Capítulo 6
Era un día soleado, en el cielo azul había nubes blancas, hacía un poco de frío y las hojas ya caían de los árboles. Otoño. Dos de septiembre.
Percy y Ginny caminaban por las calles de Londres y fingían ser humanos comunes, no semidiós-mago y bruja. No iban tomados de la mano, por respeto a Harry aunque él no estuviera con ellos. Se mezclaban con los mortales-muggles como si fueran como ellos y como si sólo fueran amigos o colegas.
Percy se había cambiado la chaqueta tejida por un buzo deportivo gris y se había puesto anteojos oscuros. Ginny se había puesto una peluca castaña ondulada y lentes de contacto azules que Percy había comprado para que no la descubrieran. Viéndolos era imposible reconocerlos. Nadie sabía nada de Percy y Ginny no se veía para nada como ella misma… Porque tampoco se vestía como siempre. Percy le había regalado una chaqueta tejida beige para abrigarla.
Percy miraba todo. Miraba las calles, los autos, la gente… todo. Y la verdad era que le encantaba lo que veía de Londres.
Se felicitaba por el disfraz que le había puesto a Ginny. Habían pasado al lado de un grupo de tres mortífagos y ninguno la había detectado, aunque la habían visto. Percy sabía que a Ginny le había gustado y aliviado eso porque así podría ayudar a su novio sin que le pudieran hacer nada.
Lo que a Percy le inquietó, aunque apenas lo demostró, fue que algunos caballos de la policía montada británica lo habían reconocido como hijo de Poseidón. Lo único que Percy hizo fue sonreírles y asentirles sin que otros pudieran darse cuenta.
A pesar de todo, Percy nunca dejaría de ser hijo de Poseidón ni tampoco dejaría de ser amable y respetuoso con sus súbditos y sus creaciones (los de su padre).
Cuando llegaron a una calle bastante menos transitada que el resto, Ginny le puso una mano en el brazo y se detuvieron.
- Aquí es.
Percy, al principio, creyó que la novia de su primo estaba equivocada… pero cambió de opinión un minuto después. Ahora que era parte del mundo mágico de una extraña manera, podía ver y hacer cosas que antes no. Por ejemplo, ver lugares mágicos escondidos con magia y de aquellos que no debían poder ver.
El sitio tenía la pinta de ser un bar venido a menos desde hace un largo tiempo, años y años se podría creer. Cuando entraron, vio que el lugar por dentro también estaba envejecido, aunque sí lo tenían cuidado. Para su alivio, había poca gente y apenas un par de cabezas se habían volteado hacia ellos, pero volvieron a como estaban segundos después.
Ginny lo tomó de la mano y lo condujo a una parte trasera de la posada y comenzó a golpetear con su varita unos ladrillos hasta que se formó un arco. Ella también lo llevó hasta dentro.
El muy buen ánimo de Percy decayó ante lo que veían sus ojos.
Había muchos negocios cerrados, poca gente circulando, varios mendigos, gente con malos modales, gente asustada, gente indiferente. Las muy pocas risas que se escuchaban eran de magos vestidos de negro que Percy supuso que eran mortífagos.
De pronto, se sintió muy protector con Ginny. La agarró fuerte de la mano y fueron a lo que sería el banco. Un edificio de aspecto antiguo, bien conservado, de mármol y yeso.
Procurando no fijarse en nadie o fingir que no se daba cuenta de los guardias humanos que estaban en la puerta, los condujo (a sí mismo y a Ginny) al mostrador de un duende que no hacía nada.
Percy sabía lo que hacía.
Necesitaba: cambiar dinero muggle por dinero mágico, abrir una cuenta en ese banco, dejar dinero en ella y otras cosas más… Pero lo que más necesitaba en ese momento, era una buena cantidad dinero mágico en su bolsillo.
Mientras el duende hacía las gestiones necesarias, Percy observaba el lugar.
Su primo tenía razón al creer que era un lugar posible para ocultar y proteger un horrocrux. Era enorme, protegido y símbolo de magos. Él mismo no sabría de este lugar si no fuera heredero de un mago y primo de otro. Percy no era mago, pero había llegado allí gracias a dos. Hizo nota mental de recordar a Gringotts cuando buscaran otro horrocrux, por el momento, tenían un relicario que recuperar y algo de Ravenclaw que investigar. Una vez que hubiera destruido el relicario y sepan algo del objeto de Ravenclaw, podrían preocuparse por Gringotts.
Aunque… no. Después.
Salieron de allí intactos y sin problemas.
Su siguiente parada fue un negocio que vendía materiales e ingredientes para pociones y de ahí fueron a una librería muy surtida.
Le pidió al vendedor libros sobre Rowena Ravenclaw y, para su suerte, el hombre le vendió más de uno.
Percy habría sido más conversador, pero no podían jugar con los tiempos. Harry, Ron y Hermione podrían llegar a Grimmauld Place en no mucho tiempo más. No más de tres horas más. Según sus cálculos.
Cuando ya volvían al arco, oyeron un gemido.
Se detuvieron.
Era un gemido femenino… seguido de imprecaciones.
Percy frunció el ceño y Ginny jadeó tan bajito que sólo él pudo oírla.
- Yasmine –susurró la pelirroja sin que nadie más que Percy alcanzara a escucharla.
- ¿Quién?
