Llega la nueva entrega. En capitulos anteriores muchas personas me han comentado que este es un fic de una trama muy dura y lo cierto es que creo que si varios me han dicho eso es por que estoy logrando mi objetivo. Sí, en efecto su trama es muy cruda y quería que fuera así por que no es la típica historia de un Sasuke afable y una esclava desobediente. Sakura realmente teme por su vida, teme por que le golpeen, aquí los golpes son realees y sabe por experiencia que si hace enfadar a los demás será castigada. Sasuke por otro lado es un hombre de su época cuya moral se ve afectada por sus mismo actos y por la idiosincrasia social.


-6-

Melodrama.


—¿Estás consciente de los problemas que esto puede traerte, Sasuke? – frente a él yacía un hombre mayor y de cabellos plateados. De carácter gentil y despreocupado, pero al mismo tiempo enteramente maduro y calculador. Hatake Kakashi era, sin llegar a errar, un genio y no cualquiera, si uno bastante respetado por toda la corte real, ostentando de la misma forma que Sasuke, un cargo de Conde.

Los dos yacían en la casa del Conde Hatake, cuando durante su cabalgata Uchiha acudió sin pretenderlo del todo a la casa de Kakashi, un viejo amigo y consejero que había conocido hacía algunos años, pues casualmente Kakashi había sido aprendiz de Minato. Antes de que la noticia llegase a los oídos de Kakashi, Sasuke había acudido en persona para contarle sobre el rumor que posiblemente ya circulaba por todo el pueblo y que pronto atravesaría sus fronteras.

La noticia de que una de las criadas, o mejor dicho, esclava del Conde yacía preñada y que probablemente la criatura era de él, sería la comidilla de todos durante una larga temporada, si no es que de por vida; y no sólo eso, sino que además comprometería seriamente a Sasuke en cuanto a su cargo político si el rey se llegaba a enterar.

—Lo sé. – Sasuke bebió la taza de té que le habían ofrecido.

—Bueno, no actúes como si no te importara entonces. – refunfuñó Kakashi, mientras se cruzaba de brazos. Los separaba un escritorio, pues habían decidido ir al despacho del de los cabellos de plata para hablar en privado. El Conde Hatake tenía los puños entrelazados contra el escritorio y se veía tenso.

—No actuó así.

—Pues lo estás haciendo ahora. – dijo tras relajarse un poco. —Bien, en realidad no es un problema tan grande si tomas las decisiones correctas. – ante estas palabras Uchiha alzó una ceja.

—¿Decisiones correctas?

—Pues sí. – Kakashi se recargó mejor en su silla. —Políticamente hablando te comprometes demasiado, por no decirlo socialmente. Escucha, todo hombre tiene deslices, fallas insignificantes. Si te hubieses sólo acostado con ella no habría problemas, lo verdaderamente problemático es cuando hay… Ya sabes, una criatura de por medio.

—¿Qué sugieres entonces?

—¿En qué has pensado?

—En varias cosas. Pero me gustaría escucharte a ti.

—Si yo estuviera en ese embrollo no lo pensaría mucho.

—¿Entonces tú la matarías?

—No lo sé. – admitió. —Matar a gente inocente no es mi predilección, pero buscaría la manera de solucionar ese problema. Es realidad, todos te dirían eso, que mataras a la joven, pero eso es algo que tú deberás decidir. No obstante, Sasuke, quiero que sepas que esto es malo para tu imagen, toma la decisión correcta o la más conveniente, después de todo, en tu posición nadie podría juzgarte.

—Ella me suplicó que no lo hiciese.

—¿Qué cosa? ¿Matarla?

—Al bebé. Me rogo por que tuviera misericordia de ese bebé.

—Es una forma de protegerse a sí misma, claro está.

—Me dijo que me entregaría su vida a cambio.

—No creo que sean palabras sinceras, en mi opinión. – Kakashi se encogió de hombros. —¿Por qué lo piensas tanto? ¿Estás dispuesto a escuchar a una esclava?

—Sakura no es cualquier esclava.

—¿Sakura? ¿Ese es su nombre?

—Sí. – Sasuke terminó su taza de té. —Ella trabajó para mi madre, cuando todavía vivía. Además, estuvo ahí, en el incendio.

—No puede ser posible, sería demasiado bueno para ser verdad.

—Creo que ella sabe algo trascendental, es sólo que…

—¿Qué?

—No lo dirá tan fácilmente, es como si tuviera pavor de hablar con la gente. En realidad, sólo ha hablado conmigo, supongo que la intimido lo suficiente.

—O la haces gemir de placer. – el lado pervertido de Kakashi nunca podía faltar y Sasuke frunció el ceño.

—Hablo enserio, Kakashi.

—Yo igual. – sonrió debajo de una máscara inusual que usaba desde que tenía memoria de conocerle. —Pero sabes que a pesar de todo el problema sigue siendo el mismo. Si quieres satisfacer tus sospechas adelante, pero mientras más pase el tiempo su vientre crecerá.

