Los Amamiya
Capítulo 6: Emociones
La mirada de la castaña se perdía en el techo que estaba sobre su cabeza mientras su mente divagaba sin control. Había intentado conciliar el sueño durante toda aquella noche pero sus constantes meditaciones no la dejaban conseguirlo. Tenía tantas emociones encontradas, tantas cosas en que pensar, que ni siquiera la cómoda cama en la que estaba, ni el enorme cansancio que tenía después de aquel viaje eran suficientes para hacerla caer en un sueño profundo. Casi ni se reconocía. Ella quien casi había firmado un pacto con su cama en la que le prometía amor eterno, ella que disfrutaba tanto de estar entre las cobijas y dejarse ir entre sus ensoñaciones, ella que aún en sus casi 20 años mantenía una guerra declarada contra su despertador, ella no era capaz de dormirse con tranquilidad.
Intentó cerrar los ojos una vez más para volver a la tarea infructífera de contar ovejitas, cuando escuchó ligeros toques en la ventana de cristal que estaba a unos metros de la cama. Giró su cabeza hacia esa dirección sin poder evitar sentir algo de temor al ver la sombra que ahora se extendía en el suelo del aposento debido a la luz que desprendía una enorme luna llena. Como una niña asustada escondió su cabeza debajo de las sábanas buscando ignorar aquella sombra y ruido, repitiéndose así misma que debía ser alguna rama de un árbol agitada por la brisa nocturna. Sabía que la casa de los Li era con mucho el sitio más seguro de toda china, era imposible que alguien consiguiera acercarse a la ventana sin ser detectado por Ieran o el mismo Shaoran, así que no había nada que temer. O al menos de eso quería convencerse.
-Es solo tu imaginación Sakura.- Se repitió a sí misma buscando sosiego para el temor que comenzaba a hacer mella en ella cuando un segundo par de toques la hicieron saltar azorada. Ok, eso ya no era su imaginación.
Agarrando con fuerza la llave que colgaba de su cuello, bajó con lentitud de la cama entre ligeros temblores y sigilosamente se acercó a la ventana. Si se trataba de algún extraño invocaría su báculo y…
-¿¡Shaoran!?- Exclamó al ver al castaño de cuclillas frente a la ventana. Se quedó petrificada unos segundos hasta que lo vio hacerle señas para que le abriera. Con premura Shaoran se introdujo en la habitación una vez la ventana estuvo abierta, recibiendo un abrazo de parte de la castaña en cuanto estuve frente a ella. -¿Te he asustado?- Indagó al verla tan afectada, recibiendo un eufórico movimiento en negación de su cabeza que no se despegaba de su pecho.
-No… bueno... sólo un poco.
-Lo siento.
-No te disculpes. En verdad me has sorprendido.- Comentó a la vez que se alejaba un poco para mirarlo a la cara buscando alguna explicación para su repentina visita nocturna. - ¿Qué haces aquí? Deberías estar dormido. -He sentido tu presencia activa durante toda la noche y he venido a ver si pasa algo malo. ¿No puedes dormir?
-En realidad… no. Es que no he conseguido dejar de pensar.
-¿Aún estas preocupada por Tomoyo?- Preguntó a la vez que colocaba una mano en su mejilla. Después de aquella conversación telefónica con la amatista se imaginó que eso pasaría, conocía a su novia como la palma de su mano y sabía que aquel anuncio la perturbaría bastante.
-Si. Es que… no puedo evitar sentir que no me dijo toda la verdad.- Reconoció mientras caminaba hacia la cama y se sentaba en el borde. - Tomoyo no es del tipo de personas que hagan las cosas así por así, si dice que terminó con Ryu es porque algo muy malo debió haber pasado y no quiere que lo sepa. Shaoran imitó su acción y se sentó a su lado a la vez que tomaba su mano y le ponía toda su atención.
-Si es así debe tener una buena razón, ¿no crees?
-Si lo sé. Pero es que me enoja que sea tan reservada, es decir se supone que soy su mejor amiga, estamos juntas desde primaria, ¿acaso no confía en mi?
-No creo que sea eso Sakura. A veces cuando uno quiere mucho a alguien trata de no preocuparlo innecesariamente sobre todo si se trata de algo que no puede resolver. Tomoyo es muy sabia, estoy seguro de que sea lo que sea que esté pasando logrará resolverlo, y si necesita ayuda no dudará en pedírtela. Intenta entenderla.
-Eso estoy tratando pero aún así no deja de molestarme, es igual a Touya en ese sentido, es imposible saber lo que le pasa por la cabeza.- Declaró mientras fruncía el ceño y cruzaba los brazos sin poder evitar que un brillo triste se alojara en sus ojos. Aún aquel tema seguía perturbándola.
-Hablando de eso... ¿Cómo está tu hermano? Es decir, con todo lo que ha pasado.- Indagó tratando de animarla a hablar sobre ello. La castaña descruzó los brazos y desvío la mirada tratando de disimular lo mucho que le afectaba hablar de aquello.
-No sabría que decirte. Él actúa como si nada hubiera pasado.
-Pero aún tiene contacto con Tsukishiro, ¿no?
-Eso es lo más extraño de todo. Yukito siempre llama y hablan durante un buen tiempo, si no supiera lo que ha sucedido pensaría que todo es igual que antes. Eso es lo que más me preocupa Shaoran, es decir, estamos hablando de Yukito y Touya, crecí viéndolo juntos y hasta hace unos meses todo parecía normal y de repente, bueno… esa noticia. Sin una explicación, sin siquiera dar alguna señal… yo… jamás lo vi venir. Aún no lo supero. – Explicó con angustia luchando por encontrar las palabras para explicar aquel sentimiento de incertidumbre mientras el castaño apretaba su mano con ternura tratando de transmitirle seguridad.
-Es natural que te sientas así. Yo también me sorprendí mucho cuando Eriol se puso en contacto con nosotros y me lo contó. Él también sonaba bastante sorprendido.
-Ves, jamás le dijeron nada a nadie. Si hubieran comentado algo tal vez podíamos haber ayudado, tal vez las cosas hubieran resultado de otra manera.
-Sakura.- Susurró con dulzura mientras sostenía su rostro y la animaba a mirarlo a los ojos. - Hay cosas que simplemente se salen de control. Ellos no son del tipo de personas que renuncian a las cosas así por así. Seguramente ya no había más remedio. Además ya las cosas no son tan simples, ese asunto ya no sólo le afecta a ellos dos.