- Una amiga mía y de Hermione. Oh, por favor, Percy. Vamos hacia allí –le pidió muy preocupada y señalando apenas con el mentón hacia un rincón lejos de ellos por un par de metros-. Debe estar herida o algo así. Se suponía que vendría a la boda, pero nunca llegó.
Percy asintió y al ver que nadie veía nada, fueron hacia el rincón.
Efectivamente, en un rincón de un callejón sin salida y casi oscuro, había un cuerpo femenino tirado en el suelo.
Era una chica rubia platinada, de piel pálida. Tenía pantalones cortos negro, botas cortas de moda rojo oscuro, camiseta blanca y chaqueta de cuero negra.
Percy buscó heridas, moretones y raspaduras… Y encontró manchas rosadas (que se convertirían en moretones), cicatrices y cortes. Los tenía en piernas, brazos, torso y cuello.
- Yasmine –volvió a jadear Ginny- ¿Qué te han hecho?
La chica rubia movió la cabeza y buscó a la chica pelirroja con mucho esfuerzo. Estaba débil, bastante.
- ¿Ginny? –preguntó la joven con una voz suave, débil y bonita.
- Hola –respondió ella con voz débil y con una sonrisa débil también.
Percy decidió que no podían dejarla ahí y menos sola. Él no creía que sobreviviera ese día si la dejaban así y él no podía dejarla morir… menos si era amiga de las chicas que estaban con él. Rogó porque Harry la dejara entrar y quedarse porque no creía que sobreviviera sola.
Pasó un brazo por debajo de sus piernas y el otro por debajo del cuello, poniendo fuerza e impulso, la levantó en brazos al estilo novia.
La chica (desconocida para él) lo miró fijo a los ojos.
Cuando las miradas se conectaron, Percy se quedó muy quieto.
Sus ojos eran de un azul zafiro.
La chica entreabrió los labios, pero no pudo decir nada porque se desmayó.
- Vámonos, Percy, por favor.
A Percy le costó un poco salir de su muy breve transe, pero cuando lo hizo, se pusieron en marcha con mayor rapidez.
***CAMBIO DE ESCENA***
En el Campamento Mestizo las cosas habían seguido su curso.
Quirón observaba todo lo que pasaba con decepción, tristeza, impotencia y preocupación.
El chico de Poseidón, Matthew Rousses, no parecía ser hijo de su padre. Cuanto más lo observaba y analizaba, Quirón menos parecido le encontraba con los otros hijos semidioses que Poseidón había tenido. Teseo, Orión y Percy. Tampoco le encontraba algún parecido importante con su padre. No tenía espíritu de líder (como Percy, Teseo y Poseidón), no era poderoso, no tenía el físico que los semidioses de Poseidón tendían a heredar, era malo con las demás armas, no tenía aura (como todos los hijos semidioses de los Tres Grandes tenían), no se comunicaba con los caballos, tampoco era leal. Lo único que tenía en común con sus hermanos semidioses era el aroma a mar de su sangre y que tenía ojos verdes, pero eso nunca sería suficiente.
Quirón se preguntaba si su padre no habría hecho otro juramento sagrado para romperlo después. Sólo eso podría explicar esa diferencia abismal.
Después de que Percy se fue, las cosas en el campamento comenzaron a ir en decadencia. Percy era instructor de cuatro de la totalidad de las clases: esgrima, equitación, natación y canoas. Como buen hijo semidiós de Poseidón, era excelente en todo eso, por no decir el mejor. Los demás campistas aprendían bien sus lecciones con él y ahora… De esas cuatro clases sólo había una que seguía impartiéndose.
Esgrima. Por Matthew Rousses.
Habían intentado impartir las clases de canoas, natación y equitación también, pero no habían podido.
Las náyades detestaban a los campistas y habían estropeado todas las actividades que necesitaran agua tan mal que ningún campista podía acercarse al agua ahora.
Los Pegasos rechazaban a todos los campistas. Cuando uno se les acercaba, relinchaban y se ponían inquietos. Uno hasta le había pateado tan fuerte a una pierna de Matthew Rousses que tuvo que ser llevado a la enfermería luego anduvo con muletas casi una semana entera.
Quirón sentía que los súbditos de Poseidón rechazaban al chico… cuando a Percy lo aceptaban encantados.
El único que podía acercarse a los Pegasos era él. Quirón era el que los mantenía en bien estado, con buena agua en sus bebederos y alimentados. Quirón lamentaba no poder comunicarse con ellos para saber qué les pasaba.
Percy era el único que podía comunicarse con ellos… pero se había ido de allí y no había dado ninguna señal de que regresaría.
Con respecto al liderazgo en el campamento, al semidiós jefe… no había ninguno auténtico ni positivo.
Annabeth se había vuelto arrogante, mandona y egoísta con todos menos con Rousses. Con él era sumisa.
Rousses, en su afán de ser Percy, no paraba de cometer errores. Los campistas jamás mejorarían, nunca avanzarían, estando él a la cabeza.
Los semidioses a los que él enseñaba esgrima, nunca resistirían ningún duelo con algún romano, ni siquiera con romanos novatos o no muy buenos con la espada.
Todos creían que era una buena cosa el que Percy se haya ido, de lo engañados que estaban. Todos creían que Matthew Rousses era el mejor semidiós de todos, el más poderoso y el más importante.
Hestia también se había ido.
