Aviso a todos,
Sé que esto no lo debería hacer, sé que no está permitido por fanfiction, de hecho borraré este mensaje en unos días.
He recibido algunas ofensas, algunas palabras que aunque no me importan en lo más mínimo me han ayudado a darme cuenta de que esta historia en efecto se parece a otra, no son sólo los reviews anónimos que recibí, son correos y eso ya colmó mi paciencia.
NO BORRARÉ O DEJARÉ DE ESCRIBIR "Venganza", QUIERO QUE QUEDE CLARO. Seguiré con ella hasta que la termine, sin embargo haré correcciones severas, no a la trama principal o algo así, sino a su "parecido" con otro fic, no quiero que el autor(a) pensara que plagio la idea o algo así. Por ello cambiaré algunas cosas aquí, tal vez lo borre y lo suba de nuevo, con más historia de trasfondo o algo así. No tardaré en hacer eso más que el tiempo que necesite.
Espero que dejen sus comentarios mordaces con esto y empiecen a madurar esas personas, no sé si lo sepan, pero aquí es ficción de fans "FanFiction", no creo que necesite más explicación que eso.
Les pido comprensión a aquellos lectores que seguían aquí y respondían con sus comentarios, haré que esta historia sea del agrado de varios y que sea aceptada :D
Si desean saber actualizaciones o información envíen un mensaje a mi cuenta o mi correo.
Capítulo 7
Demasiados papeles para su gusto, además de papeles inútiles, pero no podía hacer absolutamente nada, pasar las manos por ellos era fastidioso… Arthur era realmente paciente al realizar eso todos los días, eso era seguro, aunque nunca se lo diría abiertamente.
Suspiró por sexta o séptima vez y dejó a un lado la pluma fuente que tenía entre sus dedos, donde seguramente podría haber estado un buen cigarrillo, descansaría por unos cinco minutos y después regresaría a su labor impuesta.
Faltaban unos días para la próxima reunión de países y eso no era alentador, tenía aún mucho trabajo por hacer y no estaba feliz, y cuando él no estaba feliz nadie lo estaba. A pesar de todo Arthur había estado ayudándole organizando y reacomodando documentos importantes, los habían mandado traer de su mansión, a la que no pensaba volver por un tiempo. Era demasiado eficiente en ese tipo de trámites y organizaciones burocráticas, así que no le molestaba realmente que el menor le ayudase. Además también tenía a marchas forzadas a sus otros hermanos menores, no iba a hacer él todo el trabajo.
Se masajeó las sienes.
Hacía dos días habían mandando el comunicado a su jefe, avisándole de la gran decisión que todos los países del Reino Unido habían tomado, fue aprobado con recelo, pero no había nada que argumentar en contra. Sin derecho a réplica, después fue mandado a todos los países involucrados con la economía de ellos… es decir, prácticamente a todos. Y aunque no le preocupaba nada de eso, no pretendía lidiar con más problemas o cartas.
La noticia fue grande y recibida de muchas maneras; algunos buscaban saber quién era el nuevo representante, otros se alegraban por ello y la minoría exigía saber algo más que razones para aprobarlo. A nadie le preocupó saber de Arthur. Eso era frustrante.
Hablando de su autoproclamado hermano, cada vez se le veía más retraído, aunque con él entablaba unas palabras sin tartamudear o dudar, siempre llamándolo hermano o algo similar.
Ser el mayor de todos era pesado.
Tenía que tener cuidado con cada palabra que de su boca saliese, no podía mencionar aún al americano, no por temor a las reacciones del menor, sino que aún no sabía para qué lo mencionaría, ni sabía exactamente el porqué de todas las acciones que había hecho.
-"Aquí están los últimos documentos"- dijo Arthur, que traía cargando un folder de buen tamaño, pasando con lentitud por la puerta principal.
Seguía usando ropa holgada, porque no tenía su vestimenta ahí, y generalmente se veía mucho más cómodo usando esas prendas que alguna otra. Casi no comía, pero por lo que veía aún salía a caminar y regar el jardín (que nunca le gustó del todo a Scott). A su muy extraña manera, la familia Kirkland estaba reunida de nuevo.
-"Eso espero conejo"- abrió una ventana, porque necesitaba urgentemente un cigarrillo para relajarse de esa montaña de papeles. Sacó de la bolsa interior del saco un cigarro y su encendedor dorado, ese que después de tanto tiempo no dejaba por nada.
Arthur se dio cuenta de eso, no es que de un día para otro se volviese despistado o tonto, sólo que ahora no le apetecía hablar o expresar algo más de lo necesario y así estaba más tranquilo con todo; sus parientes le hacían compañía y además sus amigas las hadas aún lo cuidaban y conversaban con él, aunque fuese brevemente –"El viernes es la reunión Escocia"- dijo tranquilo.
