RECUERDOS
El está de rodillas, mal herido, a su alrededor hombres muertos, la mayoría de su tripulación . Ella misma tiene una herida de bala en el hombro, se ve taponándose la herida con la mano mientras mira con impotencia a su progenitor.
Ante ella se alza un hombre alto y corpulento de larga barba, de voz profunda, autoritaria, al oírle tiene miedo, sabe que ella y su padre van a morir. La herida del hombro le quema, esta mareada pero no le dará el gusto a ese cabrón, se mantiene de pie, aguantando.
El pirata se le acerca, sus ojos son azules oscuros, escrutadores. La mira con aprobación, casi con admiración, luego mira al hombre que esta a su lado, su padre.
Grita una orden y sus hombres matan a todos, menos a ella, su padre sabe que ya esta muerto, la herida en el estomago es fatal.
El trato que le ofrece le parece monstruoso, su vida a cambio de unirse a ellos. ¿Como es posible? No entiende nada. Ve a su padre, aguantando el dolor, la humillación de la derrota, éste le grita que viva, que acepte la proposición, pero ella no puede hacer eso. ¿Como? Es impensable.
Nota como crece el miedo en su interior, como ese miedo se transforma en ira, lo que siente en visceral, irracional, no puede expulsarlo, no puede calmarse. Debe actuar. Se ve a si misma sorprendiendo a ese pirata y sus hombres cogiendo la espada del suelo, le ataca y éste esquiva la estocada por los pelos. La expresión de sorpresa de su rostro cambia a una de admiración. Con un gesto de la mano izquierda ordena a sus hombres no intervenir.
Se ve a ella misma luchando con fuerza, con valentía, pero con imprudencia, sabe que perderá, que se esta dejando llevar por su miedo, por su odio.
Su padre le dice que se detenga, pero ella sigue cintando, dando estocadas. Hiere en el antebrazo al cabrón, y este le sonríe, ella se encoleriza aún más.
La lucha acaba cuando oye gritar a su padre, se gira y lo ve, moribundo.
- Assez. - le dice él entre lagrimas.- Vous devez vivre fille (Basta, hija tienes que vivir).
El pirata enfunda la espada y ella cae de rodillas junto a su padre, abrazándolo. Su padre le susurra algo al oído y luego muere en sus brazos, ella llora sin consuelo, la ultima voluntad de su padre es que pese a todo, viva. Mira al pirata y asiente a su proposición y luego se oye gritar a si misma, es un grito desesperado, desgarrador.
Billy oyó el grito y se incorporó de inmediato, el sol apenas había salido. Salió corriendo del establo , y cogiendo el hacha de cortar la leña, entró en la casa abriendo la puerta de golpe, en la cama Elda gritaba con desesperación, revolviéndose inquieta en el lecho, la camisa de dormir arrugada alrededor de su cuerpo sudado, el pelo suelto.
Sin saber muy bien que hacer, se acercó a la cama y le cogió la mano, en ese momento Elda despertó y se sentó como empujada por un resorte, se quedó quieta, desorientada, luego vio a Billy sentado a su lado,que le cogía la mano.
- Tranquila.- Le dijo él casi en un susurro.- Luego le acercó un vaso con agua que había en la mesita, ella bebió con avidez y le devolvió el vaso, se sentía desorientada.- Estas en tu casa, has tenido una pesadilla.- Intentó tranquilizarla él.
Poco a poco, ella se fue serenando, se sentó al borde de la cama, junto al chico, era ajena a su aspecto, tan solo llevaba una camisa blanca corta, y los cordones delanteros se habían aflojado, pero no era consciente de nada de eso, su mente aún estaba presa de la pesadilla, respiraba con dificultad. Poco a poco se fue calmando y fue consciente de lo que había pasado y de repente estalló en un sollozo incontrolable.
Billy se quedó quieto sin saber como reaccionar, Elda no podía parar, sollozaba sin consuelo, se tapaba la cara, avergonzada de su reacción pero sin poder parar. Lagrimas acalladas durante años estaban siendo liberadas. La conversación de la noche anterior había sido el catalizador para que el subconsciente sacara a la luz todo el dolor guardado.
El chico se acercó a ella, paso su brazo por detrás de su espalda y la atrajo hacia si. Su pecho desnudo sirvió de reposo para la cabeza de ella. Billy acarició con delicadeza su cabello , y apoyando la barbilla en su cabeza le hablo con voz suave, con tranquilizadoras palabras. Ella seguía sollozando, no podía controlar los temblores de su cuerpo, él la estrecho con mas fuerza, en un gesto protector, Elda se giró hacia el, encogiendo las rodillas y apoyando su cuerpo en el de Billy, rodeo la cintura de él con sus brazos, abrazándolo con fuerza.
Billy tenía apoyada su mejilla en la cabeza de ella, una vez más percibió su olor, olor a mar y a hierbas medicinales.
Elda se abrazaba con fuerza, los sollozos cada vez mas débiles, hasta que casi cesaron. Billy se dejó abrazar, estaba quieto, tenia miedo de decir o hacer algo que hicieran que ella se soltara de él.