Quirón veía que su campamento se venía abajo y que él no podía hacer nada. Le decepcionaba la actitud de los semidioses, estaba triste y preocupado por Percy. Se sentía impotente por no poder hacer nada.
No sabía nada de Percy y sabía que los dioses tampoco. O si sabían algo, no lo decían. Ya casi había pasado un mes y medio, y nada. Quirón no temía que su alumno favorito (a quien quería como un hijo) haya sido asesinado por algún monstruo. Primero porque él era temido por los monstruos y segundo porque el señor Hades lo sabría, Lord Hades habría dicho si su sobrino habría caído en su reino. El dios jamás se callaría si fuera así, así que ésa era la única señal que tenían de que Percy seguía vivo. Muerto no estaba. Los dioses no habían vuelto a visitar el campamento tampoco. Quirón sólo sabía que Apolo sabía algo, pero que no quería que se supiera. O al menos, no los semidioses griegos. Se preguntaba si el dios sabía algo de lo ocurrido en el campamento, pero también era una pregunta sin respuesta. Por lo tanto, lo único que el entrenador podía saber era que Percy no estaba muerto. No tenía manera de saber dónde, cómo, ni con quién estaba, tampoco qué estaba haciendo. Estaba vivo y eso era todo. Sólo eso.
Suspiró larga y profundamente mientras se sentaba a ver el panorama, desde el porche de la Casa Grande.
De repente, sus orejas de caballo oyeron un ¡crac! dentro de la casa y luego…
- ¿Entrenador Quirón?
Era una voz desconocida, también ronca y que podía pertenecer a un hombre adulto.
Quirón se puso tenso y luego se volvió hacia el posible dueño de la voz.
Era… ¿un elfo?
Quirón no entendía. Hasta donde él sabía, los elfos pertenecían a… No. Alto ahí.
Entró a la casa y vio que sí, era un elfo… aunque un elfo feo. Estaba vestido con una funda de almohada impecable, se notaba que estaba muy bien cuidado.
- ¿Sí? Soy yo.
De un agujero, el elfo sacó un sobre blanco y se le tendió.
- El amo Harry ha pedido que le entregue esto y que le dijera que los campistas no deben saber nada de su carta. Dioses pueden, semidioses no –le dijo el elfo.
Quirón asintió y el elfo desapareció con otro ¡crac!. Una vez que se cercioró de que nadie se enteraría de nada, se dispuso a leer la carta. Clara y extrañamente, estaba escrita en inglés.
Estimado entrenador Quirón:
Seguramente, usted no reconozca a quien escribe esta carta. Usted no me conoce, pero yo sé de usted gracias a un ser querido en común. No se preocupe, no voy a dejarlo sin saber quiénes somos ni quién es esa persona. Estoy seguro de que también le parecerán extrañas las órdenes que le pedí a mi sirviente que le dijera y puede que no le guste que yo le dé órdenes a usted, pero así debe ser. Ningún campista griego debe saber nada de esto sin que los dioses lo sepan primero, prefiero que ellos se enteren antes. Se lo pido por nuestro ser querido en común.
Creo no equivocarme al pensar que algunos dioses estarán buscando a Percy Jackson. Sí, lo sé todo y de él mismo. De hecho, él está conmigo desde finales de julio. Percy está bien dentro de lo que cabe. Ha venido por mí a Inglaterra convencido de que soy la única familia mortal que le queda y no parece querer volver. Ha llegado a Inglaterra cuatro días antes de mi cumpleaños (30 de julio) y está decidido a quedarse aquí, conmigo.
En el Campamento Mestizo le han hecho mucho daño y su padre, Poseidón, también. Se está recuperando, pero que quede claro que no será lo mismo. Pagaron su lealtad con traición y eso le dejó una herida importante. Él ya no quiere saber más nada de los campistas griegos, para él todos ellos son unos traidores. Le han pagado con traición y eso es imperdonable. No cuenten con su ayuda si los atacan porque él ya no piensa mover un dedo por ellos. Por ningún campista griego. Él tampoco los necesita ya. Su traición ha roto su lealtad a ellos, para siempre.
Percy no está enojado con los dioses ni los culpa por lo que sus hijos le hicieron, pero no se pondrá en contacto con ninguno. Él, simplemente, no quiere hablar con nadie de allí. Habrá pasado un mes y semanas, pero las heridas siguen ahí.
Quizá ustedes no lo sepan, pero en Inglaterra estalló una guerra mágica. Magos tenebrosos contra magos de la luz (buenos). Mi mentor (Albus Dumbledore) era el líder de los magos buenos y yo ahora tengo una misión que cumplir antes de destruir al líder de los magos tenebrosos de manera definitiva. Un grupo escaso de magos de la luz ya sabe de Percy, lo han conocido y aceptado de buena gana. Percy sabe cómo han sido las cosas aquí y lo mal que están ahora, pero nada lo hace dudar. Está decidido a luchar a mi lado en esta guerra. Si ganamos la guerra, Percy sería aceptado por los demás.
El nombre del mago tenebroso líder es Tom Marvolo Riddle, mejor conocido como Lord Voldemort. Sé que ustedes tienen a un dios de los muertos: Hades. Él podrá comprobar lo que digo. Pídanle hablar con las almas de algunos muertos: James y Lily Potter, Albus Dumbledore y Sirius Black. Los Potter son mis padres, Black es mi padrino y ya mencioné a Dumbledore.