-Lo sé.- Comentó acongojada sin poder evitar que una lágrima rodará por su mejilla. - Es solo que… debe ser tan doloroso para mi hermano. Él en serio amaba a Yukito, debió deprimirse mucho.
-Seguramente... pero si dices que ellos siguen en comunicación es porque él ha logrado asimilarlo y seguir adelante. Además… - Deslizó sus dedos por su mejilla para limpiar sus lágrimas. – A tu hermano no le agradaría nada saber que estás llorando por él.
-Lo sé.- Dijo mientras ahogaba un sollozo y se recostaba en su pecho siendo rodeada de inmediato por los brazos de Shaoran.- Jamás a querido preocuparnos ni a mi ni a papá, siempre intenta resolver todo él solo. Pero es que no importa que tan fuerte sea alguien siempre necesita ayuda. Todo el mundo la necesita. Touya, Tomoyo…
-Es cierto. Pero puedes ayudarlo aún si ellos no te cuentan lo que les pasa.
-¿Cómo?- Preguntó mientras alzaba su cabeza para mirar a Shaoran.
-Sonriendo. Tienes el don de hacer sentir bien a los demás sólo con tu sonrisa. Si tu estás feliz ellos también lo estarán.
-Supongo que tienes razón.- Susurró mientras volvía a acomodarse en su pecho y dibujaba una sonrisa en sus labios. El castaño depositó un beso en su cabeza mientras cerraba los ojos y la abrazaba en silencio dejando que aquella agradable sensación de tenerla cerca llenara su corazón. Touya y Tomoyo no eran los únicos a los que Sakura hacía feliz solo con sonreír. Él era una víctima más de aquella increíble habilidad suya.
-Shaoran.- La escuchó llamarlo de repente.
-¿Si?
-Si sentiste mi presencia, tu tampoco podías dormir, ¿cierto? -Así es.
-¿Estabas preocupado?
-Un poco, pero ya se me olvidó porque era. - Contestó con voz somnolienta mientras continuaba con los ojos cerrados en la misma posición. Abrazarla era tan relajante. -Shaoran… - La escuchó repetir nuevamente.
-¿Si?
-¿Dormirías conmigo esta noche?.
-¡¿Eh?!- Exclamó mientras abría los ojos azorado. ¿Acaso ya se estaba quedando dormido y había imaginado eso? De repente sintió como ella se separaba de él azorada mientras comenzar a tartamudear sin parar.
-Es decir… quiero que durmamos en la misma cama… pero claro tu en tu lado y yo en el mío, no… bueno… tu sabes.- Trató de explicar entre balbuceos mientras se ponía roja hasta las orejas al darse cuenta de lo sugerente que había sonado lo que dijo. - Es que cuando no podía dormir mi padre dormía conmigo… y bueno… pensé que…
- Si eso quieres por mi está bien. – Aseguró con una sonrisa sintiendo que su corazón se llenaba de ternura al verla tan avergonzada. Se sintió tonto por el simple hecho de considerar posible que una propuesta de esa magnitud saliera de la boca de la castaña, obviamente se refería a dormir, era imposible que sugiriera algo más aparte de aquello. - Me gusta dormir en el lado derecho sino te molesta.
-No, está bien.- Contestó un poco más tranquila volviendo a acomodarse en su pecho, contenta de que él hubiera accedido a su petición.
-Sakura.- Susurró el castaño después de unos segundos.
-¿Si?
-¿Me dejarías abrazarte mientras dormimos? He descubierto que hacerlo me ayuda a dormir.- Comentó con voz somnolienta recibiendo un tímido "está bien" de parte de la castaña. Si su madre se enteraba de aquello lo iba a reprender durante toda una semana, pero bueno, si dormir junto a Sakura se sentía aún mejor que abrazarla, cada mínimo reproche valdría la pena.
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La amatista no era capaz de borrar la amplia sonrisa que se había dibujado en sus labios la noche anterior mientras hablaba con su amiga. Sentía los ojos cargados debido a la falta de descanso pero contrario a sentirse malhumorada y llena de frustración la emoción llenaba cada fibra de su cuerpo, cada espacio de su corazón. Después de ojear una nueva revista, dibujó un trazo más a aquel traje que estaba diseñando, gritando de emoción cada vez que se imaginaba a su querida amiga usándolo. ¡Cuánto había extrañado aquella sensación!
Por fin, después de mucho tiempo, podría volver a retomar su afición, hacer aquello que le dispensaba tanta alegría, que le llenaba de tanta satisfacción, crearía un vestido, el más hermoso de los que había diseñado hasta ese momento para el día más feliz de la vida de Sakura, nada más y nada menos que para el día de su boda. No pudo evitar soltar un nuevo grito lleno de emoción que consiguió que los ruiseñores de un árbol cercano salieran huyendo despavoridos. Y es que el simple hecho de pensar en la alegría que reflejaba el tono de voz de la castaña mientras le hacía aquel dichoso anuncio la hacía delirar de la alegría. Su amiga era la persona más amorosa y desinteresada del planeta, la más valiente, la más pura, la más incondicional. Shaoran por su parte era el chico más entregado, responsable, puro y noble que había conocido, pensar que esos dos seres con tantas virtudes, a los que amaba con todo su corazón por fin unirían sus vidas para siempre y recorrerían cada paso de su camino lado a lado llenándose del más puro amor incondicional, hacía que su corazón saltara de regocijo. Ambos se merecían un amor como ese, un final de cuentos de hadas como aquel. Se merecían la mejor boda habida y por haber, y ella usaría cada gramo de habilidad que tuviera para dársela.
Alzó al cielo su obra maestra como buscando la aprobación de la luz del sol que se colaba por la ventana y miró satisfecha su magnífica obra. Solo faltaría borrar algunos trazos para afinar detalles y tendría la primera propuesta para Sakura.
-¿Donde he de tener un borrador?- Se preguntó a sí misma a la vez que examinaba sin éxito los cajones donde solía guardar sus útiles escolares mientras aún residía en aquella habitación. Por alguna extraña razón tenía una maldición con los borradores, siempre desaparecían en los momentos más cruciales. ¡Si hasta lo había dejado en casa el primer día de clases!
