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Pasan varios días donde la pareja se dedicaba a acampar cerca del río y comer el pescado que atrapaban con su red casera. Tal y como Damon le advirtió a la chica, esta ya empezaba a hartarse un poco de su nueva dieta, pero no podía dejar de estar agradecida por tener al menos algo que comer.
Siguiendo el río, llegaron a su desembocadura, la cual se trataba de un hermoso y tranquilo lago de agua cristalina situado entre montañas, a las afueras de Atlanta.
Nada más ver el precioso lugar donde estaban y asegurarse de que no había peligro cerca, Elena no dudó en quitarse la ropa hasta quedar en ropa interior y correr a bañarse en el lago. Damon rió divertido al verla tan feliz, disfrutando del agua como una niña pequeña, y se dedicó a observarla un buen rato.
-¿Te apuntas? –le preguntó ella sonriéndole.
-Deberíamos continuar caminando, Elena. Aún hay mucha luz que podemos aprovechar.
-Y la estoy aprovechando –le aseguró esta-. Vamos, Damon. Tómate un descanso y disfruta un poco. Washington seguirá estando ahí mañana.
-Ojalá sea así… -murmuró él mientras se quitaba la camiseta.
Damon terminó de quitarse la ropa y se metió en el agua, quejándose nada más hacerlo.
-Wow, ¡qué fría!
-Eres un quejica –rió ella, pues era la primera vez que le veía mostrar "debilidad", pues ni siquiera protestó cuando le curó la herida del pecho-. Anda, ven aquí.
El chico obedeció y, por inercia, rodeó la cintura de Elena con sus brazos cuando esta se colgó de su cuello y le pegó a su cuerpo. Acto seguido, la joven posó una mano en la frente de Damon para comprobar su temperatura.
-¿Te sientes bien? –le preguntó ella frunciendo el ceño al ver que no tenía fiebre, por lo cual no comprendía el motivo de su frío.
-Estoy bien. Es solo que no me esperaba que estuviese más fría que el río.
-Eres un chico de ciudad, ¿eh?
-Lo era al menos –sonrió él ante su broma, acariciando la espalda de la chica distraídamente-. Pero tú tampoco es que te criases en el campo precisamente.
-No, pero mi padre insistió en meterme en las girls scouts de pequeña –le contó Elena retirándole un flequillo al chico de la cara y enterrando una mano en su cabello-. Siempre quiso tener un hijo, así que…
-No fue tan mala idea si lo piensas bien. Gracias a tu padre estamos comiendo pescado.
-Sí, porque si tuviésemos que depender de tu destreza en la pesca aún estaríamos intentando atrapar al primero.
-¡Oye! –se quejó él fingiendo estar ofendido.
-No te enfades, si sabes que tengo razón.
-Sí, ¿eh? Pues te vas a enterar…
Damon rápidamente aupó a la chica y la cogió en brazos, para después hacerle una ahogadilla.
-No te saldrás con la tuya, Salvatore –gruñó Elena entre dientes, tirando de los hombros del chico hacia abajo para intentar devolverle la ahogadilla.
Damon rió divertido al ver que, a pesar de sus intentos fallidos por hacerle una ahogadilla, ella no se daba por vencida. El chico, cansado de su constante insistencia, se dejó sumergir en el agua para darle a Elena esa satisfacción.
-¿Contenta ahora?
-No lo suficiente… -murmuró ella mirándole fijamente a los ojos y mordiéndose el labio inferior involuntariamente cuando las miradas de ambos se dirigieron a los labios del otro.
Las respiraciones de los dos se aceleraron y quedaron atrapados en una especie de trance, en un universo donde solo existían ellos. Hasta que algo rompió esa burbuja de intimidad.
-Grrr… -escucharon ambos ese sonido tan característico y tan odiado.
Giraron la cabeza en la dirección de ese ruido y vieron que se trataba de un zombi solitario, observándoles desde el otro extremo del lago. Una imagen un tanto escalofriante y que además les hacía sentirse vulnerables al estar en ropa interior y sin armas a mano, aunque sabían que el zombi no podía hacerles nada estando ellos allí.
-Es hora de seguir caminando –indicó Damon, a lo que la chica asintió sin nada que objetar al respecto, pues se le habían quitado las ganas de seguir metida en el agua.