—Pues, no estoy tan seguro de ello. – Sasuke suspiró mientras se cruzaba de brazos.

—¿Ah? – Kakashi alzó ambas cejas intrigado. —No me digas que… ¿La obligaste a abortar?

—No, pero si las cosas siguen igual no será necesario.

—¿Qué quieres decir?

—Está enferma, desnutrida, lastimada y traumatizada. El médico fue a verla ayer y…

—¡¿Permitiste que un médico la viera?! – Kakashi se sacudió sorprendido, deteniendo la conversación.

—¿Por qué saltas así?

—Esa mujer debe hacerlo muy bien como para que tuvieras ese tipo de consideración con ella.

—¡Kakashi, deja de hablar tonterías!

—Lo siento. – rio un poco. —Pero me sorprende ese gesto viviendo de ti.

—¿Me dejarás continuar?

—Claro, claro.

—Te decía, que el médico afirma que su embarazo es riesgoso y pone en peligro su vida. Al parecer maneja una tensión arterial muy alta por el estrés de su condición y eso compromete su vida, al punto en el que si sigue aumentando podría morir.

—Suena horrible. – Kakashi frunció el ceño nuevamente y se sirvió más té. —¿Dejarás que la enfermedad siga su curso y la harás trabajar mientras aún respire?

—No lo he decidido aún.

—Pues como yo lo veo, tú eres el único que decidirá el destino de esa joven y el tuyo. Aunque si buscas consejo con alguien más sabrás cual es la opción socialmente más aceptable.

—Matarla.

—Exacto, es tan lógico que hasta tú lo comprendes.

—¿Qué insinúas?

—Tan sólo bromeaba, no te molestes. – extendió los brazos en son de paz.

Sasuke se levantó después de esto, inclinó un poco la cabeza y después salió por la puerta. En la entrada de la mansión de Kakashi lo esperaba un mozo con su caballo. Agradeció mudamente, montó y se dirigió a su casa. Si decidía matarla o no tendría que ser después de averiguar más sobre su pasado.

Cuando la puerta se abrió, Sakura se tensó al pensar que se trataba de Sasuke, pero en realidad era Anko, quien traía consigo un tazón de comida caliente y especialmente preparada para ella. Tragó saliva al ver la mirada angustiada por parte de la jefa de las criadas. Le dejó la bandeja enfrente y carraspeó un poco al ver que Sakura había dejado los zapatos de Sasuke impecables.

—Tu nombre es Sakura, ¿No es así? – ella asintió. —¿Por qué no lo habías dicho antes? – Anko se sentó a su lado en la cama. Sakura había pasado el resto de la tarde durmiendo y reponiéndose. Ella encogió los hombros. —¿Por qué no quieres hablar ahora? Ya todos sabemos que puedes hacerlo, ¿Por qué seguir con esta farsa? –Sakura no dijo nada, miró a Anko con un extraño sentimiento que no pudo descifrar en ese instante.

—Anko. – la puerta se abrió entonces para dar paso a Kabuto, quien parecía un poco arisco esa noche. —La cena será servida dentro de poco, por favor no pierdas el tiempo. – miró a Sakura con una mirada desaprobatoria y la chica le recibió aquellos ojos como siempre lo hacía, como si estuviera vacía. —Esa mujer no hablará contigo, parece que sólo lo hace con el amo. – bisbisó.

—Lo intentaremos luego. – Anko se levantó al ver la insistencia del mayordomo y cerró la puerta con llave tras esto.

Sakura logró respirar nuevamente y estiró sus manos para comer. Dio la primera cucharada y sintió que su estómago se removía hambriento. Tocó su vientre con esmero cuidado y sonrió un poco. Independientemente si había deseado o no a ese hijo, ahora se sentía muy comprometida con éste. Pero, ¿Había hecho bien al ofrecer aquello al Conde? Es decir, ¿Quién le garantizaba que el amo cumpliría su palabra? Y si ella moría, ¿Quién protegería a su bebé? Aquel crudo pensamiento le hizo retorcerse por dentro, estaba tan nerviosa de que Sasuke no le dejase conservar a su hijo o que la obligase a abortar que no pensó en eso. Si ella fallecía nadie se haría cargo de él, lo más seguro es que sería un lastre y lo tratarían peor que a ella.

Tembló de sólo pensar eso. ¿Cómo podían ser tan crueles con una criatura que no tiene culpa de nada? ¿Cómo era posible que la sociedad lo permitiera? Tomó su vientre con ambas manos y las apretó. Las tenía tan delgadas y algo magulladas, pero en ese momento era como si sus dedos y su cuerpo fuesen una jaula de oro que protegía en su interior a algo sumamente valioso.