Poco a poco se fue calmando, y fue consciente de que estaba abrazada con fuerza a Billy, que su cabeza se apoyaba sobre el torso desnudo de él, de que escuchaba el latido de su corazón en su oído, del calor de su cuerpo. Fue consciente de los brazos de él alrededor de su espalda y de su cintura. Cuando fue plenamente consciente de todo ello, pareció volver a la realidad y se apartó de él, con brusquedad.
Intentaba secarse las lagrimas con el dorso de la mano, volvió a sentarse en la cama y entonces se dio cuenta de su atuendo e intentó cubrirse. Miró de reojo a Billy, los ojos enrojecidos por las lagrimas, las mejillas encendidas por la vergüenza. Se sentía fatal por ese estallido de emociones, pocas veces le había pasado, y cuando había sucedido siempre estaba sola. Se moría de vergüenza, no sabia donde mirar. Y en ese momento Billy la vio vulnerable, hasta entonces no había pensado en ella de esa manera, era una mujer valiente y decidida, inteligente, luchadora, pero ahora le parecía tan sola, le parecía increíble como había vivido tanto tiempo en soledad, apartada de todos y de todo. Se necesitaba mucho autocontrol y mucha voluntad. Billy se dio cuenta de que la admiraba, que la respetaba, que le gustaba, y tubo que frenar el impulso de volver a estrecharla entre sus brazos y de besarla.
- Por favor, ¿podrías dejarme sola?.- Le pidió sin poderle mirar a los ojos, interrumpiendo los pensamientos de él.
- Desde luego.- Y se levantó dispuesto a irse.- Si me necesitas... - Dijo antes de cerrar la puerta tras de si.
El sol había salido del todo, Billy miró el horizonte y no supo que hacer. Sabia que ella no quería verle, que estuviese cerca, así que se lavó y se vistió y decidió que lo mejor seria ir al pueblo a dar una vuelta. Hacia tiempo que quería enterarse de que barcos calaban allí, y si podría encontrar trabajo en alguno de ellos para pagarse el viaje a Nueva Providencia.
Ella oyó como se alejaba el caballo y respiró aliviada. Se levantó de la cama, agotada, su cuerpo le pedía que volviera a ella, que durmiera, pero tenia miedo de que la pesadilla se repitiese, así que tras refrescarse la cara, optó por entrenarse, el ejercicio la relajaba, la ayudaba a centrarse. Así que sin cambiarse de ropa, cogió el bastón y empezó el entrenamiento, esta vez sin esconderse, el único que podía enterarse era Billy y éste ya lo sabía, y nadie tenia que ir a visitarla esa mañana, ni ella tenia que ver a ningún paciente, así que delante de la casa, enfrente del océano empezó un duro entrenamiento, más riguroso y severo que los que hacia normalmente.
La hora de comer encontró a Billy en la taberna, había decidido darle más margen a Elda. No sabia como reaccionaria ella cuando volviese, pero quería darle tiempo para recuperarse, así que decidió ir a comer a la taberna, Elda le había dado algún dinero, y aunque el lo había rehusado, finalmente Elda había insistido tanto que lo había aceptado. En la taberna se encontró con Martha, la chica que conoció en el mercado.
- Hola Billy.- Le dijo la chica con una sonrisa, Martha tenía unos labios carnosos y unos ojos negros que a Billy le parecieron muy sensuales.- ¿Puedo sentarme contigo?
Él la invito a sentarse con la mano en la silla que había delante de él. Al hacerlo, la chica mostró su generoso escote al muchacho.
- ¿Hoy no te acompaña Elda?, siempre vais juntos, parece que te vigile, ¿acaso te quiere solo para ella?.- Le dijo ella mordiéndose el labio, había cierto tono malicioso en su voz, y a Billy no le gusto.
- No necesito que nadie me vigile, ya soy mayorcito.- Contestó él serio.
- Vaya, te has enfadado, lo siento.- Ella hizo un puchero.
- Perdona, no tengo un buen día.- Le contestó él.- Pero no me gusta que hables así de Elda.- Puntualizó y Martha le hizo un mohín, provocando una sonrisa en él.
- Eso está mejor.- Dijo ella sonriéndole incitante, mirando su pecho. La camisa abierta mostraba parte de su musculoso pecho, y las mangas de la camisa, arremangadas por encima del codo, también mostraban sus fuertes brazos.
Billy fue consciente del escrutinio al que estaba siendo sometido, y su ego se vio enaltecido. Le sonrió y ella le devolvió la sonrisa, mostrando una dientes blancos y sanos. De repente Billy ya no la vio tan vulgar, hacia tiempo que no estaba con una mujer y Martha era guapa, sensual y despertaba en el pasiones que hacia tiempo no satisfacía. Charlaron un rato y luego los dos salieron de la taberna, algo achispados por el ron que habían bebido, por un momento pensó en Elda, pero su mente y su cuerpo ansiaban otros placeres.
