Tema: Animals-Muse

"Esto no es acerca de los modales, sino del éxtasis"

Capítulo Sexto-Caja de Sorpresas

Emmet luchaba como animal enjaulado, realmente era divertido pelear con él. La ventaja residía de mi lado, él estaba acostumbrado a luchar con grandes osos, brutos y nada ágiles, mientras que yo era una pequeña vampiro, rápida y escurridiza. Un último salto para intentar atraparme, táctica que no resultó, pero movimiento que aproveché para subirme a su espalda y llegar a su cuello.

— ¡Suficiente!—Gritó Rose desde su lugar a pocos metros. Temiendo que me dejara llevar y de verdad mordiera a Emm.

Jasper tocó su hombro indicándole que todo estaba controlado, por su puesto él había estado monitoreando todo con su "habilidad especial". Eso empezaba a fastidiarme, sabía que era necesario, pero que estuvieran monitoreando tus movimientos y sentimientos todo el día no era nada grato. Daba gracias al cielo que Edward no pudiera leer mi mente, eso me daba algo de espacio.

—Emmet, fuiste derrotado por Bella eso es una vergüenza, una neófita de pocas semanas tiene más cerebro que tu para luchar. Quizás debas tomar también las clases de Jasper. —Rose regañaba a su compañero. La situación era bastante divertida. Alice, Jasper y yo no pudimos contener la risa y los tres caímos al suelo sosteniendo nuestros vientres.

—Oh, vamos chicos, no es tan divertido —si no lo era, los reclamos de Emmet hacían que lo fueran. El grandote pidiendo que no nos burláramos de él, al final el propio Emmet se dio cuenta de lo patético que se veía y se echó al suelo a reír con nosotros mientras una furiosa Rosalie caminaba hacia la casa.

La verdad era que últimamente me sentía mucho más cómoda con los Cullen, mi charla con Edward había contribuido a eso, nuestra relación avanzaba poco a poco. Eso me hacía sentir feliz y tranquila, sentimientos que sin dudas debía plantearme.

Con la entrada en la casa de una furiosa Rose, salió un Edward bastante relajado y sonriente.

—Emmet, intenta no poner de mal humor a tu mujer. — dijo con una sonrisa juguetona y arremangándose los puños de su camisa.

—No es mi culpa. — alegó con un puchero que sería tierno si Emmet no fuera tan grande y si detrás no tuviera unos colmillos bien afilados capaces de desgarrar cualquier cosa que se interpusiera en su camino — Bella debes prometer que mañana me darás la revancha o mejor aún ¿por qué mañana no le pateas el trasero a Edward? Él hace trampa en las peleas usando como excusa su don. — ahora dijo apuntado hacia Edward con su dedo índice pareciéndose a un niño cuando acusa a su hermano con su madre.

No pude evitar volver a reír por esa imagen.

— ¿Por qué dejarlo para mañana? — ahora me giré para observar a Edward, una sonrisa torcida decoraba su rostro y sus ojos se centraban en mi, esperando una respuesta.

—Claro… hoy, mañana ¿Qué diferencia hay? — dije levantándome del suelo y caminando hacia él, con la misma actitud petulante y divertida de Edward.

Si creyó que iba a echarme para atrás estaba muy equivocado, además Emmet tenía razón, probablemente era la única que algún vez podría vencer a Edward. Ese pensamiento me agradó, quise elevar un puño al cielo y gritar "Poder femenino" pero probablemente todos se reirían de mi.

Nos separaban unos tres metros, nos posicionamos uno frente al otro y nos quedamos muy quietos, midiendo cada uno de los pequeños movimientos del adversario. Esto era diferente, esperaba que Edward se lanzara sobre mí como lo había hecho Emmet antes, pero evidentemente mi nuevo oponente era muchos más cauteloso.

—Vamos Bella, ¡Ven por mí! — sus palabras fueron bien recibidas por mi cuerpo y por mi mente ya que me lancé inmediatamente por él. Cuando estuve lo suficientemente cerca salté sobre su pecho tratando de derribarlo y tener un fácil acceso a su cuello. Pero fue tonto y precipitado de mi parte creer que con esa simple maniobra atraparía a Edward, por supuesto en el momento justo él se movió haciendo que tuviera que imponer mis manos para no caer de narices sobre el césped. Esta vez la tonta y precipitada era yo. Apostaba a que estaba divirtiéndose bastante.

