¡Al fin tenemos aquí la dichosa excursión! Los Cullen no pueden venir, así que no los veremos en este capítulo, pero si tenemos un invitado especial

El sábado me desperté por culpa del despertador de Ángela, que sonó a las siete y media, y tuve que lanzarle una zapatilla para que lo parara. Afortunadamente no se lo tomó a mal y se levantó riéndose de mis pintas al despertarme.

Echamos a piedra-papel-tijeras quién se duchaba primero y quien preparaba el desayuno, aunque le comenté que era costumbre en la congregación ducharse en baños comunales y me reí un rato cuando se sonrojó hasta las orejas. Bajé a la cocina aún riéndome, dejando a Angie para que preparara las cosas tranquila, y me encontré una nota de mi padre contando que tenía que trabajar temprano. Decidí hacer tortitas, que se había convertido en mi desayuno insignia los sábados, y preparé dos infusiones; la mía extra energética (porque madrugar me sienta como un tiro) y la de Angie con el preparado de hierbas que le recomendé el día anterior.

Empecé a sacar las tortitas de la sartén cuando bajó Ángela, totalmente vestida y con el pelo mojado como única prueba de su ducha. Me ayudó a calentar el agua y a sacar mermelada para comer y nos sentamos a desayunar tranquilamente. En cuanto acabé Ángela me dijo que se encargaría de recoger y después de tomarme el antiinflamatorio me fui a ducharme yo lo más rápido posible.

Entré directamente sin pasar por mi cuarto y me hice una coleta ya que lavarme el pelo dos días seguidos no me parecía prudente. Mientras me enjuagaba Ángela llamó a la puerta pidiendo permiso para entrar.

-Tu teléfono está sonando -explicó ya dentro- y pone Mike N.

Salí de la ducha sin ningún pudor e ignoré los ojos como platos de Angie cuando me pasó el móvil. El nudismo era más que común en la congregación, dentro y fuera de las ceremonias. Además sabía que se estaba fijando más en las marcas de bruja (que debido a su poder era capaz de notar) que en mis atributos. Una pena.

-Dime Mike.

-Hola Bella -saludó encantado-, llamaba para saber si sigue en pie lo de hoy.

-¿La excursión de La Push? Si, Mike, sigue en pie. Estoy acabando de ducharme, pero aún queda media hora para encontrarnos en la tienda de deportes, ¿no?

-Eh… Si, bueno. Sólo quería decirte que puedo recogerte en tu casa si quieres. Con tu lesión no es recomendable que conduzcas. Puedo estar allí en diez minutos.

-No, gracias. Mi muñeca está totalmente recuperada y Ángela yo ya tenemos planeado ir en mi Chevy.

-¿Ángela? ¿Ángela Webber?

-La misma. La tengo aquí al lado, ¿quieres que te la pase?

-¿Está contigo en…? Uuh... No, está bien. Nos vemos en media hora entonces -sonó confuso y algo inseguro.

-Chao Mike.

Colgué y le pasé el teléfono a Angie, que seguía congelada mirando mi cuerpo. Seguí su mirada hasta mi cadera derecha, donde estaba mi marca de iniciación, una estrella bastante patatera que diseñé y marqué con solo 8 años. Muy perceptiva pensé sonriendo.

-Es como si brillara -susurró Ángela moviendo los dedos como si quisiera tocarla.

-A final de mes tú tendrás una igual -cogí una toalla, me la enrrollé alrededor del cuerpo y con la marca fuera de su campo de visión Ángela volvió a sonrojarse como un tomate.

-Lo siento.

-Tranquila -me encogí de hombros sonriendo-, para mi esto es mucho más natural que para tí.

Fuimos las dos a mi cuarto y me vestí rápidamente con unos vaqueros pitillo y una camisa de franela azul con pequeñas calaveras y gatos estampados, siguiendo la temática Halloween. Angie se quedó mirando mis libros mientras me cambiaba y fue comentando cuales había leído o le sonaban.

