un capítulo más de esta historia, ya saben, quejas y sugerencias... dejen un comentario :)
Después de diez minutos de espera el primero en bajar fue Albert, se veía tan elegante, joven, varonil, divinamente encantador con un traje color gris, camisa blanca y sin corbata.
Cuando Terry lo vio casi no lo reconoció ya que nunca lo había visto así, y como hermanos que eran pudo decir que Albert no era un mal partido para nadie, esto le hizo cuestionarse por qué no tenía novia o alguna relación amorosa más formal.
- Candy bajará en unos minutos, dime cómo te fue esta tarde, pude notar que ya están juntos de nuevo por el beso que te dio antes de subir- dijo Albert esperando obtener información sobre el tema de sus mejores amigos.
- así es Albert, ahora si estamos juntos y ya nada ni nadie nos va a separar- contestó un Terry ilusionado con la sola idea de que su Pecosa era solo de él
- me alegro por ustedes, pero dime, ¿cómo pasó todo tan rápido?- preguntó el rubio. Terry le contó a grandes rasgos como había sucedido todo, desde que llegó, hasta el momento en que salieron en busca del caballo.
En la habitación de Candy:
Ya estaba completamente lista, Albert no se había equivocado al momento de elegir el vestido, le quedaba perfecto, como si hubiera sido confeccionado exclusivamente para ella, usaba unos zapatos con un pequeño y discreto tacón, su cabello lo sujeto con una diadema con pequeñas piedras incrustadas, regalo de Annie, un poco de color a sus mejillas y a sus labios era el complemento para que se viera perfecta. Tomó su abrigo y echó un último vistazo al espejo, y le encantó lo que este reflejaba.
Salió de su habitación y bajó por las escaleras, encontró a Terry y a Albert parados al pie de la escalera, Terry quedó maravillado, su Pecosa se veía bellísima, tan natural y femenina, "soy el hombre más afortunado del mundo", pensó Terry. Cuando la joven tocó el último escalón Terry le ofreció su brazo, ella lo aceptó con una angelical sonrisa y comenzaron a caminar, olvidándose por completo de Albert. Este al darse cuenta que iba a ser un mal tercio durante la velada dudó en ir, pero quería ver lo que sucedía con aquellos tortolos. "que ellos no me vean, no quiere decir que yo tampoco los vea", pensó el rubio, y siguió a aquella pareja de enamorados.
CANDY
- veamos si está todo listo. La mesa está preparada, la comida, estará perfecta para cuando lleguen, el postre, vaya el postre está delicioso- pensó Zara probándolo- creo que será lo mejor de la velada.
Zara se veía muy linda con su vestido azul, por una extraña razón se había esmerado más de la cuenta en su arreglo, se sentía a gusto con su atuendo. Cuando se miraba en el espejo del tocador escuchó como un auto se estacionaba en la puerta del lugar. Salió rápido del tocador para ir por los invitados de su primo.
CANDY
"la cuna del amor", era el nombre del, restaurante; era un lugar grande con una planta alta y una terraza, abarcaba gran parte de la calle, en la que había algunos otros comercios con un estilo hogareño, todos llevaban el nombre de alguna familia o persona. Albert se sorprendió por el nombre del restaurante sin saber que guardaba una gran historia de amor.
Terry ayudó a Candy a bajar del auto, cuando una joven salió del establecimiento:
- buenas noches, pasen por favor- dijo amablemente dirigiéndolos al interior del lugar.
Terry le dio el paso a Candy y después a Albert, al final entró él y cerró la puerta.
- Candy, Albert, les presento a mi prima Zara. Zara ella es Candy y él Albert, mi mejor amigo-
El rubio no podía creer lo que veía, ella, era la misma mujer que había visto en la tienda, la mujer que lo cautivó con su belleza. Era la prima de Terry.
Candy se extrañó al escuchar a su novio ¿prima?- un placer, soy Candy- dijo extendiéndole la mano.
-Zara- contestó correspondiendo el saludo y fijo su mirada en Albert, que se había quedado totalmente paralizado. Cuando este reaccionó
- William Albert Andry- dijo tomando la mano de Zara y besándola como todo un caballero.
- encantada Sr. Andry-
- solo dígame Albert-
- entonces no me hables de usted, solo Zara por favor-
- de acuerdo Zara-
-bueno pues tomen asiento por favor- dijo señalando una mesa, adornada muy elegante. Los tres jóvenes siguieron las instrucciones y al llegar Terry ofreció el lugar a Candy y se sentó junto a ella. Albert hizo lo mismo con Zara pero esta amablemente lo rechazo ya que tenía que ver que todo estuviera listo para la cena.
