Cuando Emma entró al bar, la banda de Killian ya estaba tocando. Killian tocaba la guitarra, y era la voz principal del grupo. Por lo que había leído en la propaganda, él que estaba en la batería debía ser Robín y él que estaba en el bajo Will. Emma apreció la naturalidad de Killian al estar en el escenario, su talento al tocar el instrumento como si fuera lo más delicado e importante del mundo, y su hermoso tono de voz. Al terminar la canción, el público aplaudió entusiasmado. De repente la mirada de Killian la encontró a ella entre el público y una gran sonrisa se dibujo en sus labios.

- La siguiente canción es nueva, de hecho la escribí hoy, y me gustaría dedicársela a la mujer que la inspiro. Está canción se llama "Un extraño perfecto" y es para Emma. – Explicó él alegremente al público.

El corazón de Emma saltó de felicidad al escuchar que esa canción era para ella. Nunca nadie había tenido un gesto así de increíble con ella, y no sabía como sentirse al respecto. Los acordes de la guitarra llenaron el aire de magia, y Emma se perdió completamente en la música, la voz de Killian transportándola hacia lo más interno de su alma.

Are we alone? Forever finding our way home, or have we lost the skill to navigate this course? Still we try to keep ourselves alive, for reasons why others will get left behind. (¿Estamos solos? ¿Encontraremos siempre el camino de regreso a casa, o hemos perdido la capacidad de navegar nuestro curso? Aún así tratamos de seguir vivos, por razones por las que otros serían abandonados.)

Might have known you'd be my savior, when I'd fallen out of favor. Might have known you'd be my savior, you saved this perfect stranger. (Tal vez sabía que ibas a ser mi salvadora, cuando me caiga y todo esté en mi contra. Tal vez sabía que ibas a ser mi salvadora, haz salvado a este extraño perfecto.)

Who we are, all comes down to what we know. Who we become, surely time will tell us when to run or walk in the light. The warm just feels so right, the questions burns, and never know wich way to turn. (Lo que somos, se debe a lo que sabemos. En que nos convertiremos, el tiempo nos dirá cuando correr y cuando caminar hacia la luz. El calor se siente bien, las preguntas queman, y nunca sé que camino tomar.)

Al escuchar los aplausos de las demás personas, Emma volvió a la realidad. Sintió lágrimas caer de sus ojos, y sonrió uniéndose a los aplausos. Esa canción había sido para ella y había sido simplemente perfecta. Emma se quedo petrificada en su lugar, escuchando cada canción y sintiendo como se perdía cada vez un poco más en la maravillosa música. La voz de él llegaba a su alma como grandes rayos de luz, haciéndola sentir en paz. Su música se sentía como estar a salvo, como el lugar perfecto para aterrizar después un largo y doloroso camino. Cuando el show finalizó, Killian se bajó del escenario y fue a buscarla a ella.

- Viniste. – Dijo él con una sonrisa.

- Claro, te dije que iba a venir y lo hice – Asistió ella. – La canción fue perfecta, su música es perfecta. – Agregó sintiendo la necesidad de expresar lo que habían generado en ella.

- Gracias. – Agradeció él.

Al escuchar esas palabras, sintió que él no le estaba agradeciendo por el comentario halagador de su música, sino por el mismo motivo por el cual le había dedicado y escrito esa canción. De alguna manera ella había generado una impresión en él, un impacto. Había logrado inspirarlo, y quitarle algo de la soledad que había tan profunda en sus ojos. Una soledad que ambos compartían y habían visto reflejada en el otro al igual que en su propio ser. Y como él había hecho lo mismo con ella gracias a su música, ella quiso agradecerle de una manera especial. Algo en él la atraía y quería descubrir que era. Así que travesó el espacio que los separaba y unió sus labios en un beso. Ella nunca había sido buena dando esos primeros pasos, pero nunca en su vida había sentido la conexión que estaba sintiendo con él, así que no quiso perder la oportunidad. Él correspondió el beso con gran intensidad. Saborearon sus labios y sus lenguas, descubriéndose en cada pequeño contacto.

- Gracias a vos. – Dijo ella cuando se separaron porque necesitaban respirar.

- ¿Te gustaría ir a un lugar más privado? – Propuso él rozando su nariz contra la de ella.

- Si, me gustaría. – Respondió ella con sinceridad.

Había algo en ese hombre que le daba confianza. Ella tenía la necesidad de conocerlo, así que se iba a permitir hacerlo. Dejó que él la lleve en su camioneta hasta su hotel y la lleve a su habitación. Le preparó un trago y encendió la música. Emma se sorprendió al escuchar que había elegido un disco de Bob Dylan. Al parecer eso era otra cosa más que tenían en común.

- Buena elección de música. – Dijo ella aceptando el trago.

Se llevó el trago a la boca y comprobó que era ron con cola. Terminó el trago de una, y luego tomó el de él y también lo bebió todo, sin siquiera frenar a respirar. Estaba nerviosa, y creía que el alcohol la iba a ayudar a superar esa situación.

