Todo pertenece a Stephenie Meyer.
Capítulo 6
Siento como la alarma suena a lo lejos y estiro el brazo para poder apagarla. Cuando lo consigo, me echo nuevamente encima de mi almohada y me paso la mano por los ojos para poder despertarme. Me siento en la cama y me despeino aún más el cabello. Me coloco de pie y me dirijo al baño para lavarme la cara y los dientes. Luego de salir de éste, me cambio de ropa y veo mi reflejo en el espejo. "Perfecto!" sonrío de vuelta a mi imagen.
Busco mi billetera y celular, al ver este último me doy cuenta que tengo un mensaje de texto. Lo abro y es de Victoria. Ruedo los ojos con molestia.
"Todavía te estoy esperando. Llámame para juntarnos uno de estos días. Un beso. Victoria"
Me limito a eliminarlo y simplemente guardo el aparato en el bolsillo de mi pantalón. Salgo de mi habitación y veo si Alice sigue en el departamento, como no veo rastro de ella me dirijo a su habitación. Siento movimiento, así que asumo que está ahí. Toco la puerta y espero su respuesta.
- Adelante – responde. Abro la puerta y simplemente asomo mi cabeza. - ¿Qué se te ofrece hermanito?
- Voy a salir, así que no me esperes para comer – le digo. Ella alza las cejas con picardía y una sonrisa alumbra su rostro. Yo ruedo los ojos y voy a cerrar su puerta cuando escucho nuevamente su voz.
- ¿Y con quién se podría saber? – me pregunta y es en ese momento cuando obtengo toda su atención.
- No es de tu incumbencia duende – le respondo y cierro su puerta. Me voy alejando rumbo a la entrada cuando escucho que la voz de Alice grita "Saluda a Bella de mi parte." Maldigo por lo bajo la capacidad de mi hermana para ser tan perceptiva. Salgo del departamento y cierro la puerta, cuando en eso la Sra. Robinson está saliendo con su enorme perro que me muestra los dientes en el momento que me ve.
- Buenas tardes Sra. Robinson – saludo cordialmente y miro a Jacob enseñando los dientes de vuelta. Éste no se inmuta y comienza a ladrar como si fuera un ladrón que entra al departamento de su dueña.
- Silencio Jacob – reta al perro y este la mira con sus grandes ojos negros. – Buenas tardes Edward. ¿Cómo van los estudios?
- No han empezado todavía, pero espero que vayan bien – le respondo. Ella comienza a caminar y Jacob la sigue por detrás.
- Ahhh … entonces tienes que disfrutar lo que queda del verano – sonríe de vuelta mientras aprieta el botón para llamar al ascensor. "Solo a mí me toca bajar con este perro endemoniado" pienso. En eso Jacob, casi como leyendo mi mente, agacha su cabeza y comienza a morder mi zapato. – No Jacob! Córtala, niño malo.
"Si claro niño malo, perro endemoniado tendría que ser" pienso y mantengo mi distancia de él. Justo el ascensor llega y la Sra. Robinson se sube en el con Jacob. Yo procuro subirme en la dirección contraria en donde se encuentra su perro y aprieto el botón de la primera planta, las puertas se cierran y comenzamos a descender.
- He de asumir que ya tendrás novia o no querido? – pregunta y los ojos de la anciana se llenan de curiosidad. – Siento tan guapo debes tener una.
- Ehhh … se equivoca, no tengo novia – le respondo y me paso una mano por el cabello. "¿De donde salen tan cotillas las ancianas? Debe ser la edad" me respondo mentalmente.
- Bueno, espero que encuentres a una pronto corazón – responde y me sonríe sinceramente. En eso las puertas se abren y ella desciende del ascensor – Vamos Jacob. Hasta luego Edward.
El perro sigue a su ama, no sin antes mirarme con odio una última vez. Yo simplemente arrugo la nariz con asco y salgo rumbo a la salida. Saludo a George que está detrás de la recepción y el portero me abre la puerta. Comienzo a caminar hasta la calle Lexington. Veo mi celular para cerciorarme de la hora y me doy cuenta que estoy perfectamente. Al llegar a ésta camino media cuadra y espero un bus que debo tomar para poder llegar a la casa de Bella. No pasa mucho tiempo antes que llegue, me subo, pago mi pasaje y me siento cómodamente esperando llegar hasta la siguiente parada. Luego de cinco minutos arriba del bus, me bajo en Lexington pasando la calle 88 y comienzo a caminar según la dirección que me indicó Bella por teléfono. Camino por la calle buscando el edificio con el número 170, lo encuentro de inmediato y entro en él. Un recepcionista alza la vista con mi llegada.
