Éste es un capítulo con muy poco Finchel lo cual es raro en mi fic jaja. Es que también me gustan otras parejas y no quiero dejarlas atrás :) Gracias a los que leen y a los que dejan reviews, serán devuletos en sus fics :) Saludos Gleeks!
DISCLAIMER: Ni Glee ni sus personajes me pertenecen.
Quinn escuchó que tocaban la puerta de su casa y, como su mamá había salido, no tuvo otra opción que apagar la televisión e ir a abrirla. Así se encontró cara a cara con su ex novio.
- Finn. – fue lo único que pudo decir totalmente sorprendida.
- Hola Quinn, ¿estás ocupada?
- N...no. – tartamudeó. - ¿Te puedo ayudar en algo?
- ¿Damos un paseo? – sugirió él esforzándose por sonreír.
- Claro. – aceptó ella cerrando la puerta con llave.
Así avanzaron hasta la calle para comenzar a caminar sin rumbo alguno. Quinn notaba en el rostro de su amigo que algo andaba mal.
- Finn, ¿está todo bien?
Finn negó con la cabeza antes de contestar.
- Justo cuando las cosas volvían a ponerse bien entre Rachel y yo, lo arruiné todo.
- Pero, ¿qué pasó? – preguntó intrigada pero sin detener su paso.
- Anoche la llevé a cenar. Todo iba perfecto como lo tenía pensado hasta que me empezó a hablar de mi amistad con Puck. – explicó pronunciando con disgusto ese nombre.
- Entiendo. – afirmó Quinn asintiendo. - ¿Terminaron? – preguntó con la intención de hacerlo de manera sutil.
- Sí Quinn, y por mi culpa esta vez. – aceptó arrepentido.
Ella lo rodeó con un brazo por sus hombros. No le fue muy fácil dada la singular altura del muchacho.
- Tranquilo Finn. Estoy segura que en seguida van a hacer las paces. Ustedes siempre terminan juntos.
- Puede que tengas razón, pero lo que me pone mal es que puede que no.
Los chicos se sentaron en un banquito que había en la vereda a la sombra de un árbol.
- ¿Puedo decirte mi opinión? – preguntó ella con una dulce sonrisa. – La perdonaste muy rápido.
Finn había sido contagiado por aquella sonrisa al escuchar las palabras de Quinn. Posiblemente ella estaba en lo cierto.
- Ya se que no soy la más indicada para aconsejarte sobre este tema. Yo también me mandé mi parte en su momento, y de una manera más grave. Lo que quiero decir es que por más que lo de ella haya sido un insignificante beso con Puck, sigue siendo un beso. Siguen siendo cuernos.
- Es verdad, pero no se como explicarte sin que te ofendas. Cuando me enteré de tu mentira me sentí horriblemente mal. Pero no fue tanto el hecho de que me hayas metido los cuernos. Lo que más me dolió fue haber querido y hasta ansiado ser papá para nada. En cambio con Rachel, no pude entender como alguien que me amaba tanto pudo haber actuado como lo hizo.
- ¿Vos me amabas, Finn? – cuestionó ella con una mirada que rogaba honestidad.
- Más vale Quinn, ¿cómo podés preguntarme algo así?
- ¿Tanto como a Rachel?
No hubo respuesta a esa interrogación más que un sofocante silencio. Ella lo entendió perfectamente, era un sí. Lo sabía desde antes pero sólo quería corroborarlo. No le importó demasiado pues ella ahora estaba más que enamorada de Sam, pero los sentimientos por Finn no habían desaparecido tan fácilmente.
- ¿Vos me amabas tanto como a Sam?
- Sí. – aquella respuesta tomó a Finn por sorpresa. – Por supuesto que ahora ya no, pero antes sí. Muchísimo.
- Quinn yo...
- Está bien Finn, de todos modos yo fui la que arruinó todo. Primero en principal por haber empezado a salir con vos sólo porque eras el mariscal del equipo de futbol. Y después por... ya sabés.
- Si salías conmigo por conveniencia, ¿entonces cómo te enamoraste?