Quiero que sepan que Percy no sabe de esta carta, fue sólo decisión mía. Creí que sería correcto que supieran y no sé si él les escribirá ni cuándo. Creo que es suficiente con esto.
Mis cordiales saludos,
Harry Potter
Quirón leyó y releyó la carta.
Ahí estaban las respuestas que él necesitaba, pero no las que deseaba. Jamás creyó que leería algo así. No le entraba en la cabeza el cómo ni el por qué Percy había acabado involucrado en ese mundo. Los dioses habían estado en Europa y él con ellos, pero Quirón no recordaba haber conocido a ningún mago. Los hijos de la diosa Hécate (la diosa de la hechicería, entre otras cosas) eran semidioses y ella no tenía campeones, ella no daba su bendición. Podría, pero no lo hacía.
Por lo que decía la carta, Percy sí estaba allí. Harry Potter no podría saber nada de ellos y vaya que sí sabía. Había enviado un elfo para entregarle la carta en su propia mano y los elfos se teletransportaban, ellos debían saber a dónde ir. Percy debió haber dicho la ubicación del campamento a Harry Potter y éste se la dijo a su sirviente. Además, Harry Potter sabía lo que había pasado con Percy en el campamento y eso sólo podría saberlo si alguien que estuvo en el campamento en ese tiempo se lo contó. Era evidente que Percy le había contado lo sucedido y dicho también dónde estaba el campamento. Otra cosa que aparecía en la carta era la palabra "lealtad" y la lealtad era el defecto fatal de Percy, otra cosa más que Potter sabía.
Lo cierto era que Quirón le agradecía haber firmado con su nombre y dado otros. Si el autor de la carta mentía, podría tener problemas con algún dios o con la mayoría.
Quirón no sabía cómo reaccionaría Poseidón, pero más de un dios estaría agradecido de tener alguna noticia sobre Percy.
El mortal tenía razón. Los semidioses del campamento no debían saber de la carta.
Se sobresaltó cuando escuchó pasos dirigiéndose hasta donde estaba él. Giró la cabeza hasta dónde provenían y vio a Dionisos bajando por las escaleras. El dios se veía enojado y miraba con dureza a los campistas que corrían afuera.
- Si Zeus me lo permitiera los castigaría a todos con dureza. Están más insoportables que los meses anteriores. Estoy aguantándolos apenas –gruñó el dios.
Quirón lo escuchaba, pero veía alternativamente al dios y a la carta. El señor D se dio cuenta de eso y desvió su atención a ella.
- ¿Y eso? ¿Qué es? –preguntó con el ceño fruncido.
Quirón suspiró profundamente y frunciendo los labios.
- Creo, señor Dionisos, que debería reunir al consejo de dioses.
- ¿Por qué? ¿Por esa carta? ¿De quién es? Por favor, dime que es Percy Jackson. Dime que es él diciendo que vuelve y que los ahogará a todos.
- Eh… no. No es de él, pero habla de él.
- ¿Qué? ¿De quién es?
- Un mortal llamado asegura que Percy está con él.
Dionisos arqueó una ceja, escéptico.
- ¿Y tú le crees?
- Sí. Dice cosas que sólo un campista de aquí puede saber, sabe la ubicación del campamento y sabe cuál es el defecto fatal de Percy.
El dios se quedó quieto.
- ¿Qué más dice?
- Dice que no quiere que lo semidioses deban saber nada de la carta, pero que los dioses sí. Que sean los dioses los que se enteren primero y que ellos decidan si los semidioses deben saber algo. Y creo que Hades debería estar. Da nombres de muertos para que se puedan comprobar cosas.
- Siendo así…
Dionisos le sacó a la carta de las manos a Quirón y se fue al Olimpo.
***CAMBIO DE ESCENA***
En una de las habitaciones del doce de Grimmauld Place, el autor de la carta y el elfo que la había entregado al entrenador Quirón hablaban en susurros y a solas.
- ¿Has podido entregarle la carta al centauro? –le preguntaba Harry a Kreacher, preocupado y atento a la puerta.
Harry no quería que nadie supiera lo que estaba pasando.
- Sí, amo Harry. Kreacher le ha dado la carta cuando se encontraba solo en la planta baja.
- ¿Es que había alguien más allí? –preguntó Harry con los labios fruncidos.
- Sí, señor. La magia de Kreacher detectó a un dios y el olfato de Kreacher sintió olor a uvas.
Harry se quedó pensativo un instante, suficiente como para llegar a la idea de quién era ese dios.
- Dionisos. Percy dijo que era el director del campamento griego –dijo pensando en voz alta y luego miró a Kreacher con los ojos duros- ¿Has visto a los que traicionaron a mi primo?
- Sí, señor.
- ¿Y…?
- La ex novia del señor Perseo es una muggle arrogante y mandona con todos, menos con el dichoso Matthew Rousses.
- ¿A ti tampoco te gusta, verdad? –le preguntó Harry con una sonrisa torcida.
- No es más que un chiquillo que se cree algo que no es. No es alguien que valga la pena.
- Es un completo inútil, según Percy.
- Y así es, amo. Kreacher no ha sentido poder en él. Es un semidiós vacío. El señor Perseo lo supera en todo. Kreacher lo sabe. Kreacher sabe que su tiempo en esta tierra tiene caducidad. Sus mentiras caerán y él será destruido. Su poder artificial es frágil.