-¿pero cómo?- preguntó Candy- ¿no vas a cenar con nosotros?
- si pero yo voy a servir la cena- contestó
- de ninguna manera, disculpen pero no puedo permitirlo- dijo Albert
- calma, yo le voy a ayudar- contestó Terry divertido por la actitud de Albert, no había duda que era un caballero.
- ¿qué?- preguntó Candy
- así es, esta es una cena privada y mi prima y yo los atenderemos como es debido- dicho esto Terry se levantó y fue por una botella de vino que ya estaba lista- pero quiten esas caras, lo que sucede es que quería estar a solas con ustedes, para pasar mejor la cena y Zara accedió a ayudarme- explicó Terry ante la cara de confusión de su novia y amigo-
- pues aclarado el asunto, disculpen iré por el primer platillo- dijo Zara dando media vuelta riendo interiormente por las expresiones de los comensales. Aunque después reaccionó y recordó a Albert. ¡era el mismo caballero de la tienda!
El primer platillo fue una deliciosa crema de espárragos, cocinada por Zara.- es deliciosa- pensó Albert.
El ambiente era muy agradable, los cuatro platicaban de todo, desde las travesuras de Candy hasta las de Terry, que eran muchas.
- ¿cómo se encontraron?- preguntó Albert- tu prima y tu- dijo dirigiéndose a Terry cuando esta había ido por el siguiente platillo, y el más importante, el postre.
- es una rara historia. Verán fue el cumpleaños de mi madre y organizó una fiesta en Nueva York, invitó a todos sus amigos, y claro a mi tío Eric, su esposa y a mi prima, yo llegué a la fiesta y no conocía a nadie, aunque todos me conocían a mí, así que aburrido me fui a sentar a un rincón de la casa y mi querida prima como no le gusta hacer nuevas amistades comenzó a platicar conmigo- narró Terry.
- pero la verdad fue que me aburrió, Terry no decía nada, solo si, no, claro, "aja", así que me fui a platicar con mi tía Eleonor y cuando estuvimos reunidos nos presentó, y me enteré de que el chico aburrido con el que intenté sostener una conversación era nada más y nada menos que el famoso y aburrido actor Terry Grandchester.- terminó de contar Zara cuando ponía sobre la mesa una tarta de fresa- espero disfruten del postre, creo que es la parte más importante de esta cena, ¿cierto Terry?
- sí- contestó este son un leve rubor en sus mejillas
-¿a qué te refieres?- preguntó Candy viendo la tarta que se veía deliciosa.
- ah, porque, TERRY LA PREPARÓ- contestó zara mientras partía un pedazo y los pasaba a Candy que estaba ansiosa por probarla.
- ¡¿en serio? Terry ¿tú la preparaste?- preguntó Candy
- algo así, aunque Zara hizo casi todo- dijo Terry
- jajaja
- cariño está deliciosa- dijo Candy besando la mejilla del sonrojado actor.
- ¿en serio te gustó?-
-claro que sí, está deliciosa, ¿cierto Albert?, ¿Albert?- preguntó al ver el lugar vacío.
CANDY
- Así que primos eh-
- sí, fue una gran sorpresa saberlo, y para mi papá también-
-¿son muy unidos cierto?
- así es, soy hija única y solo tengo a mis papas y ellos a mí, claro que también tenemos "la cuna del amor"
- ¿"la cuna del amor"?-
- es un nombre extraño para un simple restaurante, pero este lugar ha sido testigo de muchos acontecimientos-
-¿cuánto tiempo tiene este lugar?-
- mmm, 10 años, antes esto era un parque y cuando lo iban a destruir mis papás decidieron comprarlo, junto con otras personas a las que este lugar significa tanto.-
Albert quería saber aquella historia pero no se atrevía a preguntar hasta que Zara comenzó:
- este parque fue escenario de muchas historias, romances, peleas, reconciliaciones, incluso bodas, hace mucho tiempo, mis padres se conocieron aquí, aquí se hicieron novios, se comprometieron y mi mamá le dio la noticia a papá sobre mi nacimiento, yo di mis primeros pasos en este mismo lugar, así que tiene un valor muy especial para nosotros. Y como aquí nació el amor de mis queridos padres decidieron ponerle ese nombre al restaurante, los otros comercios también tienen su historia, como habrás notado todos tienen el nombre de alguna familia, persona o algo que para la gente que no conoce la historia del lugar es solo un nombre pero todo encierra grandes historias- contó Zara a Albert.