- Disculpe joven ¿A quien visita? – me pregunta, yo me acerco al mostrador y digo el apellido de Bella. Él busca el nombre y al encontrarlo me sonríe. – Comunico su llegada enseguida.
- Muchas gracias – le respondo. Espero pacientemente hasta que me de acceso al edificio.
- Disculpe Señorita Swan, se encuentra el joven … - me mira esperando mi nombre, yo le susurro "Edward Cullen" y él asiente – (…) Cullen acá abajo. Sí, por supuesto. Adiós. – me mira y asiente. – puede pasar joven. El departamento es el 4C, tome el ascensor y es el tercer piso.
Asiento en signo de agradecimiento y me dirijo al ascensor. Lo llamo y este inmediatamente abre sus puertas, me subo y aprieto el botón del tercer piso. Al llegar a éste, salgo del ascensor y comienzo a buscar el departamento de Bella hasta que una voz llama mi atención.
- Dirección equivocada – me doy vuelta y Bella me está esperando en el umbral de la puerta. Su cuerpo está cubierto en un vestido color verde limón que le llega hasta la altura de los tobillos y su cintura se acentúa con un cinturón café. Su cabello está amarrado en una coleta y cae libre sobre un hombro. Me acerco a ella sonriendo, realmente se ve hermosa. En un acto impulsivo me acerco a ella y beso su mejilla. Ella simplemente se vuelve roja como un tomate.
- Estás hermosa – susurro en su oído al alejarme de ella. Ella agacha su mirada y veo como sus labios forman una tímida sonrisa.
- Ehh … esto, pasa. – se hace a un lado y me deja entrar en su departamento. Entro y ella hace lo mismo cerrando la puerta. – ¿Te puedo ofrecer algo?
- No, estoy bien. Gracias – respondo. Ella asiente y simplemente se acerca al living. Yo la sigo. - ¿Estás lista?
- Dame un segundo – levanta sus dedos para hacer la mímica y se va escaleras arriba – Ponte cómodo. – grita desde arriba. Camino en dirección al living y comienzo a dar vueltas por él inspeccionando el hogar de Bella. Veo un gran estante con varios libros de distintos autores, entre ellos todas las obras de Shakespeare y Jane Austen. Sigo dando vueltas y me fijo en varias fotografías colocadas en la pared detrás del sofá. Una de ellas es un retrato a blanco y negro de una mujer sosteniendo a un pequeño bebé y un niño al lado mira con curiosidad al nuevo integrante. La miro con mayor detenimiento y me doy cuenta que el recién nacido es Bella, porque mira a la cámara con sus grandes orbes color chocolate.
Veo otra serie de fotografías, y en una de ellas aparece Bella con su rostro cubierto de crema de una torta y tanto su ceño como su nariz están contraídos a modo de enojo, mientras Emmett está al lado con su mano manchada en crema y con una sonrisa de triunfo de oreja a oreja. La fotografía de al lado muestra a una pareja sonriente posando a la cámara con un atardecer como fondo, los dos visten de blanco y ella sonríe con mucha alegría. Toco su rostro porque se parece mucho a Bella.
- Era mi madre – me sobresalto y dejo de tocar la fotografía. Bella se acerca, su rostro está cubierto de un dejo de tristeza. – Fue cuando se casó con mi padre.
- Se parece mucho a ti – comento, ella sonríe pero la alegría no llega a sus ojos.
- Todo el mundo decía eso. Yo no les creía, ella era muy hermosa – responde y levanta su rostro y nuestras miradas se cruzan.
- Deberías creer en lo que dicen – le respondo y sus mejillas se vuelven a teñir de ese adorable color carmín. "¿Uno podrá ser adicto al rubor de una persona?" me pregunto pero agito mi cabeza para evitar la respuesta. – ¿Vamos?
- Vamos – dice y dejamos la fotografía de los padres de Bella atrás. Toma desde una mesita de la entrada las llaves y le permito salir primero.
- Las damas primero – hago una reverencia un tanto exagerada y ella rueda los ojos con diversión. Salgo después de ella y cierra la puerta con llave y bajamos al primer piso. - ¿a dónde te gustaría ir?