Billy siguió a Martha a su casa.
El sol empezaba a esconderse cuando Billy volvió a la playa. Montado sobre el caballo silbaba alegre,no pudo evitar pensar en Martha y en sus encantos, y una sonrisa acudió a su rostro. Cuando llegó, Elda no estaba, la buscó en el huerto, en la casa y en el establo pero nada. Pensó que quizá se estaría entrenando, o que lo mas probable era que hubiese ido a visitar a algún paciente.
Sin pensar mas en ello, pues no quería preocuparse, bajó a la playa. La tarde era calurosa y un baño le sentaría bien.
Se denudó, arrojando la ropa sobre la blanca arena dio unos pasos y se lanzó de cabeza al agua, estaba templada, y Billy suspiró con gusto. Se quedó un rato flotando mirando el cielo azul, mientras las suaves olas lo mecían.
Por fin Elda se había podido sacar la angustia de la pesadilla, su mente volvía a estar tranquila y su cuerpo cansado por el duro entrenamiento, agradecería el baño, la piscina natural que formaban las rocas en la playa permitía que el agua entrase y saliese, y en esa parte el agua solo llegaba hasta la cintura, haciendo que fuese un sitio ideal para lavarse y relajarse. Por suerte, también se había sacado a Billy de la cabeza. La incomodidad que le causó mostrarse débil y vulnerable ante él, y la incomodidad de refugiarse en sus brazos, aunque sus brazos fueran anchos y fuertes... pensó con una sonrisa. Estaba intentando sacarse semejantes pensamientos cuando levanto la cabeza y se quedo como paralizada. Delante suyo estaba Billy, desnudo, flotando panza arriba con una sonrisa en los labios, ajeno a la presencia de ella. Inmediatamente se sumergió hasta el cuello, el chapoteo llamó la atención del chico que levanto la cabeza y la vio, primero se quedó quieto por la sorpresa durante unos segundos pero enseguida reaccionó y se puso de rodillas sobre la arena, ocultando así su desnudez bajo el agua como había hecho ella.
- Bueno, no es la primera vez que me ves así... tu misma me lo dijiste.- Intentaba sonar despreocupado, pero solo tenia ganas de reír dada la situación.
- No es lo mismo.- Contestó molesta.- Pero al ver la expresión divertida en el rostro de él no pudo evitar sonreír también.
- Bueno, ahora ya estamos en igualdad de condiciones.- Contestó él, la sonrisa amenazaba en convertirse en carcajada.
Y Elda le sorprendió, pues empezó a reír sin poder parar, risa que contagió a Billy.
- ¿Y ahora que hacemos?.- Preguntó ella una vez pasado el ataque de risa.
- Yo voy a seguir bañándome, a eso he venido. - Le contestó él encogiéndose de hombros,- tu haz lo que quieras.
Elda se quedó perpleja, no sabia como comportarse, y la naturalidad de él la desconcertó.
Durante un rato se mantuvieron a distancia y en silencio, Elda se sentía incomoda, pero Billy superada la sorpresa inicial, estaba disfrutando del baño y la puesta de sol, así que Elda optó por seguir su ejemplo.
- ¿Como te ha ido en el pueblo?.- Le preguntó ella acercándose un poco más a él.
- La semana que viene vendrá un barco que trae aceite de palma, quizá pueda embarcarme con ellos, veremos.
- ¿Tan pronto?.- Le preguntó ella sorprendida.
- Ya estoy recuperado, y te dije que no quería abusar de tu hospitalidad
- Ya.- Se limito a contestar ella.- ¿Donde has comido?.- la pregunta lo cogió por sorpresa.
- En la taberna, y he visto a Martha.- La respuesta salió sin pensar.
- No hace falta que me cuentes con quien vas.- Se disculpo ella, algo incomoda.
- No pasa nada, pocos secretos me quedan por contarte.- Le contestó con un guiño.
Los dos callaron, mientras el sol se escondía tras el mar.
- Creo que deberíamos ir saliendo.- Djo ella y el asintió.- Salgo yo primero,espera un momento porque no he traído ropa.
El enarcó una ceja.
- Aun no estoy acostumbrada a tener compañía - Y pasó nadando junto a el.
Aunque el cielo estaba rojo y la luz era mas débil, Billy no pudo evitar ver el cuerpo desnudo de ella al pasar a su lado, el agua deformaba la silueta, pero el había visto suficiente para imaginarse como era.
Elda era alta para ser una mujer, quizá midiese 1,75cm., tenia una piernas largas y bien torneadas. Tenia un pecho generoso, anchas espaldas y brazos fuertes. La vida la había endurecido, tanto físicamente como mentalmente, y a Billy le gustaba ese tipo de mujer. Aunque fuese reservada, sabia que habían conectado y lo sentiría mucho cuando tuviese que irse, pero se lo había prometido.
Mientras ella salida del agua él se giró, mirando el horizonte, dándole tiempo de llegar a casa y vestirse.
CONTINUARÁ...