La puerta se abrió nuevamente y Sakura pensó que era Anko, mas se llevó un fiasco cuando fue Kabuto quien entraba a la puerta y le miraba de una forma difícil de nominar. Sakura se encontró con sus ojos vanos y observó como éste sonreír con un cierto tinte de diversión. Aquella mirada, tan malvada y pestilente hizo que Sakura se pusiera alerta. Yakushi se acercó lentamente y en momentos sus pasos eran tan silenciosos como los de un gato. Llegó donde ella y la chica se alzó de la cama rápidamente para colocarse en una esquina de la habitación, buscando opciones por si él quería hacerle daño. Al cabo, no sería la primera vez.

—Lo has hecho bien, pequeña, muy bien. – Kabuto sonrió de repente casi como si lo hubiese planeado. —Pero ¿No crees que era sumamente exagerado? Quedar preñada, ¿A qué quieres llegar? ¿Deseas que el conde te despose? ¿Acaso quieres chantajearlo con un hijo? Por dios, puedo asegurarte que eso no sucederá. – estaba a menos de un metro de ella, afortunadamente dándole un hueco para escapar en caso de ser necesario. —Ha pasado mucho tiempo, cariño. Tanto, que pensé que habías muerto. Diez años son una hazaña para alguien como tú, que eres tan torpe y eso. – especificó. —Oh, vamos, no actúes como si no lo supieras. – finalmente la acorraló. —A no ser claro, que no me recuerdes. Pues claro, eras una niña, ¿Qué más podría esperar? ¿Es que mis ojos no te son conocidos? – ella le sostuvo la mirada con valentía y por un momento pareció entrar en aquellas ventanas negras y ver en su obscura alma, en aquel profundo y recóndito lugar, en el que sólo un alma contrita puede acceder por que comprende la maldad universal.

Casi como un latido doloroso y sordo, ella sintió que la cabeza le palpitaba al forzar su memoria. Pues si algo había aprendido durante los últimos diez años era a guardar en lo más hondo de su cabeza aquellas cosas horribles y ruines por las que había tenido que pasar.

Pero pudo verlo, casi como una mancha inconstante cual si fuera un ciego que recién recupera la vista. Incluso pudo sentirlo, pudo rememorar el calor de aquel día cuan si fuera un infierno terrenal y el sabor metálico de la sangre en su lengua, que a duras menos intentaba detener y no podía, pues junto a la sangre, sus lágrimas y su saliva serían algunas de las cosas que se habrían de perder aquella fatídica noche.

Entonces Sakura intentó retroceder temerosa y aturdida, le dolió todo, incluso el pecho y el estómago, sintiendo ganas de vomitar ante aquel exalte de emociones.

—¡Oye, no te atrevas a vomitar sobre mí otra vez! – la sujetó de la barbilla y la condujo a un lado. —Por tu cara creo que lo recuerdas. Ah, sí, se ve que lo haces. – estaba agitada. —Entonces supongo que recuerdas la promesa que hiciste, ¿Verdad? – apretó el agarre de su mentón. —Veo que has hecho un voto de silencio, pero convenientemente a la única persona a la que le hablas es al último de la familia noble de los Uchiha. Sé que él sospecha algo, pero te lo advierto pequeña, si dices algo, una sola estupidez… Tu lengua no será la única que se quemará; y ese pequeño bastardo que traes en el vientre se convertirá en comida de lobos. – se alejó de ella y se fue sin decir nada más.

Sakura tenía los ojos crispados y el dolor de cabeza no cedía. Se acostó en la cama y se colocó en posición fetal mientras temblaba, tratando de tranquilizarse. Terminó por quedarse dormida en medio de su arranque de nervios y no fue hasta ya entrada la noche, cuando sintió que el colchón se mecía delicadamente, como si alguien le acompañase. Parpadeó un poco y pronto sintió el calor de otro cuerpo junto al suyo iba a voltearse para ver de quien se trataba pero la mano de Sasuke la tomó de la cabeza y la obligó a recostarse nuevamente. La hizo que quedase en la misma posición en la que estaba y aunque Sakura quería protestar, se quedó callada al escucharlo hablar.

—Shh, guarda silencio. Tengo mucho sueño. – ella tragó saliva, realmente se escuchaba adormilado.

—Amo… - iba a decir algo más pero él volvió a callarla.

—Tranquila, no voltees, no voy hacerte nada. – eso la calmó un poco. —Tan sólo quédate cómo estás. – asintió y a pesar de que la última vez que lo había tenido a su espalda le había tomado de una forma carnal, confió en su palabra.

Sasuke durmió con ella esa noche y a la mañana siguiente desapareció sin decirle nada.