- Pasando tiempo con vos, conociendo la persona que eras por dentro. Viendo tu lado artístico en el Club Glee. Cada día un poco más.
- Yo también te quise mucho. Tal vez no tanto como a Rachel, pero lo hice. Y te sigo queriendo como amiga.
Quinn abrazó a su ex con ternura. Se sentía bien a su lado, acompañada. Era mutuo el placer de tenerse como amigos.
- Ahora lo que tendrías que hacer es darle un tiempo a Rachel. – sugirió la rubia. – Cuando sean conscientes los dos de cuánto se necesitan va a ser el momento de seguir adelante.
Finn asintió sonriente. Tal vez un tiempo soltero no le vendría mal. Y más ahora, sabiendo que tenía amigos con quién pasar el rato. No estaba solo.
- Y en cuanto a Puck... - continuó Quinn – Sí, seguro ya estás harto de escuchar su nombre ¿no? – dijo riendo. – Creo que deberías perdonarlo. ¿No lo extrañás?
- Extraño a mi amigo. No al chico que dejó embarazada a mi primera novia y se besó con la segunda.
- Deteniéndola después para no fallarte de nuevo. – corrigió Quinn.
- Eso también es cierto pero igual, ¿cómo se yo que no lo va a hacer más?
- A veces necesitamos simplemente confiar un poquito. No le viene mal a nadie. El te quiere y lo aceptés o no, vos también a él.
- Sí Quinn, lo quiero. Fue mi mejor amigo casi toda la vida. Pero es que...
- Sabés que no hay peros. Es hora de que le des una segunda oportunidad.
- Tercera.
- Bueno tercera. Yo se que él la va a aprovechar. Atrás de esa personalidad mujeriega, es un buen chico.
- Está bien, voy a hablar con él.
- Gracias por hacerme caso.
El joven dibujó nuevamente esa media sonrisa en su rostro. Siguiente paso, ir a la casa de Puck. ¡Esperen! El estaba en la de Rachel. No sería demasiado oportuno ir allá. Finn se despidió de Quinn y simplemente regresó a su casa. Estar un rato solo jugando videojuegos, era lo que tenía ganas de hacer en ese momento.
Quinn, por su lado, decidió volver a su hogar y cuando llegó se encontró a su actual novio en la puerta. Apenas lo vio ella sonrió naturalmente.
- ¡Sam!
- Hola hermosa. – saludó el rubio acercándosele para luego darle un dulce beso. - ¿Dónde estabas?
- Salí a dar un paseo. ¿Hace mucho estás acá?
- No, hace un ratito nomás. ¿Te fuiste solita?
- No... con Finn. – respondió con timidez.
- Oh... ¿está todo bien?
- Sí que se yo... problemas con Rachel.
- No me sorprende. – sostuvo él con gracia.
- Creeme, a mi tampoco. – rió.
- Ey, ¿vamos a almorzar a McDonalds?
- ¡Dale! Esperame que paso a buscar plata.
- Tranquila, yo invito.
- ¿Seguro?
- Más vale. Es una cita. – dijo él guiñando un ojo.
- Mmm... eso me gusta. – afirmó ella con simpatía.
Sam le abrió la puerta de su auto, la del acompañante. Quinn se sentó y antes de que él la cierre, agarró a su novio por el cuello para besarlo con pasión. Los chicos se dirigieron al patio de comidas, conversando en el camino. Estaban muy enamorados y eran lo más parecido a una pareja perfecta.
Luego de ver una maratón de al menos cinco capítulos de Friends, Rachel apagó el televisor.
- ¡Ey! ¿No más tele? – preguntó Puck haciendo un gesto de puchero.
- Creo que es hora de hacer algo más productivo. – sugirió la morocha entre risas. – Como almorzar por ejemplo.
- ¿McDonalds?
- ¿Tu auto?
- ¿Pagás vos?
Ella hizo una mueca ante las palabras de Puck.
- Te estaba jodiendo, yo invito. – aclaró el muchacho.
En esta ocasión Rachel sólo sonrió satisfecha, tomó su campera y abrió la puerta de su casa para salir. El joven la siguió y ambos se subieron a su auto en dirección (y sin saberlo) al mismo destino que Quinn y Sam.