-¡Claro. Eso es!- Exclamó de repente al recordar su gran tesoro y se dirigió con rapidez a su armario. Allí, debajo de las flores de cerezo que su madre resguardaba en aquella pequeña caja, protegida por una fina bolsilla de algodón, se encontraba aquel borrador en forma de conejito que había marcado el inicio de su amistad con Sakura. Hacía años que no lo sacaba de su escondite, después de todo, había comprobado que verlo sólo hacia que recordara aquel sentimiento que por mucho tiempo fue la fuente de su angustia y desasosiego y con el que había cargado por varios años. Agitó su cabeza con vehemencia tratando de disipar aquellos recuerdos que habían quedado encerrados en ella junto con su niñez y esbozando una sonrisa, recordó con alegría los buenos resultados de su sacrificio. Su amiga era feliz, tan feliz como ella siempre había deseado, junto a una persona que la amaba con locura. "Su felicidad es la mía" se había dicho tantas veces en un intento desesperado por convencerse de que ocultar esos sentimientos y ayudar a Shaoran a acercarse a ella era lo mejor y ahora… después de tantos años… podía decir con todo su corazón aquellas palabras sin sentir dolor ni tristeza.
-"Tu felicidad es la mía Sakura"- Soltó al aire mientras abrazaba contra su pecho el adorable borrador y corría para terminar los últimos detalles de su obra maestra.
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Entre abrió los ojos con pesadez al sentir los rayos de luz colándose por la ventana, golpeando su cara de manera directa. No conseguía recordar en que momento se había quedado dormido ni mucho menos cuando rayos había movido la cama de lugar y la había situado frente a la ventana para que el sol lo castigara de esa manera a esas horas. En un esfuerzo casi sobrehumano terminó de abrir sus párpados a la vez que se incorporaba y estiraba, sintiendo un ligero dolor de espaldas provocado por la incómoda posición en que había pasado la noche. Aún adormilado examinó el mobiliario que había a su alrededor y se dio cuenta de que definitivamente no estaba en su habitación.
-Estoy en la sala. – Concluyó algo sorprendido mientras trataba de hallar en su memoria alguna explicación para aquello. Lo último que conseguía recordar era que estaba sentado allí mismo en el sofá, consolando a Tomoyo y luego…
"Tomoyo". La ultima vez que la vio estaba dormida en su pecho. ¿Acaso ella había despertado antes que él? Si así era, ¿aún estaba en la casa o ya se había marchado?
Se levantó del sofá y caminó unos pasos hasta el recibidor vociferando su nombre mientras estiraba su cuello que también había sufrido los estragos de la mala postura en que había estado toda la noche. Como no recibió respuesta alguna, caminó hasta el cuarto de lavado. Si ella se había marchado su ropa ya no debía estar allí. Efectivamente encontró el lugar vacío, salvo por algunas prendas perfectamente dobladas sobre la lavadora. Tomó en sus manos la primera prenda que logró alcanzar descubriendo así que era su camiseta, aquella que le había prestado la noche anterior. Un ligero carmín tiñó sus mejillas al recordar el tremendo dilema que lo había llevado a ofrecerle aquella prenda, y es que no había que ser adivino para saber que la ropa de Sakura no le quedaría a Tomoyo debido a la manera en que había "crecido". Su sonrojo le llegó hasta las orejas al pensar en aquello y en el hecho de que por muy pervertido que se sintiera por el simple hecho de admitirlo no tuvo más opción que hurgar en la ropa de Sakura procurando buscar algo que le quedara, mientras intentaba adivinar la talla de Tomoyo. Para evitar situaciones incómodas (o ropa demasiado ajustada como sería el caso), se vio obligado a optar por aquella camiseta algo más holgada de lo que acostumbraba utilizar para que con suerte no se notará nada de su descubierta anatomía. -La próxima vez que se me ocurra ser un buen samaritano voy a golpearme. -Se dijo a sí mismo mientras recogía las demás prendas con el objetivo de depositarlas en el cesto de la ropa sucia para lavarlas más tarde, llegando a su nariz el agradable aroma que ahora desprendía la ropa. Se trataba de una dulce fragancia, una esencia llena de elegancia y delicadeza. Sin quererlo, aquel delicado aroma lo transportó hasta el momento en que la había atraído a su pecho y la había rodeado con sus brazos. Aunque al principio estaba demasiado concentrado en calmarla como para percibirlo, en cuanto ella se quedó dormida y pudo observarla respirando con tranquilidad en su pecho su delicado aroma llenó sus pulmones junto con una infinita sensación de ternura, y es que, aunque le costara admitirlo, ella se veía totalmente adorable con aquellas prendas de vestir tan enormes y con su cabello azabache bordeando cada centímetro de su silueta.
-"¡Que diablos estás pensando!- Se reprendió a sí mismo mientras lanzaba con presteza la ropa que tenía en las manos al cesto de ropa sucia y salía de la pequeña habitación. Definitivamente haber dormido mal le estaba afectando las neuronas. Una buena taza de café cargado seguramente conseguiría despertar sus sentidos y devolverlo a la realidad.
Con aquello en mente caminó rumbo a la cocina sin poder evitar notar la existencia de un pequeño trozo de papel sobre la mesa que no estaba allí el día anterior. Se acercó para verlo más de cerca, tomándolo en sus manos al notar que tenía algo escrito en el dorso, comprobando que se trataban de unas palabras de agradecimiento de parte de la amatista.
Leer aquellas palabras lo hizo recordar con pesar la manera tan lastimera en que ella había estado llorando frente a él. Y es que aunque siempre había tenido una severa aversión al llanto de los demás, la sensación que lo invadió en ese momento fue diferente… era una mezcla de ira, impotencia y compasión, era como si sintiera que debía protegerla de aquel terrible sentimiento, como si quisiera curar aquella herida y hacerla sonreír despreocupadamente como siempre lo hacía. La única vez que había sentido algo tan desgarrador era cuando su pequeña hermanita lloraba al lado del féretro de su madre rogándole que se levantara en medio de sollozos. En ese momento la simple idea de pensar que un cuerpo tan pequeño como el de ella estuviera sufriendo un dolor tan grande como el que él estaba sintiendo era algo tan insoportable y desolador que no pudo menos que resguardar entre sus brazos a su hermanita en un intento desesperado por consolarla, justo lo mismo que había hecho con Tomoyo en esa ocasión. ¿Acaso en el fondo de su corazón la veía como una hermana pequeña y había nacido en él el intenso deseo de protegerla como le sucedía con Sakura? No podía decirlo con certeza , solo sabía que en ese momento había olvidado por completo la enorme barrera sanguínea que los separaba y no había dudado ni un segundo en brindarle todo el cobijo y cariño estaba en sus manos, es más, se había quedado dormido junto a ella justo por que no se sentía capaz de dejarla sola en ese estado, porque quería estar junto a ella por si despertaba y aún necesitaba de su consuelo. Y aún así en ese momento no tenía forma de determinar si había conseguido reconfortarla o seguiría ahogada en toda esa tristeza.
