Hola lectores! Siento muchísimo no haber podido actualizar en estos dos meses de verano, pero el trabajo me ha tenido absorbida hasta ahora, que por fin vuelvo a tener tiempo libre!
Antes quiero dar MIL GRACIAS por sus comentarios a: Tomoe, Kendall, Guest, Kath, anaisescalona12, Guest, MeiHyuga, Kagome, Julchen, Yukiona, Bichoyaoi, Karlicm. Os quiero.
Disfrutad de la lectura!
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Capítulo 7
Donde las mentiras se vuelven realidades
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Tomando aire y exhalándolo finalmente el rubio se paró frente a las puertas acristaladas del taller y observó su reflejo. Para tener noventa y ocho años, no se veía nada mal.
Suspirando, se permitió una ligera sonrisa resignada. Realmente era un vejestorio, como decía Tony cuando se burlaba de él, pero aunque su edad real fuera la que era, apenas tenía veintinueve; y para tener el suero del supersoldado corriendo por sus venas, había líneas de preocupación en sus ojos y ojeras bajo sus parpados, purpuras pálidas, si, pero allí estaban. No debería ser posible que arrugas o imperfecciones mancharan su cuerpo… pero sucedió. Y eso se debía a las preocupaciones que lo atenazaban y no lo dejaban tener paz en su corazón.
Ya no soportaba más aquella situación horrible, lo estaba desgarrando por dentro. Se sentía romperse, como si de un lado estuviera el flacucho Steve Rogers moralmente intachable de antes del suero mirándolo con desaprobación, y del otro el duro Steve que trabajaba para Shield, mirándolo con negación; mientras que frente a él estaba Tony, con lágrimas corriendo por sus mejillas y una expresión dolida en el rostro, y a su espalda estuviera Peter, angustiado y herido… y todos tiraran de él por los cuatro costados, rompiéndolo en mil pedazos.
Él no era un mentiroso, y ya eran muchas las mentiras que guardaba en su pecho, pesándole como una losa en su conciencia y sobre todo… en su alma. Le había dado al chico tres días de plazo para decirle la verdad a su padre, y sabía que Peter no le traicionaría, hablaría con su padre a pesar de las consecuencias que eso le traería; pero aún así le dolía. Le dolía por múltiples razones. La integridad del equipo, que se desestabilizaría sin dudarlo, las discusiones, las palabras que serían dichas y el daño que se harían unos a otros… pero no.
La primera y primordial, era la propia seguridad de Peter. No soportaba pensar que en casi cinco meses habría podido estar en peligro mortal tantas veces que habría perdido la cuenta; y todo sin que nadie lo supiera. ¿Qué hubiera pasado si una de esas veces, algo hubiera salido mal y Peter hubiera muerto? allí tendido en la noche, solo y sin la ayuda de nadie, por guardarse ese secreto.
Le daban escalofríos solo de imaginarlo.
La segunda y mas importante era saber el dolor que le iba a causar a Tony. Lo sabía. Lo sabía bien… y sabía que no había vuelta atrás, el daño ya estaba hecho; se hizo en el momento se enteró de la verdad de Peter y decidió encubrirlo. Únicamente le quedaba esperar el golpe que habría de llegar, pues en menos de dos días Tony lo sabría y ya nada volvería a ser como ahora era. Lo peor de todo era que, además, él sabía que Buck había asesinado a Howard y María, y tampoco se lo había contado. Era un miserable, lo era con todas las letras, y así se sentía.
Apoyó la frente contra la puerta, los ojos cerrados y las manos apoyadas sobre el cristal, lamentándose internamente. No quería que nada cambiara, no ahora que había encauzado por fin el lio de sentimientos que guardaba en su interior respecto al moreno, y saber que esa frágil estabilidad que había alcanzado se iba a desmoronar… ¿Cuánto más tenía que perder?
Estaba tan sumido en sus cavilaciones que cuando un toque en el cristal en el que se apoyaba sonó, alzó la cabeza sorprendido, parpadeando para despejarse.
—Cap —saludó Tony desde el otro lado.
Steve entonces sonrió, abriendo la puerta y entrando en la estancia, cerrándola con cuidado tras de sí.
—Me alegro de verte, Tony —devolvió el saludo Steve.
Y así era, mas de lo que admitiría. Incluso allí encerrado en su taller, manchado de una sustancia plateada y con las manos enguantadas y las gafas de soldar sobre la cabeza, el moreno se veía impresionante. No podía creer como se notaba su ausencia en la Torre cuando no estaba; pero era abrumador. No se escuchaba su música ruidosa, ni el aroma a café a cada rato, ni las tazas y vasos desparramados por todas partes, ni los papeles con notas y formulas… ni su voz hablando con Friday o los robots, destilando sarcasmo y cabezonería.
Si, sin duda lo había extrañado.
—Si, yo también —asintió el genio.
—¿Ha ido todo bien en el viaje? —preguntó el rubio de forma casual—, ¿lograsteis el acuerdo?
—Si, la firma ha ido bien, todo tal como lo habíamos planeado —confirmó, asintiendo.
—¿Entonces por qué pareces agotado? —inquirió Steve.
La pregunta pareció tomarlo desprevenido, pues aunque respondió enseguida y con naturalidad, evitó el contacto visual, no quiso mirarlo a la cara, dándole la espalda mientras se quitaba las gafas.
—Jet lag, ya sabes, lo normal —evadió el moreno quitándose también los guantes.
—¿Jet lag? —repitió incrédulo— ¿jet lag, Iron man? ¿el hombre que puede atravesar el atlántico en minutos? ¿en serio, Tony, no tenías una excusa mejor? —resopló el rubio negando con la cabeza—. ¿Qué te preocupa? si todo ha ido bien con Industrias Stark ha debido pasar algo más…
—No, no es nada, estoy cansado, de verdad —contradijo el moreno, intentando cambiar de tema—. ¿Ha ido bien todo con Peter por aquí?
Y ahora fue su turno de tragar saliva y callar, enfrentándose mentalmente al dilema que lo carcomía desde que supo la verdad. No. No podía vender a Peter a la primera de cambio. Le daría el tiempo que le prometió que tendría, así que no pudo más que cerrar los puños con fuerza y mentir.
—Si… bien —respondió finalmente Steve frunciendo los labios sin añadir nada, críptico, para sorpresa del genio.
—¿Steve? —dudó Tony, preocupado.
—Debes hablar con Peter, Tony, cuanto antes —respondió sencillamente el rubio.
—Por qué ¿acaso sabes algo que yo no? —inquirió el genio, receloso.
—Hazme caso, Tony.
Se produjo un silencio tranquilo entonces, en el que ninguno añadió nada, roto únicamente por los ruidos que emitía Dum-E al ir de un lado para otro. Ambos parecían sumidos en sus pensamientos, Steve estoicamente callado y decidido a no traicionar a Peter, y Tony intentando analizar el extraño comportamiento del rubio a su lado.
—Parece que hay un elefante en la habitación —suspiró el moreno al cabo de un rato, frunciendo los labios resignado, aguantando una sonrisa.