- Pero… los demás le creen y lo siguen –dijo Harry, dudoso.
- Pero eso acabará, amo Harry. El dios que es el director del campamento hará algo pronto. Kreacher lo ha oído decir que apenas los soporta y luego subió al Olimpo.
- Mi carta…
- Se la ha llevado para presentarla a los demás dioses olímpicos.
Harry sonrió satisfecho.
- ¿Señor?
- ¿Sí, Kreacher?
- Kreacher pregunta, amo Harry, ¿cómo sabía el amo Harry que su primo saldría y que Kreacher podía aprovechar la oportunidad para cumplir su misión?
- Percy no iba a quedarse esperando aquí a que nosotros hiciéramos el trabajo sucio. Él iba a querer ayudar y eso implicaba salir de la casa. Percy no disfruta los encierros ni las esperas. Él querría hacer algo. No sabía qué, pero sí supe que él no se quedaría quietito y sentadito mientras nosotros recuperábamos el verdadero relicario.
- ¿Cómo…?
Harry sonrió travieso.
- El mar odia ser contenido.
***CAMBIO DE ESCENA***
Ron y Percy se encontraban en la biblioteca subterránea que tenía la casa.
Cuando Ron la vio, supo que Hermione sería feliz y se encerraría allí durante días. Percy, por su parte, pensó que los hijos de Atenea harían lo mismo.
La idea original era que Hermione, Ron y Percy buscarían información sobre objetos de Ravenclaw en la biblioteca, mientras Harry y Ginny cuidaban de la chica que habían encontrado en el Callejón Diagon… Pero el plan no fue así. Hermione estaba tan preocupada por la chica que Harry aceptó intercambiar tareas con ella. Ahora que Ron y Percy veían lo que era esa biblioteca, lo preferían así.
Los chicos no estaban preocupados por Yasmine Lewis.
Si bien la chica estaba herida y había perdido mucha sangre, Percy había logrado salvarla con sus poderes de Poseidón. Había usado agua y dominado su sangre para que no saliera más de su cuerpo, circulara y se multiplicara. Lo demás lo hizo Hermione con hechizos y sustancias.
Ron y Harry eran compañeros de la chica Lewis, pero no amigos. Y como la habían salvado… estaban tranquilos y más bien enfocados en su misión. Por otro lado, Ginny y Hermione sí eran amigas de ella y seguían preocupadas, aunque estuviera fuera de peligro y estable.
A Percy no le extrañaba que ni Ron ni su primo fueran amigos de Yasmine Lewis. Ron no solía llevarse muy bien con las chicas, por su poco tacto y porque era desconfiado. Harry, simplemente, no era de los que sabían qué hacer con las chicas. Harry prefería enfrentarse a dragones que bailar con alguna chica, hasta con Ginny era medio tímido y torpe. Percy lo entendía porque a él solía pasarle lo mismo.
Lo que Kreacher no les había dicho era que la mansión tenía más de un subsuelo, tenía dos. El primer subsuelo (en el que estaban) tenía una biblioteca, una mazmorra para preparar pociones, otra que estaba llena de cosas que podrían aprovechar, algunas mazmorras vacías y un calabozo medieval. Del segundo subsuelo sólo sabían que había un sótano, pero podría haber más. Bajo las escaleras de la planta baja había una puerta, luego un descanso de seis pasos de largo y después estaban las escaleras de caracol antiguas que llevaban a los subsuelos. Hacía frío en el subsuelo, no había ventanas y se iluminaba con antorchas y velas. La biblioteca en la que estaban tenía muchas antorchas y una chimenea. Percy había encendido todo con sus pelotitas de fuego.
Había pensado mucho los días anteriores y había llegado a la conclusión de que no habría problemas si los chicos supieran lo del fuego. Ron había sido el primero y había prometido no hablar de ello con nadie sin su permiso, el pelirrojo era consciente de que era un secreto peligroso y lo mejor era manejarlo con delicadeza.
Gracias al fuego de Percy, la biblioteca estaba bien iluminada y cálida.
Habían limpiado un poco los muebles para sentarse, leer y apuntar cosas que les parecieran relevantes.
- Esto apesta. Hay libros y libros en este sitio, pero del fundador que más hablan es de Salazar Slytherin –dijo Ron con disgusto-. Ya sabemos de él. El viejo dejó un relicario y un anillo. Dumbledore ya destruyó al anillo y hemos recuperado el relicario. No necesitamos saber más de él.
Percy levantó la vista del libro que estaba leyendo y lo miró.
- No lo han destruido todavía, ¿verdad?
Ron lo miró y negó con la cabeza.
- No, todavía no hemos decidió quién lo hará –respondió el pelirrojo.
Percy frunció el ceño.
- ¿Por qué no Harry o tú?
- Porque no sabemos cómo abrirlo –respondió Ron frustrado.
- Mentiroso –dijo la voz de Harry.
- ¡Oye!
- ¿Qué? Es verdad. Te dijimos que lo abrieras tú, pero te acobardaste.
Percy lo miró a Ron con una ceja arqueada.
- No me digas –se burló Percy.
Ron se sonrojó y Percy sonrió divertido.
- ¿Y tu valentía Gryffindor? ¿Qué pasó con ella, Ron?