-Espero que esté mejor.- Susurró mientras dirigía su vista hacia el reloj de pared y comprobaba que definitivamente esa mañana llegaría tarde al trabajo. Ahora le daría a Sonomi una razón más para gritarle y tratarlo como un gusano.
"Hoy será un día largo"- Soltó en un lamento mientras pensaba en que definitivamente aquel no era su año.
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Tomoyo corrió a abrir la puerta de su habitación en cuanto escuchó ligeros toques recibiendo con un alegre "Buenos días" a la amable mujer que estaba a cargo de la casa a esas horas, provocando que esta le diera una sonrisa en cambio.
-Ha despertado bastante alegre señorita Tomoyo.- Comentó con amabilidad mientras miraba la decena de revistas, papeles y trozos de tela dispersados por toda la habitación. La amatista era una chica sumamente ordenada, así que la única forma de ver su habitación vuelta aquel desastre era cuando tenía un gran derroche de inspiración, cuando estaba a punto de crear algo realmente grande. Hacía tiempo que no la veía tan emocionada.
-Así es. Tengo mucha inspiración esta mañana. – Confirmó sin dejar de esbozar una amplia sonrisa. -¿Esa carta es para mi?- Indagó al notar el sobre que la ama de llaves llevaba en la mano.
- Esta mañana ha venido un joven a dejarla. Tal y como nos pidió le hemos dicho que esta indispuesta y no puede atender a nadie, pero aún así ha insistido en que le haga llegar la carta. Ha dicho que se trata de algo urgente.
-Ok… Gracias…- Contestó vacilante mientras extendía la mano para tomar la carta un poco temblorosa. Según parecía ninguna de las medidas que había tomado la librarían de tener que enfrentarse a su cruda realidad, a la que había intentado borrar entre trazos y diseños. -
-¿Pasa algo señorita? Se ha puesto pálida de repente.- Escuchó a la ama de llaves preguntarle visiblemente preocupada. La amatista agitó eufóricamente la cabeza en negación y dibujó en sus labios una sonrisa lo más real que pudo.
-Todo en orden Kamil. Gracias por la carta. Puede retirarse.
-De acuerdo. Pero cualquier cosa no dude en llamarme.
La amatista asintió en respuesta cerrando la puerta con lentitud en cuanto la vio desaparecer en el pasillo. Apoyó su espalda contra la puerta y miró fijamente la carta dudando si debía leerla o no. Era obvio que se trataba de una carta de Ryu, una táctica desesperada de su parte dado que ella había dejado apagado su teléfono para no recibir notificaciones suyas y aparte había prevenido a la servidumbre para que no dejaran que nadie la visitara. Mordió su labio inferior tratando de detener el temblor que amenazaba con apoderarse de sus labios mientras recordaba nuevamente aquella fatídica escena, aquella que había provocado su desasosiego. Ya no estaba en estado de shock como la noche anterior pero su corazón dolía con solo recordarlo. Había intentado por todos los medios no recordar y casi lo había logrado, pero aquella carta amenazaba con perturbar su relativa tranquilidad.
Abrió el sobre con lentitud y caminando hacia el borde de su cama, comenzó a leer las líneas. Líneas cargadas de cumplidos, palabras de amor y súplicas fervientes hacia ella, por último una invitación para verse aquella tarde y conversar todo en persona.
-¡¿Esta tarde?! Es demasiado pronto.- Lamentó mientras recorría vagamente con la mirada el espacio a su alrededor deseando obtener una respuesta acerca de lo que debía hacer, de lo que debía responder. Su mirada se detuvo en el árbol que se extendía frente a su ventana y recordó con algo de nostalgia los días de primavera en que aquel melocotonero estaba adornado de hermosas flores rosas similares a las de cerezo, mirar aquel dichoso espectáculo siempre la llenaba de paz y alegría pero lastimosamente en pleno verano el árbol no tenía más que pequeñas hojas verdes.
-Como me gustaría ver una flor de melocotón.- Susurró mientras su mente divagaba. De repente las ideas se conectaron en su cabeza. Claro, esa era la respuesta. Debía ir al encuentro de la única flor de melocotón que había en aquella época del año. Rió ante el extraño juego de palabras. ¿En que estaría pensando Nadeshiko cuando le puso aquel nombre a un chico?
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Touya intentó leer por onceava vez el documento que tenía en frente, reclinándose en la silla frustrado al notar que tal y como la decena de veces anteriores no conseguía asimilar nada de lo que estaba leyendo. Estaba seguro de que Sonomi lo mataría cuando se diera cuenta que en medio día de trabajo no había avanzado en nada en aquella proyección que le había encargado. Su yo creativo había salido de vacaciones aquel día según parecía. Miró con cierto pesar el reloj de pared y verificó que solo faltaban unos minutos para el almuerzo. Tal vez lo mejor sería acudir al encuentro de su jefa antes de que ella fuera al suyo, al menos así podría tener pruebas que la incriminaran por el asesinato que seguro cometería al llegar con las manos vacías.
Sonomi no tenía ningún tipo de alteración de ánimo aquel día, seguía siendo la misma jefa gritona y exigente de siempre y eso lo perturbaba. Se suponía que después de lo que le pasó a su hija, Sonomi debía odiar a los hombres más de lo normal, se imaginaba que se pasaría todo aquel día diciendo lo despreciable que era el sexo masculino y lo mucho que desearía que los exterminaran del planeta tierra como si fueran una plaga de alimañas. Pero no. Todo seguía normal, demasiado normal para su gusto. ¿Acaso Tomoyo no le había dicho nada de lo ocurrido? Ni siquiera ella era capaz de quedarse inmune en una situación que involucrara a su hija, si supiera todo lo que ella había pasado seguramente estaría con los nervios más encrespados de lo normal.