—Eso parece —sonrió débilmente el soldado.
—Corramos un tupido velo… y pasemos a algo menos deprimente por el momento —finalizó entonces Tony.
—¿De qué hablas?
Y como si esperara esa pregunta, Tony sonrió pagado de si mismo acercándose a la mesa de trabajo en la que había estado antes, abriendo un cajón y cadando algo de él, girándose entonces para mirar a Steve evaluativamente, sopesando la situación y asintiendo para si mismo después, dejando a Steve mas confundido que al principio.
—Remángate la camisa, vamos —pidió el moreno.
—¿Qué? —rio Steve.
—Las mangas, súbetelas —señaló Tony como si fuera obvio.
El rubio no sabía si se trataba de una broma o no, pero al ver que Tony se mantenía firme y expectante, decidió hacerle caso, a ver que salía de todo aquello. Con cuidado desabrochó los dos botones que había en la parte baja de su camisa azul celeste y se las remangó hasta los codos, dejando los antebrazos libres, mirando al genio después.
—¿Así, o necesitas más? —dudó el soldado.
—Está bien —asintió Tony sin mirarlo.
Entonces, como si estuviera muy seguro de algo, Tony se acercó y le tomó el brazo izquierdo, alzándoselo hasta dejarlo extendido, colocándole una extraña pulsera de metal plateado sobre la muñeca, de la que salía una agarradera que enganchó con su dedo medio, formando un anillo sobre la palma, que nada mas ser colocado emitió un tenue brillo blanco. Los ojos azules del rubio se agrandaron al ver el extraño artilugio, dudando.
—¿Qué es esto? —preguntó sorprendido.
—Flexiona el puño —dijo Tony.
Steve le miró extrañado, pero al ver que titubeaba Tony asintió, animándolo a hacerlo. Y cual fue su sorpresa al descubrir que la parte brillante a pesar de ser luminosa no era incorpórea, sino que parecía solida, y al flexionar y cerrar el puño y pulsarla, activaba algo más. Entonces, de la pulsera comenzaron a salir unas diminutas bolitas plateadas que comenzaron a recorrer su brazo, subiendo y subiendo como si lo absorvieran, sobresaltando al rubio, que retrocedió dos pasos ligeramente alarmado.
El genio sonrió divertido al ver la reacción del soldado, como si la esperara, observando como efectivamente las nano-particulas iban tomando la forma del cuerpo de Steve hasta que lo envolvieron por completo, en menos un minuto, si sus cálculos fueron correctos.
Y así fue.
Ahora estaba cubierto por un traje completa y totalmente nuevo, mas rápido, resistente, seguro, aerodinamico y atractivo; diseñado por él mismo. Un nuevo traje de Capitán Ámerica.
—Tony esto es... dios… es increíble, nunca he visto nada parecido —dijo Steve finalmente, cuando pudo reaccionar.
—Ni lo verás —sonrió orgulloso el moreno—, es tecnología de nano partículas inteligentes, está a años luz de cualquier cosa —explicó—. Llevo semanas trabajando en ello, se acoplan a tu cuerpo como una armadura, pero más ligeras que una segunda piel… cuando me pediste que mejorara tu traje lo tuve claro. Obedecerán tus pensamientos sin necesidad de que lleves el traje puesto.
Steve aún no daba crédito a lo que veía, a como se veía… era increíble. El color era azul índigo, mas oscuro que el habitual, mas oscuro que el uniforme que usaba en Shield, incluso. La estrella era elegante y pulcra, y las líneas blancas y rojas habían desaparecido, en favor de detalles en marrón, negro y blanco. Era sencillamente increíble. Tenía el aspecto de un traje clásico, renovado y moderno… pero era a su vez una armadura, que se amoldaba a él, a su gusto personal y estilo.
—Cristo, Tony, yo… no puedo aceptarlo, no lo merezco —suspiró el rubio bajando la cabeza y apartando la mirada.
—Vamos Rogers, no me hagas pedirte que te lo quedes —dijo Tony—, es un regalo.
Steve no respondió a pesar de que había mil cosas que quería decirle, pues se sintió abrumado, así que tragó saliva con la boca repentinamente seca, acercándose hasta cruzar la distancia que lo separaba del moreno; que apoyado contra la mesa de trabajo estaba atrapado entre esta, y Steve.
—Tony…
Y como si la irracionalidad hubiera ganado un pulso contra su autocontrol, el rubio alzó la mano para acariciar la mejilla manchada del genio, eliminando la mancha con el pulgar, sus rostros casi rozándose. Steve no pudo contenerse más, sabiendo que pronto perdería cualquier oportunidad, debía al menos saber lo que sentiría ahora que aún podía. Cerró los ojos y rozó con su nariz la de Tony, que aún lo estaba mirando, mas quieto y calmado de lo que Steve lo había visto nunca.
—Creo que es hora de admitir que hace mucho que cruzamos esa línea —susurró el moreno—, no juegues conmigo Steve, no podría soportarlo.
—Y tú no hagas que sueñe con lo que luego vas a arrebatarme —dijo el rubio igualmente en voz baja, finalmente abriendo los ojos y clavando sus iris azul celestes en los suyos.
Por una vez Tony se quedó sin palabras, mirándolo interrogante y haciendo que Steve le sonriera, bajando la mano de su mejilla hacia su pecho, posándola sobre su reactor, alzando la otra mano hasta su cintura para acercarlo, haciendo que ahora si definitivamente y sin remisión sus cuerpos se tocaran sin espacio entre ambos. Entonces Steve levantó la mano, liberando un poco de luz.
—Tu corazón…
Y lo inevitable sucedió. Steve cerró de nuevo sus ojos y cortó la distancia entre ellos, posando sus labios sobre los del moreno, que como si lo hubiera estado esperando devolvió el beso; que pausado al inicio fue creciendo lentamente en intensidad a medida que exploraban y conocían el uno los labios del otro. Y Steve lo confirmó en ese momento, lo que ya había hace tiempo averiguado, que finalmente había encontrado a la pareja adecuada.
Tony se dejó llevar por fin, alzando los brazos para rodear su amplia espalda mientras el rubio recorría con la lengua su boca; sin embargo, antes de que pudiera llegar conocer más, fueron interrumpidos.
—Señor, creo que debería ver esto —interrumpió Friday.
Se separaron rompiendo el beso y el moreno rodó los ojos exasperado, pero Steve solo sonrió, sin liberarlo de entre sus brazos.
—Ya puede ser bueno, Fri… —se quejó Tony con el ceño fruncido.
Entonces un gran holograma apareció ante ellos, mostrando una escena insólita, que dejó a Tony boquiabierto y a Steve con el corazón apretado.
Era la NBC emitiendo en directo señal urgente, en la que se mostraba lo alto del edificio Empire State, donde se encontraba una figura alada peleando contra Spider-man. Y eso no era lo peor, sino que parecía que había problemas, pues había humo y se escuchaban gritos.
Y entonces todo hizo "click" en su cabeza. Le vino como un mazazo la resolución, alejando a Steve de un manotazo y empujándolo lejos de si, llevándose ambas manos a la cabeza, recordando.