- Gracias, aunque no es mi trago favorito. – Dijo ella entregándole los dos vasos vacíos.

Killian dejó los dos vasos en la mesa de luz y se quito su campera para ponerse más cómodo. Emma caminó de un lado a otro de la habitación intentando calmarse. No sabía que esperar, ni que se suponía que debía pasar en ese tipo de situaciones. Ella había tenido cosas de una noche más de una vez cuando había estado en su época de tomar alcohol y drogas, pero con él quería que fuera distinto.

- ¿Entonces es así como funciona? ¿Pones música, me das un trago y luego me llevas a la cama? – Cuestionó ella.

- Si eso es lo que quieres. – Respondió él sentándose en el brazo del sillón.

- Estoy nerviosa. – Admitió ella. – Sé que quizás parecí confiada en el bar, pero no lo soy. Es solo que tu canción me hizo emocionar, y quise hacer lo que tenía ganas de hacer en ese momento, entonces te besé. – Explicó atropellando una palabra contra la otra. - ¿Qué? – Preguntó ella al ver que él la miraba con una sonrisa.

- Eres adorable. – Respondió él manteniendo su sonrisa.

- No, no soy adorable. – Negó ella y se rió ante la ironía de que él piense eso. – Soy dura y fría, y no te quisieras meter conmigo. – Dijo seriamente. – No digas que soy adorable, porque eso es lo que dicen los hombres cuando no quieren que pase nada. – Agregó algo irritada. – Sácate tu camisa. – Indicó.

- ¿Por qué? – Preguntó él, divertido ante la situación.

- Porque necesito que te la saques para poder dejar de pensar. – Respondió ella con sinceridad.

Él aceptó e hizo lo que ella pidió, se levantó del sillón y se quito su camisa, dejando a la vista todo su pecho y abdomen. Emma lo miró maravillada por unos instantes. Sus músculos estaban marcados, y tenía la cantidad de bello perfecto para lucir sexy pero no asqueroso.

- ¿Realmente? – Preguntó ella enojada. - ¡Eres como ver una fotografía photoshopeada! – Se quejó y le tocó los músculos para comprobar que fueran reales.

- Tus manos están frías. – Protestó él. – Ahora quítate tu la remera. – Dijo, una vez que ella dejo de tocarlo al estar conforme.

- No, no puedo competir con eso. – Negó ella sacudiendo su cabeza y señalando los músculos de él.

- Vamos, es lo justo, yo ya me quite la mía. – Justificó él.

Emma sabía que él tenía razón, así que finalmente optó por quitarse ella también su remera, quedando con su corpiño color negro. Él la miró fascinado por unos segundos, prestando atención en sus moretones y lastimaduras generadas por la caminata. Ella pudo leer en sus expresiones que él tampoco tenía idea de cómo seguir con eso. La canción favorita de Emma sonó, interrumpiendo sus pensamientos. Inevitablemente se puso a cantar. Él la miró con una sonrisa ante su reacción, se unió al canto y también la sacó a bailar. Bailaron alrededor de toda la habitación en completa sintonía con la música y con ellos mismas. Emma jamás se había imaginado que bailar con otra persona podía ser tan sencillo, pero él le demostró lo contrario haciendo que parezca que era algo que venían haciendo durante todas sus vidas.

De un momento a otro, como si habría una fuerza de atracción que los uniera, se encontraron besándose apasionadamente. Se besaron con desesperación, hasta que cayeron a la cama y empezaron a recorrer el cuerpo del otro. Emma nunca había sido buena en eso de tener intimidad, de dejarse tocar y acariciar, pero él le daba confianza. Sin embargo, antes quería sacarse una duda que había quedado rondando en su cabeza.

- ¿Por qué me dedicaste esa canción? – Preguntó ella separándose de él para dejar de besarse.

- Porque tú la inspiraste. – Respondió él. – Hace tiempo que venía en una mala racha. No podía concentrarme en mi música porque rompieron mi corazón. Pero cuanto te vi, no sé, simplemente sucedió. Sentí una conexión, pude ver mi dolor reflejado en tu mirada, y eso generó que escriba la canción. – Explicó el al notar que ella necesitaba y quería saber sus motivos.

- Yo también sentí una conexión. – Coincidió ella.

- ¿Qué hay de tus moretones? – Preguntó él con curiosidad.

- Estoy haciendo el Camino a Santiago de Compostela, así que supongo que estás son las consecuencias. – Respondió ella.

- ¿Sola? – Preguntó él y ella asistió. – Eso es increíble, debe ser una gran experiencia para hacer solo. Yo las dos veces que lo hice fue con amigos, así que es distinto. – Comentó.

