para que quedara tumbado con ella encima. El chico no opuso resistencia y se dejó arrastrar.

La chica comenzó a mover sus caderas en un vaivén suave, lento, de delante hacia atrás con las manos apoyadas en el pecho de Inuyasha para mantener el equilibrio. Los ojos del chico se cerraron con fuerza al sentir un cosquilleo placentero, un placer que nunca en su vida había sentido. Ni siquiera cuando había acabado con Naraku.

Kagome sonrió para sí misma al ver la expresión de su amado y echó hacia tras su cabeza abandonándose también por el placer.

Las manos del medio-demonio se posicionaron en las caderas de Kagome, agarrándola con fuerza mientras la ayudaba a mantener un ritmo constante ahora con más intensidad.

-¡Inuyasha! -Gritó la chica mientras sentía que otra ola de placer se apoderaba de ella.

-¡Maldición!

¡Ahora!

Inuyasha se elevó de debajo de ella quedando sentado nuevamente con ella encima. Él también se sentía morir. Apartó con rapidez el pelo sudoroso que tapaba el cuello de la chica y mientras se derramaba en su interior mordió con sus colmillos el sitio elegido. El cuello. No sabía cuándo tenía que marcarla, no sabía si se tenía que hacer antes o después de haberlo hecho, pero sus instintos la hicieron marcarla en ese instante. Tal y como le había explicado el viejo Myoga: solo tus instintos te dirán cuando debes hacerlo.

Kagome se desvaneció rendida entre sus brazos, cayendo los dos en el futón. Ambos estaban sudados, pero aun así seguían abrazados. Inuyasha no recordaba haber sudado así nunca…

Kagome se tumbó a su lado y cerró los ojos cayendo dormida por el cansancio.

Inuyasha la observó por un momento recostado de costado sobre su codo, apoyando su cabeza en su mano.

Estaba preciosa. Con el cabello sudado pegado a la frente, con la respiración ya más calmada, iluminada por la luz de las velas, con el mezclado aroma a flores y con la marca en el cuello que la marcaba como su "hembra". Ahora era su "hembra" y de nadie más. Solo de él.

Había esperado muchísimo tiempo este momento, y ahora por fin, era suya. Solo suya.

Kikyo me daba paz, pero Kagome… es quien me da la vida.

Y sumido en sus pensamientos, se abrazó a Kagome y se durmió mientras olía a la mezcla que habían creado sus cuerpos.

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Espero que os haya gustado este capi... donde porfin sale el lemon! pero os aviso que este no será el unico donde haya contenido de este tipo... Muchisimas gracias por vuestros coments y por las lecturas que recibe mi fic, os estoy muy agradecida!

No tardaré demasiado en subir el proximo, besitos!