¡¿Cómo había podido ser tan estúpido?!
¡Tan ciego!
"Spider-man hizo algo que dejo a Tony muy sorprendido, alzó un brazo y apunto a un edificio, y un fluido salió por arte de magia de su mano, creando una especie de red entre la pared del edificio y el del siguiente, lanzando sobre ella a varios de los heridos, acercándose después a la parte baja del autobús, sacando de allí a un hombre de pelo negro rizado y gafas que gritó al ser lanzado y puesto a salvo al fin.
—¡Conozco a ese tío! ¡es del Midtown! —exclamó de pronto el genio al verle—, ¿cómo se llama Herrelson… Harrison?
—Está bien, tú ganas —aceptó la pelirroja suspirando—. ¿De qué estás hablando?
—¡Harrington!
—¿Quién? —dudó ella confundida, mirando también la televisión.
—Ese tipo de la tele, el que acaba de ser rescatado por Spider-man, es uno de los profesores de Peter, estoy seguro."
¡Lo había tenido delante de él! ¡hasta había usado sus habilidades para rescatar a gente que conocía, de su instituto, y quien sabía a cuantos más!
"Se dio cuenta de que los ojos de la máscara debían reflectar las emociones del usuario que la llevaba, fuera sorpresa, sospecha, tristeza, alegría… moviéndose y haciéndose mas pequeñas o grandes según lo que sentía. Y eso, eso no era algo que cualquiera pudiera hacer. Esa era una tecnología complicada, mucho mas que la que un aficionado pudiera construir en su garaje."
¡Dios, tan ciego, había estado tan ciego! ¡hasta había usado las cosas de su taller para disfrazarse, santisimo Dios!
"En la amplia pantalla que había en una de las paredes del restaurante, estaban saliendo las noticias, y de nuevo Spider-man salía en la primera plana. Ese tipo estaba descontrolado, actuando cuando y como le venía en gana… debía averiguar quién era cuanto antes. Miró a Peter para ver que hacía y comprobó que su hijo igualmente estaba mirando las noticias, con una expresión de sorpresa brillando en su rostro, los palillos parados a medio camino entre su boca y el plato.
—Hablando de héroes —inquirió Tony entonces—. ¿Qué opinas de ese?
—¿De… de Spider-man? —dudó Peter tragando saliva—, ¿qué que opino de él?
Y él moreno sencillamente asintió, bebiendo de su vaso mientras miraba las imágenes en la televisión.
—Pues es, es un hombre —comenzó el chico, temblando internamente, rezando por mantener la compostura—, es un hombre genial, y eso esta ¿bien?"
Comenzó a faltarle el aire… a medida que más y más pistas iban encajando. Lo había tenido delante de sus narices y el amor de padre le había cegado. Unicamente ahora lo veía claro.
—Fíjate en él, Pepper —respondió Tony pausando la reproducción y poniéndolo en cámara lenta, señalando al héroe arácnido—, ¿no te suena de nada?
La pelirroja prestó atención a lo que hacía, viendo como el héroe alzaba los brazos en un gesto de victoria y daba un salto tras haber derribado a un tipo armado con granadas y armas explosivas.
—Está contento —afirmó Pepper—, ¿qué pasa con eso?
Ante lo que Tony la miró incrédulo, rebobinando y poniéndolo otra vez.
—¿En serio no lo ves? —dijo Tony incrédulo, señalándolo con el índice—, yo he visto eso antes, estoy seguro… creo que Spider-man es alguien del Midtown, Pepper, sé que Peter lo conoce. Es eso lo que me está ocultando, ya no tengo duda al respecto.
Respirando con dificultad, el genio se sujetó a la mesa para no perder el equilibrio, pues no podía perder el control de su mismo en ese instante, no en ese puto momento en el que su hijo estaba ahí fuera enfrentándose a un loco y jugándose la vida.
Peter no había estado encubriendo a Spider-man. Peter era Spider-man.
—Oh no… —murmuró Steve.
Y como si el suave susurro de Steve hubiera sido una llamada a voz en grito, Tony lo supo. Peter no había podido hacer eso él solo, había tenido ayuda.
Entonces, como si quisiera que le diera un infarto, el helicóptero de las noticias se acercó más, dejando ver la escena, en la que se veía a la figura alada sosteniendo algo a su espalda, y a Peter colgando de una repisa, gritándole que no hiciera nada. Pues si, efectivamente aquella era la voz de Peter Stark, su hijo. Y en ese mismo instante su corazón se rompió, agachó la cabeza con la mandíbula tensa, y sintió como sus ojos se llenaron de lágrimas, por lo que habló sin querer siquiera mirar al hombre que aún estaba a su lado, sin tocarlo, gracias al empujón que había dado para separarlos.
—¿Lo sabias? —inquirió con el corazón aún sangrando, a pesar de que sabía la respuesta, intentando conservar la esperanza.
Steve dudó, respondiendo sin dejar de mirarlo como si se fuera a deshacer allí mismo.
—Tony… —comenzó, pero el moreno cortó la frase antes de que comenzara.
—No me jodas —cortó irritado y dolido a la vez—, la respuesta es simple, Steve ¿sabías esto si o no?
—Si.
Silencio. Se produjo entonces un sepulcral silencio, que finalmente y angustiado, el rubio rompió.
—Me enteré hace menos de una semana, lo descubrí por casualidad —comenzó a explicar Steve—, no tenía ni idea de que Peter…
—No me interesan tus excusas, Rogers —interrumpió Tony, sin mirarlo—. Te acabo de abrir mi puto corazón pidiéndote que no me hagas daño y no has tardado ni diez minutos en hacerlo. Felicidades Capitán, has batido un récord.
Y Steve intentó acercarse a él y tratar de explicárselo, tratar de aliviar el dolor que sabía que estaba sintiendo… pero Tony se alejó, interponiendo su brazo extendido entre él y el otro.
—No, Tony, no lo hagas, no conviertas este malentendido en algo más —negó Steve intentando acercarse, pero Tony se alejó más aún.
—Vete a la mierda, debiste decírmelo en cuanto lo supiste —cortó de nuevo, dirigiéndose hacia la salida e ignorándolo—. Friday, despliega la 52.
—Hecho, jefe —asintió ella con voz triste.
Y mientras la armadura de Iron Man se iba acoplando a su cuerpo, Tony caminaba hacia la posición de salida, comenzando a desplegar sus repulsores echó a volar deteniéndose en el último minuto al oír la voz de Steven Rogers deteniéndolo.
—No cometas una locura, Tony —exclamó Steve agitado.
—Tu puedes hacer lo que quieras —respondió Iron man inmutable—, yo voy a salvar a mi hijo.
Y salió volando.
Steve suspiró, aún con su traje nuevo puesto, corriendo hacia el garaje para subir en su motocicleta a ayudar a Peter y Tony, directo al centro del desastre.
Horas antes
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—Buenos días, Friday —saludó la pelirroja con una sonrisa.