- vaya, pues sí que le queda bien el nombre, y encaja perfecto con Candy y Terry, ¿no?-
- sí, creo que sí, me alegra que se hayan reconciliado, creí que le iba a costar más trabajo a mi primo, pero ahora me doy cuenta que el amor lo puede todo- dijo zara suspirando.
- tienes razón, ahora dime, la tarta la hizo él-
- sí, me pidió que le enseñara a prepararla especialmente para ella, y debo decir que tiene un buen sazón- dijo riendo.
- sí, pero en lo personal me gustaron más los primeros platillos, ¿tú cocinaste?-
- si- contestó la chica sonrojada-
- "a los hombres se les conquista desde el estómago"- pensó Albert y la conversación que había tenido con Candy se hizo presente en su cabeza, "pero que estás pensando, una chica tan hermosa como ella debe tener novio, o incluso prometido"- ¿puedo pre…
- será mejor que entremos, ya los dejamos solos mucho tiempo- dijo Zara dejando a Albert a la mitad de su pregunta.
CANDY
- te amo, pecosa, te amo- decía Terry, mientras depositaba un beso en los labios de la rubia.
- yo también te amo, Terry, te amo- contestó correspondiendo el beso.
- Candy, dentro de una semana comienzan los ensayos para una nueva obra, ¿te gustaría pasar unos días en Nueva York?
- me encantaría, pero debo pedir permiso en el Hospital-
- no creo que sea problema, pero está bien, solo espero que no te pongan ningún pero- contestó el joven, ya que en verdad quería llevar a Candy con él.
- estoy segura de que darán permiso, no te preocupes, yo lo arreglo- dijo la rubia con una sonrisa traviesa- solo si me prometes algo-
- lo que quieras es tuyo-
- mmm. Está bien, lo que quiero es que me prepares otra tarta- dijo Candy probando una vez más aquel postre.
- tramposa, ahora me vas a tener de tu cocinero personal, fue mala idea, ya que te encantan los dulces- dijo besándola una vez más- pero acepto, por ti haré hasta lo imposible.
-¿se divierten?- preguntó Zara
- ¿Dónde estaban?- preguntó Candy cuando Albert llegó justo detrás de Zara-
- salimos a tomar un poco de aire fresco, la noche es hermosa, ¿verdad?- contestó él
- sí, la luna está divina, y las estrellas se ven hermosas- contestó la joven, que admiraba contemplar el cielo, algo en común que tenía con el jefe de los Andry.
En ese momento Candy bostezó
- será mejor que nos vayamos, si no Candy se quedará dormida aquí- dijo Albert, aunque él no quería irse.
Se escucharon las risas de tres personas, mientras Candy hacía una cara divertida de "enojo".
Cerraron el lugar y Zara se despidió de Albert, Terry y Candy
- ¿pero, cómo te vas a ir?- preguntó Candy
- ah no te preocupes mi padre me dejó el auto para poder irme-
- ¿quieres que te acompañe?- preguntó Terry
- no te preocupes Terry, no me pasará nada- contestó la chica despreocupada
- no me agrada la idea que una señorita esté sola en la noche, mejor te acompañamos hasta tu casa, y ya después nos iremos nosotros más tranquilos- propuso Albert-
- no quiero desviarlos de su camino, además tú mismo dijiste que Candy ya está cansada y supongo que mañana tendrá que trabajar.
- oh pero Albert tiene razón, además aun no estoy tan cansada, por favor déjanos acompañarte- pidió la joven enfermera, Terry secundó a su novia y con una mirada le dijo a su prima que aceptara-
- de acuerdo, vamos-
- perfecto, que te parece si dejamos aquí tu auto y te llevamos en el mío- ofreció Albert abriendo la puerta de su automóvil-
Zara solo asintió y se aseguró de dejar bien cerrado su auto, para después abordar el auto de Albert. Ella se sentó al frente y Terry y Candy atrás; pocas cuadras adelante zara volteó a ver a la pareja ya que se habían quedado callados, cuando los vio una sonrisa se dibujó en su rostro, Albert se dio cuenta y con la mirada le preguntó qué ocurría, ella le señalo la escena y al verla él también sonrió: ambos se habían quedado dormidos abrazados, Candy apoyada sobre el pecho de él, y Terry la abrazaba protegiéndola.
-aquí es- señaló Zara- gracias por traerme- Albert bajó del auto y corrió a abrirle la puerta
- espero que nos volvamos a ver- dijo él
- estoy segura que así será, en la fiesta de compromiso de esos dos, en la boda y en otros acontecimientos- contestó la chica. Giró a ver al interior del auto y con la mano se despidió de la pareja que había despertado.
- hasta pronto Zara- dijo el rubio besando la mano de la joven
- hasta pronto Albert-