Ya preparadas salimos de casa bajo la luz del Sol, mucho menos intensa que a la que me había acostumbrado en Phoenix pero agradable igualmente. Nos dirigimos directamente a la tienda de artículos deportivos olímpicos de Newton, que fue fácil de localizar y cuya localización grabé cuidadosamente en mi memoria pensando en comprar algo para mi padre.

En el aparcamiento reconocí el Suburban de Mike y el Sentra de Tyler. Vi al grupo, unas diez personas, alrededor de la parte delantera del Suburban mientras aparcaba junto a ambos vehículos. Reconocí a todos los presentes de verlos en una u otra clase, como a Eric, el primero que me habló cuando llegué al instituto, aunque la mayor parte de los nombres los había olvidado ya. Los escaneé rápidamente hasta distinguir a Mike apoyado en el frontal de su coche

Cuando nos acercamos lo primero que noté fue un cúmulo de energía muy confuso; sus auras se agitaban cambiando constantemente de matices y sentí tal mareo que tuve que apoyarme en el brazo de Ángela. Al vernos llegar dejaron todos de hablar, excepto Lauren, que seguía cuchicheando al oído a Jessica mientras me miraba maliciosamente.

Menuda guarra. Mira que acostarse con tías. Y encima con el hermano de una de ellas. Puede que incluso se los haya tirado a la vez. Puajj

Así que esas tenemos, pensé asqueada. Nunca me ha importado que hablen de mi,pero no iba a permitir que mancharan la reputación de Ángela. No entendía muy bien de donde habían sacado esta nueva historia pero tenía que desmentirla cuanto antes mejor.

Sonreí y saludé a todos los presentes, sobre todo a aquellos que no emanaban energía negativa. Mike se alegró de verme, aunque estaba confuso respecto a Angie y a mi. Los chicos no dejaban de buscar señales de que estábamos juntas y tengo que admitir que fue gracioso de ver.

-Bueno -exclamó de repente Mike- ¿No os dije que hoy iba a ser un día soleado?

-No, lo que dijiste fue que haría calor -dijo el que se llamaba Ben.

-Y que trajeramos bañadores -la chica de su lado (Samantha de mi clase de Química) empezó a reírse.

Esperamos hasta que llegaron los rezagados y nos montamos en los tres coches. Angie se sentó a mi lado, de copiloto, y a la parte de atrás subieron Samantha y Conner, que tuvo la amabilidad de recordarme su nombre y que íbamos juntos a Español. Seguí al resto de coches y Ángela se puso a elegir cadena de radio mientras charlaba con los otros dos.

-Umm, ¿chicas? -dijo Samantha cuando se hizo el silencio- Solo quería deciros, ahora que ninguna de las otras chicas está delante… Que yo no tengo ningún problema con vuestra relación.

-¡Ni yo! -saltó Conner- Yo apoyo totalmente los derechos de los homosexuales. Digan lo que digan… ellas.

Fue un poco cómico ver la reacción de Ángela, pero fingí estar tan sorprendida como ella e incluso un poco indignada.

-De… ¿De qué estáis hablando? -dijo Angie con un hilo de voz.

-Bueno, de… de lo vuestro.

-¿De dónde cojones habéis sacado eso? -pregunté aún fingiendo sorpresa pero con algo de curiosidad real.

-Mike… -explicó Conner mirando nerviosamente a Samantha- dijo que estabais juntas esta mañana…

-Anoche me quedé a dormir en casa de Bella. Me acosté en un colchón hinchable, en el suelo.

-Dijo que estabais… ¿duchandoos... juntas?

-¿Qué? -Ángela se quedó con la boca abierta sin saber que responder.

-Cuando Mike llamó yo estaba terminando de ducharme -expliqué frunciendo el ceño- y Angie para darme el móvil… ¿Cómo habéis asumido que…?

Ambos se sentían confusos y avergonzados y pidieron perdón bastantes veces hasta que Ángela se recuperó de la impresión y zanjó el tema. Acordaron contarles a todos que era un malentendido y todos terminamos el trayecto sintiéndonos francamente incómodos, aunque fue interesante ver lo rápido que saltaron todos a conclusiones por los rumores que no paraban de extender sobre mí.