- Hay un muy buen café a unas cuadras de aquí – menciona Bella. – Se llama Café D'Alsace.
- Entonces al Café D'Alsace vamos – digo y le ofrezco mi brazo, ella lo toma no sin bajar su mirada. Esperamos el ascensor y cuando llega ingresamos a él, llegamos al primer piso y saludamos al recepcionista, él nos sonríe de vuelta y nos desea un buen día. Salimos del edificio y corre una pequeña brisa, Bella se arrima a mi brazo y yo agradezco mentalmente a la madre naturaleza.
Caminamos unas cuantas cuadras en silencio, Bella va mirando los árboles y yo la observo por el rabillo del ojo. De vez en cuando sonríe con sutileza y yo en respuesta emulo una pequeña sonrisa.
- Y bueno, no me contaste como amaneciste – me mira con sus ojos llenos de diversión. Yo le devuelvo una mirada de "que graciosa" y ella se ríe de vuelta.
- Creo que te podrás hacer una idea – le respondo y ella asiente. – Pero creo que me lo tengo merecido.
- Depende a quien le preguntes – responde. Se muerde el labio inferior y nuevamente aparece ese deseo de besarla "Concéntrate Edward Cullen" me grito a mi mismo, muevo la cabeza para despejarme.
- Y ¿Cómo va la vida en Nueva York? – pregunto para cambiar de tema.
- Ahí, acostumbrándome a otra realidad – levanta sus hombros con indiferencia. – El ruido es el mismo que en Londres, pero la gente es distinta. No lo sé, ya me acostumbraré.
- Ya veo – respondo. – ¿Cuándo comienzas las clases?
- El 8 de septiembre – me responde. – Todavía necesito comprar ciertas cosas, pero aún queda tiempo.
- Te puedo acompañar si deseas – le propongo. – te puedo ofrecer una verdadera experiencia neoyorkina.
- Suenas como esas promociones de turismo barato – ríe con su comentario. Yo achico los ojos en señal de ofensa y su risa se intensifica. De pronto ella para de golpe y yo me paro con ella. – Ya llegamos.
Alzo la mirada y veo como un enorme cartel con el nombre del café en letras blancas nos recibe y unas pocas mesas afuera que no están muy llenas. Un camarero se acerca a nosotros y nos guía a una mesa para dos.
- Adentro o afuera? – pregunta. Bella contesta afuera y nos sentamos en una de las mesas cerca de la entrada al café. – Enseguida tomo su orden – nos dice cuando nos pasa la carta.
Los dos agradecemos y abrimos nuestras cartas para ver que deseamos comer. No tengo mucha hambre así que simplemente tomaré una limonada. Observo a Bella por encima de la carta y ella de vez en cuando frunce su ceño, yo me río del gesto y ella alza su mirada.
- ¿Qué es tan gracioso? – me pregunta fingiendo enojo.
- Estás frunciendo el ceño de una manera muy tierna – le respondo. Bella sube la carta para tapar su rostro, yo alzo mi mano y la bajo hasta la altura de su nariz. – Lo digo de verdad.
- Es que todo se ve muy rico – hace un puchero y yo me vuelvo a reír. – No te rías que esto es serio, No saber lo que quiere mi estómago es grave.
- ¿Ah si? Bueno preguntémosle al señor estómago directamente – le respondo con voz de un padre hablándole a su hija de dos años. - ¿Qué desea comer señor estómago?
En eso llega el camarero y alza sus cejas con diversión. Bella se ríe y yo aclaro mi garganta y me acomodo en la silla. – ¿Están listos para ordenar?
- Yo si. Me trae una limonada por favor – le respondo y le entrego la carta de vuelta. Él anota mi pedido y recibe la carta, miro de vuelta a Bella y ella me mira con sus ojos muy abiertos y luego mueve la cabeza en señal de reproche - ¿Qué ocurre?
- No sabes lo que te pierdes – susurra y luego mira al camarero – yo tomaré la tarta de chocolate y un té de limón con menta. Gracias.
- Perfecto, en seguida está su orden – recibe la carta de las manos de Bella y se retira de vuelta al café.
- Ahora ¿Se puede saber qué es lo que me pierdo? – pregunto y apoyo mis codos en la mesa mientras entrecruzo mis dedos y dejo reposar mi barbilla encima de ellos.