-Deja de pensar en ello. -Se repetía así mismo mientras intentaba hacerse reaccionar y cargaba un montón de carpetas llenas de documentos para colocar en una estantería cercana. Debía distraerse de alguna manera, no tenía caso seguir pensando en aquello. Él ya había hecho su trabajo, lo demás debía resolverlo por ella misma como la adulta que se suponía que era. No importaba si en esos momentos estuviera encerrada en su habitación llorando desconsoladamente o si Sonomi jamás llegaba a enterarse de lo ocurrido, él ya había cumplido con su papel y no tenía nada más que ver con aquello.
-No es tu asunto Touya, deja de pensar en eso.- Se gritó a sí mismo frustrado mientras colocaba una de las carpetas en uno de los compartimientos más altos.
-¿Qué no es su asunto joven Touya?- Escuchó a sus espaldas y sobresaltándose por la impresión golpeó la estantería haciendo que varios libros cayeran de la misma. En un reflejo rápido y certero consiguió atrapar todos los libros terminando con los brazos y manos completamente llenos.
-¡Wao eso fue increíble! Es usted muy hábil.- La escuchó exclamar y con lentitud como temiendo encontrar un fantasma a su espalda se dio la vuelta. Ahí estaba Tomoyo con una sonrisa deslumbrante, las manos juntas y los ojos llenos de brillo casi como si hubiera visto un superhéroe en plena hazaña. ¿Desde cuando estaba en la oficina? ¿Cuánto había escuchado de su monólogo?
-Deberías tocar antes de entrar a una oficina. Porque seas la hija de la jefa no tienes derecho a irrumpir sin avisar.- Le reprochó toscamente mientras le daba la espalda y volvía a su tarea de colocar libros en la estantería tratando de evitar que ella viera su rostro avergonzado por haber sido descubierto en pleno conflicto mental, si ella hacía alguna pregunta acerca de aquello él lo negaría con todas sus fuerzas "¿Crees que eres la única Tomoyo en el mundo? Pues te equivocas mocosa, conozco un montón de Tomoyos, cientos de ellas y claro la que mencioné era justo una de esas otras, claro que no pensaba en ti." Pensar en ella… eso sonaba… sonaba...
-Lo siento. Llevaba buen tiempo tocando y nadie respondía. Al final decidí entrar al ver que la puerta no tenía seguro.- Explicó mientras se unía a la tarea de colocar libros, interrumpiendo el nuevo monólogo mental del moreno. ¿Acaso había estado tan distraído todo ese tiempo? Fingió ignorarla con más ahínco, una sola palabra de su boca y seguramente daría pie a la dichosa pregunta que no quería escuchar.
-¿De que hablaba cuando llegué? Parecía perturbado por algo.- La escuchó articular y sintió que ardía hasta las orejas. ¿Acaso ella no era capaz de quedarse con aquella duda?
-Es asunto mío.- Contestó con simpleza mientras se retiraba de la estantería y volvía a su escritorio para poner en orden los últimos papeles que quedaban. La amatista lo siguió hasta allá ayudándolo en la tarea ganándose una mirada asesina de parte del moreno que ella respondió con una sonrisa. Empezaba a extrañar a la Tomoyo que recogió en la calle y que no se movía a menos que la empujara.
-¿Qué rayos quieres? ¿Acaso tu madre te ha mandado a fastidiarme? Con una Daudoji al día tengo más que suficiente. – Bufó incómodo a lo que la amatista soltó una pequeña carcajada sin entender con exactitud lo que había provocado su malhumor. Aunque claro viniendo de su madre nada le sorprendería después de todo ella y Touya tenían una "maravillosa" relación.
-Imagino que nada le daría más placer a mi madre que verlo con los nervios de punta. -Comentó siguiéndole el juego divertida por la idea, conteniendo la risa cuando lo vio entornar los ojos.- Pero en realidad estoy aquí por que deseo pedirle un consejo.
-¿Consejo? Para eso tienes a tu madre, al señor Amamiya e incluso al monstruo y el mocoso, ¿no?.- Indagó totalmente extrañado por la declaración, ¿Desde cuando él si quiera era una opción para ella a la hora de buscar una sugerencia?
-Es que… bueno… usted es el único que sabe lo que realmente pasó con Ryu.- Explicó avergonzada mientras bajaba la mirada. La reacción del moreno no se hizo esperar.
-¡¿Quieres decir que no les ha dicho nada de lo que pasó?!- Claro, eso lo explicaba todo, había dado justo en el clavo.
-Bueno, no exactamente… saben que pasó algo y que estoy dolida por eso pero bueno… obvie ciertos "detalles"… Es que si les decía la verdad, lo que en verdad pasó…
-Ellos lo asesinarían. Claro eso en el mejor de los casos, si fuera por tu madre contrataría a toda la mafia japonesa para que lo torturaran.- Añadió terminando su frase mientras cruzaba los brazos. También se incluiría en el grupo de los asesinos, pero claro él no tenía vela en ese entierro. - Para ser sincero ese mocoso jamás me calló bien así que no me importa lo que le pase. De hecho creo que le diré la verdad a tu madre y pediré la primera fila para verlo sufrir. Será divertido.
El rostro de Tomoyo se puso pálido de la impresión cuando lo vio caminar con decisión hasta la puerta, tal vez lo de la mafia fuera algo exagerado pero de que su madre se la desquitaría de la manera más cruel posible, de eso estaba segura. Quien se metía con su niña firmaba su propia sentencia de muerte, si Touya le contaba lo ocurrido su madre sin duda le haría mucho daño a Ryu.
-No Touya… yo… no quiero preocuparla, ella va a enojarse mucho. Y mamá puede ser algo sádica cuando se enoja.
-Eso es lo mejor de todo, ella ni siquiera dejará los huesos cuando acabe con él. ¿Acaso no estas molesta por lo que te hizo? Pues déjala que se desquite.- Añadió caminando de nuevo a la puerta y comenzando a girar la perilla siendo detenido por Tomoyo que en cuestión de segundos llegó hasta su lado y detuvo su mano.
-Claro que estoy molesta… yo… yo jamás me había sentido tan decepcionada en mi vida. Es solo que… no quiero que nadie se preocupe por eso, yo no quiero que nadie este triste por mi culpa. – Explicó suplicándole con la mirada que guardara el secreto. ¿Cuánto dolor estaba dispuesta a tragarse esa niña sólo por no angustiar a sus seres queridos? ¿Acaso solía resolver sus problemas ella sola mientras fingía estar bien tan y como él solía hacer?
