Un Ángel y su Shaman
VI
Resolviendo Confusiones
Len se despertó con la insistente mirada de Lilian, espíritu acompañante de Yuan, mientras el espectro del guerrero que lo acompañaba intentaba despertarle con delicadeza.
- No haga movimientos bruscos, señorito – susurró el espíritu cerca del oído de su amo – Va a despertar a la señorita Yuan – el joven abrió los ojos de golpe – Lilian me ha sugerido que no es bueno que la despierte.
Len miró a su espíritu, a Lilian y, luego, a la muchacha entre sus brazos. No pudo disimular el rubor que asomaba por sus mejillas; el cual se volvió generalizado al oír la voz de su compañera.
- No es necesario, Basón. Ya estoy despierta – pronunció la pelirroja jocosamente, frotando el rostro contra el pecho del muchacho.
La actitud de la joven sólo consiguió que el heredero de los Tao se sonrojase hasta las orejas. Tras unos segundos levantó la mirada, sus ojos se encontraron. Los rasgos de ella se veían suavizados por el sueño. Él no había caído en la cuenta del estricto control que ella ejercía sobre sí misma. Cautelosamente, pasó su mano del hombro de ella a su mejilla, la acarició suavemente y recorrió el contorno de su mandíbula. Contuvo el aliento cuando ella no hizo esfuerzo alguno por escapar.
Yuan observó a Len y sintió el tenue contacto de sus dedos sobre el rostro con una sensación extraña. Aquellas orbes doradas, con aquel brillo amenazante, poseían un encanto hipnotizador. Ella nunca había permitido que un hombre le tocase y jamás se había cuestionado sobre cómo sería si le sucediese. Y allí estaba, acostada en un sofá, junto a nada más y nada menos que Len Tao, preguntándose qué pasaría si lo tocara.
Como si leyese pensamientos, Len tomó una de sus manos y la posó sobre su mejilla. Ella no la retiró, a pesar de que su corazón latía con violencia, casi impidiéndole respirar. Tenía la sensación de estar haciendo algo prohibido - ¡claro que lo era! ¿Qué haría su hermano si supiese lo que hacía en ese preciso momento? – Después de unos minutos, se decidió a tocar su cabello, era suave. Volvió a observarlo a los ojos y supo que él iba a besarla. Aléjate, pensó, pero no se movió.
Lentamente él se acercó más, cuando sus labios se encontraron un sinfín de emociones estallaron en su interior. Qué sensación más agradable, se dijo. Lo único que él hizo fue tocarle los labios con los suyos y dejarlos allí, sin forzar a más, sin aprisionarla en sus brazos, lo que hizo que el beso fuera aún más placentero.
Él fue el primero en retirarse, su mirada era tan cálida que ella comenzó a ponerse rígida – Ahora va a lanzarse sobre mí – pensó la pelirroja, entrando en pánico. Había bajado la guardia.
- Tranquila… No te haré daño.
- ¡Papá! – el grito de Hanna fue seguido de un fuerte golpe al otro lado de la puerta. El encanto quedó roto.
- ¡Voy a matar a este mocoso! – dijo Len entre dientes, levantándose de mala gana. Su pequeño berrinche fue recompensado con una risa ahogada de la muchacha.
- ¿Qué sucede ahora, Hanna? – interroga Len, abriendo la puerta del estudio.
- ¿A qué hora nos vamos? – volvió a gritar – Ya estoy aburrido aquí.
- Pronto nos iremos. Ve a recoger tus cosas – se volvió hacia la pelirroja, quien se arreglaba el cabello frente a un espejo.
- ¿Siempre eres tan libre con las mujeres? – preguntó con curiosidad – Cuando conoces a una chica, ¿siempre la besas tranquilamente?
- Puedo ser civilizado – responde, ordenándose la camisa – además, por lo general, no beso a cualquier chica y, a las que no conozco, las beso en la mano – se volvió para observarla antes de salir de la habitación, sus ojos brillaban – En tu caso, desde nuestro primer…eh… encuentro – sonríe – nada ha sucedido según mi costumbre. Por alguna razón, no puedo evitar verte como un precioso regalo.
Antes de que ella pudiese contestar, pues se encontraba demasiado sorprendida por la respuesta, el joven salió de la habitación, recomendándole refrescarse ya que saldrían muy pronto.
Contrario a lo que pudo haber imaginado, salieron del edificio caminando, tomaron el tren y llegaron a una zona poco poblada. Mientras caminaban, Hanna iba por delante, jugando con algunas piedrecillas en el camino.
- ¿Qué piensas de "mi hijito"? – interrogó, casi ahogándose al pronunciar las últimas palabras.