- El mismo manjar de los dioses – me responde. – Ya verás de lo que te hablo.
De repente me acuerdo de la razón porque le pedí a Bella salir y me remuevo incómodo en mi silla. "Es ahora o nunca" pienso. Me paso las manos por el cabello y aclaro mi garganta, Bella clava su mirada en mí.
- Creo que debería comenzar mi explicación y (…)
- Ya vas de nuevo – me interrumpe Bella.
- Y – acentúo el sonido de la "i" – rogar por tu perdón – hago como que me voy a arrodillar frente a ella, y junto mis dos manos a modo de súplica cuando Bella abre los ojos como palto y yo me largo a reír nuevamente. Como respuesta recibo una sacada de lengua. Aclaro mi garganta y mi rostro se vuelve serio. – Solo te pido que escuches, nada más que eso.
- Como quieras Edward – responde. En eso el camarero llega con nuestra orden, coloca frente mío la limonada y delante de Bella un enorme pedazo de torta de chocolate con su té al lado. Yo abro los ojos de sorpresa y ella sonríe como niña con juguete nuevo en Navidad.
- ¿Te vas a comer todo eso? – pregunto. Ella simplemente asiente y entierra su tenedor en la bomba de chocolate. – no te llevaré al hospital por coma diabético.
En ese momento, Bella se tensa y yo la miro extrañado pero simplemente agita su cabeza y se devora el pedazo de chocolate.
- ¿En qué estábamos nosotros? – se pregunta luego de tragar el pedazo de torta. – Ah sí, discutiendo si mereces ser perdonado.
Yo la miro y asiento. Bebo un sorbo de mi limonada y comienzo. – Haber, primero que todo, entre Victoria y yo no hay absolutamente nada. De verdad, ella es odiosa y simplemente hizo lo de anoche para molestarte.
- Te creo Edward – responde y bebe un sorbo de su té.
- Excelente – aclaro. "Fue más fácil de lo que pensé." – Ahora, de verdad te debo una disculpa. Debí haber sido más insistente cuando te fuiste y debí haberte acompañado hasta tu casa. Lo lamento mucho, de verdad. Creo que no fue una experiencia muy agradable de bienvenida a la ciudad. – termino y respiro esperando su respuesta. Ella simplemente sopla su té y sigue bebiendo.
Baja la taza y me mira con esos enormes ojos. – Primero, yo me fui por voluntad propia y no tenías el deber de acompañarme a mi casa, aún cuando Emmett despotricó contra tu persona toda la mañana.
Con solamente la mención del nombre del hermano de Bella, me tenso inmediatamente.
- (…) Segundo, cada uno hace lo que quiere con su vida, aunque debo decir que estaba en lo correcto – me apunta con su tenedor.
- Y eso que sería? – pregunto.
- Que Victoria me iba a caer mal – responde y vuelve a enterrarlo en la torta. – Y por último, nunca me han gustado las fiestas así que dudé que fuera una gran bienvenida desde el principio.
- Entonces esta todo bien entre nosotros – pregunto con duda. Sé que Bella puede decir que no importa el hecho y que no le debo una disculpa, pero igual siento cierta culpa por ello.
- Siempre lo estuvimos Edward – me responde y yo asiento aliviado. En eso ella se va a llevar su tenedor a la boca cuando yo se lo arrebato de las manos y me como su pedazo. – Oye! Eso era mío.
Lo mastico con cuidado para saborear el chocolate y le sonrío con inocencia. – Tenías razón, me estoy perdiendo un manjar de los dioses.
- No! No "un" manjar de los dioses – hace un gesto de comillas en el "un" – sino EL manjar de los dioses.
- No seas exagerada. He probado mejores – le respondo. Bella coloca una cara de ofensa y mueve el plato en su dirección. Yo intento robarle el tenedor de nuevo, pero me pega en la mano y saca la lengua.
- Por haber dicho eso te lo pierdes – me sonríe con malicia y se lleva un pedazo enorme a la boca. Hace caras mientras saborea su torta y yo hago un intento de puchero. – No Edward Cullen, ya perdiste.