Una cosa llevo a la otra, y así pasaron toda la noche hablando. Él le contó sobre su vida en Irlanda, y ella le contó sobre su vida en Estados Unidos. Él le contó sobre la muerte de su hermano, y ella le contó sobre su experiencia en el sistema de adopciones. Él le contó sobre sus padres, y ella le contó sobre Ingrid. Él le contó sobre Milah y su engaño al enterarse que ella estaba casada; y ella le contó sobre Neal y su traición al dejarla en prisión y la perdida de su embarazo. Él le contó sobre su banda, y ella le contó sobre Ruby y August. Así que pasaron una noche llena de un tipo de intimidad distinta a la que pensaban, pasaron la noche desnudando sus almas y dejando salir hacia fuera sus experiencias de vida. Cuando se despertaron en los brazos del otro y comprobaron que nada había pasado entre ellos, ambos se encontraron sorprendentemente conformes y felices.

- ¿Quieres ir a desayunar antes de seguir tu camino? – Ofreció él.

- De hecho voy a seguir el camino mañana, hoy me gustaría dedicarme a conocer la Ciudad de León. – Informó ella, sin responder su pregunta.

- ¿Entonces, qué tal si vamos a desayunar y luego te llevo a recorrer esta hermosa Ciudad? – Preguntó él con una sonrisa.

- Me parece una gran idea. – Asistió ella devolviéndole la sonrisa.

Pasaron todo el día recorriendo la pequeña Ciudad. Primero fueron a la catedral de Santa María. Quedaron maravillados con su estilo gótico, y sus dos torres, una con campana y la otra con reloj. Segundo fueron a la Basílica de San Isidoro. Visitaron su panteón Real y su museo. Hicieron una pausa para almorzar, y después continuaron el recorrido. Fueron a la Casa Botines de Gaudí. Por último fueron a al MUSAC (Museo Arte Contemporáneo de Castilla y León), donde disfrutaron de observar la gran cantidad de obras y exposiciones.

A la noche tuvieron una cita. Fueron a cenar al Barrio Húmedo, donde degustaron distintas tapas y sopas; y continuaron conociéndose. Esa noche volvieron a pasarla juntos en su habitación de hotel, pero esa vez la pasaron descubriendo sus cuerpos, y desafiando los límites de la física al intentar unirse y convertirse en uno solo. Emma nunca se había sentido tan conectada con alguien a la hora de tener relaciones, y sentía que él correspondía sus sentimientos. Él la había hecho sentir especial, y… amada. ¿Cómo era posible que un extraño la haga sentir mejor que cualquier persona y la conozca mejor que nadie? Emma no sé atrevía a pensar en todo lo que significaba lo que acababa de suceder, porque no estaba lista para admitir el amor en su vida, y menos en tan poco tiempo. Así que, se acurrucó en los brazos de él y dejó que el sueño la invada lentamente.

Al otro día se levantaron al amanecer. Desayunaron algo rápido, y cuando Emma tuvo todo listo para irse Killian la acompañó hasta las afueras de la Ciudad. Caminaron tomados de la mano hasta llegar al límite de la ruta, donde Emma iba a continuar su caminata hacia santiago.

- Suerte con el final de la gira. – Le deseó ella, sus dos manos juntas.

- Suerte con tu caminata. – Le deseó él. – Espero que puedas obtener de ella lo que buscabas. – Agregó, y soltó una de sus manos para poder acariciarle una de sus mejillas.

- Gracias. – Agradeció ella. – Bueno, ve, no me gustan las despedidas. – Dijo ella apartándose de su lado y secando tímidamente las lágrimas que habían empezado a caer de sus ojos.

- Emma, sé que te va a costar creerme y te va a sonar ridículo, pero me enamoré completamente de vos. – Confesó él mirándola intensamente a los ojos. – Sé que cada uno tiene que continuar con sus cosas, con sus vidas... Pero si cuando terminas el camino a Santiago, seguís sin saber a donde ir y te sentís lista para darle una oportunidad a lo nuestro, ven a buscarme a Irlanda. – Dijo con convicción, y le dio una tarjeta con la dirección del bar que tenía con sus amigos de la banda en Dublín.

- Bien. – Aceptó ella agarrando la tarjeta. – Que nos volvamos a ver Killian. – Dijo ella algo esperanzada.

- Hasta siempre Emma. – Dijo él.

Killian se acercó a ella, y le dio un pequeño beso en los labios de despedida. Emma se aferró a él e intensificó el beso, necesitando sentir todo lo que le generaba aunque sea una última vez. En ese beso supo perfectamente que él era la persona adecuada para ella, porque cuando estaban juntos podía hacer que el mundo se detenga. Cuando se separaron para respirar, él murmuro un pequeño adiós y le dio un beso en la frente. Emma lo miró irse hasta que desapareció de su vista. Pasó su lengua por sus labios para intentar guardar el gusto de él en la memoria de su alma. Una vez que se sintió lista para seguir, fue al poste de los peregrinos y escribió:

"Las personas se enamoran de manera misteriosa, y encuentran el amor en los lugares más inesperados."

Emma.