Sin pausa alguna, volví a saltar para ponerme de pie y arremeter contra él, pero esta vez la táctica sería diferente lo engañaría con mi velocidad, en el ataque anterior solo se había movido medio segundo antes de que llegara a tocarlo. Ahora, aminoré un poco mi velocidad real y a pocos centímetros de él arremetí realmente, lo alcancé. Edward dilató sus pupilas de manera desmesurada, sin dudas lo había sorprendido. Caímos al suelo juntos por la fuerza y velocidad de mi impacto, aunque Edward no intentó defenderse por lo contrario comenzó a reírse a carcajadas.

No sabía que él podía reír, al menos no de esa manera. No me lancé sobre su cuello, estaba demasiado asombrada de su reacción como para hacerlo.

Cuando logró recobrar la compostura, me encontró aún sobre él con una notable expresión de confusión en mi cara. Creí que iba a pararse inmediatamente o a empujarme lejos de él, pero no lo hizo. Pasó una mano gentil por mi espalda y con la otra se dedicó a desordenar mi cabello.

—Lo siento pequeña, pero es que la situación era muy entretenida. Te veías como un cachorro de tigre intentando atacar a un León.

—Eso no es divertido.

—Lo es para mí.

Pronto cobré conciencia de la situación. Me giré para ver a los demás, y los encontré muy entretenidos observándonos, Rose y Esme también habían salido de la casa.

Me paré de inmediato y creo que si me hubiese podido sonrojar lo habría hecho. Edward se levantó de una manera más calmada y natural, no parecía tener problema con la situación.

El incómodo silencio fue interrumpido por Emmet.

—Lo ves Rose, no fui el único. Edward también fue atrapado por Bella.

—Solo cállate Emmet.

—Edward… ¡Bella te venció! Vas a tener que comprarle algo como recompensa.

—Tienes razón Alice, hay que averiguar qué es lo que a Bella le gustaría — respondió Edward de manera paciente y alegre. ¿Por qué estaba tan contento?

—Eso no es necesario. No lo aceptaré.

—No, no es necesario. Pero tendrás que aceptarlo, son las reglas de la casa. Cuando organizamos algún tipo de jugo y alguien gana, el perdedor debe darle algo. — fue Edward el que respondió.

— ¿Por qué hacen eso? — Ahora lo miré como si tuviera dos cabezas.

Edward se encogió de hombros para contestar.

—Cuando vives para siempre y tienes mucho dinero acumulado debes idear cosas extrañas para pasar el tiempo. Lo que me recuerda, Emmet tu también debes darle algo.

—Por supuesto que sí, Bellita ya verás, mi regalo será mucho mejor que el de Edward.

—Bueno, ahora que ya está todo arreglado es hora de irnos de caza.

Asentí en dirección a Alice, eso era mucho mejor que seguir discutiendo sobre regalos que no quería y definitivamente tampoco necesitaba.

Alice había dispuesto que luego del entrenamiento; ella, Jasper y yo fuéramos de caza. Lo necesitábamos y mientras más rápido mis ojos fueran de un color menos llamativo, mejor. De esa forma ella podría arrastrarme por centros comerciales, tiendas y otros lugares de los que me había estado hablando por semanas.

— ¡Hey! Va a ser la primera caza digna de Bella. Yo iré. ¡Va a ser divertido! Muero por verla intentando atrapar algo…

Me encogí de hombros ante las palabras de Emmet y le recordé que ya me había alimentado de unas ardillas y de las bolsas de sangre el día que llegué. Él se mofo diciendo que era una vergüenza para los vampiros y que no debía volver a repetir eso. Luego se encaminó hacia el bosque pidiendo que lo siguiéramos. Lo que no esperaba era que Edward también viniera. Emmet y él habían salido de caza hace poco, no lo necesitaban.

— ¿Vendrás?

Edward se encogió de hombros ante mi pregunta.

—No quiero perderme del espectáculo y tampoco viene mal reforzar mi alimentación. Pero no voy a torturarte como Emmet, no te preocupes. — Hechas las explicaciones pasó por delante de mí, volvió a revolver mi cabello y luego me miró — Vamos, no quiero ser el último en llegar.