Yuan sonrió mientras observaba al niño patear las piedras. Éste los miró y se echó a correr, hasta llegar a la piedrecilla pateada.
- Pues es muy inteligente, independiente y bastante adulto para la edad que tiene ¿cuatro, verdad? – no pudo evitar sentirse algo angustiada, el chico tenía cuatro y su padre dieciocho.
- ¡Papá! – gritó Hanna, Len no podía evitar la vena de molestia cada vez que escuchaba a ese niño llamarlo padre.
El paisaje había dejado de ser absolutamente urbano. Grandes extensiones de campo verde, árboles frondosos y caminos de tierra. Yuan había comenzado a vagar en sus pensamientos desde que salieron de la fortaleza Tao. Ahora, sin que se diera cuenta cuándo, frente a ellos se levantaba un gran cementerio.
- Quiero visitar a algunos amigos aquí – dijo el muchacho apuntando a las lápidas en el interior y entrando sin esperar autorización.
¡Por todos los demonios! Este chico es igualito a su madre. Hace lo que quiere…- suspira, siguiéndolo de mala gana – Vamos Basón – el espíritu asiente y sigue a su amo, observando de vez en cuando a la pelirroja que iba unos pasos más atrás.
Mientras veía a sus dos acompañantes adentrarse en el cementerio, Yuan les siguió manteniendo cierta distancia. Estaba inmersa en sus pensamientos. Esos días que había pasado con el joven Tao, le habían hecho recordar una y otra vez su triste infancia; ahora esta parecía asomar cada vez que Yuan bajaba la guardia.
Su padre la había puesto en el papel de víctima de las agresiones de los hombres. Su distorsionado sentido del humor lo había llevado a hacer apuestas con sus amigotes sobre cuál de ellos podría llevarse a Yuan Yi a la cama. Aquellas apuestas solo las hacía por el disgusto que le provocaba que su hija no le tuviese terror. De niña la golpeaba con frecuencia, haciéndola rodar escaleras abajo y ella siempre mantenía la misma mirada fría e impávida.
A los doce años aprendió a defenderse mejor. Con ayuda de su espíritu acompañante, mantenía a su padre a raya. Entonces los juegos se volvieron aún más peligrosos, obligando a Yuan a desarrollar mejores habilidades de combate. Aprendió cómo dañar efectivamente a un hombre y convenció a su hermano para que le enseñase el arte del shamanismo. Además, aprendió a defenderse con una lengua muy afilada.
- ¿En qué piensas? – interrogó Len mirándola con intensidad. La mirada de la joven paría perdida.
- Nada en particular – respondió.
- Ya…oye – fue interrumpido por el grito del muchacho.
- ¡Oye pelo picudo! ¡Ven aquí ahora mismo! – demandó el pequeño.
- ¡Pelo…! Oh este mocoso se la está ganando – exclamó el de ojos dorados ya perdiendo la paciencia que le quedaba, que nunca había sido mucha.
Sacó su lanza y se acercó al muchacho para darle una merecida lección de buenos modales.
- ¿Qué es lo que piensas Yuan? – interrogó el espíritu, apareciendo junto a ella.
- Realmente nada en particular – murmura – Es solo que… no puedo evitar recordar lo diferente que fue mi infancia…
- Ya veo – responde la ninja entristecida.
- Un momento… ¿dónde se fueron? – se preguntó la de ojos esmeralda tras perder de vista al pequeño Hanna y a Len Tao. Se echó a caminar en línea recta, hasta que unas voces le indicaron que sus acompañantes estaban cerca.
Se acomodó tras unos matorrales para oír la pequeña disputa. Tomando en cuenta el carácter de los protagonistas, lo más sensato sería sentarse y observar, y así lo hizo.
- ¿Ya te cansaste de tu pequeña novela, niño? – Len sostenía su lanza y apuntaba al pequeño Hanna, quien cargaba una diminuta espada, también en guardia.
- No sé de qué hablas "papi" – responde el chico con una sonrisa de medio lado.
- Pues ya está bien. ¿Qué crees que hará tu madre cuando se entere que cambiaste de progenitor?
- ¿Ah? ¿de qué? – interroga el niño confuso
- ¡Argh! Por eso odio a los niños – murmura Len visiblemente molesto - ¡Qué tu madre te dará una buena cuando se entere de que me declaraste tu nuevo padre!
Yuan abrió los ojos con sorpresa – Entonces, ¿de verdad no es el padre de ese niño? – no pudo evitar sentirse aliviada al oír aquellas declaraciones.