Soltó la perilla con lentitud y se dio la vuelta caminando hasta su escritorio sin decir una palabra mientras la amatista lo seguía con la mirada.
-Aún me queda medio día de trabajo y no puedo soportar a tu madre con el estómago vacío así que tendrás que hablarme mientras almuerzo.- Declaró con tono despreocupado mientras seguía con su tarea de recoger papeles. De repente sintió sus delgados brazos rodeando su cintura y no pudo menos que quedarse petrificado.
-Gracias Touya.- La escuchó exclamar a la vez que lo abrazaba eufóricamente sintiendo como el moreno se tensaba ante la repentina demostración de afecto. Al notar su incomodidad retiró sus manos con rapidez mientras balbuceaba nerviosamente. -Yo… yo... Le avisaré a mi madre que hoy no almorzaremos juntas. Eh… bueno… nos vemos a la salida.
El moreno se limitó a asentir mientras permanecía de espaldas y la escuchaba dar ligeros pasos hacia atrás para luego perderse tras la puerta.
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-Yo… yo siento haberlo abrazado en la oficina. Creo que me emocioné demasiado.- Comentó por fin la amatista procurando romper el incómodo silencio que se extendía entre ellos. A pesar de que fueron caminando hasta la cafetería ninguno de los dos dijo palabra en todo el camino. Y ahora que estaban en la cafetería el moreno se había limitado a perderse tras el menú aunque ambos ya habían pedido su almuerzo.
-No es tan grave. Es mejor que el que me derribes.- Lo escuchó comentar sin dejar de mirar el menú provocando que la amatista se sonrojara al comprobar que el moreno aún no había olvidado aquel pequeño incidente el día de su regreso. Se escondió detrás de su menú también para ocultar el calor de sus mejillas.- Sólo procura no hacer eso delante de tu madre. Seguro le daría un ataque de histeria al pensar que su hija se va a contaminar con tocarme.
-No piense eso Joven Touya. Mi madre en realidad lo aprecia mucho, jamás la había visto tan satisfecha con un empleado. Lo considera alguien sumamente hábil.
-¿Eso te lo dijo ella?- Preguntó enarcando una ceja y bajando un poco el menú hasta su nariz para mirarla.
-Exactamente…no. -Comentó algo apenada. Insolente, orgulloso y prepotente eran los adjetivos que usualmente usaba para referirse a él, sin mencionar que no hacía más que quejarse de tener que tolerarlo todos los días. Así que definitivamente ella no había dicho eso. – Sin embargo, conozco bien a mamá y puedo distinguir cuando alguien le agrada o no. Es solo que… bueno… a ella se le dificulta decir lo que siente, en especial cuando se trata de un varón.
-Si claro. Sonomi es tan tímida.- Comentó con sarcasmo a la vez que entornaba los ojos. Lanzó un suspiro lleno de cansancio y luego colocó el menú sobre la mesa a la vez que se recostaba hacia atrás en la silla y miraba a la amatista. - No hemos venido a hablar de mi maravillosa relación con mi jefa. ¿Qué es eso que quieres consultarme?
-Bueno… eh… ¿por donde empiezo?- Balbuceó algo indecisa sin saber si debía decirle o no. Cuando pensó en hablar con él mientras estaba en su casa parecía mucho más fácil.
-El principio estaría bien. ¿Por qué viniste a verme tan de repente?
-Bueno… recibí una carta de Ryu, él quiere que nos veamos hoy en la tarde para que hablemos de lo que pasó. Pero… no se si sea buena idea encontrarnos tan pronto. Y quería saber que usted opinaba.
-Bueno… si tu idea de encontrarse es golpearlo hasta que pierda el conocimiento, si, ¿porque esperar?- Comentó mientras recibía los platos que le ofrecía la camarera y colocaba cada uno en su respectivo lugar.
-No claro que no. Sólo quiero que me explique qué fue lo que pasó. En que posición estamos ahora.
-Pensé que era claro.- Señaló mientras tomaba el tenedor y comenzaba a hurgar en su plato. – Según dijiste anoche lo encontraste con alguien más en su departamento.- Llevó un bocado a su boca y después de masticar y tragar volvió a mirarla. – No le veo lo complicado a esa conclusión.
-Si, pero…
-Estás considerando perdonarlo.- Concluyó mientras volvía a su tarea de comer su almuerzo.
-No exactamente, eso dependerá de sus razones… en su carta él me dijo…
-¿Tienes la carta ahí?- Preguntó sin desviar su mirada de su plato. -Si.
-Déjame leerla. -Pero…
-Sólo quiero ver que clase de excusa se ha inventado ese mocoso. No estoy interesado en sus cartas de amor. – Aseguró algo hastiado mientras entornaba los ojos. La amatista algo dudosa sacó el sobre de su bolso y le extendió la carta. Touya empezó a pasear su vista entre la caligrafía. - A ver… Basura… cursilería… basura... más cursilería… basura… ¡¿en serio?! -Exclamó dirigiendo su mirada a la amatista tratando de ver si aquello era una broma. - ¿Qué rayos le viste a este tipo? Es obvio que tiene la cabeza llena de aire sin contar de que voy a sufrir una crisis diabética después de tanta azúcar. "Tu luz es tan deslumbrante como la de una hermosa luna llena",- parafraseó imitando una voz chillona. - las lunas ni siquiera tienen luz, simplemente la reflejan.
-Bueno… a las chicas nos gustan esas cosas. Es… adorable.- Trató de explicar para no sentirse tan avergonzada, sabía que Ryu era un poco empalagoso a veces y imaginaba que eso seguramente no le gustaría a Touya, pero bueno, él fue que insistió en leer la carta en primer lugar.
-¿Adorable, Eh?- Dijo mientras alzaba una ceja y la miraba con cara de "cualquier cosa podría ser más adorable que esto". - ¿Quieres mi opinión? No vayas.
-Pero ¿Por qué?
-¡¿No es obvio?!- Exclamó con hastío mientras tomaba de nuevo la carta y parafraseaba con la misma voz chillona otra frase de la misma - "Fue un momento de debilidad". No sólo es un idiota, se está inventado excusas para minimizar sus errores.