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Sin dejar de caminar junto al lago, vieron que no muy lejos de ellos había un grupo de personas asentada en lo que parecía ser un camping, con tiendas de campaña y hasta una autocaravana. Elena, al verlos, quiso ir hacia estos y dio un paso al frente con decisión.
-¿Es que ya no recuerdas la última vez que confiamos en alguien? –le regañó Damon agarrándola del brazo para detenerla-. El mundo ya no es como antes. Los zombis no son los únicos monstruos que andan por aquí.
-Pero si tienen hasta un niño… -insistió ella señalando hacia el campamento-. Hablemos con ellos. Si no te convencen, nos vamos.
Damon iba a protestar, pero después se fijó en lo cansada y débil que lucía realmente la chica y decidió confiar en el criterio de ella.
Al aproximarse hacia el improvisado campamento, se dejaron ver por los que allí estaba y estos se tensaron en un primer momento, para luego relajarse ligeramente al ver que se trataba de una joven pareja que iba cogida de la mano.
Quien no se relajó en absoluto fue Daryl, quien sacó su ballesta y les apunto con ella sin dudarlo un segundo. Damon imitó su gesto de inmediato sacando una pistola y colocándose delante de Elena para protegerla.
-Ni un paso más, guaperas –le advirtió el tipo de la ballesta a Damon, sin dejar de apuntarle-. ¿Quién coño sois y qué queréis?
Damon se negó a responder, pues estaba más preocupado pensando cómo sacar a la chica de allí.
-Daryl, baja el arma –le dijo el que parecía ser el líder del grupo, un tipo vestido de sheriff.
El aludido no le hizo caso, sino todo lo contrario, se puso más en tensión cuando Rick dio un ligero paso al frente para observar a la pareja de recién llegados más de cerca. El sheriff se fijó en la vestimenta de Damon, la cual era toda negra. Sobre el pecho, en el lado izquierdo, tenía un símbolo y unas iniciales que no podía ver bien porque estaban tapados por el asa de su mochila. Además de eso, tenía unos pantalones con muchos bolsillos. Parecía pertenecer al uniforme de un policía, aunque sin las reglamentarias protecciones tan pesadas y molestas.
-¿Eres policía? –le preguntó a Damon, a lo que este asintió firmemente-. ¿A qué unidad perteneces?
-SWAT.
-¿No estás muy lejos de casa, chico?
-¿Estás de coña? Las operaciones se cancelaron cuando todo esto empezó a irse a la mierda. El gobierno de los Estados Unidos repartió todas las fuerzas militares por el país para intentar acabar con este maldito caos.
Rick le miró aún dudoso, hasta que vio que tenía un chapa tipo militar colgándole del cuello.
-¿Me dejas verla?
-Solo si me dejas ver tu placa –condicionó Damon, a lo que el hombre asintió conforme.
Damon, con su mano libre, se quitó el colgante. Rick desenganchó con cuidado su placa del cinturón y caminó hacia él despacio. Se dieron en la mano los objetos y Rick retrocedió de nuevo. Cada uno comprobó la identificación del otro y ambos quedaron conformes con lo que vieron.
-Daryl, en serio, baja esa maldita cosa –le dijo Rick a su compañero con voz cansada, como si hablase con un niño-. El tipo es de fiar.
Su amigo gruñó en desacuerdo, pero terminó obedeciendo. Damon tardó unos segundos en imitarle y hacer lo propio con su pistola, aunque no la guardó, sino que la siguió sosteniendo en su mano, apuntando al suelo. Elena se movió para colocarse al lado del chico, dejándose rodear la cintura por este.
-Disculpad esta extraña bienvenida –le dijo el sheriff a la pareja-, pero son tiempos difíciles.
-A mí me lo vas a contar… -gruñó Damon en voz baja, aunque no tanto como para no ser oído.
El chico lanzó una mirada al grupo y vio que todos les miraban curiosos y algunos incluso asustados.
-Sois un grupo muy numeroso –comentó él, dirigiendo de nuevo la mirada al líder.
-Antes éramos más.
-¿Qué pasó? –se atrevió a preguntar Elena, interviniendo por primera vez.
Damon apretó el agarre sobre su cintura, pidiéndole así que se mantuviese a distancia.
-Un grupo de caminantes nos atacó por la noche en un asentamiento que teníamos no muy lejos de aquí.
-¿Caminantes? –protestó Damon-, ¿así es como llamáis a esos monstruos?