- ¡Ja! Pues tú has sido el más beneficiado – responde el niño – gracias a mí Yuan Yi se ha vuelto más amable contigo – el pequeño tenía razón, eso verdaderamente molestaba al de ojos dorados.
¿Había oído bien? ¿Ese condenado Tao uso al niño para acercarse a ella? – eso último no le había hecho gracia. Yuan continuó escuchando, aunque hubiese deseado no hacerlo.
- ¡Por favor mocoso! Acaso crees que no soy capaz de seducir a una mujer por mi mismo ¡No me hagas reír! No necesito la ayuda de un niñato para domar a una fiera como ella – Len se había dejado llevar por el orgullo, no podía aceptar que el niño tenía toda la razón del mundo – ¡Puedo tener a cualquier mujer comiendo de la palma de mi mano cuando yo quiera!
No pudo soportarlo más. Con los puños apretados se levantó de entre los matorrales y se acercó al par de shamanes frente a ella.
- Así que ha sido todo un engaño – dijo sin emoción – Usaste a este niño para acercarte a mí, hacer que bajara la guardia y aprovecharte de mi confianza. Hiciste todo esto para estar a solas conmigo.
- Yuan – trató de tranquilizarla – Pensé que tal vez si estábamos solos un tiempo podrías llegar a conocerme mejor. Y Hanna…
- ¡No metas al niño en esto! El no tiene nada que ver con tu tortuosa mente.
- ¿T-tortuosa? – parecía confuso. ¿Realmente ella creía que él era así de malvado? Intentó acercarse para contener su ira.
Todo sucedió muy rápidamente. Ella se lanzó contra Len, Hanna se interpuso entre ambos para evitar una pelea, sabiendo que todo era su culpa; ella le dio con el puño en la cabeza al pequeño. Len, mientras se volvía para mirar atónito al muchacho, que lloriqueaba de dolor y se frotaba la cabeza para disminuir la sensibilidad del golpe, no vio el puño de Yuan Yi, que, con ayuda de la posesión de almas, se había estrellado directamente en su estómago. Con grandes demostraciones de dolor, Len se dobló en dos, su posesión de objetos desapareció por arte de magia, al igual que la del pequeño Hanna.
La pelirroja dio un paso atrás, mirando cómo Hanna se frotaba la cabeza y contenía el llanto. Len parecía estar a punto de vomitar en cualquier momento.
- Bien hecho – le llegó una voz a sus espaldas. Yuan giró rápidamente y se topó con el rostro impasible de una mujer de piel blanca como la nieve, cabellos rubios y ojos oscuros y profundos. Dos demonios a cada lado, uno el señor del fuego, otro el del agua - Eso debería enseñarle a ambos – continúo – que no a todas las mujeres les gusta ser utilizadas para los caprichos de los hombres.
Los ojos de Yuan Yi se agrandaron al ver que tras esa mujer había por lo menos cuatro shamanes con sus posesiones listas y dispuestas. Ella no les había percibido.
- Anna, qué bueno verte otra vez – pronunció Len, intentando recuperar el aire perdido.
- Tamao – dijo Anna dirigiéndose a la muchacha de cabello rosa junto a ella – Ve y trae al estúpido de mi hijo hasta acá.
- ¡Sí! – exclamó la aludida, quién además del cabello traía blusa, pantalones y sandalias rosa.
- Has sido muy certera y veloz para defenderte – alabó la rubia, dirigiéndose a Yuan.
- Debía ser rápida. Nadie me garantizaba que los dos que están tras esos arbustos no me atacasen mientras me defendía de este par de idiotas – acto seguido dos shamanes entre admirados y confundidos salieron de entre los matorrales. Uno de cabello azul, el otro de cabello negro con un peinado un tanto extraño.
Anna le dirigió una mirada casi de admiración, algo difícil de ver en el semblante de la rubia.
- El idiota número uno, de azul, es Horo-Horo – indicó – el otro es Ryu. Los de mi espalda Manta, Lyserg, Chocolove y Fausto.
Yuan midió con la mirada a cada uno. No le gustaba verse rodeada por gente extraña, mucho menos si todos eran shamanes. En la situación en la que estaba, se sentía como si estuviese encerrada en una celda, lo que la puso aún más alerta.
Len, aún frotándose el estómago, notó el movimiento a su alrededor y se acercó a la pelirroja; cuando Tamao se acercó más para coger a Hanna, Len le puso una mano en el hombro, en un gesto de advertencia. Confusa, Tamao soltó a Hanna y se alejó de Yuan, percatándose de que ésta no perdía ningún movimiento de ninguno de los que se encontraban en ese momento en el cementerio.