Yo me cruzo de brazos a modo de enojo y ella sonríe triunfalmente por no compartir su torta conmigo. Luego comenzamos a hablar de todo un poco, como era su vida en Londres, sus gustos, color favorito, comida favorita, entre otros. Aprendí que odiaba la lluvia después de haber vivido tanto tiempo en Londres, y solo el hecho de que cayera agua la deprimía, también que su color favorito era el verde y su comida la pasta. Me preguntó como había sido mi infancia y mi vida en Seattle. Contamos diversas anécdotas de cuando chicos hasta que ella nombró la de la torta que está retratada en su departamento.
- (…) Emmett tomó la torta y la zampó en mi rostro – ríe con el recuerdo. – Yo quería hacer lo mismo con él, pero mamá impidió que su casa quedara cubierta en crema. Papá que tenía su cámara en mano inmortalizó el momento. – al terminar gira su cabeza y su mirada se pierde en el horizonte.
- Los extrañas mucho – afirmo en voz baja. Ella simplemente asiente pero no dice nada. Yo estiro mi mano y acaricio con mi pulgar la suya. Ella me devuelve una mirada de dolor.
- Era invierno y el clima estaba muy peligroso – comienza a relatar. Yo la miro pero su mirada vuelve a perderse en algún punto que es ajeno a mis ojos. – Nos habían llamado que no iban a poder regresar a casa porque los vuelos habían sido cancelados. Yo armé un terrible escándalo porque era el cumpleaños de Emmett al otro día y no podía creer que ellos no estuviera con él para ese día. Al poco tiempo, mamá llamó de vuelta para decir que si iban a poder tomar el vuelo, pero que llegarían a la mañana siguiente. Emmett y yo con esa ilusión nos fuimos a dormir.
Hizo una pausa y una gruesa lágrima rodó por su mejilla. Tomé su mano con más fuerza y acerqué mi pulgar libre para limpiarla, ella volvió su mirada y sonrío con tristeza.
- (…) A la mañana siguiente, Emmett y yo nos levantamos para ver si ellos había llegado pero simplemente encontramos a la nana Susi llorando mientras hablaba por el teléfono. Era la policía que nos informaba que el vuelo de mamá y papá había tenido problemas técnicos y se había estrellado.
Terminó la historia y bebió lo que quedaba de su té que ya se había enfriado. Nuevamente de manera impulsiva y por no poder aguantar sus ojos inundados en tristeza, acerqué mi silla a ella y la empujé sobre mi pecho abrazándola fuertemente. Ella al principio se quedó quieta envuelta en mi abrazo, pero luego escuche como pequeños sollozos inundaron el ambiente. Sus diminutos brazos se agarraron de mi camisa, y las lágrimas fluyeron libremente. Yo simplemente la consolé y apoyé mi barbilla en su cabeza para intentar alejar el dolor que en estos momentos Bella sentía. Cuando los sollozos disminuyeron y la respiración de Bella se volvió más calmada, la aleje de mi pecho y levanté su rostro, pero ella rehusó mirarme.
- ¡Qué idiota soy! – susurró muy despacio, pero yo alcancé a oírlo.
- Bella mírame – le rogué, pero ella no cambió su expresión. – Por favor. – En eso levantó su mirada y nuestros ojos se conectaron. – No eres idiota, no vuelvas a decir eso.
Solté mi agarre y ella se alejó lentamente, se limpió el rostro con la servilleta que estaba encima de la mesa y me sonrío de vuelta, pero la alegría todavía no tocaba sus ojos.
- Ya estoy mejor. Gracias – aseguró. Yo simplemente asentí y me quedé ahí haciendo pequeños círculos en la palma de su mano. – Creo que ya es tarde, debemos irnos.
Me volteé y me di cuenta como la luz había bajado completamente y ahora las calles estaban iluminadas con luz artificial. Volví mi mirada y asentí en dirección a Bella. Me paré de mi asiento y ella me miró con confusión.
- Iré a pagar la cuenta. Vuelvo enseguida – le dije y ella simplemente asintió. Caminé hacia el local y empuje la pesada puerta de la entrada. El camarero que nos atendió divisó mi entrada y se acercó a mi para preguntar si se me ofrecía algo más, le respondí que quería pagar la cuenta y él me guió por el café hasta la caja para cancelar. Una joven rubia estaba encargada de eso. Cuando me acerqué, ella se paró de su asiento y me sonrío. el camarero le pasó la orden y ella realizó el cálculo.
- Efectivo o tarjeta señor – pregunta y se toca el pelo coquetamente. Yo le respondo efectivo. – Son 30 dólares con 68 centavos.