Harry se quedó pensativo mientras observaba y escuchaba a Percy, hasta que se le ocurrió una idea.
- ¿Podrías destruirlo tú, Percy? Yo puedo abrirlo con pársel y tú lo destruyes con tu cuchillo envenenado –sugirió Harry con el ceño fruncido a su primo.
- ¿Yo? –se sorprendió Percy con las dos cejas arqueadas- ¿Por qué?
- Porque podrías defenderte si ataca, algo que hará. Además, tú mismo dijiste que en algunas ocasiones se metieron en tu cabeza.
- Sí, así fue.
- Bueno, ahí tienes.
Percy se lo pensó y luego miró serio a su primo.
- ¿Dónde y cuándo?
Se quedaron en silencio un rato, hasta que Ron lo rompió.
- ¿En diez minutos en el calabozo?
Otro silencio hubo, pero más breve. Harry lo rompió esta vez.
- Voy a buscar a las chicas –dijo y se fue a buscarlas a la habitación asignada a la chica Lewis.
- Yo traeré a los elfos. Dobby y Kreacher merecen ver esto –dijo Ron y subió a la cocina.
Percy se quedó solo en la biblioteca.
No tenía miedo de lo que haría, pero era consciente de lo importante que era. Se había prometido a sí mismo que no rezaría a ningún dios para que no pudieran localizarlo, pero decidió rezar a su tío Hades para que lanzara al Tártaro el pedazo de alma que estaba por destruir. Podrían destruirlo en el mundo de los vivos, pero el dios del Inframundo lo recibiría y Percy deseaba que le diera lo peor que tenía para las almas malvadas.
Haciendo un esfuerzo para doblar su propia voluntad, cerró los ojos y le dedicó una plegaria a su tío.
Tío Hades, arroja al Tártaro lo que te enviaré. Protégenos en el subsuelo y a cambio te enviaré un pedazo del alma de tu presa más importante.
***CAMBIO DE ESCENA***
- ¿Dónde estoy?
Hermione y Ginny estaban sentadas a ambos lados de la cama viendo a su amiga Yasmine Lewis recuperar el conocimiento. Las chicas las había reconocido a ambas, recordado lo que le había pasado y cómo llegó al Callejón Diagon, pero no sabía dónde estaba. Si las chicas no hubieran estado ahí, ella se habría alterado mucho por creerse prisionera de mortífagos.
- Tranquila –le dijo Hermione con la cara preocupada.
- Estás en una casa que mi novio heredó de su padrino –respondió Ginny tranquilamente.
Yasmine pareció recordar más.
- ¿Potter? ¿Es que no te había terminado?
Ginny se rió alegremente.
- Sí… el muy tonto creyó que me harían daño si supieran de nuestro vínculo, pero su primo le convenció para que retomáramos y me trajera con él –dijo Ginny sonriente.
Hermione negó con la cabeza.
- Me sorprende que haya podido convencerlo, Harry es muy terco.
Se rieron.
- Pero así lo amo –dijo Ginny con amor.
- ¿Primo? –preguntó Yasmine escéptica, confundida- ¿Está aquí ese primo muggle del que tanto hablaban?
- No, ese no… Otro –dijo Hermione sacudiendo la cabeza.
- ¿Recuerdas al chico que te levantó en brazos antes de que te desmayaras?
Yasmine lo recordaba. Así que había sido real. Sí existían esos hermosos ojos verdes como el mar.
Ginny se tapó la boca para disimular su risa.
Claro que su amiga lo recordaba. Percy también había quedado algo tonto con eso.
- Así que él…
- Es el primo de Harry, un primo que descubrimos que tenía. Se llama Perseo, pero le decimos Percy. Es buena persona –le dijo Hermione con una sonrisa.
- ¿Dónde están Potter y su primo ahora?
- Buscando información sobre algo –respondió Ginny simplemente.
Yasmine pensó que volvían a tramar cosas y se preguntó qué sería ahora. Y al parecer, Ginny no pensaba quedarse fuera esta vez.
Se oyeron unos golpecitos suaves en la puerta.
- ¡Pasa! –dijo Hermione en dirección a la puerta.
Harry asomó medio cuerpo dentro de la habitación.
- Chicas, las esperamos en el calabozo del primer subsuelo. Estén allí en cinco minutos, por favor –dijo y se fue.
Yasmine las miró con una ceja arqueada y una pregunta tácita, pero medio resignada a que no dijeran nada de lo que sea que estuvieran tramando.
- Vamos –dijo Ginny levantándose de la cama y desapareciendo.
Hermione negó con la cabeza antes de seguirla.
Yasmine suspiró.
Volvían a ocultarle cosas… pero ella no se quedaría sin saber esta vez.
Con un gran esfuerzo, se levantó de la cama, tomó una manta y fue descalza a la planta baja. Allí, estaba segura, encontraría una puerta que la llevara adónde sea que estuviera ese calabozo del subsuelo. Esa era una de las mansiones antiguas pertenecientes a magos de sangre pura que pasaron por Slytherin.
Cuando llegó a un pasillo que daba a una cocina (estaba la puerta abierta), empezó a palpar las paredes y las escaleras hasta que dio con lo que buscaba.
Una puerta, que apenas se podía notar, bajo las escaleras.