—Buenos días, señorita Potts —devolvió el saludo la inteligencia—, si busca al jefe, debo señalar que no se encuentra en la Torre.
Eso pareció descolocar a la mujer, que alzó las cejas sorprendida, suspirando finalmente mientras posaba su maletín de trabajo en el pulido suelo de cristal de la entrada, dirigiendo sus pasos hacia el interior de la casa.
—¿Sabes cuando volverá? —inquirió la pelirroja—, ¿dónde está, a todo esto?
—El señor Stark ha salido temprano por la mañana en dirección a Macy's —aclaró Friday—, sin embargo, sus datos de ubicación me muestran que ahora se encuentra en The coffee shop.
Pepper entonces rodó los ojos, dirigiéndose a la cocina, deteniendo sus manos en la puerta mientras hablaba.
—No lo esperaré entonces —suspiró Pepper para si misma, dejándole saber sus planes a Friday, abriendo y entrando—, Tony es como un niño hiperactivo por el azúcar, si está en The coffee shop estará perdido entre muffins y capuccinos; será mejor que…
—Hey, tía Pep —saludó una conocida voz desde adentro, interrumpiendo sus pensamientos.
La pelirroja sonrió tiernamente acercándose al joven, con sus tacones resonando en el brillante suelo de cerámica blanca, depositando un beso sobre el cabello castaño ondulado del chico; dejando la mano derecha sobre el hombro de Peter le devolvió el saludo cariñosamente.
—Buenos días, cielo, ¿cómo va todo? —saludó ella—, ¿está yendo bien tu mañana? —sonrió divertida—, veo que tu padre te ha dejado solo… ¿aburrido?
Sin embargo Peter no se rio de la pequeña insinuación sobre la adolescencia como ella esperaba, sino que torció el gesto en una expresión que a Pepper le denotó una clara preocupación. Se parecía demasiado a su padre en sus gestos como para siquiera tratar de ocultarlo, y menos a ella, que prácticamente lo había criado.
—Peter… —dudó la mujer, preocupándose, dejando de sonreír—; cariño, ¿estás bien?
Y el aludido parpadeó un par de veces antes de finalmente reaccionar, sonriendo falsamente.
—Eh, si, si, tía Pep, lo siento es solo que… tengo mucho en la cabeza —respondió el chico.
—Oh, tus exámenes, ¿verdad? —aventuró ella entonces, ignorando la realidad que Peter escondía—, las medias finales siempre nos hacen enfrentarnos a decisiones difíciles, ¿no es así?
—Si… algo así —dijo Peter, desviando la mirada.
Irónica elección de palabras, se dijo el chico mentalmente mientras fruncía ligeramente el labio. Decisiones difíciles… si tan solo ella supiera.
Pepper entonces se apiadó de él, notando como el cuenco con cereales estaba a rebosar, sin tocar, con los Cheerios derritiéndose sobre la fresca y blanca superficie de la leche. Estaba claro que Peter no tenía hambre de cereales, sosteniendo la cuchara en la mano pero sin moverla de su sitio. Si como él decía tenía muchas cosas en la cabeza, ella sabía como subir ese animo y darle un empujón de energía; no por nada conocía mejor que nadie los vicios del muchacho, después de haberlo llevado desde niño a decenas de sitios por toda la ciudad.
Quería a ese chiquillo como a un hijo, y haría lo que estuviera en su mano para animarlo.
Finalmente no tuvo que pensarlo más, dejó que la mano que reposaba sobre el hombro del chico subiera hacia su rebelde cabello castaño, acariciándoselo mientras le alzaba el mentón con la otra, haciendo que clavara sus ojos achocolatados de cachorro en los suyos, de un pálido azul.
—Arriba ese ánimo —sonrió ella—, ya sé qué haremos.
—¿Qué…? pero si estoy bien, tía Pepper, de verdad no hace falta que… —dudó Peter entonces, confundido.
Pero Pepper no pasaría por allí, los autoconvencimientos Stark estaban mas que controlados, eran su especialidad, dicho fuera de paso. Alejándose de Peter finalmente la pelirroja se alisó la falda y puso las manos sobre las caderas, haciendo que el chico la mirara, esperando.
—Ya que tu padre no volverá pronto, salgamos los dos solos, como hacíamos antes —propuso alegremente Pepper—, vamos, te llevaré a ese café frente a Central Park que te gusta tanto, el que tiene waffles con siropes de colores… —y le guiño el ojo traviesa, sabiendo que había ganado, pues Peter amaba ese lugar—. Qué me dices, ¿tenemos plan?
Y finalmente Peter se rindió, sonriendo débilmente, sincero por primera vez desde que Steve le había dado el ultimátum.
—Tenemos plan —admitió el joven, sin perder la débil sonrisa.
Pepper amplió la suya, ofreciéndole los brazos para un abrazo que el chico aceptó, hundiéndose en el conocido y adorado aroma de Pepper, floral cítrico suave, dejándose consolar. Ella por supuesto no sabía la losa que tenía sobre su espalda, mas pesada que un edificio derrumbado sobre los hombros… pero no tenía derecho a cargarla con eso a ella, no era deber suyo ser cómplice, ni ganarse el rencor de su padre por algo que ni siquiera sabía.
Pero su tiempo se acababa.
Había pasado ya día y medio, únicamente le quedaba uno más para confesarlo todo… o Steve lo haría por él.
Sabía que el rubio le daría el máximo tiempo posible para reunir el valor y decírselo a Tony cara a cara, que no le traicionaría así sin más… pero sabía plenamente que Steve era un hombre de honor, y si le había dicho tres días, serían tres días; ni uno más. En un día su padre sabría que él era Spider-man y le había estado mintiendo durante casi medio año.
—¿Listo para divertirte, Peter? —animó Pepper, rompiendo el abrazo por fin, sacándolo de sus lúgubres pensamientos.
—Listo y preparado —sonrió él, menos resignado ya.
Y con el brazo de la pelirroja rodeando sus hombros, Peter salió de la Torre camino a una de sus pastelerías preferidas de Nueva York, una a la que Pepper y Tony solían llevarlo cuando era un niño de guardería, y que le seguía encantando. Si ese lugar no lograba animarlo, nada lo haría.
Llegar a la pastelería era sencillo, era céntrica y colorida, así que caminaron durante unos veinte minutos por las ajetreadas calles de Nueva York, con Pepper contándole anécdotas a Peter y este riendo y añadiendo comentarios sobre las situaciones ridículas en las que su padre se metía de joven, antes de convertirse en Iron Man. Peter adoraba esas historias, saber como era Tony antes de ser un superhéroe, y si la fama de mujeriego y vividor que tenía eran ciertas; cosa que Pepper siempre le confirmaba con alguna historia de aquellas.
Las calles estaban repletas, y eso a Peter le gustaba, ver a la gente pasar siempre lograba distraerlo de cualquier pensamiento que lo agobiara; el como vivían sus vidas los ingenuos ciudadanos sin saber a lo que se enfrentaban, las amenazas de los que eran protegidos sin saberlo, cada día, por los Vengadores, y por gente pequeña como Spider-man.