Así pasaron los días, Sakura continuaba confinada en aquel cuarto para huéspedes y ciertamente, era la primera vez en mucho tiempo que estaba cómoda. Dormía en la cama suave, incluso Anko llegaba una vez por semana hacía limpieza general y le cambiaba la ropa de cama, le llevaban los alimentos recién hechos y calientes, así como podía bañarse a menudo, dado que la misma jefa de las sirvientes le proporcionaba agua tibia y jabón para su limpieza personal. La ropa tampoco era un problema, le habían regalado dos vestidos que usaba casi todo el tiempo y que eran lo suficientemente cómodos y sueltos como para durar el resto del embarazo.

Pasó un mes, el estado de Sakura mejoró considerablemente, a pesar del encierro. Ahora su cara demacrada y traslucida tenía un tono más lozano y sonrosado, su vientre se había abultado un poco más, pues acababa de cumplir el tercer mes del embarazo. Incluso su mandíbula estaba mejor y hacía cuatro días que habían empezado a comer cosas más duras.

Pero, también durante todo ese tiempo Sakura se había mantenido a la expectativa. Repentinamente el Conde había desaparecido de su vista. Tan sólo lo había visto cinco veces en el mes, pues casualmente tenía mucho trabajo y todas esas veces habían sido por la noche, cuando ella estaba dormitando o incluso un poco antes, para que él se recostara a su lado y simplemente deseara descansar en su compañía. En cuanto a Kabuto, ya no lo había vuelto a ver, el mayordomo ya no había entrado a la habitación y ella lo agradecía.

Ahora que lo recordaba sus ojos le eran familiares, pero no porque lo hubiese conocido antes, sino porque eran tan parecidos a los de su mentor que simplemente le causaban escalofríos. No obstante, fuera de eso, la visita de Kabuto tan sólo había logrado avivar el miedo intrínseco que guardaba por aquel espectro de malas intenciones y a un pasado muy guardado en el fondo de su corazón que en algunas ocasiones le causaba escalofríos.

Ese día la noticia de que Lord Uzumaki vendría a la mansión se corrió con fuerza, Anko le comentó sobre esto y le había dicho que el Conde Uchiha lo recogería en un hostal cercano para traerlo exclusivamente a su mansión. Dado que sería su padrino de bodas, Naruto había decidido reunirse con él para repasar el itinerario y los protocolos a seguir en el evento. Sasuke no parecía muy ilusionado, pero condecía a su hermano adoptivo de todas formas. Al decir esto, Sakura pensó que no vería al amo de la casa durante todo el día y que lo más obvio sería tenerla encerrada para que nadie se diera cuenta que ella estaba embarazada, peor su hermano.

Así que, sin comentar nada al respecto se recostó en la cama un rato y acarició su vientre en silencio. Conforme pasaban los días Sakura se convencía cada vez más de que Sasuke le había tomado la palabra cuando le ofreció su vida. Por una parte le agradecía internamente, cualquier noble en su situación la hubiese asesinado a sangre fría en el primer momento que se hubiese enterado, pero al parecer Sasuke sí tenía algo de consideración por su bebé, después de todo él también sería su hijo, ¿Eso debía significar algo, no?

Estaba tan pensativa, imaginando cómo sería su hijo y su duraría el suficiente tiempo viva para verlo y posarlo en su seno, cuando la puerta se abrió y entraron dos hombres desconocidos. Sakura se puso de pie con parsimonia, analizando la situación. Tenían el escudo real, por lo que debían ser emisarios del rey. Tragó saliva, repentinamente se sentía desprotegida y por alguna razón, que no supo comprender, deseó que Sasuke estuviera ahí.

—¿Es ella? – preguntó uno de ellos, un hombre de tinte presuntuoso que portaba un traje brillante de lentejuelas y zapatos de piel, un poco viejo.

—Sí. – Kabuto estaba a su lado y le sonreía. —Me gustaría que primero viesen a mi amo, pero tampoco deseo importunar una orden real. – se inclinó respetuosamente y dejó que el otro, uno más grande y corpulento se acercara a Sakura a paso firme y la tomara de los brazos. Ella luchó por liberarse, asustada. Miró a todos lados, buscando a Anko o a alguien que pudiera ayudarle, pero en lugar de eso, simplemente se unían más espectadores sin la intención de ayudarle.

Les suplicó con la mirada que intervinieran, pero todos retrocedían ante el paso de los hombres del palacio real. Prácticamente la arrastraron fuera de la habitación y cuando estuvieron a la vista de todos continuaron avanzando hasta llegar al gran salón. Afortunadamente Anko apareció al rescate.

—¿Qué está pasando aquí? ¿A dónde la llevan? – Sakura estaba asustada y miraba a todos lados con un temor que iba más allá de recibir un castigo físico.

—¿Quién es usted? – preguntó el hombre de porte elegante y extravagante.

—Soy Anko Mitarashi, ama de llaves del Conde Uchiha Sasuke y también la encargada de las criadas. ¿A dónde llevan a una de mis empleadas?

—Madame Mitarashi, tengo entendido que usted es una mujer libre. – ella asintió. —Pero esta joven no lo es, ¿Cierto? – ante esto ella volvió a asentir.

