¿Por qué me molesto? ¿Y si de verdad no es ella? Espera un momento, ¿qué más da que sea ella? Joder. Aún sigo hundido entre mis manos, evitando mirar hacia cualquier lado. Mi boca está volviendo a sufrir la alta presión provocada por el incremento de fuerza que estoy ejerciendo con ambas mandíbulas contra ellas mismas. Algo ruge en mi interior, algo me pide que me levante del asiento y salga corriendo tras Zabini. Pero, ¿por qué debería hacerlo? Como ya dije antes, no hay peligro con ella, no tengo por qué tener la necesidad de verla y controlarla. No hay por qué considerar más contacto con ella. Gozo de cosas más importantes que hacer en vez de esta auténtica paparrucha. Pero ese rugido va creciendo de manera incontrolable dentro de mi. Como cuando un gas se escapa de un recipiente y se va expandiendo por la atmósfera libremente, sin impedimentos. Avanza hasta mis cuatro articulaciones y las empieza a mover a su voluntad -contra la mía, claro está-. No tarda mucho en hacerse con la movilidad de mis piernas y me obliga a levantarme patosamente. Mi pecho no para de subir y bajar de forma notoria, inhalando y exhalando fuertemente. Estoy sintiendo una impotencia mucho más grande que la que suelo tener comúnmente. La gente de mi alrededor se me queda mirando con cara extrañada y sus miradas me pican. Quiero gritarles que qué miran, mas esta fuerza misteriosa no me deja.

Quiero expulsarlo fuera de mi y volver a controlar mis actos, pero antes de que pueda darme cuenta e intentarlo, ya estoy persiguiendo al imbécil de mi amigo. Voy medio corriendo y, furioso, apretando los puños. Sigo el camino que él esta trazando delante de mí, aunque va un tanto más rápido. Se dirige hacia las mazmorras, o sea, indirectamente, hacia la sala común de Slytherin. Sus movimientos cada vez son más extraños -aun más que los míos, que ya es mucho decir porque a veces me tropiezo con mis propios pies de lo descoordinadas que van mis piernas- pero él no parece inmutarse de su estado. Cuando llega, abre la puerta y entra en la sala. Yo tardo unos segundos más en hacer lo mismo y cuando entro, la escena que me encuentro es un tanto... degradante. Pero no para mi, sino para Zabini.

Éste se encuentra medio llorando, con la rodilla hincada en el suelo, mientras se encuentra cantándole de una forma horrible a...a... a Astoria. Al final, si era ella, maldita sea. ESPERA. Qué digo, pero si me da igual. Céntrate Draco.

-¡Oh! Pero qué preciosa eres. Tu cabello me recuerda a las cosas más bellas que he llegado a ver en mi corta vida-canturrea moviendo los brazos tontamente sobre su cabeza e intenta coger una de las manos de Astoria que, supongo, es para besársela.

La tiene totalmente acorralada en una de las paredes y, sin éxito, intenta apartarse de él. Se la nota angustiada y avergonzada por la escena que está viviendo. Sus manos se mueven en contra de los agarres de Zabini. Yo, al contrario que ella, siento una ira irracional. Mi respiración se vuelve aun más profunda y fuerte. Cojo la varita sin pensármelo dos veces y me acerco hacia ellos. Malditas hormonas, malditos cambios de humor. ¿Queréis dejarme tranquilo? Esto no debería molestarme para nada. ¿Por qué si lo está haciendo?

-¡Pasemos el resto de nuestra vida juntos!-proclama el idiotizado. Astoria niega fuertemente con la cabeza y pega más su cuerpo contra la pared, intentando sacar el mayor espacio posible entre ellos dos.

Una biblioteca de hechizos se abre paso por mi mente y mientras éstas van rotando como una ruleta de la suerte. Espero a ver cual es el encantamiento ganador y el más adecuado para este momento. Empieza a ralentizarse sobre Crucio -si, se que es un tanto excesivo, pero la ira que tengo ahora me obliga a pensar en él a sabiendas de las consecuencias-, luego pasa sobre Desmaius -que bueno, este es mucho menos fuerte que el anterior- pero no se para en éste, porque básicamente busco hacerle algo de daño. Al final se para sobre Rictusempra. No es muy fuerte -aunque si es más que el anterior-, pero si lo hago bien podré estamparlo contra la pared, que es lo que más ganas tengo de hacer ahora. Por fin, mis piernas, si que se mueven por mi propia voluntad. Alzo la varita con valentía y enfado, luego, medio grito el hechizo.