Pero Peter lo adoraba, ayudar a cualquiera que lo necesitaba se había vuelto su segunda vida, y era bueno en ello… o eso le gustaba pensar al menos. Si tan solo su padre lo entendiera. Estaba tan sumido en esas ideas, que no se dio cuenta de lo rápido que había pasado el trayecto, encontrándose ya en la pastelería. M&M Aunties, así se llamaba el lugar, pues al parecer fue fundada por un par de hermanas en los años cincuenta, y la decoración retro permanecía.
A Rhodey, Pepper y Tony les encantaba, y por curioso que pareciera, a Tony, que era un futurista y un visionario tecnológico le gustaba el ambiente vintage del lugar "¡Vamos! si parece sacado de Back to the Future parte uno, no podéis negarlo" solía decir. Y bien cierto era. Parecía la típica pastelería de la época, con sus colorines chillones en rosa y azul celeste y amarillo pastel claro, con mesas redondas y una gran maquina de discos a monedas. Elvis, las Andrew Sisters y Bobby Darin sonaban a menudo. Peter lo amaba.
Pero lo mejor de todo eran los propios dulces, donuts, pasteles artesanales, muffins, magdalenas rellenas, waffles, creps, brioches, pepitos y batidos de todos los sabores… era un sueño para el goloso, el país del chocolate soñado por los Simpson.
—Peter vamos, que te quedas atrás —rio Pepper desde el otro lado de la puerta, donde Peter se había quedado parado.
—Oh si, perdona, me había perdido en un sueño —rio el joven.
—Anda, vamos —negó con la cabeza la pelirroja, revolviéndole el cabello—, ve a buscar mesa, yo iré a pedir, ya se lo que quieres.
Peter asintió y se dirigió al fondo del local, junto a la maquina de discos, buscando una mesa libre, y cuando la encontró se sentó a esperar a que Pepper volviera, lo cual fue en apenas un par de minutos. Traía una bandeja llena de cosas decoradas en cajitas de cartón, como en todo buen sitio de comida rápida. Los batidos los traería el camarero cuando estuvieran preparados.
Entonces la pelirroja dejó sobre la mesa los pedidos y su bolso sobre la silla de al lado, suspirando.
—Pesan más de lo que parece —dijo, sentándose frente a Peter sin perder la sonrisa—, muy bien, aquí está lo tuyo, waffles de vainilla con sirope de chocolate rellenos de crema.
Y le pasó su bolsita, en la que había un plato con cuatro waffles chorreantes de sirope y unos cubiertos y servilletas.
—Y aquí el mío —añadió Pepper sacando sus cosas de la bolsa marrón biodegradable.
—¿Qué has pedido? —inquirió Peter con curiosidad relamiéndose los labios.
—Tortitas de chocolate con maple y chispas de chocolate y caramelo —sonrió ella—, mis favoritos.
Peter asintió mientras comenzaba a comerse su gofre, saboreando el delicioso sirope de chocolate y sintiéndose en un cielo de dulzura y felicidad momentánea. Eso era algo que solo los dulces conseguían, y nadie le podría arrebatar. Estaba tan concentrado en su propio deleite culinario que no se dio cuenta de que Pepper le hablaba hasta que le tocó la mano con un roce suave.
—Peter ¿me oyes? —repitió ella.
—Ohm, ¿qué…? —dudó con la mejilla llena, tragando—, disculpa, tía Pep, ¿qué decías?
—Cielo me preocupas, puede que tu padre no se dé cuenta de que para la vida de un adolescente los cambios son muy grandes, pero yo como mujer lo veo, llámalo instinto —suspiró la mujer, limpiándose los labios con la servilleta—, ¿no quieres contarme que es lo que te preocupa? ¿te gusta alguna chica?
Y Peter sintió su estomago hundirse de repente y sus mejillas colorearse con el rubor que afloró a su rostro.
—¡Dios, no, tú también no tía Pepper! —se lamentó el chico.
—Así que es eso —sonrió la pelirroja al ver su sonrojo—, tranquilo Peter, puedes contármelo, te guardaré el secreto ¿cómo se llama ella?
—Liz, pero ¡no… no es eso! de verdad tía no sigáis insistiendo —se quejó, apartando la mirada—, papá ya me dio esta charla y fue humillante.
Y su declaración hizo reír a Pepper por la mera idea de imaginar a Tony, el ex-mujeriego Tony Stark dándole consejos sobre relaciones —que no sobre sexo—, a un adolescente tímido como Peter.
—¿No me digas que Tony intentó explicarte como conquistar a esa chica? —rio—, oh, no, lo que hubiera dado por estar allí, Peter… —y el escuchar su risa animó al joven.
—Bueno, me dijo que era un experto y que le pidiera consejo sobre mujeres y que… —y de pronto se detuvo, interrumpiéndose a si mismo—, ¡pero no estamos hablando de eso!
—Peter, eres un encanto no tienes que ser tímido —explicó Pepper—, es más, te diré un secreto que no falla nunca con una mujer.
Ante lo cual Peter no pudo más que prestar atención, con su curiosidad derrotando a la vergüenza por una vez.
—¿Y que es? —dudó, confuso.
—Hazla reír —dijo ella simplemente, dejando al chico atónito.
—¿Y ya está? —inquirió incrédulo—, ¿hacerlas reír y nada más?
—Así es —admitió la pelirroja.
—¿Insinúas que así fue como te conquistó mi padre? —dudó el joven—, ¿contándote chistes?
Pepper no pudo dejar de reír entonces, recordando con cariño su pasada relación con Tony y como había comenzado. Si tan solo Peter supiera los quebraderos de cabeza que Tony le había dado en aquel entonces… pero no podía dejar de querer a su mejor amigo y jefe, el cual siempre ocuparía una gran parte de su corazón y al que quería con locura y protegería a toda costa. Los Stark eran su familia, junto a Happy, Rhodey y sus padres, los Potts.
—No, en realidad me conquistó dejándome plantada en medio de un baile benéfico de la compañía —sonrió ella con nostalgia.
—Vaya, entonces tengo posibilidades —soltó Peter repentinamente, sin poder evitarlo, divertido—, yo dejé a Liz plantada en el baile que daba en su casa…
—¡Peter! —reprendió Pepper indignada—, ¿cómo se te ocurre hacerle eso a la pobre chica sin…?
Mas no pudo terminar su frase, pues algo sucedió que pareció sacado de una película de Hollywood.
Todo sucedió muy rápido… pero Peter lo vio y sintió todo a cámara lenta.
—"…seeee teeee ocuuuurreee haceeeleee esooo aaa laaaa pooobreee chiiiicaaaaaaaa…."
Y mientras Pepper decía su frase, que parecía ir lento, muy lento, los sentidos de Peter se dispararon. Los bellos de sus brazos y nuca se erizaron, su cabeza vibro internamente y su piel, literalmente, pudo sentir cambios en las vibraciones del aire que indicaban una onda expansiva muy caliente y dañina acercándose. Aún sin verla… pudo sentirla llegar.