-Pero ¿Acaso no es cierto que los hombres son débiles con esas cosas? Ryu siempre dice…
-Ryu siempre dice… -Ok. Ya se estaba pasando con aquella vocecita chillona que trataba de imitar.- Ryu sólo es un llorón. Te explicaré una cosa Tomoyo. Es cierto eso de que los hombres, en especial los mocosos hormonales como tu noviecito, son susceptibles a los deseos. Te explicaría el porqué, pero sinceramente no estoy de humor para darte esa "charla", eso se lo dejo a Sonomi. – Declaró sonando cada vez más incómodo con todo aquello. Ese Ryu le estaba cayendo como una patada en el trasero y estaba seguro de que si extendía aún más aquella conversación él mismo se encargaría de localizarlo y golpearlo. Odiaba a los hombres cobardes y ese mocoso tenía pinta de ser el rey de ese grupo. – A ver… Si tu noviecito es tan débil y hormonal como dice, ¿que hacía a solas con una chica en su departamento?
-Bueno… en realidad…
-Ahora – Prosiguió sin dejar que la amatista terminara su frase - supongamos que sea cierto que es la primera vez que le pasa, que me atrevería a jurar que no lo fue, porque tiene que tener una suerte muy negra como para que el mismo día que comete un desliz sea el mismo día que lo visites. ¿Podrías volver a confiar en él? ¿Qué te garantiza que no volverá a hacerte lo mismo en cuanto vuelvas a América?
-Yo… no estoy segura.
-Lo ves. No tiene caso. Yo en tu lugar estaría planeando mi venganza en vez de perder el tiempo buscando que te regalen los oídos y te digan que vayas a verlo.- Replicó finalmente mientras volvía a centrar su atención en su almuerzo. Llevó varios bocados a su boca y luego miró de soslayo a la amatista que no había tocado su plato. Desde el principio le dijo que era mala idea acudir a él en busca de consejo, él no era el típico y amable oyente que seguramente ella buscaba así que no debía quejarse ahora por haber sido tan directo. Intentó seguir almorzando mientras la ignoraba pero su rostro lleno de tristeza no podía pasarle desapercibido. -Escucha Tomoyo. La idea de tener una relación es tener un apoyo emocional, alguien en quien puedas confiar y con quien te sientas dichoso y feliz. Una relación llena de incertidumbre, desconfianza y angustia no es algo que vale la pena.- Explicó sin desviar la mirada de su plato. – Terminar una relación nunca es fácil pero Ryu no es el primer ni el último hombre que vas a conocer así que no tienes porque perdonarlo sino estas segura y si aun así crees que el amor que le tienes es suficiente para al menos considerarlo, tómate el tiempo que necesites para analizar todo y al final toma una decisión basada en lo que tú quieres. Si él en verdad te quiere tanto como lo expresa en esta sarta de cursilerías esperará el tiempo que necesites, y si no, no tiene sentido que te aferres a algo que no tiene futuro. Puedes conseguir a alguien mejor. - Alzó un poco la vista para ver su expresión y sintió in gran alivio al ver que su rostro triste era sustituido por una pequeña sonrisa.
-Touya… Gracias. Me hace muy feliz saber que puedo contar con usted. Yo… estoy muy agradecida… por todo.- La escuchó decirle y no pudo menos que volver a esconder su mirada en su plato.
-Bueno… Eres la molesta amiga del monstruo, es lo mínimo que puedo hacer.
La amatista se carcajeó ligeramente ante el comentario. Más que molestarle, el que se refiriera a ella de esa manera la hacía sentir cómoda a su lado, sabía que si le dedicaba uno de sus insultos era porque la consideraba algo más que una simple conocida. Imitando la acción del moreno después de dar las gracias comenzó a comer su almuerzo más animada mientras un agradable silencio se extendía entre ellos. Ninguno de los dos dijo una sola palabra durante un buen tiempo y sin embargo ninguno se sentía incómodo con la situación, era como si disfrutar de la grata compañía del otro fuera suficiente. Todo permaneció así hasta que un melodioso repique interrumpió aquel ambiente. La amatista con premura comenzó a hurgar en su bolso tratando de localizar aquel bullicioso sonido, pero el responsable parecía haber desaparecido entre aquella marea de objetos que estaban en su bolso. Después de sacar su otro teléfono y otras pertenencias por fin llegó hasta el responsable.
-Hola mamá... ¿En serio? ¿Y que es?... Ya veo… Si, vamos en seguida... Si, estamos cerca… Ok. Bye.
-¿Tu madre quiere saber si te he secuestrado?- Preguntó el moreno mientras tomaba su jugo y miraba de soslayo a la amatista. La amatista sonrió divertida.
-No. Solo quería saber si nos faltaba mucho. Dice que me tiene una sorpresa. ¿Me pregunto que será?
-Tal vez es otro celular. Según veo te gusta coleccionarlos.- Comentó mientras señalaba el otro aparato.
-No joven Touya. Es solo que cada uno cumple una función diferente. Este lo uso para guardar archivos importantes y comunicarme pues su sistema operativo me permite sincronizar todo de manera automática con mi pc y este lo uso para tomar fotos y almacenar algunos documentos privados porque me gusta la seguridad que me ofrece y la buena resolución fotográfica. Pero a veces es pesado tener que llevarlos ambos conmigo. ¿No sería genial que existiera un sistema operativo que te ofreciera todo en un mismo móvil, la versatilidad de Google y la seguridad de Apple en un mismo dispositivo? Si existiera algo así no dudaría en cambiar mis teléfonos por ellos. – Explicó con entusiasmo mientras veía cambiar el rostro del moreno de una expresión de desinterés a una de gran sorpresa.
-¡Eso es! Claro, como no se me había ocurrido antes. Acabas de salvarme el pellejo.- Exclamó mientras se ponía de pie y esbozaba una gran sonrisa una de las que escasamente solía mostrar. La amatista lo miró llena de confusión.
-De nada… supongo.- Se limitó a decir sin conseguir comprender que era lo que estaba ocurriendo o que era lo tan bueno que había dicho o hecho. Pero bueno, si el moreno era feliz con ello, se alegraba de haberlo dicho.
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- ¡Abuelito! ¿Cuándo volviste? – Indagó la amatista mientras abrazaba con alegría a Masaki inmediatamente lo vio en la oficina de su madre. Durante toda esa semana lo había extrañado un montón, pero como él estaba de viaje en Fukuoka por negocios no había podido verlo desde su llegada, ahora si podía decir que su felicidad era completa. - Apenas he llegado. También me alegra verte, preciosa. Estas aún más crecida y hermosa que cómo te recordaba, tendré que viajar a Estados Unidos después de todo para asegurarme de espantarte los sujetos.- Comentó a la vez que la rodeaba con sus brazos y miraba de soslayo al moreno que se había quedado estático en la puerta tan pronto como lo había visto en aquella oficina. Si no fuera tan orgulloso seguramente hubiera salido de aquella oficina tan pronto lo vio.