-Rictusempra-y lanzo a Zabini contra la pared que tiene a su derecha. Me quedo aturdido en el sitio analizando lo que acaba de pasar. Todo ha salido como había pensado pero mi voz, mi voz ha sonado mucho más grave y profunda de lo que es normalmente, llamándome la atención. Es como si hubiera salido de lo más profundo de mis entrañas.

Astoria se me queda mirando con los ojos abiertos como platos mientras empuja aun más su cuerpo contra la piedra. Gira su cabeza hacia un lado asustada y cierra los ojos con fuerza. Espera, se cree que... ¿Se cree que le voy a atacar también a ella? Una gran risa acaba con el silencio sepultador que se había formado en cuanto formulé el hechizo. No puedo evitarlo, ¿cómo voy a atacar a alguien que hace nada ha salvado mi vida? Aunque no lo reconozca, le debo algo de respeto.

-Que te hace tanta gracia-rechista ella molesta por el sonido que emana de mi boca. Abre los ojos y los dirige hacia mi cargados de odio. Vaya, que rápido cambia de estado. Pero... otra vez su esmeralda mirada no, NO.

Rápidamente evito el contacto visual y voy hacia Zabini, que se encuentra tirado en el suelo inconsciente. Puede, solo puede, que me haya pasado un poco, pero no me digáis que no se lo merecía. Actuando de esa manera tan alocada y amelosada. Le agarro por uno de sus brazos y me lo llevo a mis hombros para cargar con su cuerpo. Luego, me giro hacia ella y le respondo sosamente.

-Simplemente me haces gracia, Greengrass- y dicho esto, llevo a éste hombre hacia un sofá y lo tumbo. Un aplauso, por favor. Derrochando amabilidad por todos mis poros.

Hasta ahora, no he experimentado un silencio tan incómodo como el que se está dando ahora mismo. Acabo de "salvar" a alguien sin esperar nada a cambio, o diciéndolo de otra forma, por mi propia voluntad. Creo que Astoria no es la única asombrada ante esto. Pero no puedo dejar que piense eso.

-Ya te he devuelto el favor, por lo que ya no me debes nada-digo sin mirarla a la cara mientras azoto uno de las mejillas de Zabini para hacer que vuelva en si. Su presencia me incomoda, me produce una especie de picazón por todo mi cuerpo el cual ni aun rascando se va.-De nada.

-Me lo suponía-concluye y sale disparada hacia las habitaciones femeninas algo molesta. ¿He dicho ya que no puedo renegar mis malos hábitos sociales? Ya le dije en su momento que no le iba a dar las gracias y, por consecuencia, las de nadas.

Sigo azotando la cara de Zabini esperando una respuesta en él, mas no lo hace ni cuando le doy una bien fuerte. Cansado, me siento en el lado del sofá donde están sus pies y me hecho contra el respaldo. Mis ojos lentamente se van cerrando, estoy perdiendo toda la energía que hacía un momento movía casi todo mi cuerpo como un poseso. Intento mantener mi cabeza levantada apoyándola sobre una de las manos, pero al final acaba cediendo y un leve latigazo por mi cuello me hace despertar de mi estado de somnolencia. Eso y que alguien está ante mi en una pose un tanto provocadora. Me estimularía si no fuera porque el cuerpo que veo es el de Pansy Parkinson. Tiene una enorme sonrisa, como la de una triunfadora y en cuanto ve que me he desvelado se abalanza contra mi. Lo que me faltaba. Un grito se ahoga en mi garganta.

-Hola amor-grita con su espantosa voz mientras me ahoga entre sus pechos. Sé que lo hace a posta, para "intentar seducirme" de alguna manera, aunque ésta sea la más desesperada que he visto en mi vida. Su peso me hunde en el sofá y me hace morir del asco.

Después de removerse un rato encima mío y notar que mi cuerpo no se mueve ni un milímetro, se quita de encima y me deja, por fin, respirar. Lo único, ÚNICO, bueno que puedo decir de ella, es que no huele tan mal, mas eso no lo sabrá ella en la vida. ¿Más razones para que me siga acosando? UN RÁBANO. Ella se estira la ropa y remueve su pelo para "ponérselo mejor". Esta mujer está tramando algo, aunque no sé muy bien el qué.

-Nos vemos esta noche, cariño-dice tan campante y sale pegando saltitos de la sala hacia los dormitorios femeninos. Su pelo, recogido en una coleta, empieza a danzar por el aire y a hacer una especie de hélice.