-"Sí, ¿qué con eso?"- sino conociese esa actitud tan sumisa y patética le hubiese golpeado por lo que venía.
-"Pues… ¿aún será necesaria mi presencia? Yo…"- se calló al ver la expresión del mayor –"Lo lamento, no lo diré más"- agachó la cabeza y se dispuso a pasar varios papeles a otro montón.
Todos los documentos eran clasificados de tres maneras: para firmar, para redactarlos de nuevo y para tirar o quemar; todo esto siendo revisado por el mayor hasta el más ínfimo detalle, aún no confiaba en nadie y eso no lo cambiaría por nada.
Arthur pasó varias hojas entre sus dedos, paseando la mirada por sus letras, algunas escritas a mano otras tantas a máquina o computadora. Estadísticas, datos, hechos importantes, decretos, cartas de alianzas, documentos redactados por su propia mano; después de un rato la tarea se volvía mecánica.
Scott terminó de fumar justo en el momento en que sonaba un teléfono; sintió un deje de malestar, pero lo dejó pasar, no era como si todo aquel que hablara a su hogar fuese para molestarlo, ¿o no? Se acercó al aparato con cuidado de no desordenar los papeles que le había costado horas organizar.
-"Kirkland al habla"-.
La voz al otro lado del teléfono no habló enseguida –"Comment êtes-vous Scott?"-.
-"… Perfectamente hasta que llamaste"- no quería decir más insultos, si Arthur se enteraba que ese tipo le llamaba, lo más seguro sería que querría hablar con él.
-"Parece que estas estresado mon ami"- rió un poco, pero se podía notar un alivio en su voz.
-"¿Qué quieres?"-.
-"… ¿Cómo está Angleterre?"- de nuevo parecía francamente preocupado.
-"¿Si te digo que bien nos dejarás en paz?"- preguntó molesto, sentía la hipocresía en ese imbécil y al mismo tiempo podía sentir un tremendo asco por él mismo y el otro idiota. Él no olvidaba; y cada vez que por un instante alguien le recordaba su participación en todo, podría decirse que se sentía culpable y nervioso… muy a su manera.
Si él no olvidaba, Arthur Kirkland no olvidaba ni perdonaba, lo había aprendido a la mala hacía tantos años atrás. Si él se enteraba de su torpe participación en su pequeño trauma, tenía por seguro que no saldría vivo de su inmortalidad.
-"¿Me escuchas?"-.
-"No, lo que sea que digas seguramente no es importante"- miró de reojo a su hermano, que seguía revisando papeles sin prestarle mucha atención.
-"Te decía que preferiría la verdad, fue una sorpresa que Arthur renunciara a su puesto como representante"-.
-"Y repito idiota, ¿qué quieres?"- apretó el auricular del teléfono y trató de respirar pausadamente.
-"¿Arthur está bien?"- preguntó.
Y Scott no contestó, colgó con demasiada fuerza e hizo que Arthur se sobresaltara un poco. Le empezarían a salir canas, unas horribles canas en su perfecto cabello de fuego. Se lamentó por tantos problemas que todos estaban causando, él no porque era perfecto, quería que terminara todo eso para que el conejo se regresara a su casa y lo dejara en paz.
Aunque no ignoraba que, por unos momentos, se relajaba en compañía del menor como antes, cuando podía verlo jugar y molestarlo con cualquier tontería.
-"Será mejor descansar, conejo, muévete"- lo tomó de la sudadera gris y lo llevó hasta el pasillo; Inglaterra se dejó llevar por esa mano, no porque quisiera o no, simplemente se dejó ir.
Avanzaron en silencio, tal vez porque Scott estaba cansado de hablar y no recibir respuesta contundente o fuerte, como estaba acostumbrado del menor de todos ellos, el que se hacía el fuerte siempre; Arthur aún no reaccionaba como el Inglaterra que conocía. Si alguien le recordaba, por mínimo que fuera, una reunión con los países, el contacto con otros, América, el exterior de esa mansión o cualquier otra cosa relacionada con su pequeño incidente; inmediatamente su gesto se volvía triste y casi sin vida.
De todos modos, Arthur parecía un cascarón sin vida, caminando por todos lados, respondiendo como autómata, sin mediar palabra u opinión de nada a menos que se la pidieran explícitamente. Por suerte sus heridas habían sanado casi por completo y ya podía moverse.
El rubio parecía no dejar de sorprenderse por la decoración del lugar, ese que por tantos años atrás había sido su hogar impuesto bajo amenazas, ese lugar que parecía odiar tanto como a todos sus hermanos. No se había dado cuenta de tantos y tantos detalles que mantenía todo ese lugar y el misterio que le envolvía.
-"Inglaterra"- llamó la voz de Gales, estaba un poco más tranquila de lo normal. Lo esperaba fuera de su cuarto.
-"… ¿Sí?"- contestó suavemente, como acostumbraba cada vez que sabía no debía preocuparse por mucho.
