Los personajes en los que baso mi fanfiction pertenecen a Bruno Heller y su maravilloso y bendito equipo.

¡Este año se cumplen diez años desde el estreno del primer capítulo de El mentalista!

Capítulo VI.

Se sienta de manera precipitada en su cama, las gotas de sudor caen por su frente y su cuello humedeciendo sus rizos. Se levanta de la cama para cambiar su camisa mojada por una seca, la pesadilla lo ha golpeado fuerte y siente las imágenes vívidas reproduciéndose en su cabeza una y otra y otra vez.

Camina de un lado a otro respirando lentamente y haciendo todo tipo de trucos para intentar calmar la ansiedad creciente en su pecho. Pierde treinta minutos más debatiendo consigo mismo entre llamar a Lisbon y no hacerlo; se siente solo y desprotegido, no pierde energía cambiándose la camisa mojada por el sudor, no de nuevo. Ingresa al baño y limpia su rostro con agua fría, el reflejo en el espejo luce irreal y demacrado, cierra los ojos y una imagen de su hija montando en bicicleta lo golpea, abre los ojos e intenta tomar algo de aire, sus pulmones se sienten pesados y su cabeza late con fuerza obligándolo a cerrar los ojos una vez más.

No desea esto, no desea despertar siempre con pesadillas ni permanecer siempre un paso atrás de Red John, si él desea ganar, ha ganado el juego.

Toma el celular entre sus manos temblorosas, el dolor se intensifica, pero esta vez, por más que desee, las lágrimas no salen y aquello es aún peor. Escucha cuatro tonos antes de escuchar la voz de Lisbon al otro lado de la línea.

—Patrick —suelta en voz baja la agente Terese Lisbon mientras se sienta en su cama observando el reloj despertador para ver la hora.

—Lo siento. Sé que fue mi culpa y que te lastimé —la voz de Jane se quiebra y sus palabras varían entre tonos graves y agudos preocupando a la pelinegra. —no intento hacerme un mártir ni nada de eso, solo, solo quería disculparme, en verdad lo siento. Lo siento mucho.

Una gota de sudor frío cae por la espalda de Lisbon al escuchar el silencio que procede a las palabras del consultor, intenta hablar, las palabras no logran ser articuladas antes de escuchar el característico sonido de llamada cortada. Marca el número de Jane mientras busca las llaves del auto y toma un abrigo antes de abrir la puerta principal y salir, su llamada es dirigida al buzón de voz, antes de intentar una vez más, llama a Cho y avisa de la situación.

—Respira. Ya estoy en camino al departamento de él. —habla intentado sonar frugal el agente surcoreano, esta vez ella siente la preocupación en la voz de él y aquello hace que su corazón acelere y sus manos tiemblen volviendo torpe el proceso de ingresar la llave en el contacto del auto.

El viaje a casa de Jane es corto y eterno a la vez y cuando llega Cho ya está allí tocando civilizadamente la puerta.

—Acabo de llegar —dice el hombre de metro setenta y tres golpeando más fuerte y más seguido la puerta principal. —¿Crees que haya hecho alguna tontería? —pregunta preparándose para abrir la puerta a golpes si es necesario, pero es detenido por Lisbon quien no puede hablar entre las respiraciones rápidas y cortas que da e intentando introducir una llave en la puerta. Él coloca su mano derecha en su hombro cargando la pistola en su otra mano y entra antes que ella asegurando el perímetro.

Lisbon lleva su mano a la parte delantera de su cuello intentado buscar consuelo en el collar de cruz que perteneció a su madre, pero no está allí y rápidamente recuerda que lo ha dejado en la mesa de noche antes de ir a dormir, ahora solo le queda recitar algunas oraciones que le han servido de consuelo en momentos difíciles.

Un ruido interrumpe el silencio de que los envolvía alertando sus sentidos. Caminan con prisa abriendo puertas hasta encontrar la habitación de la que creen que provino el sonido, se detienen al abrir la última puerta y sus respiraciones se cortan ante la imagen frente a ellos que intentan procesar, ya la habían visto antes, la sonrisa que Red John dejó en la casa de Jane, pero solo en fotos, sacuden la impresión y Cho sigue los pasos de Lisbon hacia el cuarto de baño de la habitación.

Ella extiende su mano y toca la perilla de la puerta, está abierta, pero no es capaz de abrirla, es Cho quien toma una respiración profunda y lo hace.

El espejo del baño está roto, Teresa toma cuidado de los pedazos en el suelo mientras Cho se escusa y se dirige a hervir agua a la cocina. Ella lo observa temblar y llorar encogido sobre su cuerpo dentro de la bañera, no está segura de si los ha escuchado así que toca su hombro delicadamente.

Jane reconoce su mano pequeña y de repente siente su mundo un poco menos frío e infeliz. La adrenalina aún recorre su cuerpo y por ello ignora la herida en su mano. Ella lo abraza con fuerza y él puede escuchar los latidos acelerados de su corazón batiéndose arrítmicamente en su pecho.

Cuando ambos están más calmados, ella lo ayuda a alzar los brazos y deslizar la camisa sudada por sobre su cabeza, busca una camisa limpia y luego ambos bajan a la sala de estar. Los tres toman una taza de té que al parecer es lo único que existe en la cocina de Jane y luego Cho lo ayuda a entrar al auto de Lisbon.

Lisbon apaga el auto y espera a que él reaccione un poco, no sabe cómo reaccionará si interrumpe su abatimiento. Él muerde con fuerza la parte interna de su labio hasta sentir el sabor característico de la sangre, lleva su mano a su labio y es cuando nota que su mano ha dolido todo el camino, pero que ahora con el movimiento siente cada corte arder. No debió golpear con el puño el espejo, pero tampoco soportaba seguir mirando la imagen de un hombre cuyo único motivo de vida es o era una venganza.

—Patrick —utiliza su primer nombre porque sabe que la situación lo requiere, porque aunque no lo desee, ellos siguen teniendo un vínculo íntimo y diferente.

Se acuestan en la cama y Jane cae dormido casi de inmediato, en cuanto a ella, le resulta difícil saber que está tan roto y no poder ayudarlo a sanar, no ahora.

¡Dos capítulos casi seguidos! ¡Home Run, muchachos! ¡Home Run!

El mundo se vuelve loco y aclama por más. Okno, estoy loca.

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Besos.