Capítulo 6 "Seven Day Mile" - The Frames

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Seven Day Mile

Edward continuó besándome y yo seguía desesperada por separarme de él.

-¡Aléjate de mi! - le grité.

Él levantó la cara y fue allí cuando encontré mi oportunidad. Lancé un puñetazo que lo hirió en la mandíbula.

El golpe lo aturdió por lo que logré safarme de él. Pasaron varios minutos y él siguió bocaarriba sobre el piso.

-¿Rose? - susurró reincorporándose.

- No te me acerques- le dije llorando.

-No sé lo que pasó - lucía asustado - Rose, perdóname - se estaba acercándo a mi.

-Te odio - grité - Odio esta vida, odio esta farsa, pero a ti te odio más.

-No fue mi intención lastimarte, estaba en el bar con unos amigos y de repente... todo se volvió borroso.

-¿Esa es tu excusa? - las lágrimas seguian brotando.

-¿Te lastimé? Jamás me perdonaría si te lastimé.

-Si, Edward... sí me lastimaste. Por un tiempo pensé que eras diferente, no sabía con quién me estaba casando hasta ahora.

-Rose, necesito que me perdones. Por favor - sus ojos esmeralda estaban a punto de derramar lágrimas pero no quería sentir compasión por él.

-Vete... - susurré - No te quiero ver.

-¿Eso es lo que quieres?

-Si... es eso... lo que necesito - me arrodillé en el suelo.

Edward tomó su saco que había dejado en el sillón, tomó las llaves del coche y salió de la casa.

Un nuevo sentimiento de decepción y terror se apoderaron de mi.

Seguí llorando, seguía recreando la escena una y otra vez en mi mente.

Estaba aterrada de lo que había sucedido.

Me desplomé en la alfombra de la sala y continué llorando hasta que me quedé dormida.

El timbre de la puerta fue lo que me despertó a la mañana siguiente.

Apresurádamente tomé una bata del baño de abajo, recogí mi cabello y abrí la puerta.

-¡Rosalie!

-¿Alice? - respondí sorprendida.

-¿Cómo estás? - me dijo dándome un abrazo - no luces muy bien. Anoche Jasper y yo sacamos a pasear a nuestro perro y vimos salir a Edward de tu casa, por eso decidí venir hoy a visitarte. ¿Todo bien?

-Si, claro todo bien... - titubeé - Tu sabes cómo son las cosas... en el matrimonio.

-Lo sé, el primer año es el más dificil - comentó - pero el amor siempre lo puede todo, ¿no crees? Sé que tu y Edward arreglarán sus diferencias.

Me limité a sonreír.

-Debo irme, sólo pasaba rápido para serciorarme que estabas bien.

-Te lo agradezco.

Ella me abrazó una ultima vez antes de irse.

Cuando cerré la puerta por mera curiosidad me asomé a la habitación de Edward, la cama estaba intacta, él no había regresado.

Tomé una ducha y preparé la comida.

Sabía que él no vendría a comer pero necesitaba tener la mente ocupada.

Estaba cayendo la tarde cuando decidí salir a leer al porshe. Tomé una manta y me envolví en ella para sentarme en la mesedora que estaba afuera.

Pasaron un par de horas, estaba dispuesta a meterme a la casa cuando llegó Edward. Lucía cansado y angustiado.

No levanté la mirada y pretendí que estaba concentrada en el libro que tenía en las manos.

Él se puso de cuclillas a mi lado y puso en mi rostro un girasol.

-Lamento mucho lo de anoche. Te prometo que jamás volveré a faltarte el respeto de esa manera. Mis padres estarían muy decepcionados por mi comportamiento y es algo que no podría soportar, no fue así la forma en la que me educaron.

Lo miré a los ojos y pude ver sinceridad en ellos. Tomé el girasol y no dije nada.

-Prepararé algo de cenar - me dijo con una sonrisa - ¿Me acompañas?

Asentí con la cabeza y él entró a la casa.

Suspiré aliviada. Supe que el Edward que había conocido la noche anterior había sido un desafortunado incidente, pero estaba segura que jamás volvería a pasar.

Me paré de la silla y estaba recogiendo mis cosas cuando alguien llamó mi atención.

Era un joven alto que iba corriendo de forma deportiva por la calle. Él volteó a verme a los ojos al mismo tiempo que yo lo hice. Sentí una extraña corriente de electricidad.

Él me sonrio y continuó su recorrido.