-"Deberíamos ir a tu mansión por tus cosas"- directo al grano, digno de él –"No debes usar ropas de ese tipo, no es digno de un caballero"-.
-"¿Cómo no había pensado en eso? ¡Este niño es más orgulloso que todo el mundo junto!"- pensó infantilmente Escocia –"Si picamos su orgullo, Inglaterra debe regresar poco a poco a ser el idiota fastidioso de siempre"-.
-"Yo… no quiero"- desvió la mirada que había logrado mantener –"Si voy, tendría que ir solo"-.
-"¿Y si te digo que Scott e acompañará?"- sonrió un poco.
-"¿Perdón? Yo no iré a su casa"- señaló despectivamente al menor, Arthur bajó aún más la cabeza, pero no declinó. Por supuesto que sabía el desprecio que sus hermanos le profesaban.
-"No importa, entonces yo iré contigo, ¿te parece?"- preguntó Glenn con la misma tranquilidad de siempre.
Arthur pareció pensarlo mucho tiempo, recordaba perfectamente como era cada uno de sus hermanos, no era idiota, sabía perfectamente que lo odiaban o por lo menos lo trataban como si lo hicieran. Tanta amabilidad por parte de Glenn era extraña y no le daba confianza. Por su parte, por algún extraño motivo, su consciente le decía que Scott era de confiar y la parte reprimida le susurraba con poca fuerza que se alejara de todos los que le habían hecho daño.
-"No… no quiero…"- desvió la mirada, sentía el golpe directo a su rostro, como cada vez que a su familia no le parecía nada. No parecía ser que Arthur fuese a recuperar ese autocontrol que le había caracterizado por tantos y tantos años, dentro de él había una voz que le rogaba porque no lo hiciera, que eso le había traído muchos más problemas de los que había resuelto –"… No quiero, pero… parece que ellos quieren ayudar… tal vez… tal vez"- el menor susurró sin mucho entusiasmo, pronto tendría que recuperarse, él lo sabía y quería hacerlo pronto –"Pero lo haré"-.
El galés asintió con la cabeza y dejó que el menor lo viera, no tan convencido por esa respuesta y sin embargo un poco más tranquilo de lo que debería –"Vamos entonces"-.
-"¡¿Ya?!"- Arthur levantó la vista con eso, con el simple hecho de que se tomaran tan a la ligera todo lo que había pasado.
-"Si, vamos"- sin importar mucho más, tomó el brazo del menor y lo guió muy lejos de Scott. Glenn sabía que no pasaría mucho tiempo para que pudieran llegar a la mansión de su hermano, recoger todo lo que necesitaran y regresar antes de la cena; pero era el tiempo necesario para que el mayor de todos ellos descansara de su labor de niñera cuidando a ese rubio.
Scott suspiró en cuanto los vio partir, por primera vez desde que Arthur había llegado a ese lugar estaba sin su compañía al lado, diciéndole las funciones de su nuevo puesto, callado viendo la decoración, callado viéndolo fumar, leer, escribir. No supo si sentirse tranquilo o algo preocupado por el menor.
-"Es una tontería, no es importante"- negó con la cabeza caminando directo a su habitación, la única prohibida a todos los otros que habitaban ahí, excepto sirvientes de confianza que limpiaban todo.
Nadie se le atravesó en el camino, casi conociendo la nueva rutina que se había instalado y sabiendo el carácter de los chicos que vivían ahí. Revisó su teléfono celular con un solo movimiento, dándose cuenta de que el francés había marcado a su número privado; con un suspiro cansado, supo que esa poca tranquilidad que podría haber tenido a solas en su cuarto se iría en un instante.
Buscó la llamada del francés y mientras abría la puerta a su cuarto y se recostaba con pereza en la enorme cama justo al lado de una ventana que daba al jardín que Arthur había regado todos los días.
-"Francés idiota, ¿qué quieres?"- dijo en cuanto escuchó la llamada conectarse.
-"Oh, no mucho en realidad, pensé que no regresarías mi llamada"- el tono de su voz daba una extraña mezcla de burla y preocupación.
-"¿Qué quieres?"- Scott se levantó de la cama y fue hasta la ventana, desde ella pudo apreciar a lo lejos un auto irse, era el auto de Gales que reconocería en cualquier sitio.
-"Quiero hablar con Anglaterre, sé que ahora vive ahí así que…"-.
-"Lamento informarte, que en este momento este no es su teléfono y aún cuando estuviera aquí, no te comunicaría con él, bastardo de mierda"-.
-"Écosse, tu y yo sabemos que somos muy parecidos"- Francia esperó un poco –"Necesito hablar con él, saber cómo está"-.
-"… Sabes que no te creo"- Scott veía por la ventana, esperando encontrar algo interesante ahí afuera para dejar de pensar tanta tontería –"Además, él no está aquí…"-.