—Correcto, quizá sea una esclava, pero nadie puede venir así porque sí y llevársela, es propiedad privada.

—En nombre del rey venimos para dejar bajo arresto a esta jovencita por difamación en contra del Conde Uchiha. Hemos recibido un desagradable rumor en la corte de la corona en donde se dice que nuestro condecorado es víctima de una grosera declaración.

—¿De qué están hablando? – Anko frunció el ceño.

—El rumor que dice que una esclava está embarazada del Conde. Es obvio que es una estrategia para manchar su nombre. Conocemos la seriedad del señor Uchiha y sabemos que esto no puede ser más que una calumnia.

—¿Pero sólo por eso se la llevan? ¡¿Por un rumor?!

—Madame, le aconsejo que se mantenga en sus asuntos. Si el Conde decide hacer algo al respecto le ahorraremos la molestia de que ella escape. Además, si es inocente, ¿Por qué no se ha defendido?

—Sakura no puede hablar, es muda. – intentó defenderla.

—Oh, vaya, que conveniente. – se escuchó una risa general.

—¡Es una locura! – volvió a reclamar.

—¡Señora, apártese de la puerta o nosotros…!

—¿Qué está pasando aquí? – todo se paralizó cuando entró a paso firme y con una voz tenora Uchiha Sasuke, acompañado de su hermano adoptivo y mejor amigo Lord Uzumaki.

—¡Mi señor! – los hombres enviados se inclinaron para saludar. —Es un placer saludarlo, Conde Uchiha, Lord Uzumaki.

—¿Quiénes son ustedes? – Sasuke frunció el ceño, no le agradaba ver tanto revuelo en su salón y menos si en medio de todo se encontraba Sakura. Hasta hace unos días había decidido mantenerla oculta, en lo que aclaraba su mente, pero no esperaba esto.

—Mi señor. – habló con distinción. —Somos emisarios de su majestad, hemos sido enviados para solucionar su problema de difamación.

—¿Difamación? – Sasuke miró a sus empleados con ojos severos.

—Sobre los rumores, Conde. – dijo el más alto de los mensajeros. —Tenemos órdenes directas de la Corona.

—Sean más específicos. – pidió en un tono autoritario y enfocó su vista en Sakura.

—Ha llegado a la corte de su majestad el rumor de que una esclava está encita y que usted es el padre de dicha criatura; nosotros por supuesto sabemos que es algo sumamente improbable, siendo usted tan… Duro, por lo que hemos venido a esclarecer la verdad.

—Oh, Sasuke, es un rumor peligroso. – comentó Naruto pero Sasuke no dejaba de ver a Sakura y en especial su vientre. —Considero que es algo grosero de vuestra parte. – miró a la servidumbre del Conde, quien se había reunido para ver lo sucedido. —¿Acaso no tienes gente de confianza en tus filas? ¿Quién quisiera dañar tu imagen? – Sasuke se encogió los hombros ligeramente, haciéndole ver que lo escuchaba.

—Lord Uzumaki parece mostrarse empático con nuestra forma de pensar, mi señor. – habló el emisario nuevamente.

—Aun así. – Sasuke habló otra vez. —¿Cómo es que han entrado a mi casa?

—Su mayordomo nos ha dejado entrar, tan sólo ha obedecido a las órdenes del rey.

—¿Ah sí? – miró un instante a Kabuto y frunció el ceño.

—Nos llevaremos a su hostigadora para hacer un juicio público. – insistió el más pequeño de los mensajeros e intentó arrastrar a Sakura con él.

—No será necesario. – Sasuke volvió a interrumpirlos. Todos se paralizaron al son de su voz.

—¿Mi señor? – los dos hombres provenientes de la capital se miraron entre ellos y luego a Sasuke.

—Sasuke, ¿Qué sucede? Si esta jovencita ha levantado un falso testimonio contra ti, siendo su posición el peso de la ley es exigente en cuanto a ello. Pones en riesgo tu posición por algo que no vale la pena, deja que las cosas tomen su curso, si es inocente entonces…

—Te equivocas. – interrumpió Sasuke y se acercó al trio en cuestión. Sakura le miraba suplicando, renuente a hablar entre tantas personas pero intentando hacerle comprender a Sasuke que estaba aterrada y sorprendentemente Uchiha pareció captar su desesperación. —No será necesario un juicio. No deseo hacer de esto un escándalo mayor. – sus palabras confundieron más a los hombres.