Con cuidado y sin hacer ruido, la abrió y vio escaleras. A pesar de la oscuridad, bajó hasta que encontró un hueco que se transformó en un subsuelo. Apenas había iluminación, pero caminó hacia ella. Alguien había encendido un fuego en algún lugar allí abajo.
Esforzó la vista hasta que vio sombras moviéndose. Siluetas masculinas, femeninas y pequeñas.
- ¿Quién lo hará? –preguntó la voz de Ginny, seria.
Yasmine se escondió en una columna que estaba ubicada en un lugar donde podía ver lo que pasaba ahí sin que la pudieran ver a ella.
- Percy –respondió la voz de Harry Potter con seriedad y seguridad-. Ginny, ponte detrás de Kreacher y Dobby para que te protejan. Esa cosa se defenderá e intentará atacarnos. Tú eres la única que no puede hacer magia, por ser menor de edad. Hermione, Ron, preparen sus varitas. Yo sostendré el relicario y Percy le clavará el cuchillo.
Yasmine se preguntó qué sería esa cosa de la que tendrían que protegerse.
- ¿Listos? –preguntó Potter.
Se escucharon algunos susurros y luego Potter habló en pársel. A eso le siguió un sonido extraño, una mezcla de chillidos agudos y ruido como de viento en una fuerte corriente de aire.
- ¡Ahora, Percy! –gritó Potter.
Yasmine vio que una de las siluetas masculinas se movía muy rápidamente y luego oyó el ruido de un metal destrozando una piedra. Los chillidos cesaron de golpe y segundos después un olor a cadáver flotó en el aire frío.
- Ese olor no aparecía en ningún lado –dijo Hermione, alterada.
- Tranquilos, chicos, ya se irá –dijo una voz masculina, juvenil, grabe y profunda. Yasmine no la reconocía, pero intuía que ése debía ser el otro primo de Harry Potter. Perseo, o Percy.
- ¿Qué es? –preguntó Ginny, inquieta.
- Es mi tío Hades avisando que ha reclamado ese pedazo.
- Pero es…
- Olor a cadáver, lo sé. Ginny, Hades es el dios del Inframundo, el reino de los muertos. Lleva años esperando de llevarse a su reino a Riddle. Cuando me dejaron solo, le recé para que nos protegiera en el subsuelo y le prometí a cambio que le daría ese pedazo que destruimos.
- ¿Eso no implica un sacrificio? –preguntó Harry, confundido.
- Harry, mi tío se contenta con poder reclamar otra parte de ese sujeto. Lleva años persiguiéndolo. Cuanto más reciba, más contento estará.
- De acuerdo… Entonces nos va a adorar porque nos faltan cuatro –bromeó Ron Weasley.
Yasmine, intuyendo que era ahora o nunca, regresó por donde vino.
***CAMBIO DE ESCENA***
Cuando Dionisos llegó a la sala de tronos del Olimpo, se guardó la carta en un bolsillo y con una palmada, lanzó su llamada a consejo de dioses.
De a uno o dos fueron apareciendo en sus tronos… menos Hades.
Dionisos fue a sentarse a su trono y observó a los demás dioses olímpicos.
Artemisa, Atenea, Hestia, Hermes, Apolo y Ares se veían serios. Afrodita parecía molesta. Hera parecía cautelosa. Hefestos trabajaba en alguna cosa con el ceño fruncido. Zeus se veía preocupado. Poseidón estaba inquieto y parecía inseguro.
Hades seguía sin aparecer.
- ¿Dionisos? ¿Por qué has llamado a reunión del consejo? –preguntó Zeus sin tronar, ni hacer dramatismos.
Dionisos sentía el peso de la carta del mortal en un bolsillo de su camisa, pero no la daría a conocer al consejo todavía.
- ¿Y Hades?
- Aún no ha venido. ¿Es necesaria su presencia? –preguntó Hera, desconfiada y cautelosa.
- Sí. Hasta donde sé, es el décimo cuarto miembro del consejo.
- ¿Qué pasa, Dionisos? –preguntó Atenea con molestia.
Dionisos respiró hondo y soltó lo que tenía atorado.
- ¡Me pasa que no los aguanto más! –exclamó.
- ¿Qué pasó esta vez? –gruñó Hefestos enojado.
- Los semidioses se están empezando a descontrolar y si las cosas siguen así el campamento se vendrá abajo. Ya no aguanto la presencia de la mayoría. Tu adorada hija, Atenea, tiene el ego más alto que hace cinco años, pero ahora no logramos meterla a razones. Cree que por todo lo que hizo tiene siempre la razón.
- ¿Y las clases que no pudieron impartir? –preguntó Poseidón preocupado- ¿Matthew no ha logrado nada?
- La verdad, Poseidón, es que ese niño no tiene ningún parecido con Percy Jackson. Ni Quirón ni yo le hemos encontrado nada del poder ni las habilidades que Jackson tenía. Hemos sido testigos de todo el esfuerzo que Perseo ponía para que aprendiera algo y ver si había progresado en algo, pero es inútil.
- ¡Pero sólo necesita tiempo!
- ¿Más del que le dedicó Perseo, hermano? –preguntó Hera con una ceja arqueada-. Ese sobrino mío ha puesto esfuerzo para sacar algo de poder de él. Yo misma los he observado y estoy segura de que es un completo inútil. Es lamentable saber que el héroe del Olimpo malgastó sus energías en él cuando podría haberlas aprovechado visitando a esta familia.