Saco mi billetera del bolsillo y le entrego 35 dólares. – Quédese el cambio – digo. Ella asiente y me entrega el recibo de la cuenta.
- Muchas gracias, que tenga una linda noche señor – se despide. Yo sonrío y me dirijo de vuelta a donde dejé a Bella. Salgo del café y ella se encuentra parada en la entrada de éste. Se da vuelta cuando salgo y me sonríe, yo le devuelvo el gesto y comenzamos a caminar rumbo a su casa. Yo me acerco a ella y enlazo nuestras manos, Bella se sorprende del gesto pero no rompe el enlace, simplemente mira nuestras manos y ese rubor, que he de admitir me vuelve loco, sube por sus mejillas. Caminamos lentamente por la calle y comenzamos a escuchar como los ruidos de la ciudad inundan el ambiente. Todo el camino lo hacemos en silencio, ella va apoyada en mi brazo y yo sigo acariciando su mano con mi pulgar, al llegar a su edificio el portero nos abre la puerta y murmura un "que linda pareja." Bella salta de la sorpresa y me mira, yo simplemente alzo mis hombros demostrando indiferencia.
- Buenas noches señorita Swan – nos saluda el recepcionista. Bella se despide y los dos subimos en dirección a su departamento. Al llegar a él, Bella se suelta de mi mano y busca en su cartera las llaves de la puerta, cuando la encuentra la coloca en la cerradura y abre la puerta del departamento.
- Deseas pasar – pregunta. Yo saco mi teléfono del bolsillo y miro la hora. La pantalla marca las 8.30 pm.
- Claro – le sonrío y la dejo entrar a ella primero. Entro en el departamento y Bella me indica que me siente en el living mientras ella sube al segundo piso. Yo simplemente me siento en el sofá y vuelvo a admirar el cuadro de su madre. Cuando vuelve, se ha cambiado por un buzo color gris y un sweater blanco. Se sienta al lado mío y abraza sus piernas.
- Tenía frío con el vestido – comenta para explicar su cambio de ropa. Yo asiento y nos volvemos a quedar en silencio. – ¿Cuándo comienzas tus clases?
- El 5 de septiembre – le respondo. Ella asiente en respuesta y se vuelve a morder el labio inferior.
- ¿Sabes tu horario ya? – pregunta. En esos momentos me doy cuenta que ni siquiera he revisado mi correo electrónico, así que posiblemente haya llegado y no tenga la menor idea.
- No tengo idea – le respondo y me revuelvo el cabello. – Es más me acabas de recordar que tengo uno.
Ella rompe a reír y niega con su cabeza. Yo la observo cuando ríe y como sus nariz se vuelve más pequeña y ciertos mechones de su cabello se sueltan de su agarre. Me acerco a ella y su mirada chocolate me observa con atención. Tomo uno de sus mechones y lo enredo en mi dedo, lo dejo caer y vuelvo a hacer lo mismo una vez más. Luego lo tomo cuidadosamente y lo dejo detrás de su oreja. Ella sigue mirando mis movimientos atentamente y se vuelve a morder los labios haciendo que éstos se vuelvan más rojos de lo normal. Me acerco con cuidado y analizo la situación, Bella se ruboriza pero no se aleja, así que sigo acercándome de a poco. Siento como su dulce olor a frambuesa inunda mi nariz e inhalo profundamente.
- Hueles delicioso – susurro.
Me sigo acercando y nuestras narices se rozan. Veo como ella cierra sus ojos despacio y se acerca un poco más.
- Edward – susurra mi nombre. Eso quiebra la última barrera para evitar que mis labios no terminen sobre los suyos, así que cierro los ojos y deposito mi boca sobre la suya. Sus dulces labios me reciben y comenzamos a besarnos lentamente. Intento profundizar el beso de a poco, primero tomando su mejilla y atrayéndola dulcemente hacia mi. Ella no opone resistencia y acerca sus diminutas manos hasta colocarlas detrás de mi cuello. Siento como el aire cada vez es más escaso así que me separo de a poco, y ella abre lentamente sus ojos y sonríe alegremente.
En eso una voz al fondo de la habitación corta toda la emoción.
- Isabella Swan – ruge la voz de Emmett.
Mientras escribía este capítulo me dio hambre así que terminé comiendo torta de chocolate. Caí en la tentación :P Espero que les haya gustado. Saludos!