—Pe-Pero Conde Uchiha, ¿Eso quiere decir que…? – no tuvo el valor de continuar, pero tan sólo fue cuestión de lógica. Los ojos de Sasuke y Sakura se encontraron en un mar de emociones y cuestionamientos. Ella vio entonces en su interior y él viceversa, encontrando así pues, una soledad inmensa, un sufrimiento que sólo podía pertenecerle a cada uno y una ira inimaginable, pero sin duda temor, un temor normal dado lo que estaba sucediendo y cómo resultarían las cosas. Pero ninguno de los dos flaqueo, sus miradas se correspondieron y por primera vez en muchos años Sakura encontró valor y un poco de confianza; a su vez Sasuke encontró los pantalones suficientes para admitir de forma pública las faltas a su moral y tras decir lo que vendría a continuación, lo que sintió no fue vergüenza ni caos, sino un peso fuera de sí mismo.

—Sí, el padre de esa criatura soy yo. – miró a todos en la sala y se encontró con los ojos de Naruto quien parecía el más escandalizado.

El sonido ahogado de respiraciones inconstantes y miles de susurros agolpó el gran salón de la mansión del Conde Uchiha y los hombres enviados de la corte real dejaron caer sus mandíbulas lo más posibles. Aflojaron el agarre de la chica y ella retrocedió, alejándose de ellos.

—Pero Sasuke… - Naruto se acercó a él, nervioso. —¿No hablas enserio o sí? – Uchiha le miró con aquel rostro frio que sólo él poseía.

—¿Te parece que lo hago?

—Oh cielos. – retrocedió parpadeante.

—¡Mi señor! – el hombre proveniente de la corte tragó saliva azorado. —¿Está consciente de lo que dice? Si esta confirmación sale fuera de su mansión su nombre quedará manchado de por vida.

—Afortunadamente tengo gente de confianza aquí, ¿No es así? – miró con severidad a sus empleados y todos asintieron torpemente.—Mas no me extrañaría que alguien más pudiera decirlo. – ahora sus miradas fueron hacia ellos.

—Pero su majestad...

—Le mandaré una carta al rey, por favor esperen aquí. Mis sirvientes los atenderán hasta que la termine. – pasó entre ellos y se acercó a Sakura, quedando a escasos centímetros de ella. Mas no hubieron palabras de ningún tipo entre ellos, tan sólo miradas con mucho significado.

—Amo. – musitó para proseguir, pero fue interrumpida por él.

—Regresa a tu habitación, Sakura y no salgas hasta que te lo ordene. – ella asintió y con la mirada de todos los presentes siguió en una silenciosa procesión hasta la habitación de huéspedes en donde dormía.

—Mi señor. – el otro hombre, el más alto carraspeó. —¿Ella es realmente una esclava, no es así? – Sasuke le miró alzando una ceja.

—Lo es. – tampoco se molestó en negarlo.

—Es bella, ciertamente. ¿Conservará a ese bebé? – era una pregunta muy personal y Sasuke se lo hizo saber.

—La respuesta a esa pregunta tan sólo me compete a mí, caballero. Ahora, si no hay más dudas al respecto, por favor tomen asiento les traerán algo de beber y prepararé la carta a su majestad. – volteó a ver a Naruto. —Naruto, acompáñame. – en realidad deseaba estar sólo pero sabía que el rubio no lo dejaría en paz a menos que le explicara de mejor manera. —Todos los demás, vuelvan a sus ocupaciones. – y tras decir esto, el Conde desapareció rumbo a su oficina.

Y tal como era de esperarse cuando la puerta de su oficina se cerró Naruto se lanzó sobre Sasuke con miles de cuestionamientos.

—¡¿Qué ha sido eso?! ¡¿Hablas enserio?! ¡¿Cómo es que mantienes un amorío con esa mujer?! ¡Es linda, sí, pero Sasuke es una esclava y tu condición como noble te compromete aún más! ¡Di algo maldita sea! – gruñó exasperado al ver que se sentaba detrás de su escritorio y escribía lentamente en un papel.

—Naruto, deja de gritar, no me dejas concentrarme.

—¡Sasuke! – chocó sus manos contra la madera del buró de madera y el pelinegro le miró molesto por que le había hecho derramar la tinta.

—Naruto, ¿Quieres sentarte? No me dejas escribir.

—Eres un maldito cínico. – pero le obedeció, se sentó.

—Por mucho tiempo le di vueltas a este asunto y sí, creo que tienes razón, soy un cínico de lo peor. – se cruzó de brazos, dispuesto a discutir.

—¿En verdad la amas? Por qué a menos que sea muy buena en la cama o una doncella de ensueño, dudo que tú…

—No te enredes con tonterías, Naruto. – lo reprendió y después suspiró.

—¿Entonces cómo es que terminaste involucrándote con esa mujer?

—Hace tres meses fui a visitar a Kakashi y bebimos un licor que consiguió en el extranjero. Era delicioso pero fuerte, estaba ebrio y cuando llegué a la casa la encontré aquí, en mi oficina. Después de eso yo… En fin, estaba ebrio y algo molesto por encontrarla aquí, pronto mi ira se convirtió en deseo y sucedió.

—¡Por dios! – Naruto se escandalizó más. —¡Violaste a esa chica!