Entre La Push y Forks había menos de veinticinco kilómetros de densos bosques verdes que bordeaban la carretera, que pasa también sobre el caudaloso río Quillayute. Los recuerdos de mi infancia que tengo de esas tierras son francamente agradables y me abstraje un buen rato con el paisaje.

Había visto las playas que rodeaban La Push muchas veces durante mis vacaciones en Forks con Charlie, por lo que ya me había familiarizado con la playa en forma de media luna de más de kilómetro y medio de First Beach, con sus acantilados de piedra negra coronados con abetos y las aguas de color gris oscuro, incluso bañadas a la luz del Sol. Todo era tan impresionante como lo recordaba.

La playa solo tenía una delgada franja de arena al borde del agua, el resto estaba compuesto por miles de rocas grandes y lisas con todos los colores imaginables: terracota, verdemar, lavanda, celeste grisáceo, dorado mate... Cerca de donde aparcamos había un montón de troncos arrastrados por la marea y junto a ellos el redondel de una fogata cubierto con cenizas negras. Era obvio que lo habían utilizado antes para acampadas como la nuestra.

Nos acercamos allí llevando los víveres (sandwiches y pollo frío en el caso de Angie y mío) y nos arremolinamos entre los troncos, sentándonos en pequeños grupos. Eric y el chico que, según creía, se llamaba Ben recogieron ramas rotas de los montones más secos que se apilaban al borde del bosque, y pronto tuvimos una fogata con forma de tipi encima de los viejos rescoldos. Yo salí a mirar unas piedras cercanas y vigilé por el rabillo del ojo como Sam y Conner hablaban con los demás para limpiar la reputación de Ángela. No es que me importara lo que dijeran de mi.

-¡Bella! -me llamó Mike haciendo gestos para que me acercara- ¿Has visto alguna vez una fogata de madera varada en la playa?

Señaló el fuego, junto al cual se sentaban las chicas chismorreando y mirándome fijamente. Ignoré como pude la energía negativa que emanaban y miré detenidamente el fuego, comprobando sonriente que entre las lenguas de fuego anaranjadas aparecían llamas azules. Es un efecto que ya conocía, pero no dije nada y me arrodillé para admirarlo.

-Es por el salitre -explicó Mike arrodillándose conmigo-. Guay, ¿verdad?

Asentí sonriendo y me senté más cómodamente junto a Ángela, que estaba enfrascada en una conversación con Conner sobre fotografía. Mike se sentó a mi otro lado y me miró ansiosamente, esperando obviamente a que yo le hablara.

-¿Ocurre algo, Mike?

-Lo siento mucho, Bella -dijo en voz baja-, por el malentendido. No fui yo quien sacó las cosas de contexto.

Miré directamente a Jessica, que se debatía mentalmente entre hablar con Lauren o venir a interrumpirnos a Mike y a mí. Si el rumor de que era lesbiana hubiese cuajado hubiera sido realmente conveniente para ella y sus intentos de conquistar a Mike. Sí, tenía bastante claro quien había empezado todo.

-No le des más vueltas, Mike. Ya está olvidado.

Tendría que encontrar alguna manera de vengarme de Jessica, desde luego. Una que no incluyera darle bola a Mike a ser posible. Jess se decidió al fin y vino a sentarse al otro lado de Mike para reclamar su atención y (según sus pensamientos) hacerle notar lo profundo que era el escote que llevaba. Fue entonces cuando la atención de Lauren cayó sobre mí.

-Vaya, Bella, que sola te veo cuando no están los Cullen a tu alrededor, ¿has olvidado invitarlos?

-Al contrario -repliqué sonriendo-, fueron ellos los que me invitaron a acompañarles este fin de semana, pero con la muñeca lesionada no podía irme de acampada.

-Seguro que alguno de tus admiradores… o admiradora... se habría ofrecido a llevarte en brazos si hubiera hecho falta.

-Si, es probable.