Buscando alguna mesa libre en el McDonalds de Lima, los cuatro se cruzaron.
- ¡Quinn! – exclamó Puck sorprendido. Esa chica todavía lo tenía loco.
- Hola Puck, Rachel. – saludó la rubia. - ¿Qué los trae acá?
- Almorzar, ¿qué más? – contestó Rachel con gracia. - ¿Ustedes?
- Lo mismo. – replicó Sam con su casi permanente sonrisa. - ¿Vamos Quinnie?
- ¡Esperen! – los detuvo Puck. - ¿Por qué no almorzamos los cuatro juntos?
Aquella sugerencia traía más que las ganas de pasar tiempo con amigos. Él sabía que no iba a soportar tener a la pareja mimándose. Se iba a morir de celos como siempre que los veía juntos. Prefería entonces estar en la misma mesa para tenerlos en la mira.
- Estamos bien, gracias. –pronunció el rubio disgustado con la idea.
- Sam no seas tan antipático, - lo retó Quinn con dulzura. - ¿por qué no?
- ¿Vos querés? – preguntó el extrañado antes de que su novia asienta. – Eh... entonces mesa para cuatro.
La verdad el habría querido estar a solas con ella. Además, no le agradaba mucho que si no iba a ser así, lo sea con el chico que la dejó embarazada. Pero los deseos de Quinn eran órdenes para Sam. Tenía una obsesiva necesidad de complacerla. La amaba muchísimo y no la quería perder por nada en el mundo.
Luego de obtener sus pedidos, los chicos se ubicaron en una mesa cercana. Quinn y Sam lado a lado en un asiento, con Puck y Rachel en el de enfrente.
- El lunes es la final de los intercolegiales. – dijo el rubio. - No nos vas a defraudar, ¿verdad Rachel?
- Voy a hacer lo que pueda. – prometió ella simpática.
- Estuviste genial el martes, seguro el lunes también. – la animó Puck.
- Aparte vamos a contar con las Cheerios, y la capitana más hermosa. – sostuvo el rubio dándole un beso en la mano a su novia.
Puck observaba aquella escena con los ojos ardiéndole. ¿Por qué no podía estar en el lugar de Sam? ¿Acaso ser el chico malo que era antes era lo que le gustaba a Quinn? Al parecer estaba perdiendo sus dones, tenía que hacer algo cuanto antes. Miró a Rachel envuelto en estos pensamientos. Un año atrás hubiera sido su peor pesadilla lo que vivía. ¿El mejor amigo de Rachel Berry? ¿No obtener ni una mirada departe de la chica que le gustaba?
- Quinn, ¿estás enojada conmigo? – preguntó.
- ¿Yo? No Puck, ¿por qué?
- Nada. – respondió negando con la cabeza.
Quinn permaneció mirándolo por unos instantes. Él tenía un punto, prácticamente ya no se hablaban. Antes ella había logrado ver el lado bueno de Puck. Pero aún así seguía siendo un mujeriego. No podría haber criado a su hija y por eso no se la quedó. Pero seguía siendo un amigo, y le tenía mucho cariño. Quizás lo correcto sería hablarlo con él. En otro momento, a solas.
- Hacen muy linda pareja. – observó Rachel. - ¿Cuánto tiempo llevan juntos?
- Gracias, cuatro meses. – contestó Sam. - ¿Vos y Finn?
Cuando el rubio formuló aquella pregunta había olvidado por completo lo que Quinn le había dicho antes de venir. Finchel había terminado nuevamente y él como estúpido preguntaba cuánto tiempo llevaban juntos. Rachel abrió la boca con la intención de decir algo pero no pudo.
- Ellos cortaron. – anunció Puck interrumpiendo el silencio.
Quinn desvió sus ojos, que apuntaban al morocho, hacia su novio. Le dirigió una mirada de "te lo dije" que Sam no tardó en comprender.
- Perdón, no tenía idea. – mintió.
- Está bien, no te preocupes. – sostuvo Rachel. – Noah, ¿nos vamos?