Se lanzó a la carrera y lo seguí, pronto alcanzamos a los demás. Fue ahí donde la verdadera persecución comenzó, era la más rápida así que pronto comencé a dejarlos atrás. Emmet gritaba improperios y trataba de aumentar su velocidad, aún así le era imposible alcanzarme, la risa cantarina de Alice se perdía en el bosque mientras corríamos. Jasper y Edward habían dejado de competir con los demás para hacerlo entre ellos, ambos corrían y se chocaban de vez en cuando, intentando que el otro perdiera el equilibrio o diera contra un árbol. Parecíamos cinco niños traviesos y enérgicos jugando en el bosque.

Pero de pronto algo cambió, Alice gritó.

— ¡Hasta ahí Bella! Llegaste al límite con los perros…

Cuando me detuve y giré, observé a mis compañeros de juego unos cuantos metros detrás de mí formados efectivamente como detrás de una línea.

Edward me alcanzó y cargó en su espalda como si fuera un pluma haciendo que volviera con los demás.

— ¿Qué fue eso?

—Los Quileutes, tenemos un convenio con ellos. No podemos excedernos de ese pequeño sendero de agua, eso delimita su territorio del nuestro. — explicó Jasper mientras señalaba el arroyuelo que estuve a punto de traspasar.

— ¿Qué son exactamente los Quileutes?

—Indios, una antigua comunidad aborigen que ha vivido en Forks desde tiempos inmemorables, mucho antes de la llegada de los conquistadores. Ellos han desarrollado una defensa hacia nosotros. Son metamorfos, pueden cambiar de forma, en este caso la elegida es la de grandes lobos. Son una de las pocas cosas que pueden matarnos. Estamos en paz mientras respetemos nuestros límites, ellos de un lado y nosotros del otro. —Explicó Edward con una familiaridad desconcertante, como si él mismo hubiese hecho el trató con los Quileutes.

—Por lo que nunca debes exceder ese límite. ¿Entiendes Bella? — Ahora fue Jasper el que habló, dándome una clara advertencia que tenía toda la intención de seguir.

Solo asentí en respuesta. Me sentía un poco extraña ante la nueva información. Saber que había algo que pudiera aniquilarnos tan cerca no me dejaba tranquila. ¿Por qué simplemente no se habían desecho de ellos? ¿O eran tan peligrosos que ni siquiera se atrevían a enfrentarlos? ¿No éramos en teoría el mejor depredador…. los últimos en la cadena alimenticia?

Con esas preguntas aún rondando me mente seguí a los demás. Nos alejamos un poco del límite y nos agrupamos en el centro del bosque, lugar bastante tupido de flora y con algo de fauna para cazar.

—Bueno hermanita. ¿Por qué no nos muestras como lo haces? — me tentó Emmet sonándose los nudillos y preparándose para lo que sería su propia y futura caza. —Puede hacerte una demostración si quieres. Te sorprenderás.

No presté atención al parloteo de Emmet, en su lugar me concentré en lo que sería mi próximo paso. Estaba algo nerviosa a pesar de haber tomado la decisión desde esta mañana cuando Alice me informó de nuestra actividad, pero no podía echarme atrás. Había llegado el momento de confiar plenamente en los Cullen y mostrarles el motivo por el cual había sido convertida. Félix no sabía de mi escudo, esa cualidad solo la descubrí cuando me topé con Edward.

Miré a cada uno de ellos y rogué por qué no se asustaran y que lo tomaran de buena manera. Temía que se enfadaran por ocultárselos.

Caí de rodillas al césped y me concentré en llamar a mi presa. Cerré los ojos y presté mucha atención a mi audición, pronto percibí un animal medianamente grande pastando no muy lejos, adiviné que sería un venado, lo visualicé y desplegué mi excéntrico don, abrí los ojos. Pronto un gran venado asomó entre los árboles, no miró a los demás, solo a mí y con pasos lentos y seguros comenzó a aproximarse.

Mis acompañantes que hasta el momento habían permanecido callados, probablemente por la poca comprensión de mis actos, comenzaron a hablar.

—No nos teme…. — Alice.