No seguí contestando para no seguirle el juego y me dediqué a charlar con Ángela, que tras la intervención de Lauren estaba algo indignada. Después de una media hora más de cháchara, algunos chicos quisieron dar una caminata hasta las marismas cercanas. De niña me fascinaban las pozas que se forman durante la bajamar y me ilusionó mucho poder revivir esos recuerdos. Miré a Ángela para saber qué pensaba hacer, pero su talismán (lo llevaba siempre por costumbre) me impidió entrar en su mente.

Al final fue Lauren quien decidió por nosotras; no quería caminar porque llevaba unas sandalias nada adecuadas para hacerlo y la mayoría de las otras chicas, incluida Jessica, decidieron quedarse con ella. Tyler y Eric se quedaron para hacerle la pelota a las chicas y el resto nos fuimos bordeando el bosque.

La caminata no fue demasiado larga y durante todo el paseo disfruté la luz verdosa que se filtraba entre los árboles y las raíces nudosas del suelo en las que más de uno tropezó. Tras cruzar la foresta llegamos a otra orilla rocosa sembrada de guijarros y pozas poco profundas que jamás se secaban del todo originando lagunas naturales. Eran un hervidero de vida.

Brincamos sobre las rocas y nos encaramamos a los bordes para conseguir las mejores vistas hasta que a Ben se le resbaló el móvil al agua mientras hacía una foto y Conner se cayó en una de las pozas de tanto reírse. Entre Mike y Lee sacaron a Conner y Ángela se encargó de recuperar el móvil de Ben, que milagrosamente seguía funcionando.

Finalmente, cuando nos entró hambre, emprendimos el camino de vuelta a la playa, riendo y bromeando a costa de Conner. Ángela se resbaló y se manchó las rodillas de los vaqueros de verdín, pero esa fue el último inconveniente que sufrimos. Cuando regresamos a First Beach, el grupo que habíamos dejado se había multiplicado; unos adolescentes de la reserva (que se encontraba a solo unos 500 metros) habían acudido para hacer un poco de vida social. Entre ellos estaba Jake.

Él también me reconoció al instante y se acercó a saludarme en cuanto llegué a la fogata. Por mi parte no pude evitar darle un breve abrazo del que nos separamos bastante avergonzados los dos. Angie se me acercó curiosa y se la señalé inmediatamente a Jake.

-¡Ángela! Este es Jacob Black, amigo de la infancia. Jake, esta es la que se está convirtiendo en mi mejor amiga; Ángela Webber.

Los dos se dieron la mano sonriendo y se pusieron a hablar de lo bonita que era la playa, lo mucho que venían ambos en verano y muchas más cosas. No lo sé muy bien, hubo un momento en el que desconecté totalmente y me quedé embobada mirando los reflejos del sol en el agua. Al final Jake me sacó de mi ensueño.

-¿Qué ocurre, Bella? ¿Qué estás mirando?

-Atardece bastante temprano, ¿verdad? -comenté sin pensar mucho- Mirad, el Sol está a solo un palmo del agua.

Los dos se quedaron en silencio y empezaron a reírse a la vez. De fondo el resto del grupo nos avisó de que iban a empezar a comer. Ángela fue a sacar nuestros sandwiches y Mike se acercó a ofrecerme algunos refrescos, ojeando con cautela a Jacob, que se sentó a mi lado aunque avisó que ya había almorzado en su casa.

Las nubes comenzaron a avanzar mientras comíamos, proyectando sombras alargadas sobre la playa y oscureciendo las olas. Los chicos comenzaron a alejarse en duetos y tríos cuando terminaron de comer. Algunos descendieron hasta el borde del mar para jugar a la cabrilla lanzando piedras. Otros se congregaron para efectuar una segunda expedición a las pozas. Mike, con Jessica convertida en su sombra, encabezó otra a la tienda de la aldea. Algunos de los nativos los acompañaron y otros se fueron a pasear. Jake, Angie y yo nos sentamos en un leño, dando la espalda a la fogata en la que Lauren y Tyler tonteaban.

A los pocos minutos Ángela decidió acercarse a la orilla y así dejarnos algo de tiempo a solas. Ninguno de los dos habló hasta que yo rompí el silencio.

-Bueno… -dije vagamente mirando el mar- ¿Qué tal todo?