—Lo cierto es que sí. – respiró y acarició la piel entre sus cejas. —Ella opuso resistencia, o eso creo, en realidad hay algunas cosas que no recuerdo muy bien. Pero lo que sí recuerdo es que la tome varias veces. – Naruto se sonrojó ante su sinceridad.

—Eres un maldito. –Se cruzó de brazos y dejó salir el aire de sus pulmones. —Pero creo que al final te hiciste responsable de tus actos, eso es bueno. Si mamá se enterase que violaste a una mujer no creo que se lo tome tan bien. Ella cree que aún eres aquel joven serio y disciplinado, y para serte honesto me decepciona viniendo de ti. – le miró con el ceño fruncido. —Al menos habrás pensado en alguna solución.

—Pensé en varias cosas. – admitió luego de escucharlo. —Pensé en matarla a ella y al bebé, también pensé en la posibilidad de no responsabilizarme y dejarlo a su suerte, después de todo mi papel como noble me lo permite.

—¿Y por qué la defendiste hace un momento? No me dirás que en verdad estás enamorado.

—No digas estupideces.

—¿Entonces?

—Sakura no es sólo una esclava cualquiera. Ella estuvo ahí Naruto, el día del incendio.

—¿De verdad?

—Sé que ella sabe algo, pero cada que quiero preguntárselo temo la respuesta y además, es como si se negara a hablar de ello.

—¿No es muda?

—No, al menos no conmigo.

—Ya veo. – se llevó una mano al mentó, pensante. —Es un asunto delicado, por su contexto claro. ¿Qué le dirás al rey?

—No estoy seguro. Espero que no me destituya por esto, dado que mi condición me otorga ciertos privilegios, pero en caso de que lo haga no me quedará más opción que tomar otras medidas.

—Es un rollo difícil. – Naruto suspiró. —Espero que puedas asistir a mi boda.

—Lo haré. – después de esto Naruto se tranquilizó y lo dejó hacer su carta.

Al cabo de unos minutos, en los que los mensajeros quedaron en total silencio mientras bebían té y comían un rico postre preparado por Kouji, Sasuke emergió con su elegancia y estoicismo característico, les entregó la carta pulcramente sellada y tras despedir a los emisarios dio media vuelta. Todos alrededor murmuraron al verlo caminar, incluso Naruto no intentó detenerlo al darse cuenta hacia donde se dirigía.

Arribó a la habitación de Sakura y tras abrirla la chica lo recibió con una mirada impaciente. Cerró la puerta, de nuevo con cerrojo, y caminó tranquilamente hasta toparse con ella, quien yacía sentada en una poltrona de madera, a un lado de una ventana fieramente cerrada para que no escapase.

No hubo palabras entre ellos hasta que Sasuke se acercó a ella y se sentó a su lado, halando una silla de madera que estaba frente a un espejo. Carraspeó un poco, hasta hacía unos segundos Sakura se mecía lentamente mientras acariciaba su vientre, pero ahora entendía que no era el momento para eso. Fue Sasuke quien habló primero.

—Tu antiguo dueño tenía mucha razón. Causas más problemas que soluciones. – ella bajó el rostro un momento y después volvió a encararle. —Tal vez cometí un error. – suspiró para cruzar los brazos después. —Pero no estoy dispuesto a admitir que me arrepiento. – tras eso los ojos de Sakura se abrieron sorpresivos. —No se trata del bebé, eso era algo que definitivamente no tenía planeado, de hecho, ni siquiera el tomarte. – sus palabras le dolieron y Sasuke lo entendió por la forma tan amarga en la que se estremecía. —Pero supongo que… era natural que pasara, después de todo lo hicimos varias veces, para ser tu primera vez. – increíblemente era la primera vez que Uchiha hablaba tanto.

Lo cierto era que, sin darse cuenta, ambos parecían tener una extraña clase de conexión, pues sólo con Sasuke la joven esclava se sentía con la suficiente confianza de hablar y al parecer, Uchiha tenía el mismo tipo de reacción. La chica era callada, sumida e ingenua. Se sentía bien cuando le hablaba y como no temía herirle, sí le gustaba que le escuchara y entendiera bien lo que quería decirle.

—¿Me dejará conservar a mi bebé? – fue precisa en decirlo y era lo que quería saber desde que había entrado por la puerta.

—No he venido a discutir eso. – pero él no parecía interesado en el tema. —Quiero que me digas todo lo que sabes de lo que pasó esa noche.

—Yo… - tragó saliva. —No recuerdo muy bien ciertas cosas. Durante mucho tiempo intenté reprimirlo, lo lamento amo.

—Pues entonces sácalo de lo más profundo de tu cabeza. – replicó.

—¿Qué es lo que quiere saber exactamente?

—El rostro de esa persona, ¿Tú lo viste?

—¿Esa persona?