- ¿Qué? –preguntó Deméter… llegando con un Hades apenas sonriente.
Zeus arqueó una ceja en su dirección, pero su hermano negó con la cabeza y se fue a sentar a su trono.
- ¿Me estás diciendo que por culpa de ese niñato sólo he recibido unos pocos Mensajes Iris? –soltó una Deméter algo enojada.
- Poseidón le pidió a Percy que le diera clases especiales a ese muchacho para que desarrollara unas habilidades que ahora resulta que nunca tuvo –escupió Artemisa.
- No sé por qué dejó de hacerlo –dijo Poseidón triste y decepcionado.
- Porque es más inteligente de lo que parece y de lo que deja ver.
Todos se volvieron hacia la diosa que lo dijo.
Atenea.
- ¿Le has hecho un cumplido? –preguntó Ares, sorprendido como los demás.
Atenea rodó los ojos y los miró a todos como si fueran tontos.
- No se han dado cuenta, ¿verdad? Matthew Rousses es el resultado de un juramento roto, pero uno bastante más delicado que Perseo.
- ¿Qué quieres decir? –preguntó Dionisos, confundido.
- He hablado con Anfítrite, Poseidón –el mencionado se puso pálido-. Ella me ha contado del juramento que le hiciste cuando Perseo empezó a existir.
- No…
Afrodita se puso pensativa y Dionisos también. Hera también. Afrodita fue la primera en salir de su mente y lo hizo abriendo bien los ojos.
- Oh.
Hefestos miró a su esposa.
- ¿Afrodita? ¿Qué ocurre?
La diosa del amor no prestó atención, pero sí a Poseidón.
- Tú nunca amaste a su madre. El chiquillo no es fruto de tu pasión ni de tu amor. No pusiste tu corazón en la concepción No es un hijo que realmente pueda tener algún valor.
- ¿Qué quieres decir? –preguntó Artemisa, confundida.
- Matthew Rousses no vale nada –dijo Afrodita, con una sonrisita en las comisuras de los labios.
- ¿Cómo sabes eso? –preguntó Atenea también confundida.
Dionisos salió de sus pensamientos… y recuerdos.
- Ahora que recuerdo, Poseidón estuvo sumergido en uno de mis dominios una noche. Si mis cálculos no me fallan, eso fue cuando Perseo estaba por nacer. Según los registros que Quirón y yo tenemos de los semidioses, Perseo Jackson es un año mayor que Matthew Rousses.
- Poseidón, admítelo, amabas con todo tu corazón a Sally Jackson, pero nunca a Layla Rousses –dijo Afrodita-. Con razón son tan diferentes Percy y Rousses. Inconscientemente, tú deseabas tener un hijo con tu amada Sally y ese fruto de amor es Percy. Nunca amaste a nadie como la amabas a ella. Tú amabas a Percy incluso antes de que naciera. No es nada sorprendente que él sea tan parecido a ti, tan poderoso y con tanto potencial. Tampoco me sorprende tu actitud hacia él, nunca fuiste tan protector y devoto. No podías quedarte con la madre, pero todavía podías tener cerca de ti al hijo que tuviste con ella. Percy era un hijo deseado.
La madre de Matthew Rousses sólo fue una aventurilla de una noche de alcohol. Nunca hubo amor ahí. No eras tú mismo. Matthew Rousses no es más que un accidente.
Hera pareció entender lo que Afrodita intentaba explicar.
- Matthew Rousses es un semidiós falso, vacío.
- ¡Exacto! No es un semidiós legítimo, no es auténtico. Percy es el que tiene valor.
- Las moiras no previeron su nacimiento –dijo Apolo, pensando en voz alta-. Él nunca podrá pertenecer a la familia. Nunca debió existir.
- Y el juramento roto a Anfítrite fue lo que lo condenó –dijo Hera-. Thalia Grace y Percy Jackson son resultado de juramentos rotos entre hermanos, pero no a esposas. Yo dejé vivir a Thalia, le permití vivir. Anfítrite también permitió que Percy viviera, pero repudia al engendro. Está condenado.
Poseidón se había puesto pálido.
Recordaba que se había ido a un bar a emborracharse porque se culpaba de la vida que Percy tendría desde pequeño por ser su hijo y de los problemas que tendría Sally por la naturaleza semidiós de Percy. Se había emborrachado tanto que ni recordaba qué pasó realmente años atrás. Al día siguiente, había despertado en la cabaña que Sally alquilaba en Montauk, solo, muy desaliñado, con una gran jaqueca y desorientado. Lo único que había hecho que reclamara a Matthew Rousses como hijo suyo era el olor a mar de su sangre.
Se tapó la cara y apoyó los codos en sus muslos.
Le había pedido a Percy que entrenara al chico para que sus poderes salieran a la superficie, pero ahora que escuchaba todo aquello se dio cuenta de algo que también había entrado en su negación.
Era inútil cualquier intento porque no había poderes en ese chico. A Percy se le habían revelado los poderes y habilidades ya siendo un bebé. Las criaturas del mar iban hacia él, él hablaba con sus súbditos y movía el agua del mar en Montauk. Con los años, su hijo había ido desarrollando su poder y sus habilidades hasta convertirse en el hijo semidiós más poderoso de todos. Poseidón sabía que nunca más tendría un semidiós como él. Percy era el último y el mejor.
Ay, Caos…