Perfecto Bella, has estado perfecta. Que profundidad de conversación, madre mía. Así se liga, si señor. Me autoflagelé mentalmente.

-Sigo buscando ese cilindro maestro -contestó con una sonrisa-. Veo que tú no llevas ya la muñequera.

Me rozó la muñeca con el borde de los dedos y tuve que aguantarme las ganas de cogerle la mano. O de comerle la boca, yo que sé.

-Está recuperada -contesté sonriendo.

-¿Cómo te va en Forks?¿No echas de menos la gran ciudad?

-Nah… Bueno, a veces echo de menos el calor, la falta de espacios verdes, el tráfico caótico por las mañanas…

-Claro, lo normal, suena bastante memorable -respondió Jacob sarcásticamente-. ¿Y qué hay de tu madre?

Fruncí los labios unos segundos, recordando nuestra discusión del día anterior. Obviamente no podía contarle eso a Jacob, así que sonreí e intenté zanjar el tema lo más suave posible.

-Aún no me ha dado tiempo a echarla de menos, me llama prácticamente a diario -expliqué. Y era cierto. Al menos en parte.

-Bueno -comentó Jake vagamente, buscando otro tema de conversación-, por lo que dice mi padre Charlie está encantado desde que...

-¿Otro amiguito, Bella? -oímos de repente a Lauren desde el otro lado del fuego con un tono bastante desagradable- Si que eres popular, te salen admiradores allá donde vayas.

-Bella y yo somos amigos desde que nací -contestó Jake con una gran sonrisa, aunque noté que la actitud de Lauren le hacía sentir incómodo-. Nuestros padres son muy cercanos.

-Oh, ¡que bien!

Por su tono de voz era obvio que no se alegraba en absoluto y su aura era tan desagradable que me levanté con el estómago revuelto y empecé a andar para despejarme. Llevaba ya un buen trecho cuando noté la amplia mano de Jacob sobre mi hombro.

-Hey -me miró preocupado- ¿Estás bien? ¿A qué venía eso?

-Lo siento, necesitaba estirar las piernas.

-No, no me refiero a tí sino a la hostilidad de esa tipa. Parecía que irradiaba energía negativa...

-Tú… ¿también lo has notado?

Su boca se convirtió en una fina línea y me miró ansioso y preocupado por la información que se le había escapado. En seguida me quedó claro que me iba a confesar algo gordo.

-No es sólo la manera en que te ha tratado, también he sentido esa energía tan negativa que desprende -se calló de golpe y me miró como esperando a que me riera de él. Yo asentí con la cabeza.

-Su aura está llena de lujuria, envidia y afán de protagonismo. Me tiene tirria porque le he robado atención desde que llegué.

Nos quedamos los dos mirándonos; yo buscando (y encontrando grandes cantidades) muestras de poder psíquico en su aura y él procesando lentamente mis palabras. Me puso las manos en los hombros con cuidado.

-¿Vas en serio? Con lo que has dicho -asentí y volvimos a quedarnos en silencio.

-Yo las noto -susurré-; auras, acumulaciones de energía que fluye fuera del cuerpo.

Ahora fue su turno para asentir y rogué en silencio por que no me hiciera preguntas porque lo que menos me apetecía era mentir a ese chico tan bueno, inocente y honesto. Me quitó las manos de los hombros y se giró a mirar la playa. Paseó hasta un árbol varado cerca de la orilla cuyas raíces sobresalían como las patas de una gran araña blancuzca y se sentó dejándome espacio para que le acompañara.

-¿Conoces alguna de nuestras leyendas? -comenzó- Me refiero a nuestro origen, el de los quileutes.

-En realidad no -admití.

-Bueno, existen muchas leyendas, algunas incluso que hacen referencia al Diluvio -me miró intensamente-, pero las principales afirman que descendemos de los lobos. De hecho la ley de nuestro pueblo prohíbe matarlos.

Le miré intentando mantener a raya mi curiosidad y las preguntas que se morían por salir de mi boca.

-Prosigue.