-Eso nos hace sentir menos débiles ante ellos.
-Solo es una estúpida ilusión.
-Tú has vivido la caída de este mundo de primera mano. Ni me imagino lo duro que debió de ser eso.
-No, jamás podrías hacerte una idea de lo que fue aquello.
-Pero algunos necesitamos esto. Creer que no todo está tan perdido, que aún hay esperanza.
-¿Y crees que llamar a esas cosas "caminantes" lo solucionará todo?
-Es un comienzo.
En silencio, Rick se fijó mejor en ellos y vio sus rostros abatidos. La chica incluso tenía problemas para mantenerse en pie del cansancio. A pesar de haber estado comiendo "bien" últimamente y tener algo de tranquilidad, seguían dando largas caminatas y por las noches no dormían nada bien aunque hiciesen turnos para descansar. Al fin y al cabo, solo eran dos y era difícil tomar un respiro de verdad.
-Soy Rick Grimes y esta es mi gente –dijo el hombre señalando hacia sus compañeros.
El sheriff les presentó a su esposa Lori, a su hijo Carl de 8 años, al cazador del grupo Daryl Dixon, a las hermanas Bett y Maggie Green, a Nadia Petrova y a Carol Peletier.
Como Damon no respondía, fue Elena quien hizo las presentaciones.
-Yo soy Elena Gilbert –dijo la chica con timidez-, y él es Damon Salvatore.
Rick les dedicó una leve sonrisa y miró a su mujer Lori, quien asintió a una pregunta no formulada. Como era costumbre en su grupo, antes de saber si admitir a alguien con ellos, tenían que hacerles una serie de preguntas.
-¿A cuántas personas habéis matado? –preguntó el sheriff a la pareja.
-¿Estás de broma? –le preguntó Damon, como si eso fuese una ofensa para él.
-Desde que aparecieron los caminantes –matizó el hombre-. ¿A cuántas?
Esta vez, Damon se lo pensó un poco antes de responder:
-A más de las que me gustaría… -murmuró, para luego continuar al ver la cara de desconcierto del sheriff-. Cuando la cosa se descontroló, recibimos órdenes de disparar sin fijar objetivo. Fue una orden desesperada pero, en cierto modo, coherente.
Rick no estaba muy contento con eso tampoco, pero sabía que era cierto. Merecía la pena sacrificar unas decenas de inocentes antes que arriesgarse a perder a miles. El problema fue que ni aun así lograron contener la amenaza.
Pese a la respuesta tan sincera del chico, Rick se dio cuenta de que Damon no le había contado toda la verdad.
-Y sin contar con los que tuviste que matar bajo esa orden, ¿a cuántos?
-A un par de capullos borrachos que nos atacaron –confesó el chico SWAT.
Elena se apretó con fuerza a él en busca de protección al recordar esa fatídica noche.
-¿Les diste su merecido? –le preguntó Rick intentando parecer neutral.
-Les maté, sí –respondió Damon nada arrepentido de lo que hizo-. Pero ellos mismos se lo buscaron.
-Nosotros también hemos tenido algunos pequeños altercados. Los caminantes no es el único peligro que hay ahí fuera.
Damon asintió en silencio y, extrañamente, el ambiente se tensó aún más.
-¿Y tú? –le preguntó el sheriff a Elena.
-¿Hablas en serio? –intervino el SWAT con tono divertido-. Pero si ni siquiera sabe sostener bien un arma...
-Quiero que me conteste ella –le dijo Rick al chico, antes de volver a dirigirse a Elena-. Responde.
-Ninguno –susurró la joven sintiéndose algo intimidada-. Ningún humano.
-¿Y caminantes?
-Ella no… -empezó a protestar Damon, pero Elena le interrumpió, dejándole mudo con su respuesta.
-Uno –dijo ella dirigiendo su mirada al chico Salvatore para explicarse-. Una noche que salí a buscar provisiones. Me acorralaron.
-¿Por qué no me lo contaste?
-No quería preocuparte. No me hubieses dejado salir más veces sola si te lo hubiese dicho. Y tú estabas muy débil aún, necesitábamos mis salidas de expedición.
Damon iba a protestar ante eso, pero Rick se le adelantó:
-¿A cuántos caminantes has matado tú, Damon?
-A casi tantos que he perdido la cuenta.
-¿Y desde que abandonaste tu misión? –quiso concretar el sheriff.
-No los suficientes.