Decir que mi cara ahora mismo es un cuadro es quedarse muy corto. ¿Por qué iba yo a ver a esta indeseada ésta misma noche? No tiene sentido. ¿Qué está tramando en su asquerosa y retorcida cabeza? Miedo me da. De verdad, vosotros no habéis tratado con ella, por vuestra fortuna.

Quitando este percance, afortunadamente, hoy no tengo clases por la tarde por lo que voy a dedicar la mayoría de horas de luz a seguir trabajando con mi querido armario evanescente y a olvidar lo que ha pasado. Dejo a Zabini en el sofá y que se despierte cuando tenga que hacerlo. Me queda aun mucho cometido que realizar antes de que pueda hacer pruebas para ver si lo he reparado bien o no. Pero quiero terminar ya. Seguro que cuando lo haga sentiré un gran alivio el cual me llevará un deseado relax infinito -o eso quiero creer-.

Paso toda la tarde y parte de la noche en la Sala de los Menesteres. Si, debería haber ido a cenar. Pero cuando era la hora, no tuve sentimiento alguno de dejar lo que estaba haciendo. Además, no quiero tener un posible contacto con la loca de mi acosadora. A parte, he estado tan metido en el intrincado armario que cada una de mis necesidades se han visto atenuadas enormemente. No es hasta que salgo, sobre las 10 de la noche, cuando me golpean todas ellas a la vez. Hecho a correr hacia el cuarto de baño -sin llamar mucho la atención porque ya ha sido el toque de queda- ya que mi vejiga está a punto de estallar. Luego me pego una buena ducha -aunque para mi gusto muy corta-. He avanzado bastante con el maldito armario, pero aun me queda más de un 70% por reparar. Creo que me llevará un par de semanas o más terminar de repararlo.

Antes de llegar a mi habitación todo está en completo silencio. Pero mi barriga decide romperlo para ronronear por comida. Todos, menos yo seguro, otra vez, están durmiendo. He de confesar que entré con un poco de miedo a la sala común por si me estaba esperando la rácana de Pansy. Cuando vi que estaba desértico, la crucé con una gran sonrisa en la boca. No he podido olvidar sus asquerosas palabras "Nos vemos esta noche". Esta mujer creo que ya ha perdido el último tornillo que la dejaba medio cuerda. Por fin, llego a mi dormitorio y me tumbo rápidamente sobre mi ya desecha cama.

Contra todo pronóstico, ésta mañana he olvidado hacerla. Me estoy dejando ir demasiado. Draco, ¡por Salazar! Céntrate en lo importante y deja las memeces que ocupan casi toda tu mente a un lado. Desganado, me quito la túnica como puedo y la tiro al suelo. "Mañana lo recojo" pienso. Mas cuando cae, oigo como hace un ruido más fuerte del que debería haber hecho. MIERDA, EL RELOJ. Levanto mi cuerpo apresuradamente y recojo la túnica del suelo con cuidado. Luego, con el corazón encogido, inspecciono el bolsillo donde guardo el reloj, mas cuando lo toco noto que éste no está solo. Hay algo más metido en el bolsillo, aunque yo no recuerde haber puesto nada más en él. Saco sin más dilación ambos objetos y primero me centro en el estado del reloj. Cuando me cercioro que no le ha pasado nada, paso al segundo objeto que, sin duda, no reconozco al primer golpe de vista.

Es un pequeño frasco de color negro cristalino sin etiqueta alguna y con un líquido dentro. Se parece a las pociones que hago yo para mantenerme decente de puertas para fuera, aunque por dentro esté hecho un desastre. ¿Puede ser una de ellas? Abro el pequeño frasco e inhalo para saber a qué huele. El olor me embriaga y me tienta a beberlo. Luego lo alejo de mi y me quedo mirándolo desde lejos. Su parecido a los que yo hago es muy grande y, a decir verdad, necesito tomarme ya otro porque los efectos del últimos se están desvaneciendo ya. Al final, lo dejo sobre la mesa de noche y me tumbo en la cama para quitarme la ropa y ponerme el pijama con desdén. Luego, una vez ya preparado para dormir, me bebo todo el contenido del bote sin remordimiento alguno. Al final, caigo rendido sobre la cama, o eso creo.

A la mañana siguiente un tortazo en la cara me despierta de mi preciado sueño. Abro los ojos lentamente, acostumbrándome a la poca claridad que brindan las habitaciones de Slytherin y me desperezo. De eso de que cuando estiro, un brazo es cuando caigo en la cuenta de que no estoy solo. Hay algo o alguien -un tanto pesado- a mi lado. Asustado salto sobre la cama y me siento sobre ella. Su dureza y el tacto de las sábanas... puedo decir con firmeza que no es la mía. Lentamente giro mi cabeza hacia el lado donde está el bulto y, tapada con sábanas hasta casi la nariz, encuentro el rostro de Pansy.