- ¿Ya? –cuestionó sorprendido. – Yo quería quedarme un rato más...
- Tengo que volver antes de que mis papás se preocupen. No les avisé que venía.
- Mandales un mensaje. – sugirió Puck.
- No tengo crédito.
- Te presto.
- Noah, en serio quiero irme.
- Pedite un taxi entonces.
Rachel fulminó al muchacho con la mirada. ¿Qué le pasaba? Hasta hace un rato habían disfrutado un rato juntos pasándolo genial.
- Chau chicos, los veo el lunes. – se despidió ella retirándose.
Quinn y Sam mantuvieron miradas cómplices cuando ella se fue. Se sentían algo incómodos presenciando aquella situación.
- Bueno, nosotros también nos vamos. – avisó el rubio.
- Eh Sam... yo me vuelvo sola. Me gustaría mirar algunas vidrieras. – sostuvo Quinn.
- Te acompaño. – sugirió él.
- No está bien. Sabés que me gusta hacer estas cosas sola.
Una vez más, el joven no pudo resistirse a la necesidad de complacerla. Le dio la mano a Puck para despedirse y un beso a su novia. De esta manera, quedaron Quinn y Puck completamente solos.
- ¿Vidrieras? ¿En serio se la creyó? – preguntó éste entre carcajadas. - Qué inocente.
- Callate idiota, es mi novio del que hablás.
- Ya lo se, justamente.
- Mirá, me quedé acá para que hablemos. Si vas a seguir así todavía puedo alcanzar a Sam.
- Está bien, me voy a portar bien. – prometió.
- Bueno, quiero saber por qué pensabas que estaba enojada con vos.
- Porque me dejaste tirado en un pozo. Ya no te importo.
- Nada que ver. Ahora estoy saliendo con Sam, pero eso no significa que ya no te quiera.
- ¿Me querés? – cuestionó sorprendido.
- Qué pregunta tonta, por supuesto que sí.
- Yo también Quinn... Es más, te amo. – se declaró con total sinceridad.
Ella no sabía qué decir. ¿Por casualidad alguien había escuchado aquello? Noah Puckerman enamorado. De un amor no correspondido lamentablemente.
- No me mires así. – pidió él. – Ya se que estás con Sam y debés odiarme por decírtelo recién ahora. Pero deberías haberlo sospechado...
- No es eso Puck, es un gesto muy tierno de tu parte que me lo digas. No te voy a mentir, yo igual tengo sentimientos por vos. Pero el problema es que no son lo suficientemente fuertes como para elegirte en vez de a Sam.
- ¿Por qué? Él mismo lo dijo, llevan sólo cuatro meses.
- El amor no pasa por cuánto tiempo conocés a una persona Puck. Deberías saberlo.
- Está bien, no tenía esperanzas tampoco.
- Puck...
- ¿Qué?
Ella se levantó de su asiento ubicándose a su lado. En vez de responderle con palabras lo hizo acercándosele suavemente. Tomó su mentón y cubrió su boca con los labios. Ella sólo deseaba darle un beso simple y tierno. Pero Puck no podía darle ese lujo, la agarró por los cabellos e insertó su lengua en la boca de la rubia. Quinn no se resistió, él todavía tenía esos encantos. Así estuvieron jugueteando con sus lenguas apasionadamente por varios minutos hasta que necesitaron respirar.
- Ésto no está bien. – pronunció ella a borbotones.
Él sin embargo no la dejó detenerse y volvió a besarla. No había caso, la química que compartían era invencible.
- Vamos a mi casa. – sugirió él mordiéndole el cuello.
- Sí claro... – dijo con sarcasmo.
- ¡Dale! Yo se que te morís de ganas.
- Muy lejos, vamos al baño.
- Wow, no te esperaba así. Y eso me encanta.
- Aprovechá ahora antes de que me arrepienta. – dijo ella con dificultad para respirar pese a los besos de Puck.
Así corrieron al baño público de hombres. Quinn activó la cerradura en la puerta y miró al muchacho antes de continuar. ¡Qué guapo era!