Rick no supo muy bien a qué se refería con eso, pues este no sabía que Damon nunca había abandonado su misión. El chico, siempre que podía y mientras no pusiese en peligro a Elena, mataba a los zombis con los que se iba cruzando por el camino. Esos zombis puede que no fuesen una amenaza para ellos, pero sí podría serlo para cualquier persona desprotegida e imprudente que pasase por allí. El mundo había caído, pero Damon seguía con su misión de proteger a la población y eliminar la amenaza zombi.
Rick miró a sus compañeros y todos asintieron, aunque personas como Nadia o Daryl, desconfiados por naturaleza, tardaron un poco más en hacerlo. Tras conseguir el consentimiento del grupo, el sheriff volvió a dirigirse a la pareja:
-A mi gente y a mí nos encantaría teneros con nosotros. Cuantos más seamos, más seguros estaremos.
-No creo que vayamos a aceptar la propuesta –respondió Damon-. No os ofendáis, pero preferimos seguir nuestro propio camino.
Elena le lanzó una mirada reprobatoria al chico, nada contenta con su decisión.
-Creo que tu novia no piensa lo mismo –le contradijo Rick, dándose cuenta de esa mirada.
Damon no le sacó de su error al tomarlos como pareja, ya que pensó que por el momento era más seguro si pensaban así. Elena pareció pensar lo mismo, pues tampoco dijo nada.
-Estáis cansados de tan largo viaje –continuó hablando el sheriff, dirigiéndose de nuevo a Damon-, tu chica está agotada y no vas a poder cuidar bien de ella si apenas puedes sostener tu arma –el indicó al ver que la mano del chico llevaba un rato temblando porque aún sentía su cuerpo débil y pesado-. Quedaos un rato a descansar. Si después queréis idos, lo entenderemos.
Elena tiró ligeramente del brazo de Damon para animarle a aceptar la propuesta.
-Nos quedamos –accedió él no muy convencido-. De momento.
Rick sonrió conforme con su respuesta, caminó hacia ellos y se intercambió con Damon las identificaciones, recuperando así cada uno la suya.
-SWAT, ¿eh? Me gusta, es una unidad muy completa, con muchos recursos –halagó el sheriff la unidad del chico.
Damon no era muy fan de los sheriff y menos aún desde lo que le ocurrió a Elena hacía unas semanas, así que no dijo ningún cumplido de vuelta.
-Bett ayudaba a su padre en la clínica privada –les informó Rick señalando a una de las chicas, la que parecía ser más joven-, podría echaros un vistazo si tenéis alguna herida.
-Estamos bien, gracias –rechazó Damon su oferta, guardándose para sí el hecho de que Elena también tenía conocimientos en medicina y que la herida de él aún no le había dado tregua.
Por orden de Rick, el grupo se dispersó y retomaron lo que estaban haciendo antes de que llegasen los nuevos. Damon fue a sentarse sobre un tronzo caído para descansar y Elena, que sigue sin soltarle la mano, le imita y se sienta a su lado.
Ya más relajado el ambiente, Carl se acercó a ellos para preguntarle a Damon por el ataque zombi en Menphis, que es donde actuó el equipo SWAT de este. El chico se dedicó a darle evasivas porque no le apetecía hablarle del peor momento de su vida. Como Carl era muy insistente, como todo niño curioso a su edad, Rick le pidió a su hijo que les dejara tranquilo y que fuese a ver si su madre necesitaba ayuda con la colada.
Rick se llevó a Carl de vuelta con Lori y Daryl fue hacia el sheriff con cara de pocos amigos y se lo llevó a un lugar apartado para hablar, pero sin apartar la vista de los nuevos porque no se fiaba de ellos.
-Ese tipo tiene pinta de ser muy peligroso –le dijo el hombre a Rick, refiriéndose a Damon-. Si ha llegado hasta aquí, matando zombis él solo y haciéndose cargo de esa cría, debe de ser muy letal.
-Entonces es mejor que esté de nuestra parte, ¿no crees?
-¿Y si se pone en nuestra contra? Ya has oído lo que le hizo a esos tipos que seguramente intentaron sobrepasarse con su novia. Haría cualquier cosa por protegerla. Y nosotros tenemos provisiones de comida y armas.
-No nos atacará por la noche mientras dormimos –aseguró Rick-. Es un SWAT, está entrenado para salvar vidas.