-Hija de puta-digo furioso a la vez que confuso.-Hija de puta-repito, aunque esta vez con aun más odio y entonces es cuando todos los recuerdos de la noche en la que yo creía que dormía plácidamente sobre mi cama, vienen a mi mente y la inunda en una gran inmundicia pestilente.

"Poseído por una fuerza extraña sobre todo mi cuerpo, me levanto de la cama ansioso por llegar a un lugar que aun no consigo entender por qué. Mi corazón quema y no se atenúa hasta que pongo rumbo hacia mi nuevo destino. Los silenciosos pasos que doy me llevan hasta nada más y nada menos que la habitación de la persona que menos deseo estar a su lado. Pero no se porqué, mi cuerpo quiere estar aquí, e indirectamente, yo también.

Es una extraña adicción la que siento ahora. Es como si la necesitara cerca mío, para siempre. Se que no lo deseo, no quiero que sea así, pero algo intenta decirme que sí lo es. Mi cuerpo entra solo a la habitación sin llamar y se dirige hacia la cama de Pansy. ¿No es ahora cuando te deben atacar las mariposas tu endeble estómago? Yo solo estoy experimentando una especie de necesidad, pero no hay reacción alguna en mi cuerpo -que yo note-. Algo me empuja a entrar en su cama, a abrir sus sábanas y a meterme dentro, con ella.

-Has tardado, querido-dice ansiosa de mi. Su voz me incita a querer arrimarme más a ella, a besarle la nuca y a acariciar su espalda como si fuera lo más preciado que he tenido nunca entre mis manos.

-Habíamos quedado esta noche, a ninguna hora en concreto-dice mi boca antes de volverse a pegar contra su piel. El calor que emana ésta hace que contraiga mis labios y la muerda con deseo.

Ella me dedica un leve gemido ante mi acto y me aprisiona con sus enorme brazos entre, de nuevo, sus pechos. Pero esta vez no reacciono como esta tarde. Ahora me gusta estar entre ellos. Cojo uno con cada mano y los masajeo lentamente mientras me agacho para lamer uno de ellos. Su cuerpo se mueve como la cola de una lagartija que acaba de ser cortada y hago todo lo posible por no hacerle daño. Pero cuando veo que no para, no me deja opción a ser un completo bruto. Mi cuerpo necesita el suyo como un humano necesita aire para respirar y seguir viviendo.

Me subo encima suyo, entre sus piernas, y vuelvo a hundir de nuevo mi cabeza entre sus senos para morderlos violentamente. La reacción que crea esto en su cuerpo es de más pasión y sigue con sus incontrolables movimientos. Después de un par de mordidas más, los aprieto con ambas manos para hacerle algo de daño y desesperado, le quito la parte de arriba. Cabe decir que ella ya estaba preparada, pues el sujetador brilla por su ausencia y la ropa que lleva es de encaje. Ella, al ver mi enorme iniciativa, baja por completo sus pantalones y los tira fuera de la cama con entusiasmo.

-Ahora tú-me pide con voz picarona. Sonrío ladinamente ante la propuesta y, como si fuera un reto, me arranco la parte superior del pijama -rompiendo un par de botones por ello- y lo tiro también fuera de la cama.

En cuanto mi pecho queda completamente desnudo, las manos de Pansy van deseosas hacia él. Se le nota las tremendas ganas que tiene -y siempre ha tenido- de hacerlo. Apenas podemos vernos el uno al otro, pero sabemos perfectamente dónde estamos. Rápidamente sigo con mi cometido y me quito los pantalones y calzones sin mayor espera, tirándolos fuera también. Asombrado me quedo cuando me doy cuenta de que mi miembro está completamente erecto. ¿Qué cojones? Incluso me duele por la cantidad de sangre que se está acumulando en él. Las manos de Pansy siguen acariciando mi torso desnudo, hasta que empiezan a bajar hasta mi pene. Una especie de corriente eléctrica atraviesa toda mi entrepierna, provocando que ésta se mueva. Ella sigue bajando y bajando, hasta que me agarra la erección con ambas manos.

-Deja que te ayude con esto-dice con la voz casi apagada mientras se remueve entre las sábanas para levantarse. Yo estoy de rodillas sobre la cama y ella, supongo, se pone a cuatro patas cerca mío.