Antes de que lo que pareció una fracción de segundo su cuerpo reaccionó por instinto y saltó sobre la mesa, lanzando platos y vasos de cristal al suelo, arrojándose sobre Pepper y tirándola al suelo se tumbó encima de ella justo antes de que los cristales de la pastelería explosionaran y una bola de fuego y polvo de vidrio se expandiera por todas partes, haciendo que las alarmas de los vehículos aparcados saltaran, rompiendo sus cristales y llenando el aire de humo, el suelo de cristales y el ambiente de pitidos y gritos.
¡Aquello era un ataque terrorista!
"¡Oh, no, tía Pepper!" pensó el chico aterrorizado, plenamente consciente de donde se encontraba, y sobre todo, con quien. Ella no tenía poderes, ni armadura que la protegiera.
—¡Tía Pepper! —gritó Peter, observando a la mujer bajo su cuerpo— ¡oh, dios!
Pepper estaba inconsciente, son sangre saliendo de una brecha en su cabeza que empapaba su cabello y flequillo con sangre y suciedad, polvo de ladrillo y escombro por toda su ropa… pero al menos aún respiraba, pues sus pechos se movían arriba abajo al ritmo de su respiración. Mas eso no tranquilizó a Peter, que se apresuró a despertarla como mejor pudo, dándole palmaditas en la cara suavemente hasta lograr que ella abriera los ojos.
Y finalmente lo hizo, con un gesto de dolor adornando su cara antes de que sus ojos azul cielo se mostraran.
—Peter… ¿qué… ha pasado…? —susurró ella, confusa y aturdida debido al golpe.
Entonces con sumo cuidado el joven comenzó a ayudarla a ponerse en pie, descalza, pues debido a la caída sus tacones se habían roto
—Creo que nos han ataca… —comenzó a decir, pero de nuevo se detuvo, abriendo mucho los ojos—. ¡Cuidado, tía Pepper! —gritó el chico—, ¡nooo!
Y antes de que pudiera apartarla, una figura de sobra conocida hizo acto de presencia. En lo que pareció un parpadeo apenas, las poderosas alas de metal del buitre rompieron la fachada delantera de la tienda y entró, sin posar pie en suelo, sujetando con un brazo a Pepper por la cintura, haciéndole un saludo con dos dedos con la otra a Peter, que se quedó boquiabierto un instante, antes de reaccionar.
—¡Suéltala, buitre, ella no te ha hecho nada! —gritó Peter, asustado.
Sin embargo, una risa metálica fue la única respuesta que obtuvo antes de que el señor Toomes echara a volar, llevándose a Pepper Potts como rehén entre sus brazos.
Peter se quedó paralizado con el pulso latiéndole en su pecho desbocadamente, viendo como la figura se alejaba en el cielo llevándose a un ser querido como en una pesadilla cruel, pues la aterrorizada mujer, entre gritos estaba siendo secuestrada y forcejeaba.
Pero no iba a permitirlo, Pepper no moriría mientras él fuera Spider-man.
La rescataría, la traería de vuelta sana y salva, tenía que hacerlo… y lo haría.
Sin dudarlo ni un instante y sin importarle que alguien lo viera, el joven Stark sacó de su mochila el traje y la mascara de Spider-man y se los puso, saltando inmediatamente de entre el montón de escombros en la dirección en la que Toomes se había llevado a su tía. Corriendo soltó una telaraña, la pegó al primer poste de semáforo que encontró y de allí dio un salto hasta el edificio siguiente, y así una vez y otra y otra, balanceándose mas rápido que nunca en su vida, sabiendo que en verdad esta vez no era solo su vida la que pendía de un hilo, literalmente, sino la de Pepper también, y si ella moría o salía herida por su culpa… Peter jamás se lo perdonaría.
Así que apresuró el paso con los brazos doliéndole de la cantidad de telarañas que lanzaba, rápido, rápido, volar entre los edificios, saltar, sujetar, volar… y finalmente divisó al buitre, subiendo a lo alto del Empire State, ni mas ni menos, con Pepper sujeta por un solo brazo como si pesara menos que una pluma.
Cuando Peter llegó, jadeando, el buitre abrió las gafas de su casco, revelando sus ojos azul cielo y clavándolos en los suyos, bajo la máscara. Pepper estaba aterrorizada, pálida y sangrando, pero aparentemente sin mayores daños… y la situación se descontroló. Un helicóptero de la televisión pública pasó por su lado grabando toda la escena, pero a Peter no le importó, ni a Adrian Toomes tampoco tal parecía, pues le habló a Peter directamente y sin inmutarse, sin importarle que les estuvieran grabando y emitiendo toda la escena.
—¡Eres una araña difícil de matar, Stark! —gritó Toomes—, pero ya me he cansado de este juego. Los que la hacen, la pagan, chico, y tu ya me has jodido lo suficiente.
Peter sintió el pánico recorrerle, pero aún así se arriesgó a hablar con él… viendo la cara de consternación y pánico de Pepper, debía ganar tiempo y distraer al buitre para poder lanzar una telaraña y rescatarla sin que el otro se diera cuenta y después salir como alma que llevaba el diablo de allí.
—¡No tienes por qué hacer esto, buitre! —exclamó Peter ante la sorpresa de Pepper, que reconoció su voz—, ¡suéltala, ella es inocente!
Eso hizo que Adrian Toomes riera, realmente divertido por la ingenuidad del chico.
—¿De verdad crees que eso le importa a alguien Stark? —soltó, divertido—. ¡¿Cuándo le han importado a tu padre las victimas inocentes?! ¿¡A cuantos ha matado!? ¿¡cuántas familias ha destrozado!? ¡con sus armas, con sus juguetitos, con su grupito de payasos disfrazados! ¿qué es una baja más en tu cuenta o en la suya? ¡todos los Stark sois escoria!
Entonces abrió el brazo suspendiendo a Pepper en el aire hacia el vacío, a cientos de metros del suelo, y la pelirroja gritó y forcejeó por sujetarse aterrorizada.
—¡Socorro! —gritó desesperada, comenzando a llorar— ¡ayuda por favor!
Adrian rio ante la súplica, inamovible e impasible.
—¿Tienes miedo, Peter? —se burló el mayor, golpeándolo justo en su punto débil... sus emociones.
Ante lo cual el chico solo pudo decir la verdad, mentirle le enfurecería y quien sabía cómo reaccionaría; pues Adrian Toomes le conocía bien, entendía como pensaba y sabía cómo podía manipularle.
—Si… tengo miedo —admitió el joven alzando la cabeza y las manos con cuidado.
—¿Sabes? podría soltarla en cualquier momento y equilibrar la balanza —dijo muy serio entonces.
—¡Mi padre no ha matado a nadie de tu familia! —gritó Peter entonces, temblando, con la ira comenzando a recorrerle—, ¡lo sé, te investigue!
Eso sorprendió al buitre, pensó el chico con una pequeña victoria que duró poco, pues de nuevo Toomes rio, falsamente y sin diversión esa vez, soltando aún mas a Pepper, que gritó de nuevo.