-Pero también para quitarlas. Y, créeme, cuando tenga que decidir entre nosotros y ella, no pestañeará en hacer lo que tenga que hacer por mantenerla a salvo.
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Por la noche, todos se sentaron alrededor de un leve fuego a comer unas ardillas que había cazador Daryl con su ballesta. Elena iba a decir que también tenían comida y colaborar aportando algo a la cena, pero Damon le advirtió con la mirada que se estuviese quieta. Tenían pocas provisiones y no quería desperdiciarlas dándoselas a unos desconocidos. Además, esta gente no parecía tener problemas para hacerse con comida ni con nada en general. Estaban muy bien equipados en todo. Se notaba que, al ser tantos, habían podido ir a registrar tiendas y sacar bastantes cosas de provecho de estas.
-Mandaron a los ejércitos y a las fuerzas de élite a las grandes ciudades y os dejaron a vosotros los pueblos –le dijo Damon al sheriff-, ¿cómo no pudisteis proteger ni un maldito pueblo?
-La gente empezó a huir a las grandes ciudades pensando que eran más seguras, cuando vieron que no era así, fueron a los pequeños pueblos. Eran demasiados. Aquello fue una carnicería.
-¿Alguna vez has visto morir a cientos de personas en cuestión de minutos, devoradas brutalmente a manos de familiares, amigos o vecinos? –le preguntó el chico, a lo que Rick negó con la cabeza-. Pues no me hables de carnicerías, porque no has visto una de verdad.
Como ya era tarde para estar por ahí solos, Damon y Elena decidieron quedarse a pasar la noche. El chico no se fiaba de nadie, por lo que colocó su saco de dormir junto al lago, lo más alejado del resto del grupo. Después hizo que Elena se acostase e insistió en guardia, sin separarse del lado de la chica siquiera.
El sheriff, quien también montaba guardia esa noche, dio una vuelta de reconocimiento para comprobar que el lugar estaba tranquilo. Al regresar al campamento, se quedó un rato observando a la pareja de recién llegados antes de decidirse a acercarse a ellos.
-¿Por qué mataste a esos dos tipos? –quiso saber Rick, pues sabía que tenía que haber un buen motivo para que alguien como Damon hiciese eso-. ¿Qué hicieron?
-¿Por qué supones que hicieron algo? Puede que los matase sin motivos.
-No, no lo creo. Eres uno de los buenos. Nunca harías eso.
-Te equivocas, ya no existen los buenos tipos, este mundo nos ha cambiado a todos.
-Los policías seguimos protegiendo y sirviendo al que lo necesita, eso no ha cambiado.
-No sabes de qué estás hablando…
-Explícate –le pidió Rick sin comprender.
-Uno de los tipos que maté era policía.
Damon agachó la cabeza para contemplar a Elena durmiendo plácidamente a su lado.
-Creí que podía confiar en un policía, pero no fue así –murmuró él acariciando el cabello de la chica con ternura.
-Intentaron violarla, ¿verdad? –intuyó Rick-. A tu novia. Te golpearon e intentaron sobrepasarse con ella. Por eso mataste a esos dos tipos.
-Shane y su compinche me hicieron aprender la lección por las malas, y no pienso volver a cometer el mismo error.
-Un momento, ¿has dicho Shane?
-¿Le conocías?
-Era mi compañero cuando éramos policías, me ayudó a sacar a mi familia de la ciudad. Después, bueno…Ya lo viste con tus propios ojos, el odio y el mal se apoderó de él. Por eso lo echamos del grupo, no podíamos confiar en él.
Continuaron un poco más con la conversación, hasta que a Damon se le escapó un bostezo.
-Venga, Romeo –le dijo su compañero con tono divertido-, duerme un rato. Tu chica seguirá estando a salvo cuando te despiertes por la mañana.
Damon iba a protestar, pero supo que si estaba cansado no podría protegerla por mucho más tiempo. Por eso, se hizo un hueco en el saco de dormir. La chica dormida, se movió inconscientemente para rodearle el cuerpo con sus manos hasta pegarlo a ella y recostar la cabeza en su pecho. Damon sonrió por ese gesto y le dio un dulce beso en la coronilla.
Esas muestras de afecto no pasaron desapercibidas por Rick, quien les miró con afecto antes de alzar la vista al cielo, para contemplar las estrellas relucientes mientras agudizaba el oído por si oía algo.