— ¿Qué carajos? ¿Por qué no corre…? — Emmet.

—Está hipnotizándolo… —Jasper.

El único que no se atrevió a hablar fue Edward. Quien solo observaba la escena de manera mecánica y analítica. Con solo una cosa en su cabeza. Que yo era mucho más peligrosa de lo que él había creído.

Finalmente, el desdichado venado que marchó de manera lenta y resignada, como quien sabe que no puede eludir un destino fatal, llegó hasta mí, hasta su verdugo. Pobre criatura, su único error fue estar en el lugar equivocado, en el momento equivocado. Solo susurré un pequeño perdón y me lancé sobre su cuello, no luchó. Permanecí prendida de él hasta que ya no había más sangre que succionar.

Me desprendí del animal y luego miré a Edward.

—Así fue como escapé la primera vez de Félix. También fue cuando descubrí la existencia de este don, de esa manera logré inmovilizarlo por unos minutos y tomar algo de ventaja en mi huida. — dije respondiendo a la pregunta que me había hecho Edward el día que llegué.

Tardaron unos minutos en reaccionar. No quería adivinar en que pensaban. Alice fue la que rompió el silencio.

—Jamás he visto algo igual. ¡Es impresionante!

—Sin dudas. Dos talentos excepcionales en un solo cuerpo. —agregó Jasper tomando su mentón en una mano y con gesto pensativo.

Emmet y Edward no dijeron nada.

Eso me molestaba, me preocupaba la reacción de Edward, no quería que se volviera a enfadar conmigo por haberle ocultado algo.

Luego de mi demostración, ellos cazaron y volvimos a la casa de manera tranquila. Sin ese ambiente juguetón y de camaradería que había antes. Solo Alice permaneció tratándome de la misma manera. Me golpee mentalmente, no debí decirles nada, pero tampoco podía guardar por más tiempo el secreto.

Tomé una ducha para limpiar todo la tierra que había acumulado con el entrenamiento y la caza. Me coloqué una bata y caminé hasta la cama para recostarme ahí en posición fetal. Me gradaba hacerme un pequeño bollito, especialmente cuando estaba agobiada.

—Pasa — grité a Alice que se había parado detrás de mi puerta esperando una invitación.

Entró ya cambiada y puso sus brazos en jarra al verme.

— ¿Por qué traes una bata? Eres deprimente. —caminó hacia el closet y me tiró unas cuantas prendas. Solo me senté en la cama y la miré sin decir nada.

Alice dio un gran suspiro moviendo sus hombros.

—Ellos hablaron con Carlisle cuando estabas duchándote.

Asentí, lo sabía. Había escuchado a Jasper y Edward cuando entraron al despacho, pero encendí la música y la regadera, no quería enterarme de lo que había ocurrido dentro de ese despacho. Pero ahora tenía que preguntar.

— ¿Y eso dónde me deja?

—En el mismo lugar de antes. Aquí con nosotros, eres parte de la familia ahora Bella y nosotros cuidamos de nuestra familia. —Se acercó a mí y se sentó tomando mi mano. — Aumenta las posibilidades de que Félix regresé. Sin dudas con talentos como esos no te dejará escapar. — Ahora una gran sonrisa se dibujo en su rostro. — Emmet está bastante emocionado en poder pelear contra los Vulturis. Hace siglos que no participa en una verdadera batalla.

Se puso de pie de un salto.

—Ahora vístete y baja. Estamos esperándote para hacer noche de películas. — Caminó hacia la puerta y antes de cerrarla agregó — Esme odia que te encierres aquí a sufrir, si sigues con ese comportamiento probablemente quite la puerta de tu cuarto.

Sonreí. Sí, Esme era capaz de eso y más por sus hijos. Cada vez me sentía más cómoda al término.

Cuando bajé ya todos estaban en la sala. Miraban un partido de baloncesto. Me coloqué en uno de los sillones y me dispuse a iniciar mi monólogo.

—Carlisle, Esme. Yo…

—Bella, no es necesario que digas nada cariño. — Esme contestó primero usando su dulce tono maternal.

—Pero, debí decirles antes…

—No, solo debías decirlo cuando te sintieras cómoda y confiaras en nosotros. Debo reconocer que no creí que fuera tan rápido, pero me grada que lo hicieras. —ahora fue Carlisle el que habló, con el mejor de los tonos comprensivos.