—¡Tu maldito padre me destrozó la vida! —exclamó el mayor perdiendo la compostura finalmente—. Ahora yo le destrozaré la suya.
Entonces e inesperadamente dio un salto para comenzar a volar, pero Peter lanzó una telaraña y le sujetó de la pierna, colgándose, quedando los tres en el aire. Era una jugada arriesgada, pero con lo que no contaba Peter era con que el buitre moviera su ala y cortara su telaraña, haciendo que el chico cayera al vacío ante el grito de la aterrorizada mujer, que aún era sujetada por el otro.
—¡Peter! —gritó Pepper con la voz desgarrada.
—Di adiós, guapa —interrumpió Adrian entonces, finalmente soltándola.
Y por segunda vez en ese día Peter lo vio todo a cámara lenta, como si el mundo fuera muy despacio y el fuera el único que se moviera con normalidad… solo que esta vez algo pasaba. Algo raro pasaba. Pues mientras Pepper y él mismo caían al vacío, su instinto reaccionó… tarde.
Peter lanzó una telaraña para sujetarse a su mismo a un edificio, deteniendo su caída de seco con un golpe que le hizo balancearse, y antes de que pudiera estabilizarse lanzó una segunda telaraña para sujetar a Pepper, cuya velocidad había aumentado tanto que ya lo había sobrepasado, dirigiéndose mortalmente hacia el suelo hacia su muerte; pues la telaraña no lograba alcanzarla.
Iba a morir, oh, dios, dios, dios, Pepper iba a morir allí… ¡no moriría! ¡NO!
—¡Nooooo! —gritó Peter, lanzando otra telaraña—, ¡Peppeeer! ¡nooooo!
Y cuando la segunda telaraña falló, Peter cerró los ojos, saltando el mismo al vacío dispuesto a sujetarla el mismo.
Pero eso nunca sucedió.
Abrió los ojos al sentir un golpe en el costado y como la gravedad se detenía y él se elevaba, encontrándose cara a cara con Iron-man.
—Hola, Spider-man —dijo con voz criptica y fría como el metal.
Pero a Peter no le importó, ni el escalofrío que le recorrió al sentir a su padre hablándole de esa forma, ni la sensación de volar codo a codo con Iron man. Tan solo le importaba una cosa.
—¡No, no lo entiendes, suéltame! —gritó el chico, comenzando a forcejear—, ¡tenemos que salvarla!
Sin embargo Iron Man no se detuvo en su vuelo ni lo soltó.
—No hace falta, ya lo he hecho yo por ti —respondió, igualmente frío.
Y al alzar el otro brazo Peter vio que Iron man tenía a Pepper sujeta y desmayada, pero a salvo entre sus brazos. Únicamente entonces el chico se pudo permitir respirar con alivio, relajando sus hombros y desviando la tensión que lo atenazaba desde dentro. Tenía ganas de llorar, de saltar de chillar y gritar a los cuatro vientos para liberar su corazón y su alma de su pecho… pero algo mas allí se sentía mal.
Su padre no le había dirigido la palabra, ni siquiera una mirada desde que lo había rescatado, y Tony no era así cuando trataba con un aliado; no tan distante, tan frio… tan "hostil".
Sin embargo y distraído en sus pensamientos como estaba, Peter no se dio cuenta de en que momento su padre había llegado a la acera y había aterrizado, dejando a Pepper ni mas ni menos que en los brazos del Capitán América. ¡En brazos de Steve! que también estaba allí, vestido totalmente uniformado, tomando a la pelirroja en brazos sin dejar de mirar al chico y a su padre con una expresión determinada y desolada en sus ojos cerúleos.
—Llévala al ala médica —dijo Iron man duramente, cosa que de nuevo sorprendió a Peter—, debo ocuparme de algo.
—Tony… —comenzó a decir Steve, mas el genio lo cortó evadiendo su mirada.
—No pierdas más tiempo, Capitán —dijo, comenzando a volar de nuevo con Peter aún sujeto con su otro brazo—. Hazlo ya.
Y sin esperar una respuesta, Iron man hecho a volar cielo arriba cargando a Spider-man entre sus brazos sin pronunciar palabra… y Peter sintió que algo allí estaba definitivamente mal.
Aterrizaron en la azotea de un edificio cercano a central Park, lejos de todos, y Iron man lo soltó con cuidado, depositándolo en el tejado con delicadeza mientras que un láser verde salió de uno de los laterales de su cabeza y comenzó a recorrer el cuerpo de Peter… y el chico sabía bien lo que significaba. Friday estaba escaneando sus daños internos y externos, seguramente dándole el reporte a su padre, que aún estaba unos centímetros elevado en el aire, observándolo en silencio.
—Quítate la máscara. —dijo por fin, sorprendiéndolo.
¿Qué… que? no, no podía ser cierto. Si había escuchado bien quería que se quitara… la máscara.
Tenía que ser una pesadilla, debía estar viviendo una horrible pesadilla; aquello no podía estar pasándole a él. Peter no hizo nada, en lugar de ello se quedó paralizado al oír esas palabras.
Tragó saliva agradeciendo que al menos la máscara pudiera ocultar el poema que era su rostro en ese instante. Quería gritar, quería llorar, y que la tierra se lo tragase en ese momento. Lo que fuera para no tener que vivir ese momento. Claro, al menos le quedaba la esperanza de poder irse a casa y hundirse bajo la almohada, por suerte tenía su anonimato.
—Quítate esa máscara y dame la cara, Peter.
Menos de diez palabras y se le heló la sangre en el cuerpo. Con solo esas simples palabras su mayor temor se hizo realidad, sintió que el calor que había acalorado sus mejillas, ahora cubiertas, le abandonaba, y estaba seguro de que había palidecido. ¿Cómo era posible que lo supiera? Oh dios, ¿desde cuándo lo sabría? Oh no, no, no, no. No. Definitivamente aquello era una pesadilla.
Sin embargo la postura inflexible de Iron Man era tajante, inamovible, y Peter sabía que debajo del yelmo, su padre le estaría fulminando con la mirada, esperando. Lo que el joven no sabía era que le iba a herir más, si ver la decepción reflejada en el rostro del héroe, o el dolor en el rostro tan querido. Ambas opciones le iban a hacer trizas.
Lentamente alzó la mano y arrastró la máscara por su cabeza despeinándose en el proceso, revelando por fin su identidad; no tenía sentido negarlo por más tiempo cuando era obvio que ya había sido descubierto.
—Papá, yo…
—La has jodido, y bien jodida —espetó Iron man, ignorándole—, la has metido de lleno, hasta el fondo.
—Papá, puedo explicarlo —comenzó a decir de nuevo el chico.
—¡Silencio! el adulto está hablando ahora —gritó Iron Man acallándolo de golpe, pocas veces había visto Peter a su padre así de enfadado—. ¡¿En qué estabas pensando haciendo algo así, Peter?! ¡jugándote la vida sin decirme nada! ¡maldita sea, chico tienes quince años!
—Yo sólo… quería ser como tú —musitó él, bajando la cabeza para ocultar su expresión.