- ¿Y dónde está el inútil de tu esposo? – preguntó Len a Anna, quien miraba tranquilamente la escena que se desarrollaba frente a ella.
- Lo envié a comprar los ingredientes para la cena – hizo una pausa y observó a la pelirroja - ¿Nos vamos?
Todos avanzaron siguiendo a la rubia, mientras Yuan caminaba hasta el final de la procesión, sin perder de vista a ninguno de esos desconocidos shamanes.
- Yuan – comenzó Len, caminando junto a ella – ninguno de ellos va a hacerte daño. No hay razón para que les temas.
- ¿Debo creer tu palabra? – interrogó con mirada desafiante - ¿La palabra de un mentiroso? ¿La de alguien que es miembro de una familia que está en guerra con la mía?
Len soltó un largo suspiro, sin duda había perdido toda su confianza por culpa de su tonto orgullo.
- Mira, reconozco que no estuvo bien usar a Hanna para esto. Tampoco estuvo bien lo que dije hace un momento. Pero esas no son excusas para que le sigas temiendo a los hombres.
- Yo no les temo – aclaró – simplemente estoy siendo cautelosa.
- Pues tu cautela domina tu vida – contra argumenta el de ojos dorados, perdiendo la paciencia.
- He aprendido… - comenzó ella
- ¡La parte mala de la vida! No todos los hombres son como tu padre o ese tal Mao. Mientras estemos aquí en Japón vas a aprender que existen hombres dignos de confianza ¡No! – dijo, sobresaltando a la de ojos esmeraldas – Vas a aprender que YO soy digno de confianza – dicho esto continuó caminando sin decir palabra alguna y aceleró el paso para acercarse a sus amigos.
Anna se volvió para mirar a Yuan Yi y enlenteció sus pasos para caminar junto a ella. La dupla era sorprendente, ambas muy hermosas, con rasgos delicados y mirada impávida.
- ¿Discusión de pareja? – preguntó Anna, observando su rostro inexpresivo.
- No somos pareja – respondió Yuan fríamente. Al oír aquello Anna alzó una ceja, a su parecer era todo lo contrario.
- ¿Y cómo es que una Tang se encuentra de viaje con un Tao? – Yuan la observó sorprendida, no recordaba haberle dicho su nombre ni la relación entre sus familias – Jun Tao ha llamado esta mañana y me ha explicado tu situación – agregó, ante la mirada dubitativa de la joven china.
- Si es así ya sabes la respuesta.
De la nada una figura apareció entre ellas, como reflejo, ambas elevaron sus puños, atinando una a cada lado.
- ¡Auch! Anita, tan fuerte como siempre. Tu nueva amiga no se queda atrás, jijiji – comentó un muchacho de cabellos castaños y mirada despreocupada mientras acariciaba sus mejillas, resentidas por el golpe.
- Maldición, Yho – mascullo Anna - ¿Por qué tenías que aparecer de esa forma?
- Siempre tan despreocupado – murmuró Len
- ¡Len! ¡Amigo! ¿cuándo llegaste? ¿Qué haces en Japón?
- Len ha traído a una amiga ¿Qué no me pusiste atención cuando te lo comenté esta mañana? – le dijo Anna inexpresivamente. Yho extendió la mano hacia Yuan en modo de saludo.
La pelirroja se mantuvo rígida, sin tomarle la mano. Len le dirigió a su amigo una mirada de advertencia. Yho bajó la mano, sin borrar la sonrisa de su rostro.
- Eres bienvenida a nuestra posada cuando quieras – dijo Yho
- A eso es exactamente a lo que vienen – aclaró Anna de brazos cruzados. De todos los presentes, el único que no había prestado atención a la conversación de aquella mañana había sido su despreocupado esposo.
- ¡Papá! – el grito de Hanna rompió la tensión del momento, mientras se arrojaba a los brazos del recién llegado – Te han pegado igual que a mí, papá. Yuan Yi ha golpeado a tío Len en el estómago y a mí me ha dado uno de esos coscorrones que me da mamá cuando hago travesuras – le sonrió a Yuan.
- Pues se lo tenían merecido – murmura Anna
- ¿Que ha golpeado a Len? – dijo sin ocultar su sorpresa – No puedo creerlo – el joven Tao se sonrojó.
- No molestes – murmuró, causando una carcajada general.
Yuan se limitó a observar la escena. Aquel muchacho recién llegado parecía ser distinto a los otros.
Continuará…
Buenas! Muy buenas!
Como lo prometido es deuda, aquí les dejo un nuevo chapter. Muchas gracias por sus reviews ^^ espero que este nuevo giro les agrade.
No se olviden de comentar :D
Gracias!