-Bueno, no exactamente de los lobos sino de los lobos que se convierten en hombres. Lo que se conoce como licántropo

La palabra resonó en mis oídos y mi mente voló inmediatamente a todo lo que conocía de los licántropos. Hay muchísimas maneras de convertirse en hombre lobo, siendo la más común una maldición que se transmite a través de un mordisco. Pero todas tienen algo en común. Los licántropos no pueden tener descendencia.

-Nuestros antepasados, los guerreros lobo, se dejaban dominar por su espíritu lobo para transformarse y protegían la aldea de… bueno, de todo lo malo.

-¿Lo malo? ¿De criaturas malvadas? -pregunté.

-Exacto. Demonios, vampiros y espíritus malignos que acosaran a nuestro pueblo, los espíritus lobos tomaban el cuerpo de los guerreros para luchar.

-Wow -dije después de un rato en silencio-, ¿es por eso que puedes sentir la energía espiritual? ¿Porque desciendes de guerreros espirituales?

Al pronunciar estas palabras me recorrió un escalofrío y todas las piezas encajaron perfectamente. Guerreros espirituales reencarnados. No podría tenerlo más a huevo. Enmascaré como pude la excitación que sentí y le miré seriamente mientras Jacob asentía con la cabeza.

-Se te ha puesto la carne de gallina -me miró preocupado.

-Es… mucho que digerir.

-Lo siento.

-No, no, es solo que -me esforcé en buscar las palabras adecuadas para no mentirle-... Es la primera vez que me encuentro a alguien como tú.

-Bueno, también es la primera vez que encuentro alguien como tú -dijo en un susurro.

-Tal vez -susurré de vuelta mirándolo a los ojos- teníamos que encontrarnos...

Fue a cogerme la mano pero se paró al escuchar el entrechocar de los guijarros, que nos alertó de que alguien se acercaba. Giramos las cabezas al mismo tiempo para ver a Mike y a Jessica caminando en nuestra dirección a unos cuarenta metros.

-Ah, ¡ahí estás, Bella! -exclamó Mike con celos tiñendo su aura.

-¿Tu compañero el pesado? -preguntó Jake en voz baja.

Asentí mientras nos poníamos en pie. Mike llegó a nuestra altura, con Jessica aún a pocos pasos detrás. Vi cómo evaluaba a Jacob con la mirada para compararse con él y se quedaba satisfecho ante su juventud y el hecho de ser "uno de los chicos de la reserva". Como si eso le hiciera superior Me dieron ganas de gruñir pero me contuve.

-¿Dónde has estado? -preguntó posesivamente cuando me miró a mi

-Charlando con Jake -sonreí a Jacob con afecto cogiéndole del brazo y él me devolvió la sonrisa. Mike frunció el ceño.

-Oh -comentó Jessica encantada de verme con otro-, deberíamos darles privacidad, Mike.

-Bueno -Mike hizo una pausa, aún reevaluando la situación al comprobar nuestra complicidad-. Ya estamos recogiendo. Parece que va a empezar a llover pronto.

Todos alzamos la mirada al cielo, donde antes las nubes se arrastraban lentamente y ahora se arremolinaban cada vez más grises y pesadas. Sin duda estaba a punto de llover.

-De acuerdo, ahora mismo voy -contesté, pero Mike siguió sin moverse, así que me giré a Jake.

-Bella, ha sido un placer volver a verte.

-La próxima vez que Charlie baje a ver a Billy le acompañaré -prometí.

-Estupendo -su sonrisa se ensanchó-. Así terminamos nuestra conversación -añadió guiñando un ojo.

Ambos estábamos encantados de dejarle claro a Mike que allí no pintaba nada y fundimos en un abrazo ante sus narices. Troté hacia Chevy aún despidiéndome con la mano, y me reuní con Ángela, Samantha y Conner, que me esperaban junto a mi coche. Mientras nos montábamos empezó a llover, empezando poco a poco con grandes goterones. Durante el viaje Sam y Conner se dedicaron a comentar la excursión y Ángela se limitó a mirar por la ventana la creciente tormenta. Yo conduje silbando feliz hasta que me asaltó un pensamiento:

Mierda, he vuelto a olvidar pedirle el teléfono.