Y sin esperármelo, experimento como mi miembro se empapa de algo pegajoso y caliente hasta la mitad más o menos. Llevo una de mis manos hacia esa zona y mientras más palpo, más me doy cuenta de que es la cabeza de Pansy. Sí, me la está chupando. Después de habérsela metido en la boca, empieza a mover su cabeza hacia adelante y atrás para estimularme, y vaya que si lo hace. Más corrientes eléctricas empiezan a inundarme por completo. Primero no salen de mi entrepierna, mas luego se extienden por todo mi cuerpo poniéndome en completa tensión. Se siente mil veces mejor que cuando se lo hace uno mismo con la mano. Al final, mi mano se eleva sola y se engancha sobre el pelo de ésta para agarrarlo con fuerza y para ayudarle en sus movimientos.

-Para o me...-digo con un pequeño gemido, mordiéndome la mano para no soltarlo. Sé que estoy diciendo lo contrario a lo que quiero y demuestro, pero soy así. Además tengo la sensación que algo va a explotar ahí abajo.

Mas no para, ni un segundo, sino que hace todo lo contrario. Aumenta la velocidad con su boca y -si mal no distingo- a estimularme la punta con su lengua. Maldita sea, joder. NO. Sin embargo, no puedo hacer nada en contra de ello. Toda la tensión explosiona en una lluvia blanca sobre la boca de Pansy y ésta, algo desagradable, se lo traga. Mas aunque me haya resultado desagradable, eso hace que me entren más ganas de empotrarla contra la cabecera de la cama. Con un empujón, la hecho hacia atrás, sin importarme si se da contra la pared o algo, y agarro sus piernas para introducirle mi aun erecto miembro en su interior.

-Hazlo, Draco-gime ella mientras agarra mi espalda y tira de mi cuerpo hacia ella para que le penetre.-Hazlo ya, por favor-suplica moviendo sus caderas sobre mi erección.

Y yo, siguiendo sus deseos, lo hago. Su entrepierna está totalmente húmeda y sin mayor problema, mi miembro consigue entrar en su interior. Ésta vez, aunque me acabo de ir, siento como las corrientes que antes azotaban mi pene, se vuelven como bombas atómicas que bombardean cada nervio de éste y lo estimulan hasta el infinito. A los pocos segundos pierdo totalmente la cabeza y acabo embistiendo a Pansy con todas mis fueras. Como si fuera una fiera. Noto como los húmedos pelos se pegan sobre mi cara y cómo las gotas de sudor me crean una especie de cosquillas sobre mi cuello y hombros.

Aun sin tener apenas experiencia en estos temas, mi cuerpo se mueve como un loco encima del cuerpo inmóvil de mi presa. Me siento poderoso, me siento genial y quiero seguir haciéndoselo. Me agacho para besarle el cuello de nuevo a ella, aunque puede que se me escape un mordisco que otro en cada beso que le doy. Sus gemidos se van intensificando a medida que mis embestidas van siendo más fuertes y profundas, hasta que sus manos se posan sobre mi espalda y la arañan con todas sus fuerzas. Eso arranca un gruñido en mi interior que sale despedido por mi boca y hace que acabe, aunque no dentro de ella. Al menos puedo dar gracias de que algo de cordura me queda.

Ella termina también casi a la misma vez que yo y gime por última vez entre sollozos. Luego, caigo rendido a la cama. Las hormonas consiguen hacer de las suyas, pues sumergen mi cuerpo en una especie de nuevo sueño. Lo último que consigo escuchar es un "te quiero" de ella."

Después de haber recordado todo lo que había pasado no hace muchas horas me lanzo sobre ella y agarro su cuello con ambas manos. Está desnuda, al igual que yo. Sus pechos danzan amorfos mientras intenta zafarse de mi intento por asesinarla. Sé perfectamente lo que me ha hecho y yo he sido tan idiota de caer en su trampa.

Que puta suerte tiene está imbécil de que no sea capaz de matar a nadie. Sino, os juro por que soy un Malfoy, que me la hubiera cargado con mis simples y majestuosamente malvadas manos.

-Hija de puta, muere- vuelvo a repetir, aunque aflojo el agarre que he hecho sobre su cuello.

Ella intenta gritar y patalea sus piernas contra mi cuerpo. Cuando veo que está demasiado cansada de luchar, la suelto completamente, cojo mi ropa y salgo corriendo del lugar del crimen -vistiéndome por el camino-. Me acaban de robar algo muy importante para mi. Mi pureza. Y no se lo voy a perdonar por nada del mundo.

Has muerto para mi, aunque ya andabas medio moribunda antes de esto.