—Y yo quería que fueras mejor —respondió Iron Man, haciendo que Peter alzara la cabeza y le mirara como si le hubiera dado un mazazo.
—Papá…
—Cállate —silenció de nuevo el mayor—. Ya has jugado suficiente a ser un héroe, y casi te matas por ello.
Y como si quisiera enfatizar sus palabras, aterrizó junto frente a él, encarándolo, y por un instante Peter se sintió encoger, se sintió diminuto ante la aterradora presencia de Iron Man. Sabía que su padre jamás le haría daño, eso estaba fuera de discusión, pero estaba tan enfadado que lo único que quería en ese momento era justificarse y que le perdonara. Se sentía fatal, las ganas de llorar estrujándole el pecho. Si tan sólo pudiera contarle lo que pasó… tal vez se arreglaría algo; al menos debía intentarlo.
—¡No es lo que crees, por favor, déjame que te lo explique! —suplicó finalmente el joven, con las lágrimas comenzando a formarse en sus ojos.
Sin embargo no pudo seguir explicándose, pues la armadura de Iron man se abrió revelando al hombre que, como había supuesto Peter, estaba no solo enfadado; si no herido. Salió del traje avanzando un par de pasos hasta él, mirándole fijamente, y Peter dejó que las lágrimas corrieran por sus mejillas sin intentar retenerlas ya.
—No hace falta, está muy claro, chico, me has mentido —cortó Tony—. Ahora, venga, quítate el traje.
—¿Q-que? —musitó el joven.
—Lo que has oído, es evidente que la máscara la has hecho con tecnología Stark, ni intentes negarlo —añadió Tony haciendo un ademán con la mano, exasperado—. Vamos, dámelo.
—Papá… por favor —murmuró Peter, sin mirarle.
Tony sin embargo no se ablandó, ni siquiera le estaba mirando. Entonces, al ver que todo era inútil y que no había más remedio que obedecer Peter se sonrojó inconscientemente, sintiéndose humillado, antes de confesar otra verdad. Si Tony lo notó, no añadió nada, mirándolo al fin.
—No tengo otra ropa —admitió finalmente el chico, pues había dejado la que tenía desparramada en la pastelería.
Su padre entonces alzó las cejas, poniéndose de nuevo la armadura y dándole la espalda.
—Eso se puede arreglar —cortó Iron man y echó a volar.
Y Peter vio como Tony se iba y le dejaba en aquella azotea, dejándole hecho un mar de lagrimas y con el corazón apretado como un puño de hierro, cayendo de rodillas sintiéndose derrotado, vencido y destrozado. Lo más probable era que su padre le odiara por no haberle dicho la verdad cuando pudo hacerlo, cuando Steve le dijo que lo hiciera… pero ya no importaba, la ocasión había pasado, el ultimátum había dejado de tener sentido.
A fin de cuentas ya todos lo sabían: su padre, Pepper, Steve, puede que toda América gracias al helicóptero de las noticias… se sintió estallar, y gritó, gritó como nunca antes, tumbándose en el suelo haciéndose un ovillo con las rodillas contra el pecho y su rostro escondido. Sin embargo no fue mucho el tiempo que pasó en aquella situación, pues Iron man volvió tras lo que a él le parecieron horas cargando un par de prendas que resultaron ser un pantalón de pijama rosa de Hello Kitty y una camiseta blanca de algodón de esas para turistas que decía "I survived my trip to NY city"
Cuando aterrizó finalmente, Iron man se quitó el yelmo y le lanzó las prendas a Peter, que le miró aún con los ojos empañados por las lágrimas.
—Cámbiate, me llevo tu traje ahora mismo —dijo Tony, cruzándose de brazos mientras esperaba.
Y Peter no pudo mas que obedecer y desnudarse, quedando solo en ropa interior, vistiendo lentamente el pantalón infantil y la camiseta enorme. Solo entonces Tony se acercó y le habló.
—No puedo creer lo que has hecho Peter, ni cuando pensabas contármelo… pero necesito tiempo para digerirlo, hoy he sido doblemente traicionado —dijo Tony, mirándolo fijamente.
El chico entonces abrió mucho los ojos, cayendo en la cuenta de que era lo que hablaba.
—¿Steve? —murmuró—, no, por favor, pa no lo entiendes… no te enfades con él, no sabía nada, él…
—Cállate —cortó Tony, incrédulo, dolido—. No lo defiendas. ÉL, es un adulto. Tú no. No tenía derecho a ocultarme nada; él no es padre, yo si. Mi hijo ha estado arriesgando su vida desde hace meses y él lo sabía y eligió guardar silencio cuando debió decírmelo… pero no, no voy a discutir esto contigo ahora.
Entonces comenzó a caminar en la dirección opuesta, dándole la espalda al chico, que se quedó clavado como una estatua, analizando sus palabras como si un aguacero le calara. Entonces Tony habló de nuevo, deteniendo sus pasos, girándose y dándole la cara.
—No voy a llevarte a casa, chico —comenzó—, si te crees lo suficientemente responsable para ser Spider-man, adelante, puedes volar lejos de mis alas hasta casa, tú solo.
—Papá… —soltó Peter, sin poder evitarlo.
Tony se detuvo, sin girarse esa vez, pero esperó.
—¿Estás enfadado? —musitó Peter.
—¿Enfadado? —repitió Tony, neutral—, no, enfadado no…
—Decepcionado —completó Peter, repitiendo las palabras que le había dicho Steve.
Pero de nuevo Tony le sorprendió, guardando silencio hasta que al cabo de un rato encontró su voz.
—No estoy decepcionado, Peter, estoy… estoy asustado —respondió—, veo que cada día repites mis errores… me veo a mí, en ti. Y yo quería más, que fueras mejor de lo que he sido yo.
—Papá yo… —comenzó Peter, tragando saliva, pero fue interrumpido.
—Ya hablaremos de esto —cortó el mayor.
Y sin una palabra más, Tony se puso de nuevo el casco y encendiendo los repulsores de la armadura, hecho a volar, dejando a Peter en medio de la azotea observándolo irse por el cristalino y frio cielo otoñal.
.
Al fin! Ya se descubrió el pastel. Tony ya sabe la verdad, y no solo él, sino Pepper, los Vengadores y todo el mundo también, porque fue grabado y salió en la televisión.
¿Qué hará Peter ahora que su identidad esta desenmascarada ante el mundo? pero sobre todo y más importante… ¿Qué hará Tony, ahora que sabe que tanto Peter como Steve le han mentido y traicionado? ¿Qué pensáis que va a pasar?
Lo bueno no ha hecho mas que empezar, os lo garantizo! :D
Dejadme saber en un comentario que os pareció el capítulo, si queréis que siga con la historia o no, y que os gustaría ver (ya tengo muchas ideas y mas o menos tengo claro el rumbo de la historia, pero quiero que participéis de ella, que lo que me digáis influya en mis decisiones, tal como lo que os pregunte de las parejas la otra vez) cuento con vosotras! Y a cambio, galletitas de Spidey y mas capítulos pronto, pues el apoyo sube el animo y se escribe mas rapido!
Un besito!