-¿Que tal te ha tratado el joven Kinomoto? Sonomi me dijo que almorzaste con él hoy.
-De maravilla. Es un joven muy atento.- Comentó la amatista separando ligeramente su cabeza del pecho del señor a la vez que miraba al moreno con una sonrisa, provocando que Touya desviara la mirada incómodo.
-Podrá ser todo lo atento que quiera pero si tiene el tiempo para estar invitando a almorzar a mi querida hija debería tener una buena idea para la proyección. No le pago para que fraternice ni para que llegue tarde.- Masculló Sonomi mientras lo miraba con expresión de "no te acerques a mi hija" y lo fulminaba con la mirada. Seguramente había accedido a dejarla almorzar con él solo porque no era capaz de decirle que no a su hija pero no dudaba que la cafetería hubiera estado siendo monitoreada por algún espía encubierto. Contrario a amedrentarse por la gran hostilidad que ella le mostraba el moreno sonrió con autosuficiencia.
-De hecho sólo me falta desarrollar la idea de la proyección, pero tengo en mente algo que hasta a usted la va a sorprender señora Daudoji.
-¿Sorprenderme? Eso lo dudo mucho.- Declaró con sorna sin quitar la mirada desafiante de sobre él.
-Eso ya lo veremos.- Contestó el moreno sin borrar la sonrisa de "Voy a callarte el pico" que le dedicaba a Sonomi. Las chispas volaban de un lado a otro por la manera en que esos dos especímenes se miraban mientras la tensión se respiraba por cada rincón de aquella oficina que de repente parecía terriblemente pequeña.
-Bueno, debería comenzar a trabajar en su idea Joven Kinomoto. Estoy ansioso por conocerla. - Comentó Masaki tratando de hacer que el moreno saliera de la oficina antes de que Sonomi saltara a su cuello. Sin embargo ignorándolo siguieron con su duelo de miradas. Percibiendo que a ese ritmo terminaría desatándose la tercera guerra mundial, Tomoyo se acercó a Touya para con suavidad animarlo a que se retirara. El moreno notó como la intensidad de la mirada de Sonomi aumentaba al ver como su hija se acercaba a él y no pudo evitar sonreír maliciosamente. Había encontrado el talón de Aquiles de su queridísima jefa.
-Estoy de acuerdo con el señor Amamiya lo mejor es que me retire.- Comentó a la vez que tomaba el rostro de la amatista con una de sus manos y haciendo acopio de toda la galantería que había aprendido de Yuki sonrió con gentileza. -Muchas gracias por el almuerzo pequeña. Espero que pronto se repita.- Susurró con suavidad, tras lo cual levantó la vista hacia Sonomi ensanchando su sonrisa al notar como su cara se deformaba de la rabia. Soltó un "Buenas tardes" lleno de burla y con la espalda erguida y una sonrisa de satisfacción en el rostro dejó la oficina. Tomoyo se quedó petrificada pensando en que diablos le había picado al moreno, Sonomi crujía los dientes en un intento desesperado por contenerse y no salir por esa puerta y asesinarlo, y Masaki se reía con ganas ante la escena. Parece que Touya había encontrado la manera de fastidiar a Sonomi.
-Por cierto hija. Fujitaka me ha llamado para invitarme a una cena en su casa mañana por la noche, según dijo tienen algo importante que anunciarnos. ¿Tienes idea de que puede ser?
-Ahora que lo menciona eso mismo iba a preguntarte abuelito.- Comentó Sonomi volviendo con rapidez a su estado normal. -El molesto de Fujitaka no quiso darme detalles acerca de ello, dice que es una sorpresa.
Tomoyo sonrió emocionada. Al parecer ella era la única que sabía acerca de ese dichoso anuncio. Shaoran viajaría junto con Sakura y su padre el día siguiente para decirle a toda la familia acerca de sus planes. Estaba muy emocionada por su amiga pero después de lo que pasó hace unos segundos no podía evitar pensar que aquella cena se convertiría en un campo de batalla. No sólo estarían los Amamiya y los Kinomoto en una misma mesa, aparte recibirían un anuncio que conociendo a su madre, al abuelo y al mismo Touya no le haría nada de gracia. Empezaba a sentir lástima por el pobre de Shaoran.
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Y aquí finaliza otro capítulo más. ¿Qué les pareció este nuevo quilombo de situaciones. Shaoran y Sakura siguen dando pasos de acercamientos uno al otro, explorando nuevas sensaciones y tomandose ciertas libertades aunque sea de manera solapada. ¿En que irán a parar con aquellos acercamientos que aunque inocentes pueden resultar algo adictivos?. Eso ya lo veremos.
Con respecto a él compromiso pues ya casi todos se enterarán. ¿Tienen fundamento los temores de Tomoyo en cuanto a eso o todos estarán felices y contentos con esa decisión?
¿Y que pasa con los sentimientos de Touya? Acaso solapadamente la amatista está ocupando un lugar en su corazón. ¿Y es así es romántico o sólo fraternal?
Y el abuelito, ¿pensaban que me habia olvidado de él? Pues no, a partir de aquí comenzará a tomar la relevancia que merece.
Y con respecto a Yuki, ya les di una orejita acerca de él estado de la relación de él y Touya, pero ¿Qué rayos pasó?
Le pido disculpas a todos aquellos que sean sensibles con estos asuntos de la relación entre personas del mismo sexo. Personalmente no me gusta usarlos en mis historias pero creí que era necesario por la naturaleza de lo que quiero mostrar en este fanfict, no se puede hablar de las emociones de Touya o Tomoyo sin tocar aquellos sentimientos que determinaron buena parte de su vida e historia, pero bueno,les prometo que no tocaré el tema más de lo necesario y procuraré hacerlo con la mayor sutileza posible pero sin sacar cosas de donde no las hay. Esta vez no dejé respuesta a los reviews por que me encargué de contestarlos directamente. De todas formas mil gracias a aquellos que no dejan de decirme lo que piensan. Me siento muy contenta por ello.
Ya no los aburro más. Se despide esperando leerlos en el próximo capítulo.
Leah 05