—Sí, el desgraciado que inició todo. – comenzó a dolerle la cabeza. —Cuando todo estaba rodeado de humo y el calor era inaguantable, escuché el grito de una niña. – le miró acusador. —La única niña que había en esa casa eras tú, la consentida de mamá.

—Lady Mikoto. – su nombre sí lo recordaba, era de los pocas personas que la trató dignamente.

—Aún recuerdas el nombre de mi madre. – reiteró Sasuke.

—Han pasado muchos años de eso.

—Exacto y ciertamente me sorprende que sobrevivieras tanto. Pero eso es algo que dejaremos para después.

—Amo, lo lamento, pero no puedo contarle mucho.

—¿Por qué?

—Antes que nada, soy sólo una esclava, mi palabra está muy subestimada. Por otro lado, si yo le cuento algo que usted no quiere oír me matara seguramente y si lo que le digo es algo que sí le agrade entonces mi destino será aún más incierto. Corro el riesgo de que no me crea así como el que crea que soy una espía de ese hombre.

—¿Hombre? Entonces sí sabes algo. – después sonrió de lado. —Eres muy lista para ser una esclava. Has barajado muy bien tus posibilidades. Pero prometo no matarte si con eso consigo que me digas la verdad.

—Aunque usted me lo prometa, ¿Cómo sé que no es de dientes hacia afuera?

—¿A qué te refieres? – gruñó. —¿Cómo te atreves a dudar de mi palabra?

—Es evidente que busca venganza, si yo no complazco esa ambición nada puede garantizarme mi seguridad. – estaba siendo demasiado asertiva y eso sorprendió a Sasuke. —Usted es un noble, tiene derecho a cambiar de opinión respecto a mí.

—Bueno, tal vez no lo sea dentro de poco. Después de todo acabo de admitir frente a los subordinados del rey que he preñado a una esclava.- lo dijo con cierto deje de burla, mas para Sakura no era divertido.

—Aun así conserva poder, puede hacer lo que quiera.

—Basta ya de lloriqueos. ¿Me lo dirás por las buenas o tendré que obligarte? No me gustaría quemarte la lengua. – ella parpadeó con algo de nerviosismo.

—¿Cómo lo supo?

—Pude sentir la cicatriz. – ante esto se sonrojó avergonzada. Claro, durante el sexo Sasuke la había besado incontables veces y en medio de aquel vaivén de caderas y labios, sus lenguas se habían tocado en más de una ocasión. —Es claro que debiste quemarte con algo, a no ser que fueras lo suficientemente estúpida como para lamer una brasa ardiente, dudo mucho que haya sido accidental y puedo asegurarte que, durante tus años de servicio en mi casa jamás supe que castigaran a los sirvientes de esa manera.

—Me quemó la lengua para asegurarse de que no hablaría. – susurró con pesar.

—Pero ahora puedes hacerlo, anda, te concedo esa libertad.

—Aunque usted me lo conceda, no podré saber si el día de mañana continuaré viva.

—¿Quién te amenaza? – le miró molesto. —Además de mi, nadie en esta casa tiene el poder de castigar…- se cortó y abrió los ojos tal cual. Miró a Sakura y ella le confirmó duramente aquello. —Entonces… la vez del pozo…- su esclava no dijo nada. —¿Es él? ¿Kabuto es quien te amenaza? ¿Pero por qué? Espera, ¿No será que él… tiene que ver con lo que yo quiero saber? – la mirada triste de Sakura fue suficiente testimonio. Se alzó de la silla tan rápido como pudo y dejó la puerta abierta, con una Sakura que se quedaba atrás y volvía a mecerse suavemente al son de su respiración, mientras acariciaba su vientre con angustia.

Sasuke por otro lado caminó presuroso hasta la cocina, en donde comúnmente se concentraban todos sus empleados y tras parpadear un poco y buscar con la vista a su mayordomo no encontró señales de él.

—¡Anko! – rugió y su ama de llaves se aproximó mortificada. —Anko, ¿En dónde está Kabuto?

—No lo sé, mi señor. Desde que se fueron los hombres del rey no lo he visto.

—¡Maldita sea! – refunfuñó. —¡Búsquelo por toda la casa! ¡Cuando lo encuentren quiero que lo traigan ante mí! ¡Rápido, no pierdan tiempo! – espetó y los empleados se miraron sin saber que hacer. —¡¿Por qué siguen de pie?! ¡Anda! – los movió exasperado y todos entendieron la orden.

Esa noche buscaron al mayordomo por todos lados, incluso Naruto les ayudó a buscarlo, pero para entonces ya era tarde, el hombre había desaparecido sin dejar rastro y lo que Sasuke quería saber se esfumó como si fuera humo.

Continuará…

El capitulo acaba de dar un giro y ahora todos sabran que en efecto, el Conde Uchiha ha tomado a una esclava y la desonra se avecina, o bueno, eso creo. Espero que les haya gustado, espero actualizar pronto. Saludos.

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Yume no Kaze.