— ¿No están enfadados u ofendidos por no habérselos dicho desde el principio?

—Claro que no Bella, además lo que hiciste era lo más normal y comprensible del mundo. Pero como Carlisle dijo, nos alegra que confíes en nosotros. Eso es lo único que importa. — Jasper me consolaba.

—Sí, Bellita. Pero trata de no volver a hacer eso, al menos no delante de mí. Es espeluznante ¿sabes? —luego se quedó pensativo y abrió sus ojos de forma descomunal. Cuando habló lo hizo casi gritando. —Debes prometer también que nunca me harás eso a mí.

—Claro que no Emmet, ni a ti ni a nadie de la familia. — eso me alarmó así que también respondí casi gritando.

— ¡Júralo…!

—Lo juro. —dije levantando mi mano derecha y poniéndola sobre mi corazón. Un corazón que ya no latía, pero aún así estaba ahí.

—Bella, necesito saber algo. ¿Crees que Félix también sepa de tu escudo? — me interrogó Carlisle.

Negué.

—No, no lo creo. Él solo me habló de la hipnosis. Y yo solo lo advertí cuando me lo dijo Edward, de otra manera quizás nunca me hubiese enterado.

—Bien, eso es algo a nuestro favor.

—Bueno, hora de ver películas — dijo Alice entrando en la sala con un montón de DVD´s en sus pequeñas manos.

Puso toda la serie X-men. Reí mucho, en mi mente hice una estúpida comparación. Carlisle equivalía el profesor Charles Xavier, y los mutantes con habilidades extraordinarias éramos nosotros.

Rose podía ser Jane, Alice era tormenta, Emmet definitivamente era ese grande y peludo de color azul, el de los rayos en los ojos era Jasper y Edward era Wolverine. Me faltaba encontrar un parecido para Esme y para mí, pero conforme avanzaran las películas seguramente los encontraría.

Eran las 4 am cuando terminamos, todos se retiraron a sus habitaciones luego de hacer un par de comentarios sobre las películas, yo agregué mi conclusión sobre los parecidos con lo que todos rieron y Emmet quedó fascinado con la idea de ser el peludo azul. Subió las escaleras murmurando algo sobre conseguir un disfraz.

Edward caminó hasta su piano y comenzó a tocar, lo seguí conmovida por su música justo como ocurrió hace un par de noches atrás. Pero no me introduje en la habitación, solo me quedé junto a la puerta escuchando. Tocó dos piezas, luego me llamó.

—Ven, sé que estás ahí.

Por supuesto que lo sabía, pero hubiese preferido que se hiciera el distraído.

Entré de manera lenta y me senté en uno de los sillones. Él comenzó a tocar otra vez. Me quedé observándolo y disfrutando de la música durante un buen rato. Me sentía completamente relajada y en paz.

Él hablo primero.

—Tenía razón. Eres peligrosa…— no había recriminación o enfado en su voz, era una simple afirmación. Una constatación de sus sospechas.

Guardé en silencio esperando que siguiera pero no lo hizo.

—No quiero que te enfades conmigo.

—No estoy enfadado. Solo sorprendido. Además ya te lo dije, es demasiado tarde para que te marches. Perteneces a la familia ahora.

—Pero no quiero que volvamos atrás, me agrada la relación que tenemos ahora. — dije casi en un susurro, y mirando mis manos. Susurro que era perfectamente audible para Edward.

Él asintió levemente.

—A mi también…— respondió en el mismo tono.


Los personajes utilizados en esta historia son propiedad de la Sra. Meyer, parte de la trama utilizada nace del "Twilight" original también de su pertenencia. El resto sale de mi curiosidad, del...¿Que hubiese pasado si..?

Capitulo beteado por mi querida Vhica, gracias.

Bueno, bueno...que os parece?

Chicas...cree un grupo "Neófita y otros cuentos" la que quiera esta invitada a unirse, ahí publicaremos imágenes, vídeos, adelantos y todo lo referido a la historia.

Gracias a todas por leer...

Gracias a las que dejan Rr, los adoro!

De ahora en adelante las actualizaciones serán Martes y Viernes...

Besos.